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miércoles, 17 de junio de 2026

En ti la tierra

 

Diseño gráfico: Copilot IA

En ti la tierra

 

Por Pablo Neruda

 

Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.

 


Pablo Neruda, poeta chileno. Nació en 1904. Es Premio Nobel de Literatura 1973. Escribió muchos libros, ente ellos Crepusculario, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto general, Los versos del capitán, Odas elementales, La Barcarola y Confieso que he vivido.

El cuervo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

El cuervo

 

Por Edgar Allan Poe

 

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
se oyó de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
Es dije musitando un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
me llenaba de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
Señor dije o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo tiempo, temeroso,
dudando, vislumbrando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: ¿Leonora?
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: ¡Leonora!
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi aura estrujándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
Ciertamente me dije, de seguro
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.
¡Sonó el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
Aun con tu cresta cercenada y mocha le dije
no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: Nunca más.

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
pronunció las palabras como virtiendo
su alma solo en ese nombre.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.
Y entonces dijo el pájaro:
Nunca más.

Sobrecogido al romper el silencio
tan idénticas palabras,
ya entiendo pensé, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela solo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron solo esa carga melancólica
de Nunca. Nunca más.

El Cuervo arrancó entonces
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: Nunca más.

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría ya nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
¡Miserable dije, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! exclamé, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! ‒repetí‒, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! le grité desesperado.
¡Vuelve a la tempestad!, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, impertubable
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

 


Edgar Allan Poe nació en Boston en 1809. Fue renovador de la novela gótica e inventor del relato de detectives. Sus obras profundizaron en rincones oscuros de la mente humana. Su carrera literaria se inició en 1827 con un libro de poemas, Tamerlane and other poems. En enero de 1845 publicó El cuervo. Algunas de sus obras son estas: Poems (1831), The Raven and Other Poems (1845), The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket (1838), Tales of the Grotesque and Arabesque (1840) en dos volúmenes, con relatos como La caída de la Casa Usher; Tales (1845), selección de cuentos, incluyendo El escarabajo de oro. The Prose Romances of Edgar A. Poe (1843). Murió en 1849 en la ciudad de Baltimore.

lunes, 5 de enero de 2026

El mar es un secreto de los niños

 


El mar es un secreto de los niños

 

Por René Wilson

 

Hoy me encontré

conmigo

un niño

muerto de miedo en la memoria.

 

Festival de ojos saltones

Míralos por la calle

apiñados en pirámides de compromiso, seguros en su tibieza invicta de interfones, dejando su baba entusiasta en los postigos, claqueteando sus cráneos prematuros, acribillados de slogans, medianamente satisfechos, medianamente lúgubres, medianamente esto y lo otro.

 

Our boys in Vietnam

Aleteaba al correr el niño y eran

le quemaba la voz un grito veinte

hondo arrozado histérico soldados

quedó solo durmiendo disparando.

 

Pigmalión

Hay tardes

en que me basta una canción,

cierto sabor de lluvia

o de tristeza

y eres asunto terminado.

Pero hay otras

donde no encuentro más que piedras.

Y ni modo,

yo te construyo como puedo.

 

Polvo de aquellos Pablos

¿Qué qué?

Que la aurora cumplida.

Que los caminos luminosos.

Que los cantos del pueblo harán bolillos.

Que yo te saludo hermano (muchas gracias).

Que.

Que.

 ¿Qué les pasa?

 

1

El mar

nunca amanece:

un tiburón

lo inventa

cada día.

 

2

Tentáculo del agua

la espuma

multiplica

sus ojos

transitorios.

 

3

Diplomacia cordial

la de la arena,

atenta a la embajada

de los cocos.

 

4

A veces

te vuelves de agua

y el mar

se traga

al mar

aminorándote.

 

5

El mar lamió

tu nombre

como queriendo

abrirse paso

 

6

Y mira

que la lluvia

solo enreja el mar,

tú lo humedeces.

 

7

El mar

es un secreto

de los niños.

 

8

Voy a beberme

el mar,

para alejarlo.

 

Junio 1980

 


René Wilson es un poeta chihuahuense que nació el 28 de octubre de 1953.Desde los quince años viajó por casi toda la República Mexicana ejerciendo las más disímbolas actividades. Colaboró en los suplementos literarios de los periódicos y otras publicaciones mexicanas.

jueves, 26 de mayo de 2022

lector de Kalimán. Juan Marcelino Ruiz

 

Foto Juan Marcelino Ruiz

los martes

lector de Kalimán

 

 

Por Juan Marcelino Ruiz

 

 

Yo no trabajé cuando era niño

como lo hicieran otros de mi barrio;

nunca vendí chicles o burritos

en la puerta ajetreada de los bares,

ni lustré calzado en las bancas de la plaza;

tampoco pedí monedas al turista

que traspasaba gozoso la frontera

en busca de alcohol y prostitutas.


