viernes, 12 de junio de 2026

Piscis


 

Piscis

 

Por Karly S. Aguirre

 

A Martín Chávez Bejarano

 

Signo: Piscis
Fecha: 19 de febrero – 20 de marzo
Elemento: Agua
Planeta regente: Neptuno (tradicionalmente Júpiter)
Piedra: Aguamarina
Día: Jueves
Etapa: La integración espiritual (de los 49 a los 56 años), un periodo de comprensión profunda, reconciliación con la propia historia, desarrollo de la compasión y búsqueda de significado más allá de lo material y lo inmediato.
Arcano: La Luna

 

Piscis es el duodécimo y último signo del zodiaco, así como el tercero del elemento agua. Si Cáncer siente y Escorpio transforma, Piscis trasciende. Representa la energía de la disolución de los límites, la empatía universal y la conexión con aquello que existe más allá de la razón. Regido por Neptuno, planeta de los sueños, la intuición, la espiritualidad y la imaginación, Piscis nos recuerda que la realidad no se compone únicamente de aquello que podemos ver o tocar.

Su temporada marca el final del invierno y el cierre del ciclo zodiacal. La naturaleza se prepara para renacer, pero antes atraviesa un momento de transición donde lo viejo se desvanece y lo nuevo aún no ha llegado. Piscis encarna ese espacio liminal entre dos mundos: el pasado y el futuro, lo consciente y lo inconsciente, la materia y el espíritu. Es el signo que recoge las experiencias acumuladas por todos los anteriores y las transforma en sabiduría.

Como signo mutable de agua, Piscis posee una sensibilidad extraordinaria. Percibe emociones, ambientes y matices que muchas veces pasan desapercibidos para los demás. Su naturaleza es receptiva, adaptable y profundamente intuitiva. No busca controlar la vida, sino comprenderla desde una perspectiva más amplia. Mientras otros signos construyen fronteras, Piscis las difumina para descubrir aquello que une a todos los seres humanos.

Neptuno le concede una imaginación poderosa y una gran capacidad para conectar con el arte, la espiritualidad y los mundos simbólicos. Piscis suele sentirse atraído por la música, la literatura, la pintura o cualquier forma de expresión que permita traducir lo invisible en algo tangible. Sin embargo, esta misma sensibilidad puede llevarlo a confundirse entre la fantasía y la realidad, obligándolo a aprender el difícil equilibrio entre soñar y permanecer presente.

La etapa vital que representa, entre los 49 y 56 años, es un tiempo de integración. Después de décadas de experiencias, logros, pérdidas y aprendizaje, surge la necesidad de comprender el sentido profundo de lo vivido. Es un periodo donde muchas personas buscan reconciliarse con su historia, perdonar heridas antiguas y descubrir una conexión más auténtica consigo mismas y con el mundo. El arcano de La Luna simboliza este viaje interior: un recorrido por los territorios de la intuición, los sueños, los miedos y los misterios que habitan en el alma.

En el amor y los vínculos, Piscis es sensible, romántico y profundamente entregado. Busca conexiones emocionales genuinas y suele amar desde la empatía y la comprensión. Tiene una capacidad natural para acompañar y sostener a quienes ama, aunque necesita aprender a no olvidarse de sí mismo en el proceso. Su mayor desafío consiste en establecer límites saludables sin perder la apertura de corazón que lo caracteriza.

Piscis muestra que la vida no puede comprenderse únicamente a través de la lógica. Que existen verdades que se revelan en los sueños, en el arte, en el silencio y en la intuición; que la compasión es una forma de sabiduría y que toda existencia forma parte de algo mucho más grande que el individuo. Como las aguas que desembocan en el océano, Piscis simboliza el regreso a la unidad, el cierre del ciclo y la comprensión de que, en el fondo, todos estamos conectados.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

Acuario


 Acuario


Por Karly S. Aguirre

 

Signo: Acuario

Fecha: 20 de enero – 18 de febrero

Elemento: Aire
Planeta regente: Urano (tradicionalmente Saturno)
Piedra: Amatista
Día: Sábado
Etapa: La renovación de la conciencia (de los 42 a los 49 años), una etapa orientada a la libertad interior, la transformación de las ideas, la búsqueda de autenticidad y la apertura hacia nuevas formas de comprender la vida y la sociedad.
Arcano: La Estrella

Acuario es el undécimo signo del zodiaco y el tercero del elemento Aire. Si Géminis explora y Libra armoniza, Acuario transforma. Representa la energía de la innovación, de la visión colectiva y de la capacidad humana para imaginar un futuro diferente. Regido por Urano, planeta de los cambios repentinos, la originalidad y el despertar, Acuario impulsa la ruptura de estructuras obsoletas para abrir camino a nuevas posibilidades.

