lunes, 7 de septiembre de 2026

Diamantes


 

Diamantes

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Hace una semana escribí que el gran remate de libros celebrado en la explanada del CECUT me arrojaba la absoluta nada como saldo, pero advertí que un buen cazador encuentra diamantes el carbón. Pues bien, la profecía se cumplió: el experto pepenador encontró joyas entre toneladas de heno.

Luego de una tempranera caminata de nueve kilómetros por el parque Esperanto, retorné al remate a ejercer la pepena y el trueque. De entrada, he hallado el que desde hoy es ya el libro más antiguo de toda mi biblioteca: La Historia Griega referida a los niños de Lame Fleury, editado en Librería de Rosa en 1836. Un libro de 190 años de antigüedad a 250 pesos. Además, me he hecho de uno de los tomos de Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (El 19 de Marzo y el 2 de Mayo) editados en 1887 por la madrileña imprenta La Guirnalda

Mi gran adquisición fueron los ensayos completos de Michel de Montaigne en tres tomos en editorial Altaya, en los cuales no gasté dinero en efectivo pues los intercambié por libros míos (Tigre Blanco, Lobo en su hora y Cine curto). Aunque usted no lo crea, yo solo tenía esta magna obra en Porrúa (aunque mi nueva adquisición no amaina ni sacia mi deseo de pepenarla posteriormente en Acantilado).

De pilón, y también en trueque,  hemos pepenado una vieja antología llamada Dos siglos de Cuento Mexicano XIX y XX, seleccionada por Jaime Erasto Cortés, que incluye a 48 cuentistas (24 del XIX y 24 del XX). De más pilonaxo, se me pegó el Solo te ahorcan una vez, la compilación de los tempraneros relatos Pulp de Dashiell Hammmett a una babita de perico (100 pesares, nada malos para un Seix Barral catalán de 500 páginas).

El descomunal chasco del que aún no me recupero, y me tiene sumamente rabioso, fue no haber podido pepenar los tres tomos de las Obras completas de Dostoievski en Aguilar. Les había echado el ojo, pero el colega de Librería Valdovinos solo aceptaba efectivo y hoy resulta que alguien se las ha llevado. Mierda y recontra mierda.

Cierto, tengo las obras (incompletas) de Dostoievski en Galaxia Gutenberg y recientemente me hice de una linda de edición de dos tomos de Los hermanos Karamázov en Alianza, pero ello no amaina ni calma mi deseo de tener las de Aguilar. La tenía, era mía y la dejé ir. Quién dice que en Tijuana no hay bibliófilos. ¿Algún lector de esta página se llevó esa joya? También dejé ir una Historia de Turquía de Lamartine editada en 1855. En fin, colegas, estas son las confesiones y desventuras de un pepenador libresco.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

domingo, 6 de septiembre de 2026

El Grito

 

El Grito

 

Por Marco Benavides

 

Esta es una de las pinturas más famosas del mundo, pero lo que el artista realmente intentaba capturar es muy diferente de lo que la mayoría de la gente supone.

El grito fue creado por Edvard Munch en 1893. A primera vista, parece mostrar a alguien gritando de terror. Pero una mirada más atenta a esas manos revela una historia muy distinta: están presionadas contra las orejas, y el rostro parece intentar bloquear algo.

El título original de Munch nos da una pista sobre qué podría ser eso. En alemán, lo llamó “Der Schrei der Natur”: El grito de la naturaleza. El grito no proviene del personaje; proviene del mundo que lo rodea. Él es simplemente el único capaz de escucharlo.

Describió exactamente el origen de esa sensación en una entrada de su diario, una de las reflexiones más inquietantes que un artista haya escrito jamás sobre su propia obra:

“Caminaba por un sendero con dos amigos. El sol se estaba poniendo. De repente, el cielo se tiñó de un rojo sangre. Me detuve, agotado, y me apoyé en la valla. Había sangre y lenguas de fuego sobre el fiordo, de un azul negruzco, y sobre la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba allí, temblando de ansiedad. Y sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza”.

Ese es el verdadero tema del cuadro: no un monstruo ni una pesadilla, sino un momento que muchos conocen: aquel en que el mundo cotidiano se vuelve de repente extraño y hostil, una ola de pavor lo inunda todo y te sientes absolutamente solo, porque las personas a tu lado no perciben nada.

Munch estaba pintando la sensación misma de la ansiedad.

