domingo, 9 de agosto de 2026

Laberinto de los años

Laberinto de los años

 

Por Carlos Gallegos

 

Una de estas tardes de sol

intenso

fui a ver al profe Macario Guillén Rosales

para que me contara otra vez

la historia de María la Sabrosa

del Sanforizado

de la Pipitoria

del Piano

para invitarlo a que fuéramos al Poniente

a visitar a Panchito Villa

para escuchar historias de su abuelo

a que me llevara otra vez a la Avenida 6a y Calle 7a Norte

a ver la esquina donde se fincó la primera casa de Delicias

a que me repitiera la letra pícara 

de las cinco marchas militares que compuso

a que me contara una vez más las hazañas

del penta olímpico

general David Roberto Bárcena Ríos

el guanajuatense más deliciense

a que recordáramos

las hazañas basquetbolísticas

de su triple compadre Raúl Vázquez Gómez

las de su compadre Roberto Cadena

Calalo Entrada

las de Ramiro Celis

a que me cantara como tantas veces

La Canción Mixteca

al son de su afinada guitarra

acariciada por sus dedos de seda

a preguntarle si se acordaba

de sus exalumnas

 Amada Cadena Payán

Julia Alicia Bejarano García

Silvia Márquez Hermosillo

Rosita Casas Ronquillo

Nely Chavarría

Berthita González Ortega

de sus exalumnos

Javier Hernández Domínguez

José Luis Pineda Morales

Sergio Alfonso Villarreal Luján

Máximo Rivera Molina

Manuel Lozano Gándara

a hacerlo enojar

conchavado

con su esposa

Lupita

recordándole

cuando le pidió ayuda a una señora

para subir una banqueta

y esta le

contestó

"ahorita no traigo nada, señor"

confundiéndolo

con un profesor en situación de calle

pero al llegar a su casa

no me saludaron

como siempre sus hermosos perros de ojos azules

y caí en la cuenta

de que andaba extraviado

en los oscuros laberintos de los años

más al devolverme

triste

escuché el eco de algunas de sus marchas

a veces

nítidamente

a veces aletargadas por la distancia

supe

que andaba

por ahí

paseando a sus perros

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

Un crimen pluscuamperfecto

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Un crimen pluscuamperfecto

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

Los dos detectives ocuparon el lugar de siempre en la taberna La Gaviota, en la calle Diez y seis. Eran el teniente García, un hombrachón excedido de peso que desde cien metros de distancia adivinaba uno que era policía, se diría que “tenía la facha”. El otro, delgadito y de cachucha, gorra de visera y atuendo más de vendedor de enciclopedias que de policía, era el agente Rodríguez. Paranoia o deformación profesional, tenían que situarse en aquel rincón de donde podían ver quien entraba o salía del tugurio.

El cantinero Fidel, un hombre jovial y dicharachero con un mandil que no dejaba duda que era el bar tender, ya les había servido lo de siempre: una cerveza oscura para el teniente García y un ron con canela para el agente Rodríguez.

—¡ Ay paisano! ¿No temes que la canela te haga daño?

—¡Tanto como a ti el lúpulo y el mosto!

No era la primera vez que el uno criticaba la bebida del otro. Tal diálogo se había hecho viejo de tanto repetirlo. Un traguito y la conversación iba a donde siempre: el trabajo.

—¿Tienen ya una pista? —preguntó García.

—¿De la muertita de ayer? Claro, ya agarramos al tipo, ¡un cornudo resentido. Lo de siempre!

—Lo dices como si no fuera la gran cosa.

—Sí. De hecho, comienzo a aburrirme.

—Pues no son casos como los de Poirot —comentó el teniente.

—¿El de Ágatha Christie?

—Ese.

—Pues en nuestra delegación no hay casos así de complicados.

—¿De verdad lo crees? ¿Qué tal los de la carpeta naranja del Capitán Salinas?

—¿Los casos irresueltos cerrados?

—Esos mismos. Habrá algunos que se cerraron por orden superior, pero otros simplemente porque no se pudo encontrar un culpable.

—¿Piensas en alguno en especial?

—Sí, en el de Lamaire Leroy. Siendo tan famosa y tan hermosa, nunca se pudo determinar quién la mató.

