Mostrando entradas con la etiqueta ensayos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ensayos. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de julio de 2026

Milan Kundera

 

Foto: Pedro Chacón

Milan Kundera

 

Por Héctor Jaramillo y Víctor Manuel Hernández Márquez

 

Víctor: La fama termina reduciendo la obra de un artista a una sola pieza, como no hace mucho Astrud Gilberto a una sola canción. Kundera quedará en el imaginario gracias a los medios de comunicación, como el autor de La insoportable levedad del ser, lo cual no creo que le hiciera gracia.

 

Jaramillo: Me apena (aunque no mucho) decirlo, pero Kundera es fenómeno más medial que literario. Fenómeno que al menos en México fue fomentado por la mafia de Octavio Paz. Tal fomento, por desgracia y como sucede en estos casos, tiene la injusta consecuencia de dejar a otras voces igual o más valiosas en la sombra (por cierto, tal fue práctica muy de Paz en toda su renga vida).

¿A quién más allá de quienes se creyeron la narrativa de Paz estrujó, conmovió, influyó Kundera? No me extrañaría que La insoportable levedad del ser hubiera sido uno de los tres libros que marcaron la vida de Peña Nieto.

Tal vez leí toda su obra buscando en vano esa genialidad: no recuerdo ni de qué se trató, no me hizo ni más feliz ni más amargado.

Kundera fue un producto de la política literaria, no de la literatura. Lo mismo que se ve en los campos del arte: políticos más enamorados de las relaciones del poder político que de su oficio. Y cuyo aporte, usando el título de una de las más importantes novelas contemporáneas que la fama de Kundera opacó, es un aporte "menos que cero".

 

Víctor: En parte estoy de acuerdo con tu valoración. En los ochenta, década del despegue de la difusión de Kundera en México, me resistí a leerlo, aunque no pude sustraerme a La insoportable levedad del ser, en parte porque se hacían lecturas en voz alta aquí y allá. Pero un buen día me tope con la obrita de teatro Jacques y su amo, homenaje evidente al Jacques el fatalista, de Diderot, que leí con sumo placer de una sentada (que no es decir mucho decir para las poco más de cien páginas que tiene la edición de Tusquets, si la memoria no me juega una mala pasada). Luego leí los ensayos que forman parte de El arte de la novela, en la edición de Vuelta, y entonces ya no tuve reparos para leer su obra literaria, aunque para mediados de los noventa la fiebre por Kundera había quedado reducida a ciertos lugares de culto, me parece, y como mi dedicación a la lectura de literatura se debilito mucho, tampoco lo leí a fondo.

Es verdad que Paz y compañía hicieron de Kundera, Milosz, Merquior, Morse y otros, compañeros de viaje en la promoción de sus taras ideológicas, pero si no fuera por eso nos habríamos privado de leer algunas de las cosas que aparecieron en la Editorial Vuelta.

 

Jaramillo: Aprovecho el viaje ahora que hago fila para ensayar algunas ideas ya por años rumiadas.

Yo también lo leí por la inercia pazera. Al poco tiempo caí en la cuenta de que las alabanzas pazeras eran o extraliterarias o metaliterarias, pero nunca literarias (la relación obligada entre obra y lector, el clic que ha de suceder entre la palabra y quien le da vida con su lectura).

Extraliterarias: A Paz parece que le importó de Kundera más su postura política contra la URSS (ni para qué ahondar: bien conocimos a Paz) que en su aporte a la literatura. Ponía a Kundera como héroe del "mundo libre".

Metaliterarias. Ese egocentrismo de Paz que ponía a la poesía como creaciones individuales, "joyas inalcanzables por el populacho", creaciones exquisitas para la alabanza de su autor. Solo entendió la literatura como una suerte de laboratorio introvertido de palabras. "Si tengo que escoger entre sonido y sentido, escojo sentido" fue una declaración de Paz del tipo de "presume de lo que careces". Ni Góngora fue así de formal.

Así que, al no tener mucho que decir sobre los valores literarios de la obra de Kundera, Paz se volcó con fervor sobre su poética. La obra que mencionas, El arte de la novela, son apuntes de Kundera de un ideario que no pudo alcanzar: su obra no le llega ni a los talones a sus ideas sobre la obra.

