domingo, 12 de julio de 2026

Milan Kundera

 

Foto: Pedro Chacón

Milan Kundera

 

Por Héctor Jaramillo y Víctor Manuel Hernández Márquez

 

Víctor: La fama termina reduciendo la obra de un artista a una sola pieza, como no hace mucho Astrud Gilberto a una sola canción. Kundera quedará en el imaginario gracias a los medios de comunicación, como el autor de La insoportable levedad del ser, lo cual no creo que le hiciera gracia.

 

Jaramillo: Me apena (aunque no mucho) decirlo, pero Kundera es fenómeno más medial que literario. Fenómeno que al menos en México fue fomentado por la mafia de Octavio Paz. Tal fomento, por desgracia y como sucede en estos casos, tiene la injusta consecuencia de dejar a otras voces igual o más valiosas en la sombra (por cierto, tal fue práctica muy de Paz en toda su renga vida).

¿A quién más allá de quienes se creyeron la narrativa de Paz estrujó, conmovió, influyó Kundera? No me extrañaría que La insoportable levedad del ser hubiera sido uno de los tres libros que marcaron la vida de Peña Nieto.

Tal vez leí toda su obra buscando en vano esa genialidad: no recuerdo ni de qué se trató, no me hizo ni más feliz ni más amargado.

Kundera fue un producto de la política literaria, no de la literatura. Lo mismo que se ve en los campos del arte: políticos más enamorados de las relaciones del poder político que de su oficio. Y cuyo aporte, usando el título de una de las más importantes novelas contemporáneas que la fama de Kundera opacó, es un aporte "menos que cero".

 

Víctor: En parte estoy de acuerdo con tu valoración. En los ochenta, década del despegue de la difusión de Kundera en México, me resistí a leerlo, aunque no pude sustraerme a La insoportable levedad del ser, en parte porque se hacían lecturas en voz alta aquí y allá. Pero un buen día me tope con la obrita de teatro Jacques y su amo, homenaje evidente al Jacques el fatalista, de Diderot, que leí con sumo placer de una sentada (que no es decir mucho decir para las poco más de cien páginas que tiene la edición de Tusquets, si la memoria no me juega una mala pasada). Luego leí los ensayos que forman parte de El arte de la novela, en la edición de Vuelta, y entonces ya no tuve reparos para leer su obra literaria, aunque para mediados de los noventa la fiebre por Kundera había quedado reducida a ciertos lugares de culto, me parece, y como mi dedicación a la lectura de literatura se debilito mucho, tampoco lo leí a fondo.

Es verdad que Paz y compañía hicieron de Kundera, Milosz, Merquior, Morse y otros, compañeros de viaje en la promoción de sus taras ideológicas, pero si no fuera por eso nos habríamos privado de leer algunas de las cosas que aparecieron en la Editorial Vuelta.

 

Jaramillo: Aprovecho el viaje ahora que hago fila para ensayar algunas ideas ya por años rumiadas.

Yo también lo leí por la inercia pazera. Al poco tiempo caí en la cuenta de que las alabanzas pazeras eran o extraliterarias o metaliterarias, pero nunca literarias (la relación obligada entre obra y lector, el clic que ha de suceder entre la palabra y quien le da vida con su lectura).

Extraliterarias: A Paz parece que le importó de Kundera más su postura política contra la URSS (ni para qué ahondar: bien conocimos a Paz) que en su aporte a la literatura. Ponía a Kundera como héroe del "mundo libre".

Metaliterarias. Ese egocentrismo de Paz que ponía a la poesía como creaciones individuales, "joyas inalcanzables por el populacho", creaciones exquisitas para la alabanza de su autor. Solo entendió la literatura como una suerte de laboratorio introvertido de palabras. "Si tengo que escoger entre sonido y sentido, escojo sentido" fue una declaración de Paz del tipo de "presume de lo que careces". Ni Góngora fue así de formal.

Así que, al no tener mucho que decir sobre los valores literarios de la obra de Kundera, Paz se volcó con fervor sobre su poética. La obra que mencionas, El arte de la novela, son apuntes de Kundera de un ideario que no pudo alcanzar: su obra no le llega ni a los talones a sus ideas sobre la obra.

