domingo, 31 de enero de 2021

Alma Rosa Estrada. Madurez


 Foto Pedro Chacón

el poema del domingo

Madurez

 

 

Por Alma Rosa Estrada

 

 

Serena. La cuesta es larga. Para todos es así.

Las pasiones se analizan,
se aprende a controlarlas,

se dirigen, nos levantan en lugar de hacernos mal.

 

Amor de sí misma es la respuesta para amar a los demás.

Ir en pos de un ideal

y dirigir nuestra vida hacia el bien.

 

Perdón a sí misma,

dar para recibir perdón.

Con vehemencia generosa ejercer la caridad. Aprender a convivir,

a respetar,

seguir amándonos cien,

seguir amándonos mil,

amándonos todo el mundo
y todo lo que está en él.

Hallar su verdad, su respuesta, su por qué.

 

No se desperdicia nada del amor y la tristeza. Todo está bien.

Son sagradas la vida y sus diferencias,

sagrada la mente con su caudal de experiencias.

 

*

 

Este es mi corazón:

un órgano consagrado. Esta, mi mente:

Ilusión que un destino me dictó. Este, mi espíritu inmortal:
el amor infinito.

¡Esa soy yo!

 





 

Alma Rosa Estrada Comadurán (1929 – 2000) nació en Guerrero, Chihuahua, y vivió gran parte de su vida en Ciudad Cuauhtémoc. Estudió curso comercial en el Instituto América de la ciudad de Chihuahua. En 1993 la UACH publicó su primer libro de poemas titulado Una mujer. En el año 2000 se publicó su segundo libro, llamado Tan cerca de la vida. En 2018 se publicó el tercero: Una mujer tan cerca de la vida. En Cuauhtémoc durante algún tiempo escribió y publicó crónicas periodísticas en el semanario La voz de Cuauhtémoc. También fue una magnífica violinista y compositora de canciones.

sábado, 30 de enero de 2021

Sigfrido Viguería Espinoza. Alguna vez en Vermont

utrora

Alguna vez en Vermont

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

El arroyo arrastra los deseos.

Monedas que ensombrecen el sicomoro;

luz de luna en Vermont.

 

Pasos y huellas en la nieve

vienen entrelazados con el viento.

Romanza en Vermont.

 

Se escuchan ecos alegres y melancólicos.

Telegramas y murmullos…

Desencuentros en Vermont.

 

A la orilla de la carretera

las alondras cantan.

Anhelos en Vermont.

 

Noche y ensueño,

las personas caminan a su encuentro.

Alguna vez en Vermont…

 

Poesía de vuelta/ 18 enero 2021/ Nuevo Casas Grandes, Chihuahua

 

 






Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH, profesor de Literatura I y II en la Preparatoria Francisco Villa y asesor del Taller de Periodismo y Ecología, instructor de secundaria, modalidad abierta con el programa nacional SEDENA-SEP-INEA, profesor del Colegio Las Américas, a cargo de las materias Español y Ciencias Sociales, profesor de Literatura, Comunicación, Etimologías, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Geografía, Individuo y Sociedad, reportero en la revista Nosotros, profesor de tiempo completo y coordinador de la Licenciatura en Intervención Educativa, en la Universidad Pedagógica Nacional 08B, Subsede Nuevo Casas Grandes. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos.

Josías Vargas. #Las Arrepentidas (2019)

 

Foto JChM

haikús/ Josías

#Las Arrepentidas (2019)

 

 

 

 

Por Josías Vargas

 

 

 

 

Comedias gringas,

expertas jovencitas.

número yo nel.

 

 

 

 

Fama, dinero,

te da el depredador;

tú vas por eso.

 

 

 

 

¿Qué querías tú?,

¿un monje franciscano?

...Te dio el papel.

 

 

 

 

¿Divas - protestas?

La revolución moral

en el averno.

 

 

 

 

Absurdas quejas:

Engranas el sistema,

número me too.

 






Josías Vargas escribió la pieza teatral Algunas cosas están colgadas. La estrenó en 1971 en el Paraninfo Universitario, donde fue director, actor y autor. En 2008 y 2009 produjo el programa de radio Los umbrales del paraíso, donde él mismo era el conductor, en el 1040 AM de la Cadena Radiorama, 70 emisiones de una hora. En 2008 compiló para el Gobierno del Estado, el Ichicult y el Congreso de Chihuahua una exposición póstuma de Francisco Reyes Acosta en la Torre Legisltativa. En 2018 publicó su libro Mexico siempre riel, México en el imaginario poético de Bob Dylan. Actualmente publica ensayos en el suplemento TragaLuz de El Heraldo de Chihuahua.

viernes, 29 de enero de 2021

Luis Fernando Rangel. Cinco razones para creer en las sirenas


 

v/ lfr

Cinco razones para creer en las sirenas

 

 

Por Luis Fernando Rangel

 

 

a las sirenas que existen y a las que no, pues no

 

 

1

A mediados del siglo XVI dos exploradores descubrieron una ciudad en las regiones más inhóspitas de la selva amazónica. En ese lugar los nativos adoraban a un Dios en forma de pez que reinaba desde la profundidad de los mares.