Su temporada ocurre en pleno invierno, cuando la naturaleza aún descansa bajo el frío, pero la luz comienza a regresar. Este momento simboliza la esperanza que surge después de la oscuridad, y la confianza en lo que todavía no existe, pero puede llegar a ser. Acuario encarna esa promesa de renovación. Su mirada está dirigida hacia adelante, hacia lo que puede construirse más allá de los límites del presente.

Como signo fijo de aire, Acuario posee una mente firme, independiente y profundamente idealista. No se conforma con aceptar las cosas tal como son; necesita comprenderlas, cuestionarlas y, si es necesario, transformarlas. Su energía busca la libertad intelectual y emocional, pero también el progreso colectivo. Acuario comprende que el crecimiento personal adquiere un significado más profundo cuando contribuye al bienestar de los demás.

Urano le otorga una naturaleza impredecible y visionaria. Acuario suele adelantarse a su tiempo, percibiendo posibilidades que otros aún no pueden ver. Por ello puede parecer excéntrico, distante o diferente. Sin embargo, detrás de esa aparente frialdad existe un profundo interés por la humanidad. Acuario ama las ideas, las personas y las causas que promueven la evolución, aunque muchas veces prefiera expresar su afecto a través de acciones y convicciones antes que mediante demostraciones emocionales convencionales.

La etapa vital que representa, entre los 42 y 49 años, es un periodo de renovación profunda. Después de haber construido una identidad y alcanzado cierta estabilidad, surge la necesidad de preguntarse qué aspectos de la vida siguen siendo auténticos y cuáles necesitan transformarse. Es una etapa en la que muchas personas redefinen sus prioridades, se liberan de expectativas ajenas y buscan una mayor coherencia con sus ideales. El arcano de La Estrella simboliza precisamente ese momento de esperanza, inspiración y confianza en el propio camino.

En el amor y los vínculos, Acuario valora la libertad, la autenticidad y la amistad. Necesita relaciones donde exista respeto por la individualidad y espacio para el crecimiento mutuo. No tolera las imposiciones ni los lazos basados en la dependencia. Cuando encuentra una conexión genuina, se muestra leal, estimulante y profundamente comprometido con el bienestar de la otra persona. Su forma de amar busca construir puentes entre dos seres libres, no cadenas que los limiten.

Acuario nos enseña que toda evolución comienza con una idea distinta. Que la libertad no consiste en romper con todo, sino en vivir de acuerdo con la propia verdad. Nos recuerda que el futuro se construye cuestionando el presente y que la esperanza es una fuerza capaz de transformar tanto a las personas como a las sociedades. Como la Estrella que ilumina la noche, Acuario inspira a mirar más allá de lo conocido y a confiar en que siempre es posible imaginar un mundo mejor.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

jueves, 11 de junio de 2026

Addendum para el Quijote

 

Diseño gráfico: Copilot IA


Addendum para el Quijote

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

El historiador Hilario Armendáriz de la Villa estaba pasmado ante aquel documento que había caído en sus manos. Sin duda era antiguo, escrito en árabe. Pudo traducirlo con ayuda de un traductor electrónico que le proporcionó una versión castellana, no muy buena, pero que pudo pulir con la ayuda de Abdul, un muchacho marroquí, alumno suyo.

El profesor Hilario estudiaba un par de cuartillas de papel de computadora que sostenía en la mano derecha, mientras que Abdul hacía lo propio con el pliego escrito en una caligrafía arábiga nasji impecable. Sobre la mesa se veía una caja con el interior forrado de terciopelo negro en la que según el anticuario que vendió el manuscrito había contenido el manuscrito por cuatrocientos años.

—¡Habdulilá! —exclamó Abdul compartiendo la emoción de su maestro.

