sábado, 25 de julio de 2026

Babylon


 

Babylon

 

Por Federico Urtaza

 

Morimos de manera recurrente. Todo termina y vuelve a comenzar, esa es la ilusión que a unos lleva a creer en la reencarnación o en el olvido. Sin embargo, para el cristianismo apocalíptico el fin de los tiempos es el “No hay más, hasta aquí llegamos” no absoluto, en tanto que queda la posibilidad de ir a seguirle en el Cielo o el Infierno.

Tenemos ciclos de diversa duración, desde el cósmico del Big Bang y su expansión / encogimiento, hasta el de cada instante del presente que se consume y da paso a otro instante que se consume tan rápido que, si no fuera por la memoria, creeríamos que transitamos de un reiterado morir a un reiterado renacer, del pasado al futuro sin más transición que la que planteamos al distinguir el antes y el después.

Así, en la dimensión de la experiencia humana, con sus alcances y limitaciones, sin complicarnos demasiado con lo que sucede en otras dimensiones algunas de ellas todavía envueltas en pañales matemáticos, auxiliados por la memoria y la consciencia otro par de misterios sin esclarecer del todo, asumimos que un día comienza y termina y es seguido de otro diferente y otro más, hasta acumular algunos cuántos que parecen similares, hasta que llega otro un poco más frío o un poco más cálido y la vegetación, acoplada a esas mutaciones casi imperceptibles, también muda, y, como otros seres vivos, nace, crece, se reproduce y muere. Desde que empezamos a tener esa chispa que nos enciende y que llamamos humanidad, sabemos de ciclos, cortos unos y largos otros. Sabemos que vivimos y sabemos, al grado de estar aterrorizados por tal certeza, que vamos a morir.

Así, todo el quehacer humano está marcado por la provisionalidad, y en reacción a esto nos gusta o, más bien necesitamos, creer que somos transitorios en tanto que vamos de un estado a otro, de un modo de vida material a otro trascendente, liberados de las limitaciones mundanas e integrados a lo inefable que lo envuelve todo.

Es común denominador de todas las culturas conocidas asumir que, de una manera u otra, todo termina para volver, sea idéntico o modificado o irreconocible en su diversidad. Armagedón, Ragnarok o Quinto Sol, no importa el nombre, el caso es que se refieren a un fin y a un reinicio (me pregunto si es ahí donde está la clave de apagar/encender un aparato electrónico cuando empieza a fallar).

Al explorar la historiografía puede uno hallar quien sostiene que la Historia es un continuum con algunos baches y topes, así como otros argumentan que vamos dando vueltas y más vueltas en un infinito es un decir. Avanzar, si no en espiral, al menos experimentando variaciones en cada ciclo, bien sea gracias al olvido o a que algo aprendimos en ese girar. Al pensar en la “espiral”, la imaginé horizontal, cuando lo acostumbrado es atribuirle verticalidad ascendente, porque en sentido contrario sería dantesca la expectativa. Vale.

Leo en el libro del Eclesiastés:

 

1:1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
1:2 Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. 
1:3 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? 
1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. 
1:5 Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. 
1:6 El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. 
1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. 
1:8 Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. 
1:9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. 
1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: he aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. 
1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.

 

Abundo en la cita porque ilustra bien lo que antecede en este escrito, que tiene como pretexto hablar de la película Babylon, de la que inicialmente pensaba hablar recurriendo a figuras de la mitología griega que creo haber identificado en los protagonistas, aunque luego me vino a la mente la idea de que el tema principal de la cinta es el fin de una era y los cambios implícitos o, de manera más poética, El Ocaso de los Dioses.

