jueves, 29 de octubre de 2026

Juanito el Tontito

 

Juanito el Tontito 

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

El aspecto de aquel lugar no podía ser más desolador. Las oleadas de soldados de los diferentes bandos habían destruido literalmente aquella, la que fuera una tranquila villa campirana. Especialmente los bombardeos aéreos la habían convertido en montones de ruinas: el más grande salpicado de fragmentos de cristal de colores, residuo de lo que fueran hermosos vitrales de lo que había sido la Iglesia; otro, un poco más pequeño, era lo que quedaba del palacio de la autoridad civil, y aún otro al que correspondía a la tienda llamada El Almacén. Pero en general, todas las casas y edificios estaban completamente derruidos.

De los edificios sobre la calle principal, uno que había tenido varios pisos, tres o cuatro, el primer piso había sobrevivido de manera que el piso de lo que fuera el segundo nivel era ahora el techo. Debajo vivía Juanito el Tontito. Si hubiera vivido en la capital, los médicos dirían que sufría de una discapacidad intellectual. Si lo hubiera hecho veinte años antes, le hubiera correspondido el epíteto de retrasado mental.

Las viejas del pueblo ‒cuando las había antes de la guerra‒ decían que su condición se debía a que le había faltado oxígeno al nacer, pero alguna no estaba del acuerdo, y era que su madre, Dios la tenga en su Gloria, tomaba y fumaba mucho durante el embarazo.

La madre le había escogido el sonoro nombre de Julio Alejandro, pero como cuando iban a bautizarlo ya no estaba ella, una tía escogió el nombre Juan. Nadie protestó. Ahora tenía doce o trece años, no estaba seguro, y había crecido en la calle. Cuando todavía había gente en la villa, era la lástima de todos. Hoy en día no quedaba nadie ahí para compadecerse de él. En otros tiempos se hubiera pensado que dejado solo por sí mismo no hubiese sobrevivido. Vemos que tal consideración no fue cierta.

Y ahí estaba Juanito el Tontito. Los soldados de uniforme verde olivo no lo mataron porque no lo vieron; los de azul con gris sí lo vieron pero no lo mataron por pura lástima. Y es que había una diferencia entre los dos ejércitos: el verde solo quería aniquilar a su adversario, mientras que el azul-gris quería no solo eso, sino además ocupar la tierra conquistada. Por eso mientras que los verdes dejaban los cadáveres pudriéndose, secándose al sol o siendo pasto de buitres y otros animales, los de azul-gris enterraban los cuerpos ‒sí, en una fosa común, pero los enterraban.

Alguien se preguntará cómo se las arreglaba Juanito para sobrevivir en esas circunstancias.

Pues el Tontito gozaba de algunas brillantes cualidades. Por ejemplo, sabía que aquella puerta, en el piso de lo que fuera la cocina de la casa de doña Carmelina, llevaba a una escalera que descendía al sótano en donde, dispuestos en múltiples estantes, se guardaban frascos con conservas de todo tipo. Aunque más complicado, también se había figurado como rescatar latas de sardinas, localmente llamados portolas, de los exhibidores del almacén. Para abrir las latas había localizado, en la que fue la carpintería de don Anselmo, un martillo y un formón que ahora usaba diestramente para sacar los pececillos de las portolas.

Lo que no podía tener Juanito era compañía de otros seres humanos. Aquel día, cuando estuvieron ahí los soldados de uniforme azul y gris, Juanito se dio cuenta de la lo habían visto y como vio que no le disparaban se dispuso a aproximarse a ellos. No llegó lejos, el soldado más cercano, probablemente un sargento, disparó su metralleta al aire como advertencia; ve y escóndete donde estabas. Juanito entendió perfectamente y volvió a su escondrijo. ¡Qué pena!

Esa tarde, los soldados ya se habían ido, un par de aviones atacaron las calles vacías con cohetes y bombas. Juanito meditaba ¿a quién tratan de matar? ¿A mí? No hay nadie más. Y ¿cuánto cuestan esas bombas? ¿Qué ganan pues? Ni siquiera las ratas que pululaban en el pueblo fueron alcanzadas por las explosiones. ¡Qué desperdicio!

