jueves, 26 de febrero de 2026

Rolling Stones – Let it Bleed (1969)


 La cinta musical

Rolling Stones – Let it Bleed (1969)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Después de The Beatles, y a veces sobre ellos, se considera a The Rolling Stones la banda más importante del rock mundial.

     Let it Bleed (Déjalo sangrar o deja que sangre) fue el décimo álbum de estudio de The Rolling Stones y el último de su etapa musical frente a sus contrincantes, los también ingleses The Beatles. Estos últimos produjeron Abbey Road ese mismo año.

     Editado el 5 de diciembre de 1969, Let it Bleed marcó el inicio de la etapa del guitarrista Mick Taylor, quien participó en dos canciones, Country Honk, con la guitarra slide, y Live with me, con la guitarra eléctrica líder. El 3 de julio de ese año, cinco meses antes de la aparición de este álbum, moría ahogado el guitarrista y multi instrumentista Brian Jones, en la piscina de su residencia en Sussex, Inglaterra, por una sobredosis de anfetaminas con cerveza mientras nadaba. Este músico, fundador de la banda en 1962, también contribuyó con dos canciones del álbum: Midnight rambler, con las congas, y You got the silver, tocando el autoarpa.

     Jones radicaba al sur de Gran Bretaña en una casa de campo, la cual había pertenecido a Alan Alexander Milne, el creador del personaje infantil Winnie The Pooh, Tiger, y demás personajes singulares.

     Let it Bleed fue producido por Jimmy Miller, bajo la discográfica Decca Records en el Reino Unido y London Records en Estados Unidos. Todas las canciones, excepto Love in vain, pertenecen a la dupla Jagger-Richards y su contenido presenta los géneros Rock, Blues rock, Hard rock y Country blues.

     La bella portada es una tarta de boda, con los miembros del quinteto en lo alto; dichos muñequitos fueron elaborados con pasta francesa: el bajista Bill Wyman, el fenecido guitarrista y múltiple instrumentista Brian Jones, el baterista Charlie Watts, el vocalista Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards, respectivamente. Los pisos inferiores del pastel están constituidos por una torta de huevo, por un neumático de bicicleta, una pizza, el panel de un reloj y una lata de cinta magnética esta última lleva la inscripción “Stones – Let it Bleed” que posan encima de un tocadiscos, el cual reproduce el álbum en mención.

     El diseño fue realizado por Robert Brownjohn, desde la óptica de su libro Tocadiscos automático.

     Así, la grabación comienza con Gimmie shelter, que fue un tumultuario grito instrumental de protesta hippie contra la guerra de Vietnam, conminando a buscar refugio. Es conducida por la voz pastosa de Jagger y seguida por los coros de Richards, Wyman, Watts y como invitada estuvo Merry Clayton, cantante de soul y góspel, realizando un solo de voz altísimo: Rape murder, it’s just a shot away… It’s just a kiss away. Le sigue Love in vain, compuesta por Robert Johnson, una balada lastimosa que habla del amor no correspondido en un estilo country blues, destacándose la guitarra rítmica del Stone Keith Richards y la mandolina del músico invitado Ry Cooder.

     Country Honk es una pieza country rock homóloga a Honky Tonk Women (hard rock), ambientada la primera en Jackson, Mississippi, mientras que la segunda escenifica a Memphis, Tennessee, siendo publicada esta última en el álbum compilatorio Through the Past, Darkly (Big Hits, Volume 2), también de 1969. Ambas fueron señuelos en el desempolve social que marcaron los años 60. Country Honk es interpretada en el violín por Byron Berline.

     Continuando con la cara A (hablamos de un cassette), Live with me inicia con un portentoso bajeo a cargo de… ¡Keith Richards! Sí, aquí no toca el bajista Bill Wyman. Mick Jagger se luce, como siempre, con su voz energética, mientras que la potente batería de Charlie Watts no se hace esperar al lado del guitarreo de Mick Taylor. Cabe mencionar las participaciones del saxofonista Bobby Keys, así como de Leon Russell en piano y arreglo de vientos.

     Let it bleed, pieza que intitula el álbum, abre con guitarra rítmica y batería, acompasando la voz de Jagger; de fondo, escuchamos las notas de un soberbio piano ejecutado por el músico de sesión Ian Stewart, y el autoarpa tocada por el bajista Bill Wyman, que, en conjunto, dichos instrumentos se encuadran con una inusual voz grumosa del señor Jagger:

 

Well, we all need someone we can lean on, and if you want it, well you can lean on me… Yeah! We all need someone we can bleed on, yeah!, and if you want it, baby, well you can bleed on me… Yeah! We all need someone we can bleed on, yeah, yeah, and if you want it, baby, why don’t ya bleed on me… Aaaaah! Get it on rider, wooooh, get it on rider, babe.

 

El lado B principia con Midnight rambler, con las guitarras eléctricas de Richards y Brian Jones, armónica y voz de Jagger, y congas de Jones. Es una protesta social y habla de un asesino serial. Cabe decir que grupos como Rolling Stones, Beatles y Pink Floyd marcaron cambios en la música desde el contrapunto, la letra, las gesticulaciones en el escenario, las portadas en acetatos, cintas magnetofónicas 'reel to reel', audio cassettes y cartuchos 8-tracks, aparte de su ingenio propio.

     Todo fue protesta, a partir de 1967 -desde Londres y San Francisco- con las frases mundiales “Power Flower”, “Amor y Paz” y “Prohibido prohibir”.

