domingo, 19 de julio de 2026

Las Ametralladoras Mendoza

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Las Ametralladoras Mendoza

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

Según un libro llamado Patriarcas del Papigochic, los fundadores y habitantes del Cantón Guerrero y anexas, según el escritor de origen estadounidense Brondo Witt, son personas de nivel intelectual elevado, creatividad amplia y mucha conciencia. La historia registra a grandes hombres nacidos en esa región del estado, como Pascual Orozco Vázquez, Pascual Orozco Frías, y su gran trayectoria y descendencia, así también como Abraham González Casavantes, Fernando Orozco Estrada y sus hijos Orozco Mendoza,

La familia Mendoza Blanco emparentó directamente, pues doña Leonor fue esposa del gobernador interino del estado durante el trienio de 1926 a 1929, fecha en qué modificaron la Penitenciaria del Estado junto al general Marcelo Caraveo.

La familia Mendoza Blanco, don Herminio, don Rafael y la familia, fueron los creadores del rifle deportivo de postas Mendoza, y las muy nombradas ametralladoras

Ellos comenzaron en un pequeño taller donde a manera artesanal, con madera y hierro, fabricaron el primer rifle de postas, de un solo tiro, para uso en la zona rural, para ahuyentar animales como zorros, coyotes, halcones y águilas depredadores de ganados, conejos y coyotes abundantes en esa región.

Años después, algunos de ellos se fueron a Chicago a patentar su invento. Habían creado la gran ametralladora Mendoza que el ejército mexicano usó y dispuso para sus tropas. Y rifles para caza y auxilio para los hombres del campo.

Don Rafael Mendoza Blanco, ingeniero mecánico, creo el rifle de cerrojo y los proyectiles usados para activar esa arma

La Ametralladora Mendoza fue el invento del siglo, utilizada por el ejército nacional, tanto en sus inicios, como hasta nuestros días, pues ya tiene la fábrica más de 100 años de antigüedad a nivel nacional, siendo única en su género.

La vida nos ha dado grandes valores chihuahuenses que llevan con orgullo y dedicación el precioso legado de nuestro querido estado de Chihuahua.

 


Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y trascendencia.

Un poeta

 

Un poeta

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Vi esta película colombiana y simplemente me encantó. Cómo conseguir crear una historia tan triste y tan divertida a la vez. Simón Mesa Soto lo ha conseguido. Te ríes porque es imposible no reírte, pero también te dan ganas de llorar, porque en el personaje principal ves reflejadas a dos o tres personas que has conocido.

La tragicomedia por excelencia. El papel que hace Ubeimar Ríos representando al poeta Óscar Restrepo me parece descomunal. La verdad hacía muchísimo que no veía a un personaje tan bien interpretado, tan puro y entrañable en su patetismo absoluto y en su desbarrancadero interior.

Porque Óscar Restrepo no es un guapo Enfant Terrible a lo Rimbaud, Keats o Percy Shelley. Su arte de ser decadencia no es para nada chic. Lo terrible es que si alguna vez has chapoteado en estos fangos, sin duda conociste alguien muy parecido a Óscar.

El mundo de la literatura está lleno de gente desajustada a la que nos faltan dos o tres tornillos y el engranaje a veces nos gira al revés, pero dentro de todo el bestiario cultural, el de los poetas es un mundo aparte en donde suelen morar las mentes más piradas y los espíritus más errabundos y quebrados.

Poetas sin cable a tierra, peleados a muerte con la vida práctica en cuyo interior lo dionisiaco le gana por goleada a lo apolíneo. Parece parodia, pero es neta.

Lo más interesante y auténtico es el personaje de Yurlady, a quien el impulso poético le brota de manera natural y espontánea como a tanta gente. Sí, he conocido y sigo conociendo personas que, al igual que Yurlady, sienten la necesidad auténtica de escribir poemas sin haber acudido nunca a un taller y sin siquiera haber tenido apenas lecturas. Y claro, también he conocido a muchos “profesionales” de las letras como los que intentan encauzar a Yurlady a escribir sobre los temas de moda que harían de su poesía un producto más exótico y vendible.

A menudo lo olvido, pero los primeros textos que publiqué en mi vida, en el verano de 1993, eran unos catastróficos adefesios a los que me atrevía a llamar poemas, por llamarlos de alguna forma.