Y hay algo más: un secreto oculto en la pintura durante más de un siglo. En la esquina superior izquierda, alguien había escrito a lápiz y en noruego: “Solo pudo haber sido pintado por un loco”. Durante cien años, nadie supo quién había sido. En 2021, el Museo Nacional de Noruega utilizó escaneos infrarrojos y comparó la caligrafía con los diarios y cartas de Munch, confirmando que fue el propio artista quien lo escribió.

Lo escribió sobre su propia obra maestra. Muy probablemente fue una respuesta amarga y dolida hacia quienes lo habían tachado de loco. Munch pasó toda su vida transformando esa oscuridad interior en arte, y expresó claramente lo que en realidad estaba pintando todo el tiempo. Lo llamó: “El estudio del alma”.

 

Dr. Marco Benavides, 2 septiembre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

sábado, 29 de agosto de 2026

Diez años de ausencia, un siglo de presencia

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Diez años de ausencia, un siglo de presencia

 

Por Marco Benavides

 

El 28 de agosto de 2016, México se quedó sin aire un instante. Juan Gabriel Alberto Aguilera Valadez, el niño que salió de Parácuaro, Michoacán, y creció en las calles de Ciudad Juárezdejó de respirar en Santa Mónica, California, a los 66 años. Diez años después, la ausencia se ha vuelto costumbre y, sin embargo, su voz no ha dejado de sonar en las plazas, en los teatros, en los teléfonos de una generación que no lo vio en vida y que, aun así, sabe llorar con él.

No fue solamente un cantante. Fue un narrador de emociones que no le temía a la cursilería porque entendía, mejor que nadie, que el sentimentalismo bien construido es una forma de verdad. Convirtió el dolor, la esperanza y el amor en patrimonio: un repertorio que cualquier mexicano recita de memoria sin haberlo estudiado nunca, aprendido en el radio de la cocina, en las bodas, en los velorios.

“Amor eterno”, “Querida”, “Hasta que te conocí”, “Así fue”: más que canciones, son capítulos de una biografía colectiva. Juan Gabriel tenía el don raro de cruzar géneros del mariachi al pop, de la ranchera a la balada orquestada y de cruzar generaciones con la misma naturalidad. Llenaba estadios y, al mismo tiempo, se colaba en la intimidad de un duelo familiar, en el silencio de una casa después de un funeral. Esa doble escala, la del ídolo masivo y la del confidente íntimo, es quizá lo más difícil de repetir en la historia de la música popular

El aniversario ha desbordado la geografía nacional. En Chicago, Los Ángeles y El Paso ciudad hermana de Juárez se han organizado conciertos, proyecciones y festivales para conmemorar los diez años. El documental Mi Primer Bellas Artes vuelve a proyectarse en parques y cines, recordando la noche que lo consagró como figura universal.

En México, Plaza Garibaldi y el Palacio de Bellas Artes funcionan hoy como altares colectivos. Más de 700 mil personas asistieron a su velorio en 2016; una década después, miles vuelven a reunirse para cantar sus temas en homenajes gratuitos, en plazas públicas, en festivales que no necesitan boleto porque el duelo y la fiesta siguen siendo comunitarios.

A lo largo de esta década, rumores y documentales han alimentado la fantasía de que Juan Gabriel sigue vivo, escondido en algún rincón del imaginario popular. Pero lo cierto es más sencillo y más contundente: su obra no necesita de la biología para seguir viva. Más de catorce millones de oyentes mensuales en plataformas digitales lo confirman con una frialdad estadística que, paradójicamente, habla de algo muy cálido.

Diez años después, Juan Gabriel no es un recuerdo: es un idioma emocional que México y buena parte del mundo de habla hispana sigue hablando sin darse cuenta. Su obra es espejo de la identidad nacional y puente hacia lo universal, un patrimonio cultural que, como pocos, se permite el lujo de desafiar a la muerte.

 

Dr. Marco Benavides, 28 agosto 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med MultilinguaEs autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

Extrañas derivas

 



Extrañas derivas

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Leer también puede ser como tomar al toro de la realidad por los cuernos y arriesgarnos a ser destrozados, aunque luego, si bien nos va, reconstruidos por la voluntad de perdurar que nos hace seguir existiendo y no solo para la nada.

