lunes, 15 de junio de 2026

Jacqueline Bouvier: La inteligencia como elegancia

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Jacqueline Bouvier: La inteligencia como elegancia

 

Por Marco Benavides

 

Jacqueline Lee Bouvier nació el 28 de julio de 1929 en Southampton, Nueva York, en una familia donde el privilegio social no anulaba la disciplina intelectual, sino que convivía con ella. Hija de John Vernou Bouvier III y Janet Lee Bouvier, creció rodeada de una educación esmerada. La equitación le enseñó la elegancia del control; la historia y la literatura, en cambio, le ofrecieron un territorio más vasto: el de la conciencia y la imaginación. Estudió en Vassar College, pasó un año en París y culminó sus estudios con una licenciatura en literatura francesa por la Universidad George Washington.

Al concluir sus estudios, trabajó en el Washington Times-Herald como fotógrafa y reportera. La anécdota suele mencionarse con ligereza, pero allí se revelaba ya una inclinación decisiva: antes que limitarse a contemplar el escenario, Jacqueline prefería internarse en él. En vez de aceptar el destino de simple presencia distinguida, eligió el contacto directo con la realidad, la observación minuciosa, la pregunta breve y exacta. Aprendió a leer los silencios, a distinguir entre la apariencia y la intención, a escuchar lo que no se decía de manera explícita. Y esa capacidad sería una de las formas más discretas y persistentes de su poder.

En 1953 contrajo matrimonio con John F. Kennedy, y cuando él llegó a la presidencia en 1961, Jacqueline asumió el papel de primera dama sin resignarse a la fórmula vacía del ceremonial. Su proyecto más recordado fue la restauración histórica de la Casa Blanca, empresa que abordó con una mezcla poco común de rigor cultural y sensibilidad simbólica. Comprendió que un país se piensa a sí mismo en los objetos que conserva, en las memorias que decide exhibir y en los relatos que legitima. La célebre visita televisiva de 1962, seguida por millones de espectadores, no fue solo una muestra de buen gusto, sino una lección pública sobre historia, identidad y representación.

El asesinato del presidente Kennedy, en noviembre de 1963, la enfrentó a una forma de dolor que no solo era íntima, sino también pública, histórica y casi insoportablemente visible. En medio de la conmoción, Jacqueline tuvo la lucidez de quien comprende que incluso el duelo puede convertirse en escenario y decidió no ceder del todo ese momento a la maquinaria de la imagen. Su negativa a cambiarse el traje manchado antes del juramento de Lyndon B. Johnson fue un gesto seco, sobrio y devastador: una manera de obligar al país a contemplar la verdad desnuda del crimen. Su matrimonio con Aristóteles Onassis en 1968 desconcertó a una opinión pública que prefería verla fijada en la inmovilidad de un símbolo nacional.

Ya viuda por segunda vez, retomó en Nueva York una vida profesional que desmiente todas las simplificaciones de su leyenda. Trabajó como editora en Viking Press y luego en Doubleday, donde quienes la conocieron recordaron no a una celebridad decorativa, sino a una lectora rigurosa, una mujer de juicio fino y exigencia real. Leía con atención, corregía con precisión y conversaba con autores desde una autoridad que nacía del conocimiento, no del prestigio prestado.

Murió el 19 de mayo de 1994. Más allá del estilo, Jacqueline Bouvier dejó una lección más duradera: la demostración de que la inteligencia puede ejercer influencia sin levantar la voz, y de que la sensibilidad cultural constituye una forma de autoridad. Su legado no reside únicamente en las fotografías que fijaron una época ni en la memoria sentimental de una presidencia mítica, sino en algo más hondo y menos visible: la convicción de que la elegancia verdadera nace de una vida interior exigente. Tal vez por eso su figura persiste, no como reliquia de un tiempo perdido, sino como ejemplo de una forma de presencia donde la inteligencia, la reserva y la belleza encontraron un equilibrio casi irrepetible.