—Si. Recuerdo todos los sospechosos eran tan famosos como ella. El principal entre ellos de hecho se libró porque cuando ella fue asesinada él conducía un show en la tele con varios miles de espectadores. Otro estaba en Francia. Un tercero estaba en la cárcel, y así sucesivamente —apuntó Rodríguez asombrando a su superior que no pensó que el agente supiera tanto así de aquel caso.

—Veo que lo sabes todo. Es una lástima que cuando ya nos disponíamos a comenzar las pesquisas nos ordenaran pasarlo a “instancias superiores”.

—Sí, a todos nos dolió el desprecio. Especialmente al Capitán Salinas. Era un caso muy grande como para una delegacioncilla de barriada.

—Pero mira, hablando del rey de Roma cuando le nariz asoma.

En efecto en ese momento el Capitán, tipo atlético y bien parecido, cruzaba el umbral de La Gaviota. En tono jovial se acercó a sus subalternos:

—¿Qué hacen? ¿Resolviendo casos?

—Así es, mi Capitán —respondió García.

—¿Alguno en particular?

—El de Lamaire Leroy.

—¿Y creen que un caso en el cual se gastaron millones de pesos sin llegar a encontrar al culpable pueda resolverse en una conversación de cantina?

—Siempre podemos tartar, mi Capitán. ¿Cómo es que un caso como ese vino a dar a nuestra delegación?

—Muy sencillo: La ciudad creció en esta dirección. La elegante colonia Catedrales Europeas se construyó justo en los límites de nuestro barrio. Por supuesto, bardeada de manera que los mortales común y corrientes no pudiéramos entrar en ella. Ahí fue que Lemaire construyó le construyeron su mansión.

—Así que cuando la mataron el caso nos correspondía a nosotros.

—Sí.

—Entiendo que usted fue quien acudió primero al lugar del crimen cuando la criada encontró a Lemaire degollada —inquirió Rodríguez—. ¿Podría decirnos qué fue lo que encontró?

—¡Uh! ¿Ahora me interrogas?

—Sí, cuéntenos por favor.

Aclarando la garganta como dándose importancia, el Capitán se dispuso a relatar lo que vivió en aquella ocasión:

—¡Una escena difícil de olvidar! Aquella bella mujer, apenas vestida en un negligé de gasa púrpura casi trasparente. ¡Quien dijera que aquel cuerpazo era obra de los cirujanos plásticos! La cortadura en el cuello era una de las más impresionantes que he visto y he visto muchas en toda mi carrera.

—¿Y había alguna cosa irregular? Digo, ¿además del cadáver?

—No. Digo, sí. La ropa interior debajo del negligé. La pantaleta, la llevaba al revés, la cara que lleva la etiqueta se veía a través de la gasa. Pero…

—Eso es muy importante. Una persona como ella nunca se pondría el calzoncillo al revés. Y probablemente tampoco andaría en negligé por la casa. O estaba desnuda cuando la mataron, o la vistieron así para que así la encontraran.

—¿Y a dónde vas con eso?

—A resolver el enigma en esta conversación de cantina, mi Capitán. Se investigaron tres sospechosos. Hombres todos. Y con la información que usted nos ha dado, todo indica que la asesina fue una mujer. Para comenzar, es dudoso que un hombre quisiera destruir tan espectacular fémina. Por eso la herida era diferente de todas las que usted había visto antes. Al ponerle el negligé, la perpetradora sugeriría una sensualidad dirigida a agradar a un amante. Los investigadores supondrían que la pantaleta al revés también apuntaría a un hombre, esta vez uno que apresuradamente ocultaba su delito. ¿Por qué haría el asesino la asesina eso? Pues para alejar la sospecha de ella misma.

—¡Interesante! ¿Algo más?

—Los sospechosos que fueron investigados, lo fueron porque se supo que algo habían tenido que ver con ella, ¿cierto? Y ese algo, que era suficiente que la policía los investigara por supuesto, lo era también para que las esposas o amantes de los sospechosos ardieran de celos. Así las cosas, la amante o esposa del que estaba en la cárcel es una candidata poco probable. Si era una cuestión de celos, eran celos antiguos. Del que andaba en Francia, probablemente la mujer lo acompañaba. Queda uno, el del show en la tele, y una probable amante o esposa celosa, ahí es que hay que buscar.