Juro que no lo volví a hacer.

Han pasado más de 32 años sin que yo publique un “poema” o algo parecido, pero ello no significa que haya dejado de escribirlos. Pueden llamarme poeta de closet. Además, conforme envejezco leo cada vez más poesía. A menudo, comienzo el día al alba leyendo al azar algún poema de Tomás Segovia, Miguel Manrique, José Gorostiza, Nicanor Parra, Gerardo Ortega, Pancho Serrano, Mario de Sá Carneiro, o Julio Trujillo. Hace poco pepené un libro de poemas de Margaret Atwood y lo leí casi entero en la calle.

Desde hace años, en mi buró está el volumen con la poesía completa de Borges. Un añejo ritual cuando despierto de madrugada es abrirlo y leer el poema que la aleatoriedad decida, como una suerte de I Ching de la duermevela.

Al errar por las lentas galerías

suelo sentir con vago horror sagrado

que soy el otro, el muerto, que habría dado

los mismos pasos en los mismos días.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

Una historia que no se desea repetir

 

La columna de Bety

Una historia que no se desea repetir

 

Por Beatriz Aldana

 

Corría aquel año de 1996 cuando por pequeños detalles empecé a observar que mi relación matrimonial iba en caída libre. Con un intento fallido deseaba conversar sobre ese asunto. Fue imposible. La razón poderosa era que existía "otra en mi lugar".

Su nombre: Rosa María. ¿Y cómo me enteré? Por una remarcación telefónica. Acababa de salir él de casa rumbo a su trabajo y yo quise hacer una llamada, pero algo me instó a remarcar y ella contestó. Le pregunté ¿quién es usted?, y me confirmó: Rosa María.

Para esto ya alguien me había puesto en antecedentes de que ella tenía relación con él. No esperé más: Decidí dejarlo libre, con todas las implicaciones de esa decisión, que no tiene caso enumerarlas.

Pasaron muchos años en los que me dediqué a trabajar y trabajar, sacar adelante a mi hijo. Fue tanto el esfuerzo que sin remedio en el año 2008 caí en crisis. Tardé un año completo en restituirme, recuperar mi economía, trabajar de nuevo, y por avatares del destino, conocí a quien sería mi "mecenas".

Mi trabajo ya consistía en dar servicio de dama de compañía para señoras de la tercera edad, pero mi "mecenas" decidió que la totalidad de mis horas de trabajo se quedarán únicamente para él. Y así transcurrieron los años hasta su triste fallecimiento.

Después tuve un periodo de un largo año de una enfermedad rara, pues nunca en ningún análisis salió algo anormal en relación a lo que me aquejaba. Total que, por obra de tal vez el Todopoderoso, salí de ese pozo profundo donde me encontraba, y, ¡oh sorpresa!, apenas saliendo de él recibí un mensaje con una invitación a tomar un café. Accedí, por supuesto.

Después de ese café hubo más acercamiento con quién me invitó, pasaron los años de una agradable convivencia, pero quiso el destino que me enterara de algo que se estaba gestando en mi ser, en mi interior. Quise mirar hacia otro lado, pero con la salud y los avisos del organismo es imposible mirar hacia otro lado, solo queda enfrentar lo que allí hay.

En fin, volviendo al título de la historia que no se quiere repetir, aquí va.

Por el mes de mayo de este año, también por avatares del destino, empecé a observar actitudes, comentarios de otras personas, informes más bien, haciendo preguntas como esta: ¿ya no andas con él?,porque...

Y sí, me percaté en dónde, qué días, a qué hora, y, sobre todo, las actitudes, la falta de interés, la ausencia de intimidad. Como desgracia llegaron las verdades, las que se conocen y nunca se dicen. Solo bastaron dos palabras, esas dos poderosas palabras fueron las que laceraron un corazón, una mente, dos fatídicas palabras. Miserable. Servil.

Aunque fuesen ciertas, lograron horadar con brutalidad un sentimiento, una admiración, un embeleso, y ciertamente, fueron escritas, más no dichas verbalmente, pero la intención fue clara: Déjame. Déjame en libertad porque en mi ser y en mi corazón está desarrollándose una nueva semilla y estando tú no la dejas germinar.

