La
cinta musical
Supertramp – Crime of the Century
(1974)
Por Miq Ramírez Ochoa
Hablar de Supertramp es referir, inherentemente, calidad
musical. Aunque el Rock and Roll vio su nacimiento en Estados Unidos,
Inglaterra lo pulió e hizo de él algo insuperable.
La historia de
Supertramp, una banda de rock progresivo y de arte rock, inició con un ex
soldador de una fábrica industrial y también organista, llamado Rick Davies.
Entró a un grupo llamado The Joint, y tiempo después se fue a la Catedral de
Munich, en Alemania. Allá tocaba el órgano litúrgico cuando fue escuchado por
un millonario holandés, quien le ofreció financiarle su carrera musical.
Davies regresó
a su natal Gran Bretaña y publicó un
anuncio en Melody Maker solicitando un guitarrista y
vocalista. Acudió Roger Hodgson y ambos congeniaron de inmediato: iniciaron
Supertramp en enero de 1970.
Con la alineación inicial de músicos no
tuvieron éxito sus dos primeros álbumes: de 1970 (Supertramp) y 1971 (Indelibly
Stamped), ante lo cual se fueron el guitarrista Richard Palmer-James y el
baterista Robert Millar. Obviamente, el mecenas holandés les retiró su apoyo
económico y nuestros entonces muchachos debieron esperar tres años para
componer y contratar nuevos elementos.
Supertramp nació en 1970 con esos dos
álbumes sin éxito, el año en que The Beatles se despedía de la escena musical,
y también cuando The Rolling Stones comenzaba una nueva etapa discográfica sin
el sello británico Decca, que los había parido.
Cundían tiempos premonitorios sobre el
Reino Unido, los cuales silbaban que se avecinaba un tempo musical
distinto a la revolución de los años sesenta, un progreso musical entrelazado
llamado “rock progresivo”, que sería introducido por cuatro compuertas
distintas con las bandas Pink Floyd, Supertramp, Yes y Genesis.
Uno de esos ciclones fue Supertramp, con
un estilo icónico, liderado por dos compositores: Rick Davies y Roger Hodgson.
El primero, con una voz áspera y en falsete, oscura en veces, en tesitura, pero
no en letras, encaminada al blues y al soft rock; el segundo, inspirado en el
rock pop y en sonidos altos, tenores y radiantes.
Pues bien, el álbum que catapultó a esta
banda fue Crime of the Century, del 21 de septiembre de 1974. Un
sonido armónico, seco en muchos espacios y filosófico de principio a fin: basta
con escuchar School, de Roger Hodgson; Bloody well right,
de Rick Davies; Asylum, de Davies; Dreamer, de
Hodgson; Rudy, de ambos; y Crime of the century, de
Davies.
El álbum fue editado, en su momento, en
LP, cassette, 8-Tracks y Reel to Reel, siendo conformado por Davies en
composición, voz y teclados (especialmente, el piano Wurlitzer); por Hodgson en
composición, guitarra y algunas ocasiones en teclados; por John Helliwell en
saxofón, clarinete y en el instrumento de viento o aerófono llamado “melódica”;
por Dougie Thompson en bajo; y por Bob Siebenberg en percusiones y batería.
Comienza con “School”, cantada por Roger
Hodgson: una reflexión sobre los años represivos en un colegio inglés, sufridos
por el autor del tema. Guitarra y bajo se combinan con la ejecución de una
marimba muy bien entonada.
“Bloody well right” inicia con un zarpazo
de Bob Siebenberg en la batería, seguido de un práctico y movido pianísimo por
Rick Davies y… y luego la monstruosa guitarra Wah-Wah de Hodgson que acelera la
intervención de Davies con su estética y ahogada voz. Esta rola es festiva,
medio jazzera.
