Un viaje por el libro El escape/ Prosa diversa y que versa
Por Luis David Hernández Martínez
Introito
Miguel Ramírez Ochoa ofrece en este libro, El escape. Prosa diversa y que versa,
treinta seis textos donde abrevan casi todos los géneros literarios. Asistimos
a un puñado de arrebatos líricos, a otro tanto de relatos cotidianos, no pocas
reflexiones filosóficas, anécdotas familiares, deportivas, pasajes, añoranzas
de la ciudad, escenas dramáticas ‒sí, teatro‒, ensayo, recomendaciones musicales para cambiarle la vida a cualquiera
o para acabar con ella (dice Miguel), y hasta un ingenioso, multicultural y
entretenido divertimento trazado con una lista de ciento treinta y cinco variadísimas
interrogantes para aderezar el ocio de la cotidianidad.
Latín. Por qué
Empecé la lectura del libro. Todo iba bien hasta que
llegué al último renglón del primer texto del volumen qué dice así: “Todo amor
pervive en la memoria, todo ensueño permanece… Si scío”. Gulp, qué dice ahí. Así es, tuve que rescatar de no sé dónde
mis apuntes de latín de las clases a las que asistí con el profe Villegas, y
que siempre reprobé, por cierto, y así traducir y no sentirme mal con las
frases en latín que en ocasiones el autor inicia o remata en algunos de los
textos. En fin, las lenguas no han sido lo mío, pero latín, por favor, Miguel.
Imaginen otro momento de mi lectura: acababa de leer un relato precioso sobre
afectos y mezquindad y agárrense con el título del siguiente: Nobis quoque peccatóribus, familis tuis,
yo que solo aprendí dos latinajos: et al y ad hoc, ah y en tiempos recientes modus operandi. En fin, lo único que me
consuela es que es una lengua muerta, a menos que Miguel la quiera resucitar.
Lirismo
La prosa poética presente en este volumen se derrama
en instantáneas sensuales, amorosas, eróticas, donde la complicidad amatoria
oscila entre esta triada: el encuentro sensual, la idealización y el “ya
merito”, es decir “quiero, pero tú no quieres” o “quieres, pero yo no quiero”,
o en otras palabras lo que pudo ser y no fue (eso último sonó a canción de José
José).
Para aterrizar un poco lo anterior agrego las
siguientes líneas referentes al encuentro erótico:
El gran ventanal, proyectando los últimos rayos solares, acaloró más
nuestra estancia amatoria y retrató nuestras miradas en un tris semieterno.
[…]
Copas, enseres, sueños, almas, cuerpos y miradas de cristal se perdieron
en un brillo refulgente, resaltando nuestros albos cuerpos.
Y como un niño de la Luna besé tus labios y pubis, extraviado,
inexorablemente, en la inmensidad de nuestra radiografía amatoria.
[…]
Tomados de la cintura nos enteramos del olor desprendido por nuestras
velas de canela e intuimos lo que fue mostrarnos desnudos, ante el delirio de
una inflamación provocada por dos perfectos amantes.
Siempre te pretenderé, mientras tenga vida y no me la acabe antes.
Y en cuanto al amor platónico apunto este fragmento de
poesía en prosa o si quieren prosa poética:
En la madrugada de la casi ventisca, soñé con la doncella de cabello
castaño claro y tez holandesa, y creí que ella estaría frente a mi catre...
¡Oh, amargo despertar! No apareció materialmente, mas el espíritu de ella se
impuso y juntos viajamos como ánimas en escape hacia lo aún no saboreado.
¡Pero tan solo teníamos dieciséis años!, y yo comenzaba a hacer mías sus
preguntas, sus sueños encantados y delirios; a describir sin autorización suya
los sentimientos más recónditos de su alma..., he de creer que ya la añoraba y
tan temprano, comenzaba yo a sufrir...
Hay una explicación: era ya partícipe de mis nostalgias futuras.