Esto no sería reprobable (¡y al contrario!) si no fuera porque Paz y el mismo Kundera pusieron su poética Hola como grandes innovaciones, "aventuras, atrevimientos, hazañas" literarias personales, cuando no fueron más que pedacería poética de las verdaderas hazañas de sus antecesores como Joyce con Ulises, y del mismo Cortazar con Rayuela, escrita años antes de la primera novela de Kundera allá por los cincuenta (la obra de Kundera es sesentera), y en el marco del gran boom al lado de Paradiso de Lezama Lima y de la fascinante (y más que soportable) levedad de Borges. Incluso La casa verde de Vargas Llosa (cuyo cinismo, poca empatía, poco sentido compasivo y notorio morbo hacia el dolor humano lo hacen hermano de estilo de Kundera) apareció antes de la primera novela del escritor checoeslovaco francés.

Que a propósito, eso de atribuirse méritos ajenos me recuerda mucho esa manía muy de los franceses de promocionarse como las puntas de lanza del arte y la literatura: Un niño que quiera disfrazarse de pintor se pondrá boina y bigotito francés cuando Francia no ha dado ni de chiste la pintura que ha dado el resto de Europa, pero ay cómo se promociona; ¿el "mejor cine de arte"? Y el pensamiento colectivo piensa en el cine francés. ¿Museos? Y pensamos en el Louvre. ¿Poetas? Francia. Cuando todo esto es más propaganda que justicia.

Para acabar pronto Kundera me parece sobrevalorado hasta la náusea, y dudo que su obra sobrepase la mitad de este siglo. Malo tampoco es, pero, insisto, cuando la sobrevaloración de uno sobrepasa la subvaloración de otros, su obra, más que mala, resulta malvada.

 


Héctor Jaramillo. Fotógrafo, escritor, investigador, mentor artístico, editor, tallerista, pedagogo, conferencista. Premio Chihuahua de Artes Plásticas en 1995. Premio Chihuahua de Literatura en 2016. Premio Nacional INAH Antonio García Cubas 2019 al Mejor Libro de Arte del Año.

Víctor Manuel Hernández Márquez es doctor en filosofía por la UNAM. Ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh) donde, además fue director de Difusión Cultural y Servicio. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Entre sus publicaciones están Lógica, lenguaje y realidad. Examen crítico del programa absolutista, de 2001, La multiplicidad de Rousseau, y Pierre Duhem: entre física y metafísica.

sábado, 11 de julio de 2026

Rubem Fonseca

 

Rubem Fonseca

 

Por Guadalupe Ángeles

 

El filo no pregunta si ha de asesinar, el filo solo existe.

       Grandes emociones. Pensamientos imperfectos. El hombre sabía de qué va el mundo, por eso su cinismo era delicioso; por eso preguntas absurdas en su pluma se tornaban imprescindibles.

      La M de su nombre me sonaba extraña, pero la risa ante sí mismo nos hermanaba. Podría hacerme una máscara ahora con sus facciones y decir de mí que he sido poseída por su espíritu chocarrero porque la muerte ya lo ha tomado entre sus brazos.

       El sabía lo que yo: Si seguimos vivos es para tomarnos de las manos y rechazar la imposibilidad de los milagros, pues se puede ser la música y el viento, la orfandad y un orgullo más fuerte que quinientas ciudades de acero incombustible. Sí, eso decían sus cuentos. Sí, eso escapa a toda lógica y es del todo cierto porque escrito está siendo esta madrugada con tinta robada, con horas arrebatadas al sueño y existe, todo ello y el dibujo exacto de estas palabras, delineadas con dulzura por mi mano, como quien traza los contornos del tatuaje de un dragón en la espalda del sol, así de poderoso era tu lenguaje, así de increíble es que vivas ahora a través del movimiento de esta mano y esta pluma, Rubem, bienvenido a esta resurrección instantánea y fugaz, como toda vida ávida y llena a la vez de “grandes emociones, pensamientos imperfectos”.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Tras el juego, amistarse


