viernes, 3 de julio de 2026

Inventario

 

Inventario

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Como una enfermedad que poco a poco me va habitando, he sentido esta mañana el nacimiento de una idea, pero era más bien una vaga imagen que recordaría palabras cuyo significado tiende a caerse de las manos, así de sutilmente la imagen y la idea se diluyeron en el sonido de la lluvia. Y no entiendo tampoco porque llamo mañana a una madrugada enjoyada por la lluvia, ¿qué si no son las gotas brillantes sobre la ventana?, hermosas e iridiscentes joyas, fenómeno de luz y percepción so

lo, quizá.

      No doy con el sentido aunque muy conscientemente “he echado palabras como perros buscando”. La historia ha sido escrita así, o he decidido decir de ese modo que parece ejemplar en su contundencia que me busco todavía en las palabras, como si fuera un camino. Y es precisamente la invención de metáforas lo que habría de construir ese camino, en línea recta o ascendente; dibujaré entonces veloces caballos o elegantes escaleras. Ahí el lenguaje, el definitivo medio para llegar a no sé bien qué, acaso un vacío infestado de plantas salvajes ¿tanto es el miedo a ese no ser que dibujo tatuajes sobre la piel del tiempo, hechos no de figuras mitológicas sino de signos leíbles, traducibles a pensamiento? Sí, pienso en el vacío y luego en este cuerpo que siente no lo que desearía sino el paso del tiempo, pero tampoco, porque solo el dolor escapa de ser metáfora. No cierro el tiempo porque no me atrevo (lo atribuyo más a una curiosidad quizá infundada que al placer experimentado al nadar, a la percepción del sabor de las uvas y al extraño milagro que obra el alcohol en la conciencia, y sin querer veo aquí un breve inventario que podría extender ante quien me preguntase las razones de mi amor por la vida.

        Quizá a eso se reduzca todo, a un amor que a través de mis manos dibuja palabras donde hay vacío, ¿soy el amanuense, de verdad?, ¿o solo soy un animal apegado a la existencia sin pretexto necesario, amante inevitable del frío y de la lluvia, del sol y de ciertas presencias sobre la tierra y en lo hondo de los sueños? No sé y tampoco importa. Tal vez la palabra pretexto lo diga todo y mi cuerpo habita la existencia para hacer posible la realidad visible y palpable de un texto, este u otro cualquiera, sin ninguna razón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Arte poética

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Arte poética

 

Por Jorge Luis Borges

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

 

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo,

 

ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

 

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

 

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esta Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

 

También es como el río interminable

que pasa y queda y es un cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

 


Jorge Luis Borges fue un escritor argentino considerado una figura clave tanto para la literatura en español como para la literatura universal. Sus dos libros más conocidos son Ficciones y El Aleph.

Belzebub

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Belzebub

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

Eran las nueve y cuarto. La noche oscura como boca de lobo. Romelia caminaba iluminando su paso con una anticuada pero efectiva lámpara de carburo, como las que usan los mineros. Innecesario decir que iba despacio y con mucho cuidado, una caída podría resultar en una fractura, un tropiezo, un corte profundo por las afiladas piedras. Avanzaba hacia la montaña, la llamada Cerro del Diablo. Y en verdad hacía honor a su nombre, la luna que no acababa de salir acentuaba su silueta que delineaba la figura del diablo tirado boca arriba. Podía uno distinguir en ella los cuernos del maligno, su puntiaguda barba y un brazo doblado sosteniendo un tridente y, al acercarse más, como a la mitad de la prominencia, una lucecita que indicaba que alguien estaba ahí, en la cueva, la Cueva de las Brujas. Y en efecto, la que ahí se encontraba era Lucinda, quien, como Romelia, era también una bruja. Pudo al fin llegar a la cueva donde la esperaba.

—¿Qué pasó? Habíamos quedado en que nos encontraríamos a la puesta del sol.

—Ya lo sabes, ¡gajes del oficio!

La escena no podía ser más típica, es decir estereotipada. Lucinda, toda de negro, de pie detrás de el gran perol ahumado y que despedía un fétido olor.

—¿Pues qué no podrías cocinar algo con olor más agradable?

—No sería propio de brujas hacerlo.