     You got the silver es la primera canción que Keith Richards canta solo, desde el primer álbum England’s Newest Hit Makers, de abril de 1964, cuando hizo segunda voz con Mick en la pieza Tell me (you're comming back), compuesta por ellos dos. Aquí, se destacan la guitarra eléctrica de Richards, el órgano del músico invitado Nicky Hopkins y, sobre todo, el autoarpa de Brian Jones. Enseguida, Monkey man refiere el estilo vivencial que la banda sostenía por aquellos años, y se escuchan el piano de Nicky Hopkins, pandereta a cargo de Jimmy Miller, así como el vibráfono de Wyman. Semeja un montaje teatral dramático, cargado con reflexiones acerca de la poca monta de un equis ser humano subvaluado en este mundo perverso.

     El disco culmina con la pieza clásica You can’t always get what you want, con arreglos de viento y órgano de Al Kooper, arreglo coral de Jack Nitzsche, batería del productor Jimmy Miller -no tocó Watts aquí- y percusiones de Rocky Dijon. Pero su agasajo auditivo consiste en escuchar las voces introductorias y finales de niños del Coro Bach de Londres (The London Bach Choir), aunadas a las voces de Nanette Newman, Doris Troy y Madeline Bell. No siempre puedes obtener lo que quieres es fantástica en musicalidad, artística sin más, con una duración de 7:28 minutos, pero lo que la ensombreció fue el escándalo que provocó ante integrantes y directivos del Coro Bach Londinense, cuando oyeron las alusiones a las drogas en que habían participado. Los Stones cuidaron hacer una sola grabación, por razones obvias.

     Finalmente, este selecto acetato, producido en formatos disco vinilo LP, cinta de magnetófono de bobina abierta (reel to reel), audiocinta cassette, cinta 4-track, cinta 8-track y también cinta play-tape, llegó al primer sitio del Reino Unido (UK Albums Chart), tercer puesto en Estados Unidos y Alemania (Billboard 200 y Offizielle Top 100, respectivamente), primer lugar en Países Bajos (Mega Charts), segundo sitio en Australia y Noruega (Kent Music Report y VG-lista) y cuarto puesto en Canadá (RPM).




 

Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

José Alfredo Jiménez: el poeta que cantó a un país entero

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

José Alfredo Jiménez: el poeta que cantó a un país entero

 

Por Marco Benavides

 

Hablar de José Alfredo Jiménez es hablar de una voz que no necesitó estudios musicales formales para convertirse en el corazón emocional de México. Nacido en Dolores Hidalgo, Guanajuato, en 1926, su obra trascendió la frontera de la canción ranchera para instalarse en la memoria colectiva como un repertorio de sentimientos compartidos. En una época donde la profesionalización musical era requisito casi indispensable para el éxito, él demostró que el talento auténtico no necesita certificados ni academias, solo verdad y sensibilidad.

Su llegada a la música fue tan improbable como inevitable. Trabajó como mesero, futbolista y empleado de farmacia antes de que su talento encontrara un cauce definitivo. Creció en un México posrevolucionario que buscaba construir su identidad nacional, y José Alfredo, sin proponérselo conscientemente, se convertiría en uno de los principales arquitectos de esa identidad sonora. Su primera canción grabada, Yo, en 1950, marcó el inicio de una carrera meteórica que cambiaría para siempre el panorama de la música popular mexicana.

Canciones como El rey, Si nos dejan, Amanecí en tus brazos o Ella no solo se volvieron himnos; se transformaron en espejos donde generaciones enteras han reconocido sus propias derrotas y celebraciones. Fue en los años cincuenta cuando su carrera despegó definitivamente, convirtiéndose en el compositor más solicitado por los grandes intérpretes de la época. Pedro Infante, Jorge Negrete, Miguel Aceves Mejía y más tarde Javier Solís llevaron sus canciones a todos los rincones del país y más allá de sus fronteras. José Alfredo componía para ellos, pero también componía para el obrero que salía de la fábrica, para la mujer abandonada, para el migrante que dejaba su tierra, para todos aquellos que necesitaban palabras para nombrar lo innombrable.

La fuerza de José Alfredo radica en su lenguaje directo, desprovisto de artificios, pero cargado de una profundidad emocional que lo acerca más a los grandes poetas que a los compositores convencionales. Su obra es un mapa sentimental del país: los bares, los caminos polvorientos, las madrugadas interminables, los amores imposibles y la dignidad herida. Temas como El jinete, Camino de Guanajuato, Que te vaya bonito o Media vuelta son testimonio de esa capacidad única para capturar la esencia del alma mexicana en apenas tres minutos de música. No hay artificio retórico, no hay palabras rebuscadas: solo la verdad desnuda del sentimiento humano.

Lo extraordinario de su legado es que nunca pretendió ser intelectual o rebuscado. José Alfredo escribía con la sencillez de quien conversa en una cantina. Sus palabras eran accesibles para cualquiera, pero resonaban con verdades universales sobre el amor, la pérdida, la soledad y la resistencia. Por eso sus canciones han sido interpretadas por cientos de artistas a lo largo de las décadas, desde los íconos de la Época de Oro del cine mexicano hasta Vicente Fernández, quien se convirtió en uno de sus principales herederos vocales, y más recientemente por nuevas generaciones de cantantes que descubren en sus versos una vigencia sorprendente y necesaria.