 

Dr. Marco Benavides, 15 junio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo


 

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

La resonancia magnética puede. Y si ella puede, yo también. Todo parece una cuestión de ego, y si con ello me enredo en las barbas del ello, habré de disculparme porque no lo inventé, ni lo digo con burla, al contrario, nada merece más mi respeto que esos conceptos que pretenden explicarnos. Somos un iceberg, se funden los recuerdos y apenas nos tenemos en pie si decidimos transportamos a nosotros mismos a ese lugar sin límites de nuestra mente.

Hay un límite que no es ninguno. “Porque no hay dolor más grande que la vida consciente…”, ¿cómo era? “Ser y no saber nada” y “ser sin rumbo fijo”.

¿Por qué adoramos el terror? Porque ningún miedo profundo nos arranca de nosotros mismos y eso es lo que vamos buscando como quien huye de la muerte… de alejarnos, por eso la música y por eso las películas. Ya sabes de lo que estoy hablando.

No hay manera de amistarse con fantasmas. A lo más que se puede llegar con ellos es a huir, como de nosotros mismos, ¿por eso amamos las películas de terror? Porque algo va entrando en la caja torácica, el miedo da frío, una sensación de que dentro algo cambia, y sabernos desconocidos de nosotros mismos, es grave, como soltar la mano de quien nos enseña a caminar.

Ése es el éxito de las películas de terror.

Asustarse también es ausentarse, pero muy dentro de uno mismo. Y a esos paisajes son a los que no podemos habituarnos. Por eso los edificios y los parques, por eso las reuniones y las conversaciones sin sentido. ¿Cuántos de los que conoces son capaces de hablar con profundidad de lo que realmente les afecta? Huimos del miedo a vernos ¿mal?, la incomodidad es la peor de las alternativas, por eso suavizamos nuestras palabras, por eso a veces preferimos el silencio.

            Mi recuerdo de aquella calle es distinto del tuyo. Yo anhelaba estar frente a ti. No era una simple historia de amor. Era la última. En alguna parte de mis paisajes interiores (llenos de ausencias que nunca dejan de gritar) me lo prometí. Porque amarte era amar a un fantasma. Aunque no fue la primera vez que creí ver a ese amado muerto en otro cuerpo. Ya sé, me han aconsejado dejar a los muertos como están. Extraño consejo, porque precisamente es con ellos con quienes no se puede hacer otra cosa que dejarlos en paz. Y yo nunca les tuve miedo, quizá me he peleado con ellos, pero temerles nunca.

        Así funciona esto. Pensarnos, amar lugares, personas, cosas, ¿va a alguna parte? Amo el sonido de los pájaros. Cerca de mi casa hay árboles cuya estatura también amarías si la vieras. En las tardes de tormenta, antes de que la lluvia inicie a mojar sus hojas, esos árboles se mecen como navíos en medio de la tempestad. Verlos es hermoso. También es muy bello que las aves vivan entre sus ramas.

        Por eso un ave es lanzada y luego vuela (¿o solo los seres humanos hemos sido lanzados a la existencia?) Ni a quién preguntar por qué no volamos. “Ya mis hermanos lo desearon demasiado, tantas monedas lanzadas a la fuente de los deseos en nombre de ese sueño lo confirman”.

        Como quien besa un crucifijo, escucho las aves esta tarde y se entibia esa habitación donde late mi corazón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

sábado, 13 de junio de 2026

Agua

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Agua

 

Por Guadalupe Ángeles

 

El dios, ese dios que habita en lo profundo de mi aorta, me dijo que sus pies son de agua; pero en su voz, acentos metálicos desmentían lo líquido de su absurda confesión. Sin embargo, lo escuché en silencio, sintiendo como en mi cuerpo, a la altura del plexo solar, se abrían las compuertas de una presa perfectamente diseñada para que por ella corrieran las olas de sus sueños. Yo medraba con su acento, es verdad, pero las corrientes internas de su sentir encontraron un cauce en mi oído.

