Vértigo
Por Guadalupe Ángeles
¿Quiénes fueron tú en mi hambre constante de
ti?
Hacer un recorrido no lineal hacia ti; es decir, no hacia un abrazo
simple e imperfecto, no a un beso donde se fundiera toda la infancia y su
necesidad de ternura infinita; hacer eso, decir sí a una vulnerabilidad
semejante a la del condenado en su encuentro con el hacha.
Decir sí a la madrugada en que vendrían a preguntar qué comería ese mi
último día antes de ver a los ojos al verdugo, de quien no es necesario saber
el nombre.
Así, en este cuerpo de ser humano, saber que no es necesario que mi
cuerpo esté frente a ti para que una inmensidad de insectos dancen sin cesar en
mi pensamiento para nada y cumplir con la tarea irrenunciable de decir: Vivo.
Ha sido así y es, aún, nombrarme par y múltiple; porque nombrarte es
intuir ¿qué? La desolación de quien tiene un alma y no sabe qué hacer con ella.
Es difícil decir sí sin perderse, al parecer es imposible, mi
pensamiento es un caracol que recorre un mismo camino a velocidad sideral y no
llega jamás a puerto claro, hay demasiado mar en su anhelo de caminos y se sabe
terrestre, quiere saber los nombres de cada grano de arena, de cada gota de
mar; incapaz de llorar tanta desmesura busca una quietud imposible para su
corazón enamorado del vértigo.
Es capaz de mentir, de sonreír ante la desgracia de saberse atrapado en
el laberinto que ha dibujado, pero aún le cuesta el cinismo necesario para
cerrar con sus propias manos el mecanismo que hace funcionar las esposas de
brillante metal, iridiscente objeto, némesis del viaje infinito al que mi
corazón se sabe destinado.
Vértigo y anhelo entonces se dan la mano, ahí, en el instante único en
el que verdaderamente ya no importan los nombres y nombrar es tarea absurda
aunque mi cuerpo sigue siendo humano.
Un día más sin ser pájaro o tormenta.
Pero, paciencia. Todo es cuestión de tiempo.
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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