—¡Sí, es increíble! Esta es la última redacción. Déjame leértela y dime si crees que algo todavía necesita cambiarse —replicó el profesor mirando a través de sus gruesas gafas a su alumno, mientras tomaba un sorbo de agua y poniéndose de pie comenzaba a leer:

—Sin duda lo firma Cide Hamete Benenheli y dice al principio: “Para ser insertado entre el capítulo ‘Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento …’ y ‘la desgraciada aventura de los yangüenses’

 

“Desde lejos habían avistado un bosquecillo, justo al pie de una de las sierras que rodean la llanura. Unas cuantas encinas, no muy altas o impresionantes cual corresponde a un lugar poco favorecido por las lluvias ocasionales que ahí llegaban a caer. Pero daban una sombra en la cual podrían descansar después de todo un día bajo el implacable sol manchego. Una de las encinas tenía una rama colgante que el hidalgo encontró adecuada para colgar el peto y espaldar de su armadura. Sancho pronto encontró una piedra donde sentarse y así de rápido se dispuso a desatar un bultito que llevaba y del cual surgieron un trozo de longaniza, una barra de pan, un frasco de boca ancha con habichuelas y un par de taleguillas probablemente conteniendo sal y pimienta.

—Hagamos una fogata para calentar las habichuelas y la longaniza —dijo Sancho anticipándose a preparar su frugal banquete.

 

“Miró de reojo a su amo que se despojaba de las grebas, piezas de la armadura que protegen las piernas. “Debe estar muy cansado —pensó— pues no se las quita ni para dormir” En efecto, lo único que lo identificaba ahora como un caballero andante era la espada que pendía de su cinturón y aquel curioso yelmo que si uno lo examinaba con atención caería en la cuenta de que se trataba de una bacía de barbero.

 

“Se dispuso entonces el fiel escudero a recoger y apilar ramitas de encino que yacían cerca de ellos bajo la misma sombra. Luego sacó del bolsillo de su camisa un eslabón de hierro, un trozo de pedernal y una bolsita conteniendo yesca. Con una habilidad impresionante y siendo observado con curiosidad por don Quijote encendió el fuego. Pronto sacaría de lo que quedaba de su atado una ollita de metal en la cual vació las habichuelas.

 

“Mientras tanto Don Quijote ya aligerado de su pesada armadura paseaba entre las encinas. De pronto dio un salto hacia atrás y desenvainó la espada apuntándola hacia el suelo frente a él. Desde donde estaba Sancho no podía ver de que se trataba, así es que se puso de pie y se acercó a su amo. Siguió con la vista la espada y ahí casi a punto de ser ensartada la vió: una verde lagartija.

—¡Mirad Sancho un dragón!

—¡Por Dios mi señor! Es una lagartija.

—¡Así lo hacen parecer los encantadores!

—¡Otra vez como los molinos de viento!

 

“Como que al hidalgo no le gustó el comentario. La conversación espantó al reptil el que desapareció bajo una piedra.

—¿Lo veis Sancho? Tan pronto supimos lo que era realmente, el dragón desapareció. Pareciera que no había pasado nada.

—Las habichuelas y la longaniza nos esperan.

 

Aunque satisfecho del resultado de su colaboración en la traducción de aquel documento, el muchacho marroquí parecía, por una parte, no entender el alcance que pudiera tener aquella breve historia y, por otra, advertía cierto miedo en la voz de su maestro y así se lo manifestó. A lo que él respondió:

—La importancia de este pasaje —dijo aclarándose la garganta y asumiendo el tono más doctoral posible— es que mientras los libros de caballerías que volvieron loco al Quijote hablan abundantemente de los dragones, Cervantes no los menciona ni una sola vez en su obra. Cierto que esta ausencia ya había sido notada y que incluso alguien escribiò algo para subsanarla, pero este relato que te acabo de leer, si es que no es espurio, es el primero que nos llega de la fuente primaria del Quijote.

Ciertamente creer que una lagartija es un dragón y que lo que ven sus sentidos es una distorsión causada por encantamiento no es tan impresionante como el de confundir los molinos de viento con gigantes y sin embargo es el mismo síntoma de la misma enfermedad.

