sábado, 1 de agosto de 2026

Roto

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Roto

 

Por Gabriela Borunda

 

Me ves decir no

cuando todos

incluso tú

dicen sí

Y crees que me conoces

murmuras los nombres

de mis amantes

(yo no tengo amantes

solo días de primavera)

Crees que me conoces

porque alguien te dijo

que le leyó mi libro

¿Cuál?

Pero no sabes qué libros

escribí en silencio

con otro nombre

Ni sabes qué lado

de mi corazón va a matarme

No conoces el nombre

de mi sepulturero

 

Sabes que siempre le digo

idiota al idiota

Y te sientes aludido

 

Pero lo que no sabes

es que mi corazón roto

es un jardín

donde todos

pueden descansar

Incluso tú

Puedes contar conmigo

 


Gabriela Borunda ha publicado en la Colección Flor de Arena, en las revistas Solar, Tierra Adentro, en la Editorial de la UNAM y en un proyecto binacional apoyado por la Fundación Ford para América Latina. Textos suyos han aparecido en periódicos locales y nacionales. Recibió el Premio Chihuahua, El Premio Nacional de Arte Joven, El Premio Sonora. Fundo el proyecto Farito Editores y trabajo más de 25 años con jóvenes vulnerables.

Kiss – Asylum (1985)

 

La cinta musical

Kiss – Asylum (1985)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Formada en 1973, la banda neoyorkina Kiss estuvo inicialmente compuesta por Paul Stanley en voz y guitarra rítmica, Gene Simmons en voz y bajo, Ace Frehley en voz y guitarra principal, y Peter Criss en voz y batería.

     En febrero de 1974 lanzaron su primer álbum, Kiss, con el sello Casablanca, y sus mejores trabajos fueron Destroyer (1976), Rock and Roll Over (también de 1976) y Love Gun (1977). Esa alineación duró hasta la partida de Peter Criss, en 1980.

     En cada álbum salieron maquillados y el primero sin crema ni polvo en sus rostros fue Lick it Up, en 1983, cuando ya no estaban el “Hombre Espacial” Ace Frehley, ni el “Gato” Peter Criss.

     Para el 16 de septiembre de 1985, salía al mercado Asylum, un álbum impregnado de Glam metal y Hard rock, el cual contó con la alineación más técnica y estilizada que haya tenido Kiss: Bruck Kulick en la guitarra líder y el “Zorro” Eric Carr, en batería y percusiones.

     Fue editado en cassette, LP y CD, bajo el sello discográfico Mercurio en Nueva York.

     Asylum es el decimotercer álbum de estudio de esta banda norteamericana (y nuestro número 13 en esta reseña musical), con Kulick y Carr como miembros oficiales, y tal alineación duró hasta la muerte de Carr en noviembre de 1991, quien fue sustituido por Eric Singer. Kulick permaneció como integrante hasta el año 1996.

     La portada muestra a los cuatro integrantes con luces ovales de colores, atravesadas diagonalmente en caída entre ellos de izquierda a derecha, como de fondo cinematográfico, y con labios de colores en cada miembro: morado para Stanley, rojo para Simmons, azul para Kulick y verde para Carr. Esos colores reflejaron el lanzamiento de sus álbumes en solitario, aquel lejano día 18 de septiembre de 1978, cuando cada uno lanzó un disco individual con fondo de esos tonos (pero aquella ocasión los miembros originales en tonos azul y verde eran Ace Frehley y Peter Criss, respectivamente).

     Técnica y magistralmente, Bruce Kulick y Eric Carr fueron mejores en guitarra y batería que Frehley y Criss, pero su altibajo fue no cantar individualmente, solamente participaron en coros, con la salvedad que Carr interpretó una sola vez la canción “Beth”, de Criss, en 1988 (álbum recopilatorio Smashes, Thrashes & Hits).