Y como reza ese dicho tan común:  Al buen entendedor...

Entendí el mensaje y obedecí esa instrucción que dolorosamente se me indicó.

No, ya jamás. Y el jamás es ya muy corto porque no me queda mucho tiempo. No más relaciones sentimentales, esas son destructivas. Prefiero las amistosas, esas son duraderas, solidarias, sin etiquetas, sin traiciones, sin sentidos de propiedad. Y regreso de nuevo al título de esta crónica, una historia que no se desea repetir. Diré como la canción del gran Juan Gabriel. Yo no nací para amar. Pero yo le hago un pequeño cambio: Yo no nací para ser amada.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

sábado, 18 de julio de 2026

Ley de Gravedad

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Ley de Gravedad

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

Gonzalo había caído sobre el piso de mosaico de la estancia. Unos metros más allá se quedó muda y como esperándolo su silla de ruedas. Aunque no había practicado mucho, sabía lo que tenía que hacer. Recordaba lo que la muchachita aquella de la terapia ocupacional se había esforzado por enseñarle.

Primero que nada, había de cerciorarse de que no había nadie que pudiera echarle una mano. Era jueves, día en que la auxiliar no llegaría hasta las dos de la tarde. Sintió que no podía, no debía quedarse tirado ahí hasta entonces. Mientras lo pensaba ya había reptado hasta el pie de la silla. El paso siguiente era ponerse de rodillas como si estuviera rezando frente a la silla. Con mucha dificultad pudo hacerlo. Luego debía asegurar los frenos de la silla, para que no fuera a moverse. Una vez hecho eso, apoyándose en el asiento de la silla debería doblar su pierna buena y así pararse frente a la silla. Dar la media vuelta y sentarse en ella fue lo más fácil.

Una vez en la silla pasó a reflexionar sobre lo que había pasado:

—¡Ay, Gonzalo! —se dijo a sí mismo—. Es tu segunda caída, por fortuna no te quebraste un hueso. Ya te lo vaticinó tu hermana después de la primera caída: una fractura de cadera es el principio del fin.

Y ahora tenía que llamarla por teléfono y contarle del percance. Ya la oigo: “Ya lo ves, un descuido y lo que pasa” Y tal vez le martillaría en la cabeza aquello del “principio del fin”. Pero había que notificarle, después de todo ella era la única persona a quien él sabía que le importaba. Bueno, también a la auxiliar le importaba, pero esta vendría más tarde y entonces le podría decir.

—¿Estás seguro de que estás bien? Al rato paso a verte. ¿La auxiliar todavía no llega? A lo mejor estoy ahí antes que ella.

Ahora sí, a solas con su gato y su silla de ruedas podría ponerse a pensar. ¿Qué te dice una caída? Pues si posees una mente educada lo primero que se te ocurre es que la ley de la gravedad existe. Tomó a Newton ver caer una manzana para descubrirla. Al que cae, toma ver el suelo aproximarse a su cara a gran velocidad si cae de frente, si lo hace de espaldas es el techo el que se aleja. Luego viene lo que se llama damage assessment, es decir, ver si algo se dañó, si algo se quebró. ¿Por qué duele o por qué no duele? Malvada ley de la gravedad, esta vez no me hiciste nada, pero ya sé que ahí estarás acechando.

Se abre la puerta, la que da a la calle Once. Es la hermana, ella tiene llave.

—¡Ay Dios, pero mírate, tienes sangre en la cabeza! ¡Hay que llevarte con el doctor Félix!

—¡Ay hermanita, te juro que estoy bien! No necesito ir al doctor.

—Claro que necesitas ir. Acuérdate de Toñita. Se cayó y dijo que no tenía nada. La radiografía reveló una tremenda fractura.

—Y se murió.

—Así que alístate. En cuanto llegue Albertina…

—Agustina.

—Agustina, pues. En cuanto llegue nos iremos los tres a ver al doctor. Ya estoy llamando a Rosy, la enfermera, para que nos esperen.

Y mientras le limpiaba con una gasita con alcohol la pequeña descalabrada en la cabeza, casi en la frente, Gonzalo preguntó:

—Dime, Olivia, ¿alguna vez has pensado en la importancia de la ley de la gravedad?