Cuando se discurre sobre la naturaleza del cine como medio de transmisión de ideas, lo primero que se pone sobre la pantalla es la imagen para, en seguida, darle movimiento a través de la secuencia de placas fijas que producen la ilusión de movimiento, gracias a como nuestro cerebro y sentido de la vista funcionan; si suele decirse que todo puede pasar en un parpadeo, cuando nos referimos al cine todo sucede entre parpadeos, y eso es lo que importa. También, a diferencia de la foto fija que pretende eternizar el instante, con el cine incursionamos en la caza y captura del tiempo, de un tiempo mítico que es posible gracias a lo que se narra más bien por lo que se muestra que por lo que se dice, vaya paradoja. Aceptemos sin reparos, por comodidad, que nos regimos en lo individual y en lo colectivo por las historias que nos cuentan, contamos y nos contamos; ¿alguien sabe de una mejor manera de atribuirle sentido a la existencia, al caos universal, alguien sabe cómo darnos importancia en un entorno al que en realidad no le importamos?

Mucho hemos avanzado desde que, reunidos en torno de una fogata, pendientes de rugidos, aullidos, aparentemente cercanos, escuchábamos al cazador contar sus andanzas, al viajero sus peripecias, a la madre sus sueños premonitorios o admonitorios, al gracioso sus ocurrencias, hasta llegar a los actuales medios de transmisión que, dicho sea de paso, más son variaciones tecnológicas que formas de narrar . Porque un buen cuento, así se juegue con su estructura, si falla en lo básico capturar la atención del público, fracasa totalmente en todo lo demás, sin importar los adornos o efectos especiales (inclúyase la retórica).

El cine, cualquiera sea su soporte o modo de transmisión, es tiempo capturado en historias de temática en apariencia diversa pero que reflejan una sola y fundamental: la experiencia humana. Ya que es tiempo capturado, tiene una ventaja sobre la realidad, incluso sobre algo tan inasible como la memoria: puede ser repetido una y otra vez, acaso siguiendo el ejemplo de los aedas, cantores o juglares, aunque, si se quiere, con mayor fidelidad… O no, porque si la fidelidad al relato inicial depende de la capacidad memorística del narrador hasta cierto punto, también depende del receptor, de su propia experiencia y cómo esta reviste el cuento con características propias, es decir, las que surgen del proceso de apropiación del mensaje he aquí la esencia del acto poético.

¿Será por todo lo apuntado que el cine nos parece tan importante y, en especial, tan accesible? Creo que sí. El cine es algo así como almacén de recuerdos ajenos y propios, a la vez que oráculo cuyos mensajes son accesibles para quien quiera recibirlos y encontrarles un significado personal. Esto ha puesto a la producción cinematográfica en un ping-pong que juegan el espectáculo puro y el espectáculo comunicación, esto es, el dilema entre apantallar sin más y comunicar, nada menos.

No es nueva la discusión sobre qué cine debe hacerse y merece el espectador. Los avances tecnológicos han propiciado que se multiplique el cine de ruido y destellos, a veces aderezado con “mensajes” más bien oportunistas y políticamente correctos (¿para quién?), imperando los criterios mercadotécnicos de las corporaciones y sus costosísimos directivos. No han dejado de hacerse películas con sentido narrativo, buenas o malas que de todo hay, que incorporan y aprovechan las nuevas tecnologías para su producción y exhibición. El cine es una industria que implica la colaboración de diferentes oficios y talentos, como señala Georges Sadoul (p. 13): “Para realizar una película larga que dure sobre la pantalla noventa minutos, deben trabajar durante semanas y meses, por decenas, los especialistas más variados: creadores, técnicos, obreros…” 

Pero no solo eso; sigo con Sadoul (p. 12):

 

El cine tiene múltiples funciones. Es una distracción que atrae a mayorías. Son fascinantes las sombras de actores ilustres, sus hazañas, sus amores, sus dramas de conciencia, sus desdichas y su felicidad.

La pantalla es también una alfombra mágica que transporta al espectador por entre mundos y maravillas aun más variadas que las de Las mil y una noches.

 

Paso ahora a Babylon, Chazelle 2022. Es una película que hay que ver en una sala de cine (en realidad todas deben ser vistas en pantalla grande, pero bueno, se hace lo que se puede); su director y guionista, Damien Chazelle, cuenta con una filmografía bastante atractiva, destacando Whiplash (2014), La La Land (2016), El primer hombre en la luna (2018) y Babylon.