 

Tras el juego, amistarse

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Cómo sería en verdad antes? Cuando he leído o escuchado la frase: “a la manera de los antiguos”, vienen a mi mente una serie de prácticas imposibles en estos tiempos; a saber: dormir cuando el sol se oculta cada tarde, porque es natural, en nuestra condición de animales (racionales, sí, pero animales al fin) obedecer los ritmos del sol y de acuerdo a ellos vivir; o considerar a un grupo relativamente amplio de personas al momento de tomar una decisión importante; sembrar en la fecha en que los vientos tienen tal dirección o temperatura. En fin, no sé cómo es que nos hemos alejado tanto de aquellas prácticas; y no es que las añore, puesto que no tocó en el tiempo de mi vida experimentarlas. Y, bien dicen: uno es el hijo de su tiempo, así, en masculino; ese solo detalle dice mucho de otras épocas y de esta.

       Los cuentos de Ciencia Ficción en los que es posible viajar en el tiempo, me parece que todavía no retratan una realidad apegada a los hechos; sería interesante que así fuera, así podríamos saber a ciencia cierta cómo era en realidad vivir “a la manera de los antiguos”.

       Estas reflexiones no me visitan (o las visito, aunque quizá sea lo mismo) porque sienta nostalgia por experimentar la vida de otra manera. No. Ocurren porque creo haber leído esa frase, o escuchado, de boca (o en las páginas) de una escritora querida.

       Muy extrañas son las formas del cariño, decir “quiero ser como tú”, aunque no sea precisamente con esas palabras, no significa siempre que se reniega de la propia circunstancia. El cariño, a veces, nos hace desear la invisibilidad, la indisociación, ya lo dijo el gran Roland Barthes: “la desgracia del amante es no ser uno con el amado”. Y así, ese animal grotesco de las dos espaldas o de los cuatro brazos y piernas, más que asustarnos, a veces, cuando la pasión es alarmantemente intensa, nos lleva a suspirar por aquella “completud” tan ajena a lo humano.

        Ser dioses con cuerpos por completo distinto a los nuestros, con pensamientos que vayan de una mente a otra sin obstáculos, ideas así de absurdas (al menos según la lógica “al uso”) han sido siempre, el secreto inexpresable de aquellos que aman más allá de la razón.

      Pero llega la madurez y con ella la claridad de pensamiento y la certeza tranquila de no ser más que lo que se es; se abandonan las ilusiones como quien entra en casa una vez que ha cesado la sesión de fuegos pirotécnicos; se agradece no haber sido víctimas de un incendio y se procede, si existe la vocación y la paciencia, a pergeñar páginas (si no perfectas) sí mesuradas en las que tratamos de explicar cuánto se anheló la totalidad imposible, de ese modo, y como un barco a punto de sucumbir ante la tormenta, se llega a un puerto libre de monstruos fantásticos y lleno de un perfume de normalidad que se aspira con, al fin, una tranquilidad que no sabíamos cuánta falta nos hacía cuando nos era imposible mirar más allá de una mirada ardiente que, en el mejor de los casos, se consumía en un fuego compartido, y en el peor, ardía en un hielo que nos cortaba la respiración.

      Breve entonces parece la vida y se logra aceptar sin disturbios la caria del sol del mediodía, la iluminación inesperada de una luna tan clara como la seguridad de ya no tener miedo a ser solo uno, porque un silencio como de lago a medianoche toca nuestro corazón y ahí sabemos: se ha sobrevivido.

       Así, la vejez no duele, se amista uno con la soledad, no porque se considere haber vencido, eso nunca, se comprende simplemente que aquella guerra por conquistar un alma ajena era un juego que aprendimos sin saber que siempre fue innecesario.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Cream – Disraeli Gears (1967)


La cinta musical

Cream – Disraeli Gears (1967)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Los años sesenta del siglo XX fueron el parteaguas musical de la música rock con todos sus géneros, destacando el Blues (a secas), Blues rock, Pop rock, Psychedelic rock, Acid rock y Hard rock.

