viernes, 1 de mayo de 2020

Alberto Carlos. Chistes refritos

Arte de Alberto Carlos
 
Chistes refritos

Por Alberto Carlos

No sé si mi padre sabía chistes léperos, me imagino que sí, pero a nosotros nos contaba chistes blancos muy ingenuos que, sin embargo, a los niños nos hacían reír, a pesar de que nosotros nos sabíamos chistes más pícaros, aprendidos entre la raza escolar.
Se sabía varios de un tal Don Cacahuate, oriundo de Lagos de Moreno. Una especie de sabio tonto y toda una institución como el hazmerreír del pueblo. Don Cacahuate fue, según mi padre, el redactor del texto de una placa informativa colocada en un puente, que rezaba:
Este puente esta hecho en lagos y se pasa por arriba con material de aquí mismo.
En la torre de la iglesia de San Juan creció un nopal que hacía peligrar las junturas de las canteras. Consultado don Cacahuate sobre cómo resolver el problema, para pronto propuso que subieran un buey para que se lo comiera. Don Cacahuate negaba tal infundio cada vez que le preguntaban si era cierto. Cansado de negar y negar se agenció un espejito, cada vez que un fulano le hacía la tendenciosa pregunta contestaba:
—Sí, es cierto. Y a propósito, aquí traigo la foto del buey —y le ponía el espejo enfrente al preguntón.
Mi padre nos recitaba fábulas y adivinanzas en verso que nos ponían a retozar el cerebro en busca de la solución, por ejemplo:
A una liebre, un galgo hambriento (de ella veinte metros dista) pronto a atraparla se alista, partiendo los dos a un tiempo.
El galgo, como violento, salta tres metros dos tercias; la liebre ligera y fresca salta tres metros dos quintos.
Pregunto: ¿a los cuántos brincos el galgo a la liebre pesca? (Se la paso al costo a Mi periodiquito).
Muchas veces, viendo algún programa cómico de la televisión, mis hijo me regaña porque no me río. Los chavitos no saben que muchos, pero muchos chistes que ahí se dicen, con ligeras variantes, ya los había oído, repetido y vuelto a oír desde niño, contado no por libretistas refriteros, sino por gente común y corriente.
El arte de refritear no es ningún delito, claro está, porque el chiste, sobre todo en México, es de origen y de dominio popular. Nadie sabe cuándo empezaron ni de dónde salieron. Pero sí es de justicia aclarar que es y ha sido el ingenio popular y no un señor X, que cobra muy bien por las exhumaciones, el que ha creado toda una chistología rica, chispeante, lépera, picante y alburera; que divierte y divertirá a chicos y grandes por los siglos de los siglos.
Cuántas veces nos endilgan cosas novedosas que lo son para la chaviza que no tiene en su memoria los haberes de antaño. Sucede con canciones, modas, inventos y qué sé yo... novedades que a la momiza nos dejan fritos porque ¡uuuuh! allá por los veintes. Y eso no es lo malo sino la aburrida que nos ponen a los decanos, mientras los debutantes se divierten de lo lindo.
Gócenla pues, muchachos, que a nosotros ya nos tocó gozarla, a reserva de que, como a veces sucede, nos despabilen con alguna chispa nueva. También, hay que reconocerlo, la niñez y la juventud tienen más nueva la antena y agarran mejor la onda sin necesidad de tantas reparaciones, aceitadas y overjoles como las que necesitamos los modelos atrasados. Los nuevos tienen el encendido más al centavo y eso es mucha ganancia cuando hay que arrancarse en primera, ¡pero ya!
Noviembre 1981




Alberto Carlos. Artista nacido en Fresnillo, Zacatecas, avecindado en Chihuahua desde la infancia. Con medio siglo de trayectoria, su vasta obra mural, escultórica y de caballete abarcó una diversidad de técnicas y temáticas. Su natural inquietud y amplia cultura lo llevó a incursionar en la literatura y el periodismo, en géneros como la poesía, el cuento, el ensayo, la calavera, el epigrama y la columna, los cuales publicaba en periódicos como el suplemento Tragaluz de Novedades de Chihuahua, El Heraldo de Chihuahua, y en las revistas Tarahumara y Solar.

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