domingo, 5 de julio de 2026

El Hilton

 

Diseño gráfico: Copilot IA

El Hilton

 

Por Gustavo del Bosque

 

A principios de los años setenta derribaron el Hotel Palacio Hilton de la Ciudad de Chihuahua. Desde el momento de la demolición se acorrientó el Centro Histórico. Cuando lo estaban tirando, yo estaba en la Ciudad de México. Lloré desconsolado.

En ese bello recinto empecé a cantar muy jovencito. Me dio chance don Miguel Pavia, con los maestros Chava Tejeda, Kiko Ríos, Richy Chavarría y Leonel Corral, de grata memoria; los creadores de la bohemia musical con clase muy a su estilo.

Llore, sí, y no me avergüenzo de aceptarlo. Lloré amargamente porque sentí que me habían borrado mis inicios como un cantante adolescente lleno de sueños.

No lo podía creer.

Semejante atentado.

Admiraba tanto ver llegar a don Julio Laguette y a don Ramiro Uranga cuendo eran muy jóvenes, con aquella finos trajes cruzados Pierre Cardin, una corbata italiana de seda estampada en diferentes tonos de color verde, y a don Ramiro Cota con sus elegantes corbatas Ascot. Hasta llegue a preguntarle que cómo se llamaba esa prenda. Extrañado, muy gentil, me dijo se llaman Gaznés.

Varias veces me repetí: Algún día vestiré como ellos.

Y cuando pude hacerlo, los busque y los encontré en una tienda frente al Hotel Fiesta Palace en la Ciudad de México.

Ya en Monterrey, cuando daba yo un concierto en Reno Club, entre el público estaba Ramiro Uranga con un señor Garza Sada, me pidió dos canciones: Peleas y Parece que fue ayer. Estuve en su mesa y salí con la simpleza de decirle: Por fin pude vestirme como el galán de galanes de los años sesenta, don Julio Lagguette.

Sonrió muy dubitativo por mi ocurrencia.

Pero quién no es un galán a los 19 años y en este ambiente.

 


Gustavo del Bosque es cantante, actor y cronista.

Libros y futbol

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Libros y futbol

 

Por Carlos Gallegos

 

En estas horas tensas

minutos eternos

en esta espera que desespera

en este día del bien

el futbol mexicano

volará más alto que nunca

en este día que quema

es prudente

reposar el nervio

en la lectura

y el goce de un libro

que nos lleve

a un mundo

ajeno a las esperas y los nervios

por fortuna tenemos muchos

escritores

muchos chihuahuenses

sublimados en su talento

tenemos a Martín Luis Guzmán

con sus novelas formidables de la Revolución Mexicana

tenemos al juarense José Muñoz Cota

con sus letras brujas

sobre el desierto

el mezquite y el huizache

A José Fuentes Mares

y su fecunda mente

de historiador y escritor

vague en la prosa de Fernando Jordán

el chihuahuense universal

que escribió

la biblia de Chihuahua

aprenda y entienda

las clases de política y militancia fiel

que le dicta

en sus cuartillas

el camarguense

Carlos Chavira Becerra

siga los pasos

de Jesús Gardea

cuando buscaba en vano la razón

de haber nacido

en el corazón del Delicias

de su sueño

sienta y viva

lo que sintió y vivió

 Carlos Montemayor

entre las minas de plata

y los socavones

sin fondo de Parral y Santa Bárbara

lo que escribió

Víctor Hugo Rascón Banda 

entre los pinares y las estrellas

de Uruachi

cuando vio caer una mujer del cielo

deje que Alfredo Espinosa

le recuerde el Delicias de ayer

 donde tropezó, cayó y se levantó en los callejones

 de sus infiernos y extravíos

o bien

con la magia

de Internet

ubique

 algún escritor bisoño

a alguna escritora

incógnita

que lo tome

de la mano

y lo lleve

de paseo

por el Delicias de hoy

y por el Delicias de mañana

en la tarde

luego del triunfo

en el Azteca

con nadie comparta

el gozo de

sentarse un rato

en una banca

de la Plaza Principal

a escuchar

 el canto enamorado

de un chanate

que

 ignora que tal vez su novia

de anoche ya vuela

junto a otras alas

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

sábado, 4 de julio de 2026

Hoy Estados Unidos celebra 250 años de Independencia

 