Un par de días después, una ambulancia entró a la villa, por la calle principal llegó hasta donde vivía Juanito el Tontito. Él la vio por la ventana, tenía una gran cruz roja en el costado ‒seguramente en los dos costados‒ además del letrero “International Red Cross “. ¡Fíjate como son, aquellos soldados que se desangraban en esta misma calle y nunca vinieron por ellos, y ahora vienen por ti que estás bueno y sano.”

—Ese es el lugar que nos dijo el sargento. ¡Sí, míralo ahí está! ¡Hey chico ven!

Apenas dicho esto, se oyó el sibilar de un proyectil cohete. Luego la explosión. La ambulancia y sus tripulantes volaron en pedazos. “Han de ver sido los verdes” ‒pensó Juanito.

Cuando llegaron de nuevo los soldados, los de uniformes azul y gris, y examinaban lo que quedó de la ambulancia, Juanito salió de su escondite y se paró detrás de ellos. Sin mirarlo a los ojos el sargento sentenció:

—¡Ni modo hijo! ¡Así son las guerras!

Y se llevaron con ellos a Juanito el Tontito.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

Un encuentro con La Primavera

 

Un encuentro con La Primavera

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Yo era nueva en ese rito. Me encontré en ese grupo porque quise escapar de la rutina. Salí por una grieta y de pronto estaba a las siete de la mañana en una colonia que nada tiene que ver con mi barrio, salvo que en ambos viven seres humanos (eso espero) –todavía recuerdo cuando este paréntesis era solo un recurso estilístico, escribo desde un futuro que quizá ya es presente, o viceversa.

      Pero en este tiempo que reconozco mío, de buena voluntad me integro al grupo, abordamos la camioneta, tomo mi lugar al fondo junto a la ventanilla derecha. Se habla de árboles, de caballos en estampida, de proyectos urbanísticos, de moral y otras especies; yo dormito y escucho, recuerdo a aquel amigo que me invitara al Teatro Degollado para escuchar a la Filarmónica, solía asegurarme de que si en algún momento me durmiera estaría bien, pues así la música entraría en mi subconsciente.

      Igual, yo vine para contestar una pregunta: ¿Qué es la Primavera?, pero luego supe que se trataba de una caminata de poder, una especie de Chamán nos condujo desde que entramos al bosque, al inicio nos sentamos sobre el pasto formando un círculo, nos pidió verbalizar nuestras expectativas del recorrido, alguien comentó sobre una ocasión en algo semejante a esta, en una visita a unas grutas, en la cual se pidió permiso para entrar y permiso para salir; yo me tendí sobre la tierra, cerré los ojos.

El Chamán hizo sonar al viento a través de un caracol algunas veces, se notaba que le costó trabajo, luego nos comentó que fue así porque al parecer estábamos muy cargados todos; en lo que a mí respecta puedo decir que cargaba con la preocupación de estar ahí, pues de algún modo me desprendí del nudo de la rutina, lo cual sin duda hacía una fisura en la vida de todos los días. Avanzamos, pidió a una mujer del grupo que nos diera el lugar que nos tocaría en la línea, ya que avanzaríamos así, en línea recta, uno detrás del otro; él iba al principio de esa figura que formamos, iba agitando una sonaja. En un terreno donde había muchas piedras, nos pidió que tomáramos una y anunció que haríamos algo con ella al llegar arriba, ese “arriba” me decidió a tomar una no demasiado pequeña, por si necesitaba fuerza para llegar, ella me ayudaría.

        Nos detuvimos en un sitio desde el que podían verse, a distancias distintas algunas montañas. Ahí solicitó que nos quedáramos en silencio mirando a alguna de esas montañas, pues una vieja tradición refiere que si miras profundamente algo llegas a formar parte de ese algo, y si acaso tuviésemos alguna pregunta ella sería contestada de alguna forma.