—Sí. Claro que es muy importante. Es la que nos mantiene sobre la tierra.

—O sea, no has pensado mucho en ella.

Apenas entonces cayó en la cuenta que su hermana no había llegado sola, su hijo de once años la acompañaba.

—Y tú, Andy. ¿Nos puedes ilustrar respecto a la fuerza de gravedad?

—¡Seguro! La Aceleración de la Gravedad estándar en la tierra es de 9.814 metros por segundo cuadrado. En términos vulgares mientras más arriba estás más fuerte caes, es decir cuando llegas al suelo.

—¡Y más te duele el golpe! Especialmente cuando se enfría la parte que te golpeaste.

—No hagas conclusiones, deja que te vea el doctor. Puedes necesitar un emarai la resonancia‒, o una tomografía, o por lo menos una radiografía —puntualizó Olivia.

—¿Qué sabes tú de esas cosas?

—Pues he visto muchos casos.

—Como el de Toñita, la que se murió.

—Pues sí, pero también otros que vivieron. Aunque con consecuencias.

—Pero a mí ni me duele.

—Como tampoco te habías dado cuenta de que estabas sangrando de la cabeza.

—¿Y Andy? ¿Va con nosotros?

—Pues ni modo de que se quede aquí solo.

No valía la pena discutir con Olivia. Una vez que ella decidía algo, eso se hacía. Así fue siempre. Un poco después llegó Agustina.

—Pero ¿cómo fue?

—Pues de arriba hacia abajo.

—¿Ves? ¡Ni estando moribundo toma las cosas en serio!

—No se diga más, vamos donde el doctor Félix.

—Vayamos a donde las mujeres quieran.

Y la pequeña expedición marchó hacia el Centro Médico Redención, complejo de gabinetes y consultorios del cual el doctor Félix era el director general. Como Olivia lo había anticipado, Rosy la enfermera los esperaba a la entrada.

—Le dije al doctor y él inmediatamente ordenó una tomografía. Ya esperan, don Gonzalo, ahí enfrente.

La enfermera Rosy sabía darle su lugar a la gente. Gonzalo saboreó el ser llamado don Gonzalo y se enderezó en su silla de ruedas. Así, Olivia dirigiendo, Agustina empujando, Gonzalo rodando y Andy siguiendo, emprendieron la marcha desde el estacionamiento y la calle que los separaba del gabinete radiológico. Ocupaba este un flamante edificio identificable por un letrero que anunciaba: Centro Médico Redención, TAC, MRI y Rayos Equis.”

Gonzalo lo leyó y su mente siempre dispuesta a bromear pensó: “solo falta que diga “se aplican inyecciones y se pegan botones’”.

Pasaron a una salita de recepción donde el técnico, un muchacho fornido y de aire distraído, ya los esperaba. Entraron al cuarto donde estaba aquel impresionante aparato, el escáner. El técnico ayudó a Gonzalo a desplazarse de su silla a la camilla del aparato. Oyendo una ligera queja durante el traslado el muchacho preguntó:

—¿Tiene dolor?

—Solo cuando me acuestan en una tabla como esa.

—Ya veo. Pero no toma mucho tiempo.

El técnico accionó entonces un mecanismo que hizo que la camilla con Gonzalo en ella penetrara en aquel túnel que era el escáner. No sabía si el escáner era viejo o si todos los escáners hacen tanto ruido. Pero mucho ruido. Un poco de tiempo después, el grupo con todo y Andy seguían ya al técnico radiólogo que llevaba las radiografías protegidas por un papel amarillo en la mano. Sin más, cruzando de nuevo calle y estacionamiento, penetraron en la sala de espera del consultorio que ostentaba el rótulo “Doctor JD Félix Ortopedista y Traumatólogo”.

“Justo lo que Olivia quiere” —pensó Gonzalo.

El lugar se encontraba repleto de pacientes, unos en silla de ruedas, otros enyesados, incluso uno con un curioso aparato de tracción. Una segunda enfermera los pasó a una sala interior, donde cada uno, hasta el pequeño Andy encontró acomodo. Antes notaron la expresión de disgusto de los demás pacientes que se preguntaban en silencio: “¿Por qué pasan a esos si yo llegué primero?”

