jueves, 20 de agosto de 2026

Duelo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Duelo

 

Por Erbey Mendoza

 

Sobre todo en la adolescencia, a don Gervasio le habría gustado llamarse Anselmo. Su nombre en cambio le producía una especie de incomodidad vergonzosa que escondía haciendo énfasis en su nombre

—Gervasio Arellano Domínguez, para servirle.

Jamás aceptó apodo, ni cariñoso ni ofensivo: siempre se aseguró de que, al hablarle, todo mundo pronunciara las tres sílabas completas de su nombre.

Don Gervasio sacó el pequeño artefacto del bolsillo de su camisa y lo puso sobre la mesa.

—¿A ver este?

Don Chindo sacó los lentes, tomó el artefacto, y dejó salir un suspiro que era también un rugido que a su vez era también una forma de no quedarse en silencio. Le dio vueltas al artefacto para apreciarlo de diferentes ángulos.

—Este es de un…— dijo arrastrando largamente la n en una curvatura de agudo a más grave.

—¿A ver?

Don Gervasio hizo presión.

—Este es de…

Don Gervasio miraba fijamente a don Chindo haciendo una prematura sonrisa victoriosa.

—Este va en… Sí, este es de un taladro —resolvió probar don Chindo, para que don Gervasio quitara el gesto.

Sin mirar, devolvió el artefacto a la mesa, se quitó los lentes y se puso a limpiarlos con el mantel de la misma mesa. 

—No, qué taladro ni qué nada —don Gervasio tomó el artefacto y lo miró.

—Sí, cómo no. ¿O de qué dices, según tú, que es?

—De un taladro, no. 

—¿Entonces?

—No, pos a ver tú.

Hasta esa tarde, y tras varias décadas, el duelo iba más o menos a la par. Pero la última vez, don Gervasio no había podido reconocer un pistón de hidrolavadora.

Don Chindo se volvió a poner los lentes y le quitó a don Gervasio el artefacto.

—A ver, pues.

Don chindo volvió a estudiarlo lentamente, con la cabeza levantada para enfocar la vista en el cuadrito inferior de sus bifocales.  Lo acercó a su nariz y olfateó el fuerte aroma metálico. Repitió el suspiro.

—¿No? —preguntó Don Gervasio, ya saboreando el desenlace.

—No, pos si no es de un taladro, no.

Don chindo nuevamente lo devolvió a la mesa y volvió a limpiar sus lentes. 

Con la balanza a su favor, don Gervasio tomó en su gruesa mano el artefacto clavándole una mirada dulce.

—Este, Chindo, es de un…  

 


Erbey Mendoza es doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Entre sus publicaciones están La expedición punitiva: reporte del General Mayor John J. Pershing (traducción, UACH, 2014), dos poemarios: Entorno de los días, con Víctor Córdoba (ICHICULT, 2016), y El destino en un sombrero, con Norma Luz González (UACH, 2019), además de algunos artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del Cuerpo Académico Estudios Humanísticos de la Cultura, del Sistema Nacional de Investigadores, y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.

RIP Editorial ERA (1960-2026)

 

RIP Editorial ERA (1960-2026)

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Podemos afirmar que en este triste lunes termina una Era en la historia editorial de México. En mi camino de vida como lector, hay ciertos libros u obras que han marcado un umbral o una encrucijada. Después de leerlos ya nada es igual. Vaya, mi vereda como lector no habría sido la misma de no haberme topado un día con José Revueltas y Malcolm Lowry por mencionar solo un par de ejemplos de lecturas tatuaje, piezas que horadaron en lo profundo. Pues bien, tanto Revueltas como Lowry llegaron a mí por Editorial Era, uno esos faros culturales que nos dejó por herencia el exilio republicano español o sus descendientes.

Con esos dos me hubiera bastado para prenderle un par de velas de gratitud eterna a esa casa editorial. Si a eso sumamos más de una veintena de títulos: César Aira, antologías icónicas como Norte o A ustedes les consta o joyas irrepetibles como Cartucho de Campobello; Aura de Fuentes; Las batallas en el desierto de Pacheco; La noche de Tlatelolco de Poniatowska; El arte de la fuga o Domar a la divina garza de Pitol; Los indios de México de Fernando Benítez; obra de Parra y de Toscana o El cuarto jinete de Verónica Munguía, solo puedo concluir que me han dado a llenar.

Más recientemente publicaron a jóvenes talentosos como Joel Flores e Hiram Ruvalcaba. Vaya, la mayoría de los ejemplares que hay en mi biblioteca con el sello de esa editorial son piezas que han dejado huella profunda.

Este triste lunes Editorial Era apaga la imprenta y baja la cortina. La carta que acabo de leer es desoladora: “Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros”

En estos últimos seis años hemos peleado de mil maneras para mantener la editorial viva, pero los ingresos para lograrlo no han llegado”.

En fin. El presente es una descomunal y afilada guillotina, una bestia insaciable que no deja de devorar.

Acaso en el futuro solo sobrevivirán titanes multinacionales como el voraz pingüino que todo lo traga o los quijotescos esfuerzos de salmones suicidas que emprendan proyectos artesanales por puro amor al oficio de edificar iglús en el desierto.