Y ahora disfrutemos de estas líneas donde la duda y el
odioso raciocinio avasallan la cachonda posibilidad del encuentro amoroso real
y la convertirán en nada o tal vez en un simple devaneo:
Entonces, ¿te veo mañana?
—Sí, hombre, ni modo que no lo hagas, mañana todavía
hay clases.
—¡No seas ácida! Me refiero a encaminarnos juntos.
Complicas mis sentimientos…
—Podría ser agria…
—Mejor detente, solo quería proseguir con la
conversación que teníamos al salir de clases. Es que…
—¡¿Qué?!
—…Me gustas demasiado, no sé si ya lo habías
presentido.
[…]
—Pues sí, pero debemos esperar porque en el penúltimo
semestre, que es éste, apenas nos estamos tratando.
—Está bien… El detalle es que ni tú ni yo supimos,
hace dos años y fracción, lo que pudo surgir o venirse entre nosotros.
—Te oigo atenta y quisiera dar más, y debes saber que
agradezco tu compañía. Sigue haciéndolo igual.
—Me arrepiento no haberte acompañado desde primero o
segundo semestres, sí, ya estamos en quinto y soy un idiota; pero sí, sí me
gustas desde el principio de la carrera técnica.
—¡Ya! No te dañes.
O el remate del texto denominado “Enfilado encanto”
donde una ñoña avezada en la geometría solo
tiene ojos para reglas, gráficas, escuadras y compases, mientras su
compañero, efímero discípulo solo tiene
ojos para ella y no para sus imposibles trucos geométricos:
Y como una dama casi arquitecto, delineaste en mi
cuaderno particiones, trazos y medidas; enseguida pasaste a las bisectrices
(semirrectas partiendo del vértice de un ángulo y dividiéndolo internamente en
dos partes iguales) y a las mediatrices (con perpendiculares a un segmento por
su punto medio).
¡Qué locura frígida tan estética! Tú volvías arte la
Matemática y la Elíptica.
“¿Por qué se me dio el convertirme, por hora y media,
en tu pupilo? ¿Podría repetirse tal acto vivencial, tan solo para aprender más
con tu voz y donaire?” –me interrogué complacido mientras resolvía ejercicios,
deseando transformarme en el compás diestro manipulado por tus manos.
[…]
“¿Es posible que ella hiciera a un lado su hora de
comida para atenderme y yo osara servirme como el peor de los bucaneros?”
Algunos textos muy cortos, y abiertamente poéticos, me
recordaron la brevedad y la aparente sencillez de cierta poesía oriental: “Anoche tuve un sueño / y era yo, / colmado de desaires /
en tu alcoba…//; “El Sol perdió identidad y alejó su fulgor en aras de
la noche, cual vientecillo fatuo.
De las pinceladas
líricas al anecdotario
A través de recuerdos muy vívidos, el autor nos
traslada a remotas cotidianidades. Así es, el anecdotario, parte sustantiva del
libro, no podía estar ausente en esta miscelánea literaria.
De una página a otra ya nos colamos a una pachanga
familiar, luego saltamos a la inevitable añoranza de los días de la escuela y
de ahí a la esquina del Monte de Piedad y por supuesto no podían faltar ‒en un apasionado melómano‒ las referencias al universo
musical del pasado ochentero y noventero:
Fue, una época que parió y fijó en lo musical una
versatilidad ya no escuchada después de 1990. ¿Cómo olvidar aquellos días de
escolaridad juvenil en Chihuahua? Oíamos canciones en los corredores aledaños a
los salones de clases —durante los recesos—, ¡y en cassettes de cinta magnética
de audio! (originales y muchos vírgenes regrabados de 46, 60, 74, 90, 110 y 120
minutos en cinta normal, de cromo o de metal, aunque los más socorridos eran
los de 60' y 90' en presentación normal y cromada, ya que los de metal costaban
“un ojo de la cara”. Para el 1987 —año de encanto auditivo bajo los efectos del
Goth Rock, Synth Pop y Electro Pop ingleses—, el disco Long Play iba ya de
salida, debido a que los audiocassettes lo habían remplazado y el CD aún no era
comercial por la falta de aparatos en los hogares.
