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domingo, 26 de julio de 2026

No los puedo hallar


No los puedo hallar

 

Por Carlos Gallegos

 

Ya no estás ahí

Imprenta Cumbre

que fuiste efímera y eterna

Ya no está ahí

María Severa

mi amiga

mi condiscípula

de la Prepa 20/30

que con sus dedos de seda

forraba

mis cuadernos

Ya tampoco veo al profesor

Pedro Trejo

al profe Tito

al profe Arvizu

a la maestra Casas

Ya no veo al profesor Darío Payán

ni a la profesora

Gloria Arellano de Cervantes

ni a Moisés Pérez

ni a Fernando Baeza

ni a Macario Guillén

que era al primero

que veía

Ya no veo al ingeniero Aragón

ni al profe Lerma

que viene desde

Meoqui

ni al Loco Vázquez

botando su balón

no veo

a nadie

nada más al conserje

solitario

sentado en su

silla de mimbre

viejo

que acaricia

con su mano ciega

el lomo de su

perro amarillo

que duerme

hechado

ante sus pies

no veo a nadie

por más que paso y paso

por aquel enorme

por aquel pequeño edificio

de la salida

a Saucillo

que fue la prepa

mi prepa

nuestra prepa

Ya se han ido todos

se fueron Luis Mario Dena

Javier Hernández

Jaime Flores

Julio Delgado

Piteco Sevilla

Pepe Parra

también Pepe Kiko Paredes

Luis Alemán

Amada Cadena

se fue el sueño febril de aquellos ojos azules

la mirada amable de Beba Bejarano

de Berthita González Ortega

la sonrisa blanca

de Susy Hernández

se fueron todos

no sé a dónde

se habrán ido

hoy otra vez pasaré por ahí

a buscarlos

a decirles

que se apuren

porque falta un minuto

para que se escuche

el timbre de la entrada

y si no llegan nos van a

poner falta

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias. 

domingo, 12 de julio de 2026

El sol de Bertha Ramos

 

El sol de Bertha Ramos

 

Por Carlos Gallegos

 

Cuánta historia

Qué valor para iniciar

su construcción

mientras empezaba

la sangría

de la Segunda Guerra Mundial

Qué ingenio y tesón

para construir

a la mexicana

ante la restricción y la escasez

de la tecnología

requerida a causa

de la matanza

y la ruina

que enlutó al

planeta

cuántos soles refulgentes en

su espejo de agua

qué de lunas

bailando en sus noches

a la luz

de las luciérnagas

en años rebosante luciente y abundante

en años triste

y sin brillo

a veces con sus cascadas de plata

volando las cortinas

en años estériles con

sus débiles olas

apenas rozando

el viejo San Lucas

el pueblo atlántido que duerme

ahogado bajo sus mantos

en temporadas

con los bagres

los Blak Bass

las mojarras criollas

los charales de colores

saltando en la tumultuosa corriente

del San Pedro

en otros con los charcos de su río hirviendo

boqueando bajo el sol del estío

implacable

 más siempre está ahí

con sus estatuas

firmes y eternas

a la espera de la siguiente nube

preñada de agua

que otra y otra vez otra vez

colme su vaso

y su agua que viene de Dios

vuelva a colmar nuestras alacenas

con sus frutos y sus delicias

que esa agua bendita

a la espera del rocío sideral

que revitalice su belleza

marchita por la sequía

que le renueve el esplendor

que ha sido y será fuente de inspiración

para las fotos de Jim Díaz

Cheché Meléndez

para la creativa Genny

para tantos fotógrafos

de tantas partes del mundo

para las acuarelas de Enrique Amaya

Carlos Carrera

y tantos acuarelistas

que se inspiran en la majestad de su diseño

para los paisajes de Alfonso Amparán

Anny Pérez

Olga Matar

para los artísticos diseños de Bertha Ramos

como los que hoy

adornan este espacio

a la espera de las corrientes serranas

que de nuevo

bañarán

las sedientas parcelas circundantes

y las parcelas esperanzadas

tan lejanas

a sus cortinas

a sus fuentes

de sustento y vida

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

domingo, 5 de julio de 2026

Libros y futbol

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Libros y futbol

 

Por Carlos Gallegos

 

