viernes, 10 de julio de 2026

Vértigo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Vértigo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Quiénes fueron tú en mi hambre constante de ti?

       Hacer un recorrido no lineal hacia ti; es decir, no hacia un abrazo simple e imperfecto, no a un beso donde se fundiera toda la infancia y su necesidad de ternura infinita; hacer eso, decir sí a una vulnerabilidad semejante a la del condenado en su encuentro con el hacha.

     Decir sí a la madrugada en que vendrían a preguntar qué comería ese mi último día antes de ver a los ojos al verdugo, de quien no es necesario saber el nombre.

       Así, en este cuerpo de ser humano, saber que no es necesario que mi cuerpo esté frente a ti para que una inmensidad de insectos dancen sin cesar en mi pensamiento para nada y cumplir con la tarea irrenunciable de decir: Vivo.

      Ha sido así y es, aún, nombrarme par y múltiple; porque nombrarte es intuir ¿qué? La desolación de quien tiene un alma y no sabe qué hacer con ella.

       Es difícil decir sí sin perderse, al parecer es imposible, mi pensamiento es un caracol que recorre un mismo camino a velocidad sideral y no llega jamás a puerto claro, hay demasiado mar en su anhelo de caminos y se sabe terrestre, quiere saber los nombres de cada grano de arena, de cada gota de mar; incapaz de llorar tanta desmesura busca una quietud imposible para su corazón enamorado del vértigo.

      Es capaz de mentir, de sonreír ante la desgracia de saberse atrapado en el laberinto que ha dibujado, pero aún le cuesta el cinismo necesario para cerrar con sus propias manos el mecanismo que hace funcionar las esposas de brillante metal, iridiscente objeto, némesis del viaje infinito al que mi corazón se sabe destinado.

       Vértigo y anhelo entonces se dan la mano, ahí, en el instante único en el que verdaderamente ya no importan los nombres y nombrar es tarea absurda aunque mi cuerpo sigue siendo humano.

       Un día más sin ser pájaro o tormenta.

       Pero, paciencia. Todo es cuestión de tiempo.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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