Después de un rato en disfrutamos un viento suave que llenaba nuestros pulmones y movía la vegetación dándonos paz, lo cual escribo pero no es igual a haberlo experimentado. Nos pidió que describiéramos la piedra que habíamos elegido. En ese momento me di cuenta de que la mía tenía el tamaño justo de mi mano, era negra y brillante, filosa en algunas de sus partes y dije, sin temor a que sonara extraño, que creí me daría fuerza por si me hiciera falta para el camino. Una vez que todos nos contaron cosas sobre sus piedras, él dijo que eso que pensamos sobre la piedra es lo que pensamos sobre nosotros mismos. La miro hoy aquí en mi casa, oscura y contundente y no puedo sino sentirme afortunada de tener su forma oscura y elegante que se deja abrazar por los dedos de mis manos.

      Avanzamos otro trecho y encontramos una escalera apenas insinuada en el camino, hecha con ramas y tierra, entonces llegamos ante un roble rodeado de hojas secas, nos sentamos a su alrededor, bajo su sombra, compartimos alimentos que mi amigo y todos sus amigos, gracias a quienes yo estaba ahí, dispusieron para la ocasión.

      Hablamos una vez más sobre el bosque y de nuestra necesidad de belleza que hasta entonces no habíamos reconocido, sino en esos momentos en que cada una de las flores que miramos, cada uno de los árboles, vivos y muertos que nos fue dado ver y tocar, cada una de las plantas que contemplamos y sus olores que perfumaban nuestras manos si las tocábamos, nos hacían parte de esa armonía que también era el viento y la sombra de los árboles, y cómo es que estar en ese momento bajo la sombra del roble nos hacía reconocernos en la humildad de ser otra cosa viva entre cosas vivas.

      Supe entonces qué es la Primavera.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Días así / 06


 Foto: Nacho Guerrero / 1992

Días así / 06

 

Por Mario Lugo

 

6.     Dinero en el bolsillo

 

Hoy recordé a personas que he conocido, cuando alguna vez les pregunté acerca de si les gustaba el dinero, me respondieron siempre: sí, sí me gusta; otros respondieron me encanta, algún otro en tono festivo respondió diciendo: dámelo ya, pronto. O bien, preguntaron ¿De cuánto estamos hablando? Quizá un extraterrestre me dijo: pues no mucho. Supongo hay muchísimas maneras de ver y entender el dinero. Como hasta hoy en mi vejez (ya no cuento los años) lo asocio siempre con la impresión que me daba cuando era niño, el dinero tradicional, por nombrarle de algún modo, en forma de billetes y monedas. Aunque fue ese tiempo cuando menos acceso tenía a él. No había centavos, diría mi abuelita.

Quizá por ello el dinero nunca trajo a mi atención la idea que tiene asociada a la riqueza, idea tan clara para muchas otras personas. Tuve y tengo con el dinero la idílica y típica asociación que tienen todavía muchos niños y los asalariados: billetes y monedas. Esos bellos objetos. Esas lindas cosas que con el transcurso de los años son remplazadas por ediciones nuevas. Mucho de ese dinero, monedas y billetes, se pueden ver en venta en los bazares de segunda mano; las monedas ya oxidadas y los billetes ambos con las imágenes desgastadas por el uso y el paso del tiempo. El encanto ya ausente en ellos trae a la memoria tiempos felices e irrecuperables.  Tiempos en que el placer de tenerlos en las manos o regalándome el dulce tintineo en los bolsillos me traía una efímera felicidad. El anuncio de una extraña idea de riqueza y felicidad que ahora creo entender con mayor claridad. Era y es la evidencia de que había alguien en ese mundillo mío que me apreciaba y me aprecia, que me quería o le gustaba mi trabajo. Es decir, me premiaban haciéndome sentir querido a través de unos cuantos billetes o monedas, no necesitaban ser muchos.

Sin embargo, el dinero nunca me hizo sentir superior o más poderoso, era esa sensación formidable, que aun a mi avanzada edad disfruto, de tener en mis manos o en mis bolsillos esas piezas formidables. Se bien que muchas veces vienen acompañadas de desgracias o muerte para muchos.

Ahora que se ha visto mermada en mucho mi capacidad para ganar o recibir dinero ha vuelto mi apreciación por esos objetos. Sin duda el trabajo de fabricar monedas y billetes, o diseñarlos, es un trabajo artístico. Para mí, sin importar la cantidad, parecen ser suficientes para darme la impresión de que esa furtiva sensación de felicidad es posible para todos. Una vez que durante la niñez descubres ese valor mágico del dinero, no te abandona jamás.

