Inventario
Por Guadalupe Ángeles
Como una enfermedad que poco a poco me va habitando, he sentido esta
mañana el nacimiento de una idea, pero era más bien una vaga imagen que
recordaría palabras cuyo significado tiende a caerse de las manos, así de
sutilmente la imagen y la idea se diluyeron en el sonido de la lluvia. Y no
entiendo tampoco porque llamo mañana a una madrugada enjoyada por la lluvia,
¿qué si no son las gotas brillantes sobre la ventana?, hermosas e iridiscentes
joyas, fenómeno de luz y percepción so
lo, quizá.
No doy con el sentido aunque
muy conscientemente “he echado palabras como perros buscando”. La historia ha
sido escrita así, o he decidido decir de ese modo que parece ejemplar en su
contundencia que me busco todavía en las palabras, como si fuera un camino. Y
es precisamente la invención de metáforas lo que habría de construir ese
camino, en línea recta o ascendente; dibujaré entonces veloces caballos o
elegantes escaleras. Ahí el lenguaje, el definitivo medio para llegar a no sé
bien qué, acaso un vacío infestado de plantas salvajes ¿tanto es el miedo a ese
no ser que dibujo tatuajes sobre la piel del tiempo, hechos no de figuras
mitológicas sino de signos leíbles, traducibles a pensamiento? Sí, pienso en el
vacío y luego en este cuerpo que siente no lo que desearía sino el paso del
tiempo, pero tampoco, porque solo el dolor escapa de ser metáfora. No cierro el
tiempo porque no me atrevo (lo atribuyo más a una curiosidad quizá infundada
que al placer experimentado al nadar, a la percepción del sabor de las uvas y
al extraño milagro que obra el alcohol en la conciencia, y sin querer veo aquí
un breve inventario que podría extender ante quien me preguntase las razones de
mi amor por la vida.
Quizá a eso se reduzca
todo, a un amor que a través de mis manos dibuja palabras donde hay vacío, ¿soy
el amanuense, de verdad?, ¿o solo soy un animal apegado a la existencia sin
pretexto necesario, amante inevitable del frío y de la lluvia, del sol y de
ciertas presencias sobre la tierra y en lo hondo de los sueños? No sé y tampoco
importa. Tal vez la palabra pretexto lo diga todo y mi cuerpo habita la
existencia para hacer posible la realidad visible y palpable de un texto, este u
otro cualquiera, sin ninguna razón.
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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