        Con toda la mala leche del mundo habrá quien diga que hay demasiados escritores en el mundo. Estoy en contra de esa afirmación, los escritores no sobran, al contrario, el escritor Argentino César Aira en su ensayo Sobre el arte contemporáneo se extiende a este respecto de manera brillante, inicia mencionando la importancia inconmensurable de la obra de Duchamp y sus formas de hacer Arte. Así mismo Aira realizó una extrapolación del concepto de economía conocido como Ley de rendimientos decrecientes, al área de la Física (aquí la cita textual): “El fenómeno en cuestión es el siguiente: Ley de los Rendimientos Decrecientes, de la que he escrito más de una vez. Me cito: Si tenemos un resorte metálico de un metro de extensión con una punta apoyada en el suelo, con una pesa de un kilo puesta en la otra punta el resorte baja noventa centímetros, y queda midiendo apenas diez centímetros de alto. Para hacerlo bajar más, se necesita una pesa de cien kilos, que lo hará descender nueve centímetros. Para hacerlo bajar todavía una fracción más de ese centímetro restante, se necesitaría una pesa de varias toneladas…”

       Si Duchamp funge como el resorte metálico en cuestión, ello explicaría por qué actualmente, escribir bien o mal (haciendo a un lado quién y por qué haga esta valoración) deja de tener sentido en el área de la literatura, pero esto, Aira lo dice mejor: “Todo debe estar permitido para que lo que surja de ese todo tenga el valor liberador que deberíamos reclamarle al arte.”

        Este ensayo se encuentra libremente en Internet, para mí fue prácticamente imposible no desear reproducir todo el texto, pero me privaré de ello para que el lector lo disfrute a plenitud.

            Ya sea que se esté de acuerdo o no con las afirmaciones del escritor argentino, espero haber sembrado la semilla de la curiosidad en el lector de estas líneas.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Queen – Jazz (1978)

 

La cinta musical

Queen – Jazz (1978)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Hablar de Queen es recordar un rock sinfónico sin parangón en la historia de bandas musicales.

     Queen inició en Londres a principios de los años setenta del siglo pasado con el cantante y pianista Freddie Mercury, el guitarrista Brian May, el baterista Roger Taylor y el bajista John Deacon. Freddie Mercury bautizó a la banda como Queen en 1971.

     Sería en 1973 cuando lanzara su primera grabación, Queen, por EMI Records, y sus primeros discos estuvieron marcados por un rock progresivo y un Hard rock, hasta ir incorporando Arena rock, Pop rock y música sinfónica.

     En 1975, “Bohemian Rhapsody”, del cuarto álbum de estudio A Night at the Opera, los catapultó a la fama mundial, éxito que ya no los abandonaría hasta la muerte de Mercury en 1991.

     Y Jazz, el álbum que nos ocupa hoy, vio la luz el 10 de noviembre de 1978 bajo las discográficas EMI Records, en Reino Unido, y Elektra Records en Estados Unidos, con los géneros musicales Rock, Pop y Hard rock. Jazz es el séptimo álbum de estudio de la banda, producido en formatos LP, cassette, 8-Tracks y cinta magnetofónica Reel to Reel.

     La primera contribución se llama “Mustapha”, sonando a plegaria islámica en un inicio, hasta que interviene la guitarra de Brian May. Es obra de Freddie Mercury y una parte de sus letras son en lengua persa o farsi (la que se habla en Irán): Mustapha, na stolei, Mustapha, es na sholei, ya low eshelei, ¡salaam aleikum! (Mustapha, no te olvides, Mustapha, no te rindas, no te avergüences, ¡saludos!)

     “In only seven days”, de John Deacon pero interpretada en voz y piano por Mercury, cautiva como balada: se expande melódicamente en una tarde lluviosa, en un recuerdo nostálgico, en una calle antigua, en un café vespertino caray, así lo siento, pero el bajista Deacon relata que salió de vacaciones un lunes y el martes vio a una chica sonriéndole en la playa; el miércoles ya no la vio y la esperó; el jueves aquella chica acudió a la playa y él le preguntó su nombre, diciéndose que en solo siete días se necesitarían cien o más para que los recuerdos se desvanecieran (“in only seven days it would take a hundred or more for memories to fade”); luego, llegó el viernes y abrazó a la chica, deseando que ese día jamás desapareciera; el sábado, igual, y el domingo regresó a casa con su soledad y su tristeza a cuestas.

