viernes, 3 de julio de 2026

Inventario

 

Inventario

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Como una enfermedad que poco a poco me va habitando, he sentido esta mañana el nacimiento de una idea, pero era más bien una vaga imagen que recordaría palabras cuyo significado tiende a caerse de las manos, así de sutilmente la imagen y la idea se diluyeron en el sonido de la lluvia. Y no entiendo tampoco porque llamo mañana a una madrugada enjoyada por la lluvia, ¿qué si no son las gotas brillantes sobre la ventana?, hermosas e iridiscentes joyas, fenómeno de luz y percepción so

lo, quizá.

      No doy con el sentido aunque muy conscientemente “he echado palabras como perros buscando”. La historia ha sido escrita así, o he decidido decir de ese modo que parece ejemplar en su contundencia que me busco todavía en las palabras, como si fuera un camino. Y es precisamente la invención de metáforas lo que habría de construir ese camino, en línea recta o ascendente; dibujaré entonces veloces caballos o elegantes escaleras. Ahí el lenguaje, el definitivo medio para llegar a no sé bien qué, acaso un vacío infestado de plantas salvajes ¿tanto es el miedo a ese no ser que dibujo tatuajes sobre la piel del tiempo, hechos no de figuras mitológicas sino de signos leíbles, traducibles a pensamiento? Sí, pienso en el vacío y luego en este cuerpo que siente no lo que desearía sino el paso del tiempo, pero tampoco, porque solo el dolor escapa de ser metáfora. No cierro el tiempo porque no me atrevo (lo atribuyo más a una curiosidad quizá infundada que al placer experimentado al nadar, a la percepción del sabor de las uvas y al extraño milagro que obra el alcohol en la conciencia, y sin querer veo aquí un breve inventario que podría extender ante quien me preguntase las razones de mi amor por la vida.

        Quizá a eso se reduzca todo, a un amor que a través de mis manos dibuja palabras donde hay vacío, ¿soy el amanuense, de verdad?, ¿o solo soy un animal apegado a la existencia sin pretexto necesario, amante inevitable del frío y de la lluvia, del sol y de ciertas presencias sobre la tierra y en lo hondo de los sueños? No sé y tampoco importa. Tal vez la palabra pretexto lo diga todo y mi cuerpo habita la existencia para hacer posible la realidad visible y palpable de un texto, este u otro cualquiera, sin ninguna razón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Arte poética

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Arte poética

 

Por Jorge Luis Borges

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

 

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo,

 

ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

 

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

 

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esta Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

 

También es como el río interminable

que pasa y queda y es un cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

 


Jorge Luis Borges fue un escritor argentino considerado una figura clave tanto para la literatura en español como para la literatura universal. Sus dos libros más conocidos son Ficciones y El Aleph.

Belzebub

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Belzebub

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

Eran las nueve y cuarto. La noche oscura como boca de lobo. Romelia caminaba iluminando su paso con una anticuada pero efectiva lámpara de carburo, como las que usan los mineros. Innecesario decir que iba despacio y con mucho cuidado, una caída podría resultar en una fractura, un tropiezo, un corte profundo por las afiladas piedras. Avanzaba hacia la montaña, la llamada Cerro del Diablo. Y en verdad hacía honor a su nombre, la luna que no acababa de salir acentuaba su silueta que delineaba la figura del diablo tirado boca arriba. Podía uno distinguir en ella los cuernos del maligno, su puntiaguda barba y un brazo doblado sosteniendo un tridente y, al acercarse más, como a la mitad de la prominencia, una lucecita que indicaba que alguien estaba ahí, en la cueva, la Cueva de las Brujas. Y en efecto, la que ahí se encontraba era Lucinda, quien, como Romelia, era también una bruja. Pudo al fin llegar a la cueva donde la esperaba.

—¿Qué pasó? Habíamos quedado en que nos encontraríamos a la puesta del sol.

—Ya lo sabes, ¡gajes del oficio!

