jueves, 30 de julio de 2026

Elías Nandino

 

Todas las noches, a la misma hora

Por Elías Nandino

Todas las noches, a la misma hora,
una paloma de penumbra blanca
llega volando a transformarse en sueño
para dormirnos en sereno idilio.

¡Qué secretos tan hondos afloramos
en ese no decir que dice todo,
mientras la sombra con su tacto vivo
aprieta el nudo que los dos hacemos.

Yo me pregunto, cuando ya despierto
miro mi lecho: ¿vino algún lucero?,
hay huellas luminosas en las sábanas
y olor a firmamento entre paredes.

Se adivina una fúnebre codicia…
¿Quién es y por qué viene a estar conmigo?
Yo no sé qué será lo que buscamos
con las nocturnas citas incorpóreas.

Explicarme pretendo su presencia,
su roce casto, inmaterial, vacío
como de fuego fatuo que inquemante
en lo oscuro me alumbra compañía.

Por lo que intuyo en soledad, yo creo
que algo me deja y a la vez se lleva
con su ternura alcanforada y fría:
intercambio de apego enamorado.

En cuanto empieza a madurar la noche
busco el regazo de mi lecho cómplice,
cierro los ojos para ver más claro
y espero hundido en mi zozobra ciega.

Todas las noches, a la misma hora,
excito mi esperanza y me desnudo
para agudizar que llegue lo invisible:
el ave errante del letargo cósmico
que borra el mundo y nos volvemos sueño.

Cuando ya no la espere, o que no venga,
me hallaran en mi cama solo y solo,
con los ojos abiertos, sin mirada;
quieto con la quietud enmudecida
del cadáver que ya no busca nada,
o que al fin encontró lo que esperaba.



Elías Nandino, (1900 - 1993). Poeta. Estudió medicina en la Escuela Nacional de Medicina. Fue editor y director de Estaciones, Cuadernos de Bellas Artes, Allis Vivere, México Nuevo y Campo Abierto. Perteneció al grupo de Los Contemporáneos.

martes, 28 de julio de 2026

Dedicatoria

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Dedicatoria

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

A ti

Desierto de Chihuahua,

mar antiguo de silencios y horizontes infinitos.

 

A tus amaneceres de cobre

y tus noches sembradas de estrellas;

a tus vientos que cuentan historias viejas

entre mezquites, lechuguillas y ocotillos.

 

A tus criaturas pequeñas y valientes,

que sobreviven donde otros no podrían;

a tus piedras, tus salinas, tus cuevas,

y a los pasos invisibles de quienes te habitaron antes.

 

Este pequeño poema nace de tu polvo,

de tu misterio

y de la admiración profunda

que despiertas en quienes aprenden a mirarte despacio.

 

Porque el desierto no está vacío:

late, respira, canta y recuerda.

 

Con respeto, asombro y cariño,

para el eterno y majestuoso

Desierto de Chihuahua.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

lunes, 27 de julio de 2026

Alicia a través del mar


 

Alicia a través del mar

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

La aurora de rosáceos dedos acarició la hierba y entró a hurtadillas por la ventana. Alicia terminaba su último sueño. Los conejos saltaban de la madriguera. Alicia corría a la orilla de la playa tratando de que el oleaje no rozara sus tersas piernas. El mar brillaba con iridiscencias de coral. La espuma estallaba en las rocas. Alicia contemplaba la inmensidad del océano, sus ojos se posaban en el horizonte, a la distancia del tiempo observaba su vida a través del espejo. Ahora el mar la cubría de recuerdos.

En la noche de invierno las imágenes se dibujaban en la frágil imaginación de Alicia, la figura de su padre, alta, fina, nariz aguileña, anteojos redondos, ojos aceitunados, cabello rizado, labios delgados, palabras que brotan de un manantial cristalino, a veces fangoso. Su madre, delgada, blanca, cabello negro, ojos de roble, nariz recta, labios cereza, carnosos, sonrisa resplandeciente en medio de la tormenta. Frágil y hermoso cervatillo en el claro de una foresta. Caminaron por senderos distintos, en noches de oscura tempestad, su madre fue al bosque, su padre a la montaña. En la memoria de Alicia permanecía fresco el recuerdo de soleados días, de tardes de helados, pinturas, rostros, jardines, batallas, mendigos, prostitutas, reyes y princesas, tardes de sonrisas y adioses.