     La cinta o el disco, según sea el caso, inicia con “King of the mountain”, interpretada por Paul Stanley, en donde Kulick y Stanley arremeten en fiesta de seis cuerdas cada uno, cantando sobre ser el rey en una montaña: Come on, yeah, I'm gonna climb the mountain, I'm gonna hit the top, I wanna go where nobody's ever been, I'm never gonna stop. I'm gonna reign, I'm gonna shine, I'm gonna hit the ground, I'm gonna shoot through the night like a shotgun. I'm gonna get on down, I wanna get on down. I'm the king of the mountain (bis)... Let's go, yeah, let's go (Vamos, sí, voy a escalar la montaña, voy a llegar a la cima, quiero ir a donde nadie ha estado, nunca voy a parar. Voy a reinar, voy a brillar, voy a tocar el suelo, voy a disparar por la noche como una escopeta. Voy a moverme, quiero moverme. Soy el rey de la montaña (bis)... Vamos, sí, vamos).

     “Any way you slice it” presenta la voz acelerada y agolpada de Gene Simmons, con un bajeo fundido entre dos guitarras electrizantes y la marchante batería de Eric Carr.

     “Who wants to be lonely?”, en voz de Stanley, nos comunica: …Wake up in the middle of the night, nobody's gonna make it alright, ooh, I want to say to you time is just passing us by. You keep waiting for something called love. Who wants to be lonely? Who wants to be with you tonight, oh, oh? (…Despierto en medio de la noche, nadie va a arreglarlo, ooh, quiero decirte que el tiempo simplemente nos está pasando. Sigues esperando algo llamado amor. ¿Quién quiere estar solo? ¿Quién quiere estar contigo esta noche, oh, oh?)

     “Trial by fire”, es una combinación de Glam rock con Hard rock, característico “ochentero”, que nos ponía a bailar o hacer desmadre aquella década, con chicas y compas de la secundaria y luego de la carrera técnica. Compuesta por Simmons y Kulick, es interpretada por Gene Simmons y nos relata acerca de vivir la vida como prueba de fuego.

     “I’m alive” no deja de presentar ese Glam movido con Stanley (desenfreno puro en música y en letra).

     “Love’s a deadly weapon” es una entrega ininteligible vocalizada por Simmons, ya que guitarras y batería ahogan su voz por momentos, y el bajo aparece con mayor volumen en el tercer tercio de la canción.

     ¡Pero qué entronización se da con “Tears are falling”! ¡Viene lluvia en sequía! Es Paul Stanley y su voz afinada, quien nos regala esta reflexión melódica y literaria, mitad balada y mitad rock, dadas sus notas y mensaje: I read your mind like an open book, you lost the fire in your eyes, you turn to me with a different look and then it's raining, looks like it's raining. Oh no, tears are falling... Something is wrong as I hold you near, somebody else holds your heart, yeah, you look at me with your eyes in tears. And then it's raining, feels like it's raining, oh no, tears are falling... I saw you cry and now it's raining, yeah, looks like it's raining (someone stole your heart) and now it's raining, feels like it's raining, oh no, tears are falling, oh no, tears are falling –no, no, falling from your eyes (Leo tu mente como un libro abierto, perdiste el fuego en tus ojos, me miras con una expresión diferente y luego está lloviendo, parece que está lloviendo. Oh no, están cayendo lágrimas... Algo anda mal mientras te abrazo cerca, alguien más tiene tu corazón, sí, me miras con tus ojos llenos de lágrimas. Y luego está lloviendo, se siente como si estuviera lloviendo, oh no, están cayendo lágrimas... Te vi llorar y ahora está lloviendo, sí, parece que está lloviendo. Alguien te robó lágrimas, oh no, están cayendo lágrimas –no, no, cayendo de tus ojos).

     “Lágrimas cayendo” nos arrastra a un desagüe de recuerdos juveniles, entre risas y decires de camaradas de aquellas épocas “ochenteras”, nostalgias en paraíso perdido, el paraíso destronado que todos poseemos, desgraciadamente.

     “Secretly cruel” es una pieza musical arrastrada en las andanzas desinhibidas de Gene Simmons.

     “Radar for love”, con ese guitarreo líder, técnico y educado de Bruce Kulick, por enésima ocasión habla de un S.O.S., para un chico necesitado de una chica.