Tuve temor, no he de negarlo, pero pudo más mi hambre de oírlo y decidí que todo dios sabe de los elementos elegir su favorito, y si él (dulce Tláloc herido) decidía que su cuerpo fuese nube o hielo, a mí solo me tocaba tocarlo y reconstruirme si su nube fuese lluvia, y sentir, al tacto de su hielo, que no todo amor está hecho de fuego.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

viernes, 12 de junio de 2026

Piscis


 

Piscis

 

Por Karly S. Aguirre

 

A Martín Chávez Bejarano

 

Signo: Piscis
Fecha: 19 de febrero – 20 de marzo
Elemento: Agua
Planeta regente: Neptuno (tradicionalmente Júpiter)
Piedra: Aguamarina
Día: Jueves
Etapa: La integración espiritual (de los 49 a los 56 años), un periodo de comprensión profunda, reconciliación con la propia historia, desarrollo de la compasión y búsqueda de significado más allá de lo material y lo inmediato.
Arcano: La Luna

 

Piscis es el duodécimo y último signo del zodiaco, así como el tercero del elemento agua. Si Cáncer siente y Escorpio transforma, Piscis trasciende. Representa la energía de la disolución de los límites, la empatía universal y la conexión con aquello que existe más allá de la razón. Regido por Neptuno, planeta de los sueños, la intuición, la espiritualidad y la imaginación, Piscis nos recuerda que la realidad no se compone únicamente de aquello que podemos ver o tocar.

Su temporada marca el final del invierno y el cierre del ciclo zodiacal. La naturaleza se prepara para renacer, pero antes atraviesa un momento de transición donde lo viejo se desvanece y lo nuevo aún no ha llegado. Piscis encarna ese espacio liminal entre dos mundos: el pasado y el futuro, lo consciente y lo inconsciente, la materia y el espíritu. Es el signo que recoge las experiencias acumuladas por todos los anteriores y las transforma en sabiduría.

Como signo mutable de agua, Piscis posee una sensibilidad extraordinaria. Percibe emociones, ambientes y matices que muchas veces pasan desapercibidos para los demás. Su naturaleza es receptiva, adaptable y profundamente intuitiva. No busca controlar la vida, sino comprenderla desde una perspectiva más amplia. Mientras otros signos construyen fronteras, Piscis las difumina para descubrir aquello que une a todos los seres humanos.

Neptuno le concede una imaginación poderosa y una gran capacidad para conectar con el arte, la espiritualidad y los mundos simbólicos. Piscis suele sentirse atraído por la música, la literatura, la pintura o cualquier forma de expresión que permita traducir lo invisible en algo tangible. Sin embargo, esta misma sensibilidad puede llevarlo a confundirse entre la fantasía y la realidad, obligándolo a aprender el difícil equilibrio entre soñar y permanecer presente.

La etapa vital que representa, entre los 49 y 56 años, es un tiempo de integración. Después de décadas de experiencias, logros, pérdidas y aprendizaje, surge la necesidad de comprender el sentido profundo de lo vivido. Es un periodo donde muchas personas buscan reconciliarse con su historia, perdonar heridas antiguas y descubrir una conexión más auténtica consigo mismas y con el mundo. El arcano de La Luna simboliza este viaje interior: un recorrido por los territorios de la intuición, los sueños, los miedos y los misterios que habitan en el alma.

En el amor y los vínculos, Piscis es sensible, romántico y profundamente entregado. Busca conexiones emocionales genuinas y suele amar desde la empatía y la comprensión. Tiene una capacidad natural para acompañar y sostener a quienes ama, aunque necesita aprender a no olvidarse de sí mismo en el proceso. Su mayor desafío consiste en establecer límites saludables sin perder la apertura de corazón que lo caracteriza.