José Alfredo vivió intensamente, con la misma pasión con la que componía. Su vida estuvo marcada por excesos, amores tormentosos y una entrega total a su arte. Componía de manera prolífica: se estima que escribió más de mil canciones a lo largo de su carrera. Algunas nacían en servilletas de cantina, otras en momentos de inspiración súbita. Pero todas llevaban su sello inconfundible: esa mezcla de melancolía y fortaleza, de resignación y rebeldía que define el carácter mexicano. Era un hombre que cantaba al desamor desde la experiencia, al dolor desde la herida abierta, a la vida desde sus contradicciones.

A pesar de su muerte temprana en 1973, a los 47 años, su legado permanece vivo en la memoria colectiva de los mexicanos. No solo escribió canciones: escribió un lenguaje compartido para nombrar las emociones que nos unen como pueblo. Su voz, aunque callada hace décadas, sigue resonando en cada brindis, en cada despedida, en cada corazón que necesita palabras para lo que no se puede decir. Porque José Alfredo no solo fue un compositor: fue el cronista del alma mexicana, el poeta del pueblo que supo convertir el llanto en canción y la canción en consuelo.

Dr. Marco Benavides, 29 enero 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Doña Chinta

 

Foto: Pedro Chacón

Doña Chinta

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

La conocí hace varios años. El destino nos llevó hacia allá, en medio del desierto de esta tierra calichosa, llena de mezquites, cardenches y lechuguilla. Andábamos tratando de conseguir quién nos vendiera una víbora de cascabel seca, porque dicen que su carne cura alergias, es estimulante sexual y sirve para muchas enfermedades, incluyendo el cáncer.

Anduvimos por veredas de esa tierra seca como harina. Encontramos una cabaña rústica con techo de palma y paredes de jaras. La puerta era un pedazo de lámina que se bamboleaba con el viento y el polvo. Nos bajamos de la camioneta y, con recelo, gritamos:

—¡Señor, señora, queremos hablar con usted!

Asomó por la puerta un hombre moreno, alto, gordo y ya de bastante edad, que nos gritó:

—¿Qué buscan?

Le dijimos que queríamos comprar una víbora de cascabel, y soltó una carcajada. Se le vio la boca desdentada. Éramos cuatro los que íbamos, y nos invitó a pasar a su jacal.

Adentro estaba una mujer bajita, de mediana edad, con el pelo entrecano y color trigo, ojos gatunos y amielados. En verdad era bonita, pero en su semblante se veía una tristeza muy honda, como si tuviera el corazón hecho pedazos. Surcos en sus mejillas hablaban de muchas lágrimas.

En el centro, una viga de álamo gruesa y muy grande sostenía el techo de palmas. Era un solo cuarto muy pequeño, donde apenas cabíamos los seis. A un lado, una estufa de leña con una olla de peltre tiznada, y camastros casi a ras del suelo. Yo conté cuatro, todos apretujados.

Don Simón nos dijo:

—Miren esta viga, es una viga de virtud porque sostiene nuestro techo. Pero hace cinco años, el día de San Isidro, mero mero de las siembras, que es el 15 de mayo, le rezaron todos los beatos y el cura, y se soltó un tremendo aguacero con truenos y relámpagos. Les juro que corría agua como ríos. Fue todo un desmadre, pues las cosechas se echaron a perder con tanta agua. Duró meses en secarse la tierra; los barbechos se ahogaron junto con la cosecha. Aquí cerca está el arroyo de Los Burros, y no podíamos ir al pueblo de tanta agua que traía.

Tomó un respiro, y doña Chinta por fin habló, con voz muy queda y dulce:

—No se vayan, espérenme tantito y les hago un buen café.

Atizó la estufa, y de una garrafa lechera llenó con agua la olla de peltre. Se dio el lujo de echarle un piloncillo y café de grano. Para nosotros no estaba bien despreciar lo que nos ofrecía, dentro de su pobreza. Al fin nos sirvió el café. Solo tenía dos tazas, también de peltre y despostilladas. No hubo más remedio que tomar todos de las dos tazas, incluyéndolos a ellos, un sorbo cada uno. Y, pues ni modo de hacer gestos, hasta que nos acabamos el café.

Don Simón retomó la plática:

—Les dije que esta viga que sostiene mi casa es de virtud, porque hace años se nos quemó el jacal por culpa de uno de mis hijos, que les dicen "los guamos" porque tragan muchas caguamas. Se quedó dormido fumando un cigarrillo de esos Faros, y como estaba pegado a las jaras, pos se prendieron. Por poco nos quemamos todos. Pero no sé si Dios o el diablo nos salvaron. Y también quedó ilesa la viga. Yo creo que más bien fue el diablo, porque él anda entre las llamas.

—A mi vieja yo me la traje a la juerza de allá por Meoqui. Ella no quería venirse conmigo ni darme hijos, pero me salí con la mía. Así como la ven, es muy aguerrida. Nada más que se ha ido apaciguando por la tristeza, pos mis hijos un domingo se fueron a Torreoncitos, se pusieron bien borrachos con tanta caguama, y uno de ellos pos no se fijó que su hermano estaba recargado enfrente de la troca, le dio pa' delante y lo dejó untado en otra troca que estaba enfrente. Desde entonces Chinta ya no es la mesma.

—A mi otro hijo pos lo metieron a la cárcel por la muerte de su hermano, y fue mi vieja a rogarle de rodillas a la autoridad pa' que lo dejaran libre. Y vaya que lo logró. Pero hasta la fecha ella no le dirige ni una palabra al hijo que nos quedó.