Se decía que algún día Dios mandaría a su hija a la tierra para redimir los pecados del hombre y que una mujer de la región sería la encargada de darla a luz.

Probablemente la hija de aquel Dios sería lo más cercano a una semidiosa o a una sirena.

 

2

Juan de Vizcaíno en su libro Sobre las cosas del cielo nos dice que hemos olvidado las alas de las sirenas. Por eso seguimos sin encontrarlas. Mientras observamos el mar, ellas se pasean entre las nubes.

 

3

La vida nació en el mar.

El biólogo, poeta y teólogo alemán Hans Blitz-Schultz sostiene la teoría de la vida marina como el origen de la evolución. En su libro Tratado del mar, o el origen de la vida, explica que Dios depositó (sembró sería una palabra más hermosa y precisa) microorganismos en el agua que se desarrollaron poco a poco hasta concluir en el ser humano.

Quizá por eso las antiguas civilizaciones realizaban sus ritos funerarios en el mar: era una forma de volver a su origen recordando de dónde venían y a dónde iban a parar.

 

4

Encontramos en los peces el futuro de una nueve especie. Asustados, los aprisionamos en pequeñas cajas de cristal como un recuerdo de la evolución y vemos en sus escamas y su memoria inútil nuestro sentimiento de superioridad. Mientras, le rezamos a Dios que no los deje evolucionar.

 

5

Porque sí.

 




Luis Fernando Rangel es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Actualmente es Jefe de Unidad Editorial en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, donde es editor responsable de la revista Metamorfosis y conductor del programa radiofónico El Pensador en Radio Universidad. Es autor de los libros Hotel Sputnik, Conversación de dos gatos, Poemas para un Lugar Común, Dibujar el fin del mundo y Los líricamente desmadrados. En 2019 coordinó el taller de poesía y la antología No haremos obra perdurable. Recientemente obtuvo el IV Premio Nacional de Poesía Germán List Arzubide con la obra Corridos de caballos.

miércoles, 27 de enero de 2021

Patricia Laurent Kullick. Devociones mexicanas


 

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Devociones mexicanas

 

 

Por Patricia Laurent Kullick

 

 

Después de muchos años de enojo, finalmente abracé a México y el alma se me volvió bastante naca. Me empezaron a gustar las flores de plástico (azules de preferencia –por si alguien quiere llevarme al panteón), me fascina oler los huaraches en el mercado y, cual albañila, prefiero los tacos de fideo y las tortillas de harina manchadas de chorizo con harto chile, antes que un salmón almendrado.

Lloro con los matachines y con las procesiones huicholas por el desierto. Me visto bien combinada como la Virgen de Guadalupe y disfruto manejar por barrios de aceras rotas para ver las casas que tienen altares con foquitos.

El mestizaje divino que había logrado entre Druidas, Buda, Elfos, Cristo, arcángeles y vírgenes, empezó a reducirse a un par de velas para Guadalupe y Judas Tadeo. No tienen mucha injerencia en el Fonca pero no le hace, ayer por la tarde se lucieron.

Entramos a la cuesta de Mamulique con una borrasca de hielo y una neblina espesa. No veíamos nada. Mi hermana Ana iba manejando nerviosa y tampoco veía a más de un metro de distancia entre tanta curva.

Me acordé de Rainer Maria Rilke, que nunca supo qué jerarquía divina lo escucharía si gritara. Pero yo sí y grité. Y se hizo un sol sin sol, un amarillo dorado que disipó la niebla y pintó una carretera nítida frente a nosotros.

Mi hermana dijo: no mames. Luego nos entró un ataque de risa.

 






Patricia Laurent Kullick, escritora mexicana, ha publicado los libros de cuentos Esta y otras ciudadesEstán por todas partesEl topógrafo y la tarántula e Infancia y otros horrores. Las novelas El circo de la soledadEl camino de Santiago (Premio Nuevo León de Literatura 1999) y La giganta. Y otros libros. Su obra aparece también en antologías y revistas literarias.

martes, 26 de enero de 2021

Rosario Ruiz Morales. Las polémicas vacunas contra el Covid19


 

Las polémicas vacunas contra el Covid19

 

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

 

El gobierno y sus secuaces Los Lopitos dicen: Nosotros vamos a vacunar a todo México, con nuestros propios recursos. El tiempo sigue pasando y los muertos cada día aumentan a nivel nacional.