—Pero estas sugiriendo que la asesina es…

—¡Exactamente! ¿Ve que una discusión de cantina vale más que peritajes de millones?

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

sábado, 8 de agosto de 2026

Downburst


 

Downburst

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Estaba leyendo una alerta sobre el downburst, recuerdo hace unos años haber vivido el terror de algo semejante. Andaba en el Centro con mi amiga Marianita y vi claramente un nubarrón negro atrás del Cerro Coronel, como a eso de las dos de la tarde.

Le dije a mi amiga: Vamos a refugiarnos en el estacionamiento King Kong, que está techado. Ella me contestó: No, Bety, mejor vamos a comer a la fondita de Adrián, (situada en 20 de Noviembre y calle 37). ¡Craso error! Exactamente en esa zona apareció esa vaguada, casi parecida al downburst. Le dije: ¡Vámonos! ¡vámonos! Esto se está poniendo muy feo.

Y así fue. Por la calle 37 hay un semáforo para cruzar la Avenida y la vaguada empujaba mi camioneta con una fuerza tremenda, no podía contenerla con el pedal del freno. Estaba en Rojo el semáforo y los autos de este a oeste circulando por 20 de Noviembre. Por fortuna logré que mi camioneta no avanzara. Busqué refugio en una calle transversal, la calle Ramírez, y me posicioné debajo de un gran árbol, porque caía granizo y el viento soplaba con inusitada fuerza.

Cuando terminó esa pesadilla nos percatamos de todos los daños. La repentina tromba arrancó de cuajo pinos altísimos, hizo volar techumbres, arrasó con casi todos los árboles grandes desde la raíz en el Parque Urueta, voló las vigas de fierro de la techumbre del Hospital Central. O sea, era como una manga tipo tornado que solo se dirigió en una dirección, desde la zona sur en el Barrio de Londres hasta la Zona Norte Colonia Santo Niño.

Mucha gente no se enteró de este tremendo suceso, hasta que vieron los vídeos que publiqué.

Ojalá que no se presente de nuevo una situación como ésta a Chihuahua, ya que hice esta crónica en base a una alerta de hoy que se está publicando, pero no especifica en cual zona del País.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

viernes, 7 de agosto de 2026

Yes – Close to the Edge (1972)


 

La cinta musical

Yes – Close to the Edge (1972)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Cerca del Borde (Close to the Edge) es el quinto álbum de estudio de la banda británica Yes, publicado por el sello Atlantic Records en Londres un 8 de septiembre de 1972.

     Este fue el último disco donde participó Bill Brufford como baterista, cofundador de Yes, quien después de grabar cinco álbumes se unió a King Crimson, otra banda de rock progresivo y experimental.

     Yes nació en Londres, Inglaterra, en 1968, integrada por el cantante Jon Anderson, el bajista Chris Squire, el guitarrista Peter Banks, el baterista Bill Brufford y el teclista Tony Kaye. El 25 de julio de 1969 lanzaron su debut musical Yes impregnado de rock sicodélico y jazzístico.

     Con el paso de los años, Yes fue madurando su estilo Progressive rock, hasta alcanzar el Art rock. Close to the Edge fue editado en disco LP, 8-Tracks, cassette y cinta magnetofónica de carrete; la portada, en tono verde césped con el logo “burbuja” añil, fue diseñada por el arquitecto inglés Roger Dean.

     Las composiciones de Close to the Edge son arte puro, simplemente la pieza homónima, que tiene una duración de 18:43 minutos, está basada en la novela Siddhartha, del alemán Hermann Hesse (Premio Nobel de Literatura en 1946). Todo el catálogo de canciones son una variedad de música clásica, rock progresivo, sicodelia, pop y jazz.

     Pero en ese año 1972 ya no estaban dos miembros originales: el guitarrista Peter Banks fue sustituido por Steve Howe, dado que no se responsabilizaba en su instrumento, y el teclista Tony Kaye cedió su lugar a Rick Wakeman, debido a que no aceptó el uso de los nuevos sintetizadores, aferrándose al uso exclusivo del órgano Hammond. E inmediatamente quedó manifiesto que Howe y Wakeman resultaron músicos mucho más sofisticados.

     Y luego ocurrió otra contrariedad: el baterista Brufford grabó su participación y se fue sin iniciar la gira de promoción del álbum. Desesperados, Anderson y Squire consiguieron alinear en los platillos y percusiones a Alan White, el baterista del ex Beatle John Lennon y de Plastic Ono Band.