     Cream es una de esas agrupaciones británicas que mezcló estilos musicales, formando un rock híbrido, pero le faltó potencia orquestal y revolucionaria, dado que solamente tuvo una existencia de tres años (1966-1969), y eran tres muchachos en su elenco. Estuvo integrada por el guitarrista y cantante Eric Clapton, el batería Ginger Baker y el bajista-cantante Jack Bruce.

     Disraeli Gears (Engranajes de Disraeli) es el segundo álbum de cuatro que grabaron, producido el 2 de noviembre de 1967 bajo el sello Reaction Records. Sus estilos musicales son Psychedelic rock y Blues; fue editado en disco de vinilo, cinta Play-Tape, cinta 4-Tracks, cinta 8-Tracks, cinta cassette y cinta Reel to Reel. La portada fue diseñada por Bob Whitaker y Martin Sharp.

     Eric Clapton ya había estado en conjuntos como The Yardbirds y John Mayall & The Bluesbreakers y, cuando se formó Cream, se dispuso este nombre debido a que sus tres integrantes se consideraron la “crème de la crème” de todos los músicos de jazz y blues de Gran Bretaña.

     Disraeli Gears se constituyó como el primer álbum con canciones ya propias del grupo, estrenándose como vocalista Eric Clapton, algo que disgustó al bajista Jack Bruce (en el álbum previo de 1966, Fresh Cream, el cantante era Bruce, apoyado por su esposa Janet Godfrey y por Ginger Baker).

     La cinta o disco arranca sicodélicamente con “Strange brew”, fajándose Eric Clapton en un mensaje suave entre ‘batea cremosa’: Strange brew, kill what's inside of you. She's a witch of trouble in electric blue, in her own mad mind she's in love with you, with you. Now what you gonna do? Strange brew, kill what's inside of you. She's some kind of demon messing in the glue. If you don't watch out it'll stick to you (Extraña mezcla, mata lo que hay dentro de ti. Ella es una bruja problemática de azul eléctrico, en su propia mente loca está enamorada de ti, de ti. ¿Ahora qué vas a hacer? Extraña mezcla, mata lo que hay dentro de ti. Ella es una especie de demonio mezclándose en el pegamento. Si no tienes cuidado se te pegará a ti).

     “Sunshine of your love” es el clásico ritmo de final de años sesenta, con instrumentaciones módicas y chispas de guitarras. Es una carta de amor “en la luz del sol de tu amor” (in the sunshine of your love), interpretada por Bruce y Clapton.

     “World of pain” es rítmica entre batería y bajo; describe melancolía y soledad en la ajetreada vida urbana, el árbol se destaca como sensación de aislamiento. Es cantada por Bruce y Clapton, y dice: Outside my window is a tree, outside my window is a tree. There only for me and it stands in the grey of the city. No time for pity, for the tree or me. There is a world of pain in the falling rain around me. Is there a reason for today? (Fuera de mi ventana hay un árbol, fuera de mi ventana hay un árbol. Está solo para mí y se mantiene en el gris de la ciudad. No hay tiempo para compasión, para el árbol o para mí. Hay un mundo de dolor en la lluvia que cae a mi alrededor. ¿Hay una razón para hoy?)

     “Dance the night away” se funde en guitarras eléctricas sucesorias para bailar toda la noche, cantada igual por Bruce y Clapton, restregando: Gonna build myself a castle high up in the clouds. There'll be skies outside my window, lose these streets and crowds, dance the night away (Voy a construirme un castillo bien alto en las nubes. Habrá cielos afuera de mi ventana, perder estas calles y multitudes, bailar toda la noche).

     “Blue condition” habla de emprendimiento y de reflexión en una condición triste; es la clásica voz “cigarreada” de aquella década de liberación entre hippies alcoholizados y “sustanciosos”. Aquí platica Jack Bruce.

     “Tales of Brave Ulysses” capta ritmos y conlleva marcaciones musicales en sonidos oscuros. Nos relata Bruce la travesía de Ulises y cómo sus oídos fueron torturados por las sirenas que cantaban dulcemente, “donde el cielo ama al mar” (where the sky loves the sea), mientras Afodita cabalga en un caparazón carmesí.