En un rincón se veían una repisa con viejos y gruesos libros y sobre ellos una calavera. A un lado, en una percha, una lechuza, clásica compañera de las brujas, que daba la bienvenida con un alegre “jú-jú” a la recién llegada.

Mientras que Romelia era una atractiva joven de agraciadas formas apenas disimuladas por su atuendo de bruja y su rostro engañosamente cándido y angelical, Lucinda era una vieja de aspecto clásicamente brujil.

—¿Y en esta ocasión qué tenemos en el perol?

—Lo de siempre: ojos de rata y gato, sábila, sapos bufos alucinógenos, sangre menstrual y especias selectas.

—Y el Patrón, ¿estará aquí?

—Cuando lleguen todas. De acuerdo a las nuevas reglas, la 2130 para ser precisos, se necesita un quorum de seis brujas para realizar un aquelarre. No te apures, por lo menos siete hicieron su RSVP.

—¿Y qué piensa él de las reglas?

—No sé. Pero las endosó, lo que quiere decir que está de acuerdo.

—Recuerda que él es el especialista en romper reglas.

—¡Oh sí! Pero estas reglas solo representan lo que desde tiempos inmemoriales se ha venido haciendo, solo organizan las cosas para que no haya malentendidos.

—¡Sea pues! Pero entiendo que él mismo ha cambiado mucho.

—Ni tanto: me ha confiado que ahora que muy pocos creen en él puede trabajar en sus cosas con mayor tranquilidad.

—Un diablo tranquilo… ¡No lo puedo creer!

—Pues sí. Y cae en la cuenta que por la misma razón nuestras neófitas han aumentado y nuestro número crece día con día.

—¿Cómo es eso? Creí que las únicas que se arrimaban a nosotras para aprender nuestros artes eran chamacas hippies sin mucha seriedad.

—Pues comenzando con esas, tenemos ahora muchas nuevas. Y toman muy en serio su papel.

—Es decir, embrujan.

—Sí.

Como lo anticipó Lucinda, ya se veían algunas lucecitas aproximándose a la cueva. Mientras llegaban, aparecieron como de la nada dos figuras femeninas. Su aspecto las delataba inmediatamente como brujas. Sus vestidos negros lo sugerían también. Eran Artesia y Laluly, brujas no tan viejas como Lucinda, pero con experiencia.

—Mis muchachitas ¿cómo están? ¿Llegaron por el túnel de atrás? ¿No estaba muy oscuro? Puede uno tropezar, caer y descuernarse.

—Sí —respondió Artesia— llegamos por el túnel. Listas para oír al jefe.

Se refería a una vieja práctica brujil. Antes de entregarse a sus malignas y aberrantes prácticas, que a tantas les costó en el pasado el ser quemadas vivas, en el aquelarre propiamente dicho las brujas escuchaban con suma atención a Satanás. Todavía se puede ver en Zugarramurdi, Navarra, la prominencia rocosa en la Cueva de las Brujas la cual el diablo usaba como plataforma para hablarles. En la versión local no había tal prominencia sino solo una mesita a manera de altar detrás de la cual el maligno se dispondría y les hablaría, si es que se dignaba a aparecer.

—¿Vendrá?

—¡Espero que sí!

Mientras esto pasaba, otras tres brujas llegaron. Lucinda, quien continuaba actuando como lideresa sentenció:

—¡Nenas! Ya hay quorum. ¡Invoquémoslo pues!

Cubriéndose la boca con la mano pronunció algo en un extraño dialecto. Todas intentaron entender las palabras, pero ninguna lo logró. Así son esas fórmulas mágicas para convocar al maligno. Pero Satán, no digamos por arte de magia sino poder demoníaco, apareció entre una nube de humo. Ni siquiera el hedor proveniente del perol lograba cubrir el del azufre que se extendió por toda la cueva. Dos de las brujas de las que llegaron al último nunca antes lo habían visto, y menos aún participado en algo como esto y temblaban conmovidas o muertas de miedo. El maligno las miró con ternura mientras caminaba hacia el lugar de honor, tras el altarcito.