La escena no podía ser más típica, es decir estereotipada. Lucinda, toda de negro, de pie detrás de el gran perol ahumado y que despedía un fétido olor.

—¿Pues qué no podrías cocinar algo con olor más agradable?

—No sería propio de brujas hacerlo.

En un rincón se veían una repisa con viejos y gruesos libros y sobre ellos una calavera. A un lado, en una percha, una lechuza, clásica compañera de las brujas, que daba la bienvenida con un alegre “jú-jú” a la recién llegada.

Mientras que Romelia era una atractiva joven de agraciadas formas apenas disimuladas por su atuendo de bruja y su rostro engañosamente cándido y angelical, Lucinda era una vieja de aspecto clásicamente brujil.

—¿Y en esta ocasión qué tenemos en el perol?

—Lo de siempre: ojos de rata y gato, sábila, sapos bufos alucinógenos, sangre menstrual y especias selectas.

—Y el Patrón, ¿estará aquí?

—Cuando lleguen todas. De acuerdo a las nuevas reglas, la 2130 para ser precisos, se necesita un quorum de seis brujas para realizar un aquelarre. No te apures, por lo menos siete hicieron su RSVP.

—¿Y qué piensa él de las reglas?

—No sé. Pero las endosó, lo que quiere decir que está de acuerdo.

—Recuerda que él es el especialista en romper reglas.

—¡Oh sí! Pero estas reglas solo representan lo que desde tiempos inmemoriales se ha venido haciendo, solo organizan las cosas para que no haya malentendidos.

—¡Sea pues! Pero entiendo que él mismo ha cambiado mucho.

—Ni tanto: me ha confiado que ahora que muy pocos creen en él puede trabajar en sus cosas con mayor tranquilidad.

—Un diablo tranquilo… ¡No lo puedo creer!

—Pues sí. Y cae en la cuenta que por la misma razón nuestras neófitas han aumentado y nuestro número crece día con día.

—¿Cómo es eso? Creí que las únicas que se arrimaban a nosotras para aprender nuestros artes eran chamacas hippies sin mucha seriedad.

—Pues comenzando con esas, tenemos ahora muchas nuevas. Y toman muy en serio su papel.

—Es decir, embrujan.

—Sí.

Como lo anticipó Lucinda, ya se veían algunas lucecitas aproximándose a la cueva. Mientras llegaban, aparecieron como de la nada dos figuras femeninas. Su aspecto las delataba inmediatamente como brujas. Sus vestidos negros lo sugerían también. Eran Artesia y Laluly, brujas no tan viejas como Lucinda, pero con experiencia.

—Mis muchachitas ¿cómo están? ¿Llegaron por el túnel de atrás? ¿No estaba muy oscuro? Puede uno tropezar, caer y descuernarse.

—Sí —respondió Artesia— llegamos por el túnel. Listas para oír al jefe.

Se refería a una vieja práctica brujil. Antes de entregarse a sus malignas y aberrantes prácticas, que a tantas les costó en el pasado el ser quemadas vivas, en el aquelarre propiamente dicho las brujas escuchaban con suma atención a Satanás. Todavía se puede ver en Zugarramurdi, Navarra, la prominencia rocosa en la Cueva de las Brujas la cual el diablo usaba como plataforma para hablarles. En la versión local no había tal prominencia sino solo una mesita a manera de altar detrás de la cual el maligno se dispondría y les hablaría, si es que se dignaba a aparecer.

—¿Vendrá?

—¡Espero que sí!

Mientras esto pasaba, otras tres brujas llegaron. Lucinda, quien continuaba actuando como lideresa sentenció:

—¡Nenas! Ya hay quorum. ¡Invoquémoslo pues!