Pero tienes razón, tengo miedo de la reacción de la comunidad de historiadores, literatos, lingüistas y cervantistas en general, ya los oigo decir: “Cide Hamete Benengeli es una creación de la mente de Cervantes, nunca existió en realidad. No pudo haber escrito ese manuscrito que nos muestras”. No creo que ninguno de ellos esté dispuesto. a aceptar que sí existió. Otros se resistirán a cambiar nada del libro como está ahora

“Es innecesario” —dirán— “No añade nada “

Y por supuesto, sabiendo que estas muy posiblemente serán las respuestas seré tratado como un charlatán. Por ello antes de dar a conocer nuestro hallazgo haré llegar el documento a un experto en datación con carbono 14 para verificar la antigüedad del mismo. También le pediré —y no te ofendas por favor— a un experto en documentos árabes de la época para determinar si las palabras y estilo empleado son de esa época.

—Ya veo, no es tan fácil.

—No, no lo es.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

miércoles, 10 de junio de 2026

Arte de la melodía


 Diseño gráfico: Copilot IA

Arte de la melodía

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Irme de bruces hacia tu vida. Ignorar tu muerte y hacerme una idea de mí a través de la interpretación tuya de tus días: "un estado del alma", así viviste la enfermedad y es ahí, en ese cruce de caminos, donde nos encontramos: si yo siempre he sido la principal beneficiada de una salud sin fisuras, y dejando aparte a quienes pudieran dar fe de lo extraordinariamente feliz que ha sido esta condición, hoy me siento contigo a través solo de tus palabras (no hay muerte si hay escritura, bien pudieras haber dicho), y así, aquí contigo conversando, mientras el mundo sigue urdiendo sus mentiras, podemos ambos tejer una buena manta de conceptos para cubrirnos del exterior desastre, para ser invisibilizados por los minuciosos caminos compartidos que van siempre a lo hondo sin temer al ahogo.

       Breve tu nombre guardo entonces en el interior de mi mano, todas las líneas que el azar ahí dibujó son también la caligrafía que habitó tus días y noches. No temo entonces nada, moro en el cálido anhelo de ser tú, aunque abandonaste el mundo. Tal despropósito nadie podrá arrebatarme, pues en el dolor recién descubierto, lo entiendo, gracias a ti, como una puerta hacia lo otro, ese lugar donde ambos, como quien comparte un silencio lleno de sentido, nos hermanamos, dejamos atrás el concepto de "tuyo" o "mío" y entiendo, en un destello de nueva lucidez, que mi vida toda puede ser (es) solo un fragmento del gran discurso que diseñaste para desarmar todo lo que antes fue motivo de pleitesía ciega.

       Palabra de ti, signo que solo a tu lado tiene sentido, guardo tras máscara que oculta tu nombre nuestros rostros, al unísono pronunciados.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Un viaje por el libro El escape/ Prosa diversa y que versa

 

Foto: Edgar Vargas

Un viaje por el libro El escape/ Prosa diversa y que versa

 

Por Luis David Hernández Martínez

 

Introito

Miguel Ramírez Ochoa ofrece en este libro, El escape. Prosa diversa y que versa, treinta seis textos donde abrevan casi todos los géneros literarios. Asistimos a un puñado de arrebatos líricos, a otro tanto de relatos cotidianos, no pocas reflexiones filosóficas, anécdotas familiares, deportivas, pasajes, añoranzas de la ciudad, escenas dramáticas sí, teatro, ensayo, recomendaciones musicales para cambiarle la vida a cualquiera o para acabar con ella (dice Miguel), y hasta un ingenioso, multicultural y entretenido divertimento trazado con una lista de ciento treinta y cinco variadísimas interrogantes para aderezar el ocio de la cotidianidad.

 

Latín. Por qué

Empecé la lectura del libro. Todo iba bien hasta que llegué al último renglón del primer texto del volumen qué dice así: “Todo amor pervive en la memoria, todo ensueño permanece… Si scío”. Gulp, qué dice ahí. Así es, tuve que rescatar de no sé dónde mis apuntes de latín de las clases a las que asistí con el profe Villegas, y que siempre reprobé, por cierto, y así traducir y no sentirme mal con las frases en latín que en ocasiones el autor inicia o remata en algunos de los textos. En fin, las lenguas no han sido lo mío, pero latín, por favor, Miguel. Imaginen otro momento de mi lectura: acababa de leer un relato precioso sobre afectos y mezquindad y agárrense con el título del siguiente: Nobis quoque peccatóribus, familis tuis, yo que solo aprendí dos latinajos: et al y ad hoc, ah y en tiempos recientes modus operandi. En fin, lo único que me consuela es que es una lengua muerta, a menos que Miguel la quiera resucitar.