En estas horas tensas

minutos eternos

en esta espera que desespera

en este día del bien

el futbol mexicano

volará más alto que nunca

en este día que quema

es prudente

reposar el nervio

en la lectura

y el goce de un libro

que nos lleve

a un mundo

ajeno a las esperas y los nervios

por fortuna tenemos muchos

escritores

muchos chihuahuenses

sublimados en su talento

tenemos a Martín Luis Guzmán

con sus novelas formidables de la Revolución Mexicana

tenemos al juarense José Muñoz Cota

con sus letras brujas

sobre el desierto

el mezquite y el huizache

A José Fuentes Mares

y su fecunda mente

de historiador y escritor

vague en la prosa de Fernando Jordán

el chihuahuense universal

que escribió

la biblia de Chihuahua

aprenda y entienda

las clases de política y militancia fiel

que le dicta

en sus cuartillas

el camarguense

Carlos Chavira Becerra

siga los pasos

de Jesús Gardea

cuando buscaba en vano la razón

de haber nacido

en el corazón del Delicias

de su sueño

sienta y viva

lo que sintió y vivió

 Carlos Montemayor

entre las minas de plata

y los socavones

sin fondo de Parral y Santa Bárbara

lo que escribió

Víctor Hugo Rascón Banda 

entre los pinares y las estrellas

de Uruachi

cuando vio caer una mujer del cielo

deje que Alfredo Espinosa

le recuerde el Delicias de ayer

 donde tropezó, cayó y se levantó en los callejones

 de sus infiernos y extravíos

o bien

con la magia

de Internet

ubique

 algún escritor bisoño

a alguna escritora

incógnita

que lo tome

de la mano

y lo lleve

de paseo

por el Delicias de hoy

y por el Delicias de mañana

en la tarde

luego del triunfo

en el Azteca

con nadie comparta

el gozo de

sentarse un rato

en una banca

de la Plaza Principal

a escuchar

 el canto enamorado

de un chanate

que

 ignora que tal vez su novia

de anoche ya vuela

junto a otras alas

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

martes, 9 de junio de 2026

Chalo Fragoso

 

Chalo Fragoso

 

Por Carlos Gallegos

 

A dos días de que la Selección Nacional de Futbol juegue su campeonato mundial número 19 de 23 que se han efectuado, solo un integrante del equipo mexicano ha nacido en Chihuahua.

Muy pobre representación futbolística, comparada con tantos jaliscienses, chilangos, michoacanos y poblanos que han participado en el conjunto nacional. Solamente el delantero rosalense registrado en la Ciudad de México, Javier Gonzalo Fragoso Rodríguez, ha alcanzado el nivel de mundialista.

Nació en 1942, cuando su padre trabajaba en la construcción de la Presa de las Vírgenes.

A los pocos meses lo cambiaron a la capital del país, y allá fue registrado el niño. Empezó a jugar primero con el América, luego con el Zacatepec, el Torreón, y después con otros equipos. Representó al futbol nacional en dos ocasiones: en1966 en Inglaterra y en 197O en la Ciudad de México.

Anotó un gol en 1970, ante El Salvador, a pase de Isidoro Díaz.

Además, ha sido el único mexicano en anotarle un gol a la Selección de Brasil en el histórico Maracaná, hazaña lograda el 31 de octubre de 1968.

También fue parte del equipo olímpico mexicano en Tokio 1964.

Es el futbolista chihuahuense más destacado en certámenes internacionales. Algo es algo en una entidad federativa donde el beisbol y el básquet son los deportes más practicados. Con el fut, hay que decirlo, en meteórico ascenso en las preferencias de las juventudes actuales, curiosamente con el número de mujeres practicantes casi empatado con los el de los varones. Chalo, como le decían, falleció en 2014 en Cuernavaca, Morelos.

Lo entrevisté como reportero de El Heraldo de México durante un desayuno en la Hacienda de los Morales en 1969, cuando la Selección Nacional se preparaba para una gira europea.

Amenizó el acto Miguel Aceves Mejía, nativo de la Cordillera, Municipio de Meoqui.

En un intermedio, El Rey del Falsete, como era conocido, felicitó a los jugadores.

Me gusta mucho el Futbol dijo.

Pero en Chihuahua, mi estado natal, casi no se juega. Puro básquet y beisbol. ¿Verdad que ninguno de ustedes es de allá?

En la última mesa se levantó una mano.

¿Usted es de Chihuahua?

Sí.

¿De dónde?

De Rosales.

Se acercó a su mesa y le dio un abrazo.

Al finalizar la comilona, ayudado por el papá de Fernando Swartz, quien era de la ciudad de Chihuahua, pude entrevistarlo y me contó su historia.

Al decirle que vivía en Delicias, me dijo:

Mi papá me platicaba de esa ciudad.

Fue la única vez que lo vi.

Me publicaron la nota en la última página de la Sección de Deportes.

A quién le iba a interesar la entrevista a un futbolista que había nacido en un pueblo perdido quién sabe dónde.

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

domingo, 7 de junio de 2026

Veneros de los poetas


Veneros de los poetas

 

Por Carlos Gallegos

 

Mápula, la estación donde mataron a don Abraham.

 Sí, era clásico que en cada pueblo hubiera un poeta.