     “Uh! All night” nos despide en marcha de voces (Simmons, Kulick y Carr), bajo la voz guía de Stanley.

     Asylum tuvo como músico invitado a Jean Beauvoir en bajo y coros en las piezas “Who wants to be lonely” y “Uh! All night”, ya que Simmons estuvo de “talegón” en las sesiones. Y como rareza, Paul Stanley tocó el bajo de Simmons en su exitosa “Tears are falling”.

     Finalmente, se ubicó en la posición 20 del US Billboard 200 de la Unión Americana, número 12 en UK Albums Chart del Reino Unido y número 3 en Topplistan de Suecia.

 



Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

jueves, 30 de julio de 2026

¿Quién querría una piedra de amiga?

 

¿Quién querría una piedra de amiga?

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Aquí estamos, en silencio, mirándonos sin mirar, admitiendo que la situación debe ser así. Es cierto, me gusta hacer frases, ¿pero en realidad eso hace esto menos grave? No sé. Si creyéramos en la gravedad no habríamos entrado en este juego sin pies ni cabeza. Porque sí tenemos ambos, ¿o cómo se dice que los dos tenemos cuerpo humano? , sí, a veces lo literal suena absurdo y ser inexplicables también entra en nuestra apuesta por “sernos”.

Sabes que me gusta buscar caminos fáciles, tú lo eras, según yo, o así lo imaginé cuando empecé a romper tus armas, riéndome de ellas, haciéndolas como si fuera inmune a ellas, pero lamentablemente lo soy ¿lo soy? Enteramente entregada al juego, me podía reír, sí, risa de nervios, como si conociera por dentro los cajones donde nos quieren meter, por género y número, porque los conozco, como conozco a los de tu especie.

Seguramente dirás lo mismo de mí y emprendiste el camino que mejor te llevaría a lo profundo de mis anhelos para hacer fiestas, y las hicimos, claro, no hay arrepentimiento, hay lucidez, y tal vez eso fue lo nuevo para ti. Lo que pude aportar a tu tránsito por ese pasillo donde tomaste lo que quisiste cuando quisiste sin ningún problema.

Tampoco presumo de ser un problema para ti, quise ser tu muerte, es cierto, pero ya estabas preparado y yo no veía para mí un futuro carcelario como deseable, eso nos salvó, a ti de la nada, a mí de un destino, no sé que tan edulcorado como protagonista de alguna película serie B, de presupuesto más bien humilde.

En fin, tampoco caeré en el alcoholismo para hacerme soportable tu presencia, prefiero prescindir de ella, o acercarme a ti como la mosca a la que la rana le invita a llevarla al otro lado del estanque, prefiero mi vida de vuelos erráticos a posar mis patas sobre ti y creo que es mejor para mis cientos de ojos posarse en paisajes ajenos a tu mirada.

Extrañamente esto no es un adiós, es quizá un entrecerrar los ojos ante tu evidente decadencia y mi lucidez no sé que tan majestuosa todavía.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Elías Nandino

 

Todas las noches, a la misma hora

Por Elías Nandino

Todas las noches, a la misma hora,
una paloma de penumbra blanca
llega volando a transformarse en sueño
para dormirnos en sereno idilio.

¡Qué secretos tan hondos afloramos
en ese no decir que dice todo,
mientras la sombra con su tacto vivo
aprieta el nudo que los dos hacemos.

Yo me pregunto, cuando ya despierto
miro mi lecho: ¿vino algún lucero?,
hay huellas luminosas en las sábanas
y olor a firmamento entre paredes.

Se adivina una fúnebre codicia…
¿Quién es y por qué viene a estar conmigo?
Yo no sé qué será lo que buscamos
con las nocturnas citas incorpóreas.

Explicarme pretendo su presencia,
su roce casto, inmaterial, vacío
como de fuego fatuo que inquemante
en lo oscuro me alumbra compañía.