Hay que decirlo limpiamente, los días más gratos de mis más de cuarenta y cinco años de asalariado era ese bonito día de la semana o la quincena en que me entregaban mi sueldo o ya en los últimos años, cuando verificaba en el cajero automático los nuevos numeritos en el día de pago. En este mi tiempo de pensionado se renueva ese mismo gusto de mi niñez los días primero de cada mes. O cuando sin motivo alguno mis hijos me entregan esos objetos mágicos omnipresentes en una parte del mundo.

 


Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.

martes, 27 de octubre de 2026

Escorpio

 

Escorpio


Por Karly S. Aguirre

 

Escorpio

Fecha: 23 de octubre - 21 de noviembre
Elemento: Agua
Planeta regente: Plutón y Marte
Piedra: Ónix
Día: Martes
Etapa: La madurez temprana (de los 24 a los 29 años), cuando se profundiza en la comprensión de uno mismo, se enfrentan las sombras internas y se consolidan transformaciones significativas.
Arcano: La Muerte

 

Escorpio es el octavo signo del zodiaco y el tercero del elemento agua. Si Cáncer siente y protege, y Piscis sueña y se entrega, Escorpio profundiza, transforma y renace. Es la energía que no teme adentrarse en la sombra, que comprende que el poder personal y la regeneración surgen de enfrentar lo oculto y lo profundo. Regido por Plutón, planeta de transformación y renacimiento, Escorpio busca la verdad detrás de las apariencias y se mueve entre intensidad emocional y poder interior.

Su temporada inicia cuando el otoño avanza hacia su plenitud, y la naturaleza se prepara para morir y renacer. Escorpio simboliza esa fuerza de transformación: la capacidad de dejar atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Así como la tierra se desprende de lo superficial para conservar la esencia, Escorpio nos enseña a ir más allá de lo evidente y a descubrir la esencia de las cosas y de las personas.

Como signo fijo de agua, Escorpio tiene constancia y profundidad. Su fuerza no es la que se muestra de inmediato, sino la que trabaja silenciosa en las emociones, la mente y la voluntad. Escorpio observa, siente y luego actúa con precisión. Sabe que la verdadera transformación requiere paciencia y resistencia, y que el poder sin conciencia es destructivo.

Regido por Plutón, Escorpio posee un magnetismo natural y una capacidad única para regenerarse y transformar su entorno. Donde otros ven miedo o límite, Escorpio descubre oportunidades de crecimiento y evolución. Así como el agua profunda oculta corrientes poderosas, Escorpio guarda reservas de fuerza emocional que emergen cuando la vida lo exige.

La etapa vital que representa Escorpio es la madurez temprana, un periodo de introspección, de enfrentar miedos y de decidir conscientemente sobre los propios recursos internos y relaciones. Es la edad de los compromisos profundos, de las decisiones que implican responsabilidad emocional y de los cambios que marcan un antes y un después.

Aunque Escorpio puede ser percibido como intenso o reservado, su intensidad proviene de una necesidad profunda de autenticidad. Sus vínculos no son superficiales: busca la conexión verdadera, la que transforma y enriquece. Escorpio es el amigo que acompaña en la crisis, la pareja que conoce la profundidad del alma, el mentor que guía hacia la transformación.

Escorpio nos enseña que la vida es un ciclo de muerte y renacimiento, que la profundidad emocional es fuerza y no debilidad, y que la verdadera transformación surge cuando enfrentamos nuestras sombras y emergemos más completos, auténticos y conscientes.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. En agosto 2025 se graduó de la licenciatura en letras españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

lunes, 26 de octubre de 2026

Días así / 05


 

Días así / 05

 

Por Mario Lugo

 

5.  Escribir

 

Escribimos para dejar en claro nuestros impulsos o sentimientos más elementales. Nos mueve el mismo impulso que tienen los bebes para mover, sin aparente causa, sus manos o sus pies. Algo ocurre en sus cerebros apenas nacen al mundo exterior. Aun habiendo satisfecho sus necesidades primarias, ese algo los impulsa a trazar movimientos a veces bruscos y a veces serenos en el aire, o sobre el pecho materno mientras se amamantan; o mientras transcurren sus pequeñas soledades. Escriben, o quizá pintan, o esculpen, o dibujan; o hacen giros como quien dirige una orquesta. Crecemos y ese impulso que deja constancia de nuestra breve vida continúa.