 

Lirismo

La prosa poética presente en este volumen se derrama en instantáneas sensuales, amorosas, eróticas, donde la complicidad amatoria oscila entre esta triada: el encuentro sensual, la idealización y el “ya merito”, es decir “quiero, pero tú no quieres” o “quieres, pero yo no quiero”, o en otras palabras lo que pudo ser y no fue (eso último sonó a canción de José José).

Para aterrizar un poco lo anterior agrego las siguientes líneas referentes al encuentro erótico:

 

El gran ventanal, proyectando los últimos rayos solares, acaloró más nuestra estancia amatoria y retrató nuestras miradas en un tris semieterno.

[…]

Copas, enseres, sueños, almas, cuerpos y miradas de cristal se perdieron en un brillo refulgente, resaltando nuestros albos cuerpos.

Y como un niño de la Luna besé tus labios y pubis, extraviado, inexorablemente, en la inmensidad de nuestra radiografía amatoria.

[…]

Tomados de la cintura nos enteramos del olor desprendido por nuestras velas de canela e intuimos lo que fue mostrarnos desnudos, ante el delirio de una inflamación provocada por dos perfectos amantes.

Siempre te pretenderé, mientras tenga vida y no me la acabe antes.

 

Y en cuanto al amor platónico apunto este fragmento de poesía en prosa o si quieren prosa poética:

En la madrugada de la casi ventisca, soñé con la doncella de cabello castaño claro y tez holandesa, y creí que ella estaría frente a mi catre... ¡Oh, amargo despertar! No apareció materialmente, mas el espíritu de ella se impuso y juntos viajamos como ánimas en escape hacia lo aún no saboreado.

¡Pero tan solo teníamos dieciséis años!, y yo comenzaba a hacer mías sus preguntas, sus sueños encantados y delirios; a describir sin autorización suya los sentimientos más recónditos de su alma..., he de creer que ya la añoraba y tan temprano, comenzaba yo a sufrir...

Hay una explicación: era ya partícipe de mis nostalgias futuras.

 

Y ahora disfrutemos de estas líneas donde la duda y el odioso raciocinio avasallan la cachonda posibilidad del encuentro amoroso real y la convertirán en nada o tal vez en un simple devaneo:

 

Entonces, ¿te veo mañana?

—Sí, hombre, ni modo que no lo hagas, mañana todavía hay clases.

—¡No seas ácida! Me refiero a encaminarnos juntos. Complicas mis sentimientos…

—Podría ser agria…

—Mejor detente, solo quería proseguir con la conversación que teníamos al salir de clases. Es que…

—¡¿Qué?!

—…Me gustas demasiado, no sé si ya lo habías presentido.

[…]

—Pues sí, pero debemos esperar porque en el penúltimo semestre, que es éste, apenas nos estamos tratando.

—Está bien… El detalle es que ni tú ni yo supimos, hace dos años y fracción, lo que pudo surgir o venirse entre nosotros.

—Te oigo atenta y quisiera dar más, y debes saber que agradezco tu compañía. Sigue haciéndolo igual.

—Me arrepiento no haberte acompañado desde primero o segundo semestres, sí, ya estamos en quinto y soy un idiota; pero sí, sí me gustas desde el principio de la carrera técnica.

—¡Ya! No te dañes.

 

O el remate del texto denominado “Enfilado encanto” donde una ñoña avezada en la geometría solo tiene ojos para reglas, gráficas, escuadras y compases, mientras su compañero, efímero discípulo solo tiene ojos para ella y no para sus imposibles trucos geométricos:

 

Y como una dama casi arquitecto, delineaste en mi cuaderno particiones, trazos y medidas; enseguida pasaste a las bisectrices (semirrectas partiendo del vértice de un ángulo y dividiéndolo internamente en dos partes iguales) y a las mediatrices (con perpendiculares a un segmento por su punto medio). 

¡Qué locura frígida tan estética! Tú volvías arte la Matemática y la Elíptica.

“¿Por qué se me dio el convertirme, por hora y media, en tu pupilo? ¿Podría repetirse tal acto vivencial, tan solo para aprender más con tu voz y donaire?” –me interrogué complacido mientras resolvía ejercicios, deseando transformarme en el compás diestro manipulado por tus manos.