     Close to the Edge arranca con la composición homónima, dividida en cuatro secciones: “The solid time of change”, “Total mass retain”, I get up, I get down” y “Seasons of man”, compuestas por el vocalista Jon Anderson y por el guitarrista Steve Howe. Quiero especificar que no son canciones ni letras separadas, son cuatro piezas en una sola, y se nos relata:

     …A dewdrop can exalt us like the music of the sun, and take away the plain In which we move and choose the course you're running. Down at the edge, round by the corner, not right away, not right away. Close to the edge, down by a river, not right away, not right away. Crossed the line around the changes of the summer, reaching out to call the colour of the sky, passed around a moment clothed in mornings faster than we see… Passing paths, that climb halfway into the void, as we cross from side to side, we hear the total mass retain down at the edge, round by the corner, close to the end, down by a river. Seasons will pass you by, I get up, I get down… On the hill we viewed the silence of the valley, called to witness cycles only of the past… (…Una gota de rocío puede exaltarnos como la música del sol, y llevarnos del plano en el que nos movemos y elegimos el camino que estás recorriendo. Al borde, junto a la esquina, no de inmediato, no de inmediato. Cerca del borde, a la orilla de un río, no de inmediato, no de inmediato. Cruzamos la línea alrededor de los cambios del verano, extendiéndonos para alcanzar el color del cielo, pasando un momento vestido de mañanas más rápidas de lo que vemos… Caminos que pasan, que suben hasta la mitad del vacío, mientras cruzamos de un lado a otro, oímos que la masa total se mantiene al borde, doblando en la esquina, cerca del final, junto a un río. Las estaciones pasarán de largo, me levanto, me agacho… En la colina vimos el silencio del valle, llamado a presenciar solamente ciclos del pasado…).

     Todo inicia con trinos de aves y un tenue viento, luego irrumpen las diez cuerdas, de guitarra eléctrica y bajo, con una impecable batería. Y el sonido se vuelve, al paso de minutos, en distorsión hasta que se deja “querer” Jon Anderson en el minuto 4:01, con las respuestas en coro de Steve Howe y Chris Squire. Es un rock progresivo, obviamente que cambia en bases rítmicas, teclados e impetuosa guitarra.

     Se entrecruzan sonidos tipo cinematografía animada (como Disney) en viaje secreto y mágico, llevándonos a un folk progresivo. Y en el minuto 12:12, Yes introduce un impactante órgano litúrgico esos de catedrales arquidiocesanas para dejarnos boquisecos ante un rock de arte en manos de Rick Wakeman. Bach inspira, lo sé.

     En el minuto 14:13 termina la ejecución del órgano tubular y se desatan los instrumentos al estilo años setenta, con la voz aguda de contratenor de Anderson, respondida en coros y disolviéndose entre trinos de aves.

     La segunda parte contiene también cuatro secciones, divididas con el título And you and I: “Cord of life”, “Eclipse”, “The preacher, the teacher” y “Apocalypse”, compuestas por Anderson, Howe, Squire y Brufford, con un tiempo de 10:12 minutos y en una misma línea relatora:

     A man conceived the moments, answers to the dream, stay in the flowers daily sensing all the themes, as a foundation left to create the spiral aim. Emotion revealed as the ocean maid, all complete in the sight of seeds of life with you. Oh, trains and buses, never know there's a prisoner square, caught up, broken, locked inside the mother earth… And you and I climb over the sea to the valley, and you and I reach out for reasons to go… Sad preacher nailed upon the colored door of time, insane teacher be there reminded of the rhyme, there'll be no mutant enemy we shall certify… (Un hombre concibió los momentos, respuestas al sueño, permanece entre las flores sintiendo todos los temas a diario, como un fundamento dejado para crear el objetivo en espiral. La emoción se revela como la doncella del océano, todo completo a la vista de las semillas de la vida contigo. Oh, trenes y autobuses, nunca saben que hay una plaza de prisionero atrapado, roto, encerrado dentro de la madre tierra… Y tú y yo escalamos sobre el mar hasta el valle, y tú y yo buscamos razones para ir… Triste predicador clavado en la puerta de colores del tiempo, maestro loco allí recordando la rima, no habrá enemigo mutante que certificaremos…).