Hoy Estados Unidos celebra 250 años de Independencia

 

Por Red Nacional de la Crónica

 

El jueves 4 de julio de 1776, trece colonias británicas dieron un paso decisivo al declarar su libertad y comenzar el desarrollo de una nueva nación. La lucha no fue breve ni sencilla: la Guerra de Independencia se extendió de 1775 a 1783, con George Washington al frente del ejército continental.

El Tratado de París reconoció finalmente el nacimiento de los Estados Unidos de América. Su bandera conserva esa memoria: trece barras por las colonias originales y cincuenta estrellas por los estados que hoy integran la unión.

 


Julio 2026

Archivo: Rubén Beltrán

El mar que recuerdas


 Diseño gráfico: Marco Benavides

El mar que recuerdas

 

Por Marco Benavides

 

Hay costas que solo se miran. Y hay costas que se leen. La Riviera Maya pertenece a esta segunda estirpe: un litoral que bajo su turquesa de postal guarda capítulos enteros de piedra, sal y memoria.

Bajo la caliza blanda de la península, el tiempo excavó ríos que nunca vieron el sol hasta que un cenote les regaló una claraboya. Cada cenote es una gota inmensa suspendida entre la selva y el subsuelo, y en su transparencia se adivina la paradoja de esta tierra: lo más frágil resulta lo más duradero.

En Tulum, la piedra maya se asoma al Caribe como quien todavía vigila el horizonte, una conversación inconclusa entre dos inmensidades: la del mar y la del tiempo. La civilización habita el presente en la lengua, en los nombres de los pueblos, en los rostros de quienes hoy sirven cocteles frente al mismo mar que sus ancestros navegaron.

Pero ningún paraíso escapa a la historia de sus visitantes. El turismo trajo empleo, caminos, hospitales, escuelas; también trajo cemento donde antes había duna, y una sed de crecimiento que a veces olvida preguntar cuánto puede dar la tierra sin agotarse. La región vive hoy esa tensión antigua entre el deseo y el límite: cuánto se construye, cuánto se conserva, quién se beneficia y quién queda al margen del banquete.

Detrás de cada hotel hay manos que tienden camas y guían lanchas; detrás de cada selva hay comunidades que llevan generaciones nombrando cada a los elementos de la tierra. El turismo responsable es el gesto simple de mirar a quien habita el lugar antes de fotografiarlo, de entender la selva escenografía y tambén hogar.

El futuro de esta región caribeña se escribe en la manera en que se administra el agua, se trata el arrecife, se remunera al trabajador, se preserva el idioma. Si la codicia gana la partida, la Riviera Maya podría convertirse en ruina: una postal vacía. Pero si prevalece la conciencia, seguirá siendo lo que ha sido desde tiempos mayas: un punto donde la tierra, el mar y el ser humano negocian los términos de una convivencia posible.

Acaso Milton se equivocó solo en el mapa: El paraíso perdido no está perdido del todo. Late aquí, en la Riviera Maya, entre la sombra húmeda de los cenotes, la respiración de la selva y ese Caribe que parece haber aprendido a pronunciar la eternidad en turquesa.

Porque, al final, la Riviera Maya no es un destino, sino una pregunta que el mar repite en cada ola: ¿sabremos cuidar aquello que tanto amamos admirar?