Por lo que intuyo en soledad, yo creo
que algo me deja y a la vez se lleva
con su ternura alcanforada y fría:
intercambio de apego enamorado.

En cuanto empieza a madurar la noche
busco el regazo de mi lecho cómplice,
cierro los ojos para ver más claro
y espero hundido en mi zozobra ciega.

Todas las noches, a la misma hora,
excito mi esperanza y me desnudo
para agudizar que llegue lo invisible:
el ave errante del letargo cósmico
que borra el mundo y nos volvemos sueño.

Cuando ya no la espere, o que no venga,
me hallaran en mi cama solo y solo,
con los ojos abiertos, sin mirada;
quieto con la quietud enmudecida
del cadáver que ya no busca nada,
o que al fin encontró lo que esperaba.



Elías Nandino, (1900 - 1993). Poeta. Estudió medicina en la Escuela Nacional de Medicina. Fue editor y director de Estaciones, Cuadernos de Bellas Artes, Allis Vivere, México Nuevo y Campo Abierto. Perteneció al grupo de Los Contemporáneos.

martes, 28 de julio de 2026

Dedicatoria

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Dedicatoria

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

A ti

Desierto de Chihuahua,

mar antiguo de silencios y horizontes infinitos.

 

A tus amaneceres de cobre

y tus noches sembradas de estrellas;

a tus vientos que cuentan historias viejas

entre mezquites, lechuguillas y ocotillos.

 

A tus criaturas pequeñas y valientes,

que sobreviven donde otros no podrían;

a tus piedras, tus salinas, tus cuevas,

y a los pasos invisibles de quienes te habitaron antes.

 

Este pequeño poema nace de tu polvo,

de tu misterio

y de la admiración profunda

que despiertas en quienes aprenden a mirarte despacio.

 

Porque el desierto no está vacío:

late, respira, canta y recuerda.

 

Con respeto, asombro y cariño,

para el eterno y majestuoso

Desierto de Chihuahua.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

lunes, 27 de julio de 2026

Alicia a través del mar


 

Alicia a través del mar

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

La aurora de rosáceos dedos acarició la hierba y entró a hurtadillas por la ventana. Alicia terminaba su último sueño. Los conejos saltaban de la madriguera. Alicia corría a la orilla de la playa tratando de que el oleaje no rozara sus tersas piernas. El mar brillaba con iridiscencias de coral. La espuma estallaba en las rocas. Alicia contemplaba la inmensidad del océano, sus ojos se posaban en el horizonte, a la distancia del tiempo observaba su vida a través del espejo. Ahora el mar la cubría de recuerdos.

En la noche de invierno las imágenes se dibujaban en la frágil imaginación de Alicia, la figura de su padre, alta, fina, nariz aguileña, anteojos redondos, ojos aceitunados, cabello rizado, labios delgados, palabras que brotan de un manantial cristalino, a veces fangoso. Su madre, delgada, blanca, cabello negro, ojos de roble, nariz recta, labios cereza, carnosos, sonrisa resplandeciente en medio de la tormenta. Frágil y hermoso cervatillo en el claro de una foresta. Caminaron por senderos distintos, en noches de oscura tempestad, su madre fue al bosque, su padre a la montaña. En la memoria de Alicia permanecía fresco el recuerdo de soleados días, de tardes de helados, pinturas, rostros, jardines, batallas, mendigos, prostitutas, reyes y princesas, tardes de sonrisas y adioses.

La ausencia impregnada en cada rincón de su piel, en eterna espera. Cerrar y abrir los ojos, correr, reír, beber y llorar, comer, estudiar. En el sueño Alicia sentía los simples placeres de la vida, un padre que la sostuviera con ternura, que le tomara la mano, que juntos rompieran olas, buscaran perlas, caracolas, conchas y estrellas. No eran necesarios los castillos, Alicia los forjaba y destruía en la arena, en su vida, en el sueño.