Esto no sería reprobable (¡y al contrario!) si no fuera porque Paz y el mismo Kundera pusieron su poética Hola como grandes innovaciones, "aventuras, atrevimientos, hazañas" literarias personales, cuando no fueron más que pedacería poética de las verdaderas hazañas de sus antecesores como Joyce con Ulises, y del mismo Cortazar con Rayuela, escrita años antes de la primera novela de Kundera allá por los cincuenta (la obra de Kundera es sesentera), y en el marco del gran boom al lado de Paradiso de Lezama Lima y de la fascinante (y más que soportable) levedad de Borges. Incluso La casa verde de Vargas Llosa (cuyo cinismo, poca empatía, poco sentido compasivo y notorio morbo hacia el dolor humano lo hacen hermano de estilo de Kundera) apareció antes de la primera novela del escritor checoeslovaco francés.

Que a propósito, eso de atribuirse méritos ajenos me recuerda mucho esa manía muy de los franceses de promocionarse como las puntas de lanza del arte y la literatura: Un niño que quiera disfrazarse de pintor se pondrá boina y bigotito francés cuando Francia no ha dado ni de chiste la pintura que ha dado el resto de Europa, pero ay cómo se promociona; ¿el "mejor cine de arte"? Y el pensamiento colectivo piensa en el cine francés. ¿Museos? Y pensamos en el Louvre. ¿Poetas? Francia. Cuando todo esto es más propaganda que justicia.

Para acabar pronto Kundera me parece sobrevalorado hasta la náusea, y dudo que su obra sobrepase la mitad de este siglo. Malo tampoco es, pero, insisto, cuando la sobrevaloración de uno sobrepasa la subvaloración de otros, su obra, más que mala, resulta malvada.

 


Héctor Jaramillo. Fotógrafo, escritor, investigador, mentor artístico, editor, tallerista, pedagogo, conferencista. Premio Chihuahua de Artes Plásticas en 1995. Premio Chihuahua de Literatura en 2016. Premio Nacional INAH Antonio García Cubas 2019 al Mejor Libro de Arte del Año.

Víctor Manuel Hernández Márquez es doctor en filosofía por la UNAM. Ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh) donde, además fue director de Difusión Cultural y Servicio. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Entre sus publicaciones están Lógica, lenguaje y realidad. Examen crítico del programa absolutista, de 2001, La multiplicidad de Rousseau, y Pierre Duhem: entre física y metafísica.

sábado, 19 de marzo de 2022

En respuesta a una pregunta no formulada ( II ). Guadalupe Ángeles

 

En respuesta a una pregunta no formulada ( II )

 

 

Por Guadalupe Ángeles

 

 

¿En qué parte del tiempo se quedó la que yo era, en los versos de Darío lanzando piedras contra los que desconocieron al dulce lobo en ausencia del bueno de Francisco?

Desde temprano en la vida creí leerme en los libros, descubrí entre páginas de distinta índole pulsiones que, en un principio, no entendía. Luego supe que yo fui el viaje de aquel que venía de lejos, leyó en mis labios las historias que viviría solo al roce de su boca; nunca temí la cursilería, creo que la buscaba, y en esa búsqueda me encontré con Orlando, la novela de Virginia Woolf. Supe entonces que en los libros (también en la vida) podría ser la que soy, sin dejar de ser todo lo que quisiera.

No por accidente viví dobles y triples vidas, cada una mi secreto, cada secreto una historia para compartir vestida de rojos deslumbrantes u ocres oscuros, de azules delirando entre blancas nubes donde cada rostro es todos y el mismo, a cada golpe de viento transformándose, transformándome.

El centro de la existencia lo constituyó la lectura y su hermana gemela, la escritura. Aunque usara los más diversos disfraces, todo acabó siempre por ser escrito; así, pude matarme cuantas veces fuera necesario para renacer en una nueva piel, como quien inicia un relato sobrio o incomprensiblemente desesperado, desesperante, sobre la hoja virgen de un cuaderno.

Rehacerme después de recorrer kilómetros desde la que deseaba dejar de ser, caminar sobre playas solo habitadas por el recuerdo de amores innombrables e imposibles de olvidar; todo ello fue vivido una y otra vez en la lectura de libros, en poemas sin libro ni esperanza, escritos por mí para mí.