Cubriéndose la boca con la mano pronunció algo en un extraño dialecto. Todas intentaron entender las palabras, pero ninguna lo logró. Así son esas fórmulas mágicas para convocar al maligno. Pero Satán, no digamos por arte de magia sino poder demoníaco, apareció entre una nube de humo. Ni siquiera el hedor proveniente del perol lograba cubrir el del azufre que se extendió por toda la cueva. Dos de las brujas de las que llegaron al último nunca antes lo habían visto, y menos aún participado en algo como esto y temblaban conmovidas o muertas de miedo. El maligno las miró con ternura mientras caminaba hacia el lugar de honor, tras el altarcito.

—¡Aheem! —dijo aclarando su garganta y como tosiendo—. ¡Amadas hijas mías! Creo que habréis oído que yo he cambiado mucho estos últimos tiempos. ¡Nada más falso! Sigo siendo el mismo Lucifer, Satanás, Belzebub, o como quieran llamarme. Que ahora tomo Yoni Guoker y fumo Pol Mols no me hace diferente. Que ya nadie cree en mí, es falso también y la prueba está aquí, con vosotras. Aunque no veo por ningún lado los recién nacidos que acostumbrábamos sacrificar, todo se ve dispuesto como para tener un aquelarre decente como los de antes. Y decía que es falso que ya nadie cree en mí, pero es muy cierto que muchos, muchísimos, ya no lo hacen. Y más escasos son los que quisieran venderme su alma. Pero el lado bueno de esto es que puedo andar por todas partes incitando al mal a las gentes sin que caigan en la cuenta que soy yo el que las inspira, el que las mueve.

Lucinda miraba a Romelia como diciendo “ya ves, te lo dije”. Mientras que Satán, como no queriendo la cosa, se movía discretamente hacia la voluptuosa muchacha. Después de todo, como todo mundo lo sabe, como parte de el aquelarre las brujas copulan con el diablo. A Romelia, bruja moderna, no le atraía la idea de ser poseída por aquel tipo chaparrón y apestoso, por diablo que fuera. Pero Dios, si no el diablo, la había puesto en ese camino. Satanás continuaba su discurso:

—Y han de saber que este tipo de eventos son hoy en día muy escasos, hijas mías. Por eso hoy me encuentro tan complacido y, aunque tengo que tomarme un par de pastillitas azules para cumplir con mi parte, me llena de diabólica alegría, de la de antes, estar aquí con vosotras. Sabed que el Príncipe de la Mentira que soy, en realidad nunca miente a sus fieles seguidores. Como les habrá contado mi asistente, estuve muy ocupado revisando las nuevas reglas que, a pesar de no ser enteramente satisfactorias, endosé con mi firma. Al finalizar esta ingente labor me he dedicado a lo nuevo, a la llamada inteligencia artificial: estoy ahora mismo tratando de infiltrar mis mentiras, trucos y traiciones para accesar a todo el mundo. Digo: ¡hay diablo para rato y estará en la inteligencia artificial!

A este punto de su discurso futurista Satán estaba no solo muy emocionado sino hasta falto de aire. Abandonó por un momento su actitud y postura de gran señor para pedir un vaso de agua.

—¡Habráse visto, el mismo diablo pidiendo agua!

—¿No querrías gran señor mejor un poco de caldo del perol?

Casi vomitó el maligno ante tal propuesta.

—¡No por Belzebub!

—El diablo jurando por el diablo. ¿Pues quién diablos es este?

Tenía que de alguna manera demostrar su poder. Envolviéndose en su capa que hasta ese momento había estado plegada sobre su espalda gritó:

—¡Que se desencadene todo el fuego del infierno!

Tres chispitas como de luz de Bengala de las más baratas y un poco de humo surgieron de su cuerpo y en unos pocos segundos se disiparon. Las brujitas jóvenes que fueron las últimas en llegar se morían de risa, Artesia y Laluly, que ya antes habían visto más, se compadecían de él y enrojecieron de vergüenza. Lucinda no hallaba dónde meterse. Romelia asumió una extraña actitud.

Avanzando hacia Satán lo espetó en alta voz:

—¡A ver papito! ¡Ven acá! ¡Ahora me cumples!