Unos quince minutos después, por la puerta del fondo apareció el doctor Félix. Llevaba las placas radiográficas en la mano, ya sin el papel amarillo. Caminó hacia la pared lateral de donde pendía un negatoscopio, colocó las placas en él y, accionando un pequeño interruptor, la luz fluorescente del artefacto iluminó las placas. Señaló con su elegante pluma fuente el centro de una de las imágenes y dijo:

—Miren aquí está. Es una pequeña fisura en la cabeza del fémur.

—Y ¿qué hay que hacer? —preguntó Gonzalo.

—No hay mucho que hacer. Si te duele te daremos algo para el dolor. No necesito decir que debes evitar poner peso de ese lado, pues ya estás en una silla de ruedas. Pero, aunque suene tonto decirlo, tienes que evitar andarte cayendo. ¡Mucho cuidado querido amigo!

Luego dio media vuelta y se marchó por la misma puerta por donde había entrado. Rosy y la otra enfermera les pidieron entonces que pasaran a otro cuarto contiguo a “llenar unos papeles” y mirándose unos a otros con un dejo de confusión oyeron a Gonzalo decir:

—¡Les dije que no tenía nada!

Una vez completado el ritual del papeleo y de atravesar la sala de espera, Agustina, no dejando que Andy empujara la silla de ruedas de Gonzalo, lo llevó hasta la orillita de la banqueta y dijo solemnemente:

—Aquí mismo aguardaremos a que doña Olivia acerque su vehículo.

—¡Pero con cuidado! ¡No quiero que me vuelvan a meter en esa máquina monstruo!

Y así la expedición volvió a casa. En el automóvil, Andy aprovechó la oportunidad para explicar efusivamente a los demás la diferencia entre una resonancia magnética nuclear y una tomografía axial computarizada. Gonzalo ya no quería saber nada:

—Paremos ahí adelante por una hamburguesa. ¡Por favor!

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

Styx – The Grand Illusion (1977)


 

La cinta musical

Styx – The Grand Illusion (1977)

  

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Bienvenido a la gran ilusión, entra y mira qué está pasando, paga el precio, consigue tu boleto para el show. El escenario está listo, la banda empieza a tocar; de repente, tu corazón late fuerte deseando en secreto que fueras una estrella. Pero no te dejes engañar por la radio, la televisión o la revista. Te mostrarán fotografías de cómo debería ser tu vida, pero solo son las fantasías de otra persona. Si crees que tu vida es confusa porque nunca ganas el juego, recuerda que es una gran ilusión. Que en el fondo todos somos iguales, todos iguales, iguales, iguales (Welcome to the grand illusion, come on in and see what's happening, pay the price, get your ticket for the show. The stage is set, the band starts playing; suddenly, your heart is pounding wishing, secretly, you were a star. But don't be fooled by the radio, the TV or the magazine. They'll show you photographs of how your life should be, but they're just someone else's fantasies. So, if you think your life is complete confusion because you never win the game, just remember that it's a grand illusion. 'Cause deep inside we're all the same, all the same, same, same).

     Esta es la entrada festiva de Styx con la pieza “The grand illusion”, del álbum homónimo. Tal rola inicia con una especie de marcha en un tempo de guitarras entre James Young y Tommy Shaw, mientras Dennis DeYoung parafrasea lo que citamos líneas arriba. Son ritmos repetidos y constantes en una voz muy clara.

     Styx nació en 1972 en los Estados Unidos, propiamente en Chicago, e inicialmente estuvo integrado por Dennis DeYoung como vocalista y teclista; James Young en voz y guitarra; Chuck Panozzo en el bajo; John Panozzo en la batería y percusiones, y John Curulewski en guitarra, teclados y voz.

     Curulewski estuvo en la banda hasta diciembre de 1975, con la edición del álbum Equinox, que fue el quinto de estudio, y en octubre de 1976 entró a sustituirlo Tommy Shaw en el disco Crystal Ball, y participaría en voz y guitarra.

     Con la etapa de Curulewski, el estilo de la banda se enmarcó como Progressive rock y Hard rock; con Shaw prosiguió aquellos géneros combinándose con Art rock, Soft rock, Pop rock y Album Oriented Rock.

