viernes, 26 de marzo de 2021

Luis Fernando Rangel. Sopa de letras

 

v/ lfr

Sopa de letras

 

 

Por Luis Fernando Rangel

 

 

Al acabar la jornada laboral, los trabajadores se sentaron a comer. En la mesa fueron colocando los platos y al más viejo de los obreros, don Abundio, fue al último que le sirvieron la comida. Le dieron un plato de sopa de letras que contenía el cuento más hermoso y breve del mundo, pero él, que no sabía leer, simplemente la comió.

 






Luis Fernando Rangel es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Actualmente es Jefe de Unidad Editorial en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, donde es editor responsable de la revista Metamorfosis y conductor del programa radiofónico El Pensador en Radio Universidad. Es autor de los libros Hotel Sputnik, Conversación de dos gatos, Poemas para un Lugar Común, Dibujar el fin del mundo y Los líricamente desmadrados. En 2019 coordinó el taller de poesía y la antología No haremos obra perdurable. Recientemente obtuvo el IV Premio Nacional de Poesía Germán List Arzubide con la obra Corridos de caballos.

domingo, 21 de marzo de 2021

Sigfrido Viguería Espinoza. El tren parte a las ocho

 

utrora

El tren parte a las ocho

 

 

Por Sigfrido Viguería Espinoza

 

 

Lo que fuimos se ha quedado en Katerini.

Nunca volverá aquel noviembre;

nada a las ocho recuerdo ya.

Porque te has quedado, cual estatua, en Katerini.

El deseo de lo que quisimos va

por la llanura del ultimo brindis de ouzo en Lefteris.

 

Te encontré, de repente, aquel día;

 habíamos sido, aquello, desde septiembre,

mas hoy los recuerdos, como la cuaderna-vía,

se alargan y acortan los andenes de mi vida.

 

La noche no vendrá a otros lugares;

desde aquello que se fue y ha quedado en Katerini.

Recordare nuestro secreto compartido

en una legendaria historia de juglares,

donde tú como centinela has seguido

desdoblando,

antes de partir,

nuestros últimos cinco minutos…

palabras estrechas,

caricias y lágrimas en Katerini.

 

 

Sigfrido Viguería Espinoza. 18 enero 2021. Nuevo Casas Grandes, Chihuahua

 

 






Sigfrido Viguería Espinoza es licenciado en letras españolas por la UACH, profesor de Literatura I y II en la Preparatoria Francisco Villa y asesor del Taller de Periodismo y Ecología, instructor de secundaria, modalidad abierta con el programa nacional SEDENA-SEP-INEA, profesor del Colegio Las Américas, a cargo de las materias Español y Ciencias Sociales, profesor de Literatura, Comunicación, Etimologías, Taller de Lectura y Redacción, Filosofía, Geografía, Individuo y Sociedad, reportero en la revista Nosotros, profesor de tiempo completo y coordinador de la Licenciatura en Intervención Educativa, en la Universidad Pedagógica Nacional 08B, Subsede Nuevo Casas Grandes. Publica constantemente ensayos y poemas en medios impresos y electrónicos.

Alma Rosa Estrada. Mi casa

 

Foto Pedro Chacón

el poema del domingo

Mi casa

 

 

Por Alma Rosa Estrada

 

 

Será un lugar común, mas no sé otra

manera de decir cuánto te amo,

cuánto te admiro, patria, con tal historia cargada de heroísmos y nobleza.

Cómo quiero a todos mis hermanos
que sufren negaciones y pobreza,
resiento a los ingratos mexicanos
que te humillan, roban o desprecian.

Cómo quisiera trabajar unida

con todos los que te aman y merecen
y que miles de brazos y cabezas
pusiéramos tu nombre en las alturas.
Y que los que vivimos en tu suelo,
el más bello de todo el universo,
hiciéramos milagros para honrar,
enriquecer y amar tu pueblo entero.

Cómo quisiera, México, cantarte
una canción digna de ti, mi patria,
y decirte con voces diferentes
mi orgullo, porque tú eres mi casa.

 






Alma Rosa Estrada Comadurán (1929 – 2000) nació en Guerrero, Chihuahua, y vivió gran parte de su vida en Ciudad Cuauhtémoc. Estudió curso comercial en el Instituto América de la ciudad de Chihuahua. En 1993 la UACH publicó su primer libro de poemas titulado Una mujer. En el año 2000 se publicó su segundo libro, llamado Tan cerca de la vida. En 2018 se publicó el tercero: Una mujer tan cerca de la vida. En Cuauhtémoc durante algún tiempo escribió y publicó crónicas periodísticas en el semanario La voz de Cuauhtémoc. También fue una magnífica violinista y compositora de canciones.

sábado, 20 de marzo de 2021

Josías Vargas. De profundis

Foto Pedro Chacón

haikús/ Josías

De profundis

 

 

 

 

Por Josías Vargas

 

 

 

 

La paz que vivo

me deja en ayunas

de felicidad.

    (21-4-19)

 

 

 

 

Signos ocultos

no aclaran palabras,

los esconden más.

    (20-4-19)

 

 

 

 

Estoy tan solo

como tú, él y ella;

no hay remedio.

    (20-4-19)

 

 

 

 

Aunque no veo,

ningún paisaje nuevo

camino, creo.