[…]
Entre 1985 y 1992, la mayoría de los varones que nos
deleitábamos con el rock británico y estadounidense, recurríamos a cargar en
nuestros hombros o manos una radiograbadora portátil y reproductora —doble
cassettera autorreversible, en cuya tecnología del momento la cabeza del
aparato giraba en sentido inverso para tocar el segundo lado de la cinta, sin
necesidad de extraerse, manualmente, el cassette de plástico…
El futbol como protagonista del guateque nunca hace
mutis. Viajemos a 1994:
—¿Ganará Alemania, el campeón de la Copa pasada? ¿O lo
hará Italia mía? –interroga Lilia, la ecuánime.
—En fútbol soccer hay análisis, comentarios y pleitos,
pero nada escrito ni intervenido: Un pase en profundidad asesina al raciocinio
más complejo –sentencia papá desde el confort de su asiento, torta con muchos
chiles rojos y cerveza en manos.
¡Bienvenidos a la World Cup USA 94!
Y más adelante otro texto sobre futbol, ahora
rememorando el mundial de Rusia 2018:
Nuevamente la Fiesta del Fútbol: Rusia, FIFA, las
escuadras, los himnos, los fanáticos y los adictos –estos, más obsesivos que
los fanáticos, ¡yo!– insuperable en la World Cup, nos golea panópticamente a
balón parado y rebotado, entre tiros de esquina, remates y penales auspiciados
por la veleidosa bola de gajos.
[…]
Rusia, el país más extenso y precursor de la carrera
espacial, se abre ante el orbe mostrándonos su historia, su música sinfónica,
su ballet, su teatro, su literatura universal, su artesanía, sus lagos
límpidos, su arquitectura y, sobre todo, su don humano: los rusos anfitriones
inundan las calles de Moscú, San Petersburgo, Ekaterimburgo, Kaliningrado,
Kazán, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, Samara, Saransk, Sochi y Volgogrado,
con una peculiaridad fraternal […]
Pero son los oriundos de la capital, Moscú, quienes
emulan a ciudades cosmopolitas como Ciudad de México (1970 y 1986); New York y
San Francisco, en EUA (1994); París, en Francia (1998), y Río de Janeiro, en
Brasil (2014), saliendo a bailar con los extranjeros asistentes a la XXI Copa
del Mundo Rusia 2018.
Sí, grandioso, la alfombra roja de la pasarela se
tendió en la Plaza Roja de Moscú.
Y otro más de fut, recordando las tragedias del
Scratch du Oro:
—Estamos viviendo la XX Copa del Mundo, Brasil 2014, y
es de temerse un nuevo “Maracanazo” ahora que el gigante sudamericano organiza,
por segunda ocasión, el certamen; por segunda vez después de México, Italia,
Francia y Alemania –me dice un amigo.
—¿Y por qué Brasil sigue horrorizado con algo ocurrido
a mediados del siglo pasado? Me repugna que tanto prensa escrita como radio,
televisión, suplementos diversos e internet destaquen, cada cuatro años, el
“Maracanazo” del 16 de julio de 1950 cuando Brasil, como sede, llegó a la final
siendo amplio favorito y enmohecido en su propia soberbia, perdió ante la
escuadra charrúa de Uruguay 2 por 1 –le replico.
[…]
Pero el “granero” más grande del mundo vio llorar y
suicidarse a muchos de sus habitantes, todo por creerse el Titanic del fútbol.