—¡Aheem! —dijo aclarando su garganta y como tosiendo—. ¡Amadas hijas mías! Creo que habréis oído que yo he cambiado mucho estos últimos tiempos. ¡Nada más falso! Sigo siendo el mismo Lucifer, Satanás, Belzebub, o como quieran llamarme. Que ahora tomo Yoni Guoker y fumo Pol Mols no me hace diferente. Que ya nadie cree en mí, es falso también y la prueba está aquí, con vosotras. Aunque no veo por ningún lado los recién nacidos que acostumbrábamos sacrificar, todo se ve dispuesto como para tener un aquelarre decente como los de antes. Y decía que es falso que ya nadie cree en mí, pero es muy cierto que muchos, muchísimos, ya no lo hacen. Y más escasos son los que quisieran venderme su alma. Pero el lado bueno de esto es que puedo andar por todas partes incitando al mal a las gentes sin que caigan en la cuenta que soy yo el que las inspira, el que las mueve.

Lucinda miraba a Romelia como diciendo “ya ves, te lo dije”. Mientras que Satán, como no queriendo la cosa, se movía discretamente hacia la voluptuosa muchacha. Después de todo, como todo mundo lo sabe, como parte de el aquelarre las brujas copulan con el diablo. A Romelia, bruja moderna, no le atraía la idea de ser poseída por aquel tipo chaparrón y apestoso, por diablo que fuera. Pero Dios, si no el diablo, la había puesto en ese camino. Satanás continuaba su discurso:

—Y han de saber que este tipo de eventos son hoy en día muy escasos, hijas mías. Por eso hoy me encuentro tan complacido y, aunque tengo que tomarme un par de pastillitas azules para cumplir con mi parte, me llena de diabólica alegría, de la de antes, estar aquí con vosotras. Sabed que el Príncipe de la Mentira que soy, en realidad nunca miente a sus fieles seguidores. Como les habrá contado mi asistente, estuve muy ocupado revisando las nuevas reglas que, a pesar de no ser enteramente satisfactorias, endosé con mi firma. Al finalizar esta ingente labor me he dedicado a lo nuevo, a la llamada inteligencia artificial: estoy ahora mismo tratando de infiltrar mis mentiras, trucos y traiciones para accesar a todo el mundo. Digo: ¡hay diablo para rato y estará en la inteligencia artificial!

A este punto de su discurso futurista Satán estaba no solo muy emocionado sino hasta falto de aire. Abandonó por un momento su actitud y postura de gran señor para pedir un vaso de agua.

—¡Habráse visto, el mismo diablo pidiendo agua!

—¿No querrías gran señor mejor un poco de caldo del perol?

Casi vomitó el maligno ante tal propuesta.

—¡No por Belzebub!

—El diablo jurando por el diablo. ¿Pues quién diablos es este?

Tenía que de alguna manera demostrar su poder. Envolviéndose en su capa que hasta ese momento había estado plegada sobre su espalda gritó:

—¡Que se desencadene todo el fuego del infierno!

Tres chispitas como de luz de Bengala de las más baratas y un poco de humo surgieron de su cuerpo y en unos pocos segundos se disiparon. Las brujitas jóvenes que fueron las últimas en llegar se morían de risa, Artesia y Laluly, que ya antes habían visto más, se compadecían de él y enrojecieron de vergüenza. Lucinda no hallaba dónde meterse. Romelia asumió una extraña actitud.

Avanzando hacia Satán lo espetó en alta voz:

—¡A ver papito! ¡Ven acá! ¡Ahora me cumples!

Mientras ella hacía el ademán de desabotonarse la blusa, el diablo se evaporó dejando tras de él aquel viejo olor de azufre. La voluptuosa joven bruja soltó una carcajada y luego se puso a llorar.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

Electric Light Orchestra – Time (1981)


 

La cinta musical

Electric Light Orchestra – Time (1981)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Si hay dos álbumes que marcaron la electrónica musical, esos son: Time, de Electric Light Orchestra, y Speak and Spell, de Depeche Mode, ambos de 1981.

     Electric Light Orchesta, también conocida como ELO, fue una banda inglesa nacida en Birmingham, en 1971. Tuvo en su formación muchos músicos y arreglistas, liderada por el multi instrumentista Jeff Lynne y el baterista Bev Bevan.

     Esta agrupación se ha caracterizado siempre por una fusión de arreglos musicales con iconografía futurista, como es el caso de los álbumes Out of the Blue, de 1977, Discovery, de 1979, Xanadu, de 1980. Y este que hoy tratamos: Time.