 

Dr. Marco Benavides, 4 de julio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

viernes, 3 de julio de 2026

Inventario

 

Inventario

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Como una enfermedad que poco a poco me va habitando, he sentido esta mañana el nacimiento de una idea, pero era más bien una vaga imagen que recordaría palabras cuyo significado tiende a caerse de las manos, así de sutilmente la imagen y la idea se diluyeron en el sonido de la lluvia. Y no entiendo tampoco porque llamo mañana a una madrugada enjoyada por la lluvia, ¿qué si no son las gotas brillantes sobre la ventana?, hermosas e iridiscentes joyas, fenómeno de luz y percepción so

lo, quizá.

      No doy con el sentido aunque muy conscientemente “he echado palabras como perros buscando”. La historia ha sido escrita así, o he decidido decir de ese modo que parece ejemplar en su contundencia que me busco todavía en las palabras, como si fuera un camino. Y es precisamente la invención de metáforas lo que habría de construir ese camino, en línea recta o ascendente; dibujaré entonces veloces caballos o elegantes escaleras. Ahí el lenguaje, el definitivo medio para llegar a no sé bien qué, acaso un vacío infestado de plantas salvajes ¿tanto es el miedo a ese no ser que dibujo tatuajes sobre la piel del tiempo, hechos no de figuras mitológicas sino de signos leíbles, traducibles a pensamiento? Sí, pienso en el vacío y luego en este cuerpo que siente no lo que desearía sino el paso del tiempo, pero tampoco, porque solo el dolor escapa de ser metáfora. No cierro el tiempo porque no me atrevo (lo atribuyo más a una curiosidad quizá infundada que al placer experimentado al nadar, a la percepción del sabor de las uvas y al extraño milagro que obra el alcohol en la conciencia, y sin querer veo aquí un breve inventario que podría extender ante quien me preguntase las razones de mi amor por la vida.

        Quizá a eso se reduzca todo, a un amor que a través de mis manos dibuja palabras donde hay vacío, ¿soy el amanuense, de verdad?, ¿o solo soy un animal apegado a la existencia sin pretexto necesario, amante inevitable del frío y de la lluvia, del sol y de ciertas presencias sobre la tierra y en lo hondo de los sueños? No sé y tampoco importa. Tal vez la palabra pretexto lo diga todo y mi cuerpo habita la existencia para hacer posible la realidad visible y palpable de un texto, este u otro cualquiera, sin ninguna razón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Arte poética

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Arte poética

 

Por Jorge Luis Borges

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

 

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, un rumor y un símbolo,

 

ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

 

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

 

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esta Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

 

También es como el río interminable

que pasa y queda y es un cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

 


Jorge Luis Borges fue un escritor argentino considerado una figura clave tanto para la literatura en español como para la literatura universal. Sus dos libros más conocidos son Ficciones y El Aleph.

Belzebub

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Belzebub

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

Eran las nueve y cuarto. La noche oscura como boca de lobo. Romelia caminaba iluminando su paso con una anticuada pero efectiva lámpara de carburo, como las que usan los mineros. Innecesario decir que iba despacio y con mucho cuidado, una caída podría resultar en una fractura, un tropiezo, un corte profundo por las afiladas piedras. Avanzaba hacia la montaña, la llamada Cerro del Diablo. Y en verdad hacía honor a su nombre, la luna que no acababa de salir acentuaba su silueta que delineaba la figura del diablo tirado boca arriba. Podía uno distinguir en ella los cuernos del maligno, su puntiaguda barba y un brazo doblado sosteniendo un tridente y, al acercarse más, como a la mitad de la prominencia, una lucecita que indicaba que alguien estaba ahí, en la cueva, la Cueva de las Brujas. Y en efecto, la que ahí se encontraba era Lucinda, quien, como Romelia, era también una bruja. Pudo al fin llegar a la cueva donde la esperaba.

—¿Qué pasó? Habíamos quedado en que nos encontraríamos a la puesta del sol.

—Ya lo sabes, ¡gajes del oficio!

La escena no podía ser más típica, es decir estereotipada. Lucinda, toda de negro, de pie detrás de el gran perol ahumado y que despedía un fétido olor.

—¿Pues qué no podrías cocinar algo con olor más agradable?