Con relación a esa misma pregunta Jules Renard anotó una frase para mi inolvidable: “Escribo no para ganar dinero. No para ser celebre; sino porque no estoy tranquilo”

Para mí no hay reflexión que responda de manera exhaustiva y plena a la pregunta: ¿Por qué escribimos? Lo anotado arriba apenas revolotea sobre esa flor misteriosa como un colibrí nervioso. Habrá que ver atentamente a ese colibrí, el de cada cual, y esperar que nos diga algo más.

 


Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.

sábado, 24 de octubre de 2026

Alberto Carlos, su obra magnética

 

Foto: JChM / 1994

Alberto Carlos, su obra magnética

 

Por Martha Estela Torres Torres

 

 

Alberto. Creador sensible, epigramista perspicaz, escritor agudo, maestro eficiente, cívico comprometido, gastrónomo experimentado, artista talentoso, amante esposo, orgulloso padre, hombre culto y magnífico amigo.

‒Mario Arras Rodríguez.

           

 


Alberto Carlos fue un artista cuya vocación está fielmente testimoniada en sus obras. Como buen dibujante, aprovechó su destreza para aplicarla a la pintura; con pulso acertado supo dotar de reflejos a sus lienzos y vivacidad a sus personajes.

Por fortuna presencié su última exposición en el Museo de Arte Contemporáneo en 1999. Nos presentó el arquitecto Mario Arras, quien era fundador y coordinador del museo. Al conocerlo descubrí a un hombre sencillo y gentil. Después del protocolo inaugural, se dedicó con paciencia a explicarnos los detalles más significativos de sus obras, respondiendo a interrogantes de varios alumnos. Fue entonces que pude apreciar la dimensión de su talento en el silencio de sus personajes, en la expresividad de rostros enigmáticos y miradas de ensueño, sobre todo en la poderosa serie Luz y magia. Ahí me pareció más claro el estilo en esas figuras estilizadas que cruzan la verticalidad de la fantasía. Así mismo la simbología y el acabado texturizado de sus amates, pues sus creaciones contienen una inagotable fuerza magnética que provoca impactos psicológicos y emocionales.

En relación a esto, en la casa museo del arquitecto Arras sobresalía en su colección particular un bello óleo del maestro Carlos titulado Caballo azul, cuadro de gran formato cargado de expresión y color, muy distinto a la pintura Caballos conocido como Los cuatro jinetes del Apocalipsis, del cual se decía que eran: “Las cuatro vigorosas bestias que en la escena relinchan envueltos en un aura infernal”,  obra que posteriormente fue parte de la exposición El Camino de la Plata en 2005. Precisamente el arquitecto Arras, promotor de cultura y coordinador del Taller Pablo Ochoa nos comentaba a sus alumnos sobre los artistas más sobresalientes en Chihuahua y mencionaba especialmente a Alberto Carlos, su entrañable amigo.

Haciendo mención a esto, retomo una entrevista realizada por Ichicult en 2007 donde él comenta sobre el maestro zacatecano: “Un

experimentador incansable, practicó todos los recursos plásticos, desde el tradicional óleo hasta la aplicación de las más variadas técnicas mixtas; compulsión que desahogó siempre en un estado de alegre optimismo y desenfado artístico. En sus amates ejerció con maestría su facultad de dibujante, aprovechando las texturas y tramas caprichosas de este material que le proporcionan insinuantes efectos a sus dibujos”.

Producto de su perseverante búsqueda en diversas facetas estéticas, especialmente en pintura, plasmó variedad de cuadros con personajes místicos, alquímicos y fantásticos como El Brujo, Hacedor de cometas, Mago del tiempo, entre otros que conservan rasgos atractivos y cautivantes como el primero cuadro que referí y me impactó tanto, porque el personaje porta una máscara espejo. La luminosidad del azogue reproduce el rostro de quien lo mira, adquiriendo mágicamente otra apariencia, otro semblante, otra identidad. Vestido a la usanza medieval con ropaje alado, doble cuello, amplias solapas y capucha siniestra concentra la energía del espejo que conserva empuñadura de plata. En una de sus huesudas manos sostiene la copa estilizada que bien pudiera contener el elíxir de la creación.

