Las Ametralladoras Mendoza
Por Rosario Ruiz
Morales
Según un libro llamado Patriarcas del Papigochic, los
fundadores y habitantes del Cantón Guerrero y anexas, según el escritor de
origen estadounidense Brondo Witt, son personas de nivel intelectual elevado,
creatividad amplia y mucha conciencia. La historia registra a grandes hombres
nacidos en esa región del estado, como Pascual Orozco Vázquez, Pascual Orozco
Frías, y su gran trayectoria y descendencia, así también como Abraham González
Casavantes, Fernando Orozco Estrada y sus hijos Orozco Mendoza,
La familia Mendoza Blanco emparentó directamente, pues doña
Leonor fue esposa del gobernador interino del estado durante el trienio de 1926
a 1929, fecha en qué modificaron la Penitenciaria del Estado junto al general
Marcelo Caraveo.
La familia Mendoza Blanco, don Herminio, don Rafael y la
familia, fueron los creadores del rifle deportivo de postas Mendoza, y las muy
nombradas ametralladoras
Ellos comenzaron en un pequeño taller donde a manera
artesanal, con madera y hierro, fabricaron el primer rifle de postas, de un
solo tiro, para uso en la zona rural, para ahuyentar animales como zorros,
coyotes, halcones y águilas depredadores de ganados, conejos y coyotes
abundantes en esa región.
Años después, algunos de ellos se fueron a Chicago a patentar
su invento. Habían creado la gran ametralladora Mendoza que el ejército
mexicano usó y dispuso para sus tropas. Y rifles para caza y auxilio para los
hombres del campo.
Don Rafael Mendoza Blanco, ingeniero mecánico, creo el rifle
de cerrojo y los proyectiles usados para activar esa arma
La Ametralladora Mendoza fue el invento del siglo, utilizada
por el ejército nacional, tanto en sus inicios, como hasta nuestros días, pues
ya tiene la fábrica más de 100 años de antigüedad a nivel nacional, siendo
única en su género.
La vida nos ha dado grandes valores chihuahuenses que llevan
con orgullo y dedicación el precioso legado de nuestro querido estado de
Chihuahua.
Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y trascendencia.

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