Damien Chazelle nació en 1985 (¿en qué momento algunos nos hicimos viejos?), en Providence, Rhode Island, EUA, de origen franco- americano

-canadiense, y según IMDB, tiene una hermana cirquera (dato irrelevante, ocioso si se quiere, pero curioso).

La película me encantó, aunque reconozco que si no sufrí su extrema duración 189 minutos, si me pareció que hacia la última hora medio se aflojaba; quiero pensar que si duró tanto debe haber sido más larga antes de cortes y ajustes que seguramente afectan el resultado final, como cuando compras de urgencia un traje que requiere arreglos y te das cuenta en la fiesta de que una pernera es más corta que la otra.

El tema general es el paso del cine silente al sonoro en el Hollywood de sus propios comienzos. La trama se desarrolla trenzando la historia de cuatro personajes protagónicos: Jack Conrad, Nellie LaRoy, Manny Torres y Sidney Palmer, con la intervención de otro personaje de aparición intermitente pero que me parece importante para la interpretación que me sugirió la película, Elinor St. John, interpretados de manera fabulosa, respectivamente, por Brad Pitt, Margot Robbie, Diego Calva, Jovan Adepo y Jean Smart. Hay que agregar que el reparto es igualmente fabuloso, como lo es la música y en general el diseño de sonido y de arte, la fotografía, la edición y en realidad todo, aunque si obvio todos los detalles es porque me concentro en la historia y sus protagónicos.

Todo empieza con el traslado de un elefante diarreico por los caminos todavía rurales en los alrededores del Los Ángeles de los años veinte, donde se nos presenta a Manuel Torres, Manny, un muchacho mexicano que irá demostrando que es de gran ingenio; enseguida pasamos a un fiestononón que si hubiera sido en Sodoma y Gomorra habría sido interrumpida por catástrofes pre apocalípticas en un instante, pero no, ocurre más o menos a mediados de los años veinte, fiesta a la que concurren, entre otros gorrones, la chica pueblerina con nubes en la cabeza que aspira a ser una Estrella y se hace llamar Nellie LaRoy (la mera reina, diríase por acá), quien le pide a Manny que la conduzca al paraíso de las drogas, oportunamente instalado en una habitación donde hay de todo ─en una de esas, hasta pan dulce─ y ahí la pareja hace clic ─ella menos, él─. En lo que mientras ella pasa al salón de la fiesta y se muestra como una bailarina que haría de Salomé una tullida sin gracia, también llega el famosísimo actor Jack Conrad, quien le da pista de salida a su esposa en turno antes de ponerse una borrachera de albañil en sábado. En la orquesta de jazz (cómo no habría de ser) encontramos a Sidney; en medio de este mare magnum o Cámara húngara tenemos como testigo a la cronista de espectáculos, harto influyente y cabrona, Elinor St. John.

Ubicados los personajes en circunstancias de tiempo, modo y lugar, superado el “after”, pasamos al siguiente acto, propiamente como se hacían las películas, y ahí todos los protagonistas vuelven a hacer lo que mejor saben hacer, atrapar al espectador; por el momento, Sidney queda en suspenso echándose una saludable siestecita.

Nos encontramos en un terreno baldío, literalmente, donde bien pudiera suceder lo que escribió T.S. Eliot en su poema The waste land: “Y te mostraré algo diferente de tu sombra en la mañana paseando atrás de ti, o tu sombra al atardecer levantándose para ir a tu encuentro; te mostraré el miedo en un puñado de polvo”. En ese amplio espacio, donde el sol, el polvo y el movimiento de operadores, extras, artistas, gente del estudio, escritores y otros fantasmas, vemos un montonal de mini sets donde en corto se filman un montonal de películas acompasadas por otro tanto de orquestas de diverso tamaño… Salvo en el caso de la superproducción protagonizada por Jack Conrad, rescatada al último momento gracias al ingenio y audacia de Manny, en tanto que con otra bailada que hace sudar, Nellie se emplaza en su nuevo papel de estrella.

Como me gusta decir, todo va bien hasta que empieza a ir mal, y esto se cumplirá cabalmente a lo largo de esta historia, aunque al final cada cual cumple con su destino, del que no daré detalles, pues que el lector convertido en espectador saque sus propias conclusiones.