Esta pintura resulta, como algunas otras, atemporal, y se pueden  considerar adelantadas a su tiempo, ya que simboliza mucho más ahora que cuando se llevaron a cabo, pues en la actualidad se engrandece aún más al narcisista que deviene como contra cultura del hombre ecuánime, formal y sencillo. Alberto Carlos implanta en este personaje la mirada hacia sí mismo donde prevalece la admiración e idolatría vanidosa y autocomplaciente.

Este actante egocéntrico de diversas formas nos remite consciente o inconscientemente a ambientes de la sociedad actual y este efecto bien pudiera resultar educativo porque nos hace pensar, nos obliga a reflexionar, y aunque el arte no tiene un fin didáctico, toda obra, sea de mediana o excelente calidad, trasmite un mensaje que puede ser positivo o negativo de acuerdo a la personalidad, preparación e incluso experiencias del espectador.

Para continuar con la línea descriptiva de personajes, encuentro de gran interés la serie luminosa de Quijotes donde evoca al referido personaje de Miguel de Cervantes, y la gama del tema en rostros diversificados cuyas versiones poseen rasgos, colores y escenografías distintas. En esta colección sobresalen los siguientes cuadros: el rostro en llamas con la agudeza alcalina de su mirada, el soldado con peces, conejos y aves muertas a sus pies que detona varias interpretaciones. Igualmente el cuadro del Quijote herido quien después de la batalla supera el calvario con la armadura puesta. Así mismo el pensador recordando adversidades, luchas y obstinación para seguir cabalgando, avante en la vida. 

Estudiar o analizar el trabajo de un creador nos hacer pensar en las circunstancias adversas o fortuitas en su trayecto que pueden llegar a colocar al artista en momento preciso y posición oportuna para que se valore su obra, constituida con esfuerzo y perseverancia como el caso de Alberto Carlos cuya obra se consolidó durante su existencia al recibir la atención de importantes catalizadores del arte, apoyo de instituciones culturales y académicas. Esto no es ninguna sorpresa, pues como decía Arras: “Alberto Carlos junto con Piña Mora y Benito Nogueira son los artistas pioneros del arte visual contemporáneo, pues develaron nuevos horizontes y novedosas manifestaciones pictóricas.” En efecto, Alberto Carlos siendo un pintor dinámico, no se conformó con serlo sino se mantuvo en el vértice de una constante búsqueda para presentar también propuestas en creatividad interdisciplinaria, enfocándose a la docencia para impulsar a sus alumnos en el arte creativo, y por fortuna para Chihuahua, el maestro adoptivo de esta tierra nos ha heredado su vasta obra que atinadamente alcanzó madurez y equilibrio en su mejor momento disponiendo los elementos relevantes con orden y simetría. Resaltando la configuración de paisajes, diversos personajes y escenas desde la panorámica indígena hasta la confabulación fantasmagórica con el respectivo peso visual y complejidad. En algunos de sus cuadros existe un mayor grado de dificultad por la simbología y elementos singulares por lo tanto exige más análisis para apreciarlos en plena dimensión.

Claro que la experiencia visual requiere penetrante observación advocando de esta manera estímulos luminosos y perceptivos para distinguir la capacidad del artista, quien dimensiona de manera asombrosa los acontecimientos triviales o trágicos de la realidad, la intensidad ingeniosa producida de la preparación y la experiencia.

De acuerdo a las bifurcaciones del arte usaré la interrogante retórica que a veces no tiene respuesta, pero nos interpela a reflexionar sobre el autor y su obra. ¿Cómo es posible lograr mayor proyección después de la muerte? Este fenómeno sociológico en la producción artística sucede porque reúne varios aspectos y circunstancias para resaltar rasgos y cualidades vitales, dimensionando así la obra cuando se ve, se analiza y se considera en forma global en el veloz distanciamiento que produce el tiempo, y se puede calcular mejor el impacto que produce en la cultura y el arte, sin embargo las obras por más valor intrínseco que puedan tener, sin el reconocimiento de expertos o instituciones apropiadas oportunas, corren el riesgo de quedarse en el olvido o en la oscuridad de espacios.