Piscis muestra que la vida no puede comprenderse únicamente a través de la lógica. Que existen verdades que se revelan en los sueños, en el arte, en el silencio y en la intuición; que la compasión es una forma de sabiduría y que toda existencia forma parte de algo mucho más grande que el individuo. Como las aguas que desembocan en el océano, Piscis simboliza el regreso a la unidad, el cierre del ciclo y la comprensión de que, en el fondo, todos estamos conectados.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

Acuario


 Acuario


Por Karly S. Aguirre

 

Signo: Acuario

Fecha: 20 de enero – 18 de febrero

Elemento: Aire
Planeta regente: Urano (tradicionalmente Saturno)
Piedra: Amatista
Día: Sábado
Etapa: La renovación de la conciencia (de los 42 a los 49 años), una etapa orientada a la libertad interior, la transformación de las ideas, la búsqueda de autenticidad y la apertura hacia nuevas formas de comprender la vida y la sociedad.
Arcano: La Estrella

Acuario es el undécimo signo del zodiaco y el tercero del elemento Aire. Si Géminis explora y Libra armoniza, Acuario transforma. Representa la energía de la innovación, de la visión colectiva y de la capacidad humana para imaginar un futuro diferente. Regido por Urano, planeta de los cambios repentinos, la originalidad y el despertar, Acuario impulsa la ruptura de estructuras obsoletas para abrir camino a nuevas posibilidades.

Su temporada ocurre en pleno invierno, cuando la naturaleza aún descansa bajo el frío, pero la luz comienza a regresar. Este momento simboliza la esperanza que surge después de la oscuridad, y la confianza en lo que todavía no existe, pero puede llegar a ser. Acuario encarna esa promesa de renovación. Su mirada está dirigida hacia adelante, hacia lo que puede construirse más allá de los límites del presente.

Como signo fijo de aire, Acuario posee una mente firme, independiente y profundamente idealista. No se conforma con aceptar las cosas tal como son; necesita comprenderlas, cuestionarlas y, si es necesario, transformarlas. Su energía busca la libertad intelectual y emocional, pero también el progreso colectivo. Acuario comprende que el crecimiento personal adquiere un significado más profundo cuando contribuye al bienestar de los demás.

Urano le otorga una naturaleza impredecible y visionaria. Acuario suele adelantarse a su tiempo, percibiendo posibilidades que otros aún no pueden ver. Por ello puede parecer excéntrico, distante o diferente. Sin embargo, detrás de esa aparente frialdad existe un profundo interés por la humanidad. Acuario ama las ideas, las personas y las causas que promueven la evolución, aunque muchas veces prefiera expresar su afecto a través de acciones y convicciones antes que mediante demostraciones emocionales convencionales.

La etapa vital que representa, entre los 42 y 49 años, es un periodo de renovación profunda. Después de haber construido una identidad y alcanzado cierta estabilidad, surge la necesidad de preguntarse qué aspectos de la vida siguen siendo auténticos y cuáles necesitan transformarse. Es una etapa en la que muchas personas redefinen sus prioridades, se liberan de expectativas ajenas y buscan una mayor coherencia con sus ideales. El arcano de La Estrella simboliza precisamente ese momento de esperanza, inspiración y confianza en el propio camino.

En el amor y los vínculos, Acuario valora la libertad, la autenticidad y la amistad. Necesita relaciones donde exista respeto por la individualidad y espacio para el crecimiento mutuo. No tolera las imposiciones ni los lazos basados en la dependencia. Cuando encuentra una conexión genuina, se muestra leal, estimulante y profundamente comprometido con el bienestar de la otra persona. Su forma de amar busca construir puentes entre dos seres libres, no cadenas que los limiten.

Acuario nos enseña que toda evolución comienza con una idea distinta. Que la libertad no consiste en romper con todo, sino en vivir de acuerdo con la propia verdad. Nos recuerda que el futuro se construye cuestionando el presente y que la esperanza es una fuerza capaz de transformar tanto a las personas como a las sociedades. Como la Estrella que ilumina la noche, Acuario inspira a mirar más allá de lo conocido y a confiar en que siempre es posible imaginar un mundo mejor.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

jueves, 11 de junio de 2026

Addendum para el Quijote

 

Diseño gráfico: Copilot IA


Addendum para el Quijote

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

El historiador Hilario Armendáriz de la Villa estaba pasmado ante aquel documento que había caído en sus manos. Sin duda era antiguo, escrito en árabe. Pudo traducirlo con ayuda de un traductor electrónico que le proporcionó una versión castellana, no muy buena, pero que pudo pulir con la ayuda de Abdul, un muchacho marroquí, alumno suyo.