Lo que sí tengo que apuntar es que la historia, como en la vida real, da un giro importante al pasar la producción hollywoodense del cine mudo al sonoro, inaugurado este oficialmente con The jazz Singer (1927), interpretada por un actor blanco de cara tiznada para pasar por negro; es entonces que Sidney auténtico negro, pero no tanto, pues al convertirse en estrella de cortos sobre el jazz, Manny lo obliga a tiznarse la cara para no verse más claros que sus compañeros de banda) entra en acción. Por su parte, Nellie y Jack se enfrentan al desafío del cambio de un tipo de cine al otro, incluyendo las restricciones temáticas de tipo mojigato y de conveniencia corporativa.

Pero no solo se trata de Hollywood, sino de cómo tiene que ver con nosotros, con nuestros deseos y nuestras pesadillas, cómo estos son comprendidos y usados en nuestra contra o a nuestro favor para mantenernos quietos en la butaca (o echados en la cama ante la pantalla chica de la tele o la mini del celular). Como señala Sadoul, no son solo los personajes en la pantalla sino quienes les dan vida lo que nos anima a identificarnos con ellos; y, claro, también están esas misteriosas manifestaciones de lo más profundo de nuestra psique que se manifiestan en los mitos como lo sostienen Jung y su seguidor Joseph Campbell quien dice: “La última encarnación de Edipo, el romance continuado de la Bella y la Bestia, están parados esta tarde en la esquina de la Calle 42 y la 5ª Avenida esperando que cambie el semáforo”.

La antropóloga norteamericana Hortense Powdermaker escribió: 

 

No hay más que un Hollywood en el mundo. Se producen películas cinematográficas en Londres, París, Milán, y Moscú, pero la vida de estas ciudades está solo relativamente influenciada por dicha producción. Hollywood es un fenómeno único en América, con un simbolismo que no se limita a ese país. Significa muchas cosas diferentes para muchas personas. Para la mayoría es el hogar de privilegiadas y semi-divinas criaturas. Para otros es un ‘antro de iniquidad’ (…)

Para la mayoría de los adeptos, particularmente en este país, el simbolismo parece consistir en un mundo paradisíaco habitado por fascinantes criaturas que viven hedónicamente en sus piscinas privadas y grandes fincas, yendo a magníficas fiestas o siendo objeto de agasajos en famosos cabarets. (p23).

 

Y sí, de todo esto nos habla Babylon, que no es nada más otra película de declaración de amor, sino la puesta en evidencia de que ese amor suele ser tóxico para quienes habitan ese mundo. Hollywood es ese territorio mítico que incluye al espectador no tendría sentido sin este. Es, sin exagerar, una película cargada de nostalgia y sin miedo de incomodar a quienes viven de la idealización de ese Paraíso del dinero, la fugacidad, la imaginación creativa y destructiva, la Fábrica de Sueños.

En Jack Conrad vi a Dioniso en la decadencia de la Grecia que le dio vida, en Manny Torres a Odiseo con su elefante de Troya y su habilidad para ingeniar y si hace falta engañar, en Sidney a Orfeo saliendo solo y su alma del infierno, en Nellie la Bacante desaforada que al término de la fiesta desaparece en la oscuridad de lo cotidiano. Por último, en Elinor tenemos a Casandra, la vidente a la que nadie cree por considerarla una chismosa, aunque sus pronósticos resultan terriblemente acertados y fatalmente cumplidos.

Babylon tiene de todo, especialmente cine. Sí, un poco larga, ¿pero qué no lo es en esta vida que quisiéramos inacabable aunque sabemos que tiene fecha de caducidad para todos y para cada uno? Podemos prolongar el placer, aunque hacerlo nos lleva a la fatiga; también de esto se trata Babylon.

Quienes crecimos viendo películas antes incluso de aprender a leer y luego a enviciarse con la lectura, el cine es nuestra Ítaca; puede uno ausentarse largas temporadas o explorar otras tierras, pero siempre se vuelve a casa, a esas películas que nos cuentan algo y seducen esa zona sombría donde está nuestro auténtico Yo. El cine nos recuerda que no somos sino solamente humanos… ¿Hay algo mejor que eso? 