Échenle los santos óleos a Editorial Era. Mientras haya vida, yo seguiré pepenando tus ejemplares en las mesas de antiguallas y en los sótanos empolvados donde habita la nostalgia y el olvido que ya somos.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

Spiritual urgente

 

Spiritual urgente

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Un par de preguntas. Investigaciones aparte, es probable que todo lugar común se nos venga encima en estos días que corren, sin escapatoria alguna. Me explico. Parece que somos peces en las redes, y no precisamente porque sea nuestro deseo entrar en alguna lata. ¿Es verdad que el algoritmo es nuestro dueño? Me parece que la pregunta no es ociosa, aunque lo parezca. Desde siempre ha habido quienes creen posible que la armonía venga a sentarse entre nosotros, y quizá con ese ánimo consideran preciso encontrarnos las caras en esas redes, ahora, porque ahí suele ser el lugar de reunión. Y sí creo que más o menos todos queremos vernos, seres gregarios, sí, en definitiva. Aunque algunos ejemplares queramos hacernos los adictos al silencio.

El paso por ese horror llamado Covid nos demostró cuán gregarios somos. Amo el ejemplo de aquella amiga querida que se dio a la tarea de hacer con amigos la representación de obras pictóricas famosas en fotos que ya quisiera tener en mi sala para recordarme que ninguna esclavitud es posible si el espíritu es libre. Y conste que advertí al principio que los lugares comunes se nos iban a venir al encuentro sin pudor. Solo así, sin pudor, es posible lanzar al aire preguntas que de tan afiladas podrían herir.

Me gustaría que esa pregunta, ¿de verdad el algoritmo es nuestro dueño?, hiciera eco en el interior de nosotros y de ese modo aprovechar el reverbero en lo que de humanos tengamos para dar la lucha. Sí, es necesario luchar contra ese dominio y es particular privilegio de cada uno de nosotros encontrar la forma, gregarios como somos; hacer que los lazos que nos unen sean poderosos, que vayan más allá de la foto sonriente donde sí somos pero no tanto, ustedes saben a qué me refiero.

Y sí, toda relación humana es difícil, tan sencillos que nos vemos todos con nuestro disfraz de humanos estándar, pero por dentro hay ruinas o laberintos, cuevas o mares profundos. ¿Dar caza en esa inmensidad a lo que antes se le llamaba alma sin salir lastimado? Apostamos por ello, uso el plural porque quiero pensar que no soy la única, me gustaría creer que somos muchos los que queremos diseñar caminos para que el algoritmo no sea nuestro dueño. Ojalá.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

martes, 18 de agosto de 2026

Mi analítica nieta

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Mi analítica nieta

 

Por Jesús Chávez Marín

 

Había tres pasteles en la mesa. Le pregunto a Nina Violeta:

―¿Cuál te gusta más: el azul o estos de acá?

―¿De qué son aquellos? ―me pregunta ella.

―De chocolate.

―El azul no lo conozco, no lo he probado. Así que por ahora prefiero los allá.




Jesús Chávez Marín es editor de Estilo Mápula

domingo, 16 de agosto de 2026

La sombra de la lila

 

La sombra de la lila

 

Por Carlos Gallegos

 