     El nombre Styx se inspiró en el río mitológico Estigia, que pertenece al mundo griego y simbolizaba el límite entre los vivos y el inframundo o Hades. Estigia era el lugar donde los muertos cruzaban conducidos por Caronte, el barquero de los infiernos.

     Y vean cómo los integrantes de Styx manejaron la numerología: el 7 de julio de 1977 sacan a luz el álbum The Grand Illusion, que fue el séptimo en su haber; fue un día 7, del séptimo mes (julio), del año 1977 y séptimo de la producción. Uff… Nada más les faltó incluir únicamente 7 canciones para continuar con este número cabalístico, pero le erraron, son ocho las melodías.

     The Grand Illusion fue lanzado por A&M Records, bajo los géneros musicales Progressive rock, Hard rock y Art rock. Salió en disco vinilo, cassette, 8-Tracks y Reel to Reel (cinta magnetofónica de bobina abierta). Y la portada surrealista se basó en la pintura del belga René Magritte “La firma en blanco” (1965).

     La segunda canción del álbum se intitula “Fooling yourself (The angry young man)”, entonada por Tommy Shaw, con una característica voz del folk estadounidense; nos alegra el día en una carretera o en un paraje acerca de un joven enojado por un engaño, el cual no desea estar en pie.

     “Superstars”, contribución de Young, DeYoung y Shaw, se presenta como una ‘sección hablada’ entre estos tres vocalistas referente a alcanzar el estrellato. Es a tres voces corales, pero con la voz sobresaliente de DeYoung: You've read about me in the papers, you've seen me on the movie screen, you know everything about me. I'm your late night fantasy, but don't think I can't hear you calling from the shadow of the 14th row. 'Cause I've had the same dreams you've had a few short years ago, and that's why I know you and I we will climb so high: Superstars, ‘whoa, whoa’, you and I (Has leído sobre mí en los periódicos, me has visto en la pantalla del cine, sabes todo sobre mí. Soy tu fantasía de medianoche, pero no creas que no puedo escucharte llamar desde la sombra de la fila 14. Porque he tenido los mismos sueños que tú hace unos pocos años, y por eso sé que tú y yo vamos a escalar tan alto: Superestrellas, whoa, whoa, tú y yo).

     “Come sail away” parece transportarnos al espacio exterior en pleno inicio de Star Wars, aquel año 1977, y es cantada por Dennis DeYoung, ejecutando los teclados James Young. Habla sobre buscar el mañana en cada costa, sobre sueños de la infancia y de navegar lejos.

     Pero “Miss America” es otro voltaje, en la única composición e interpretación solista de James Young, arrancando con una reflexión acústica de teclados y enseguida esas dos guitarras, con el bajo y la batería, en un aderezo festivo. Esta canción nos relata el espejismo de los concursos de belleza, en este caso Miss América, donde figura una chica de sonrisa agotada en el zoológico humano. Y esa voz rasposa de Young vaciándose en cada línea instrumental y letrista que, a su vez, rompe cada nota en el pentagrama.

     “Man in the wilderness” comienza sobre paso seguro, avanza avizorando un destino incierto. Tommy Shaw nos participa sobre un hombre solitario que no halla luz propia y, por tanto, sin sentido propio.

     “Castle walls” es una sinfonía de voces después del introito de DeYoung, entre sintetizador, guitarras, bajo y percusiones amurallándonos entre esos bloques del castillo, donde se guardan historias diversas al paso de los siglos, “más allá de los muros de este castillo, donde el puerto distante se encuentra con el cielo” (far beyond these castle walls, where the distant harbor meets the sky). Y la gran instrumentalidad concluye con un rasgueo electroacústico.

     “The grand finale” es la obvia despedida en coro, con DeYoung como líder: Sail away, superstars, sail away, superstars. So if you think your life is complete confusión, 'cause your neighbors' got it made, just remember, please, please, it's a grand illusion. And deep inside we're all the same, we're all the same. ‘Whoa, whoa, whoa’ (Naveguen lejos, superestrellas, naveguen lejos, superestrellas. Si piensas que tu vida es puro caos porque tus vecinos lo tienen todo resuelto, solo recuerda, por favor, por favor, es una gran ilusión. Y en el fondo todos somos iguales, todos somos iguales. Whoa, whoa, whoa).