 

Referencias

Campbell, Joseph, The hero with a thousand faces,Harper-Collins EPUB edition, August 2020.

Sadoul, Georges, Las maravillas del cine, Breviarios 29, Fondo de Cultura Económica, 1ª edición en español, México, 1960, traducción de José de la Colina. Existe en Breviarios 29 un texto también de Sadoul, traducido por Juan José Arreola, intitulado El cine; aunque en general la temática es la misma, es abordada de manera diferente y complementaria.

Powdermaker, Hortense, Hollywood, El mundo del cine visto por una antropóloga, Fondo de Cultura Económica, 1ª edición en español 1955, México. Traducción de Heriberto F. Morck, revisada por S. Genovés y S. de La Fuente.

 

28 enero 2023   

 


Federico Urtaza es licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Chihuahua, con maestría por la UNAM. En 1978 fundó la revista Palabras si arrugas, que inició en el estado de Chihuahua la literatura del siglo 21. Es autor de varios libros de teatro y de cuentos, entre ellos Del polvo al espejismo.

jueves, 23 de julio de 2026

Les contaré algo de mí

 

Les contaré algo de mí

 

Por Mario Hernández

 

Les contaré de mí algo que muchos a lo mejor lo han llegado a notar: Yo nací con esa mentada TDHA. Toda mi  infancia desde nacimiento la tuve, fui un niño diferente a otros, y por ende marginado.

Pero aun así pude terminan todos los niveles educativos.

La universidad con mayor dificultad, ya que con la muerte de mi padre se me disparo muy cabrón. Depresión, ansiedad, dislexia y toda esa mierda que usted se puede imaginar.

Con todo y eso, mis detractores me la pasaron a pellizcar y pelar naranjas de la forma más hermosa posible.

Tuve proyectos de TV. Un programa pagado por mí mismo. Y actualmente me dirijo a más de un millón de personas en la Web page de Egochihuahua.com.mx, Y en forma más íntima y directa por su fab page, que es más chingón.

Así que sí. Soy diferente a los de mi generación, mis excompañeros siempre me ven como bicho raro. Les he mandado y mandaré por siempre y eternamente papas para que me las sigan pelando.

Con todo esto, a veces el destino te manda estos pellizcos de v. Para que uno se desarrolle y se dé cuenta que a la hora de los chingazos se sepa quién te quiere y estima.

Estoy a unos días de cumplir 44 años, en el día señalado.

Y créanme que lo que he hecho en mi vida me dado la satisfacción de seguir siendo diferente a los demás.

Le doy gracias a mi padre Dios de lo que me ha dado y lo que me dará, porque Él sabe que me lo merezco.

 


Mario Hernández Huerta es licenciado en ciencias de la comunicación por la Universidad Regional del Norte. Desde hace 20 años ha trabajado como editor y fotógrafo. Es reportero del periódico digital egochihuahua.com.mx. Su sitio Web se llama fanpage.egochihuahua. Actualmente trabaja en la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde ha desempeñado diferentes cargos desde hace más de 19 años.

Leo

Leo

 

Por Karly S. Aguirre

 

A Luis Maguregui

 

Leo
Fechas: 23 de julio - 22 de agosto
Elemento: Fuego
Planeta regente: El Sol
Piedra: Ojo de tigre
Día: Domingo

Etapa: La infancia tardía (de los 9 a los 12 años), cuando surge el yo consciente, el deseo de destacar y el impulso de crear.
Arcano: El Sol

Leo es el quinto signo del zodiaco y el segundo del elemento Fuego, pero el único regido por el Sol, centro de nuestro sistema y símbolo de identidad, voluntad y vitalidad. Si Aries enciende la chispa, Leo la convierte en llama danzante, brillante, orgullosa. Es el corazón del zodiaco, el pulso que late con fuerza para recordarnos quiénes somos y qué vinimos a expresar.