[…]

“¿Es posible que ella hiciera a un lado su hora de comida para atenderme y yo osara servirme como el peor de los bucaneros?”

 

 

Algunos textos muy cortos, y abiertamente poéticos, me recordaron la brevedad y la aparente sencillez de cierta poesía oriental: “Anoche tuve un sueño / y era yo, / colmado de desaires / en tu alcoba…//; “El Sol perdió identidad y alejó su fulgor en aras de la noche, cual vientecillo fatuo.

 

De las pinceladas líricas al anecdotario

A través de recuerdos muy vívidos, el autor nos traslada a remotas cotidianidades. Así es, el anecdotario, parte sustantiva del libro, no podía estar ausente en esta miscelánea literaria.

De una página a otra ya nos colamos a una pachanga familiar, luego saltamos a la inevitable añoranza de los días de la escuela y de ahí a la esquina del Monte de Piedad y por supuesto no podían faltar en un apasionado melómano las referencias al universo musical del pasado ochentero y noventero:

 

Fue, una época que parió y fijó en lo musical una versatilidad ya no escuchada después de 1990. ¿Cómo olvidar aquellos días de escolaridad juvenil en Chihuahua? Oíamos canciones en los corredores aledaños a los salones de clases —durante los recesos—, ¡y en cassettes de cinta magnética de audio! (originales y muchos vírgenes regrabados de 46, 60, 74, 90, 110 y 120 minutos en cinta normal, de cromo o de metal, aunque los más socorridos eran los de 60' y 90' en presentación normal y cromada, ya que los de metal costaban “un ojo de la cara”. Para el 1987 —año de encanto auditivo bajo los efectos del Goth Rock, Synth Pop y Electro Pop ingleses—, el disco Long Play iba ya de salida, debido a que los audiocassettes lo habían remplazado y el CD aún no era comercial por la falta de aparatos en los hogares.

[…]

Entre 1985 y 1992, la mayoría de los varones que nos deleitábamos con el rock británico y estadounidense, recurríamos a cargar en nuestros hombros o manos una radiograbadora portátil y reproductora —doble cassettera autorreversible, en cuya tecnología del momento la cabeza del aparato giraba en sentido inverso para tocar el segundo lado de la cinta, sin necesidad de extraerse, manualmente, el cassette de plástico…

 

El futbol como protagonista del guateque nunca hace mutis.  Viajemos a 1994:

 

—¿Ganará Alemania, el campeón de la Copa pasada? ¿O lo hará Italia mía? –interroga Lilia, la ecuánime.

—En fútbol soccer hay análisis, comentarios y pleitos, pero nada escrito ni intervenido: Un pase en profundidad asesina al raciocinio más complejo –sentencia papá desde el confort de su asiento, torta con muchos chiles rojos y cerveza en manos.

¡Bienvenidos a la World Cup USA 94!

 

Y más adelante otro texto sobre futbol, ahora rememorando el mundial de Rusia 2018:

 

Nuevamente la Fiesta del Fútbol: Rusia, FIFA, las escuadras, los himnos, los fanáticos y los adictos –estos, más obsesivos que los fanáticos, ¡yo!– insuperable en la World Cup, nos golea panópticamente a balón parado y rebotado, entre tiros de esquina, remates y penales auspiciados por la veleidosa bola de gajos.

[…]

Rusia, el país más extenso y precursor de la carrera espacial, se abre ante el orbe mostrándonos su historia, su música sinfónica, su ballet, su teatro, su literatura universal, su artesanía, sus lagos límpidos, su arquitectura y, sobre todo, su don humano: los rusos anfitriones inundan las calles de Moscú, San Petersburgo, Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, Samara, Saransk, Sochi y Volgogrado, con una peculiaridad fraternal […]

Pero son los oriundos de la capital, Moscú, quienes emulan a ciudades cosmopolitas como Ciudad de México (1970 y 1986); New York y San Francisco, en EUA (1994); París, en Francia (1998), y Río de Janeiro, en Brasil (2014), saliendo a bailar con los extranjeros asistentes a la XXI Copa del Mundo Rusia 2018.

Sí, grandioso, la alfombra roja de la pasarela se tendió en la Plaza Roja de Moscú.

