domingo, 20 de septiembre de 2026

La princesa totzil

 

La princesa totzil

 

Por Carlos Gallegos

 

Ese señor elegante

ese güero

de cutis

requemado

alto

musculoso

de ojos verdes

nariz romana

viriles labios

tocada su cabeza

con un sombrero

Panamá muy fino

que trae en sus manos

un nivel

un cedal

un hexómetro

un carrete de hilo blanco

una plomada

una espátula

es un albañil

que vive

en la Loma de Pérez

en una casa perdida allá

entre las labores

se llama Thomás Ramírez

en su entorno

se tejen historias

que su nombre se escribe

sin h Intermedia

que no

que sí lleva h

se dice

que vino de

Sombrerete

Zacatecas

que no

que llegó de Nueva York

huyendo

de una relación

fallida

con una alemana millonaria

a la que le construyó

una mansión

Art Decó

dicen que mañana empezará

a levantar

una torre

muy alta

derechita angosta

bonita

esbelta

de ladrillo

bermejo recién cocido

en los hornos

de Rosales

que trabajan

con leña

de mezquite

que se la ha

encargado

don Emiliano

el presidente

los seis muchachos

bullangueros

que retozan

a su lado

vestidos con camisas

de manta

blanca

con pantalones de pechera

con sombrero atejanado

con zapatos

mata víboras

son medias cucharas

ayudantes de albañil

que trabajarán en la obra

los otros dos

que vienen más atrás

de corbata delgadita

de camisa

de manga corta

de pantalón de casimir

de tiple achilangado

son Manuel Benavides

y Jesús Valdez

dibujantes del plano

de la torre

nadie sabe

bien a bien

para qué será

esa torre

unos creen que

como quedará

donde la población

que ya tiene

como doce

mil habitantes

se divide en cuatro sectores

servirá

para saber

cuándo

va uno

por el norte

cuándo por el sur

cuándo por el poniente

o el oriente

otros han oído

que en la parte

de arriba

le colocarán

cuatro carátulas

de reloj

una de cada lado

que en su interior habrá

una maquinaria

de reloj

que traerán

de Puebla

con todo

y relojero

que se llama Julián

Hernández Acosta

para que la eche a andar

que las

tres

campanitas

que le pondrán

en la cumbre

tocarán la hora en el

día

en la noche

a todas horas

que don Emiliano hace dos años

le encargó

a don

Raúl Mar Reyes

dueño de la carnicería

La Imperial

que está en el Mercado Juárez

que todos los días guarde

el dinero que se cobre

por la matanza de animales

en el Rastro

para tener con qué

pagar el trabajo

anoche alguien

platicó

en el Centro Algodonero

que ya llevan ahorrados

como 37 mil pesos

que ya tienen

suficiente para hacer el jale

el cantinero de ahí

que lo sabe todo

completó

el chisme

es cierto

lo del reloj

dijo

el plan es

que se sea inaugurado

el 22 de diciembre al dar

las 10 de  la mañana

las tres campanitas

se estrenarán

tres días después

a las doce

de la noche

anunciando

Noche Buena

el heraldo de los borrachos agregó

que en el tren de las siete

de ese día

habrá llegado del Distrito Federal

una modelo fotográfica

muy guapa

que posará

para la historia

frente al futuro despertador

de los delicienses

que como

el reloj estará

sobre el suelo

disparejo

primero parecerá

que está

ladeado

como la torre de Pizza

pero que con el tiempo

cuando llegue

el pavimento

se verá

que es una ilusión óptica

y que se ha de mantener erguido

derechito

para siempre

que sus repiques

melódicos se escucharán

en todo el

pueblo

hasta más allá de

donde vive el maistro Ramírez

con su pareja

una princesa

totzil

que llegó

por tierra

procedente

de la selva lacandona

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

martes, 15 de septiembre de 2026

Palabras al recibir la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda

 

Palabras al recibir la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda

 

Por Nacho Guerrero

 

Nací en estas tierras de Norteamérica, llanos septentrionales del centro y casi a mitad del continente amerindio. ¿Qué tiene Chihuahua? ¿Su gente? ¿De dónde venimos? ¿Cuáles son nuestras raíces, que siempre son nuestros frutos y acciones, y nos hacen ser únicos en este mundo, nos interrelacionan, estamos conectados y por lo tanto somos inseparables en esencia? Piedras, caballos, humanos, agua, tlacuaches, miradas, ríos, flores, zacate, ciudades, cielos, grutas, cerros, perros y gatos.

Creo que por eso, y por otras historias, me hice fotógrafo. Nací en 1954 afortunado por ello en esta Villa de San Felipe del Real, hoy llamada Chihuahua. Tierra difícil y hermosa, donde la luz emana de las piedras y de la arena en cristales radiantes, iluminados por un sol intenso, tan grosero como dulce.

Mis raíces: aún recuerdo en el vientre de mi madre esconderme del trasluz de sus paredes y acurrucarme para buscar la oscura parte de la noche prenatal, que me dieron el primer respiro en el Hospital Verde de la Calzada Nombre de Dios. Mi primer encuentro con la luz. Los altos muros y pabellones enormes eran como castillos ensombrecidos por un pasado esplendor, empezaban a iluminar mi camino con una mirada certera y angular, que ya venía integrada en mi memoria.

Los juegos de aquella época fueron el principio de una serie de acontecimientos, siempre entre la luz y la oscuridad, que le dieron a mi vida un sentido casi fotográfico. Recuerdo el closet oscuro, donde la luz brotaba del quicio de la puerta y, solo con la paciencia de un obturador, llenar de imágenes esa caja oscura con rayos que atravesaban de lado a lado las paredes, llenando de sentido esa temida oscuridad que se convertía en un regocijo como de película muda y relampagueante.