     Estas son las secuencias de lo que dicen las letras, obviamente son mucho más extensas, pero siempre habrá en la creación musical y literaria pensamientos filosóficos, internos, mágicos, densos, que son la vida y percepciones del autor. Así, un rasgueo clásico de guitarra abre el segundo lado del disco LP o cassette, o el programa B del cartucho 8-Tracks: es dulce reflexivo y con un bajeo preclaro.

     “Siberian Khatru” es el cierre de oro con una progresión de cuerdas y percusiones en consonancia, junto con la unión de voces de los cinco miembros. Aparece en el programa D del cartucho 8-Pistas y esta canción fue escrita por Anderson, Howe y Wakeman, con una duración de 8:56 minutos, un inusual octavo intermedio, un clavecín, un sintetizador analógico Minimoog y un Mellotron:

     Sing, bird of prey, beauty begins at the foot of you. Do you believe the manner? Gold stainless nail torn through the distance of man, as they regard the summit.  Even Siberia goes through the motions… Green leaves reveal the heart spoken Khatru (Canta, ave de presa, la belleza comienza a tus pies. ¿Crees en la manera? Clavo de oro inoxidable atravesó la distancia del hombre, mientras ellos contemplan la cima. Incluso Siberia sigue el curso de las cosas… Hojas verdes revelan el corazón que habla Khatru).

     “Khatru” significa ‘como desees’ en árabe de la República de Yemén.

     Finalmente, Close to the Edge se ubicó en la cuarta posición del UK Albums Chart inglés, tercer sitio en el Billboard 200 estadounidense y primer lugar en Hilversum 3 LP Top 10 holandés.

 



Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

6 de agosto

 

6 de agosto

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Hay fechas que encarnan el horror, como si la hoja del calendario fuera un hierro ardiente. Yo no puedo amanecer un 6 de agosto sin dejar de pensar que hoy es el aniversario del infierno en la Tierra.

Cierto, la historia humana podría curarnos de espanto con tantos avernos para elegir, pero para mí Hiroshima sigue siendo punto y aparte, el eterno recordatorio de nuestra capacidad para autodestruirnos en segundos.

El cielo del 6 de agosto siempre nos hiere en su desnudez. Es la faulkneriana luz de un azul punzante. Así, desierto de nubes era el cielo por donde irrumpió el Enola Gay. Tal vez esta fecha me duele particularmente porque hemos visitado un par de veces la ciudad y me siento absolutamente conectado con su espíritu. Pero acaso lo que más me aterra, lo que más me horroriza, es que, en la narrativa oficial, Hiroshima y Nagasaki forman parte de los infiernos válidos, los holocaustos políticamente correctos, los crímenes que al ser cometidos por los “superhéroes de la Historia”, son considerados soluciones, remedios tal vez dolorosos, pero remedios al fin.

El presidente Harry Truman recibió y celebró la noticia de Hiroshima mientras disfrutaba una función de boxeo entre marines a bordo del crucero Augusta al retornar de la Conferencia de Postdam.

Sin embargo, el campeón en la absoluta y total ausencia de remordimientos es Paul Tibbets, el piloto de la nave que aflojó el esfínter para dejar caer a Little Boy y desatar en un minuto el peor Apocalipsis de la historia humana, el mayor desastre acaecido después del meteorito que extinguió a los dinosaurios hace 65 millones de años. No solo nunca tuvo un mínimo remordimiento, sino que Paul Tibbets sostuvo siempre que hizo lo correcto y lo volvería a hacer las veces que fuera necesario.

Vivió una apacible existencia hasta los 92 años de edad y nadie nunca fue a confrontarlo o a reclamarle nada. “Nunca perdí una noche de sueño por el recuerdo de Hiroshima”, solía presumir Paul.  “Un sentimental jamás habría piloteado aquel avión”, solía jactarse.  Lo único que le frustraba era que el Museo Nacional del Espacio de Washington no exhibiera su linda aeronave a la que quería tanto, que la bautizó con el nombre de soltera de su santa mamacita: Enola Gay Hazard.

En mayo de 2016, Barack Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar Hiroshima y rendir homenaje a las víctimas pronunciándose por un mundo libre de armas nucleares, pero en ningún momento ofreció algo ni remotamente parecido a una disculpa.

