Salomé
Por Fructuoso Irigoyen Rascón
Machaerus o Maqueronte
fue la fortaleza en dónde Herodes el Grande construyó un palacio que los
historiadores describirían como grandioso, y que en el tiempo que nos ocupa
acogía a su hijo Herodes Antipas con su nueva esposa, Herodías. El lugar,
después de múltiples guerras, gozaba de un poco de paz. La presencia de las
poderosas legiones desplegadas por Roma contribuía a la estabilidad en ese
momento, aunque por todas partes podía surgir una rebelión o un conflicto con
grupos como los nabateos, que tradicionalmente odiaban a sus vecinos.
Sito en un alto
peñasco, como buen palacio y fortaleza, contaba con sótanos o mazmorras en los
que se alojaban, propiamente se encarcelaban, prisioneros de todos tipos,
particularmente presos políticos y uno que otro criminal del orden común.
Ahí había ido a dar
Juan, conocido como el Bautista. Nos dice Flavio Josefo que Antipas lo había
encerrado ahí por miedo de que pudiera encabezar una rebelión, ya que sus
seguidores se multiplicaban día con día. [1] Y, según los Evangelios, lo había
hecho para castigarlo por denunciar su relación incestuosa y adúltera con Herodías,
esposa de su hermano Filipo. [2]
Y esto es lo que pudo haber ocurrido una cierta mañana:
Herodías se hermoseaba
frente al espejo, aplicándose diversos aceites, afeites y polvos que acentuaban
sus de por sí hermosas facciones, vestida solo con una translúcida bata.
Parecía disfrutar de la imagen que ante ella aparecía. En ese momento entra en
la recámara su esposo, al cual recibe con un afectado saludo y una pregunta:
—¿De dónde vienes? ¿Has ido otra vez a las mazmorras? ¿que tanto disfrutas de
oír a ese loco? Creo que deberías deshacerte de él, pero tú eres el rey y el
que decide qué se hace con cada quien.
— Mis consejeros recomiendan lo mismo: eliminarlo. Pero a mí me divierte
escuchar lo que él tiene que decir. Después de todo soy el único que puede
verlo.
—¿Incluso cuando él critica nuestra unión?
—Oh, cuando trae eso a colación le digo que no quiero hablar de ello. Y no es
por eso que mis consejeros recomiendan que lo ejecute, sino porque el hombre ha
estado reuniendo cada vez más gente, algunos dicen que son miles sus seguidores
y esto puede representar un problema para mi trono, y aún más, los romanos
podrían ver en estas multitudes una amenaza a su dominio de la región.[5]
—Es lo mismo que pienso yo. Sin embargo, lo que a mí me molesta más es que
critique lo que hacemos tú y yo. ¿Qué derecho tiene de hacerlo?
—No me he rehusado a seguir el consejo de mis asesores, pero creo que debemos
esperar para ver qué tanta influencia tiene el tipo en realidad. De aquí
podremos derivar estrategias que después se puedan aplicar en eventos que sin
duda surgirán en el futuro.[6]
—Como te he dicho, me divierte y aprendo mucho oyéndolo. [7] ¿Algo más?
—No, solo te recuerdo que ya viene la fiesta de tu cumpleaños y que tengo una
gran sorpresa que te gustará mucho más que las conversaciones de un loco
vestido en piel de camello y alimentado con saltamontes.
La sorpresa era que Herodías había mandado traer en secreto a su hija Salomé
desde Roma para que danzara en la fiesta de Antipas [8]. Sabía ella lo que la
mocosa podía hacer y lo que podría obtener del rey por medio de su danza y
seducción. No estaba el tetrarca completamente ajeno a la noticia de la llegada
de su hijastra, uno de sus espías le había dicho que le parecía haberla visto
llegar en una caravana, pero por alguna razón no asoció de momento esa
información a lo que su esposa le decía. Ahora mismo comenzaba a interesarse en
lo que se decía de otro profeta que ambulaba por sus dominios, es decir la
Galilea.
Llegó el tan llevado y traído día de su cumpleaños. Esa mañana había descendido
a las mazmorras y había notado que Juan estaba muy inquieto, agitado.
—¿Qué pasa?
—No es lo que pasa, sino lo que va a pasar.
Ocupado con otros asuntos decidió dejarlo así y no preguntar más.
—Vuelvo a verte después.
Su respuesta fue enigmática para Antipas:
—Si es que hay un después.
Retirándose se despidió:
—Lo habrá, lo habrá.
Subiendo al palacio, Herodes Antipas Tetrarca de Galilea y Perea juzgó qué tan
importante era él mismo por la gran cantidad de gente que se agolpaba a la
entrada para disfrutar de su fiesta.
—¡Salve Herodes! ¡Dios te dé más años: vida y salud!
Toda la tarde desfilaron gentes de todas las clases sociales provenientes sobre
de todos los rincones de Galilea. Ya entrada la noche, Antipas luchaba para
ocultar su aburrimiento ante tantos visitantes. En esos momentos Herodías, que
había permanecido inusualmente callada, se levantó del cojín oriental donde
estaba sentada y proclamó:
—¡Atención! ¡Este es mi regalo para el rey!