—Me gusta mucho ir a Jiménez y más pa' las ferias del seis de agosto, pos hay carreras de caballos que la mayoría de las veces me dejan sin un cinco… como dicen, encuerado. Y pos las muchachas, que echándoles maíz se apean… a mí, como soy de acá, me gusta el sotol. Duro allá en el pueblo hasta que no tengo nada más que gastar.

Pero vieran cómo es mi Chinta, que no se me raja. Claro que dura unos días sin hablarme, no tanto porque ande con viejas, sino porque me gasto todo el dinero. Luego ella es la que batalla, rogándoles en la tienda del ejido que le fíen, cortando quelites para la comida, matando palomas, conejos, ratas del campo, y cuando tiene suerte, caza una víbora, que también nos cocina. Por eso ven todos esos cascabeles colgados de adorno —(soltó la carcajada)—, y aunque no lo crean, muchas de las veces los cascabeles se ponen a moverse y se oye como un ruido de sonajas. Ya nos acostumbramos, pero al principio sí nos daba miedo. Yo nunca demostré el susto, pero se me ponía el cuero chinito. Y ustedes, que vinieron hasta acá buscando víbora pa’ remedio… tons nosotros estamos ya muy curados y muy viriles, porque las comemos seguido —y soltó otra carcajada.

Doña Chinta se veía incómoda, frotándose las manos y agachando la cabeza de la vergüenza. Pero a él no le importó. Empezó a oscurecer y nos despedimos. Él trataba de retenernos para seguir platicando, pero le dijimos que no conocíamos muy bien las brechas. Se burló:

—¡A qué rajados! —nos dijo—. Cuando quieran vuelvan, y chance tenga un trago de sotol y les convide un pedazo de víbora pa’ su hombría.

Nos despedimos ya oscureciendo. Él salió con su sombrero de paja, agitándolo para decirnos adiós, y gritándonos:

—¡Acá los espero!

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

martes, 24 de febrero de 2026

Boceto de 5º grado

 

Boceto de 5º grado  

 

Por Erbey Mendoza

 

Teníamos una tarea grupal y la casa de Edgar era la mejor de todos los del equipo. Edgar de la O Vaquera, a sus diez años, era ya todo un varón hasta en los apellidos. Durante la temporada de calor, iba a la escuela en camisetas blancas interiores ajustadas. Su cabello era un eterno natural oscuro: jamás trajo las patillas largas o desliñadas como todos nosotros. Mantenía su espalda recta en todo momento: de pie, sentado, o al caminar.

Bájale, güey, vas bien recio ―le dije a Jesús Albino desde los diablitos de la bicicleta―. Nos vamos a caer.

Ya habíamos recorrido varias cuadras de aquella remota terracería de pocos autos. Un par de cuadras después, nos fuimos de bruces.

El aterrizaje me abrió una herida en la palma de la mano, cerca de la muñeca. Cuando le mostré lo aparatoso de mi recién adquirida lesión, Albino se pronunció ileso, apenas un poco sofocado. Llegamos a la casa de Edgar con tierra mal sacudida en nuestros pantalones, y con un pedazo de piel, de aproximadamente un centímetro cuadrado, todavía unido a mi mano. Tan pronto Edgar abrió la puerta, le presumimos.

Ira, güey.

Acto seguido, Edgar llamó a su mamá.

Nada grave. La mamá de Edgar me llevó al cuarto de baño; allí cortó el pedazo de piel con unas tijeras, me lavó con una sustancia antiséptica, y me puso una gasa con adhesivos. Tímido hasta la fecha, yo sentía más vergüenza que dolor ante su amable gesto.

El baño de la casa de Edgar me pareció enorme, impecable. El de mi casa era pequeño y con suelo de cemento, y había una cortina azul que fungía de puerta. Por el enorme espejo frente al lavabo, falsamente escondidos tras la señora, Edgar y Albino presenciaron todo el procedimiento curativo. Sus risillas eran notablemente fingidas.

Un lunes, Edgar nos convocó a todos en el recreo para compartirnos un “juego” que había aprendido durante el fin de semana. El juego consistía en encender un cerillo (llevaba una cajita de La central nueva) e, inmediatamente después de apagarlo, había que aplicar la brasa a nuestros nudillos. El objetivo era, en resumen, demostrar valentía y fortaleza. Edgar respondió lo mismo a cada uno de los que nos rehusamos a participar:

¿Qué? ¿No es hombre o qué?

*

En el verano del 89 sucedieron dos cambios relevantes en mi vida. Por un lado, la televisión abierta me permitió conocer a Michael Jordan y los Toros de Chicago. Por el otro, la crisis económica obligó a mi familia a mudarnos de casa, de barrio, y de estatus económico. Con ello, también cambié de primaria. Entré a la escuela de Edgar y Albino por la puerta grande: en menos de dos semanas adquirí fama universal (es decir, entre el alumnado y el personal de la Escuela Primaria Revolución). En mi primer lunes de honores a la bandera, el inclemente sol del verano chihuahuense me derribó, sin más, frente a la comunidad escolar. Así, pasé instantáneamente de ser El Nuevo a ser El Desmayado.

Entre los juegos populares de los niños de quinto y sexto de aquel entonces estaban las patadas, las guerritas (a pedradas o con toritos), la trai con cuarta (para caballo, es decir, fusta de cuero), y el chinche al agua, por mencionar los más memorables. Se entenderá, así, que el juego de los cerillos que Edgar introdujo era congruente con las tradiciones lúdicas de la escuela.

