Duelo
Por Erbey Mendoza
Sobre todo en la adolescencia, a don Gervasio le habría gustado llamarse
Anselmo. Su nombre en cambio le producía una especie de incomodidad vergonzosa
que escondía haciendo énfasis en su nombre
—Gervasio Arellano Domínguez, para servirle.
Jamás aceptó apodo, ni cariñoso ni ofensivo: siempre se aseguró de que,
al hablarle, todo mundo pronunciara las tres sílabas completas de su nombre.
Don Gervasio sacó el pequeño artefacto del bolsillo de su camisa y lo
puso sobre la mesa.
—¿A ver este?
Don Chindo sacó los lentes, tomó el artefacto, y dejó salir un suspiro
que era también un rugido que a su vez era también una forma de no quedarse en
silencio. Le dio vueltas al artefacto para apreciarlo de diferentes ángulos.
—Este es de un…— dijo arrastrando largamente la n en una curvatura de agudo a más grave.
—¿A ver?
Don Gervasio hizo presión.
—Este es de…
Don Gervasio miraba fijamente a don Chindo haciendo una prematura
sonrisa victoriosa.
—Este va en… Sí, este es de un taladro —resolvió probar don Chindo, para
que don Gervasio quitara el gesto.
Sin mirar, devolvió el artefacto a la mesa, se quitó los lentes y se
puso a limpiarlos con el mantel de la misma mesa.
—No, qué taladro ni qué nada —don Gervasio tomó el artefacto y lo miró.
—Sí, cómo no. ¿O de qué dices, según tú, que es?
—De un taladro, no.
—¿Entonces?
—No, pos a ver tú.
Hasta esa tarde, y tras varias décadas, el duelo iba más o menos a la
par. Pero la última vez, don Gervasio no había podido reconocer un pistón de
hidrolavadora.
Don Chindo se volvió a poner los lentes y le quitó a don Gervasio el
artefacto.
—A ver, pues.
Don chindo volvió a estudiarlo lentamente, con la cabeza levantada para
enfocar la vista en el cuadrito inferior de sus bifocales. Lo acercó a su nariz y olfateó el fuerte
aroma metálico. Repitió el suspiro.
—¿No? —preguntó Don Gervasio, ya saboreando el desenlace.
—No, pos si no es de un taladro, no.
Don chindo nuevamente lo devolvió a la mesa y volvió a limpiar sus
lentes.
Con la balanza a su favor, don Gervasio tomó en su gruesa mano el
artefacto clavándole una mirada dulce.
—Este, Chindo, es de un…
Erbey Mendoza es doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Entre sus publicaciones están La expedición punitiva: reporte del General Mayor John J. Pershing (traducción, UACH, 2014), dos poemarios: Entorno de los días, con Víctor Córdoba (ICHICULT, 2016), y El destino en un sombrero, con Norma Luz González (UACH, 2019), además de algunos artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del Cuerpo Académico Estudios Humanísticos de la Cultura, del Sistema Nacional de Investigadores, y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.