     “Bicycle race”, de Mercury, causó censuras debido a que los integrantes de Queen realizaron un videoclip donde aparece una carrera de 65 mujeres ciclistas desnudas y el álbum mostraba en su interior un poster de aquel video. El poster fue retirado por obsceno, entregándose a todo aquel cliente que fuera mayor de edad y lo solicitara por escrito en la disquera. Esta canción hace sonar las campanillas de las bicicletas de todos los aficionados a este deporte, destacándose la bataca de Taylor y la guitarra de May. Cabe mencionar que la rola hace alusión a íconos de la década, como Jaws (Fauces, de la película Tiburón), Star Wars, Watergate, Peter Pan, Frankenstein, Superman y Vietnam.

     “Let me entertain you”, de Mercury, es un juego de sentencias y adivinaciones: un showman aparece ante sus espectadores ofreciendo entretenimiento loco.

     “Fun it”, de Roger Taylor y cantada por él, con “toms” eléctricos de batería, envía al escucha a los padecimientos naturales de los años setenta, enclavados en “fumadas” de comentarios, quejas vivenciales y bebidas espirituosas en diversión irrepetible de bailar toda la noche. En el minuto 2:13, puede escucharse con audífonos a Taylor, del lado izquierdo, y a Mercury, del lado derecho, cantando: Everybody, everybody gonna have a good time tonight, time tonight (Todos, todos van a pasar un buen rato esta noche, hora esta noche).

     “Leaving home ain’t easy”, pieza compuesta por May y Deacon, arrastra una voz de May como en arena, la cual se diluye como viento en el horizonte. Se trata de un hombre que ha decidido dejar el hogar y sus miserias, no es fácil hacerlo, pero debe sacudir el polvo de sus zapatos e ir hacia adelante.

     “If you can’t beat them”, de Deacon y cantada por él, hace bailar desde fines de los setentas hasta hoy en un viaje festivo, casi inagotable con esa ejecución instrumental en vivacidad. Sí, señores, es movimiento musical para relajarse ante faenas de la vida. Es tipo Hard rock con un solo de guitarra de más de dos minutos y habla de levantar ánimos ante la soledad.

     “Dead on time”, de May y en voz de Mercury, es un correr de sonidos en el estudio -una especie de reprise sostenida- en un Hard rock sin más: una guitarra agresiva de May, una veloz línea de bajo de Deacon y una potente batería de Taylor. Trata de un individuo que vive de sus impulsos y, al final, se oye un trueno que Brian May grabó durante una tormenta en Montreux, Suiza.

     “Jealousy”, de Mercury, es una balada fascinante destacándose el piano, bajo y bombos y platillos de la batería, en esa voz magistral de ópera y opereta en la persona de Freddie, quien sabía proyectarse ostentosamente en el escenario y con coros netamente educados.

     “Fat bottomed girls”, de May, inicia con coro entre los cuatro integrantes y lo que sigue es un bajeo y guitarreo en perfecta secuencia rítmica y melódica, respectivamente, entre Deacon y May (y no se diga la ejecución en batería por Taylor). Es Arena rock con la voz inconfundible de Mercury.

     “Dreamer’s ball”, de May y cantada por él, es digerible en una voz grave intervenida por su guitarra: …Oh, take me, take me to the dreamer's ball, mmh, I'll be right on time and I'll dress so fine (…Oh, llévame, llévame al baile del soñador, mmh, llegaré a tiempo y me vestiré tan bien)… Y un coro uniforme concluye: Oh, take me, hold me, remember what you told me. You'd meet me at the dreamer's ball, I'll meet you at the dreamer's ball. Oohh (Oh, tómame, abrázame, recuerda lo que me dijiste. Me encontrarías en el baile del soñador, yo te encontraré en el baile del soñador. Oohh).

     Esta canción de May es de una persona que vive con el corazón roto y sueña hallarse con su expareja en un baile, prometiendo lucir impecable en el encuentro. Es un Blues acústico con un sonido retro del principio de los sesenta.

     “Don’t stop me now”, de Mercury, es un clasicismo musical vertido en cada nota y cuatro voces uniformes bajo el liderazgo de Freddie. Es una sentencia de pasarla bien: I'm floating around in ecstasy, so don't stop me now (Estoy flotando en éxtasis, así que no me detengas ahora).