Mientras ella hacía el ademán de desabotonarse la blusa, el diablo se evaporó dejando tras de él aquel viejo olor de azufre. La voluptuosa joven bruja soltó una carcajada y luego se puso a llorar.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

Electric Light Orchestra – Time (1981)


 

La cinta musical

Electric Light Orchestra – Time (1981)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Si hay dos álbumes que marcaron la electrónica musical, esos son: Time, de Electric Light Orchestra, y Speak and Spell, de Depeche Mode, ambos de 1981.

     Electric Light Orchesta, también conocida como ELO, fue una banda inglesa nacida en Birmingham, en 1971. Tuvo en su formación muchos músicos y arreglistas, liderada por el multi instrumentista Jeff Lynne y el baterista Bev Bevan.

     Esta agrupación se ha caracterizado siempre por una fusión de arreglos musicales con iconografía futurista, como es el caso de los álbumes Out of the Blue, de 1977, Discovery, de 1979, Xanadu, de 1980. Y este que hoy tratamos: Time.

     ELO nació bajo el deseo de fundir canciones mezcladas con rock y pop, sonidos electrónicos e influencias de música clásica. Y Time es un álbum conceptual de temática de ciencia ficción (retrofuturismo), el cual trata sobre un hombre de la entonces naciente década de los ochenta, quien es arrebatado del planeta Tierra y transportado al año 2095, donde tendrá que escoger entre el avance tecnológico y el anhelo de un romance que dejó.

     Editado el 31 de julio de 1981 por Jet Records, en Inglaterra, y por Columbia Records en Estados Unidos, es una obra de Synth pop, Space age pop, Progressive rock, New wave, Rock opera y Post-disc. Salió originalmente en cassette, 8-Tracks y LP como noveno álbum de estudio.

     ELO tuvo una gran influencia de The Beatles y The Shadows, y en esta cinta o disco enfatizó la electrónica con la acústica espacial sobre la música orquestal. Fue grabado en Londres, Inglaterra; Munich, antigua Alemania Occidental, y Estocolmo, Suecia.

     Jeff Lynne fue la voz principal, guitarra acústica, piano, sintetizadores, vocoder (procesador de audio para crear texturas vocales robóticas) y producción. También estuvieron Bev Bevan en batería y percusiones; Richard Tandy en pianos acústicos y eléctricos, sintetizadores, vocoder y guitarra; y Kelly Groucutt en bajo y coros.

     Un prólogo electrónico, desde un vocoder, nos introduce en esta concepción musical (“Prologue”) enlazándola con “Twilight”, como un estado de crepúsculo en fiesta de instrumentos y con un breve sonido de marimba: With your head held high and your scarlet lies, you came down to me from the open skies. It´s either real or it´s a dream, there’s nothing that is in between (Con la cabeza en alto y tus mentiras escarlatas, viniste hacia mí desde los cielos abiertos. Es real o es un sueño, no hay nada que esté en medio).

     Así, un hombre ha dejado el año 1981 en la Tierra y entra en el año 2095: “Yours Truly, 2095”, es la pieza musical. Hay una mezcla de sonidos y voces electrónicas masculinas con coros de fondo femeninos, arrastrándonos a un maremagno de pensamientos discordantes: la evolución social, la metamorfosis conceptual hacia lo irracional, la amistad en entredicho, y esa mescolanza de la voz de Jeff Lynne conjuntada con lo electrónico y el coro, hace de esta pieza una sección de música más que original.