También se jugaba al futbol. Pero yo acababa de descubrir la magia aérea de Michael Jordan. ¿Cómo esperaban que participara en sus caóticas polvaredas si había una cancha con sus tableros y canastas en buen estado? También a Albino le gustaba el básquet, y a Benjamín Apolonio. Apenas ahora caigo en cuenta del maravilloso perfil onomástico que predominaba en esa institución educativa.

Aunque las canchas de básquet eran territorio de las niñas, los tres preferíamos el deporte ráfaga.

¡Se les van a romper las medias!

El profe Lencho, nuestro profesor durante 5º y 6º, no desperdiciaba oportunidad para hacer gala de su conciencia formativa de párvulos y de sus credenciales como educador. Es bien sabido que, en la educación escolarizada, el aspecto formativo mediante la socialización influye tanto como el académico. Aquella escuela se encargaba de dejar en sus pupilos una impronta duradera. El profe de tercero (no recuerdo su nombre) era famoso por sus estrategias conductistas mediante el uso del metro.

*

Ahora que lo pienso, no recuerdo qué fue de aquella bicicleta Magistroni. Era color guinda, aunque luego intenté pintarla. Hasta donde sé, ya no quedan calles sin pavimentar en aquel barrio. Tampoco me queda evidencia de la caída. No he vuelto a ver a nadie de aquella escuela. Si sí, no pude reconocerlo. Una sincera disculpa.  

Recuerdo la cicatriz en alguna de mis manos. ¿Habrá sido en la derecha?  

 


Erbey Mendoza es doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Entre sus publicaciones están La expedición punitiva: reporte del General Mayor John J. Pershing (traducción, UACH, 2014), dos poemarios: Entorno de los días, con Víctor Córdoba (ICHICULT, 2016), y El destino en un sombrero, con Norma Luz González (UACH, 2019), además de algunos artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del Cuerpo Académico Estudios Humanísticos de la Cultura, del Sistema Nacional de Investigadores, y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.

Genes

 

Foto: Pedro Chacón

Genes

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

La tarde no parecía ser de primavera, hacía demasiado calor y solo estábamos en marzo. Los muchachos formaban corrillos, por no llamarlos pandillas, y los del barrio parecían más activos que de costumbre ese día. Un viejo profesor les observaba desde su mecedora en el pórtico. Parecía fascinado con lo que veía. Anotó en su libreta: “hay un miembro nuevo y preparan su iniciación”.

Su sobrina le pregunta entonces:
—¿Por qué te emocionas tanto?
—Pues soy antropólogo, psicólogo y genetista. Y lo que ves es algo que se ha transmitido en los genes de esos muchachos. Viene de hace millones de años atrás.
—Yo pensaba que lo que hacen lo aprendieron de otros muchachos en la calle.
—Bueno, puede ser. Pero explícame, ¿cómo es que niños que jugaban solitos con sus carritos de pronto sienten la necesidad de agruparse con otros niños que eran igual de solitarios y formar esas pandillas. Es un impulso irresistible que viene de los genes. Y cuando admiten a un nuevo miembro, le someten a un ritual, una tortura, que tiene que sobrevivir si ha de pertenecer al grupo.
—O sea…
—Está en los genes, la instrucción oculta en los cromosomas, ahí el código determina no solo lo que debe pasar, sino también cómo y cuándo comenzará a hacerlo.
—Entonces tú crees que los roles del líder de la banda y de los subordinados está también determinado genéticamente.
—Claro que sí.
—¿Y hasta dónde llega eso?
—¿Qué quieres decir?
—¿Son los genes y solo los genes los que determinan que alguien sea Hitler o Stalin?
—Yo así lo creo. Y he escrito varios artículos al respecto.
—Pero eso los haría inocentes de los crímenes que cometieron.
—Inocencia y culpabilidad no son cosas que se heredan, sino juicios, evaluaciones que unos hacen de las acciones de otros. Si bien la capacidad de juzgar, de evaluar, posiblemente esté determinada genéticamente, el producto de esta no lo está.
—Me he perdido, dame un ejemplo.
—Mira a esos chicos. Parece que van a echar al pobre iniciado a la fuente, o lo van a emplumar. Si se muere o resulta con un daño permanente, estableceremos que la pandilla o su ritual de iniciación son cosas malas; si no le pasa nada permaneceremos indiferentes o quizá su acción hasta nos podrá parecer simpática, es decir, buena.

Mientras la sobrina y el tío hablaban, los muchachos de la pandilla propinaban empellones al que estaban iniciando, al cual le habían colocado un saco en la cabeza de manera que no podía ver quien lo golpeaba o lo empujaba. Se le oía quejarse hasta donde estaban la sobrina y el tío.
—¿Y hay forma de predecir cuál será el resultado de uno de esos rituales? ¿Por ejemplo el que estamos viendo?
—Pues en cierta forma es lo que intento averiguar observando a esos chicos.