La ausencia impregnada en cada rincón de su piel, en eterna espera. Cerrar y abrir los ojos, correr, reír, beber y llorar, comer, estudiar. En el sueño Alicia sentía los simples placeres de la vida, un padre que la sostuviera con ternura, que le tomara la mano, que juntos rompieran olas, buscaran perlas, caracolas, conchas y estrellas. No eran necesarios los castillos, Alicia los forjaba y destruía en la arena, en su vida, en el sueño.

 


Victoria Montemayor Galicia es doctora en educación, artes y humanidades; maestra en humanidades por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Egresada de la carrera de lengua y literatura modernas letras italianas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha participado en congresos nacionales e internacionales de poesía de los Siglos de Oro, Renacimiento, Barroco, literatura europea, mexicana e hispanoamericana, mito crítica, hermenéutica y tradición clásica. Autora del libro Petrarca y la poesía del Renacimiento, publicado por la UACH. Coordinadora de las licenciaturas en letras españolas y letras hispanoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras, y maestra de lengua italiana en el Centro de Idiomas de la UACH.

domingo, 26 de julio de 2026

Partisano

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Partisano

 

Por Gabriela Borunda

 

I

El mal no se ve

no huele nada 

Ocurre a tres calles de tu casa         

y no te enteras

Le pasa solo al que anda

en malos pasos 

El mal no tiene sabor

y anda con silencio 

 

El bosque sigue ardiendo 

Nosotros, los condenados

(en los libros de historia nos dirán genéricamente: los traidores) 

somos los cobardes los usureros 

los que amasamos el pan

cortarnos los vestidos 

y encendemos los hornos cada mañana

Estamos aquí en medio del bosque ardiente 

nos abrazamos

para recordar

un último gesto de amor 

 

II

Las canciones son para el guerrillero 

no para el que recibe las balas

los versos cantan a la revolución 

jamás al quien carga los heridos 

los versos son para el viejo guerrillero 

que nunca se mojó bajo la lluvia de balas

Nos cuenta sus victorias arrellanado en su sillón

la cámara oye su historia     

de tormentos y días infinitos


III

Nosotros compramos kilómetros de seda

para hacer las flores que otros lucían en el pecho 

solo teníamos seda y máquinas de coser

No teníamos armas

solo nuestra fe para trabajar 

para abrazarnos en la desgracia 


Mientras el bosque el mar el jaguar las palomas 

todo se quemaba

 

IV

De la gente como nosotros no se habla 

mucho menos se habla bien 

En mi diario escondo un doble fondo

ahí están las matrículas de los autos que siempre me siguen 

 

Te acuerdas de quiénes éramos 

de cómo éramos 

de mezclilla y huaraches

desafiando al poder

soñando con todo

con diferencias con libertad 


Quién iba decir que fuimos los aliados de nuestro sepulturero


Recuerdas que alguna vez desafiamos a la oscuridad 


Fuimos muy ingenuos

no vimos que los monstruos reales

eran más temibles que los de nuestras pesadillas 

Lloro grito

me desespero en vano

V

Nunca empuñaremos las armas 

nadie nos entrenó en Corea

aún hoy rodeados por el fuego

seguimos amando 

Tú esperas que mi último grito de dolor

clame tu nombre

quieres que te pregunte:

Caín qué has hecho con tu hermano 

Pero no sucederá 

Tu hermano entra cada mañana al bosque 

y sus ojos brillan con el recuerdo de su amada


Tu madre está muerta 

y a ti te recordaremos como

ninguno primo de nadie 

ninguno primo de nadie

ninguno primo de nadie

ninguno ninguno ninguno ninguno ninguno ninguno 


VI

Se que moriré 

pero al menos será en los brazos del hombre que amo

y nadie recordará tu gloria guerrillera

porque no dejaste a nadie vivo para recordarte 


VII

En todo pacto hay una / excepción

un error fatal

Cuídate de disparar sobre / los más tiernos 

los más puros 

los que podrían destruirte

Entonces saldremos del bosque 

con nuestros cuerpos en llamas

a quemar ese mundo sin tribunales ni escuelas ni libros ni poetas 

Recuerda guerrillero 

tu nombre es nadie primo de ninguno 

y no eres inmortal

 


Gabriela Borunda ha publicado en la Colección Flor de Arena, en las revistas Solar, Tierra Adentro, en la Editorial de la UNAM y en un proyecto binacional apoyado por la Fundación Ford para América Latina. Textos suyos han aparecido en periódicos locales y nacionales. Recibió el Premio Chihuahua, El Premio Nacional de Arte Joven, El Premio Sonora. Fundo el proyecto Farito Editores y trabajo más de 25 años con jóvenes vulnerables.

