Rubem Fonseca
Por Guadalupe Ángeles
El filo no pregunta si ha de asesinar, el
filo solo existe.
Grandes
emociones. Pensamientos imperfectos. El hombre sabía de qué va el mundo,
por eso su cinismo era delicioso; por eso preguntas absurdas en su pluma se
tornaban imprescindibles.
La M de su nombre me sonaba extraña, pero la risa ante sí mismo nos
hermanaba. Podría hacerme una máscara ahora con sus facciones y decir de mí que
he sido poseída por su espíritu chocarrero porque la muerte ya lo ha tomado
entre sus brazos.
El sabía lo que yo: Si seguimos vivos es para tomarnos de las manos y
rechazar la imposibilidad de los milagros, pues se puede ser la música y el
viento, la orfandad y un orgullo más fuerte que quinientas ciudades de acero
incombustible. Sí, eso decían sus cuentos. Sí, eso escapa a toda lógica y es
del todo cierto porque escrito está siendo esta madrugada con tinta robada, con
horas arrebatadas al sueño y existe, todo ello y el dibujo exacto de estas
palabras, delineadas con dulzura por mi mano, como quien traza los contornos
del tatuaje de un dragón en la espalda del sol, así de poderoso era tu
lenguaje, así de increíble es que vivas ahora a través del movimiento de esta
mano y esta pluma, Rubem, bienvenido a esta resurrección instantánea y fugaz, como
toda vida ávida y llena a la vez de “grandes emociones, pensamientos
imperfectos”.
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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