Que terribles noticias. Cuántos muertos en el mundo. Y da vueltas la controversia: me pongo o no me pongo la vacuna, no es segura, no está bien producida, en tan poco tiempo.

Las teorías de la conspiración: es una estrategia para aniquilar adultos mayores. La gente sin conciencia en las calles, sin cubrebocas, sin cuidados ni higiene. En fiestas. Como si nada.

Se nos pide que seamos responsables. Con los nuestros y con los demás.

Comencemos por nuestras casas, respetemos lo mínimo que se nos ha sugerido, por nuestro bien y el de nuestros vecinos.

Los gobernadores opinan que adquiriendo cada estado sus correspondientes vacunas se podrá acelerar está prevención. Quieren también manipular con estos apoyos y con el derecho a recibir las vacunas.

Hay quienes opinan que se van a introducir sustancias en la gente, que inhiben la libido, que dejarán estériles a los jóvenes. Que para la gente adulta mayor serán catastróficos las secuelas y síntomas posteriores, pues llevará a la exterminación masiva de este grupo de personas.

Esto es contradictorio, pues toda la vida cuando han transcurrido las pestes, pandemias y catástrofes mundiales se ha sabido que la única forma de protegerse es y será siempre aplicándose las vacunas en forma masiva en toda la población. Y así será.

 




Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y trascendencia.

Humberto Quezada Prado. Soñar

 

Soñar

 

 

Por Humberto Quezada Prado

 

 

Vivir es cosa fácil cuando se es niño. En Nonoava basta mezclarse entre los ruidos pueblerinos, cerrar los ojos un ratito para volar a lugares que solamente se conocen cuando se sueña, y con los ojos abiertos localizar de dónde sale el relajo, pensar en los paisanos que se han reunido y hacer premoniciones para lo que va a suceder en un rato. Vaya una muestra, paradójicamente tan insignificante como ilustrativa, de la facilidad con que se accede a situaciones de felicidad, a lo mejor como tapadera por la vivencia de cosas desagradables, que se sobreponen en un traslape de mecanismos de compensación. Arre.

Llegar al mezquite, fletarse no sin dificultades y buscar hasta encontrar salientes que van a convertirse en los controles de un enorme avión que surcará los aires del pueblo a la capital y más allá, lleno de pasajeros felices por la circunstancia; acto seguido regresar del trayecto y bajar del árbol para ir al de enseguida a cortar su fruto maduro, masticar y masticar extrayendo el jugo de su masa y con el garbo natural escupir el bagazo a un lado del camino.

Identificar al par de burros que mordisquean zacate y otras hierbas, cuidarse del dueño y espantarlos a punta de pedradas con las actitudes siempre perdonables del sadismo infantil campirano, o arrinconarlos para subirse a uno, aun con el riesgo de salir disparados a masticar un buche de la tierra suelta de los potreros, antes de dirigirse a cualquiera de los callejones; y enfundados en imaginarios trajes de jinetes, sombrero, espuelas y una pistola de palo, rescatar muchachas casaderas de lo más oscuro de las tapias viejas, amarradas para fines inconfesables por sucios, malolientes e inescrupulosos rancheros.

Contar los pasos cuando hay que incorporarse a las actividades productivas, arrear al caballo camino al maizal, adelantarse para correr las agujas de tronco, arrimar a la bestia al encino y detenerla para que papá acomode las guarniciones en los rituales previos al corte de hierbas que contaminan los surcos de la siembra. Las ensoñaciones continúan —o empiezan— cuando, divertidos, obtenemos el permiso para subirnos al caballo haciéndole silenciosa compañía en sus enésimas, lentas, adormecedoras vueltas a las besanas y con una jarilla espantamos los moscos molestos, interruptores de tantos sueños armados al vaivén de las pezuñas.

Pegarse a la falda de mamá, las niñas, apurando el paso para no perder el ritmo de la andada cuando la acompañan a casa de la vecina al otro lado del arroyo para luego esconderse de los perros cuando llegan, admirando la valentía de las adultas que no se arredran ante la muestra de colmillos grandes y afilados de los dos mastines que resguardan el solar de la comadre. Y cómo van a acercarse, si ellas van armadas con un varejón de membrillo, flexible y liviano, listo para marcar el lomo del primero de los perros que las ataque. Una vez en el patio, hacerse las interesadas en el intercambio de enciclopédicos conocimientos de jardinería, donde abundan botes, latas y baldes agujerados conteniendo macetas con plantas de flores coloridas, cuando en realidad lo que enfrentan es a dos pares de ojos retadores, más o menos de la edad, atrincherados y listos para la defensa de los escasos juguetes, al menos en lo que entran en confianza o reciben como cubetazo de agua helada las indicaciones de la casera para que se integren en la hermosa aventura de compartir sus trastecitos de cerámica y sus muñecas.

