domingo, 30 de noviembre de 2025

Marilyn

 


Marilyn

 

Por Marco Benavides

 

Mucho antes de que existieran Instagram, TikTok o los algoritmos que hoy deciden qué vemos, hubo una mujer que convertía cada aparición en un evento cultural. Marilyn Monroe no necesitaba wifi para volverse viral. Bastaba con que cruzara una puerta, ladeara la cabeza o pronunciara una frase con esa voz entrecortada para que el mundo se detuviera. Lo que hoy llamamos trending topic, ella lo generaba simplemente existiendo. Fue estrella de cine, sí. Pero también fue algo más inquietante y moderno: la primera persona en dominar y pagar el precio de la lógica de la influencia masiva.

Marilyn entendía el poder de la imagen como pocos. Nada era casual: cada pose ante las cámaras, cada risa cristalina, cada movimiento de su cabello platino estaba cargado de intención. Sabía leer a la prensa mejor de lo que un estratega digital actual lee las visitas. Sabía cuándo sonreír, cuándo callar, cuándo desaparecer para que la extrañaran más. Sabía que un vestido blanco ondeando sobre una rejilla del metro podía decir más que mil entrevistas. Aunque el estudio moldeó su personaje, ella lo perfeccionó hasta convertirlo en una marca inconfundible. En los cincuenta era simplemente Marilyn siendo Marilyn: una identidad construida con esmero para cautivar al mundo entero.

Su influencia generaba conversación constante: imitaciones, rumores, portadas, escándalos. Su rostro circulaba en revistas, escaparates y calendarios con la misma velocidad de hoy. Cuando Marilyn cambiaba de peinado, medio mundo la seguía. Cuando usaba un tono de labios, se agotaba en las tiendas. Cuando aparecía con un vestido nuevo, definía la tendencia de la temporada. En términos actuales: movilizaba emociones, marcaba estilo y desataba pasiones con una naturalidad que parecía magia pura.

Pero como tantos creadores de contenido actuales, sostener una identidad pública tan luminosa exigía esconder las grietas, las noches de insomnio, las dudas. La Marilyn que reía en pantalla convivía con la Norma Jeane que temía no ser suficiente, que anhelaba papeles profundos en un sistema que solo quería de ella glamour desechable. Vivió la presión de ser observada, juzgada y consumida veinticuatro horas al día, mucho antes de que existieran los comentarios anónimos en los blogs. Su historia revela algo incómodo: la tensión entre la persona real y la marca no nació con las redes sociales. Solo se volvió visible para todos.

Aún hoy, miramos a Marilyn Monroe reconociendo que su vida anticipó nuestra era. Ella encarnó la paradoja de ser amada por millones y sentirse profundamente sola. De tener una voz pública poderosa y, aun así, no ser escuchada en privado. Quizá por eso seguimos hipnotizados: porque al observarla entendemos algo de nosotros mismos, en este mundo saturado de imágenes y de expectativas imposibles.

Marilyn Monroe no fue solo la última gran estrella del viejo Hollywood. Fue la primera influencer global. Y su historia nos deja una pregunta incómoda para esta época digital: ¿cambiaron realmente los mecanismos de la fama, o solo cambiaron las plataformas donde se consume?

Tal vez la lección más inquietante de Marilyn no es que se adelantó a su tiempo, sino que nosotros nunca avanzamos en el nuestro. Seguimos consumiendo personas como contenido, convirtiendo vulnerabilidades en espectáculo, exigiendo autenticidad mientras castigamos cualquier imperfección. Décadas después, con toda nuestra tecnología, seguimos construyendo las mismas jaulas doradas. Solo que ahora las llamamos plataformas, y quien entra lo hace con un contrato que nadie lee, pero todos firman: tu imagen a cambio de relevancia, tu intimidad a cambio de likes, tu salud mental a cambio de permanecer visible. Quizá Marilyn nos lo advirtió. Y nosotros, los consumidores de fantasías, decidimos no escuchar.

 

Dr. Marco Benavides, 29 noviembre 2025

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

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