     ELO nació bajo el deseo de fundir canciones mezcladas con rock y pop, sonidos electrónicos e influencias de música clásica. Y Time es un álbum conceptual de temática de ciencia ficción (retrofuturismo), el cual trata sobre un hombre de la entonces naciente década de los ochenta, quien es arrebatado del planeta Tierra y transportado al año 2095, donde tendrá que escoger entre el avance tecnológico y el anhelo de un romance que dejó.

     Editado el 31 de julio de 1981 por Jet Records, en Inglaterra, y por Columbia Records en Estados Unidos, es una obra de Synth pop, Space age pop, Progressive rock, New wave, Rock opera y Post-disc. Salió originalmente en cassette, 8-Tracks y LP como noveno álbum de estudio.

     ELO tuvo una gran influencia de The Beatles y The Shadows, y en esta cinta o disco enfatizó la electrónica con la acústica espacial sobre la música orquestal. Fue grabado en Londres, Inglaterra; Munich, antigua Alemania Occidental, y Estocolmo, Suecia.

     Jeff Lynne fue la voz principal, guitarra acústica, piano, sintetizadores, vocoder (procesador de audio para crear texturas vocales robóticas) y producción. También estuvieron Bev Bevan en batería y percusiones; Richard Tandy en pianos acústicos y eléctricos, sintetizadores, vocoder y guitarra; y Kelly Groucutt en bajo y coros.

     Un prólogo electrónico, desde un vocoder, nos introduce en esta concepción musical (“Prologue”) enlazándola con “Twilight”, como un estado de crepúsculo en fiesta de instrumentos y con un breve sonido de marimba: With your head held high and your scarlet lies, you came down to me from the open skies. It´s either real or it´s a dream, there’s nothing that is in between (Con la cabeza en alto y tus mentiras escarlatas, viniste hacia mí desde los cielos abiertos. Es real o es un sueño, no hay nada que esté en medio).

     Así, un hombre ha dejado el año 1981 en la Tierra y entra en el año 2095: “Yours Truly, 2095”, es la pieza musical. Hay una mezcla de sonidos y voces electrónicas masculinas con coros de fondo femeninos, arrastrándonos a un maremagno de pensamientos discordantes: la evolución social, la metamorfosis conceptual hacia lo irracional, la amistad en entredicho, y esa mescolanza de la voz de Jeff Lynne conjuntada con lo electrónico y el coro, hace de esta pieza una sección de música más que original.

     “Ticket to the Moon” nos catapulta a lo que es, la Luna: Lynne comienza recitando palabras en un piano reflexivo que, seguido de una instrumentación selectiva, adentra en un viaje de notas musicales hacia el Cosmos. Sí, se oyen murmullos de transeúntes abordando un transporte hacia el Universo (llámese cohete o transbordador espacial). Lo curioso de la canción es que el individuo recuerda con nostalgia los ochenta, cuando en realidad empezaba aquella década: Remember the good old 1980s when things were so uncomplicated? I wish I could go back there again and everything could be the same. I've got a ticket to the Moon,

I'll be leaving here any day soon. Yeah, I've got a ticket to the Moon, but I'd rather see the sunrise in your eyes (¿Recuerdas los buenos viejos años ochenta cuando todo era tan sencillo? Ojalá pudiera volver allí otra vez y que todo pudiera ser igual. Tengo un boleto a la Luna, me iré de aquí muy pronto. Sí, tengo un boleto a la Luna, pero preferiría ver el amanecer en tus ojos).

     “The way life’s meant to be” es un contrapunto de bajeo eléctrico, acompañado de sintetizador, y nos comunica que aquel hombre ya está en el Cosmos, en un punto lejano en una calle extraña hablándole a su chica que ya no está con él: Where people never speak aloud, with its ivory towers and its plastic flowers (Donde la gente nunca habla en voz alta, con sus torres de marfil y sus flores de plástico).

     “Another heart breaks” es una pieza acústica de melancolía, dado su obsesivo golpeteo en el tambor de la batería, sus arpegios y por el susurro de voces sistematizadas de Jeff Lynne desde un fondo escénico. Y qué decir del título: “Otro corazón se rompe”. Aquí termina el primer lado de la cinta.