No, cuando era niño

yo preferí quedarme sin comer,

con todo y mi condición tercermundista,

abrazado a un gato como único consuelo

masticando las ácidas vainas del mezquite;

leyendo a Kalimán

para aprender a dominar el hambre

por si después pudiera hacerme falta.

No sé si valió la pena a fin de cuentas.

 




Juan Marcelino Ruiz, poeta, narrador y profesor mexicano, publicó en 1998 el poemario Derrepentes, en la Editorial UACH; En 2000, en coautoría, el libro Quinteto para un pretérito. En 2010 el libro de cuentos Del aleph al Guernica, en 2012 la novela El hormiguero, en 2014 Delitos menores y Vino Tinta.

lunes, 23 de mayo de 2022

Diatriba contra el Copyright. Erbey Mendoza

 

Diatriba contra el Copyright

 

 

Por Erbey Mendoza

 

 

El poema

lo habrás escrito tú

 

ínclito,

     laureado

 

poeta.

 

(tuyo es

y tuyo será,

hasta que la muerte los separe)

 

Pero la poesía

que hay en tu poema

 

esa

            en cambio

 

nos pertenece a todos.

 




Erbey Mendoza es doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Entre sus publicaciones están La expedición punitiva: reporte del General Mayor John J. Pershing (traducción, UACH, 2014), dos poemarios: Entorno de los días, con Víctor Córdoba (ICHICULT, 2016), y El destino en un sombrero, con Norma Luz González (UACH, 2019), además de algunos artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del Cuerpo Académico Estudios Humanísticos de la Cultura, del Sistema Nacional de Investigadores, y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.

domingo, 22 de mayo de 2022

Relámpago. Alma Rosa Estrada


 Foto Pedro Chacón

el poema del domingo

Relámpago

 

 

Por Alma Rosa Estrada

 

 

Tan cerca de la vida,

tan cerca de la muerte.

 

La estrella esplendorosa que se alberga en mi ser

aparece, ilumina con nitidez el mundo

donde avanzo,

dura tres parpadeos,

se esfuma

y oscurece del alma la esperanza,

del corazón la fe.

Reaparece después cuando menos lo espero,

relámpago divino que vivo intensamente,

la visión infinita de este mundo

que anhelo comprender

y gozar,

tan cerca de la vida,

tan cerca de la muerte.

 

¡Relámpago! ¡relámpago!

Transfórmate en eterno.

No dejes solamente el recuerdo

que añoro de la luz percibida,

 

la imagen que atesoro de sendas no pisadas,

atisbos de un espacio de plenitud y amor.

La estrella que descubre la hermosura de Dios,

tan cerca de la vida,

tan cerca de la muerte.

Buscando tras los velos del más allá olvidado

la gran sabiduría que vamos recogiendo

en esta eternidad sentida y no probada,

respuestas exactas,

soluciones precisas de mundos que no veo,

de vidas que presiento.

Rogando al Ser sublime fuente de lo creado,

prender la luz del alma del yo desesperado.

¡La verdad, la verdad,

esencia del misterio!

¿Cómo seguir viviendo metida en el espacio,

tan cerca de la vida,

tan cerca de la muerte?

¡Sintiendo que Te siento,

 

sabiendo que Te tengo,

sabiendo que Te veo,

viéndote que no Te veo,

y no sintiéndote: No!

 

Relámpago divino,

alumbra hasta encontrar la luz que no se apaga,

realización total.

Eres mi vida, y muerte

eterna en sus pasajes.

Eres mi muerte, y vida buscando la verdad.

Hasta hundirme por siempre

como gota silente en el mar infinito…

¡La perfección de Dios!

 






Alma Rosa Estrada Comadurán (1929 – 2000) nació en Guerrero, Chihuahua, y vivió gran parte de su vida en Ciudad Cuauhtémoc. Estudió curso comercial en el Instituto América de la ciudad de Chihuahua. En 1993 la UACH publicó su primer libro de poemas titulado Una mujer. En el año 2000 se publicó su segundo libro, llamado Tan cerca de la vida. En 2018 se publicó el tercero: Una mujer tan cerca de la vida. En Cuauhtémoc durante algún tiempo escribió y publicó crónicas periodísticas en el semanario La voz de Cuauhtémoc. También fue una magnífica violinista y compositora de canciones. El Premio de Poesía del Festival de las Tres Culturas lleva su nombre.