Robert Oppenheimer, el físico creador de la bomba, tenía sentimientos encontrados, pues sentía un enorme orgullo por el logro científico, pero sabía que tenía las manos manchadas de sangre. Hay quien asegura que en 1964, pidió perdón llorando a Naomi Shono, una sobreviviente de la bomba, pero fue en un encuentro privado y no en un acto público.

Esta semana leí en Nexos un abortivo texto firmado por un tal Ezra Shabot que sintetiza a la perfección la moral de los “genocidas buenos”. Según ese repugnante tipo, “el sufrimiento de la población de Gaza no es cuestionable, pero es semejante al de las poblaciones de la Alemania nazi bombardeada por los Aliados. En ambos casos la intención no era exterminar a los civiles, sino derrotar militarmente al enemigo”. No lo dijo, pero asumo que, bajo su opinión, en Hiroshima y Nagasaki no tenían como objetivo exterminar decenas de miles de civiles inocentes, sino derrotar militarmente a Hirohito.

Pearl Harbor, en donde solo murieron militares, es narrado como un crimen de lesa humanidad, pero Hiroshima y Nagasaki son solo soluciones, igual que matar a Gaza de inanición es un remedio. En el colmo de lo asqueroso, el tal Shabot se permite decir que los niños asesinados en Gaza son futuros yihadistas, mártires en potencia, así que, bajo su mentalidad tan propia del antiguo testamento, supongo que está muy bien matarlos antes de que crezcan. Todo sea en nombre del triunfo del "pueblo elegido". Los "buenos" de la película tienen licencia para matar niños.

Sin embargo, más allá del horror, Hiroshima me recuerda que siempre vuelve a haber vida después del infierno.

Uno de los momentos de más absoluta paz y plenitud que he experimentado en la vida adulta, lo viví una madrugada flotando en el mar bajo el Tori de Miyajima, una isla ubicada frente a Hiroshima. Había un silencio místico, una paz uterina en el lugar donde ochenta años antes irrumpió el horror.

Hiroshima se habló de tú con el averno, pero hoy el verde de los árboles y la claridad de las aguas me hace pensar en el triunfo de la vida, en el aferre de una nueva planta por germinar, de un niño por nacer.

Y entonces sentí esperanza, porque después del Apocalipsis siempre volverá a germinar una semilla y habrá flores de cerezo cayendo sobre el agua limpia.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

jueves, 6 de agosto de 2026

Rubén Marín: Medicina y literatura

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Rubén Marín: Medicina y literatura

 

Por Marco Benavides

 

Rubén Marín constituye una figura singular en las letras mexicanas del siglo XX, en la medida en que su obra literaria se articula desde la experiencia directa de la práctica médica en el México rural.

Nacido el 22 de octubre de 1910 en el barrio de Santa María la Redonda, en la Ciudad de México, y fallecido en la misma urbe el 16 de junio de 1980, Marín desarrolló una trayectoria profesional dual médica y literaria cuya convergencia resulta clave para comprender el carácter testimonial de su producción narrativa.

Formado como médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México, Marín ejerció la medicina en contextos diversos que marcarían profundamente su escritura posterior. Se desempeñó como médico de mina en distintas poblaciones del país, fue delegado de Salubridad y director de los hospitales Civil y de la Caridad en Teziutlán, Puebla. Colaboró con el Instituto Mexicano del Seguro Social. Posteriormente se especializó en medicina de seguros de vida, llegando a ocupar el puesto de director médico en la Compañía de Seguros La Comercial. Este itinerario profesional, que lo llevó a atender comunidades marginadas y a presenciar de cerca la precariedad sanitaria del México provinciano, proporcionó la materia prima de su narrativa.

En el plano literario, cabe destacar que la producción de Marín surgió, según se ha señalado, como una reacción crítica frente a los experimentos poéticos y narrativos de la década de 1960, que el autor consideraba carentes de rigor estético. Frente a dichas tendencias, optó por una escritura de corte realista y costumbrista, orientada a representar con crudeza los aspectos más dolorosos de la existencia humana: la pobreza, la muerte y la violencia carente de sentido, entendida esta última como manifestación concreta del mal. Junto a estos temas de tono sombrío, su obra también da cabida a las virtudes cristianas, en particular la bondad y la caridad, articuladas mediante la descripción de tradiciones populares y el empleo de expresiones vernáculas propias del habla provinciana.