     “Swlabr”, de Bruce, es sonido uniforme sesentero con guitarra siempre líder de la época. No hay significado para el título de esta canción, habla de una chica que acude con una mirada llena de alma en su cara, haciendo sentir al autor en un país de las maravillas con colores fantásticos. Y esos colores se reproducen en la portada sicodélica del álbum en mención.

     “We’re going wrong” es una recitación de Bruce, no canta, no grita, ni asevera, solamente sentencia sobre abrir la mente y dejar el mal camino. Guitarra y batería marcan la batuta.

     “Outside woman blues” es un blues machista que menciona mantener a raya a la mujer, y es Clapton quien lo interpreta.

     “Take it back” llama y arrellana musicalmente en la voz de Bruce, con una armónica pegajosa y bluesera ejecutada por él, y menciona retirar algo que afecta en la vida.

     Finalmente, “Mother’s lament” es una pieza cantada por Baker, Clapton y Bruce, la cual cierra pianísticamente.

     La agrupación se disolvió temprano debido a los pleitos constantes entre Baker y Bruce, donde Clapton debía intervenir a cada momento.

     Aun así, Disraeli Gears se coló al puesto número 5 del UK Albums Chart inglés, al número 4 del Billboard 200 americano (estos dos primeros son los más importantes a nivel mundial), al número 1 del Kent Music Report australiano y al número 1 del Suomen Virallinen Lista finlandés.



Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

viernes, 10 de julio de 2026

La puerta labrada

 

La puerta labrada

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

1

A un pueblo remoto de la sierra de Chihuahua llegó a vivir una recién formada familia. Él originario de San Isidro, Guerrero. Ella de Chihuahua capital. Traían a su pequeña hijita de mes y medio de edad, nacida también en la capital del estado.

Llegaron a trabajar en un rancho propiedad de la familia desde épocas remotas, que había sido adquirido por el abuelo del señor.

Ocuparon una casa qué con antelación les habían conseguido, pues pensaban permanecer bastante tiempo en ese lugar. La noche fría de su llegada auguraba una fuerte nevada, la casa tenía dos calentones y estufa de leña, y a pesar de esto se sentía lúgubre y fría.

Prepararon la cena y armaron la cunita de la bebé, pues ya estaba profundamente dormida. Ellos se entretuvieron hasta altas horas de la noche destapando cajas, guardando ropa, lo indispensable, cobijas y todo lo que se usaba en climas fríos.

Poco a poco se fueron adaptando a su nueva vida. Él salía al amanecer a ordenar las labores de la pizca, pepene y repelente de las papas y maíz, separando los olotes y rastrojo para los calentones o para comida del ganado. En esos años eran abundantes las cosechas y se requería de mucha mano de obra para la rendición de las cosechas.

Todas estas labores se consideraban normales cuando los termómetros marcaban por lo general entre 12 o 15 grados centígrados bajo cero durante los meses de enero y febrero. La candelilla había veces que no dejaba trabajar, pues estaba todo congelado.

Él salía a las seis de la mañana y a veces no regresaba a casa hasta el anochecer. Ella se levantaba a preparar el lonche, a guisar los frijoles en manteca de puerco, a echar las tortillas de harina; preparaba un guisado de chile vallero con queso, cebolla, tomate y ajo con todo esto para los burritos de carne con papas, chorizo con huevo o chile colorado.

Esto era la rutina diaria. La monotonía y el frío ambiental no permitían hacer otra cosa, más que estar pegado a la estufa haciendo comida y postres.

Así duraron cerca de tres años, hasta que llegó otro miembro de la familia.

 

2

Todo marchaba en aparente calma, pero se sentía en el aire cierta inquietud. Se empezó a filtrar el rumor de que los ejidatarios exigirían la ampliación del ejido, y que requerían las mejores tierras de cultivo para establecer sus dominios en las tierras de mejor rendimiento de las cosechas

No se llegó a ningún acuerdo. El rancho fue invadido, sus dueños enfermaron a raíz de tan terribles atropellos. El lugar quedó solo y deshabitado. Se perdió el trabajo para muchas personas que se habían esforzado para forjar un gran lugar de progreso para toda la región.

