Foto: Isabel Jazmín Ángeles
El verdadero peligro de perderse
Por Guadalupe Ángeles
Es fácil afirmar que algo no existe cuando no
se ha sido capaz de respirar aquello como un perfume y fue necesario llevarse
como una piedra en el pecho en lugar de un ramo de flores blancas en ese mismo
lugar que no es físico pero lo es de manera profunda, porque somos seres duales
(múltiples en más de un sentido), seres tan extraños que, algunos meditan,
aunque sea una fracción de segundo, sobre la posibilidad de considerar como
experiencia vital deseable el tener comportamientos de Gran Danés o Bulldog al
mismo tiempo que se tiene cuerpo de ser humano, ¿se puede tomar en serio esta
conducta?
¿Será que de las posibles respuestas a esa
pregunta, que parece ociosa, nace la literatura?, Vemos luego cómo se abre una
cantidad ingente de caminos hechos de palabras como las ramas de un árbol y de
ellas nacen otras preguntas: ¿Literatura con mayúscula?, ¿apenas pasquines que
solo merecen una lectura rápida y distraída?
Es curioso, cada palabra puede ser como una
esfera que da vueltas interminablemente y en ese movimiento muestra su
polisemia y esta misma palabra fija un significado de manera permanente, como
un mástil desde el cual elevar la bandera de la serendipia y de ese modo todo
es juego, un sumergirse en las cálidas aguas del azar.
Aquí un ejemplo: Amsterdam no existe, pero es: un aeropuerto grande y
bello; una mujer llorando mientras el que mira, desde su monolingüismo
empedernido, no es capaz de ofrecerle ni un abrazo; es un correr y correr pero
a la vez una mirada fija aunque frenética frente a un par de minúsculos zuecos
de madera; una extraña conciencia del cuerpo,
del golpeteo del propio corazón; un dibujo en azul marino y blanco; un
lugar donde ocurre la vida, como solo pueden ser los sitios donde perderse
significa ser otro para siempre: sin lenguaje, sin patria, apenas un extraño
signo perdido en el paisaje (pero quien así piensa, lo hace porque carece de la
imaginación necesaria para afrontar la pérdida de su identidad, mínima pero
propia, y se pregunta en medio de un profundo suspiro: ¿perder la identidad es
perder la existencia?)
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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