     “Ticket to the Moon” nos catapulta a lo que es, la Luna: Lynne comienza recitando palabras en un piano reflexivo que, seguido de una instrumentación selectiva, adentra en un viaje de notas musicales hacia el Cosmos. Sí, se oyen murmullos de transeúntes abordando un transporte hacia el Universo (llámese cohete o transbordador espacial). Lo curioso de la canción es que el individuo recuerda con nostalgia los ochenta, cuando en realidad empezaba aquella década: Remember the good old 1980s when things were so uncomplicated? I wish I could go back there again and everything could be the same. I've got a ticket to the Moon,

I'll be leaving here any day soon. Yeah, I've got a ticket to the Moon, but I'd rather see the sunrise in your eyes (¿Recuerdas los buenos viejos años ochenta cuando todo era tan sencillo? Ojalá pudiera volver allí otra vez y que todo pudiera ser igual. Tengo un boleto a la Luna, me iré de aquí muy pronto. Sí, tengo un boleto a la Luna, pero preferiría ver el amanecer en tus ojos).

     “The way life’s meant to be” es un contrapunto de bajeo eléctrico, acompañado de sintetizador, y nos comunica que aquel hombre ya está en el Cosmos, en un punto lejano en una calle extraña hablándole a su chica que ya no está con él: Where people never speak aloud, with its ivory towers and its plastic flowers (Donde la gente nunca habla en voz alta, con sus torres de marfil y sus flores de plástico).

     “Another heart breaks” es una pieza acústica de melancolía, dado su obsesivo golpeteo en el tambor de la batería, sus arpegios y por el susurro de voces sistematizadas de Jeff Lynne desde un fondo escénico. Y qué decir del título: “Otro corazón se rompe”. Aquí termina el primer lado de la cinta.

     Y sobreviene la desdicha en sí, una balada lastimosa llamada “Rain is falling”, con sonidos de lluvia pegando en suelos y esa voz fuerte y a la vez sensible de Lynne –muy parecida aquí a la de George Harrison en The Beatles–, amalgamando un terreno de decires amorosos y esperanzas fallidas: Early in the morning, the Sun was up and the sky was very blue, without a warning. As I looked out my thoughts returned to you. A noise in the city made the children run and hide themselves away. And thunder boomed and lightning filled the sky. Then, lightning strikes across an empty sky. Ooh, the rain is falling, ooh, the rain is falling, ooh, the rain is falling. Will it wash away the lonely tears? (Temprano en la mañana, el Sol ya estaba arriba y el cielo era muy azul, sin advertencia. Al mirar afuera mis pensamientos volvieron a ti. Un ruido en la ciudad hizo que los niños corrieran y se escondieran. Y el trueno retumbó y los relámpagos llenaron el cielo. Luego, los relámpagos cruzaron un cielo vacío. Ooh, la lluvia está cayendo, ooh, la lluvia está cayendo, ooh, la lluvia está cayendo. ¿Se llevará las lágrimas solitarias?)

     No sé si debo lagrimar por el recuerdo de una musa o de una novia con esta balada, pero esa lluvia lejana me lleva hasta la siguiente contribución: “From the end of the world”, que marca una sintonía más relajada en ELO, destacándose el bajo, batería, órgano y sintetizador. El hombre atrapado en el futuro envía una carta a su amada, ella está en el pasado, y no la recibe.

     Luego viene un sonido folk relajado con “The lights go down”, destilando luces apagadas.

     “Here is the news”, entre juego de sintetizadores, envuelve nuevamente con el instrumento vocoder y sus texturas robóticas, aderezándole con una gran calidad.

     “21st Century Man” es el destello final de un viaje en el Macrocosmos musical, que ELO nos ofreció en el principio de una década que cambiaría la historia mundial: los años 80s. En estas líneas, el hombre atrapado en el futuro es un hombre ya del siglo XXI, “aunque monte en las ruedas del mañana, todavía vagabundea por los campos de su dolor”.

     “Hold on tight”, penúltima rola, es agarrarse fuerte, como su título lo indica, sin componendas a todo sueño personal.

     Esta obra conceptual finaliza con la acústica “Epilogue”, en una era espacial pop.

     Electric Light logró colocar a Time en el primer sitio del UK Albums Chart del Reino Unido, GfK Musikindustrie de Alemania y Topplistan de Suecia. Alcanzó el lugar 16 en el Billboard 200 de Estados Unidos.

 




Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.