¿Era eso vivir? ¿Inventarme dioses y describir los ritos para procurar su mirada sobre la criatura ínfima que imaginaba ser ante sus ojos?

Crear divinidades para mi propio uso y disfrute, diseñar luego diálogos distantes donde cada frase era un verso perdido entre cabellos amados o grito incomprensible a lo largo de horas solo soportables volviendo el corazón hacia su recuerdo; ¿era eso vivir? Vivir fue y ha sido leer, al borde de la desesperación, dentro de hamacas como vientres amorosos, en bibliotecas donde fui a encontrar libros en cuyas páginas leí mi rostro, una y otra vez, porque siempre he sido todas y ninguna, a veces sin saberlo, en ocasiones con plena conciencia.

Fui capaz de experimentar la sensación y su impronta, ello me llevó a hacerme vivir en libros donde el héroe y la víctima eran ambos mi retrato.

He sido y soy todo lo que leo, todo lo que escribo, animal hecho de páginas impresas solo en mi deseo.

 






Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación.

domingo, 6 de diciembre de 2020

Gustavo Hirales Morán. La ciudad de Kavafis

 

La ciudad de Kavafis

 

 

 Por Gustavo Hirales Morán

 

 

Va de cuento. Resulta que un día postee La ciudad, de Cavafis, en la versión de Cayetano Cantú. Luis González de Alba me replicó que era una cochinada esa versión, que Cayetano era un mariquita, y cosas por el estilo.

Me asombró la virulencia del reclamo de Luis, y mi primera reacción fue defender la traducción de Cayetano a rajatabla.

Entonces Luis, encabronado, hizo su propia traducción del poema directamente del griego y la publicó en Nexos, dándome de paso un llegue por apoyar a Cantú.

Como yo no sé griego, difícilmente podía saber cuál versión era más apegada al original, pero una cosa sí sabía: la de Cayetano era más poética.

Sin embargo, también reconocí que Luis tenía razón parcialmente en su crítica.

¿Qué hice?

Tomé la versión de Cayetano y le añadí una o dos líneas afortunadas de Luis, otras de Juan Carvajal y algo de mi cosecha. Cuando la postee, Luis ya había muerto, así que quizá se ahorró otro coraje, o quizá no.

De cualquier modo, este es el resultado de ese debate.

La ciudad de Kavafis

Dijiste: Iré a otro país, veré otras playas;

buscaré una ciudad mejor que esta,

donde todos mis esfuerzos son fracasos y mi corazón,

como muerto,

está enterrado.

 

¿Por cuánto tiempo más estaré contemplando estos despojos?

A donde vuelvo la mirada, veo sólo las negras ruinas

de mi vida, aquí, donde tantos años pasé, destruí, perdí.

No encontrarás otro país ni otras playas, a donde vayas

la ciudad te seguirá;

en las mismas calles vagarás,

en los mismos barrios

envejecerás,

y en las mismas casas encanecerás.

 

Siempre llegarás a esta ciudad;

no esperes otra,

no hay barco ni camino para ti;

al arruinar tu vida en esta parte de la tierra,

la has destrozado en todo el universo.

 






Gustavo Hirales Morán, escritor mexicano, ha publicado La Liga 23 de Septiembre, orígenes y naufragioMemoria de la guerra de los justos, El complot de Aburto, Camino a Acteal, Chiapas, otra mirada y Siempre de nuevo. Escribe también periodismo en El Nacional y Unomásuno, Nexos y Etcétera.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Guadalupe Ángeles. Camino


Camino

 

 

Por Guadalupe Ángeles

 

 

Mis pies deben estar vivos 

necesitan esa caricia bajo el lino

–caminos en sueños

dulcemente negados en la vigilia–

para transformarse en ramas o nubes.

 

Sabe la vida que mis pies son mi camino,

hice un nido para mí.

Ese lugar donde pared y sustancia

sean una

¿cómo no ser ahí

cómo ser de otro modo?

 

Mis pies han soñado nombres y tragedias

he conocido amigos en sueños que jamás 

veré

–olvidé sus nombres dentro del propio 

sueño–

y es posible (lo sé) ser el amanecer y la 

maleta,

la envidia y el horror,

todo a un tiempo envuelta en el aire onírico

que con su vuelo crean mis pies cada noche

alimentando la oculta desmesura de mis 

deseos

que se reduce a dos o tres absolutos.