El profesor Hilario estudiaba un par de cuartillas de papel de computadora que sostenía en la mano derecha, mientras que Abdul hacía lo propio con el pliego escrito en una caligrafía arábiga nasji impecable. Sobre la mesa se veía una caja con el interior forrado de terciopelo negro en la que según el anticuario que vendió el manuscrito había contenido el manuscrito por cuatrocientos años.

—¡Habdulilá! —exclamó Abdul compartiendo la emoción de su maestro.

—¡Sí, es increíble! Esta es la última redacción. Déjame leértela y dime si crees que algo todavía necesita cambiarse —replicó el profesor mirando a través de sus gruesas gafas a su alumno, mientras tomaba un sorbo de agua y poniéndose de pie comenzaba a leer:

—Sin duda lo firma Cide Hamete Benenheli y dice al principio: “Para ser insertado entre el capítulo ‘Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento …’ y ‘la desgraciada aventura de los yangüenses’

 

“Desde lejos habían avistado un bosquecillo, justo al pie de una de las sierras que rodean la llanura. Unas cuantas encinas, no muy altas o impresionantes cual corresponde a un lugar poco favorecido por las lluvias ocasionales que ahí llegaban a caer. Pero daban una sombra en la cual podrían descansar después de todo un día bajo el implacable sol manchego. Una de las encinas tenía una rama colgante que el hidalgo encontró adecuada para colgar el peto y espaldar de su armadura. Sancho pronto encontró una piedra donde sentarse y así de rápido se dispuso a desatar un bultito que llevaba y del cual surgieron un trozo de longaniza, una barra de pan, un frasco de boca ancha con habichuelas y un par de taleguillas probablemente conteniendo sal y pimienta.

—Hagamos una fogata para calentar las habichuelas y la longaniza —dijo Sancho anticipándose a preparar su frugal banquete.

 

“Miró de reojo a su amo que se despojaba de las grebas, piezas de la armadura que protegen las piernas. “Debe estar muy cansado —pensó— pues no se las quita ni para dormir” En efecto, lo único que lo identificaba ahora como un caballero andante era la espada que pendía de su cinturón y aquel curioso yelmo que si uno lo examinaba con atención caería en la cuenta de que se trataba de una bacía de barbero.

 

“Se dispuso entonces el fiel escudero a recoger y apilar ramitas de encino que yacían cerca de ellos bajo la misma sombra. Luego sacó del bolsillo de su camisa un eslabón de hierro, un trozo de pedernal y una bolsita conteniendo yesca. Con una habilidad impresionante y siendo observado con curiosidad por don Quijote encendió el fuego. Pronto sacaría de lo que quedaba de su atado una ollita de metal en la cual vació las habichuelas.

 

“Mientras tanto Don Quijote ya aligerado de su pesada armadura paseaba entre las encinas. De pronto dio un salto hacia atrás y desenvainó la espada apuntándola hacia el suelo frente a él. Desde donde estaba Sancho no podía ver de que se trataba, así es que se puso de pie y se acercó a su amo. Siguió con la vista la espada y ahí casi a punto de ser ensartada la vió: una verde lagartija.

—¡Mirad Sancho un dragón!

—¡Por Dios mi señor! Es una lagartija.

—¡Así lo hacen parecer los encantadores!

—¡Otra vez como los molinos de viento!

 

“Como que al hidalgo no le gustó el comentario. La conversación espantó al reptil el que desapareció bajo una piedra.

