sábado, 6 de diciembre de 2014

Del Armario de Mario Lugo


Huesos en el desierto de Sergio González Rodríguez




Por Mario Lugo


Ayer, y qué importa que fecha fue ayer en la avalancha de los días fronterizos, después de una charla que se llevó a cabo en la universidad  donde intento reconciliarme con los anhelos de mis años mozos,  sobre el tema de la seguridad o inseguridad menudeaban las conversaciones entre alumnos y maestros acerca del asunto. Un policía y estudiante, ex miembro de varias corporaciones que se encontraba presente, defendía algunas posiciones relativas al papel de la policía y a la participación ciudadana.

Vale la pena recordar el interrogante y un par de observaciones que planteó el servidor público en el furor de las discusiones. El interrogante fue: ¿Quién de los aquí presentes puede proporcionar ahora mismo los nombres de cuando menos cinco de las numerosas mujeres asesinadas? Se recordaban dos o tres de los casos recientes y los detalles sobre los asesinatos aparecieron en la discusión como datos arrebatados y superficiales, lejanos, nebulosos. Una de sus observaciones fue la siguiente: No hay preocupación auténtica por parte de la población. La otra fue en el sentido de que los fundamentos morales de nuestra sociedad fronteriza, cualquier cosa que eso signifique, en términos generales brilla por su ausencia.

Evidentemente que la oposición de los presentes con respecto a sus observaciones y la rebelión frente a la conclusión de la falta de memoria solidaria como signo del desdén de la población y las autoridades no se hicieron esperar.  La discusión sobre la seguridad en general, de la población de ciudad Juárez,  puede ser interminable. La cantidad de enfoques se multiplica por cientos de miles. Puede dar la impresión de que estamos de acuerdo sobre este tema. No es así. Quizá haya algunas mínimas convergencias sobre lo más básico; pero esos puntos de convergencia no han bastado para reducir con claridad notoria para la población el trágico momento que ya se ha extendido por años y que nos vemos obligados a vivir, a tolerar, a solapar y lo más terrible: a aceptar.

Algunos puntos de reunión. Existe un problema de seguridad serio, grave y en crecimiento. Prevalece la falta de capacidad oficial y ciudadana para resolver el problema. La impunidad, producto de la corrupción, es el pan de todos los días. Existe ingobernabilidad extrema. Se dan soluciones efectivas solo por excepción. No hemos podido precisar de manera más o menos científica la causa del problema.  Y podría seguir enumerando quizá en el espacio de un par de cuartillas más, como mínimo, los otros puntos de reunión, de convergencia entre la población juarense. 

Podemos decir también que las divergencias pueden llenar cientos de libros y periódicos. Los dimes y diretes, los reproches, las acusaciones, los dedos apuntando en tantas direcciones como el infinito permita. Dentro del maremágnum de confusión y amarillismo despiadado surgen poco a poco voces equilibradas que buscan el apoyo de dos elementos que parecen ser claves para la solución del problema casi imposible de resolver por el momento: La ciencia y la solidaridad de la población. La aplicación de la ciencia para la solución de problemas no merece discusión adicional, podemos considerar ese juicio, el de que la ciencia es el camino más directo  y verdadero para la solución de los problemas humanos, como cierto, como verdadero. La solidaridad de la población, la solidaridad humana, requiere de más discusión y quizá del mismo trabajo acucioso que el trabajo científico.

Es necesario reunir a las inteligencias brillantes y equilibradas de los hombres de honorabilidad, de probidad y de autoridad moral que seguramente existen en la ciudad para formular una propuesta de acción conjunta que cumpla los requisitos básicos del método científico y de la solidaridad humana. ¿Es esto posible? Lo único que puedo responder es que lo fue con relación a nuestros problemas electorales, que también parecían no tener solución. Lo ha sido en casos de catástrofe o emergencia nacional. Recordemos el terremoto de 1985 de la Ciudad de México. La solución es posible; pero es muy difícil. La gran mayoría, me atrevo a decir,  de los habitantes de esta ciudad tan lastimada sabemos que vale la pena el intento.

Todo lo mencionado es en relación con la publicación del extraordinario libro de Sergio González Rodríguez. Según Sergio este libro le ha costado agresiones golpizas y amenazas. Lo cual indica que logró con algunos datos atinar. Logró sacar a la luz a protagonistas que han participado cuando menos en parte en la matanza y en la creación del ambiente de terror que hoy vive la ciudad. El método utilizado por González Rodríguez es a mi ver híbrido: el método científico en cuanto a la metodología de la investigación y el otro método, el más polémico pero, sin embargo, indispensable en este caso, el de la aproximación humana solidaria e instintiva que trae aparejados la reflexión sobre la cultura, el pasado, el folklor, las ilusiones y todo la materia prima de la que un artista  puede hacer acopio.

Tomemos al leer este libro valiente y cuidadoso lo que nos parezca, lo riguroso del método de investigación hemerográfico, bibliográfico y de campo o bien, escuchemos, sintamos el dolor, el llanto dolorido de las victimas y de los familiares de las víctimas.  Este volumen está dedicado, aunque no de manera expresa, para los que quieran leer, escuchar y atender; pero sobre todo es un reproche que se nos lanza a la cara. Y Volviendo al asunto de la memoria, de la solidaridad ciudadana Sepan de la urgencia angustiosa de resolver quienes son los culpables. ¿De veras estamos tan preocupados? ¿Quién recuerda los nombres de cinco de las mujeres asesinadas? ¿Quién recuerda qué, quiénes, cómo fueron victimas de eso tan terrible? Lean este libro, para saber. Para no olvidar.

Ed. Anagrama. Serie: Crónicas. 334 pp.



Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochentas del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.

1 comentario:

  1. Desde los años setentas del siglo pasado, este autor escribe reseñas y comentarios de casi todos los libros que va leyendo, que son un montonal. A veces con ese pre texto borda ensayos de grande sabiduría. Publica todo eso en su columna Armario, que ha sido constante en varios periódicos y revistas de Chihuahua. Este es uno de esos textos.

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