     Y sobreviene la desdicha en sí, una balada lastimosa llamada “Rain is falling”, con sonidos de lluvia pegando en suelos y esa voz fuerte y a la vez sensible de Lynne –muy parecida aquí a la de George Harrison en The Beatles–, amalgamando un terreno de decires amorosos y esperanzas fallidas: Early in the morning, the Sun was up and the sky was very blue, without a warning. As I looked out my thoughts returned to you. A noise in the city made the children run and hide themselves away. And thunder boomed and lightning filled the sky. Then, lightning strikes across an empty sky. Ooh, the rain is falling, ooh, the rain is falling, ooh, the rain is falling. Will it wash away the lonely tears? (Temprano en la mañana, el Sol ya estaba arriba y el cielo era muy azul, sin advertencia. Al mirar afuera mis pensamientos volvieron a ti. Un ruido en la ciudad hizo que los niños corrieran y se escondieran. Y el trueno retumbó y los relámpagos llenaron el cielo. Luego, los relámpagos cruzaron un cielo vacío. Ooh, la lluvia está cayendo, ooh, la lluvia está cayendo, ooh, la lluvia está cayendo. ¿Se llevará las lágrimas solitarias?)

     No sé si debo lagrimar por el recuerdo de una musa o de una novia con esta balada, pero esa lluvia lejana me lleva hasta la siguiente contribución: “From the end of the world”, que marca una sintonía más relajada en ELO, destacándose el bajo, batería, órgano y sintetizador. El hombre atrapado en el futuro envía una carta a su amada, ella está en el pasado, y no la recibe.

     Luego viene un sonido folk relajado con “The lights go down”, destilando luces apagadas.

     “Here is the news”, entre juego de sintetizadores, envuelve nuevamente con el instrumento vocoder y sus texturas robóticas, aderezándole con una gran calidad.

     “21st Century Man” es el destello final de un viaje en el Macrocosmos musical, que ELO nos ofreció en el principio de una década que cambiaría la historia mundial: los años 80s. En estas líneas, el hombre atrapado en el futuro es un hombre ya del siglo XXI, “aunque monte en las ruedas del mañana, todavía vagabundea por los campos de su dolor”.

     “Hold on tight”, penúltima rola, es agarrarse fuerte, como su título lo indica, sin componendas a todo sueño personal.

     Esta obra conceptual finaliza con la acústica “Epilogue”, en una era espacial pop.

     Electric Light logró colocar a Time en el primer sitio del UK Albums Chart del Reino Unido, GfK Musikindustrie de Alemania y Topplistan de Suecia. Alcanzó el lugar 16 en el Billboard 200 de Estados Unidos.

 




Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

sábado, 27 de junio de 2026

El amor de mi vida

El amor de mi vida

 

Por Pablo Milanés

 

Te negaré tres veces antes de que llegue el alba,

me fundiré en la noche donde me aguarda la nada,

me perderé en la angustia de buscarme y no encontrarme,

te encontraré en la luz que se me esconde tras el alma.

Desandaré caminos sin salidas como muros,

recorreré los cuerpos desolados sin futuro,

destruiré los mitos que he formado uno a uno,

y pensaré en tu amor, este amor nuestro, vivo y puro.

Te veo sonreír sin lamentarte de una herida,

cuando me vi partir

pensé

que no tendrías vida.

¿Qué gloria te tocó, qué ángel te amó que ha renacido?

¿Qué milagro se dio cuando el amor volvía a tu nido?

Qué puedo hacer,

quiero saber

qué me atormenta en mi interior.

Si es el dolor

que empieza a ser

miedo a perder

lo que se amó.

...será que eres

el amor de mi vida.

 


Pablo Milanés fue un compositor y músico cubano, uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana.

viernes, 26 de junio de 2026

Tu más profunda piel

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Tu más profunda piel

 

Por Julio Cortázar

 

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía –sábelo, allí donde estés– es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza la garganta, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de placer para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que solo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol, y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido, de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, tren de olvido!

Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante, que es como un vórtice. Sé que dijiste "Me da pena”, y yo no comprendí, porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro, arquero o gacela, delfines en mitad del salto.

Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de suaves pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo cómo poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado.

Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco. Esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego.

No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y solo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, derramado pelo.

Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta. Quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

 


Julio Cortázar nació en Argentina en 1914. Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto. Entre sus numerosos libros están Bestiario, Final del juego, Las armas secretas, Todos los fuegos el fuego, Queremos tanto a Glenda, 62 Modelo para armar y Libro de Manuel.

