Bibliotecas
Por Daniel Salinas Basave
La mañana del martes 18 de noviembre tuve la
fortuna de reunirme con las personas que están a cargo de las bibliotecas
públicas municipales de Tijuana.
A lo largo de mi vida, las bibliotecas han
sido mi oasis, mi refugio, mi ruta de escape. Para mí una biblioteca no es un
medio, sino un fin, un destino en sí mismo. Por años me he dedicado a sacarles
provecho como usuario, pero jamás he vivido la experiencia de estar a cargo de
una. Poco puedo yo decirles a las y los bibliotecarios, más que confesar mi
admiración por la labor que realizan.
Históricamente, las bibliotecas públicas han
ido a la cola de la cola del presupuesto gubernamental. Sobreviven con lo
mínimo, con migajas de migajas. Creo que el actual ayuntamiento les ha puesto
un poco de más atención, y se nota. Al menos se ha acordado de que existen, lo
cual ya es un paso adelante. Pero las carencias siguen siendo muchísimas.
Mi idealización de las bibliotecas puede
sonar romántica e idealista para quienes pasan su vida enfrentando carencias
durísimas que a veces resuelven echando albañilería ellos mismos, o pagando
reparaciones de su bolsa. Bibliotecas con goteras, con terribles problemas de
hongos y humedad, algunas incluso sin energía eléctrica, con equipo de cómputo
inexistente u obsoleto, y un acervo editorial terriblemente limitado.
Yo creo que aquí la clave es apostar por
esfuerzos mixtos. Si todo se lo dejamos al presupuesto público, nos quedaremos
esperando. Creo que, así como hay empresas que adoptan áreas verdes o
camellones, bien podrían adoptar una biblioteca pública. Donar equipo de
cómputo, mobiliario, reparaciones. ¿Cuánto puede costar?
Le agradezco a mi colega Aida Méndez por la
invitación. Creo que ella está haciendo un buen trabajo como coordinadora de
Bibliotecas Municipales.
Tenemos que dimensionar el potencial de una
biblioteca pública como un agente de transformación social. Vaya, la biblioteca
es el único espacio público bajo techo en donde puedes entrar y permanecer el
tiempo que quieras sin necesidad de gastar dinero. En ciudades cada vez más
hostiles, amuralladas y privatizadas, la biblioteca es un territorio de equidad
y pluralidad, un espacio democrático del que cualquier persona puede hacer uso,
la última o la primera trinchera de resistencia de la justicia cultural.
Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en Esquire, Gatopardo, Milenio y Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBaja, Suplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su hora. La frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

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