Pareciera inverosímil que una IX Copa Mundial como México '70, en donde la
oncena brasileña, comandada por Carlos Alberto Parreira y estelarizada por
Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, carezca, en ratos, del paliativo definitivo
para resarcir la derrota del '50… ¿Y sus cinco copas totales? ¿Y las posibles
por venir? Y en cambio, Suecia 1958 dotó una final de altura y de respeto (sin
congoja), a pesar de fungir como anfitriona y enseguida, imagínate, ¡perder
ante Brasil 5 por 2!
Ahora subamos la escalinata para entrar a la prepa:
La aurora me estremeció en su gelidez cierto día de
principios de diciembre, y partí, de introspectivo, a mi antiguo centro escolar
ubicado en una zona semi residencial, en la colonia Santa Rita de mi ciudad
natal capital.
Me mezclé entre los alumnos de nivel medio superior y
subí por la escalinata con vista a la entrada (lo especifico, ya que el
edificio porta dos); avancé por sus andenes
(…)
Mi facialidad se asoma en algunas aulas del primer,
segundo y tercer piso, en donde estuve seis semestres, ¿pero qué diviso?
[…]
Fuimos la Generación X, ¡la última analógica!... ¡Y
conocimos, solo siendo niños, el cartucho de audiocinta 8-tracks! Éste no
adelantaba, ni atrasaba, ni rebobinaba la cinta canción por canción, únicamente
la captaba por pistas, saltándose o retrasándose por secciones de dos o tres
piezas musicales (…).
Divago, entre salones de aquella generación
paramédica, y me siento “briago” sin cargar mi ánfora..., parezco monje
medieval antorcha en mano, pero apagada por mi sopor. Sí, el recuerdo quema en
intermitencias, es fricción recurrente sobre ánimas nostálgicas.
Y de ahí recostémonos un poco para leer un idílico
homenaje a Tiffany Renee Darwish, interprete de una de las rolas más
emblemáticas de los ochenta, I
Think We're Alone Now:
Refrescaste mi adolescencia, triste en
ratos, pero cuando te oía cantar (como lo hago esta noche en mis cintas
magnéticas del recuerdo, nombrados santuarios del resguardo), mis apuros y
tensiones se desvanecían al compás de tu voz “fresa rockera” y de tu siempre
antojable figura a mis sentidos.
De los pasajes
cotidianos a la diatriba religiosa y generacional
Destaco dos textos ensayísticos del volumen. Uno,
lanzando misiles ácidos a los tartufos contemporáneos que pululan en nuestras
santas capillas, otro ‒muy logrado‒ sobre los saltos y las peleas entre las generaciones Y y Z.
Al respecto de la prédica religiosa el autor no camina
sobre eufemismos y cuestiona abiertamente:
Y ningún pastor vendrá a entregarnos otro evangelio
cargado con disonancias de dizque unción espiritual, “salvación” a cuentagotas,
modernismo y progresismo que, eufemísticamente, termina en el cuidado de la
santidad ajena, detrimento para numerosas almas ansiosas de un cálido mensaje
espiritual:
[…]
—Como pastor, le pediré que mejor se retire de nuestra
congregación, no es sano tenerlo. Búsquese otra iglesia, conforme a su credo y
su vida disipada.
—¡Qué mejor resolución! Se ve que su congregación está
destinada para recibir a sanos y timoratos que le obedezcan sin chistar, pero
aprenda que la Iglesia no es depositaria de la Salvación, solamente
transmisora, así que no me pasa ni me pasará nada. A ningún jerarca le gusta
ser interpelado ni enfrentado por alguien inferior en cargos, y,
paradójicamente, con mejor preparación académica.