Alguien le dijo

que el joven moreno

vestido de tejano

que vio

al bajar la loma del Santuario

manejando un camión amarillo cargado

de elotes

va muy seguido al cine

 se propuso

hacer lo mismo

hasta encontrarlo

es trigueña

menuda

ojos de venada

de calcetas y trenza larga

de sonrisa en modo Mona Lisa

entra esperanzada

al Cine Río

mas no ve al muchacho de su anhelo

hace como que ve una película

de amor y sale

más enamorada de su amor

El domingo va al matiné

del Cine Lux llora ante el estreno

de una cinta que le agita más

el corazón 

al encontrarle

parecido

a un actor

con el tejano

del camión

sale llorando

sin ver al que quiere ver

pasa una semana

ahorra de su sueldo de cajera del banco

del pueblo

paga el boleto

que le entrega

el Chato Salas

el boletero

del Cine Alcázar

sentada en una incómoda butaca

musita la canción de amor

que canta

Pedro Infante

pero no es la voz

que espera oír

hablándole al oído

haciéndole aire con el sombrero

vaquero

guarda en su bolsa de mano

comprada en el puesto de Lidia

Sánchez del Mercado Juárez

la parte de su sueldo

que habitualmente ofrenda a su mamá

camina hasta el Cine Internacional

a la vuelta del Hotel del Norte

pero al abrirla para comprar el boleto

un boletero sin trabajo

que vaga por ahí le dice

que el cine se quemó hace tres días

y el humo que la hace llorar

es lo único recuerdo que ha quedado

su amor es invencible

de los amores

que no olvidan

el sábado siguiente

camina hacia la Calle Segunda Norte

hasta enfrente del Hotel Santa

Cruz

a buscar a su amor extraviado

en la penumbra estrellada del

cine al aire libre que está ahí

pero solo ve un lote baldío

en el que empiezan a brotar

verdolagas y quelites silvestres

un alegre caminante

que camina las calles solitarias

silbando cantando

haciendo malabares

recitando versos

al que conoce como El Sanforizado

le dice en verso que lo han derrumbado

a pico y pala

el lunes

al salir del banco

se encuentra al padre Oscar Moreno

que envuelto

en su larguísima sotana

viene rezando

el rosario

le confía sus pesares

Deja de buscarlo

Vengo de consolar a la madre de tu amor

el muchacho que has buscado

falleció anoche

no vayas al panteón

con el tiempo

que te traerá consuelo

al lado de su tumba crecerá una lila

cuando ya dé sombra

ve a platicarle la película

que no vieron juntos

deja que descanse en la paz de las estrellas

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

Gato montés

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Gato montés

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

En el monte silencioso
donde el viento peina la gobernadora
y la luna cae como moneda vieja
sobre la arena fría del desierto,
anda el gato montés.

No pide permiso.
No deja promesas.
Es sombra con ojos de lumbre
y pasos tan leves
que ni el mezquite lo escucha.

Tiene el pelaje del polvo antiguo,
manchas de tierra y de ocaso,
y en sus pupilas amarillas
parece esconderse
la memoria salvaje del mundo.

Camina entre peñoles y lechuguillas,
entre huesos blanqueados por el sol.
Cuando la noche se vuelve profunda
su maullido rompe el silencio
como un cuchillo.

Los viejos rancheros dicen
que no hay animal más orgulloso.
No se deja domesticar el alma.
Prefiere el hambre
antes que una jaula.

A veces baja a las nogaleras
sigiloso como pensamiento prohibido,
los perros lo presienten
antes de verlo,
porque el monte entero cambia de respiración.

Pero él no pertenece a nadie.

Ni al hombre.
Ni al miedo.
Ni al desierto.

Es hijo de la distancia,
compadre de los coyotes,
hermano del tigre invisible
que aún sueñan las montañas.

Y cuando amanece,
antes que el sol incendie los llanos,
el gato montés desaparece
entre sombras de color ceniza

como si el desierto mismo
lo hubiera imaginado.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

Jack Nicholson: la sonrisa que amenaza


 Diseño gráfico: Marco Benavides

Jack Nicholson: la sonrisa que amenaza

 

Por Marco Benavides

 

Hay actores que interpretan personajes y actores que los incendian. Jack Nicholson pertenece a la segunda estirpe: aquella que no representa la locura, la rebeldía o el cinismo, sino que los deja arder frente a la cámara hasta que el espectador ya no distingue al hombre del papel. Su rostro cejas que se disparan hacia las sienes, sonrisa que es a la vez invitación y advertencia se volvió, a lo largo de más de cinco décadas, el semblante mismo A finales del siglo XX.

Nació en 1937 en Neptune City, Nueva Jersey, en un hogar que guardaba un secreto que solo conocería adulto: la mujer que creía su hermana era, en realidad, su madre. Ese engaño fundacional quizá explique por qué Nicholson siempre buscó personajes fisurados, hombres que viven en el filo entre la cordura fingida y el abismo real. Jack Nicholson aprendió, creció y se desarrolló como actor trabajando en las películas de bajo presupuesto que producía Roger Corman, hasta que Easy Rider (1969) lo sacó del anonimato.

Los setenta lo consagraron. En Chinatown (1974), bajo la mirada quirúrgica de Polanski, encarnó a un detective que descubre que la corrupción no tiene fondo. Pero fue Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest) en 1975, la que fijó su mito. Le valió el primer Óscar y una certeza cultural: Nicholson era el rebelde que Estados Unidos necesitaba ver derrotado para poder seguir creyendo en la rebeldía.

Con El resplandor (1980), Kubrick le entregó el papel que terminaría por convertirlo en ícono absoluto de la cultura popular. El hacha, la puerta astillada, el célebre "Aquí está Johnny" sintetizan su método: llevar el exceso hasta el punto exacto en que deja de ser gesto y se vuelve verdad. Tres años después, La fuerza del cariño (Terms of Endearment) le dio su segundo Óscar, esta vez como actor de reparto, y confirmó que su registro no era solo la furia sino también la ternura tardía.

Los noventa lo mostraron en su forma más matizada: Mejor... imposible (As Good as It Gets) en 1997 le dio un tercer Óscar por Melvin Udall, misántropo obsesivo cuya dureza esconde una ternura casi involuntaria. Y en el terreno del espectáculo masivo, su Joker en Batman (1989) demostró que incluso la villanía de cómic podía llevar su firma: teatralidad, humor macabro, una alegría casi obscena por el desastre.

Se retiró silenciosamente después de How Do You Know (2010). No hubo despedida solemne, como si el propio Nicholson desconfiara del gesto ceremonioso. Hoy, a sus 89 años, su legado no se mide en estatuillas sino en la genealogía de actores que aprendieron de él que la verdad, en la actuación, rara vez es contenida: casi siempre hay que dejarla desbordarse.

Nicholson no interpretó al siglo XX estadounidense: lo dejó, generosamente, plasmarse en el lienzo de su rostro.

 

Dr. Marco Benavides, 14 agosto 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.