     Este séptimo álbum (¡aferrado con el 7!) se produjo con una tensión dentro del grupo: James Young empujaba con fuerza hacia un rock duro, sucio y directo, mientras que Dennis DeYoung insistía en presentar baladas progresivas y teatrales; en tanto, Tommy Shaw se inclinaba hacia un rock suave y campirano. Los hermanos Chuck y John Panozzo no se metían en dilemas.

     Styx manejó temas medievales y alegorías; supo ponerse a la altura de grupos clásicos norteamericanos como Eagles y Boston, afrontando a la vorágine inglesa al otro lado del Atlántico.

     Finalmente, The Grand Illusion se encuadró en el lugar número 6 (no 7, ¿y sigo aferrado?) del Billboard 200 estadounidense y no tuvo ningún sitio en el UK Albums Chart inglés.



 

Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

miércoles, 15 de julio de 2026

Feria del Libro

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Feria del Libro

 

Por Marco Benavides

 

Con cariño para mi hija Elena

 

Mateo no era de los estudiantes que se emocionaban fácilmente. Prefería sentarse junto a la ventana y dibujar mapas de lugares imaginarios. Sin embargo, aquel viernes algo cambió: en el patio de la escuela habían instalado carpas blancas y mesas con libros. Era la Feria del Libro.

Caminó entre los puestos sin mucho interés hasta detenerse frente a una mesa pequeña, casi escondida. Sobre ella había un solo libro, viejo y cubierto de polvo. En la portada se leía, con letras doradas: El lector que abrió la puerta. Detrás de la mesa, una anciana lo observaba con una sonrisa tranquila.

—Ese libro no se escoge por casualidad —dijo ella.

—¿Cuánto cuesta? —preguntó Mateo.

—Una pregunta sincera—. Solo eso, contestó la añosa mujer.

Mateo apoyó la mano sobre la portada y preguntó:

—¿A dónde van las historias cuando nadie las lee?

La anciana sonrió. El libro se abrió solo, una luz verde salió de sus páginas y las letras formaron un remolino que lo envolvió.

Cuando abrió los ojos, estaba en una ciudad hecha de páginas: las calles eran renglones, los edificios parecían capítulos y en el cielo flotaban signos de interrogación. Un gato con chaleco rojo y bigotes de tinta se acercó caminando sobre dos patas.

—Bienvenido a la Ciudad de las Historias Olvidadas —dijo—. Soy Coma, el guardián y guía. Aquí llegan las historias que nadie termina y los personajes que han sido olvidados.

Mateo vio a un caballero que esperaba recuperar su batalla, a una sirena sin mar y a un dragón que estornudaba chispas cada vez que hablaba. Coma le explicó que si nadie leía esas historias antes de que cerrara la feria, la puerta entre ambos mundos quedaría cerrada.

Luego le entregó una pluma plateada, y le pidió escribir un final verdadero para la historia que más lo necesitara. Mateo llegó a una plaza donde una niña de papel sostenía una linterna apagada.

—Mi historia termina antes de que encuentre la luz —dijo ella—. Nadie escribió qué había dentro.

Mateo pensó en sus propios miedos: hablar frente al grupo, equivocarse y no encontrar las palabras correctas. Respiró hondo, tomó la pluma y escribió: La niña abrió la linterna y descubrió que la luz no estaba dentro, sino en la voz de quien se atrevía a contar la historia.

La frase brilló. La linterna se encendió con una luz dorada que iluminó la plaza. Los personajes olvidados aplaudieron y el dragón soltó una feliz llamarada. Entonces volvió el remolino de letras.

—Recuerda —alcanzó a decir Coma—: una historia vive cada vez que alguien la comparte.

Mateo parpadeó y apareció de nuevo en el patio. El libro viejo estaba cerrado y la anciana ya no estaba, pero sobre la mesa encontró una nota: Ahora te toca abrir puertas.

Durante la presentación, la maestra pidió voluntarios para leer en voz alta. Mateo levantó la mano, algo que casi nunca hacía, y contó lo que había visto: la ciudad de páginas, el gato Coma, la niña de la linterna y los finales perdidos. Todos le aplaudieron entusiastas.