—No sería propio de brujas hacerlo.

En un rincón se veían una repisa con viejos y gruesos libros y sobre ellos una calavera. A un lado, en una percha, una lechuza, clásica compañera de las brujas, que daba la bienvenida con un alegre “jú-jú” a la recién llegada.

Mientras que Romelia era una atractiva joven de agraciadas formas apenas disimuladas por su atuendo de bruja y su rostro engañosamente cándido y angelical, Lucinda era una vieja de aspecto clásicamente brujil.

—¿Y en esta ocasión qué tenemos en el perol?

—Lo de siempre: ojos de rata y gato, sábila, sapos bufos alucinógenos, sangre menstrual y especias selectas.

—Y el Patrón, ¿estará aquí?

—Cuando lleguen todas. De acuerdo a las nuevas reglas, la 2130 para ser precisos, se necesita un quorum de seis brujas para realizar un aquelarre. No te apures, por lo menos siete hicieron su RSVP.

—¿Y qué piensa él de las reglas?

—No sé. Pero las endosó, lo que quiere decir que está de acuerdo.

—Recuerda que él es el especialista en romper reglas.

—¡Oh sí! Pero estas reglas solo representan lo que desde tiempos inmemoriales se ha venido haciendo, solo organizan las cosas para que no haya malentendidos.

—¡Sea pues! Pero entiendo que él mismo ha cambiado mucho.

—Ni tanto: me ha confiado que ahora que muy pocos creen en él puede trabajar en sus cosas con mayor tranquilidad.

—Un diablo tranquilo… ¡No lo puedo creer!

—Pues sí. Y cae en la cuenta que por la misma razón nuestras neófitas han aumentado y nuestro número crece día con día.

—¿Cómo es eso? Creí que las únicas que se arrimaban a nosotras para aprender nuestros artes eran chamacas hippies sin mucha seriedad.

—Pues comenzando con esas, tenemos ahora muchas nuevas. Y toman muy en serio su papel.

—Es decir, embrujan.

—Sí.

Como lo anticipó Lucinda, ya se veían algunas lucecitas aproximándose a la cueva. Mientras llegaban, aparecieron como de la nada dos figuras femeninas. Su aspecto las delataba inmediatamente como brujas. Sus vestidos negros lo sugerían también. Eran Artesia y Laluly, brujas no tan viejas como Lucinda, pero con experiencia.

—Mis muchachitas ¿cómo están? ¿Llegaron por el túnel de atrás? ¿No estaba muy oscuro? Puede uno tropezar, caer y descuernarse.

—Sí —respondió Artesia— llegamos por el túnel. Listas para oír al jefe.

Se refería a una vieja práctica brujil. Antes de entregarse a sus malignas y aberrantes prácticas, que a tantas les costó en el pasado el ser quemadas vivas, en el aquelarre propiamente dicho las brujas escuchaban con suma atención a Satanás. Todavía se puede ver en Zugarramurdi, Navarra, la prominencia rocosa en la Cueva de las Brujas la cual el diablo usaba como plataforma para hablarles. En la versión local no había tal prominencia sino solo una mesita a manera de altar detrás de la cual el maligno se dispondría y les hablaría, si es que se dignaba a aparecer.

—¿Vendrá?

—¡Espero que sí!

Mientras esto pasaba, otras tres brujas llegaron. Lucinda, quien continuaba actuando como lideresa sentenció:

—¡Nenas! Ya hay quorum. ¡Invoquémoslo pues!

Cubriéndose la boca con la mano pronunció algo en un extraño dialecto. Todas intentaron entender las palabras, pero ninguna lo logró. Así son esas fórmulas mágicas para convocar al maligno. Pero Satán, no digamos por arte de magia sino poder demoníaco, apareció entre una nube de humo. Ni siquiera el hedor proveniente del perol lograba cubrir el del azufre que se extendió por toda la cueva. Dos de las brujas de las que llegaron al último nunca antes lo habían visto, y menos aún participado en algo como esto y temblaban conmovidas o muertas de miedo. El maligno las miró con ternura mientras caminaba hacia el lugar de honor, tras el altarcito.