Después de estos sucesos y de haber vivido en cuatro casas diferentes, los señores decidieron comprar un terreno para hacer su casa, y pronto se comenzó la construcción. Una casa de grandes dimensiones. Los tiempos no eran propicios como para aventuras a construir una casa de esa magnitud, sobre todo con techo de lámina recubriendo vigas artísticamente barnizadas y se asemejan a una cabaña del oeste de los Estados Unidos.

Se le hizo el recubrimiento de mezcla y pintura por dentro, se pusieron ventanas, y por último la puerta de madera.

 

3

La hermosa puerta la hizo un afamado carpintero del lugar, bellamente labrada. Lamentablemente, a los tres días de haberla barnizado y terminado, el ebanista falleció. Todo fue tan repentino, el cambio fue tan rotundo, y la casa sin terminar.

En una noche de luna llena. La puerta estaba iluminada y se vio la sombra de una mujer con falda de seda; al caminar se escuchaba el ruido de los pasos y el taconeo hasta el fondo del pasillo. Hacía seis meses, la señora había perdido a su madre. La mujer lloró, pensaba que su mamá había venido a despedirse. No se le vio la cara ni los pies, solo salir del cuarto de enfrente, tapada con un chal negro cubriéndose el cuello y los hombros, sobre una blusa blanca. Casi una visión sobrenatural. La señora se desmayo. El señor trató de volverla en sí, pero no podía dejar de llorar.

Pasaron algunos días sin novedad, pero los niños escuchaban cadenas en el piso y los tacones de aguja se habían escuchado por el pasillo. Esto sucedió con mucha frecuencia, nunca se supo quién era la mujer. Pero una tarde la señora salió a comprar estambres y apareció una mujer, se dirigió a la señora llamándola por su nombre completo con sus dos apellidos, cosa que en el pueblo nadie sabía su nombre de pila, pues solo le llamaban señora Nava.

Le hablo llamándola de nuevo por su nombre y le dijo estas palabras:

 

4

Vamos a su casa y en el camino le cuento algo, pero usted no puede mencionar nada de esto ni a su esposo. Es muy confidencial.

La señora Trinidad dejó un encargo para usted conmigo, y solo yo le podré decir de qué se trata.

 

5

Pasaron los años. Los dos esposos regresaron a la capital, a una casa de renta. Un día la señora iba por la calle cuando de pronto sintió que alguien la miraba fijamente. Vio una hermosa mujer que le dijo:

Venga, ya no busque más, la fortuna está aquí.

Señaló con el dedo, debajo de la ventana. La señora estaba asustada, preguntó a los vecinos si conocían a la bella mujer, y nadie le supo dar razón.

Se organizaron con palas, picos, un detector de metales y pronto procedieron a hacer la investigación en físico. Rentaron una camioneta. Con familiares cavaron y cavaron hasta el filo de medio día. Les dio hambre. Los hombres le pidieron comida a la señora, ella noto el ambiente tenso y miradas inquisitivas, ya la tierra se sentía floja.

Al volver a seguir cavando, aparecieron unas piedras de grandes proporciones, lo que impidió seguir escarbando.

Dicen los conocedores de estos temas paranormales qué cuando los guardianes de los entierros detectan malas intenciones en quienes acompañan a la persona designado para recibir el entierro, se transforma en carbón, o se vuelve nada, el entierro desaparece.

Ellos se tuvieron que volver para entregar la camioneta, y jamás se volvió a saber qué sucedió con el supuesto entierro

La casa se vendió y jamás se supo acerca del famoso regalo. El apoderado jamás supo nada.

Este suceso fue real y verídico y fue hace 11 años. En el lugar se encontraron unas piedras de medidas colosales. Después se supo que la mujer de la tienda de estambres era una bruja que trataba con temas y seres diabólicos, en ese lugar. La señora Trinidad si existió y murió sola en su propiedad esperando que sus hijos fueran a verla antes de morir. Ellos jamás pudieron volver a ver a su madre.

 


Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y de trascendencia.

