¿Quién querría una piedra de amiga?
Por Guadalupe Ángeles
Aquí estamos, en silencio, mirándonos sin
mirar, admitiendo que la situación debe ser así. Es cierto, me gusta hacer
frases, ¿pero en realidad eso hace esto menos grave? No sé. Si creyéramos en la
gravedad no habríamos entrado en este juego sin pies ni cabeza. Porque sí
tenemos ambos, ¿o cómo se dice que los dos tenemos cuerpo humano? , sí, a veces
lo literal suena absurdo y ser inexplicables también entra en nuestra apuesta
por “sernos”.
Sabes que me gusta buscar caminos fáciles, tú
lo eras, según yo, o así lo imaginé cuando empecé a romper tus armas, riéndome
de ellas, haciéndolas como si fuera inmune a ellas, pero lamentablemente lo soy
¿lo soy? Enteramente entregada al juego, me podía reír, sí, risa de nervios,
como si conociera por dentro los cajones donde nos quieren meter, por género y
número, porque los conozco, como conozco a los de tu especie.
Seguramente dirás lo mismo de mí y
emprendiste el camino que mejor te llevaría a lo profundo de mis anhelos para
hacer fiestas, y las hicimos, claro, no hay arrepentimiento, hay lucidez, y tal
vez eso fue lo nuevo para ti. Lo que pude aportar a tu tránsito por ese pasillo
donde tomaste lo que quisiste cuando quisiste sin ningún problema.
Tampoco presumo de ser un problema para ti,
quise ser tu muerte, es cierto, pero ya estabas preparado y yo no veía para mí
un futuro carcelario como deseable, eso nos salvó, a ti de la nada, a mí de un
destino, no sé que tan edulcorado como protagonista de alguna película serie B,
de presupuesto más bien humilde.
En fin, tampoco caeré en el alcoholismo para
hacerme soportable tu presencia, prefiero prescindir de ella, o acercarme a ti
como la mosca a la que la rana le invita a llevarla al otro lado del estanque,
prefiero mi vida de vuelos erráticos a posar mis patas sobre ti y creo que es
mejor para mis cientos de ojos posarse en paisajes ajenos a tu mirada.
Extrañamente esto no es un adiós, es quizá un
entrecerrar los ojos ante tu evidente decadencia y mi lucidez no sé que tan
majestuosa todavía.
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.