—¡Aheem! —dijo aclarando su garganta y como tosiendo—. ¡Amadas hijas mías! Creo que habréis oído que yo he cambiado mucho estos últimos tiempos. ¡Nada más falso! Sigo siendo el mismo Lucifer, Satanás, Belzebub, o como quieran llamarme. Que ahora tomo Yoni Guoker y fumo Pol Mols no me hace diferente. Que ya nadie cree en mí, es falso también y la prueba está aquí, con vosotras. Aunque no veo por ningún lado los recién nacidos que acostumbrábamos sacrificar, todo se ve dispuesto como para tener un aquelarre decente como los de antes. Y decía que es falso que ya nadie cree en mí, pero es muy cierto que muchos, muchísimos, ya no lo hacen. Y más escasos son los que quisieran venderme su alma. Pero el lado bueno de esto es que puedo andar por todas partes incitando al mal a las gentes sin que caigan en la cuenta que soy yo el que las inspira, el que las mueve.

Lucinda miraba a Romelia como diciendo “ya ves, te lo dije”. Mientras que Satán, como no queriendo la cosa, se movía discretamente hacia la voluptuosa muchacha. Después de todo, como todo mundo lo sabe, como parte de el aquelarre las brujas copulan con el diablo. A Romelia, bruja moderna, no le atraía la idea de ser poseída por aquel tipo chaparrón y apestoso, por diablo que fuera. Pero Dios, si no el diablo, la había puesto en ese camino. Satanás continuaba su discurso:

—Y han de saber que este tipo de eventos son hoy en día muy escasos, hijas mías. Por eso hoy me encuentro tan complacido y, aunque tengo que tomarme un par de pastillitas azules para cumplir con mi parte, me llena de diabólica alegría, de la de antes, estar aquí con vosotras. Sabed que el Príncipe de la Mentira que soy, en realidad nunca miente a sus fieles seguidores. Como les habrá contado mi asistente, estuve muy ocupado revisando las nuevas reglas que, a pesar de no ser enteramente satisfactorias, endosé con mi firma. Al finalizar esta ingente labor me he dedicado a lo nuevo, a la llamada inteligencia artificial: estoy ahora mismo tratando de infiltrar mis mentiras, trucos y traiciones para accesar a todo el mundo. Digo: ¡hay diablo para rato y estará en la inteligencia artificial!

A este punto de su discurso futurista Satán estaba no solo muy emocionado sino hasta falto de aire. Abandonó por un momento su actitud y postura de gran señor para pedir un vaso de agua.

—¡Habráse visto, el mismo diablo pidiendo agua!

—¿No querrías gran señor mejor un poco de caldo del perol?

Casi vomitó el maligno ante tal propuesta.

—¡No por Belzebub!

—El diablo jurando por el diablo. ¿Pues quién diablos es este?

Tenía que de alguna manera demostrar su poder. Envolviéndose en su capa que hasta ese momento había estado plegada sobre su espalda gritó:

—¡Que se desencadene todo el fuego del infierno!

Tres chispitas como de luz de Bengala de las más baratas y un poco de humo surgieron de su cuerpo y en unos pocos segundos se disiparon. Las brujitas jóvenes que fueron las últimas en llegar se morían de risa, Artesia y Laluly, que ya antes habían visto más, se compadecían de él y enrojecieron de vergüenza. Lucinda no hallaba dónde meterse. Romelia asumió una extraña actitud.

Avanzando hacia Satán lo espetó en alta voz:

—¡A ver papito! ¡Ven acá! ¡Ahora me cumples!

Mientras ella hacía el ademán de desabotonarse la blusa, el diablo se evaporó dejando tras de él aquel viejo olor de azufre. La voluptuosa joven bruja soltó una carcajada y luego se puso a llorar.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.