 

Y otro más de fut, recordando las tragedias del Scratch du Oro:

 

—Estamos viviendo la XX Copa del Mundo, Brasil 2014, y es de temerse un nuevo “Maracanazo” ahora que el gigante sudamericano organiza, por segunda ocasión, el certamen; por segunda vez después de México, Italia, Francia y Alemania –me dice un amigo.

—¿Y por qué Brasil sigue horrorizado con algo ocurrido a mediados del siglo pasado? Me repugna que tanto prensa escrita como radio, televisión, suplementos diversos e internet destaquen, cada cuatro años, el “Maracanazo” del 16 de julio de 1950 cuando Brasil, como sede, llegó a la final siendo amplio favorito y enmohecido en su propia soberbia, perdió ante la escuadra charrúa de Uruguay 2 por 1 –le replico.

[…]

Pero el “granero” más grande del mundo vio llorar y suicidarse a muchos de sus habitantes, todo por creerse el Titanic del fútbol. Pareciera inverosímil que una IX Copa Mundial como México '70, en donde la oncena brasileña, comandada por Carlos Alberto Parreira y estelarizada por Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, carezca, en ratos, del paliativo definitivo para resarcir la derrota del '50… ¿Y sus cinco copas totales? ¿Y las posibles por venir? Y en cambio, Suecia 1958 dotó una final de altura y de respeto (sin congoja), a pesar de fungir como anfitriona y enseguida, imagínate, ¡perder ante Brasil 5 por 2!

 

Ahora subamos la escalinata para entrar a la prepa:

 

La aurora me estremeció en su gelidez cierto día de principios de diciembre, y partí, de introspectivo, a mi antiguo centro escolar ubicado en una zona semi residencial, en la colonia Santa Rita de mi ciudad natal capital.

Me mezclé entre los alumnos de nivel medio superior y subí por la escalinata con vista a la entrada (lo especifico, ya que el edificio porta dos); avancé por sus andenes  (…)

Mi facialidad se asoma en algunas aulas del primer, segundo y tercer piso, en donde estuve seis semestres, ¿pero qué diviso?

[…]

Fuimos la Generación X, ¡la última analógica!... ¡Y conocimos, solo siendo niños, el cartucho de audiocinta 8-tracks! Éste no adelantaba, ni atrasaba, ni rebobinaba la cinta canción por canción, únicamente la captaba por pistas, saltándose o retrasándose por secciones de dos o tres piezas musicales (…).

Divago, entre salones de aquella generación paramédica, y me siento “briago” sin cargar mi ánfora..., parezco monje medieval antorcha en mano, pero apagada por mi sopor. Sí, el recuerdo quema en intermitencias, es fricción recurrente sobre ánimas nostálgicas.

 

Y de ahí recostémonos un poco para leer un idílico homenaje a Tiffany Renee Darwish, interprete de una de las rolas más emblemáticas de los ochenta, I Think We're Alone Now:

 

Refrescaste mi adolescencia, triste en ratos, pero cuando te oía cantar (como lo hago esta noche en mis cintas magnéticas del recuerdo, nombrados santuarios del resguardo), mis apuros y tensiones se desvanecían al compás de tu voz “fresa rockera” y de tu siempre antojable figura a mis sentidos.

 

De los pasajes cotidianos a la diatriba religiosa y generacional

Destaco dos textos ensayísticos del volumen. Uno, lanzando misiles ácidos a los tartufos contemporáneos que pululan en nuestras santas capillas, otro muy logrado sobre los saltos y las peleas entre las generaciones Y y Z.

Al respecto de la prédica religiosa el autor no camina sobre eufemismos y cuestiona abiertamente:

 

Y ningún pastor vendrá a entregarnos otro evangelio cargado con disonancias de dizque unción espiritual, “salvación” a cuentagotas, modernismo y progresismo que, eufemísticamente, termina en el cuidado de la santidad ajena, detrimento para numerosas almas ansiosas de un cálido mensaje espiritual:

[…]

—Como pastor, le pediré que mejor se retire de nuestra congregación, no es sano tenerlo. Búsquese otra iglesia, conforme a su credo y su vida disipada.

—¡Qué mejor resolución! Se ve que su congregación está destinada para recibir a sanos y timoratos que le obedezcan sin chistar, pero aprenda que la Iglesia no es depositaria de la Salvación, solamente transmisora, así que no me pasa ni me pasará nada. A ningún jerarca le gusta ser interpelado ni enfrentado por alguien inferior en cargos, y, paradójicamente, con mejor preparación académica.