Su temporada es en pleno verano, cuando el sol brilla más alto en el cielo y refleja su esencia: luz, calidez, presencia. Leo es el soberano del fuego interior, el que no solo se atreve a brillar, sino que también inspira a otros a hacerlo. Su energía es magnética, generosa, apasionada. Tiene la capacidad de llenar una habitación con solo entrar, no porque lo busque, sino porque lo irradia.

Como signo fijo de Fuego, Leo encarna la perseverancia del deseo, la fidelidad del corazón, la necesidad de dejar huella. Le importa el reconocimiento, pero no por vanidad hueca, sino porque a través de ese espejo valida su entrega. Su orgullo no es arrogancia: es amor propio. Su dramatismo no es superficial: es intensidad vital. Leo vive desde el pecho, desde la emoción ardiente de sentirse vivo y hacer sentir a los demás.

Regido por el Sol, Leo posee un núcleo de oro: su identidad es fuente de energía, claridad, autenticidad. Tiene una confianza que nace del autoconocimiento y un impulso creativo que no puede contenerse. No hay nada más peligroso en un Leo que pasar desapercibido, ni nada más noble que cuando aprende a usar su brillo para iluminar a los otros.

Leo representa la etapa de la infancia en que el yo emerge con fuerza: los juegos teatrales, la necesidad de ser visto, admirado, aplaudido. Es la edad en la que aprendemos a crear desde la imaginación, a liderar juegos.

Aunque a veces se le acuse de egocéntrico, Leo tiene un corazón leal y noble. Cuando ama, lo hace con todo su ser: sin cálculos, sin filtros. Es quien te defiende con fiereza, quien celebra tus triunfos como propios, quien te recuerda lo valioso que eres cuando tú lo olvidas. Su amor puede ser exigente, pero también protector, alegre y desbordante.

Leo nos recuerda que la vida está hecha para ser celebrada, que la autenticidad es un acto de amor y que el brillo propio no apaga a los demás, sino que enciende.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

lunes, 20 de julio de 2026

Días así

 

Días así

 

Por Mario Lugo

 

1.     El que sigue

¿Qué tan rápido procesa documentos en la computadora? pregunté.

Me encuentro un poco entumecido, oxidado. Usted sabe, un par de años sin empleo fijo en lo que uno sabe hacer, o sabía. Esto causa sus estragos; pero ganas de trabajar me sobran. De veras necesito el empleo dijo, mientras me estrechaba con sus dos manos la mía que yo le había extendido en señal de despedida.

Sí, claro le dije un tanto confuso. Nosotros le llamamos.

Mi mano siguió prisionera entre sus dos manos mientras sus ojos buscaban los míos. Era una muestra de muda súplica que tomó algunos momentos que me parecieron eternos.

 ¿De verdad me llamará usted? ¿Considera que tengo posibilidades? Ya sabe usted que en estos tiempos el dinero, aunque sea poco, es más importante que en otras épocas del año.

 Yo le llamo, le llamamos dije mientras retiraba mi mano con la menor brusquedad posible mientras mi teléfono sonaba con insistencia. Seguramente ya estaba listo el siguiente candidato al puesto.

 

     2.  Nuevo empleado

El domingo, al subir en la escalera eléctrica, me encontré de frente a una pareja de jóvenes, una mujer trigueña de pelo corto quien sujetaba apenas la mano de su compañero. Me sorprendió el joven con un saludo muy afable:

¡Señor, que sorpresa verlo! ante mi extrañeza, más que sorpresa, complementó:

Usted me entrevistó ayer para una vacante. ¿Cómo está? La joven me miraba sonriente y él, cortésmente me hizo saber:

Es mi novia. Es decir, somos novios.

 Ah, sí. Es cierto. ¿A usted cómo le va?

 Pues sinceramente nosotros estamos esperando su decisión. Me encantaría trabajar con ustedes. Ojalá y pueda apoyarme.

 La verdad, el asunto ya está en manos del departamento de personal.

 ¿Y pudiera usted influir un poco?

 Pues yo lo veo, a ver qué pasa. Por cierto, me tengo que retirar, me esperan. Una disculpa.  