Afortunadamente la producción del maestro Carlos fue respaldada por la Universidad autónoma de Chihuahua, el Instituto Chihuahuense de la Cultura, la Escuela de Bellas Artes y algunos coleccionistas particulares que a tiempo valoraron su quehacer creativo, advirtiendo la destreza que poseía para plasmar lo mejor de sí mismo, la pasión por su oficio y el entusiasmo por vivir. Ojalá conservemos intactas sus obras y difundamos su respetable nombre y legado para nuestras descendencias.

Tenemos la certeza que sigue entre nosotros su espíritu emprendedor y creativo, porque al contemplar su obra lo encontramos mimetizado en cada línea, en cada figura, en cada luz magnética.

Este artista vive ahora en sus obras, en óleos, murales y dibujos extraordinarios. Variedad de pinturas sobre el paisaje querido de Chihuahua, sus hombres de campo y de la sierra, sobre quienes se refirió con tanto cariño: “Me cautiva la reciedumbre del paisaje chihuahuense: las llanuras libérrimas y sus dorados pastizales; sus lomeríos y sus cerros con individualidades cromáticas; sus barrancas y sus montañas prodigiosas. Vivo intensamente nuestro paisaje y pinto su carácter”.

 


Martha Estela Torres Torres es licenciada en letras españolas con maestría en Humanidades por la Universidad Autónoma de Chihuahua y editora en el Departamento Editorial UACH desde 2007 a la fecha. Ha publicado los libros Hojas de Magnolia, Arrecifes de sal, Exilio de sombras, El clamor del tiempo, La cólera del aire, Calidoscopio, Prosas de fuego, Pasión literaria, La ciudad de los siete puentes, Cinco damas y un alfil, La revelación del agua, Árboles en mi memoria, Tiene el amor feroces galgos morados, El clamor del tiempo, Vigésimo quinto aniversario Taller Pablo Ochoay Seis lustros de letras. Su obra aparece en las antologías Personajes notables de Parral, Alforja 2002. Agua lluvia de letras, Crisálida, Relatos breves de Creatividad Internacional 2020, Perros y gatos, entre otras.

viernes, 23 de octubre de 2026

Días así / 04

 

Foto: JChM / 1994

Días así / 04

 

Por Mario Lugo

 

4.     Un fantasma en la presentación de Jazmín

 

Hace unos días publicó una invitación Miguel Ángel Chávez Díaz de León en Facebook para la presentación del libro Mudanza de Jazmín. El día y hora de presentación eran 03 de septiembre a la siete de la tarde, apenas ayer. La invitación mostraba la foto de la autora del libro, escrito en coautoría con Jesús Chávez Marín. Me extrañó un poco no haber recibido la invitación directamente por teléfono o por Whatsup. Tomé foto de la invitación y la conservé en mi archivo telefónico como información de referencia en caso de duda.

Diez minutos antes de las siete estaba yo ingresando al área de estacionamiento. A mi pregunta sobre el evento, el guardia de seguridad contestó que no sabía de ninguna presentación, y además acababa de iniciar turno; sin embargo, me dio instrucciones precisas sobre el área de estacionamiento y me dirigió a la recepción. El lugar en general estaba vacío. Abordé a una señorita que se disponía a retirarse. Parecía estar informada sobre las actividades del lugar y me hizo saber con extrañeza que no sabía de ninguna presentación programada. Preguntó si contaba con la invitación, respondí que sí y le mostré la foto tomada de Facebook. Vio rápidamente la fecha y me hizo saber que el día y la hora sí eran correctos, pero que se había llevado a cabo en 2016. ¿Entonces estoy diez años tarde? Ella no pudo evitar reír bastante divertida y un tanto compasiva ante mi sorpresa. Trató de darme una explicación:

―En algunas ocasiones dejan programados los eventos.

―No se preocupe ―le dije con cierta perplejidad. Le agradecí su apoyo y abandoné el lugar.

Por un momento pensé que soñaba, o que era yo un fantasma confundido. Pensé mientras me dirigía a mi casa que la fantasía aparece cuando menos esperas.

 


Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.