 

Y sobre el tema de las etiquetas generacionales el autor arroja sobre el ring a milenials y centenials. ¿Quién se salva? Veamos:

 

El lenguaje digital es la expresión fehaciente desde el año 1995, cuando surgió el primer sistema Microsoft Windows, precisamente Windows 95 y, con él, la “Generación Milenial o Millennial Y” (la última generación del milenio) que conforma a los nacidos a partir de ese año, aunque muchos sociólogos sitúan a este gran grupo entre los nacidos de 1980 a 1999. Lo perceptible es que ellos ya no disfrutan de entretenimientos tradicionales, únicamente lo confabulado con el mundo de los ordenadores: computadoras, tablets y laptops, así como celulares y gadgets.

Entre cambios abruptos, a los “mileniales” se les encararon los “centeniales”, que corresponden a la primera generación del nuevo siglo y se conocen como “Generación Centenial o Centennial Z”, enmarcando a los nacidos a partir del año 2000.

Asistimos a una desarticulación de la sociedad, entorno humano que todo lo resuelve desde la Web, sitio que flota en la nube y posee un conjunto inimaginable de información suspendida en una dirección determinada de Internet (la nube, el éter o drive). Es un sistema lógico de acceso

[…].

La comparación entre un milenial Y y un centenial Z es que ambos son nativos digitales; sin embargo, el milenial Y vivió a una edad muy temprana la irrupción de esta tecnología, mientras que el centenial Z lleva impreso en su identidad el Smartphone, sí, Internet siempre ha estado ahí.

Ambos aprenden mirando tutoriales de Internet, leyendo libros, revistas y diarios, son autodidactas, pero lo que los distingue es que la Generación Z es más selectiva en separar el contenido de sus redes sociales, valorando la privacidad en redes menos conocidas. Ellos, los centeniales, adquieren productos on line preferentemente desde su celular, colocando en segundo término a una laptop, tablet o PC.

 

 

Para finalizar

Por qué el escape, ¿desencanto de la modernidad, ausencia de sentido común, vacuidad existencial, añoranza por lo vintage, hartazgo de la politiquería, alergia al reguetón, derribo de la desmemoria?  Tal vez eso y otras interrogantes gestaron el nacimiento de este libro ¿o simplemente, como dice un escritor francés, por ir en busca del tiempo perdido?

Una serie de textos denominados Escape, El escape I, II, III, IV, V y Escape final, nos darán luz sobre esta interrogante o quizá nos conduzcan a un laberinto de dudas filosóficas interminables. Cito uno de ellos:(página 89).

 

Deja ir, suelta, deja escapar y escapa como en un engatusado bajeo; sí, en un orgánico implexus modus que solo tú desenredarás.

Estírate en la oscuridad que no te nota.

Agéndate para salir airoso/a en cada ocasión ante avatares.

Luces/ haces desatadas.

 

Mejor que cada lector descubra la respuesta, su respuesta con su lectura personal, que incluso puede variar con otras lecturas del mismo texto: polisemia literaria dirían los maestros de teoría poética.

Basta de spoilear (tengo que estar al día con el lenguaje de los centenials) esta nostálgica galería de textos que nos regala hoy a solo un día del inicio de la primavera, Miguel Ramírez Ochoa, sin antes dejar de leer el texto titulado “Entre refracción y línea seca del norte”, que a pesar del título fue de los que más me gustó:

 

Te pronuncio, invocarte sería desgastante debido a que tu fantasma es solo eso: refracción y juego arrebatado curso tras curso, ciclo tras ciclo.

Vil juego en una ruleta, aunque la rueca allanó nuestro destino años atrás.

Tu timbre de voz era mi obsesión y cohesión. Esa sonrisa, con bilet o sin él, y esa risilla atemperada para cada ocasión —y subsecuente estación— traspasaron mi sensualidad.

Mas todo se agotó en espirales de polvo y línea seca del norte.

¡Viene viento!

 

Luis David Hernández Martínez

Marzo 20 del 2026



Luis David Hernández Martínez es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Tiene una vasta trayectoria como hombre de teatro: actor, director, dramaturgo. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad Tecnológica de Chihuahua.