Nos despedimos con un saludo de mano. Me la estrechó con fuerza como si no deseara terminar el fortuito encuentro. Parecía no dejarme marchar. Su novia lo tiró un poco hacia un lado, un tanto cohibida.

En realidad, la misma tarde ayer, después de la entrevista de rutina, se contrató a un mejor candidato.

La mañana siguiente recordé el episodio mientras me dirigía a mi trabajo en la oficina. Tenía que llegar a tiempo para recibir al nuevo empleado.

 

3.     Situación difícil

La encargada de recepción recibía un pequeño listado cada día. No pasaba de diez nombres completos de hombres o de mujeres. La planta fue de las primeras que integró al trabajo no solo mujeres. El llamado podía ocurrir a cualquier hora del día; pero parecían preferir a media mañana, o poco antes de la hora de salida de cada turno. La tensión empezó a subir después de las primeras dos semanas conforme iniciaba la siguiente y luego la siguiente.

Los fines de semana, aunque trataba de no darle importancia se ensombrecían sin importar que participara en reuniones o parecieran muy divertidas las convivencias familiares.

¿Está pasando algo malo? pregunto su esposa, siempre suspicaz.

Todo bien.

Has estado estos últimos días demasiado serio. Como triste.

Estoy preocupado.

¿Por?

Creo que me van a correr de la fábrica.

¿Hiciste algo mal? ¿Cometiste algún error?

No creo. Están corriendo empleados todos los días.

¿Pero, así nomás?

Solo dicen que la situación en general está muy difícil.

 

Creo que nunca le tuvimos tanto miedo al altavoz de la empresa. Mencionaban uno a uno los nombres completos:

Remigio Gutiérrez Pérez por favor pasar a la oficina de Personal. Luego repetían cada nombre, Remigio Gutíerrez Pérez por favor pasar a la oficina de personal.

Remigio se despidió de los compañeros y compañeras más cercanos.

Ya me chingaron murmuraba con amargura nos seguimos viendo.

Luego un saludo ruidoso por el sonido de las manos al golpear.

Unos minutos más tarde volvía cada empleado con un sobre en la mano y acompañado del empleado de seguridad para vigilar que el exempleado solo recogiera sus efectos personales. Luego era acompañado a la parte trasera del edificio, entrada y salida para empleados.

El temor y la preocupación distraían constantemente del trabajo. La persona siguiente podía ser cualquiera: operador, operadora, técnico de mantenimiento, supervisor, incluso algún gerente.

Tú que te llevas bien con la secretaria del departamento de personal pregúntale si tú y yo estamos en la lista. Tú sabes que este ha sido mi único trabajo y tengo miedo de que me corran.

Ya le pregunté. Dice que poco a poco van a correr a poco menos de la mitad de los empleados.

¿Entonces puedo ser yo la siguiente?

-No sé.

Tenemos que buscar otro empleo.

¿Y a qué hora?

 


Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.

domingo, 19 de julio de 2026

Las Ametralladoras Mendoza

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Las Ametralladoras Mendoza

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

Según un libro llamado Patriarcas del Papigochic, los fundadores y habitantes del Cantón Guerrero y anexas, según el escritor de origen estadounidense Brondo Witt, son personas de nivel intelectual elevado, creatividad amplia y mucha conciencia. La historia registra a grandes hombres nacidos en esa región del estado, como Pascual Orozco Vázquez, Pascual Orozco Frías, y su gran trayectoria y descendencia, así también como Abraham González Casavantes, Fernando Orozco Estrada y sus hijos Orozco Mendoza,

La familia Mendoza Blanco emparentó directamente, pues doña Leonor fue esposa del gobernador interino del estado durante el trienio de 1926 a 1929, fecha en qué modificaron la Penitenciaria del Estado junto al general Marcelo Caraveo.

La familia Mendoza Blanco, don Herminio, don Rafael y la familia, fueron los creadores del rifle deportivo de postas Mendoza, y las muy nombradas ametralladoras

Ellos comenzaron en un pequeño taller donde a manera artesanal, con madera y hierro, fabricaron el primer rifle de postas, de un solo tiro, para uso en la zona rural, para ahuyentar animales como zorros, coyotes, halcones y águilas depredadores de ganados, conejos y coyotes abundantes en esa región.