Su obra más representativa, Los otros días (subtitulada Apuntes de un médico de pueblo), de naturaleza marcadamente autobiográfica, constituye un testimonio literario de las dificultades y satisfacciones inherentes al ejercicio médico en las comunidades rurales mexicanas. La obra, publicada por Editorial Jus y reeditada en múltiples ocasiones lo cual sugiere una recepción sostenida entre el público lector, ha sido descrita como un conjunto de relatos que combinan el pasaje romántico, la escena costumbrista, la crítica social severa y una concepción profundamente humanista, todo ello sobre un trasfondo realista que ha llevado a establecer paralelismos con autores como José María de Pereda. A esta obra se suma El diablo y algo más..., colección de cuentos que profundiza en los mismos ejes temáticos de pobreza, muerte y violencia.

En el terreno de las colaboraciones periodísticas y culturales, el doctor Marín participó en la página editorial del diario Excélsior y en la revista de cultura mexicana Ábside, espacios que le permitieron consolidar una presencia dentro del ámbito intelectual de su época.

El legado de Rubén Marín se despliega, en consecuencia, en una doble dimensión: como médico rural y funcionario de salud pública, y como narrador capaz de fundir la experiencia clínica con una sensibilidad literaria orientada a documentar tanto el sufrimiento como la esperanza de los pueblos mexicanos. Su producción, aunque menos difundida que la de otros narradores contemporáneos, se inscribe en el acervo literario mexicano del siglo XX como testimonio valioso de la vida médica y social de la provincia, y merece ser reconsiderada dentro de los estudios sobre la literatura de temas médicos en México.

 

Dr. Marco Benavides, 4 agosto 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

Moderadamente radical


 

Moderadamente radical

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Hacer una obra de arte con estas ruinas de lo que soñé fuera la gran felicidad. Así reza el programa supuestamente lúcido que me guía. ¿Creer en la autenticidad viene a cuento? Tomando por auténtico aquello considerado esencialmente humano, y que, con mucha frecuencia, o bien da miedo o flojera.

      ¿Se puede medir el impulso de acercarnos a eso? Anhelo, confieso, crear un surrealismo de uso personalísimo. Sí, hacer de esos actos cotidianos, como permanecer bajo la regadera mucho más tiempo del aceptable, una defensa de lo humano.

      Por aquí vamos al camino que tú, paciente lector, ya adivinas: Ninguna IA podrá nunca hacer eso, ni tampoco desearlo.

      No seré alumna aventajada de ninguna escuela artística con estas excentricidades, aunque ame el agua, aunque ame la soledad (condición absolutamente necesaria para esta especie de parafilia inconexa).

      Pero vamos, no quiero crear ningún canon para nada, quizá solo deseo hacer correr el río del tiempo a mi favor, para constituirme, nada menos, pero tampoco nada más, mi yo, en mí, como el gran mar de la nada que solo es la suma de las nadas pequeñas que forman mi vida.

      Habrá quien vea en esto una búsqueda de sentido a lo que no lo tiene (vivir), no seré yo quien se lo reproche, pues tengo bien sabida (por haberla paladeado más de una vez) la desesperación inherente a experimentar los amaneceres, no como regalos, sino como su contraparte.

      Sabemos el principio porque nos lo han contado, hay fotografías que dan fe del cambio ocurrido en nuestros cuerpos a lo largo de los años, lo cual, desde cierta perspectiva surrealista parece más que un progreso, un engaño; sin embargo, también al transcurrir del tiempo comprendemos que todo es azar, y en esas aguas azarosas ningún hecho puede ser tildado de injusto.

      De modo entonces que, sin lastimar a nadie, procuro habitar los cientos de nadas (otros dirán horas) bebiendo humildemente mi te de canela con manzanilla y guardando para mí secretos inofensivos, pues “toda vida es un secreto” que solo será revelado cuando la mano de la muerte venga y toque mi corazón, el tuyo ¿el nuestro? Ello será en un lenguaje intraducible a comprensión humana.

      Eso quizá, o tal vez no.

      Surrealismos aparte, trato de adivinar la temperatura de la mano de la muerte, solo como ejercicio de imaginación.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.