La sobrina se quedó entonces pensando, como tratando de entender lo que su científico tío estaba diciendo. Notando su expresión de desconcierto, el maestro preguntó:
—¿Qué pasa mi niña? Has enmudecido
—Pues seré franca, brutalmente franca: no entiendo cómo alguien con tantos títulos y estudios acaba espiando a unos vagos horse playing en un callejón. ¿Para qué sirve eso?
—Creerás que para nada, pero habrás oído de algo llamado autismo.
—¿Qué tiene que ver?
—Según mi teoría, mucho. El comando genético que se activa en un momento dado e impulsa al niño a dejar el juego solitario y buscar integrarse en un grupo como el de esos chicos
señalando a los muchachitos que se complacían en humillar al recién llegado está ausente, o su organismo no responde a él cuando este se activa. Así el niño autista permanece aislado en su mundo.
—¿Y la iniciación, la novatada?
—Es lo que ahora mismo estoy investigando: puede depender del mismo gen iniciador, o de otro gen, llamémoslo regulador, que se activa después. De cualquier forma, esta acción o el gen regulador pueden tener importancia también en la aparición de conductas autistas.
—Y ya que estudias a esos muchachos tal como los que estudian los gorilas en la jungla, ¿cómo sabías que iba a haber una pandilla llevando a cabo una iniciación aquí y ahora mismo?
—No lo sabía.
—Pues es una cosa fabulosa poder tener tus sujetos de estudio justo en el callejón de la casa, y no en Rwanda como los gorilas de Dian Fossey.
—Me impresiona que sepas de ella. ¿Y sabrás que la mataron?
—Sí ¡Qué horror!
—Aunque ella no se enfocó exactamente en lo que yo estudio ahora, sus observaciones y hallazgos son muy importantes para estudios como el mío.

Nuevo silencio.
—Y ahora ¿qué piensas?
—Ya has visto, habrás notado, que tan franca soy, o puedo llegar a ser.
—Sí, y me gusta, dime lo que sea.
—Pues aunque nada has dicho que en concreto lo sugiera, pienso que muchos de los que proponen encontrar explicaciones a la conducta humana, realmente buscan lo que llaman mejorar la especie, la eugenesia, el soldado perfecto.
—No temas mi niña. Si yo descubriera algo que pudiera conducir a esos fines ¡me lo llevaría a la tumba. ¡Mira! Ya termina, ¡ya el nuevo es uno de ellos! Permíteme hacer una nota para registrar el tiempo en que terminó la iniciación.
—Ya se van los muy idiotas. Como si no hubiera pasado nada. ¿Que escribes ahora?
—Pues lo que estás diciendo. Al terminar la iniciación se van todos juntos como si no hubiera pasado nada. O hay otro gen llamémoslo terminador, o el mismo regulador determina que el ritual ha terminado. Lo importante es que el ritual ha servido para restaurar la normalidad.
—Me asusta que cosas como estas puedan estar determinadas genéticamente.
—¿Por qué? ¿No ves que nuestras vidas se desarrollan sobre una línea trazada por la genética?
—¿Qué quieres decir? Explícate.
—¡Muy sencillo!
—¿Has sabido de alguien que haya vivido 200 años? Claro que no, ¿por qué crees que es así? Bueno, es muy obvio que hay genes que determinan la duración de nuestros órganos vitales. Desde el momento en que somos concebidos está establecido qué tanto tiempo podrá latir nuestro corazón o funcionar nuestros riñones o nuestros cerebros. Hay pues una línea trazada desde nuestra concepción hasta ese momento final. Sobre esta línea ocurrirán los eventos de nuestra vida. Muchas veces la muerte nos llegará antes de que estos órganos pudieran haber llegado a su fin determinado genéticamente. Pero si eso no pasa, viviremos solo lo que está determinado por estos genes. Ahora lo que yo intento descubrir son los mecanismos genéticos que determinan eventos importantes en nuestras vidas, particularmente como los que te estaba explicando antes.
—Yo creía que los genes se estudiaban en el laboratorio, no en los callejones.
—Tienes razón, los genes los vemos, los separamos, los inmovilizamos, los activamos en el laboratorio, pero no podemos ver ahí sino en una forma muy limitada el resultado de estas acciones. Muchas veces deducimos para qué sirve un determinado gen, porque cuando este falta o no funciona, algo no funcionará tampoco en el organismo de donde lo tomamos. Lo que yo deduzco de los chicos del callejón es mucho más complejo.
—¿Cómo qué?
—Supón que hace millones de años el que se acerca a la banda no es un niño hasta ahora solitario y retraído, sino un feroz antropoide que representa un peligro para cada uno de los miembros de la banda. Entonces el someterlo y humillarlo para hacerlo un igual a los otros y retirarse con ellos como si nada hubiera pasado tendría un gran valor adaptativo, aunque pudiera ser que la banda solo quisiera hacerlo uno de ellos para reforzarse y fortalecerse. O bien que el antropoide hasta ese momento solitario llevado por el gen o los genes inductores ha dejado su posición autista para adquirir la socializada. ¿Qué te parece?
—Interesante, pero difícil de demostrar. Yo creía que los investigadores buscaban el gen o los genes que causan el autismo, no los que lo previenen.
—En efecto, se lleva a cabo mucha investigación enfocada a eso. La mía probablemente solo explora un ángulo diferente. Claro, como tú lo has dicho, hará falta demostrar que la presencia o ausencia de determinados genes ya bien conocidos químicamente determina la aparición del cambio primero socializante y después los que tienen que ver con la aceptación en el grupo.
—Creo que, por lo pronto, lo único que podemos hacer es alegrarnos de que estos pequeños vándalos no hayan lastimado demasiado al muchacho que estaban iniciando en su pandilla.
— Así es, querida sobrina, ¿qué le vamos a hacer?
—Solo esperemos que esta pandillita que acaba de retirarse no sea una de esas que se dedica a la delincuencia y que todo lo que vimos pueda considerarse solo un juego, aún si es determinado
como tú quieres genéticamente.
—Y por supuesto que no sea —como tú te lo has temido— que el líder de esa pandillita, como tú la llamaste, un Hitler o un Stalin potencial.
—¡Ay, tío! Esta conversación me ha llevado a otro punto genéticamente determinado: tengo mucha hambre, pasemos a la cocina y preparémonos unos nutritivos sandwiches.
—En eso sí estamos 100% de acuerdo.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

viernes, 20 de febrero de 2026

¿Perdón y olvido, verbos afines?

