Milan Kundera
Por Héctor Jaramillo y Víctor Manuel
Hernández Márquez
Víctor: La fama termina reduciendo la obra de un artista a una
sola pieza, como no hace mucho Astrud Gilberto a una sola canción. Kundera
quedará en el imaginario gracias a los medios de comunicación, como el autor de
La insoportable levedad del ser, lo cual no creo que le hiciera gracia.
Jaramillo: Me apena (aunque no mucho) decirlo, pero Kundera es
fenómeno más medial que literario. Fenómeno que al menos en México fue
fomentado por la mafia de Octavio Paz. Tal fomento, por desgracia y como sucede
en estos casos, tiene la injusta consecuencia de dejar a otras voces igual o
más valiosas en la sombra (por cierto, tal fue práctica muy de Paz en toda su
renga vida).
¿A quién más allá de
quienes se creyeron la narrativa de Paz estrujó, conmovió, influyó Kundera? No
me extrañaría que La insoportable levedad del ser hubiera sido uno de
los tres libros que marcaron la vida de Peña Nieto.
Tal vez leí toda su obra
buscando en vano esa genialidad: no recuerdo ni de qué se trató, no me hizo ni
más feliz ni más amargado.
Kundera fue un producto
de la política literaria, no de la literatura. Lo mismo que se ve en los campos
del arte: políticos más enamorados de las relaciones del poder político que de
su oficio. Y cuyo aporte, usando el título de una de las más importantes
novelas contemporáneas que la fama de Kundera opacó, es un aporte "menos
que cero".
Víctor: En parte estoy de acuerdo con tu valoración. En los ochenta,
década del despegue de la difusión de Kundera en México, me resistí a leerlo,
aunque no pude sustraerme a La insoportable levedad del ser, en parte
porque se hacían lecturas en voz alta aquí y allá. Pero un buen día me tope con
la obrita de teatro Jacques y su amo, homenaje evidente al Jacques el
fatalista, de Diderot, que leí con sumo placer de una sentada (que no es
decir mucho decir para las poco más de cien páginas que tiene la edición de
Tusquets, si la memoria no me juega una mala pasada). Luego leí los ensayos que
forman parte de El arte de la novela, en la edición de Vuelta, y
entonces ya no tuve reparos para leer su obra literaria, aunque para mediados
de los noventa la fiebre por Kundera había quedado reducida a ciertos lugares
de culto, me parece, y como mi dedicación a la lectura de literatura se
debilito mucho, tampoco lo leí a fondo.
Es verdad que Paz y compañía
hicieron de Kundera, Milosz, Merquior, Morse y otros, compañeros de viaje en la
promoción de sus taras ideológicas, pero si no fuera por eso nos habríamos
privado de leer algunas de las cosas que aparecieron en la Editorial Vuelta.
Jaramillo: Aprovecho el viaje ahora que hago fila para ensayar
algunas ideas ya por años rumiadas.
Yo también lo leí por la
inercia pazera. Al poco tiempo caí en la cuenta de que las alabanzas pazeras
eran o extraliterarias o metaliterarias, pero nunca literarias (la relación
obligada entre obra y lector, el clic que ha de suceder entre la palabra y
quien le da vida con su lectura).
Extraliterarias: A Paz
parece que le importó de Kundera más su postura política contra la URSS (ni
para qué ahondar: bien conocimos a Paz) que en su aporte a la literatura. Ponía
a Kundera como héroe del "mundo libre".
Metaliterarias. Ese
egocentrismo de Paz que ponía a la poesía como creaciones individuales,
"joyas inalcanzables por el populacho", creaciones exquisitas para la
alabanza de su autor. Solo entendió la literatura como una suerte de
laboratorio introvertido de palabras. "Si tengo que escoger entre sonido y
sentido, escojo sentido" fue una declaración de Paz del tipo de
"presume de lo que careces". Ni Góngora fue así de formal.
Así que, al no tener
mucho que decir sobre los valores literarios de la obra de Kundera, Paz se
volcó con fervor sobre su poética. La obra que mencionas, El arte de la
novela, son apuntes de Kundera de un ideario que no pudo alcanzar: su obra
no le llega ni a los talones a sus ideas sobre la obra.
Esto no sería reprobable
(¡y al contrario!) si no fuera porque Paz y el mismo Kundera pusieron su
poética Hola como grandes innovaciones, "aventuras, atrevimientos,
hazañas" literarias personales, cuando no fueron más que pedacería poética
de las verdaderas hazañas de sus antecesores como Joyce con Ulises, y
del mismo Cortazar con Rayuela, escrita años antes de la primera novela
de Kundera allá por los cincuenta (la obra de Kundera es sesentera), y en el
marco del gran boom al lado de Paradiso de Lezama Lima y de la
fascinante (y más que soportable) levedad de Borges. Incluso La casa verde
de Vargas Llosa (cuyo cinismo, poca empatía, poco sentido compasivo y notorio
morbo hacia el dolor humano lo hacen hermano de estilo de Kundera) apareció
antes de la primera novela del escritor checoeslovaco francés.
Que a propósito, eso de
atribuirse méritos ajenos me recuerda mucho esa manía muy de los franceses de
promocionarse como las puntas de lanza del arte y la literatura: Un niño que
quiera disfrazarse de pintor se pondrá boina y bigotito francés cuando Francia
no ha dado ni de chiste la pintura que ha dado el resto de Europa, pero ay cómo
se promociona; ¿el "mejor cine de arte"? Y el pensamiento colectivo
piensa en el cine francés. ¿Museos? Y pensamos en el Louvre. ¿Poetas? Francia.
Cuando todo esto es más propaganda que justicia.
Para acabar pronto
Kundera me parece sobrevalorado hasta la náusea, y dudo que su obra sobrepase
la mitad de este siglo. Malo tampoco es, pero, insisto, cuando la
sobrevaloración de uno sobrepasa la subvaloración de otros, su obra, más que
mala, resulta malvada.
Héctor Jaramillo. Fotógrafo, escritor,
investigador, mentor artístico, editor, tallerista, pedagogo, conferencista.
Premio Chihuahua de Artes Plásticas en 1995. Premio Chihuahua de Literatura en
2016. Premio Nacional INAH Antonio García Cubas 2019 al Mejor Libro de Arte del
Año.
Víctor Manuel Hernández Márquez es doctor en filosofía por la UNAM. Ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh) donde, además fue director de Difusión Cultural y Servicio. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Entre sus publicaciones están Lógica, lenguaje y realidad. Examen crítico del programa absolutista, de 2001, La multiplicidad de Rousseau, y Pierre Duhem: entre física y metafísica.

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