En Chihuahua había uno, gran versificador. Por cierto, trabajaba de agente tránsito y lo ponían a cuidar el semáforo del crucero de Victoria e Independencia. Por eso le decíamos El Poeta del Crucero.

Era de Camargo. Como todos los poetas de pueblo, era medio especial. Se llamaba Ramón Armendáriz. A mí me parecía muy inteligente. Escribía sus versos en La Jeringa, un semanario muy bravo. Su dueño era el licenciado Espinoza. Tenía su oficina cerca de la YMAC.

 Eran tiempos de Óscar Flores. La Jeringa le tiraba mucho. Platicaban que un día le dijo a uno de sus pistoleros: "Oiga, ya está bueno que le empiece a rezar su novenario al licenciado Espinoza". Al otro día amaneció muerto.

Hubo otro, de Parral, el Poeta Olvera. Se llamaba Ramón Olvera Cobos. Delgadito, una varita.

  Excelente versificador, sumamente culto.

En Chihuahua Vivía por la Once, cerca de donde estaba Tránsito, por la botica de Mauro Leos.

Su hijo, Ramón Gerónimo Olvera Neder, igual culto e inteligente, es maestro e investigador en la Facultad de Filosofía y Letras. También escribe prosa y verso.

Su papá se mantenía con dos lápices en la mano.

 También trabajaba en La Jeringa. La hacía de todo.

 Un viernes no le quisieron pagar, y el lunes ya no se presentó.

Para obligarlo a regresar, el licenciado Espinoza, al que le decíamos El Jeringo, en el siguiente número publicó: "Si ven por ahí a un amigo con dos lápices en la mano diciendo que es poeta, no le crean. Bueno pues, créanle, porque es muy buen escritor". Al día siguiente muy temprano estaba en su escritorio. Era muy noble, muy buena gente, muy aficionado al beisbol, fanático de Los Mineros de Parral. Mario de la Torre le decía El Vate.

 En Guerrero hubo otro. Trabajaba en una gasolinería y les decía a los clientes luego de despacharlos: "Hay le va el pilón", y les echaba un chorro en el asiento.

Uno más.

En el Terrero, municipio de Balleza, mi pueblo natal, había otro de esos personajes.

Era conocido como Chú el de Viky, porque así era conocida su mamá.

Chú, porque allá así les decimos a los jesuses.

Yo tenía una hermana muy bonita, la reina del pueblo, de la que estaba enamorado. A ella le decíamos Bola.

Allá la gente es muy satírica, muy traviesa.

Con nosotros vivía otro Chú, Chú Villalobos Campos, un muchacho que quedó huérfano de padre y madre y mi papá lo crío junto con nosotros, como uno más de sus hijos, de acuerdo a una hermosa tradición local.

Yo hasta ya muy grande supe que no era mi hermano.

Un día, mi supuesto hermano le dijo al enamorado: "Oiga, tocayo, Bola también lo quiere. Vaya a verla".

No me va a hacer caso.

Quién quita y sí. Ensille el caballo y arrímese.

¿Y luego?

No, pues bájese, amarre el caballo en el mezquite que está en el patio, enderése bien el sombrero, amárrese el barbiquejo para que el aire no le vaya a volar el sombrero, acérquese a  la puerta del zahuán, péguele unos dos toquidos con el mocho de la cuarta, y si no le abren porque no lo oigan debido al ruido de la borrasca, suénele muy recio a la aldaba.

¿ Y luego?

La Bola vendrá a abrir, ya verá.

¿Y luego qué le digo?

Pues si llega en la mañana, le dice "buenos días. Si llega en la tarde, le  dice buenas tardes". Según la hora en que haya llegado.

¿Y qué más le digo?

Si está haciendo frío o está haciendo calor, le dice: "Ah frío, o ah qué calor".

¿Y luego?

Bueno, pues ya ve que hace poco la Acordada ahorcó a uno aquí cerquita, así que le dice: "Pobrecito del ahorcado".

Como le dijo lo hizo. Nada más que le soltó todo de sopetón, y cuando llegó a lo del ahorcado se acabó el tema y la romántica plática quedó en: "Buenos días o buenas tardes, según la hora en que haya llegado, ah qué frío, ah qué calor, pobrecito del ahorcado".

Luego se volvió a amarrar bien el sombrero, pues se lo había ladeado el aironazo, dio media vuelta, desamarró el caballo, se montó, le dió un cuartazo, le arrimó las espuelas, arrancó, y se perdió en la polvareda.

Mi hermana cerró la puerta entre enojada y asombrada, y luego se soltó llorando: todos la estaban viendo. Le  habían preparado una celada.

El episodio quedó como una anécdota familiar y luego de todo el pueblo, pues la subimos a las redes de entonces, el cuchicheo de oreja a oreja.

Qué de recuerdos le trajiste al Poeta de Mápula.

Gracias.

Saludos.

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.