     “More of that jazz”, de Taylor e interpretada por él, es una despedida con secuencia de algunas canciones del álbum. Taylor, además de la batería, ejecuta ritmos de maracas: If you're feeling tired and lonely, uninspired and lonely, if you're thinking how the days seem long, all you're given is what you've been given a thousand times before. Just more, more, more of that jazz. More, no more of that jazz. Give me no more, no more of that jazz (Si te sientes cansado y solo, sin inspiración y solo, si estás pensando en lo largos que parecen los días, todo lo que recibes es lo que te han dado mil veces antes. Solo más, más, más de ese jazz. Más, no más de ese jazz. No me des más, no más de ese jazz).

     Jazz es un álbum ecléctico, donde cada miembro puso lo suyo y lo mejor de sí. Quedó ubicado en el segundo sitio del UK Albums Chart inglés, sexto lugar en el Billboard 200 americano y tercer lugar en Nationale Hitparade LP Top 50 holandés.


 


Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

Poema de los dones



Poema de los dones


Por Jorge Luis Borges


Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que solo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.


Jorge Luis Borges fue un escritor argentino considerado una figura clave tanto para la literatura en español como para la literatura universal. Sus dos libros más conocidos son Ficciones y El Aleph.

Otro poema de los dones



Otro poema de los dones


Por Jorge Luis Borges

Gracias quiero dar al divino Laberinto de los efectos y de las causas
por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo.
Por la razón, que no cesará de soñar con un plano del laberinto.
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises.
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad.
Por el firme diamante y el agua suelta,
por el álgebra, palacio de precisos cristales.
Por las místicas monedas de Ángel Silesio.
Por Schopenhauer, que acaso descifró el universo.
Por el fulgor del fuego,
que ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo.
Por la caoba, el cedro y el sándalo.
Por el pan y la sal.
Por el misterio de la rosa, que prodiga color y que no lo ve.
Por ciertas vísperas y días de 1955.
Por los duros troperos que en la llanura arrean los animales y el alba.
Por la mañana en Montevideo.
Por el arte de la amistad.
Por el último día de Sócrates.
Por las palabras que en un crepúsculo se dijeron de una cruz a otra cruz.
Por aquel sueño del Islam que abarcó mil noches y una noche.
Por aquel otro sueño del infierno,
de la torre, del fuego que purifica,
de las esferas gloriosas.
Por Swedenborg, que conversaba con los ángeles en las calles de Londres.
Por los ríos secretos e inmemoriales que convergen en mí.
Por el idioma que hace siglos hablé en Nortumbria.
Por la espada y el arpa de los sajones.
Por el mar, que es un desierto resplandeciente y una cifra de cosas
que no sabemos y un epitafio
de los vikingos.
Por la música verbal de Inglaterra.
Por la música verbal de Alemania.
Por el oro que relumbra en los versos.
Por el épico invierno.
Por el nombre de un libro que no he leído: Gesta Dei per Francos.
Por Verlaine, inocente como los pájaros.
Por el prisma de cristal y la pesa de bronce.
Por las rayas del tigre.
Por las altas torres de San Francisco y de la isla de Manhattan.
Por la mañana en Texas.
Por aquel sevillano que redactó la Epístola Moral
y cuyo nombre, como él hubiera preferido, ignoramos.
Por Séneca y Lucano, de Córdoba,
que antes del español escribieron
toda la literatura española.
Por el geométrico y bizarro ajedrez.
Por la tortuga de Zenón y el mapa de Royce.
Por el olor medicinal de los eucaliptos.
Por el lenguaje, que puede simular la sabiduría.
Por el olvido, que anula o modifica el pasado.
Por la costumbre, que nos repite y nos confirma como un espejo.
Por la mañana, que nos depara la ilusión de un principio.
Por la noche, su tiniebla y su astronomía.
Por el valor y la felicidad de los otros.
Por la patria, sentida en los jazmines, o en una vieja espada.
Por Whitman y Francisco de Asís, que ya escribieron el poema.
Por el hecho de que el poema es inagotable
y se confunde con la suma de las criaturas
y no llegará jamás al último verso
y varía según los hombres.
Por Frances Haslam, que pidió perdón a sus hijos por morir tan despacio.
Por los minutos que preceden al sueño.
Por el sueño y la muerte, esos dos tesoros ocultos.
Por los íntimos dones que no enumero.
Por la música, misteriosa forma del tiempo.



Jorge Luis Borges fue un escritor argentino considerado una figura clave tanto para la literatura en español como para la literatura universal. Sus dos libros más conocidos son Ficciones y El Aleph.