viernes, 27 de mayo de 2022

Nota para lectores y autores de Estilo Mápula


 

Nota para lectores y autores de Estilo Mápula


El domingo 10 de agosto de 2014, Javier Chávez Bejarano y yo, Jesús Chávez Marín, iniciamos la publicación de la revista blog Estilo Mápula, con poemas, fotos y relatos de una vasta cantidad de autores. Es una revista de literatura que se produce en la ciudad de Chihuahua. Hemos publicado 1793 artículos de gran valor literario y visual. Nuestra revista esta hospedada en el enlace https://estilomapula.blogspot.com/

Al día de hoy, nuestras estadísticas registran 166,119 visitas, que es un buen volumen para un sitio de literatura. A partir de hoy, jueves 19 de mayo de 2022, continuaremos nuestra revista literaria en esta página web. También a partir de hoy se integra a nuestra mesa de redacción el licenciado en ciencias de la comunicación Omar E. Chávez.

Con este cambio queremos aumentar nuestro número de lectores y conservar los que ya tenemos, que son una concurrencia selecta y numerosa.

 

Seguiremos en este sitio con otro tipo de publicaciones, pero a partir de hoy podrán hallarnos también en este link:

https://ardidez.com/

jueves, 26 de mayo de 2022

lector de Kalimán. Juan Marcelino Ruiz

 

Foto Juan Marcelino Ruiz

los martes

lector de Kalimán

 

 

Por Juan Marcelino Ruiz

 

 

Yo no trabajé cuando era niño

como lo hicieran otros de mi barrio;

nunca vendí chicles o burritos

en la puerta ajetreada de los bares,

ni lustré calzado en las bancas de la plaza;

tampoco pedí monedas al turista

que traspasaba gozoso la frontera

en busca de alcohol y prostitutas.


No, cuando era niño

yo preferí quedarme sin comer,

con todo y mi condición tercermundista,

abrazado a un gato como único consuelo

masticando las ácidas vainas del mezquite;

leyendo a Kalimán

para aprender a dominar el hambre

por si después pudiera hacerme falta.

No sé si valió la pena a fin de cuentas.

 






Juan Marcelino Ruiz, poeta, narrador y profesor mexicano, publicó en 1998 el poemario Derrepentes, en la Editorial UACH; En 2000, en coautoría, el libro Quinteto para un pretérito. En 2010 el libro de cuentos Del aleph al Guernica, en 2012 la novela El hormiguero, en 2014 Delitos menores y Vino Tinta.

miércoles, 25 de mayo de 2022

¿Qué les pasó a las abejas? Un documental de la experiencia maya que es una advertencia para todos. Viviana Mendoza Hernández

 

Cine Viv

¿Qué les pasó a las abejas? Un documental de la experiencia maya que es una advertencia para todos

 

 

Por Viviana Mendoza Hernández

 

 

En otra parte escribí acerca del Día Mundial de las Abejas y su importancia para Chihuahua con datos como el del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias donde dice que en algunos estados como Sinaloa, Chihuahua y Coahuila, la polinización por abejas como servicio en la producción agrícola, especialmente de frutales, se ha convertido en una fuente alterna de ingreso para muchos apicultores, quedando como actividad secundaria la producción de miel y demás productos secundarios.

México ocupa el octavo lugar en la producción de miel a nivel mundial y el quinto en la exportación. El estado de Chihuahua ocupó el lugar 17 en 2020 en producción de miel a nivel nacional, según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) de 2021.

Me quedé con la sensación de que el tema abarca más, entonces recordé el largometraje documental ¿Qué les pasó a las abejas? y cómo muestra la lucha de las comunidades mayas apicultoras y sus representantes para frenar la siembra de soya transgénica en su territorio; además de reflejar el daño que causa a la naturaleza el uso de agroquímicos, en especial, su efecto mortal en las abejas.

Aquí se puede ver un avance del tema: 

 

https://www.youtube.com/watch?v=5-mbOGebuTA

 

Producida por Adriana Otero Puerto, quien también es guionista y codirectora con Robin Canul Suárez, relata la travesía de estas comunidades, encabezadas por Gustavo Huchin y Leydi Pech, para conocer las causas que llevaron a la muerte de millones de abejas en el año 2012. Al conocerlas, iniciaron una movilización social y legal para frenar la siembra de soya transgénica por parte de la empresa multinacional Monsanto.

Como ellos mismo describen: ¿Qué les pasó a las abejas? es una película que fomenta el diálogo en torno a los polinizadores, como son las abejas, al uso de agroquímicos y el daño que generan a la salud de las personas y al medio ambiente en México y en el mundo. El documental invita a la conversación sobre los derechos humanos y en particular a los derechos colectivos de los pueblos originarios que de manera activa quieren participar en la toma de decisiones de los proyectos que se llevan a cabo en sus territorios.

Como señaló Robin Canul en entrevista con el Festival Internacional de Cine de Morelia:

"En el extranjero siempre predomina la perspectiva de lo maya visto desde una construcción del Estado como si fueran personas que no tienen la capacidad de interlocución, y queríamos cambiar esta visión. Me parece que con esta película se construye otra idea de lo maya. El documental aporta voces muy fuertes hacia el extranjero. A nivel local hemos dialogado con radios comunitarias. Lo primero que está pasando es que la gente se entera de lo que sucede, del gran daño ambiental, antes no lo habían dimensionado".

Después de que millones de abejas murieran en el estado de Campeche, las comunidades mayas apicultoras y sus representantes deciden organizarse para detectar la causa y enfrentar a las autoridades y a la compañía transnacional Monsanto, quienes han puesto su subsistencia en peligro por la siembra de soya transgénica en su territorio.

Así es como se conoce la historia de Leydy Pech, una apicultora maya, quien encabezó un grupo que detuvo con éxito la siembra de soya modificada genéticamente por Monsanto en el sur del país. La Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminó que el Gobierno violó los derechos constitucionales de los mayas y suspendió la siembra de soya genéticamente modificada. Debido a la persistencia de Pech y de su coalición, en septiembre de 2017, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria revocó el permiso de Monsanto para cultivar soya modificada genéticamente en siete estados, detalló la Fundación del Premio Goldman en su página web.

El mensaje de la película es una apuesta de esperanza para proteger la vida, un llamado a la organización de distintos sectores de la sociedad para que juntos protejamos nuestro patrimonio biocultural. Es una muestra de que el cuidado de la naturaleza, el respeto a los pueblos originarios y la defensa del territorio es el camino para contar con proyectos de sustentabilidad y esperanza para nuestro presente y para las nuevas generaciones.

Para crear conciencia sobre la importancia de los polinizadores, las amenazas a las que se enfrentan y su contribución al desarrollo sostenible, las Naciones Unidas declararon el 20 de mayo como Día Mundial de las Abejas, y por eso del 20 al 31 de mayo del 2022 pueden ver de manera gratuita ¿Qué les pasó a las abejas? en Filmin Latino, la plataforma de cine en línea del Instituto Mexicano de Cinematografía

 

https://www.filminlatino.mx/pelicula/que-les-paso-a-las-abejas

 

Las abejas corren el peligro de extinguirse. Las tasas actuales de extinción de especies son de cien a mil veces más altas de lo normal debido a las repercusiones humanas. Casi el 35 por ciento de los polinizadores invertebrados –en particular las abejas y las mariposas–, y alrededor del diecisiete por ciento de los polinizadores vertebrados –como los murciélagos– están en peligro de extinción a nivel mundial. La población de polinizadores –en especial abejas y mariposas– ha disminuido de manera preocupante, debido principalmente a prácticas agrícolas intensivas, cambios en el uso de la tierra, plaguicidas (incluidos los insecticidas neo nicotinoides), especies exóticas invasoras, enfermedades, plagas y el cambio climático. Los agricultores y los responsables de las políticas tienen un papel importante que desempeñar en la protección de nuestros polinizadores. Pero también hay cosas que nosotros podemos hacer y es parte de iniciativas como el documental que nos ayudan a verlo. 

Para conocer la cartelera de exhibición de ¿Qué les pasó a las abejas?, así como para obtener más información sobre el documental y la lucha en favor de las abejas, se puede visitar la página https://www.abejascine.com/ o sus redes sociales Facebook /abejasdocumental, Twitter @Abejas_Doc e Instagram /abejas_documental.

​El filme recibió apoyo de la Secretaría de Cultura, a través del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) en el 2018, con el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine) y el Estímulo Gabriel García Márquez (2017-2018); además de ser beneficiado por el Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Sistema de Apoyos a la Creación y a Proyectos Culturales (2019); mientras que, a través del Eficine, en 2020 obtuvo apoyo para su distribución en salas comerciales, circuitos culturales, espacios comunitarios y funciones al aire libre.

Menciones honoríficas

 

Mención honorífica por parte del jurado del Premio José Rovirosa 2020 por Mejor documental mexicano.

 

Premios

 

Premio al Mejor Documental Ambiental del Festival Internacional de Cine de Puerto Madryn, MAFICI 2020, Argentina.

 

Premio al Mejor Documental de Divulgación Científica / Biodiversidad en el Festival Pantalla de Cristal 2020.

 

Gran Premio Rigoberta-Menchú del 31 Festival International Présence Autochtone, en Montréal, 2021

 

 

Ficha técnica

 

Dirección: Adriana Otero y Robin Canul

Producción y Guion: Adriana Otero

Dirección de Fotografía: Maricarmen Sordo Aguilar

Edición: Jairo Mukul Alcocer

Sonido, diseño sonoro y música original: Alberto Palomo Torres

México | 2019 | español - Maya | 68 mins.

 

 





Viviana Y. Mendoza Hernández es egresada de la Facultad de Letras de la UACH, es autora de la novela Buscando una vida normal publicada en 2007 por la editorial de la misma universidad, así como algunos textos de sus tiempos como estudiante. Ha participado en diversas actividades de promoción y difusión cultural, así como de lecto-escritura para educación básica. Actualmente colabora (entre otros espacios digitales) en el periódico digital El Devenir de Chihuahua en la sección de cultura y escribe en Estilo Mápula la columna Cine Viv.

Yosemite. María Esther Quintana Millamoto

 

Yosemite

 

 

Por María Esther Quintana Millamoto

 


A Glen, con cariño y agradecimiento.

 

 

A Steve siempre lo voy a asociar con la nieve, especialmente con el paisaje nevado de Yosemite. El recuerdo me viene de cuando yo era joven y estaba recuperándome de un parto difícil. Mi esposo, nuestro bebé y yo, viajamos a Oakhurst, California, para visitar a mi tía Ruth y a Steve, que se habían mudado a ese pequeño pueblo dos años antes. Para ella, era su segundo matrimonio, para él, que pasaba ya de los cincuenta años, era su primero. Lo habíamos conocido cuando todavía vivían en San José, en la época en que Lalo estaba haciendo un posgrado en la Universidad de Stanford. Íbamos los fines de semana a su casa y, aunque la distancia era de solo 25 millas, nos tomaba más de una hora llegar en autobús público. Sin embargo, años más tarde nos mudamos a Berkeley, donde yo asistía a la Universidad de California y ellos se fueron a vivir a Oakhurst. 

Recuerdo que cuando mi tía nos presentó a Steve, Lalo llevaba una camiseta que decía “pick a winner” con un monito picándose la nariz. Steve nos contó después, que había imaginado que Lalo era probablemente una persona muy engreída, porque iba a una universidad privada y cara, pero que la camiseta había disipado su prejuicio de inmediato.  Desde ese momento, Steve nos aceptó como parte de la familia y nosotros también lo adoptamos como miembro de la nuestra. Creo que se sentía útil enseñándonos frases coloquiales en inglés, especialmente a mí que solía preguntarle sobre el significado de alguna palabra o expresión que había escuchado. Aunque hablaba poco, Steve tenía un gran sentido del humor, en nuestras clases informales aprovechaba para introducir alguna broma sobre la manera peculiar de hablar o las costumbres de los norteamericanos.

Como estaba jubilado y cansado de la ciudad, mi tía y él decidieron irse a vivir a Oakhurst, un pueblo cercano a Yosemite, donde construyeron una casa grande y cómoda: esa era la casa a la que nos dirigíamos mi esposo, mi bebé y yo, en 1995.

Partimos en el auto y nos íbamos parando cada hora para que yo estirara las piernas, le cambiara el pañal al bebé, o lo alimentara. Después de cuatro horas, la casa apareció al final de un estrecho camino, rodeada de majestuosas secuoyas y enmarcada en un paisaje invernal. Mi tía nos recibió con algarabía, haciéndole muchos mimos al bebé, mientras que Steve nos miraba con cariño y nos saludaba lacónicamente. Platicamos un par de horas, después cenamos y nos fuimos a dormir.

Al otro día, Steve se levantó temprano y nos hizo desayuno. Le gustaba cocinar unas papas que le quedaban muy ricas a las que les ponía mucho ajo y que freía con aceite. A mi tía no le gustaba que las hiciera, porque le preocupaba el colesterol, pero Steve la ignoraba y todos los días se iba a su café favorito para consumir donas y café con sus amigos. Ese día, después del desayuno, se ofreció a llevarnos a dar un paseo a Yosemite para ver la nieve y el famoso Half Dome, una montaña de roca que suben los escaladores más audaces en Estados Unidos. Lalo se ofreció a cuidar al bebé, así que mi tía y yo nos subimos en la camioneta de Steve. Yo iba acostada en la parte de atrás, y ella enfrente con él. No puedo expresar lo emocionada que yo estaba de hacer algo que me provocara placer después de haber pasado las últimas semanas cuidando a mi bebé prácticamente todo el día. El pediatra me había dicho que tenía que darle pecho cada dos horas y media porque su peso estaba por debajo del promedio normal. Yo, que era muy joven, no reflexioné en que los parámetros que el médico estaba usando eran para niños gringuitos y no para bebés de padres mexicanos, así que como madre primeriza le hice caso, y la falta de sueño me hacía sentir como zombi.

Al arrancar la camioneta cerré los ojos y me quedé dormida. Cuando desperté vi un paisaje invernal majestuoso: las ramas de las secuoyas estaban doblados por la nieve y había carámbanos de hielo por todos lados, dándole un aspecto mágico a la naturaleza. Me sentí tan feliz, que se me rodaron las lágrimas: podría decir que fueron los “baby blues” (el desbalance de las hormonas postpartum), pero, a decir verdad, no se requiere mucho para que yo llore). El Half Dome era imponente, aunque no pudimos ver a ningún escalador. Tal vez lo resbaloso de la superficie, por la nieve y el hielo, había disuadido ese día a los escaladores de subirlo. Steve, mi tía y yo nos bajamos del vehículo para caminar en la nieve y nuestros tenis crujían al contacto con el suelo. La sensación me hizo sentirme como una niña que explorara el bosque y detonó recuerdos de mi frustrado deseo infantil de pertenecer a las guías de México. Regresamos pronto a la camioneta porque el frío era intenso, y, de regreso a Oakhurst, paramos en el café favorito de Steve donde tomamos chocolate caliente con donas. El que no haya estado nunca a la intemperie cuando ha nevado y no haya bebido después chocolate caliente no tiene idea de lo indescriptible de esta experiencia.

Cuando volvimos a la casa de mi tía, abracé a mi bebé emocionada, porque, aun cuando acababa de vivir una experiencia increíble, lo había extrañado y, ahora que lo tenía cerca de mí, era maravilloso sentir su calor y oler el aroma peculiar que despiden los bebés en sus primeros meses de vida.

Después de ese viaje, Lalo, nuestro hijo y yo regresamos varias veces a Oakhurst, ya fuera a celebrar el Día de Gracias o la Navidad. A la larga nos mudamos a Oregon y a otros lugares, pero seguimos en contacto con mi tía y con Steve. La última vez que lo vimos fue hace tres años en la boda de mi primo Brandon.  Steve estaba muy deteriorado mentalmente, pero se acordaba de un libro que Lalo y yo le habíamos regalado para su cumpleaños. Era sobre un niño nativo americano de una reservación, una especie de historia de rito de iniciación. A Steve, que tiene raíces nativo americanas, le gustó tanto, que en la boda nos lo repetía una y otra vez, y nos decía que se lo había recomendado a varios de sus amigos. Tengo una foto de la boda donde Steve posa junto a mí, la tía Ruth, Lalo y mi hijo menor. Esa fue la última ocasión en la que hablamos con él.

Ayer una de mis primas me contó por teléfono que Steve, quien vive en una casa para pacientes con demencia senil, ha tenido neumonía en los últimos meses y que solo puede comer papillas. Me encuentro a cientos de kilómetros de distancia de él, y, aunque estuviera cerca y pudiera visitarlo, ya no me reconocería. Así que lo único que se me ha ocurrido es escribir este texto para hacerle un pequeño homenaje en agradecimiento por su generosidad, por los recuerdos compartidos, por ese regalo inolvidable del paseo al parque nacional de Yosemite.

 






María Esther Quintana Millamoto estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua, tiene maestría y doctorado en letras hispánicas por la Universidad de California Berkeley. Entre sus obra publicado están los libros Los pícaros, bufones y cronistas de Maluco: la novela de los descubridores fue publicado por Linardi y Risso en Montevideo Uruguay en 2008; Madres e hijas melancólicas en las novelas de crecimiento de autoras latinas, publicada en la colección Benjamin Franklin de la Universidad de Alcalá España.También ha publicado ensayos críticos en revistas arbitradas en México, Cuba, España y Estados Unidos. Actualmente es profesora en el departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas.

martes, 24 de mayo de 2022

Arena México. Andrés Espinosa Becerra

 

los martes

Arena México

 

 

Por Andrés Espinosa Becerra

 

 

Un lugar especial donde se celebra el rito de la lucha libra es la Arena México. Esa fue la casa de luchadores célebres, entre otros El Cavernario Galindo, El Rayo de Jalisco, El Santo y Blue Demon.

Ir a esa arena era entrar de lleno al espacio mítico de la verdadera lucha libre, no payasadas.

Ahí entraban personas conocedoras de ese deporte. Repartidores de periódicos, mecánicos, albañiles, señoras propietarias de puestos de revistas y periódicos; también catedráticos, estudiantes, mujeres guapísimas extrañamente solas, con una fuerte seña de pertenecer al viejo oficio, lanzaban miradas sensuales, totalmente prometedoras.  Alguna ocasión un destacado periodista documentó que un asiduo de ese recinto era Juan Rulfo, periódico bajo el brazo y anforita de licor que consumía constantemente; se asimilaba con el público y se ponía a agitar los brazos y les mentaba la madre a peleadores que no le simpatizaban. El oficio y rito de la lucha libre.

Una tarde acudí a la Arena México, dándome el lujo de rentar un cojín para mi butaca. El cubetero era diestro para servir cerveza en un vaso de cartón, espumosa y con un sabor exquisito.

El público se levanta de sus asientos, irrumpe con gritos, chiflidos y comienza a gritar. ¡Ya era hora cabrones! Entonces La Arena México recobró su importancia. Iniciaba la función, aparecieron en la escalera los luchadores. Hago un gran descubrimiento: en primera fila estaba la viejita que conocí en la Arena de Cuatro Caminos, recuerdo haberla visto en la entrada de la Arena vendiendo semillas tostadas de calabaza, poco antes del inicio de la función, se apresuraba a levantar su pequeña silla, tomaba su bolsa de plástico e ingresaba al interior de la arena.

El Doctor Wagner fue el primero en saltar a la lona, con una vestimenta y máscara blancas destrozó a su contrincante. Continuó Blue Demon con su bella máscara azul, no tuvo oposición alguna, imposible. El demonio azul siempre mantuvo su dominio sobre el rival.

El Rayo de Jalisco, peso completo, subió al encordado. Impresionante, elegante, diestro. Lanzó a su contrincante para abajo del encordado para lanzarse sobre él impactándolo con un tope. Los dos quedaron tendidos en el piso, pero solo el Rayo de Jalisco pudo volver a subir a la lona. La viejita lo arengaba con entusiasmo, blandía en el aire su pequeña sillita de madera.

El cubetero no se daba abasto, con velocidad precisa recorría las butacas ofreciendo cerveza y fritangas. Gran empresario, pasaba frente a uno y te señalaba: otra mi jefito, sin más uno caía en sus redes comerciales: ándele pues, deme otra.

Estando de pie en un intermedio, logré ver a un escritor, famoso en esa época en el espacio universitario. Serio, introspectivo. Claramente estaba escribiendo en su mente en esos momentos.

Se escucha el grito del réferi llamando a la siguiente contienda. La viejita también increpó, ya, ándale guevón cabrón. Dos luchadores hercúleos subieron corriendo a la lona y empezaron a agarrarse a madrazo limpio. El réferi se mete entre ellos y recibe varios golpes pero logra detenerlos, el encuentro prometía.

Técnico contra rudo. Vence el rudo practicándole al técnico una quebradora dolorosa. Se retiró de la lona entre chiflidos y más mentadas de madre, aunque el caminaba mostrando una gran sonrisa.

Sube al encordado un luchador chaparrito y panzón, el público le chifló, ovacionó a su opositor esbelto y estilizado. El gordito toma una toalla para secarse el sudor y el réferi lo espera en el centro de la lona junto con el otro contendiente. Salió disparado y con su brazo convertido en un gancho prendió el brazo de su contrincante, lo arrastró dando un giro de rehilete y al término lo lanzó hasta la orilla del encordado. Todo mundo queda sorprendido y aplaude al gordito. Sillita en alto, la viejita le grita, así se hace cabrón, tú sí tienes güevos, mijito. De manera sorprendente el gordito, después de haber ganado las primeras dos caídas, levanta a su contrario y lo arroja hacia el tubo de una esquina, cae desmadejado, se lanza encima de él con su gran panza y mete su mano entre las piernas para levantarle una de ellas y lograr inmovilizarlo. Perdido estaba ya el opositor.

Llega el réferi y lo amonesta haciendo señas de que había realizado una mala acción. El favorito de esa pelea era el joven estilizado. Elimina al gordito y lo declara perdedor. Lo obliga a que se baje del ring.

Al quedar solo el cuadrilátero se empezó a llenar de puntos negros, eran los cojines lanzados por la afición en son de protesta por esa decisión.

Entonces viví la emoción de esa reacción de los asistentes, tomé mi cojín y lo arrojé al aire mentándole la madre al réferi junto con todo el graderío. Cayó un objeto más pesado que giró sobre la lona, era la silla de la viejita que desesperada agitaba sus brazos. Me topé con ella cuando buscaba la escalera de salida. Con una absoluta ternura me dijo, vámonos, mijito, no se puede con estos hijos de la chingada. ¿Oye mijito, no tendrás dinero para que tome mi camión? Ya va a pasar la última corrida para mi colonia.

 






Andrés Espinosa Becerra, Córdoba, Veracruz. Sus libros son: Quinteto para un pretérito, en coautoría con otros autores, Los días que no duermen, Una casa con silencio y patio, El silencio del gato. Actualmente escribe en la revista electrónica Estilo Mápula, donde además tiene una columna llamada Los Martes, donde saca textos suyos y de otros autores.

lunes, 23 de mayo de 2022

Un pollo, un rayo, una mochila azul... Almudena Cosgaya

 

Dintel de Almudena

5. Un pollo, un rayo, una mochila azul...

 

 

Por Almudena Cosgaya

 

 

El edificio, situado en la zona industrial, no era diferente a las demás naves en cuyo interior miles trabajaban jornadas laborales y turnos extras. Y algunos otros se quedaban de moradores en la eternidad.

De vez en cuando algún curioso forzaba los velos astrales y aquello hacía nacer las leyendas.

Tres jóvenes de mantenimiento quedaron atrapados durante una tormenta. Intentaban reparar el cielo para evitar que el agua llegará al piso de producción. El arduo trabajo en equipo rindió fruto. Se echaron al suelo para descansar un momento, pero el cansancio no dio tregua y se quedaron dormidos.

Un alarido los despertó con sobresalto. Escucharon pasos en la planta superior. Parecía que hubiera varias personas moviéndose hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás. Entonces fueron más conscientes de su entorno. Las paredes estaban espantosamente húmedas, y en todas partes había un olor horrible, como de cadáveres que se hubieran acumulado durante generaciones. Nunca había luz, de modo que recurrieron a sus celulares, solo para darse cuenta de que estaban sin batería.

Oyeron a una mujer gritar. El gemido les helo la sangre y el temor comenzó a paralizarlos. Amplias y lúgubres sombras; espantosas vigilias entre dos luces, donde los verdaderos gigantes agitan silenciosamente sus torcidas extremidades. Oscuros pasadizos en los que solo se podían distinguir telarañas y sombras.

Una puerta, o mejor dicho un hueco se abrió en el piso superior, y de nuevo la mujer gritó:

—¡No! —Sonaba como si estuviera llorando con gran aflicción—. Tiene que ser una pesadilla.

—¡Solo hacían su trabajo! —gritó un hombre, y el piso tembló mientras él intentaba tomar algo.

Entonces se hizo el silencio. Todo el lugar a su alrededor se inundó con el rumor de los muertos. Cuando el sonido por fin se detuvo, los jóvenes de mantenimiento escucharon a alguien descender arrastrando algo pesado que emitía un golpe seco. Lo oyeron recorrer tres sitios cercanos. Luego regresó por la cavidad y todo quedó en murmullo.

De repente, una extraña luz como la de un relámpago iluminó el sitio. Un rostro espantoso contempló a los jóvenes de mantenimiento desde el pasillo. Aterrorizados, los hombres huyeron de aquel sitio escapando por el hueco, perdiéndose en la luz.

Amelia y Malik miraban la escena. En espera de que los hombres volvieran sobre sus pasos. Los estímulos provocados por anormales experiencias y aventuras sinuosas provocaban en ellos aquella espantosa necesidad de emociones.

—¿Esto es siempre así? —preguntó Malik, con vergüenza y timidez.

—No siempre —respondió Amelia—. Pero es odioso el sendero de los saqueadores de tumbas.

La locura cabalga a lomos del viento… ¿puedes escucharla?







Almudena Cosgaya descubrió su gusto por las historias desde niña; hacía fanfics de relatos ajenos, lo cual fue para ella un excelente entrenamiento para escribir luego sus propios cuentos, al darse cuenta de que en algunos de sus relatos de fanfic había creado un personaje que merecía su propia historia. Es autora de poemas y de prosa narrativa. En 2017 publicó La maldición del séptimo invierno, su primera novela.

Diatriba contra el Copyright. Erbey Mendoza

 

Diatriba contra el Copyright

 

 

Por Erbey Mendoza

 

 

El poema

lo habrás escrito tú

 

ínclito,

     laureado

 

poeta.

 

(tuyo es

y tuyo será,

hasta que la muerte los separe)

 

Pero la poesía

que hay en tu poema

 

esa

            en cambio

 

nos pertenece a todos.

 






Erbey Mendoza es doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Entre sus publicaciones están La expedición punitiva: reporte del General Mayor John J. Pershing (traducción, UACH, 2014), dos poemarios: Entorno de los días, con Víctor Córdoba (ICHICULT, 2016), y El destino en un sombrero, con Norma Luz González (UACH, 2019), además de algunos artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del Cuerpo Académico Estudios Humanísticos de la Cultura, del Sistema Nacional de Investigadores, y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.