—¿Lo veis Sancho? Tan pronto supimos lo que era realmente, el dragón desapareció. Pareciera que no había pasado nada.

—Las habichuelas y la longaniza nos esperan.

 

Aunque satisfecho del resultado de su colaboración en la traducción de aquel documento, el muchacho marroquí parecía, por una parte, no entender el alcance que pudiera tener aquella breve historia y, por otra, advertía cierto miedo en la voz de su maestro y así se lo manifestó. A lo que él respondió:

—La importancia de este pasaje —dijo aclarándose la garganta y asumiendo el tono más doctoral posible— es que mientras los libros de caballerías que volvieron loco al Quijote hablan abundantemente de los dragones, Cervantes no los menciona ni una sola vez en su obra. Cierto que esta ausencia ya había sido notada y que incluso alguien escribiò algo para subsanarla, pero este relato que te acabo de leer, si es que no es espurio, es el primero que nos llega de la fuente primaria del Quijote.

Ciertamente creer que una lagartija es un dragón y que lo que ven sus sentidos es una distorsión causada por encantamiento no es tan impresionante como el de confundir los molinos de viento con gigantes y sin embargo es el mismo síntoma de la misma enfermedad.

Pero tienes razón, tengo miedo de la reacción de la comunidad de historiadores, literatos, lingüistas y cervantistas en general, ya los oigo decir: “Cide Hamete Benengeli es una creación de la mente de Cervantes, nunca existió en realidad. No pudo haber escrito ese manuscrito que nos muestras”. No creo que ninguno de ellos esté dispuesto. a aceptar que sí existió. Otros se resistirán a cambiar nada del libro como está ahora

“Es innecesario” —dirán— “No añade nada “

Y por supuesto, sabiendo que estas muy posiblemente serán las respuestas seré tratado como un charlatán. Por ello antes de dar a conocer nuestro hallazgo haré llegar el documento a un experto en datación con carbono 14 para verificar la antigüedad del mismo. También le pediré —y no te ofendas por favor— a un experto en documentos árabes de la época para determinar si las palabras y estilo empleado son de esa época.

—Ya veo, no es tan fácil.

—No, no lo es.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

miércoles, 10 de junio de 2026

Arte de la melodía


 Diseño gráfico: Copilot IA

Arte de la melodía

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Irme de bruces hacia tu vida. Ignorar tu muerte y hacerme una idea de mí a través de la interpretación tuya de tus días: "un estado del alma", así viviste la enfermedad y es ahí, en ese cruce de caminos, donde nos encontramos: si yo siempre he sido la principal beneficiada de una salud sin fisuras, y dejando aparte a quienes pudieran dar fe de lo extraordinariamente feliz que ha sido esta condición, hoy me siento contigo a través solo de tus palabras (no hay muerte si hay escritura, bien pudieras haber dicho), y así, aquí contigo conversando, mientras el mundo sigue urdiendo sus mentiras, podemos ambos tejer una buena manta de conceptos para cubrirnos del exterior desastre, para ser invisibilizados por los minuciosos caminos compartidos que van siempre a lo hondo sin temer al ahogo.

       Breve tu nombre guardo entonces en el interior de mi mano, todas las líneas que el azar ahí dibujó son también la caligrafía que habitó tus días y noches. No temo entonces nada, moro en el cálido anhelo de ser tú, aunque abandonaste el mundo. Tal despropósito nadie podrá arrebatarme, pues en el dolor recién descubierto, lo entiendo, gracias a ti, como una puerta hacia lo otro, ese lugar donde ambos, como quien comparte un silencio lleno de sentido, nos hermanamos, dejamos atrás el concepto de "tuyo" o "mío" y entiendo, en un destello de nueva lucidez, que mi vida toda puede ser (es) solo un fragmento del gran discurso que diseñaste para desarmar todo lo que antes fue motivo de pleitesía ciega.

       Palabra de ti, signo que solo a tu lado tiene sentido, guardo tras máscara que oculta tu nombre nuestros rostros, al unísono pronunciados.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.