Y desde aquel día, Mateo dejó de ver los libros como simples tareas escolares. En cada feria buscaba una mesa pequeña y escondida, donde quizá lo aguardara otra historia para escribir su final.

 

Dr. Marco Benavides, 15 julio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

martes, 14 de julio de 2026

El análisis futbolístico

 

El análisis futbolístico

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Martes 14 julio 2026. Más allá del análisis futbolístico, aquí les comparto las razones que tengo, o tendría, para apoyar a cada uno de los cuatro semifinalistas.

Razones para apoyar a España. La principal razón es que España también es mi país. Mi hijo y yo tenemos pasaporte español, estamos orgullosos de ello y sentimos a España como una madre. Es el país de mi abuela y de toda una rama familiar, por lo que nada nos daría más gusto que ver a la Furia Roja levantar la copa.

Razones para apoyar a Argentina. La principal razón es que es el equipo al que tradicionalmente he apoyado desde 1986. Un país cuya cultura ha influido tremendamente en mi vida. Además, tengo el honor de haber publicado un libro y recibido un premio en Argentina, lo que me ha permitido conocer extraordinarias personas en ese país.

Razones para apoyar a Francia. Dado que es un equipo que me tiende a caer mal, la única razón que tendría para alegrarme de su casi seguro triunfo: Es el país en donde mi hermana Ana Lucía vive desde hace más de 20 años y donde nacieron mis sobrinos Victoria y Alex. También es el país del Ser de Luz André Pierre Gignac.

Razones para apoyar a Inglaterra. Ningún vínculo me une a la isla, pero su música me acompaña todos los días. Además, les agradeceré por siempre la creación del único deporte que me apasiona, la única religión universal, el único lenguaje planetario que se llama Futbol.

Si el parámetro fuera literario, el Campeón del Mundo sería Argentina, pues aunque España tiene a la madre de todas las novelas antiguas y modernas que, les guste o no, sigue siendo el Quijote, Argentina es por mucho el país que más me ha influido y el que tiene más representantes en mi biblioteca (incluso más que México). Además, tiene al campeón de campeones que se llama Jorge Luis Borges, quien me diría que el campeón literario debe ser Inglaterra, pues nadie como él amó tanto a la literatura británica. Si tuviera que elegir un solo francés, me quedo con el padre del ensayo, Michel de Montaigne, aunque en tiempos modernos Houellebecq me ha sangrado con más de una novela navaja.

Claro, si el parámetro fuera musical el Campeón del Mundo sería Inglaterra pues nadie derrota a Iron Maiden, Black Sabbath, Motörhead y Judas,  aunque España, con Eskorbuto, La Polla, Barón Rojo y Ángeles del Infierno, y Argentina con Charly, Fito, Flaco Spinetta, Hermética y La Renga forman parte del soundtrack de mi vida. En música el gran perdedor es Francia, pues no le ha aportado gran cosa al Rock o el Metal, aunque sin duda mi amigo PG Beas me dirá que Gainsbourg solito es el campeón del universo.

Otro tema a considerar serían los vinos y licores, en donde la cosa sí está reñidísima entre los Ribera del Duero, los Burdeos o los Malbec de Mendoza, aunque en este veranito un refrescante vaso de Tanqueray London Dry los anda rebasando por la derecha y por la izquierda, a no ser que el Verdejo de Rueda diga otra cosa.

Por lo que a experiencias vividas se refiere, he tenido la fortuna de visitar los cuatro países. Al que más veces he ido es Argentina (cinco veces) y al que menos veces es Inglaterra (dos veces). Si tuviera que elegir uno de los cuatro para vivir, España gana por goleada, aunque Argentina no me molestaría. Eso sí, creo que me costaría poder vivir en Inglaterra y mucho más aún en Francia.

Y bueno, en cuanto a lo estrictamente futbolístico mi favorito sentimental es obviamente España, pero mi lógica elemental, cartesiana y analítica me dice que Francia está un escalón arriba de los otros tres y está condenado, quiera o no, a ser el Campeón del Mundo (ojalá me equivoque). Eso sí, el mejor partido, ni duda cabe, será Inglaterra vs Argentina.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.