Hola, escribo para seguir viviendo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Hola, escribo para seguir viviendo

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

La enfermedad: Depresión. Que más.

Se siente en el alma, la mente y el espíritu. Se dice así, pero nadie la ha podido descifrar. ¿Se sitúa en el Sistema Nervioso? Situación corporal en general. Quién puede anotar algo más.

Ella la padeció durante nueve eternos meses. No comía. No dormía. No pensaba. No existía. Solo lloraba. A veces gritaba pidiéndole al Altísimo que se la llevara con su amor.

Quienes han padecido esto por largos periodos de tiempo y han podido salir de ese terrible estupor, envueltos en las sombras taciturnos y sin voz, pueden atestiguarlo. Quienes la han padecido y han salido de ella, Gloria a Dios.

Pueden ella y otros dar su punto de vista, la manera en que se enfrenta ese dolor, ese terrible estado anímico. Nadie saldrá solo. Dios, el hacedor de todo bien, es quien pone Ángeles en tu vida.

Tendrás que recurrir a especialistas, terapeutas, psicólogos, psiquiatras, tanatólogos, y no sin antes recurrir al médico de todos: Dios mismo. Él es el único sanador del alma. Sacerdotes especializados en temas escabrosos y complejos del ser humano coinciden en algo trascendental: el alma enferma cuando un suceso tremendo cambia la perspectiva de existir.

Los factores que intervienen directamente en este mal como anomalía, deficiencia, padecimiento, estado mental, estado anímico o patología sistémica.

En este lapso de tiempo no se piensa. No accionas ni reaccionas ni respondes, pues estás privado de toda conexión con la realidad, entorno,  familia, situación anímica, como si no existieras para nada ni nadie.

El dolor no te deja accionar, solo lloras, no hay tiempo, ni hambre ni sed. Permaneces en shock, no sales del estupor solo interrumpido, si acaso, por ir al baño, y al entrar, no sabes ni a qué ni porque vas.

Ella recuerda hoy. Cuando ya se le acabaron hasta las lágrimas ya no podía llorar de tanto dolor, el pesar había nublado la razón, el mundo seguía girando a velocidad vertiginosa sin ni siquiera percatarse que sucedía en su entorno, si era espectadora o simple protagonista, no había ninguna diferencia.

Las demás personas actuaban con una desenfrenada obstinación por moverla, sacarla de ese estado catatónico en el que ella deseaba estar y que la dejaran en paz, solo quería dormir y gritar pidiéndole al Altísimo que la llevara a dónde había quedado el amor de su vida que había partido hacia Él.

El mundo se fracturó en mil pedazos sin que nadie pensara en volver a formar ese rompecabezas que formaban su vida y su entorno, simplemente no había nada.

Pasaron los meses sin que nadie asomara por un rato a su mundo interior, ni preguntara que si necesitaba algo, simplemente no lo hubo.

Ella lo presintió dos días antes de su muerte y en el funeral vio totalmente el panorama.

Dios le concedió sin excusa ni pretexto alguno poco a poco renacer y encarar la vida ya sin su principal motor, sin un motivo en especial, ya no existía.

Hoy puede ella contar, bendiciendo a Dios, a sus amigas que la llevaron al Taller de Duelos de la Divina Providencia y a escribir, todo lo que la mente le obligaba para honrar la memoria y recuerdo de su esposo. Ella hoy tiene recuerdos desde el siguiente día en su funeral y cada hora siguiente,  contando la historia y la vida en común.

Gracias, Sylvia Ortega Duarte. Gracias, doctora Laura Guadalupe Amador Guzmán. Sé que hoy gozan del Señor y que ahí lo han visto, descansen en paz.

Ella agradecerá por lo que le queda de vida los favores recibidos.