“Hide in your shell” suena a conteo de
historia, destacan guitarra, batería y percusiones, y es interpretada por
Hodgson: Escóndete en tu caparazón porque el mundo está dispuesto a
sangrarte por un viaje. ¿Qué ganarás haciendo tu vida un poco más larga? ¿Cielo
o Infierno, fue el viaje frío que dio a tus ojos de acero? Refúgiate detrás de
pintar tu mente y jugar al bromista (Hide in your shell ‘cause the world is
out to bleed you for a ride. What will you gain making your life a little
longer? Heaven or Hell, was the journey cold that gave your eyes of steel?
Shelter behind painting your mind and playing joker).
“Asylum”, de Davies, es otra historia,
pero de un tipo que está deprimido y se “muere” por saborear un cigarro y por
un paseo en velero, mas pide que no lo encierren en un manicomio porque solo
juega mentalmente. Piano Wurlitzer marca la pauta aquí.
Tanto “Hide in your shell” como “Asylum”
son digeribles musicalmente y se adentran en el género del relato.
“Dreamer”, interpretada parcialmente por
Hodgson y Davies, está combinada con el piano electrónico Wurlitzer, arpa de
cristal, glockenspiel (instrumento de percusión con barras de aluminio,
semejante al vibráfono y con sonido de campanas), bajo y batería. Sobresale la
voz de tenor de Roger.
“Rudy” es una pieza reflexiva, compartida
por Davies y Hodgson, principiando Rick Davies en el piano con su clásica voz
atenuada y en falsete, entre secciones rítmicas y melódicas de esos años setenta;
luego se deja oír el “aullido” tenor de Roger Hodgson, respondiendo a la
anécdota musical de su compañero. Pareciera una contestación epistolar entre
uno y otro porque después de la respuesta de Hodgson, Davies arremete y así se
darán cuatro contrarrespuestas más entre ellos, hasta que Davies matice con
energía hacia el final.
Esta melodía habla de un sujeto llamado
Rudy, que viaja en un tren a ninguna parte y sin un amor en la vida. La
secuencia está marcada por una guitarra Wah-Wah, sonido esencial de esa
fastuosa década del 70.
“If everyone was listening” restaña
melancolía ante cualquier suceso, se lucen piano y saxofón; nos habla de una
mala puesta en escena: Los actores y bufones están aquí. El escenario está
en la oscuridad y claro para levantar el telón. Y nadie está del todo seguro de
quién es la obra… ¿Quién será el último payaso en tumbar la casa? Oh no, por
favor no, no dejes que caiga el telón. Bueno, ¿cuál es tu disfraz hoy? ¿Quiénes
son los accesorios en tu obra? Estás actuando un papel que pensaste desde el
principio, que era uno honesto. Bueno, ¿cómo te declaras? ¡Un actor de hecho!
Ve a reaprender tus líneas, no sabes lo que has hecho. El final ha comenzado
(The actors and jesters are here. The stage is in darkness and clear for
raising the curtain. And no ones quite certain whose play it is… Who'll be the
last clown to bring the house down? Oh no, please no, don't let the curtain
fall. Well, what is your costume today? Who are the props in your play? You're
acting a part which you thought from the start, was an honest one. Well, how do
you plead? An actor indeed! Go re-learn your lines, you don't know what you've
done. The finales begun).
Y la pieza homónima del álbum, “Crime of
the century”, suena a sentencia desde su inicio y también desde su portada: una
captura espacial de dos entes, ¿acaso de seres perniciosos para la sociedad y
para el Universo, a quienes debe dejarse atrapados en una celda del Cosmos? ¿O
inocentes que sufren castigo como chivos expiatorios?
Davies sentencia que hombres de lujuria,
codicia y gloria planean un crimen del siglo. Sin duda, una portada
impactante.
Este disco o cinta fue el que abrió las
puertas del éxito a Supertramp y el segundo más vendido en su historia, después
de Breakfast in America, de 1979. Contiene guitarra y ritmos ‒bajo y
percusiones‒
en perfecta armonía.
Fue publicado por A&M Records y quedó
en el lugar número 4 del UK Albums Chart (Reino Unido), igualmente, cuarto
lugar en RPM Albums Chart de Canadá, y número 38 en el Billboard 200
estadounidense.
Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.


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