Años después, algunos de ellos se fueron a Chicago a patentar su invento. Habían creado la gran ametralladora Mendoza que el ejército mexicano usó y dispuso para sus tropas. Y rifles para caza y auxilio para los hombres del campo.

Don Rafael Mendoza Blanco, ingeniero mecánico, creo el rifle de cerrojo y los proyectiles usados para activar esa arma

La Ametralladora Mendoza fue el invento del siglo, utilizada por el ejército nacional, tanto en sus inicios, como hasta nuestros días, pues ya tiene la fábrica más de 100 años de antigüedad a nivel nacional, siendo única en su género.

La vida nos ha dado grandes valores chihuahuenses que llevan con orgullo y dedicación el precioso legado de nuestro querido estado de Chihuahua.

 


Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y trascendencia.

Un poeta

 

Un poeta

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Vi esta película colombiana y simplemente me encantó. Cómo conseguir crear una historia tan triste y tan divertida a la vez. Simón Mesa Soto lo ha conseguido. Te ríes porque es imposible no reírte, pero también te dan ganas de llorar, porque en el personaje principal ves reflejadas a dos o tres personas que has conocido.

La tragicomedia por excelencia. El papel que hace Ubeimar Ríos representando al poeta Óscar Restrepo me parece descomunal. La verdad hacía muchísimo que no veía a un personaje tan bien interpretado, tan puro y entrañable en su patetismo absoluto y en su desbarrancadero interior.

Porque Óscar Restrepo no es un guapo Enfant Terrible a lo Rimbaud, Keats o Percy Shelley. Su arte de ser decadencia no es para nada chic. Lo terrible es que si alguna vez has chapoteado en estos fangos, sin duda conociste alguien muy parecido a Óscar.

El mundo de la literatura está lleno de gente desajustada a la que nos faltan dos o tres tornillos y el engranaje a veces nos gira al revés, pero dentro de todo el bestiario cultural, el de los poetas es un mundo aparte en donde suelen morar las mentes más piradas y los espíritus más errabundos y quebrados.

Poetas sin cable a tierra, peleados a muerte con la vida práctica en cuyo interior lo dionisiaco le gana por goleada a lo apolíneo. Parece parodia, pero es neta.

Lo más interesante y auténtico es el personaje de Yurlady, a quien el impulso poético le brota de manera natural y espontánea como a tanta gente. Sí, he conocido y sigo conociendo personas que, al igual que Yurlady, sienten la necesidad auténtica de escribir poemas sin haber acudido nunca a un taller y sin siquiera haber tenido apenas lecturas. Y claro, también he conocido a muchos “profesionales” de las letras como los que intentan encauzar a Yurlady a escribir sobre los temas de moda que harían de su poesía un producto más exótico y vendible.

A menudo lo olvido, pero los primeros textos que publiqué en mi vida, en el verano de 1993, eran unos catastróficos adefesios a los que me atrevía a llamar poemas, por llamarlos de alguna forma.

Juro que no lo volví a hacer.

Han pasado más de 32 años sin que yo publique un “poema” o algo parecido, pero ello no significa que haya dejado de escribirlos. Pueden llamarme poeta de closet. Además, conforme envejezco leo cada vez más poesía. A menudo, comienzo el día al alba leyendo al azar algún poema de Tomás Segovia, Miguel Manrique, José Gorostiza, Nicanor Parra, Gerardo Ortega, Pancho Serrano, Mario de Sá Carneiro, o Julio Trujillo. Hace poco pepené un libro de poemas de Margaret Atwood y lo leí casi entero en la calle.

Desde hace años, en mi buró está el volumen con la poesía completa de Borges. Un añejo ritual cuando despierto de madrugada es abrirlo y leer el poema que la aleatoriedad decida, como una suerte de I Ching de la duermevela.

Al errar por las lentas galerías

suelo sentir con vago horror sagrado

que soy el otro, el muerto, que habría dado

los mismos pasos en los mismos días.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.