 


Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado
Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y trascendencia.

No los puedo hallar


No los puedo hallar

 

Por Carlos Gallegos

 

Ya no estás ahí

Imprenta Cumbre

que fuiste efímera y eterna

Ya no está ahí

María Severa

mi amiga

mi condiscípula

de la Prepa 20/30

que con sus dedos de seda

forraba

mis cuadernos

Ya tampoco veo al profesor

Pedro Trejo

al profe Tito

al profe Arvizu

a la maestra Casas

Ya no veo al profesor Darío Payán

ni a la profesora

Gloria Arellano de Cervantes

ni a Moisés Pérez

ni a Fernando Baeza

ni a Macario Guillén

que era al primero

que veía

Ya no veo al ingeniero Aragón

ni al profe Lerma

que viene desde

Meoqui

ni al Loco Vázquez

botando su balón

no veo

a nadie

nada más al conserje

solitario

sentado en su

silla de mimbre

viejo

que acaricia

con su mano ciega

el lomo de su

perro amarillo

que duerme

hechado

ante sus pies

no veo a nadie

por más que paso y paso

por aquel enorme

por aquel pequeño edificio

de la salida

a Saucillo

que fue la prepa

mi prepa

nuestra prepa

Ya se han ido todos

se fueron Luis Mario Dena

Javier Hernández

Jaime Flores

Julio Delgado

Piteco Sevilla

Pepe Parra

también Pepe Kiko Paredes

Luis Alemán

Amada Cadena

se fue el sueño febril de aquellos ojos azules

la mirada amable de Beba Bejarano

de Berthita González Ortega

la sonrisa blanca

de Susy Hernández

se fueron todos

no sé a dónde

se habrán ido

hoy otra vez pasaré por ahí

a buscarlos

a decirles

que se apuren

porque falta un minuto

para que se escuche

el timbre de la entrada

y si no llegan nos van a

poner falta

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias. 

Para los de fuera invitaciones, para los de acá indiferencia

 

Para los de fuera invitaciones, para los de acá indiferencia

 

Por Pablov Guerrero

 

Hoy escribo acerca de la cartelera de invitados a la Feria del Libro de Chihuahua capital. Reviso los criterios indefinidos para elegir a esos participantes, dejando totalmente de lado a los autores de Chihuahua. Invitan autores mediocres de la ciudad de México e ignoran a gente valiosa, como estos y estas que aquí menciono:

Jessica Anaíd Hernández, Premio Nacional de Cuento Gabriel Borunda 2022 en su 25 edición.

Victoria Rangel, Premio de Poesía Alma Rosa Estrada 2022.

Tampoco hubo invitación para María Dolores Guadarrama, poeta de rango internacional con reconocimientos en más de diez países.

Viendo que también invitaron a un autor de ciencia, aquí también radica la astrofísica Leticia Corral que con el modelo de su teoría matemática corrigió la hipótesis de Stephen Hawking de la Caja de Espacio en la cual no tomó en cuenta la asimetría al definir el tiempo. Autora de Poesía al Universo y de Un Presente para un Pretérito de Relatividad General, recién acaba de publicar otro título.

Otro más: Raúl Manriquez con su libro Días de Septiembre.

José Luis Dominguez, autor de multitud de libros.

Otro autor olvidado es José Alberto Diaz, ganador del Premio Nacional de Cuento Corto José Revueltas.

Y qué decir de la falta de invitación del poeta Gerardo Robles, ganador del premio Estatal de Literatura Joven Rogelio Treviño.

Y José Juan Aboytia, de Ciudad Juárez, ganador del Premio Chihuahua de Literatura con su novela Paraíso difícil de roer.

En cambio se están reciclando presentaciones de libros, libros que ya se han presentado muchas veces e ignorando los libros nuevos de autores que ni siquiera los hicieron en el mundo, quedaron olvidados como si no importaran.

Ninguno fue invitado.

Quiero suponer que es porque se encuentran en los confines más recónditos e inaccesibles del estado, Ciudad Cuauhtémoc.

Pero si trajeron unos desde Tombuctú y desde las Islas Mauricio.

Y me pregunto, si aquí hay una pléyade de talentos, ¿cuántos no habrá en Ciudad Juárez y en otras ciudades, donde también fueron ignorados?