Fleetwood Mac – Rumours (1977)

 

La cinta musical

Fleetwood Mac – Rumours (1977)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

¿Quién imaginaría que detrás de pleitos, portazos e infidelidades surgiría un álbum melódico y millonario en dólares? Pues este es el caso de la banda angloestadounidense Fleetwood Mac y su álbum Rumours.

     Fleetwood Mac nació en Londres, Inglaterra, en 1968. Inicialmente la banda estuvo integrada por Peter Green en voz y guitarra; Jeremy Spencer

en voz, guitarra y piano; Mick Fleetwood en batería y percusiones; Bob Brunning en bajo, y Danny Kirwan en guitarra. Su estilo musical era el Blues rock y el Psychedelic rock, pero fue mudando de integrantes y en géneros musicales como el Folk rock, hasta estacionarse en el Pop rock y Soft rock.

     Green se fue en 1970 por causa de drogas y locura, Spencer en 1971, porque se afilió a una secta llamada Niños de Dios, y Kirwan en 1972 por discusiones y porque rompió el mobiliario de la banda en una gira. En 1969 llegó el bajista John McVie y en 1970 fue contratada Christine Perfect, quien se casaría con John y cambiaría su apellido a McVie. Todos ellos de nacionalidad británica.

     También estuvo otro vocalista y guitarrista en la formación, de nombre Bob Welch, norteamericano que arribó en 1971 y se fue en 1974. Para el año 1975, una pareja sentimental y artística, que ya había grabado un disco en su natal Estados Unidos, fue anexada para conformar la alineación más famosa de Fleetwood Mac: Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, quienes participaron por vez primera en el álbum homónimo Fleetwood Mac, el cual llegó al número 1 en la Unión Americana.

     Así quedó alineada la formación angloamericana: Lindsey Buckingham en voz, guitarra eléctrica y clásica, y en percusiones; Christine McVie en voz, teclados, sintetizador y vibráfono (instrumento de percusión con barras metálicas que se toca con mazas); Stevie Nicks en voz; John McVie en bajo, y Mick Fleetwood en batería, percusiones y clavecín.

     La radical evolución musical del Blues rock al Pop rock hizo que la banda produjera sus mejores acetatos de 1975 a 1987. Y 1977 sería el mejor año en ventas para todos ellos, el álbum Rumours fue multiplatino y el más vendido a la fecha, pero en asuntos amorosos aquella época fue la peor ya que el matrimonio de John y Christine McVie había llegado a su fin, Buckingham y Nicks sufrían tensas situaciones, Mick Fleetwood estaba en trámite de divorcio con su esposa Jenny. Todos consumían grandes cantidades de alcohol y cocaína.

     Con todas estas anomalías y depresiones nació Rumours el 4 de febrero de 1977, como el undécimo disco y bajo el sello discográfico Warner Bros.

     “Second hand news” es la primera pieza que inicia con una guitarra parpadeante con las voces a dueto de Christine McVie y Stevie Nicks, la mejor mancuerna femenina de la historia. Esta canción fue compuesta por Lindsey Buckingham y habla sobre tiempos difíciles.

     Pero será “Dreams”, de Stevie Nicks, la balada meditativa y sensual que rompa la festividad de guitarras de la primera rola. Con una voz engominada y pegajosa, la hermosa Nicks nos lleva como ola cadenciosa hacia su maremagno interno; sí, se percibe un desencuentro amoroso y de ensueño que alguna vez alimentó a dos seres prendidos entre sí: Now here you go again, you say you want your freedom. Well, who am I to keep you down?