Foto Pedro Chacón
 

¿Perdón y olvido, verbos afines?

 

Por Enrique Alfonso Reyes Siáñez

 

En nuestro navegar por la vida nos podemos encontrar con circunstancias que son adversas, y que nos ocasionan enojo o resentimiento contra alguien que nos hizo algún daño. Por tanto, es evidente que existe un contexto entre dos personas, el que ofende y el ofendido, conjugando una serie factores como los sentimientos que forjan pensamientos que emanan de una herida, enojos, frustraciones, entre otros aspectos que influyen.

Sin embargo, al hablar de un contexto donde se propicia un enfrentamiento de ideas, criterios, es decir, a través de ese conflicto podemos distinguir un discurso de pensamiento que proceden tal vez de un desacuerdo, por lo tanto, se afectan sentimientos de ambas personas, lo cual nos conduce a una serie características propias del asunto, y en el mejor de los casos se va creando un resentimiento.

Ante tales circunstancias es recurrente pensar en un posible escape emocional, lo que significa no enfrentarse a emociones que ocasionan una o varias heridas. Ante este panorama que nos impulsa a tomar decisiones: reconocer el hecho y salir adelante o ignorar el problema y cargar con el conflicto.

Lo que pretendemos ahora es hacer una especie de análisis cuyo objeto es darnos cuenta de la esencia del contexto, por lo tanto, es evidente tomar la decisión, y así encontrar una salida coherente al problema, es decir, en nuestra voluntad radica esa virtud de elección, eso significa, el pensamiento subjetivo.

También no hay que descartar la idiosincrasia que viene a ser un factor influyente en este asunto, es decir, las características propias de una colectividad o región. Optar por una de ellas se asocia con dicha voluntad consciente al tomar la decisión.

A partir de esta apreciación podemos señalar que hay dos verbos que al parecer sus términos son similares, pero con significados totalmente opuestos, por tanto, es importante enfatizar en el paralelismo de los significados, porque lo que nos interesa es dejar en claro algunos factores que podemos confundir al definir nuestra postura entre olvidar y perdonar.

Por principio de cuentas vamos a consultar dichos verbos para encontrar certidumbre en sus significados y explorar bien la acción que está implícita en cada uno, pues el Diccionario de la Real Academia Española que nos proporciona dicha fidelidad en ambas consultas. A continuación vamos a buscar los verbos olvidar y perdonar, para después discutir y reflexionar acerca de los significados.

·        Perdón. Remisión o indulto de una pena merecida, de la ofensa recibida u obligación pendiente.

·        Olvido. Descuido de algo que se debía tener presente.

Ahora bien, dichos verbos son afines; sin embargo sus significados son paralelos, es decir, ambas palabras nos aportan ideas distinta entre sí, por tanto, es probable que tengan semejanza en cuanto a la forma de percepción, pero definitivamente la acción es distinta.

Podemos considerar que el verbo perdonar se refiere a un hecho de indultar, es decir, tener la “voluntad” de enfrentar una situación que nos ofende provocando emociones y pensamientos que conjugados son frustraciones que buscan un desfogue. En este sentido, perdonar en un acto de sinceridad, honestidad entre otros valores de la persona.

Lo que podemos pensar en que la acción es un proceso que libera y permite edificar dentro del contexto, es decir, estamos afirmando que, de acuerdo con Mariano Crespo (2004), el perdón es un acto que requiere de otros elementos, ya que por sí solo no es posible su efecto. Esto nos deja entre ver que existe un contexto que es interpretado por el que ofende y ofendido.

Reflexionar dentro de la perspectiva del acto mismo, se puede tomar como un proceso de liberación, recordemos que tenemos el gran ejemplo de Jesús de Nazaret, quién predicó entre los hombres acerca del “perdón de pecados”, por tanto, es un proceso que libera el conflicto que existe entre el que ofende y el ofendido. (Juan 8:3)

En la historia de la India hubo un personaje que promulgo su pensamiento de la “no violencia”, Mahatma Gandhi (1869-1948) Profesaba que el perdón no significaba olvidar o justificar las acciones de los demás, sino liberarse a uno mismo del peso de la ira y el resentimiento. Además, él enfatiza que el perdón es una forma de elevarse por encima de las confrontaciones y encontrar una solución pacífica. Astorga (2024)

“Perdonar es elegir amar”, Mahatma Gandhi.

Lo que encierra está frase de Gandhi es simple; al perdonar estoy reconociendo mi resentimiento contra el otro, es decir, al otorgar el perdón me estoy liberando de todo aquello que le hace daño a mi corazón, y lo puedo desearlo para el otro por humanidad; y en este caso el contexto se redifica consensuada menté.

Entendemos que el verbo perdón se refiere a un proceso de “liberar y dejar las circunstancias”, por tanto, es importante enfatizar que dicha acción está comprometida con el tiempo. Según Mariano Crespo, nos menciona tres fases del perdón:

·        Perdón pleno es aquel perdona y olvida, es decir, no solo decide no odiar al perdonado, sino que recupera la relación de confianza o amor, como si la ofensa no hubiera tenido lugar.

