Marilyn
Por Marco Benavides
Mucho antes de que existieran Instagram,
TikTok o los algoritmos que hoy deciden qué vemos, hubo una mujer que convertía
cada aparición en un evento cultural. Marilyn Monroe no necesitaba wifi para
volverse viral. Bastaba con que cruzara una puerta, ladeara la cabeza o
pronunciara una frase con esa voz entrecortada para que el mundo se detuviera.
Lo que hoy llamamos trending topic, ella lo generaba simplemente existiendo.
Fue estrella de cine, sí. Pero también fue algo más inquietante y moderno: la
primera persona en dominar ‒y pagar el
precio de‒ la lógica de la influencia
masiva.
Marilyn entendía el poder de la imagen como
pocos. Nada era casual: cada pose ante las cámaras, cada risa cristalina, cada
movimiento de su cabello platino estaba cargado de intención. Sabía leer a la
prensa mejor de lo que un estratega digital actual lee las visitas. Sabía
cuándo sonreír, cuándo callar, cuándo desaparecer para que la extrañaran más.
Sabía que un vestido blanco ondeando sobre una rejilla del metro podía decir
más que mil entrevistas. Aunque el estudio moldeó su personaje, ella lo
perfeccionó hasta convertirlo en una marca inconfundible. En los cincuenta era
simplemente Marilyn siendo Marilyn: una identidad construida con esmero para
cautivar al mundo entero.
Su influencia generaba conversación
constante: imitaciones, rumores, portadas, escándalos. Su rostro circulaba en
revistas, escaparates y calendarios con la misma velocidad de hoy. Cuando
Marilyn cambiaba de peinado, medio mundo la seguía. Cuando usaba un tono de
labios, se agotaba en las tiendas. Cuando aparecía con un vestido nuevo,
definía la tendencia de la temporada. En términos actuales: movilizaba
emociones, marcaba estilo y desataba pasiones con una naturalidad que parecía
magia pura.
Pero como tantos creadores de contenido
actuales, sostener una identidad pública tan luminosa exigía esconder las
grietas, las noches de insomnio, las dudas. La Marilyn que reía en pantalla
convivía con la Norma Jeane que temía no ser suficiente, que anhelaba papeles
profundos en un sistema que solo quería de ella glamour desechable. Vivió la
presión de ser observada, juzgada y consumida veinticuatro horas al día, mucho
antes de que existieran los comentarios anónimos en los blogs. Su historia
revela algo incómodo: la tensión entre la persona real y la marca no nació con
las redes sociales. Solo se volvió visible para todos.
Aún hoy, miramos a Marilyn Monroe
reconociendo que su vida anticipó nuestra era. Ella encarnó la paradoja de ser
amada por millones y sentirse profundamente sola. De tener una voz pública
poderosa y, aun así, no ser escuchada en privado. Quizá por eso seguimos
hipnotizados: porque al observarla entendemos algo de nosotros mismos, en este
mundo saturado de imágenes y de expectativas imposibles.
Marilyn Monroe no fue solo la última gran
estrella del viejo Hollywood. Fue la primera influencer global. Y su historia
nos deja una pregunta incómoda para esta época digital: ¿cambiaron realmente
los mecanismos de la fama, o solo cambiaron las plataformas donde se consume?
Tal vez la lección más inquietante de Marilyn
no es que se adelantó a su tiempo, sino que nosotros nunca avanzamos en el
nuestro. Seguimos consumiendo personas como contenido, convirtiendo
vulnerabilidades en espectáculo, exigiendo autenticidad mientras castigamos
cualquier imperfección. Décadas después, con toda nuestra tecnología, seguimos
construyendo las mismas jaulas doradas. Solo que ahora las llamamos plataformas,
y quien entra lo hace con un contrato que nadie lee, pero todos firman: tu
imagen a cambio de relevancia, tu intimidad a cambio de likes, tu salud mental
a cambio de permanecer visible. Quizá Marilyn nos lo advirtió. Y nosotros, los
consumidores de fantasías, decidimos no escuchar.
Dr. Marco Benavides, 29 noviembre 2025
Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

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