It's only right that you should play the way you feel it, but listen carefully to the sound of your loneliness. Like a heartbeat drives you mad in the stillness of remembering what you had and what you lost, and what you had and what you lost. Oh, thunder only happens when it's raining, players only love you when they're playing. Say, women they will come and they will go when the rain washes you clean, you'll know, you'll know. Now here I go again, I see the crystal visions, I keep my visions to myself. It´s only me who wants to wrap around your dreams. And have you any dreams you'd like to sell? (Ahora aquí vas de nuevo, dices que quieres tu libertad. Bueno, ¿quién soy yo para detenerte? Es justo que juegues de la manera que lo sientas, pero escucha con atención el sonido de tu soledad. Como un latido del corazón que te vuelve loco en la quietud de recordar lo que tuviste y lo que perdiste, y lo que tuviste y lo que perdiste. Oh, el trueno solo ocurre cuando está lloviendo, los jugadores solo te aman cuando están jugando. Digo, las mujeres vendrán y se irán cuando la lluvia te lave, lo sabrás, lo sabrás. Ahora aquí voy de nuevo, veo las visiones de cristal, guardo mis visiones para mí misma. Solo yo quiero envolverme alrededor de tus sueños. ¿Y tienes algún sueño que te gustaría vender?).

     Nicks se desplaza en el escenario con su mágica voz, haciendo mímica con sus manos sobre el micrófono de pedestal, mientras Mick Fleetwood marca una secuencia exacta en la batería, John McVie un ritmo sinigual en el bajo, Christine se luce en el vibráfono y Buckingham casi hace lagrimar la guitarra eléctrica por el agujero central. Aquí, Nicks está siendo más que honesta contando esa ruptura en aquel estudio y escenario.

     “Never going back again”, de Buckingham, es un sonido campirano de cuerdas y refiere brevemente no volver hacia atrás.

     “Don´t stop” presenta la voz mezzosoprano de Christine McVie, esas cuerdas vocales entre gruesas y dulces, graves y armoniosas que solamente se dan cada 50 años a nivel mundial. Magnífica luce ella en sus teclados y la respuesta del coro es sensacional. Habla sobre ver la vida con optimismo y no detenerse en el pasado.

     “Go your own again” es una composición de Buckingham, respondida en coro por las bellas Nicks y McVie, e invariablemente gira en torno a la ruptura sentimental.

     Y el primer lado termina con “Songbird”, de McVie (hablamos de un cassette de cinta), que es una exposición con teclados, batería, guitarra y bajo. Los pájaros cantores animan el espíritu de nuestra musa Christine.

     El segundo lado comienza con “The chain”, compuesta por todos e interpretada por Buckingham, Nicks y McVie; es un sonido que arrastra los instrumentos como si se tratara de una cadena vivencial y arroja sombra sobre las cadenas amatorias.

     Y llega el abracadabra del álbum: “You make loving fun”, con McVie, en un riff de platillos y bajeo acomodados en la voz de la inglesa Christine, quien irrumpe en su piano como lumbre repentina cada amanecer. Su voz se conjuga aquí con todos los instrumentos en una acústica racional: Sweet wonderful you, you make me happy with the things you do. Oh, can it be so? This feeling follows me wherever I go. I never did believe in miracles, but I've a feeling it's time to try… You make loving fun, it's all I wanna do (Dulce y maravilloso tú, me haces feliz con las cosas que haces. Oh, ¿puede ser así? Este sentimiento me sigue dondequiera que voy. Nunca creí en milagros, pero tengo la sensación de que es hora de intentarlo… Tú haces que el amor sea divertido, es todo lo que quiero hacer).

     Tal canción se la dedicó Christine a su novio, el director de iluminación con quien salió después de separarse de John.

     “I don´t want to know” es contribución de Nicks entre una guitarra de doce cuerdas, bajo y maracas. De nuevo, habla sobre fragmentación amorosa.

     Seguimos con “Oh, Daddy”, reflexiva en la voz de McVie, a tiempos medios musicales y es un poema de agradecimiento al baterista Mick, a quien apodaban “El Gran Papá” por su elevada estatura.

     El álbum finaliza con “Gold dust woman”, de Nicks, con voz semejante a McVie en dulzura: nos participa de una mujer derrumbada que debe recoger los pedazos e irse a su casa, “mujer de polvo y sombra pálida”. El clavecín eléctrico es ejecutado por Mick.

     La portada presenta a Mick Fleetwood con el pie izquierdo levantado en un taburete, mientras Stevie Nicks lo toma de una mano.

     Alcanzó el número uno en Reino Unido (UK Albums Chart), Estados Unidos (US Billboard 200), Australia (Kent Music Report), Canadá (RPM), Holanda (Dutch Charts) y Nueva Zelanda (New Zeland Charts). Y ganó el Grammy en 1978.

     Un desastre emocional colectivo originó una obra maestra…, a través de los Rumores.



Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.