Y sobre el tema de las etiquetas generacionales el
autor arroja sobre el ring a milenials y centenials. ¿Quién se salva? Veamos:
El lenguaje digital es la expresión fehaciente desde
el año 1995, cuando surgió el primer sistema Microsoft Windows, precisamente
Windows 95 y, con él, la “Generación Milenial o Millennial Y” (la última
generación del milenio) que conforma a los nacidos a partir de ese año, aunque
muchos sociólogos sitúan a este gran grupo entre los nacidos de 1980 a 1999. Lo
perceptible es que ellos ya no disfrutan de entretenimientos tradicionales,
únicamente lo confabulado con el mundo de los ordenadores: computadoras, tablets
y laptops, así como celulares y gadgets.
Entre cambios abruptos, a los “mileniales” se les
encararon los “centeniales”, que corresponden a la primera generación del nuevo
siglo y se conocen como “Generación Centenial o Centennial Z”, enmarcando a los
nacidos a partir del año 2000.
Asistimos a una desarticulación de la sociedad,
entorno humano que todo lo resuelve desde la Web, sitio que flota en la nube y
posee un conjunto inimaginable de información suspendida en una dirección
determinada de Internet (la nube, el éter o drive). Es un sistema lógico de
acceso
[…].
La comparación entre un milenial Y y un centenial Z es
que ambos son nativos digitales; sin embargo, el milenial Y vivió a una edad
muy temprana la irrupción de esta tecnología, mientras que el centenial Z lleva
impreso en su identidad el Smartphone, sí, Internet siempre ha estado ahí.
Ambos aprenden mirando tutoriales de Internet, leyendo
libros, revistas y diarios, son autodidactas, pero lo que los distingue es que
la Generación Z es más selectiva en separar el contenido de sus redes sociales,
valorando la privacidad en redes menos conocidas. Ellos, los centeniales,
adquieren productos on line preferentemente desde su celular, colocando en
segundo término a una laptop, tablet o PC.
Para finalizar
Por qué el escape, ¿desencanto de la modernidad,
ausencia de sentido común, vacuidad existencial, añoranza por lo vintage,
hartazgo de la politiquería, alergia al reguetón, derribo de la desmemoria? Tal vez eso y otras interrogantes gestaron el
nacimiento de este libro ¿o simplemente, como dice un escritor francés, por ir
en busca del tiempo perdido?
Una serie de textos denominados Escape, El escape I,
II, III, IV, V y Escape final, nos darán luz sobre esta interrogante o quizá
nos conduzcan a un laberinto de dudas filosóficas interminables. Cito uno de
ellos:(página 89).
Deja ir, suelta, deja escapar y escapa como en un
engatusado bajeo; sí, en un orgánico implexus modus que solo tú
desenredarás.
Estírate en la oscuridad que no te nota.
Agéndate para salir airoso/a en cada ocasión ante
avatares.
Luces/ haces desatadas.
Mejor que cada lector descubra la respuesta, su
respuesta con su lectura personal, que incluso puede variar con otras lecturas
del mismo texto: polisemia literaria dirían los maestros de teoría poética.
Basta de spoilear (tengo que estar al
día con el lenguaje de los centenials) esta nostálgica galería de textos que
nos regala hoy a solo un día del inicio de la primavera, Miguel Ramírez Ochoa,
sin antes dejar de leer el texto titulado “Entre refracción y línea seca del
norte”, que a pesar del título fue de los que más me gustó:
Te pronuncio, invocarte sería desgastante debido a que
tu fantasma es solo eso: refracción y juego arrebatado curso tras curso, ciclo
tras ciclo.
Vil juego en una ruleta, aunque la rueca allanó
nuestro destino años atrás.
Tu timbre de voz era mi obsesión y cohesión. Esa
sonrisa, con bilet o sin él, y esa risilla atemperada para cada ocasión —y
subsecuente estación— traspasaron mi sensualidad.
Mas todo se agotó en espirales de polvo y línea seca
del norte.
¡Viene viento!
Luis David Hernández Martínez
Marzo 20 del
2026
Luis David Hernández Martínez es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Tiene una vasta trayectoria como hombre de teatro: actor, director, dramaturgo. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad Tecnológica de Chihuahua.

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