No conocen soledades

hermanados con la caricia del sueño,

son el blanco y negro de toda circunstancia.

Anciano y blanca mujer.

Juegos y mentiras.

Blasfemia y oración bendita.

Desasosiego y certeza.

Dos partido en veinte

y trescientos transformados en millones

como las sinapsis del cerebro,

como las estrellas de apellido innumerable.

Así mis pies son la llave

aunque el universo no tiene puertas ni 

cerrojos,

mi cuerpo en forma humana necesita 

metáforas

tanto como alegría y miedo.

Fluir sabiéndose agua de río,

violencia encarnada en granizo

o suavidad de lago.

 

Infinita es la necesidad de mi cuerpo de 

soñar,

imaginar otras vidas y otros cuerpos,

otras historias donde ser fantasma

no constituya crimen ni tragedia.

Porque la piel de mis pies

es la misma del rostro de un recién nacido

y la del árbol muerto por la plaga.

 

Tiene la vida un perfume del que no temo en 

sueños,

se llama muerte.

Su caricia es lo que busca la

desnudez de mis pies cada noche

habitados por metáforas sin fin

como mi deseo de vida,

como mi amor a la conciencia

¿inarticulada, caótica?

Es imposible soñar de otra manera,

vivir de modo distinto.

Mi corazón lo sabe.

De ahí su idea del disfraz de un par de pies

enamorados de historias escritas

sobre la piel de conchas marinas.

Solo legibles en sueños.

 

 

 

 

Nació en Pachuca, Hidalgo fue directora de la revista Soberbia. Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Guadalupe Ángeles. No fue agónico el gesto con el que dibujé tus órganos internos

Por Guadalupe Ángeles

 

No fue agónico el gesto con el que dibujé tus 

órganos internos

luego los cubrí con líneas de tinta negra

Era esa bolsa amniótica otra imagen de tu 

sonrisa

Era esa precaria representación de tu fémur 

el que oculté

apresando el impulso momentáneo de ver tu 

sangre sobre mis brazos

en la palma simple de una de mis manos.

Podría afirmar ahora que dibujé así algunas 

de las mil maneras para entender

el violento espasmo que me acomete cuando 

con palabras abres abismos

en ese sitio cuyo nombre no conozco pero 

me habita enteramente.

No hay en el suelo restos,

ninguna nube ha deletreado en su fisonomía 

la forma de ese hondo camino

hacia donde no sé,

es así que con calma recito posibles 

transformaciones:

“cámara de gas”, “ilógico artilugio que hace 

desaparecer las moscas”,

“verde línea abierta a veranos muertos”.

 

Todo quizá porque ayer en el espejo 

encontré tus ojos.

Mira (tu mirada decía) no somos molinos de 

viento.

Pero un poco de café tostado tus ojos sí son

ellos no saben que el sabor irrefrenable de la 

totalidad me arrastra

y a veces olvido que tu cuerpo es un 

fragmento de eternidad

¿cómo pedirle comportamiento de absoluto a 

un joven árbol,

a una rama sin párpados, lo que tu esqueleto 

no es?

Pero a cada nombre con que bautizo este 

delirio

vuelve la imagen de esa cárcel de líneas 

finas

(dentro la sustancia concreta que conecta 

todo músculo)

como si dibujarte fuera ennegrecer mi 

nombre último

el primero con que por la mañana me nombro

 

Inútil fabricar intuiciones inexistentes

cuando las palabras hacen el correlato de 

tanto abismo que

ver, tocar, oír

(actos a los que pertenecemos)

nos devuelven la certeza:

no de infinitud estamos hechos

no de nombres se arma el entramado de 

nuestros cuerpos,

por ello arrebato al instante un cierto miedo 

que son varios:

 

Descombrarse

Desmembrarse

Descolocarse

Antropofágicamente identificarse

Reconvenirse

Resolverse

Denostarse

Hablarse

 

Hago un solo símbolo con todos ellos

(¿ave deshojada? ¿rayo intermitente?)

y me dispongo alegremente a revolver los 

cajones de tus pensamientos

pero nada he de encontrar

acaso solo objetos irreconocibles,

frutos de tu muy particular paraíso, vedado a 

los ojos de los demás.

 

 

 

 

Nació en Pachuca, Hidalgo fue directora de la revista Soberbia. Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación.