sábado, 27 de junio de 2026

El amor de mi vida

El amor de mi vida

 

Por Pablo Milanés

 

Te negaré tres veces antes de que llegue el alba,

me fundiré en la noche donde me aguarda la nada,

me perderé en la angustia de buscarme y no encontrarme,

te encontraré en la luz que se me esconde tras el alma.

Desandaré caminos sin salidas como muros,

recorreré los cuerpos desolados sin futuro,

destruiré los mitos que he formado uno a uno,

y pensaré en tu amor, este amor nuestro, vivo y puro.

Te veo sonreír sin lamentarte de una herida,

cuando me vi partir

pensé

que no tendrías vida.

¿Qué gloria te tocó, qué ángel te amó que ha renacido?

¿Qué milagro se dio cuando el amor volvía a tu nido?

Qué puedo hacer,

quiero saber

qué me atormenta en mi interior.

Si es el dolor

que empieza a ser

miedo a perder

lo que se amó.

...será que eres

el amor de mi vida.

 


Pablo Milanés fue un compositor y músico cubano, uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana.

viernes, 26 de junio de 2026

Tu más profunda piel

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Tu más profunda piel

 

Por Julio Cortázar

 

Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía –sábelo, allí donde estés– es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza la garganta, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de placer para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacía de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que solo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol, y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido, de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, tren de olvido!

Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.

Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante, que es como un vórtice. Sé que dijiste "Me da pena”, y yo no comprendí, porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro, arquero o gacela, delfines en mitad del salto.

Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de suaves pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo cómo poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado.

Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco. Esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego.

No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y solo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, derramado pelo.

Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta. Quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.

 


Julio Cortázar nació en Argentina en 1914. Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto. Entre sus numerosos libros están Bestiario, Final del juego, Las armas secretas, Todos los fuegos el fuego, Queremos tanto a Glenda, 62 Modelo para armar y Libro de Manuel.

Fleetwood Mac – Rumours (1977)

 

La cinta musical

Fleetwood Mac – Rumours (1977)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

¿Quién imaginaría que detrás de pleitos, portazos e infidelidades surgiría un álbum melódico y millonario en dólares? Pues este es el caso de la banda angloestadounidense Fleetwood Mac y su álbum Rumours.

     Fleetwood Mac nació en Londres, Inglaterra, en 1968. Inicialmente la banda estuvo integrada por Peter Green en voz y guitarra; Jeremy Spencer

en voz, guitarra y piano; Mick Fleetwood en batería y percusiones; Bob Brunning en bajo, y Danny Kirwan en guitarra. Su estilo musical era el Blues rock y el Psychedelic rock, pero fue mudando de integrantes y en géneros musicales como el Folk rock, hasta estacionarse en el Pop rock y Soft rock.

     Green se fue en 1970 por causa de drogas y locura, Spencer en 1971, porque se afilió a una secta llamada Niños de Dios, y Kirwan en 1972 por discusiones y porque rompió el mobiliario de la banda en una gira. En 1969 llegó el bajista John McVie y en 1970 fue contratada Christine Perfect, quien se casaría con John y cambiaría su apellido a McVie. Todos ellos de nacionalidad británica.

     También estuvo otro vocalista y guitarrista en la formación, de nombre Bob Welch, norteamericano que arribó en 1971 y se fue en 1974. Para el año 1975, una pareja sentimental y artística, que ya había grabado un disco en su natal Estados Unidos, fue anexada para conformar la alineación más famosa de Fleetwood Mac: Lindsey Buckingham y Stevie Nicks, quienes participaron por vez primera en el álbum homónimo Fleetwood Mac, el cual llegó al número 1 en la Unión Americana.

     Así quedó alineada la formación angloamericana: Lindsey Buckingham en voz, guitarra eléctrica y clásica, y en percusiones; Christine McVie en voz, teclados, sintetizador y vibráfono (instrumento de percusión con barras metálicas que se toca con mazas); Stevie Nicks en voz; John McVie en bajo, y Mick Fleetwood en batería, percusiones y clavecín.

     La radical evolución musical del Blues rock al Pop rock hizo que la banda produjera sus mejores acetatos de 1975 a 1987. Y 1977 sería el mejor año en ventas para todos ellos, el álbum Rumours fue multiplatino y el más vendido a la fecha, pero en asuntos amorosos aquella época fue la peor ya que el matrimonio de John y Christine McVie había llegado a su fin, Buckingham y Nicks sufrían tensas situaciones, Mick Fleetwood estaba en trámite de divorcio con su esposa Jenny. Todos consumían grandes cantidades de alcohol y cocaína.

     Con todas estas anomalías y depresiones nació Rumours el 4 de febrero de 1977, como el undécimo disco y bajo el sello discográfico Warner Bros.

     “Second hand news” es la primera pieza que inicia con una guitarra parpadeante con las voces a dueto de Christine McVie y Stevie Nicks, la mejor mancuerna femenina de la historia. Esta canción fue compuesta por Lindsey Buckingham y habla sobre tiempos difíciles.

     Pero será “Dreams”, de Stevie Nicks, la balada meditativa y sensual que rompa la festividad de guitarras de la primera rola. Con una voz engominada y pegajosa, la hermosa Nicks nos lleva como ola cadenciosa hacia su maremagno interno; sí, se percibe un desencuentro amoroso y de ensueño que alguna vez alimentó a dos seres prendidos entre sí: Now here you go again, you say you want your freedom. Well, who am I to keep you down?

It's only right that you should play the way you feel it, but listen carefully to the sound of your loneliness. Like a heartbeat drives you mad in the stillness of remembering what you had and what you lost, and what you had and what you lost. Oh, thunder only happens when it's raining, players only love you when they're playing. Say, women they will come and they will go when the rain washes you clean, you'll know, you'll know. Now here I go again, I see the crystal visions, I keep my visions to myself. It´s only me who wants to wrap around your dreams. And have you any dreams you'd like to sell? (Ahora aquí vas de nuevo, dices que quieres tu libertad. Bueno, ¿quién soy yo para detenerte? Es justo que juegues de la manera que lo sientas, pero escucha con atención el sonido de tu soledad. Como un latido del corazón que te vuelve loco en la quietud de recordar lo que tuviste y lo que perdiste, y lo que tuviste y lo que perdiste. Oh, el trueno solo ocurre cuando está lloviendo, los jugadores solo te aman cuando están jugando. Digo, las mujeres vendrán y se irán cuando la lluvia te lave, lo sabrás, lo sabrás. Ahora aquí voy de nuevo, veo las visiones de cristal, guardo mis visiones para mí misma. Solo yo quiero envolverme alrededor de tus sueños. ¿Y tienes algún sueño que te gustaría vender?).

     Nicks se desplaza en el escenario con su mágica voz, haciendo mímica con sus manos sobre el micrófono de pedestal, mientras Mick Fleetwood marca una secuencia exacta en la batería, John McVie un ritmo sinigual en el bajo, Christine se luce en el vibráfono y Buckingham casi hace lagrimar la guitarra eléctrica por el agujero central. Aquí, Nicks está siendo más que honesta contando esa ruptura en aquel estudio y escenario.

     “Never going back again”, de Buckingham, es un sonido campirano de cuerdas y refiere brevemente no volver hacia atrás.

     “Don´t stop” presenta la voz mezzosoprano de Christine McVie, esas cuerdas vocales entre gruesas y dulces, graves y armoniosas que solamente se dan cada 50 años a nivel mundial. Magnífica luce ella en sus teclados y la respuesta del coro es sensacional. Habla sobre ver la vida con optimismo y no detenerse en el pasado.

     “Go your own again” es una composición de Buckingham, respondida en coro por las bellas Nicks y McVie, e invariablemente gira en torno a la ruptura sentimental.

     Y el primer lado termina con “Songbird”, de McVie (hablamos de un cassette de cinta), que es una exposición con teclados, batería, guitarra y bajo. Los pájaros cantores animan el espíritu de nuestra musa Christine.

     El segundo lado comienza con “The chain”, compuesta por todos e interpretada por Buckingham, Nicks y McVie; es un sonido que arrastra los instrumentos como si se tratara de una cadena vivencial y arroja sombra sobre las cadenas amatorias.

     Y llega el abracadabra del álbum: “You make loving fun”, con McVie, en un riff de platillos y bajeo acomodados en la voz de la inglesa Christine, quien irrumpe en su piano como lumbre repentina cada amanecer. Su voz se conjuga aquí con todos los instrumentos en una acústica racional: Sweet wonderful you, you make me happy with the things you do. Oh, can it be so? This feeling follows me wherever I go. I never did believe in miracles, but I've a feeling it's time to try… You make loving fun, it's all I wanna do (Dulce y maravilloso tú, me haces feliz con las cosas que haces. Oh, ¿puede ser así? Este sentimiento me sigue dondequiera que voy. Nunca creí en milagros, pero tengo la sensación de que es hora de intentarlo… Tú haces que el amor sea divertido, es todo lo que quiero hacer).

     Tal canción se la dedicó Christine a su novio, el director de iluminación con quien salió después de separarse de John.

     “I don´t want to know” es contribución de Nicks entre una guitarra de doce cuerdas, bajo y maracas. De nuevo, habla sobre fragmentación amorosa.

     Seguimos con “Oh, Daddy”, reflexiva en la voz de McVie, a tiempos medios musicales y es un poema de agradecimiento al baterista Mick, a quien apodaban “El Gran Papá” por su elevada estatura.

     El álbum finaliza con “Gold dust woman”, de Nicks, con voz semejante a McVie en dulzura: nos participa de una mujer derrumbada que debe recoger los pedazos e irse a su casa, “mujer de polvo y sombra pálida”. El clavecín eléctrico es ejecutado por Mick.

     La portada presenta a Mick Fleetwood con el pie izquierdo levantado en un taburete, mientras Stevie Nicks lo toma de una mano.

     Alcanzó el número uno en Reino Unido (UK Albums Chart), Estados Unidos (US Billboard 200), Australia (Kent Music Report), Canadá (RPM), Holanda (Dutch Charts) y Nueva Zelanda (New Zeland Charts). Y ganó el Grammy en 1978.

     Un desastre emocional colectivo originó una obra maestra…, a través de los Rumores.



Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

lunes, 22 de junio de 2026

La traición del dragón barbudo

 

Diseño gráfico: Karly S. Aguirre

La traición del dragón barbudo

 

Por Karly S. Aguirre

 

Yo le decía mi dragón barbudo de cariño. Tenía una barba escasa, cerdas negras y gruesas sobresalían de su piel como si fueran espinas de un cactus. Me recordaba a esos reptiles simpáticos que muchos tienen como mascotas y los comparan con perros porque son muy vivarachos, dragones barbudos. Su foto de perfil estaba editada con inteligencia artificial donde la barba se veía abundante, el cabello hasta los hombros y tenía una expresión en el rostro de chico rudo frunciendo el ceño, tenía un aire atractivo y sexy. Era la misma fotografía que usaba cuando comenzamos a salir. Me enamoré de él por esa imagen.

Con el tiempo entendí que aquella fotografía era una advertencia de todo lo que vendría después. Así como la imagen no era real, tampoco lo fueron su amor, su lealtad ni la versión de sí mismo que me mostró.

Las respuestas que me parecían ingeniosas y brillantes no siempre eran suyas. Muchas veces eran palabras recicladas de otras mujeres con las que había salido antes y posiblemente algunas con las que seguía coqueteando. Incluso comenzó a apropiarse de cosas que yo misma le había contado: datos curiosos sobre astrología, literatura o arte que después repetía con precisión. Siempre empezaba de la misma manera:

—Leí en algún lado que...

Y entonces procedía a contar algo que yo le había compartido apenas unos días antes.

Ahora entiendo que me enamoré de su potencial, igual que me enamoré de aquella fotografía. No me enamoré del Fernando real que conocí en persona, sino de la versión idealizada que construí en mi mente. Permanecí ahí por lo que imaginaba que podía llegar a ser, y no por quien realmente era: Un mentiroso patológico que desde el principio me engañó con todas las mujeres que pudo.

Al inicio de la relación me sentía segura y amada. Incluso las cosas que después se convertirían en señales de alarma me parecían virtudes. Tenía varias amigas mujeres, algo que interpreté como una buena señal. Pensé que era un hombre capaz de relacionarse con las mujeres desde la amistad, y no únicamente desde el deseo sexual o el interés romántico. También me sentía elegida y sexy, porque él había estudiado la licenciatura en la Facultad de Ciencias de la Cultura Física y trabajaba dando clases de natación, así que estaba rodeado constantemente de mujeres atractivas, atléticas y con cuerpos hermosos y, pudiendo elegir entre todas ellas, me había escogido a mí.

Pero no me eligió por mis sentimientos puros, mi excelentes valores o mi gran personalidad, me eligió porque yo era ingenua y él sabía que podía manipularme. Mientras me hacía sentir especial, seguía utilizando aplicaciones de citas. Buscaba mujeres en redes sociales, repartía likes y era incapaz de dejar de buscar la atención femenina. Yo bromeaba diciendo que era el "Sigue Morras 3000", porque daba "me gusta" a todas y cada una de las mujeres que seguía en Instagram. Curiosamente, cuando yo publicaba algo, nunca aparecía en su feed. Esa era su explicación. Después esa broma dejó de ser divertida y se lo decía como reclamo: “Maldito sigue morras 3000”.

Descubrí que seguía buscando a su exnovia cuando ya estaba conmigo. Supe que le había comprado un microondas con su beca del CONACYT cuando nosotros ya llevábamos varios meses saliendo. También supe que aprovechó la entrega de ese regalo para verla, desayunar juntos y reencontrarse íntimamente.

Había más historias, más mujeres. Una mujer mayor era su favorita, ella andaba cerca de la tercera edad y ya era madre de tres hijos cercanos a nuestra edad. Y después estaba su compañera de trabajo, la mujer a la que abrazaba por sorpresa, a la que también a su pequeño hijo llenaba dulces y regalos, y con la que encontraba excusas para compartir momentos de una intimidad física dentro del trabajo, sin contar que todo el mundo ya rumoraba que se traían algo y que pronto me lo harían saber con fotografías incluidas.

Yo sospechaba de todo aquello mucho antes de tener evidencias. Durante mucho tiempo me convencí de que estaba tratando de encontrar la verdad, pero ahora entiendo que la verdad ya la conocía. Lo que buscaba desesperadamente era estar equivocada y no tener que admitir que mi dragón barbudo me había traicionado y enfrentarme al dolor y al duelo que vienen siempre con estas decepciones.

Quería encontrar una explicación inocente para todo, pero solo encontré una amante tras otra, pues las amantes son como las cucarachas, una vez que encuentras una, seguramente hay cien más ocultas que aún no has visto.

Aquellos engaños me convirtieron, sin que yo lo supiera, en la burla de quién sabe cuántas mujeres. Muchas de ellas conocían mi existencia porque él me tenía en su foto de perfil en todas sus redes sociales. Yo estaba ahí, exhibida como la novia oficial, mientras él seguía buscando unos labios carnosos donde poder remojarla un rato.

Después de que descubrí todo, él, por supuesto, eligió el papel de víctima. El muy sinvergüenza me hizo hacerme quedar como la villana frente a sus amigos y su familia. Publicaba mensajes lastimeros en Facebook, frases sobre el sufrimiento y la superación personal, como si él fuera quien hubiera salido herido de la relación. Le convenía controlar la narrativa y usar mis reclamos y mi versión de cuando finalmente enloquecí para justificarse y asumirse frente a todos como el ofendido.

Durante los primeros meses después de la ruptura estuve devastada. Lloré la pérdida de alguien a quien amé, de alguien que de algún modo había muerto. Pero ahora, un año después, me siento feliz de haberme librado de aquel lagartijo malvado que poco a poco me había invadido con su manipulación hasta las entrañas. Porque mientras intentaba justificar sus mentiras, mientras buscaba explicaciones para sus contradicciones y me convencía de que yo era el problema, fui perdiéndome a mí misma. Dejé de cantar. Dejé de leer. Dejé de escribir. Dejé de bailar. Dejé de reír con esa alegría que se siente nacer desde el estómago. Lo único que me quedaba era fingir una sonrisa que terminaba por dolerme más que el llanto.

Nunca debí esperar ser amada por alguien que no se amaba ni siquiera a sí mismo, pues Fernando se comía la comida que se le caía el piso, como una bestia, siempre se reabría las costras de las picaduras de mosquito que se rascaba. Me había contado que su madre nunca le dio palabras ni muestras de cariño cuando era niño y mucho menos de adulto, eso explicaba lo de buscar a toda costa aprobación femenina. Comer del suelo era porque se sabía indigno y rascarse las costras porque le gustaba mantener la herida abierta para poder seguir justificando sus porquerías con sus malos ratos de la infancia y así seguir siendo una víctima de un modo u otro.

Mis amigos y mi familia me arroparon ante aquel dolor tan grande que no le deseo a casi nadie. Algunos lo comenzaron a llamar Fernaco, y aunque eso al principio me divertía, me di cuenta que no importa como lo llamen, porque, así como el diablo tiene muchos nombres, no importa por cuál lo nombre siempre y cuando no le de poder sobre mí.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

Cáncer


 

Cáncer


Por Karly S. Aguirre

 

A Patricia Ramírez

 

Signo: Cáncer

Fecha: 21 de junio - 22 de julio
Elemento: Agua
Planeta regente: La Luna
Piedra: Piedra luna
Día: Lunes (por su regente lunar)
Etapa: La infancia media (de los 6 a los 9 años), cuando surgen los primeros lazos profundos, el sentido de pertenencia y el desarrollo emocional.
Arcano: La Luna

Cáncer es el cuarto signo del zodiaco y el primero de modalidad cardinal en el elemento agua, lo que lo convierte en el iniciador del mundo emocional y afectivo. Si Aries prende la chispa, Capri la estabiliza y libra la hace circular, Cáncer la protege, la nutre y la hace florecer desde el corazón. Su temporada marca el inicio del verano en el hemisferio norte, un tiempo de calidez, hogar y recogimiento interior.

Como signo de agua, Cáncer habita el reino de las emociones, los recuerdos y los vínculos más íntimos. Es un signo profundamente sensible, empático y protector, que necesita sentirse seguro para abrirse. Su mundo interior es vasto, lleno de intuiciones, sentimientos antiguos y una memoria afectiva que guarda tanto lo hermoso como lo doloroso. Cáncer es el guardián del hogar, de la familia, de las raíces.

Regido por la Luna, astro cambiante y cíclico, Cáncer experimenta sus emociones como mareas: intensas, fluctuantes, a veces contradictorias. Esta regencia le otorga una poderosa intuición, una capacidad casi psíquica para percibir lo que otros sienten sin que lo digan. Pero también lo vuelve susceptible, fácilmente herido por lo que sucede a su alrededor. Su coraza no es frialdad, sino una forma de proteger su suavidad interior.

Cáncer representa la etapa de la niñez entre los 6 y los 9 años, cuando comenzamos a formar un sentido claro de pertenencia: la familia, los amigos cercanos, el hogar. Es la edad en la que los vínculos emocionales se profundizan, cuando empezamos a cuidar de otros y a elegir quienes nos cuiden, con quienes nos sentimos en familia. Es el momento en que la imaginación se vuelve nostálgica y la emoción comienza a tener peso, historia, memoria. Cáncer quiere nutrir, recordar, proteger y, sobre todo, amar.

Aunque a veces se le acuse de ser demasiado sentimental o cambiante, lo cierto es que Cáncer posee una fortaleza emocional silenciosa, que se manifiesta en su capacidad para sostener a quienes ama incluso en la tormenta. Es ese amigo que te lleva comida caliente cuando estás triste, que recuerda tu canción favorita, que te abraza sin que tengas que pedirlo. Su forma de amar es maternal, constante, protectora. Puede no decirlo con palabras, pero lo mostrará con acciones llenas de intención.

Cáncer nos recuerda que la vulnerabilidad no es debilidad, que cuidar es un acto revolucionario y que el pasado vive en nosotros no para detenernos, sino para nutrirnos.
Los cánceres no olvidan jamás lo que les hiciste sentir: si fue bello, te guardarán en su corazón para siempre; si fue doloroso, te recordarán cada vez que llueva. Si te metes con un cáncer, su forma de destruirte será ignorándote como si nunca hubieras existido.

Cáncer es representado en la astrología sumeria con el dios más poderoso, Enki. Enki era el dios del agua dulce, la sabiduría, la magia, la creación y las artes. Gobernaba sobre el abzu, el océano subterráneo de aguas dulces, y se le atribuía la capacidad de dar forma al mundo a través del conocimiento y la palabra. Era protector de la humanidad, inventor de los rituales, y una figura profundamente compasiva.

Los enemigos de Cáncer siempre se manifiestan en grupo, pero aun así, Cáncer siempre resulta vencedor.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

Volverán las oscuras golondrinas

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Volverán las oscuras golondrinas

 

Por Gustavo Adolfo Bécquer

 

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día,
esas ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido, desengáñate,
así ¡no te querrán!

 


Gustavo Adolfo Bécquer fue un poeta y cuentista español. Aunque en vida alcanzó cierta fama, solo después de su muerte, y tras la publicación de sus textos obtuvo el prestigio que hoy tiene. Sus Rimas y leyendas, un conjunto de poemas y relatos reunidos, constituyen uno de los libros más populares de la literatura universal.

domingo, 21 de junio de 2026

Día del Padre, año 2026

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Día del Padre, año 2026

 

Por Angélica María Armendáriz Ortega

 

Al amanecer, una parvada de pelícanos cruzó el cielo en forma de V.

Parecía un simple vuelo. Era una enseñanza.

El que iba al frente abría camino; los demás sostenían el rumbo. Cuando el cansancio llegaba, otro ocupaba su lugar. Ninguno era más importante. Ninguno quedaba atrás.

Así también transcurre la vida.

Hay quienes ejercen la paternidad desde la presencia, la palabra y el ejemplo. Y hay quienes, por circunstancias del destino, aprendieron a desplegar más de unas alas para sostener el vuelo de quienes aman.

La vida no siempre distribuye los roles de la misma manera, pero la conciencia reconoce a toda alma que acompaña, protege, guía y permanece. Porque la paternidad no nace únicamente de engendrar una vida, sino de asumir con amor la responsabilidad de cuidarla.

También hay seres que, sin haber dado vida biológica, se convierten en referentes, sembradores de esperanza. A veces una sola ave no sostiene el vuelo; son varias las que, desde distintos lugares de la formación, ayudan a vencer el viento y mantener el rumbo.

Hay quienes continúan acompañando desde horizontes que los ojos ya no alcanzan a ver. Aunque parezcan ausentes, su impulso permanece. Porque el amor auténtico no desaparece: se transforma en fortaleza y luz.

Como los pelícanos que avanzan juntos hacia el horizonte, cada ser cumple un papel en la gran travesía. Algunos abren senderos, otros resguardan el vuelo.

La trascendencia no está en el nombre del rol, sino en la huella de amor que permanece.

Felicitaciones a quienes ejercen una paternidad consciente y generosa; a quienes acompañan sin imponer, enseñan sin dominar y aman sin condiciones. También a quienes, desde otros vínculos y otras formas de cuidado, han sido refugio.

Que la vida les devuelva paz y alegría en el corazón de los demás.

 


Angélica María Armendáriz Ortega es doctora en educación administrativa por el Instituto Pedagógico de Posgrado de Sonora, licenciatura y maestría en enfermería por la Facultad de Enfermería y Nutriología de la Universidad Autónoma de Chihuahua y técnico en enfermería por la Escuela de Enfermería y Técnicas de la Salud de la Clínica del Centro. Es académica de tiempo completo de la FEN UACH (ATC); profesora Investigadora de la División de Estudios de Postgrado de la FEN de la UACH; integrante del Núcleo Básico del Doctorado y de la Maestría de Enfermería de la FEN de la UACH. Es miembro del Grupo de Investigación de Salud Comunitaria Divulgación de diversos libros, capítulos de libros, artículos nacionales e internacionales en materia de salud. Autora de diversos libros de enfermería y gestión sanitaria.