Jugar, creciditos los mozalbetes de quince o dieciséis, a otra clase de sueños. Por la corpulencia paulatina en sus músculos en pleno desarrollo medir fuerzas en luchas cuerpo a cuerpo y soltar provocadoras agresiones verbales a sus coetáneos, en la espera de la respuesta. Hay peligro a esta edad pues ni ellos mismos conocen límites en su fuerza, pero su capacidad corporal y emocional insiste en llevarlos a la frontera de la paciencia ante sus adversarios temporales. Estos son sus sueños, así salen de su aburrimiento existencial, todos los días, en tanto van creciendo, en tanto se alejan de sus cuerpos de niño.

Coquetas ellas, por su parte, tal vez ya no sueñan tanto. O sueñan más, pero diferente. Tal vez: buscar a los opuestos con otros ojos, desbordando imaginación, pero con otras intenciones, más allá de las muñecas y las comiditas. Sueñan a contonearse en las fiestas, a lanzar miradas comprometedoras en el devaneo de su presencia; jugar a crecer con mayores apuros y soñar que de cualquier esquina aparecerá el mozo que han esperado en tan poco tiempo, desde que abandonaran su silueta infantil para enfundarse en la figura de los deseos. Ya no interesa tanto ir a la iglesia, ahora importan más los bailes, es natural. Y apostar a ese cambio, con la benevolencia de mamá, o con el celo explosivo de papá, quién sabe.

Provocar a los galanes para que, en arranques de hombría justificada, una tarde cualquiera el muchacho engulla suficientes tragos de una enorme botella de tequila, generalmente de a litro, nuble su percepción de las cosas, se perciba como el último hielo en el desierto, cuente los dineros de su billetera y contrate a los primeros músicos que localice. Y entrada la noche se disponga ella a disfrutar su travesura al otro lado de la barda, en cuanto oiga los primeros acordes de las canciones de moda.

Algún día ambos géneros harán su selección, cosa inevitable, sin dejar de soñar cada uno por su cuenta. Uno para sostener a una familia, no sin problemas, hacer de vaquero contratado en conocido rancho, cuidar las vacas y las bestias y administrar un solar ajeno, ni modo. De tarde en tarde, mientras campea persiguiendo al becerro que se extravía, avivar su sueño de poseer un territorio propio, qué le hace que más pequeño que ese en el que trabaja, pero mejor en las atenciones porque sería suyo.

La otra, adulta y con hijos, personificar a la compañera del vaquero, aunque dedicada a otra cosa, generalmente a los quehaceres que hacen posible el reforzamiento en la estructura casera y muchas veces el pilar imprescindible, el más importante para la cohesión de la familia. Sus tareas incluyen aquellas propias del género femenino en los pueblos: hacer malabares en la preparación de las comidas diarias; hacer uso de la corriente cristalina en la que propinará sendos jaloneos y talladas a la ropa de todos, actividad que en veces ha de recibir las quejas ocultas por tanta cosa; y atender la limpieza del solar y de unos cuartos de adobe o de bloques de cemento que en sueños había visto como los aposentos de un palacio.

También algún día arribarán los nietos, pues recurrentemente se sueña con los nietos. Los más pequeños tirarán del bigote del viejo o se colgarán de la falda de la abuela soltando el berrido en la exigencia de quién sabe cuántas cosas. Y como la función más importante de los abuelos consiste en consentirles en todo, negociarán unas horas al día para ellos, para seguir acumulando sueños, para regurgitar los de sus propias infancias y mocedades, diciendo cuando haya oportunidad que en sus tiempos la deliciosa actividad de soñar era mejor, insuperable, porque verdaderamente había mucho para dejar a la imaginación, antes que las ensoñaciones fueran escurriéndose entre los dedos, como la mantequilla que se unta en las tortillas calientitas recién salidas de los comales, por cierto ya casi en desuso.

 






Humberto Quezada Prado es profesor de educación primaria por la Escuela Normal Rural José Guadalupe Aguilera, licenciado en psicopedagogía por la Escuela Normal Superior José E. Medrano”, pasante de maestría en desarrollo educativo por el Centro Chihuahuense de Estudios de Posgrado. Ha publicado los libros Nueve leyendas de Chihuahua, en coautoría, Cuentos de nonoavaNonoava, historia desde lejos: la fundaciónInterpelación a mi maestroCuentos de Francisco MachiwiNonoava, profesión de fe musical y Los Villalobos son leyenda. Su obra aparece también en varias antologías.