Aquel juego se convirtió por mucho tiempo en la aventura cotidiana. Así llegó el mundo de las cámaras. No tardó Santa Claus en darme la primera, una Kodak Brownie 120 mm, que usé y usé hasta sus últimos y destellantes flashazos que humeaban y olían a chicle derretido. ¡Qué maravillosa niñez, llena de tiempo y de tierra! ¡de riqueza, sí, pero profunda y amorosa! Que abrió mi vida a lo que va más allá de lo material, enriqueciendo mi ser con intuición, humanismo y una pasión por el patrimonio tangible, intangible y biocultural de Chihuahua.

Llevo 50 años de fotógrafo. A lo largo de este tiempo he unido dos mundos: la fotografía por encargo, y lo que llamo “El Nacho libre”. Ninguno de estos caminos me ha limitado; he hecho lo que amo, y eso me ha llevado a explorar miles de temas sobre la vida. Recibo de la luz de Chihuahua la posibilidad de crear, mirar y emocionarme. Sus paisajes múltiples, la ciudad, sus pueblos, su gente, los rostros y las miradas capturando la esencia de su vida. Es la luz en blanco y negro, los verdes y ocres de sus llanuras y montañas, sus cielos y barrancos. Me he convertido en un geógrafo que descubre las orografías, el inicios de los ríos y los manantiales en mitad del desierto.

Décadas atrás, la curiosidad de un niño exploraba el misterio de una cámara, y sabía que aquel momento marcaría el inicio de un viaje que he seguido con dedicación, compromiso y significado. En la fotografía he encontrado un espacio para replantear nuestra condición humana, un lugar donde convergen el septentrión, el ritual y el manifiesto de lo cotidiano.

Hoy, tras este largo camino fotográfico, he reunido un acervo visual que documenta las vastedades de nuestra vasta región, lo cual me inspira a seguir documentando hasta el final de mis días lo que me falta de explorar de nuestro gran territorio.

Con gratitud llego a este recinto para expresar mi agradecimiento hacia mi familia, amigos, colegas fotógrafos, colaboradores, al pueblo chihuahuense y al Congreso del Estado por esta distinción de la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda. Tuve el placer de conocer a Víctor Hugo y contar con su distinguida amistad; lo recuerdo parafraseando: "por mi cámara hablará la sociedad de mi tiempo."

Muchas gracias.



Ignacio Guerrero Olivares inició en Chihuahua la cultura de la foto artística y ha sido fotógrafo productivo y perfeccionista desde hace 40 años. Tiene en su archivo un caudal de vistas impresionante, paisaje, retrato, historia, publicidad, modelaje, texturas; nada escapa a su mirada. Es Premio Chihuahua de Arte Fotográfico y maestro de varias generaciones de fotógrafos que en su estudio trabajaron y aprendieron técnicas y ciencia de la imagen.

domingo, 13 de septiembre de 2026

El sueño de don Lencho


 

El sueño de don Lencho

 

Por Carlos Gallegos

 

Ayer me acordé

de aquel sueño

de don Lorenzo

Treviño Santos

alcalde de Delicias 1980/83

del sueño

de que algún día

se le concediera

ver la Calle 4a Norte

convertida

en la Calle del Futuro

donde además de tiendas

hubiera luz

banquetas amplias

árboles frondosos

voces gozosas

canto

alegría

sonrisas familias

paseando

sin apuro

bancas para sentarse a disfrutar

la caída de la tarde

a escuchar los tañidos

del Reloj Público

las campanas del Santuario

llamando a misa de siete

los trinos

de los chanates

de la Plaza Principal

a saludar a la feligresía

que llega

al culto de la Iglesia Cristo céntrica El Sinaí

a decirle adiós

al viajero

que pasa lentamente

en el cansado camión de Meoqui

a desearle buena noche a la señora

que sale por el pan

a La Marina

a ver a

don Fausto y doña Ema

cumplir con su ritual de

despedir de mano

al último cliente

de su tienda eléctrica El Globo

a ver a Samuel Guzmán

barriendo diligente el frente

de la Cabañita

a espiar

a la pareja de novios

que se pasean tomados de la mano

robándose un beso furtivo

a atestiguar

cómo

tarde a tarde

tres hombres

en su adultez joven

muy jóvenes para decirles

don

muy dones

para no concederles

ese grado de respeto

Gilberto Dena Cueto

Lorenzo Treviño Santos

Guadalupe Alcántar Márquez

replican su ciclo de trabajo

diario

el primero en su taller de reparación

de máquinas de escribir

el segundo en su negocio

de vidrios y cristales

el tercero

vestido de casimir y corbata

vendiendo chorizo casero

en su canasta de palma

y que al coincidir

en la 4a

intercambian una seña cómplice

casi imperceptible

que descifrada por un mirón

experto en descifrar

señas secretas

la traduce como

"al rato nos vemos en el Iberia"

costumbres citadinas

de aquellos tiempos

don Lencho vio cumplido su sueño

pero el tiempo pasó

las luces se apagaron

el ruido de la modernidad

aletargó el sonido

del Reloj

del Santuario

las melodías de los chanates

los árboles se secaron

los novios

se fueron

más mire usted

hoy su sueño ha rebrotado

no es imposible

que los novios

que se fueron

sean los de la foto

que está viendo

que habrían regresado

al ver la

4a

que oronda

hospitalaria

vibrante

renace del olvido

aplicando lo que

hace tantos años con tanta

razón

afirmó

Hemingway:

El mundo es un buen lugar

vale la pena

luchar por él.

 

 

Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.