sábado, 20 de diciembre de 2014

Oscuridad. Martha Estela Torres Torres





Oscuridad




Por Martha Estela Torres Torres





La tarde cayó pesadamente sobre mi espalda.

Sus palabras dardos se clavaron en mi pecho

 cuando despertaban las hojas tiernas del nogal.

Mi cuerpo se encorvó

 con el peso filoso de su desprecio,

con los gritos imperantes

de su amor invertebrado.

¡Me expulsaron, Señor,

me arrojaron a la calle;

a empellones me sacaron

como si fuera leprosa del mal!

Quedé  tiesa, inmóvil,  

 en corriente impura de aguas negras.

 Ahí quedé, bebiendo ignominia.

 expuesta a los habitantes de la oscuridad

 en la hora temprana del solsticio.

Quedé en  aquel paraje inconmovible,

 entre las piedras del mal río

que tarde o temprano debía cruzar.

No le importó  

ni el lugar deshabitado

ni la debilidad que padecía,

ni la soledad que se cernía,

ni mis lágrimas rojas

que brotaban sin esperanza.



¡El demonio existe,

lo he visto espeluznante

en aquella choza de madera

entre los riscos oscuros del amor!

Tenía lasciva en los ojos,

espuma en los labios,

y  en su cuerpo

agilidad demoníaca.

Al  mirarme

su odio creció como flama,

derribándome en tierra.

             Arrojándome al abismo.

Quedé tendida

probando el mismo polvo

que sus pezuñas pisaban;

temerosa de su voz

       y de su sombra apocalíptica.

¡Se transformaba,

se erguía con la fuerza descomunal

de una bestia!

Mi aflicción no lo detuvo;

se empeñó en jalarme,

tirar de mis hombros

descoyuntar mis huesos,

mi esencia y mi memoria.

Embrutecido,

aniquiló de un golpe mi resistencia

con la multiplicación de la rabia,

con la ponderante razón al sentirse

descubierto.

Quedé postrada como Magdalena,

estigmatizada,

salpicada de polvo y tierra.

Vencida

en una tarde sin nombre,

suplicando clemencia para el dolor

que incendiaba mi vientre.

Me arrojó

las raíces penetrantes del odio,

desde su más profunda maldad.



Seguí sin remedio,

en esa laguna seca,

en esa zona abismal

sin compasión,

sin terminación del martirio.

El negro se acerca,

huele mis cabellos mancillados,

percibe el miedo ácido de mis venas,

y mi invocación, inútil, a Dios.

Lame mis manos lastimadas

por el filo de las llaves;

mientras el hombre me culpa,

me condena por interrumpir

   su ritual sacrílego.

El perro prueba mi sangre

y mi sudor amargo;

se acerca

dándome consuelo

y piedad para mi alma.

Este animal

            se conmueve

 humanamente

            con mi dolor.






Martha Estela Torres tiene licenciatura en letras españolas y maestría en humanidades. Entre sus libros publicados están: Hojas de magnolia, La ciudad de los siete puentes, Arrecifes de sal, Cinco damas y un alfil y Pasión literaria. Actualmente es profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y editora en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

3 comentarios:

  1. El dolor absoluto se parece a la imagen mental que tenemos del demonio, y lo produce el amor cuando se quiebra como vidrio panorámico. Alguien se va, alguien muere.

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  2. HOLA ME NECANTÓ EL POEMA. ¿SU AUTORA ES CHIHUAHUENSE?

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    1. Sí, ella es chihuahuense. Puede comprar sus libros en la Secretaría de Cultura de Chihuahua.

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