 


Victoria Montemayor Galicia es doctora en educación, artes y humanidades; maestra en humanidades por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Egresada de la carrera de lengua y literatura modernas letras italianas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha participado en congresos nacionales e internacionales de poesía de los Siglos de Oro, Renacimiento, Barroco, literatura europea, mexicana e hispanoamericana, mito crítica, hermenéutica y tradición clásica. Autora del libro Petrarca y la poesía del Renacimiento, publicado por la UACH. Coordinadora de las licenciaturas en letras españolas y letras hispanoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras, y maestra de lengua italiana en el Centro de Idiomas de la UACH.

domingo, 26 de julio de 2026

Partisano

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Partisano

 

Por Gabriela Borunda

 

I

El mal no se ve

no huele nada 

Ocurre a tres calles de tu casa         

y no te enteras

Le pasa solo al que anda

en malos pasos 

El mal no tiene sabor

y anda con silencio 

 

El bosque sigue ardiendo 

Nosotros, los condenados

(en los libros de historia nos dirán genéricamente: los traidores) 

somos los cobardes los usureros 

los que amasamos el pan

cortarnos los vestidos 

y encendemos los hornos cada mañana

Estamos aquí en medio del bosque ardiente 

nos abrazamos

para recordar

un último gesto de amor 

 

II

Las canciones son para el guerrillero 

no para el que recibe las balas

los versos cantan a la revolución 

jamás al quien carga los heridos 

los versos son para el viejo guerrillero 

que nunca se mojó bajo la lluvia de balas

Nos cuenta sus victorias arrellanado en su sillón

la cámara oye su historia     

de tormentos y días infinitos


III

Nosotros compramos kilómetros de seda

para hacer las flores que otros lucían en el pecho 

solo teníamos seda y máquinas de coser

No teníamos armas

solo nuestra fe para trabajar 

para abrazarnos en la desgracia 


Mientras el bosque el mar el jaguar las palomas 

todo se quemaba

 

IV

De la gente como nosotros no se habla 

mucho menos se habla bien 

En mi diario escondo un doble fondo

ahí están las matrículas de los autos que siempre me siguen 

 

Te acuerdas de quiénes éramos 

de cómo éramos 

de mezclilla y huaraches

desafiando al poder

soñando con todo

con diferencias con libertad 


Quién iba decir que fuimos los aliados de nuestro sepulturero


Recuerdas que alguna vez desafiamos a la oscuridad 


Fuimos muy ingenuos

no vimos que los monstruos reales

eran más temibles que los de nuestras pesadillas 

Lloro grito

me desespero en vano

V

Nunca empuñaremos las armas 

nadie nos entrenó en Corea

aún hoy rodeados por el fuego

seguimos amando 

Tú esperas que mi último grito de dolor

clame tu nombre

quieres que te pregunte:

Caín qué has hecho con tu hermano 

Pero no sucederá 

Tu hermano entra cada mañana al bosque 

y sus ojos brillan con el recuerdo de su amada


Tu madre está muerta 

y a ti te recordaremos como

ninguno primo de nadie 

ninguno primo de nadie

ninguno primo de nadie

ninguno ninguno ninguno ninguno ninguno ninguno 


VI

Se que moriré 

pero al menos será en los brazos del hombre que amo

y nadie recordará tu gloria guerrillera

porque no dejaste a nadie vivo para recordarte 


VII

En todo pacto hay una / excepción

un error fatal

Cuídate de disparar sobre / los más tiernos 

los más puros 

los que podrían destruirte

Entonces saldremos del bosque 

con nuestros cuerpos en llamas

a quemar ese mundo sin tribunales ni escuelas ni libros ni poetas 

Recuerda guerrillero 

tu nombre es nadie primo de ninguno 

y no eres inmortal

 


Gabriela Borunda ha publicado en la Colección Flor de Arena, en las revistas Solar, Tierra Adentro, en la Editorial de la UNAM y en un proyecto binacional apoyado por la Fundación Ford para América Latina. Textos suyos han aparecido en periódicos locales y nacionales. Recibió el Premio Chihuahua, El Premio Nacional de Arte Joven, El Premio Sonora. Fundo el proyecto Farito Editores y trabajo más de 25 años con jóvenes vulnerables.