Vértigo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Vértigo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Quiénes fueron tú en mi hambre constante de ti?

       Hacer un recorrido no lineal hacia ti; es decir, no hacia un abrazo simple e imperfecto, no a un beso donde se fundiera toda la infancia y su necesidad de ternura infinita; hacer eso, decir sí a una vulnerabilidad semejante a la del condenado en su encuentro con el hacha.

     Decir sí a la madrugada en que vendrían a preguntar qué comería ese mi último día antes de ver a los ojos al verdugo, de quien no es necesario saber el nombre.

       Así, en este cuerpo de ser humano, saber que no es necesario que mi cuerpo esté frente a ti para que una inmensidad de insectos dancen sin cesar en mi pensamiento para nada y cumplir con la tarea irrenunciable de decir: Vivo.

      Ha sido así y es, aún, nombrarme par y múltiple; porque nombrarte es intuir ¿qué? La desolación de quien tiene un alma y no sabe qué hacer con ella.

       Es difícil decir sí sin perderse, al parecer es imposible, mi pensamiento es un caracol que recorre un mismo camino a velocidad sideral y no llega jamás a puerto claro, hay demasiado mar en su anhelo de caminos y se sabe terrestre, quiere saber los nombres de cada grano de arena, de cada gota de mar; incapaz de llorar tanta desmesura busca una quietud imposible para su corazón enamorado del vértigo.

      Es capaz de mentir, de sonreír ante la desgracia de saberse atrapado en el laberinto que ha dibujado, pero aún le cuesta el cinismo necesario para cerrar con sus propias manos el mecanismo que hace funcionar las esposas de brillante metal, iridiscente objeto, némesis del viaje infinito al que mi corazón se sabe destinado.

       Vértigo y anhelo entonces se dan la mano, ahí, en el instante único en el que verdaderamente ya no importan los nombres y nombrar es tarea absurda aunque mi cuerpo sigue siendo humano.

       Un día más sin ser pájaro o tormenta.

       Pero, paciencia. Todo es cuestión de tiempo.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

lunes, 6 de julio de 2026

El hermoso partido de futbol del domingo 5 de julio

 

La columna de Bety

El hermoso partido de futbol del domingo 5 de julio

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Me gusta mucho el Mundial de Futbol, porque en realidad no soy muy aficionada a los partidos usuales, y también admito que no soy muy conocedora.

Lo que pude apreciar en el partido de ayer domingo 5 de julio de 2026 el de Mexico- Inglaterra, fue que era muy notoria la estatura de los ingleses y la de los naturalizados, su complexión. Es sabido que los señores de raza oscura son de una inigualable resistencia.

Otra cosa: El hombre inglés acostumbra sentirse gentleman. Eso se notó al lanzar continuamente despectivas patadas voladoras al estilo lucha libre, sobre todo el tal Kane y otros que ni recuerdo sus nombres.

Además el triunfo lo obtuvieron los ingleses por algunas cosillas por ahí que el árbitro se hizo como que no vio. Y para acabarla de amolar, un factor fue la extraordinaria actuación de su portero, qué digo, porterazo: el rubio Jordan.

En fin, no se trata de llorar sino de agradecer estos días de ilusión y de alegre convivencia que tuvimos entre todos, olvidándonos por unos días de esa terrible división entre fifis y chairos. Pero, tristemente hoy lunes iniciará cierta personita con la machacona soberanía y sus diferencias con cierto personaje que lleva el nombre de un gracioso patito.

Resignados y un poco destanteados, regresamos a la realidad aunque todavía continúa el Mundial.

Y pues, a desearle suerte y éxito a quien luche por lograr la World Cup 2026. ¡Aburrr! Me retiro por hoy con cierto sentimiento natural de un poquitín de tristeza, pero también de alegría de haber mostrado que México, a pesar de tantos años, más de siete, de casi sufrimiento diario, hemos tenido la dicha de observar el color verde en las playeras a diestra y siniestra, el brillo en las miradas y la cordialidad que nos distingue y que por fortuna hasta el último rincón del planeta se pudo observar. Se tenía que decir, y ya lo dije.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.