·        Perdón parcial es aquel que no decide odiar por la ofensa recibida, pero no recomponen las relaciones preexistentes.

·        Perdón condicional es aquel que subordina algunos o todos los efectos del perdón, imponiendo sus reglas o al cumplimiento de otra condición,

A continuación, vamos a discutir y reflexionar acerca del verbo olvidar, y así tener en claro dicha postura, es decir, bastante se ha dicho que el olvido de alguna manera reemplaza al perdón, esto significa que se logran confundirse inconsciente menté.

Lo que nos señala diccionario de la Real Academia Española: la define como descuido de algo que se debía tener presente, esto significa que hay una intención que carece de semejanza, porque la persona está consciente de la circunstancia que está presenciando, y en este caso hay que tomar decisiones que van a definir dicha postura para enfrentar el conflicto.

Es pertinente mencionar que dicho verbo que le antecede un pensamiento, por tanto, hay que enfatizar en la acción que implícitamente es el hecho de no enfrentarse con el contexto que encierra emociones, pensamientos que nos introducen a un resentimiento o rencor y suele abrir heridas.

El olvido no permite ninguna reedificación del contexto, sin embargo, tiende a “guardar o archivar” en la memoria, es decir, estudios de carácter científicos nos comprueba que los conflictos perjudican a la salud, y en este sentido de alguna manera estamos cargando con el peso del resentimiento o tal vez rencor por ese hecho.

“El olvido no es una simple ausencia de memoria, sino una forma activa de vivir”. Friedrich Nietzshe.

En la cultura occidental hubo un filósofo, poeta Friedrich Nietzshe (1844-1900) su pensamiento fueron temas como la verdad, la moral y autorrealización entre otros asuntos filosóficos. Lo que podemos deducir de la frase de F. Nietzshe, para él dicho verbo es recordar y de alguna manera será volver disfrutar, lo que significa, aferrarse al pasado.

Esta anotación de Nietzshe es valiosa porque plantea que el recuerdo es, en parte, nuestro temor al vacío, al vacío del futuro ”lo que está por ver”. Pages Santacana.(2012)

Por lo tanto es pertinente reconocer que dichos verbos son paralelos, debido a  que la acción es opuesta, sin embargo podemos considerar que la combinación de ambos logramos concebir el perdón pleno, es decir, soltar los pensamientos que se origino en el contexto entre el ofensor y ofendido.

Es prudente mencionar “el auto perdón “, es otra faceta donde se carece de un contexto como tal, por lo tanto, es una introspección de tipo consciente; pues es un acto de honestidad  y sinceridad con uno mismo. Reconociendo los errores del pasado que suele traer culpa.

Al hablar de un proceso de liberación de culpas y resentimientos para ejercer nuestra voluntad a través de las decisiones, por tanto, Expertos en el tema mencionan y recomienda esta práctica para mantener la salud mental y mejorar tus relaciones personales, así como también la autoconfianza.

De acuerdo con la siguiente página web: https://www.escritosdepsicologia.es/autoperdon/?expand_article=1&expand_article=1

Encuentras todos los pasos para realizar el auto perdón con uno mismo, y obtener dicha salud mental y por consecuencia bienestar emocional. Para una condición más saludable en cuanto a una estabilidad emocional; a través de esta práctica consciente podemos establecer metas que nos conduzcan a tener una vida plena.

A lo largo del presente artículo hemos planteado que las acciones de los verbos perdón y olvido son totalmente opuesta, por tanto, es importante recordar que no hay semejanza de ningún tipo, sin embargo encontramos que se complementan logrando el perdón pleno.

También según Mariano Crespo, nos señala tres facetas del perdón que se distinguen entre sí por sus características, ya que son empleadas en diversas ocasiones según el parecer de la persona conjugados con los valores y principios, es decir, se requiere un contexto donde hay el ofensor y el ofendido.

También reflexionamos en la importancia del perdón y olvido que de acuerdo con algunos expertos en el tema se comprobó que el verbo perdón tiene su acción implícita en “liberar”, mientras que el olvido es de “negarse al contexto o a las circunstancias”, y por lo tanto, carece de toda oportunidad de reedificar el contexto.

Finalmente se revisó el tema del auto perdón, encontrando que es una práctica que conlleva a la salud mental entre diversos beneficios para la persona quien lo lleva a cabo, por tanto, mejora las relaciones interpersonales, se libera de culpas o resentimientos para ejercer buenas decisiones entre otros aspectos de la persona.

Por último uno de objetivos primordiales de este artículo es tener la noción de dichos verbos que no son reemplazables, es decir, de alguna manera habrá la posibilidad de una afinidad, lo cuál el presente documento lo refuta argumentando que el perdón y el olvido son totalmente opuestos.

 

Bibliografía Consultada.

Crespo Mariano (2004) El perdón. Una investigación  filosófica. Ediciones Encuentro S.A.

 Pagés Santacana Anna (2012) Sobre el olvido. Herder Ediciones.

Nieto con Astorga. Frases de Gandhi sobre el perdón. (12 de julio de 2024) Frases de Gandhi sobre el perdón: Descubre sus enseñanzas y reflexiones inspiradoras - Astorga Política

 

M.E.S. Enrique Alfonso Reyes Siáñez

 

 

Enrique Alfonso Reyes Siáñez es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde también tiene maestría en educación superior. Algunas de sus publicaciones son: Sendero de amor (Colección de poemas1998) Rocío de sentimiento (Colección de poemas 1999) Estudio de los valores éticos, un acercamiento al universo de los valores (2000).