Siguiendo este anuncio, unos veinte bailarines saltaron a la pista preparada
para ello frente al lugar donde sobre sendos almohadones se encontraban
sentados Antipas y su séquito. La mitad de ellos eran hermosas mujeres, rubias,
trigueñas, negras y hasta una pelirroja, apenas vestidas con trajecitos
bordados con hilo de oro. Los hombres, todos de aspecto muy atlético y
diferentes razas igualmente iban muy ligeramente vestidos con unos calzoncillos
dorados. Arrastraban entre todos una especie de carrito sobre el cual había un
gran huevo aparentemente hecho de una delgada porcelana rosada. Una vez
ennmedio de la pista dejaron ahí el carrito con el huevo y, tal como habían
surgido, desaparecieron entre los asistentes.
Todos miraban el huevo,
mientras que los flautistas y tamborileros tocaban cada vez con mayor
intensidad sus instrumentos. De pronto la cáscara del huevo comenzó a
agrietarse y pronto sus fragmentos caían al suelo. Dentro del huevo había una
muchacha cuya hermosura solo podría describirse como fulminante. Pensaría uno
que estaba desnuda, pero poniendo más atención se podía ver que la revestía una
malla transparente. Un cuerpo de escultura clásica. Su cara recordaba a la de Herodías,
pero mucho más joven: hermosísima. Al compás de la música comenzó a danzar con
movimientos suaves, delicados, pero sumamente sensuales. [9]
—¿Acaso es Salomé, tu hija? —preguntó Antipas.
—¡Claro que sí! Pero no me mires a mí, mírala a ella: ¡es tu regalo!
Los testigos presenciales no se ponen de acuerdo en cómo era la danza de Salomé.
Unos dicen que se movía como una serpiente, otros que como un colibrí y aún
otros la compararían con los elegantes movimientos de un cisne. Pero todos
coincidirían en que era enervante. Antipas resultó excitadísimo por sus
movimientos, particularmente porque estaban en forma atrayente y seductora
dirigidos a él. Al terminar, Salomé quedó en cuclillas frente al tetrarca, y
alzando la cara y mirándole fijamente a los ojos le preguntó:
—¿Te gustó?
—¡Más que todas las danzas que he visto en toda mi vida!
—Siendo así ¿me darás un premio por lo que te he dado? ¿por mi danza?
—¡Lo que tú quieras! Pide lo que sea.
—Veamos, veamos, quiero… en una charola de plata…
—¿Qué?
—La cabeza de Juan, del Bautista.
El rey quedó mudo. Un minuto después hizo una señal a su verdugo que estaba
como siempre parado a un lado de él y que indicando con su mirada que había
entendido se retiró discretamente. Cinco o diez minutos después volvió, traía
una charola de plata con algo cubierto con un trozo de tela que la muchacha
tomó con su manecilla dejando ver la cabeza del Bautista. Esta reposaba sobre
la sangre fresca en la charola. Con voz impasible dijo:
—Gracias, esto hará feliz a mi madre.
Y se fue, caminando hacia atrás. A pesar de lo dramático de la situación, los
hombres de la concurrencia no dejaban de mirar a la muchacha con ojos
lujuriosos.
Y ahí en el peñón de Machaerus no había pasado nada. La Voz que clama en el
desierto se había apagado. Su primo Jesús, al oír la terrible noticia, quiso
retirarse a la montaña para orar, pero sus seguidores saliendo de todos los
pueblos y aldeas lo siguieron y Él, sintiendo compasión por ellos, paró, los
atendió y, finalmente, les dio de comer.
Sabemos por el Evangelio de San Lucas del encuentro entre Jesús y Herodes
Antipas, en que el tetrarca no parece relacionar a los dos primos, y por
Nicéfoto Calixto que Salomé murió degollada por una lámina de hielo al cruzar
un río congelado en España.
[1] JOSEFO, Flavio. Antigüedades de los Judíos. Libro XVIII, 5:2.
[2] MATEO. 14: 1-12; MARCOS, 6: 14-29.
[3] FLAUBERT intuye en su relato que despuès de la visita consignada en el
evangelio después de la cual, Juan por medio de sus discípulos, preguntó a
Jesús si era él el que había de venir o deberían esperar a otro [4] Herodes
Antipas había prohibido todas las visitas a Juan, prisionero en aquel sótano)
FLAUBERT, Gustavo. Herodías en Tres Cuentos (Trois Contes), 1877.
[4] MATEO 11: 3; LUCAS 7: 19-20.
[5] MATEO, loc cit. añade que Antipas se resistía a ejecutarlo debido a que el
pueblo consideraba a Juan un profeta y por ello su ejecución podría incitar una
revuelta.
[6] FLAUBERT op. cit. imagina que Herodías había infructuosamente pedido a
Antipas que eliminara al Bautista, y, sin embargo, este se resistía aduciendo
que su muerte podía ser por sus enemigos con fines políticos.
[7] MARCOS 6: 20-21 precisa: “deseaba matarle, y no podía; porque Herodes temía
a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y
oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.”
[8] FLAUBERT op. cit. nos dice que Herodías había dejado a Salomé en Roma
después de separarse de su esposo.
[9] En su obra teatral Salomé Óscar WILDE identifica esta danza con la de los
siete velos, lo cual es muy improbable,
Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.