    (20-4-19)

 

 

 

 

La noche clara

me llena de silencio;

ciego, la sigo.

    (20-4-19)

 






Josías Vargas escribió la pieza teatral Algunas cosas están colgadas. La estrenó en 1971 en el Paraninfo Universitario, donde fue director, actor y autor. En 2008 y 2009 produjo el programa de radio Los umbrales del paraíso, donde él mismo era el conductor, en el 1040 AM de la Cadena Radiorama, 70 emisiones de una hora. En 2008 compiló para el Gobierno del Estado, el Ichicult y el Congreso de Chihuahua una exposición póstuma de Francisco Reyes Acosta en la Torre Legisltativa. En 2018 publicó su libro Mexico siempre riel, México en el imaginario poético de Bob Dylan. Actualmente publica ensayos en el suplemento TragaLuz de El Heraldo de Chihuahua.

viernes, 19 de marzo de 2021

Luis Fernando Rangel. Morir cerca del cielo: Sísifo, el alpinista

 

v/ lfr

Morir cerca del cielo: Sísifo, el alpinista

 

 

Por Luis Fernando Rangel

 

 

A diario nos enfrentamos a la misma pregunta: ¿qué vamos a hacer hoy? La respuesta parece sencilla. Enlistamos los pendientes de las actividades cotidianas: ir al trabajo, a la escuela, pasar al mercado, limpiar la habitación, beber una cerveza, ir al cine y un largo etcétera. Sin embargo, al escapar del día a día y abarcar la existencia dentro una unidad total, no sabemos responder al cuestionamiento. ¿Cuál es el sentido de la vida y a qué hemos venido? Los existencialistas ya nos dijeron que fuimos arrojados al mundo y al reparar en nuestra existencia reparamos en el vacío. Quizá es por eso que nos enfrascamos en ciertas actividades para darle sentido a nuestra existencia. Le tenemos un profundo miedo al vacío y a lo que ello conlleva: la nada y el olvido.

 

Por lo tanto, existe una serie de retos que enfrentamos para darle sentido a la vida. Nacho Vegas, en su canción Cerca del cielo, retoma la figura de un popular alpinista español para darnos cuenta de ello. A través de la vida y las hazañas de Juanito Oiarzabal, conocido por ser el sexto alpinista en subir las catorce montañas de más de 8,000 metros que existen en el mundo las famosas catorce ochomiles, nos planta ante la condición humana en la máxima expresión del sinsentido.

 

De esta manera surge de inmediato el mito griego de Sísifo quien fuera condenado a subir una montaña cargando una piedra y nunca poder llegar a la cima. Así, en Oiarzabal, Vegas nos habla del hombre que está “empeñado en subir, para luego bajar por pendientes imposibles”. El mito de Sísifo se presenta como un espejo de la condición humana. La humanidad carga una piedra, a la que más bien pareciera aferrarse, en donde ha cincelado a un Dios que guía sus pasos. La humanidad, expulsada del paraíso, quiere vivir cerca del cielo: hemos venido al mundo para subir lo más alto posible.

La vida es como la condena de Sísifo. Nosotros queremos completar los catorce ochomiles. La piedra que cargamos tiene forma de cruz y amenaza siempre con caer al precipicio. Pero, como dice Vegas, seguiremos hasta el final, seguiremos hasta el día del juicio.

 





Luis Fernando Rangel es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Actualmente es Jefe de Unidad Editorial en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, donde es editor responsable de la revista Metamorfosis y conductor del programa radiofónico El Pensador en Radio Universidad. Es autor de los libros Hotel Sputnik, Conversación de dos gatos, Poemas para un Lugar Común, Dibujar el fin del mundo y Los líricamente desmadrados. En 2019 coordinó el taller de poesía y la antología No haremos obra perdurable. Recientemente obtuvo el IV Premio Nacional de Poesía Germán List Arzubide con la obra Corridos de caballos.

jueves, 18 de marzo de 2021

Jaime Chavira Ornelas. El Twaligth Bar


 

El Twaligth Bar

 

 

Por Jaime Chavira Ornelas

 

 

Existe un bar en el centro de la ciudad llamado El Imperio. Es un bar viejo y maloliente con una rockola que solo tiene canciones de antaño, la barra parece que está viva, solo le falta hablar; el cantinero, llamado Poncho III, es el nieto del primer cantinero, también llamado Poncho, el cual murió a los ochenta y ocho años de un infarto fulminante cuando servía unos tequilas. Luego su hijo Poncho II siguió sus pasos y también murió sirviendo unos tequilas a los ochenta y nueve años. Se dice que Poncho III morirá igual, pero a los noventa, hoy tiene como treinta y cinco.

Me gusta venir los martes porque sirven una botana muy rica de tostadas de chicharrón prensado y caldillo de res bien chiloso, me tomo una cerveza y botaneo muy a gusto oyendo las pláticas de los teporochos que van todos los días y cuentan sus aventuras de borrachera. El pasado martes llegué y pedí mi cerveza acompañada de la botana como de costumbre, pero no estaba Poncho III de cantinero; en su lugar estaba un anciano con todos los años en la espalda. Estaban solo tres fulanos platicando en una mesa. Pregunte por Poncho III y el anciano solo se encogió de hombros y me sirvió la cerveza y la botana, resulto que no eran las tostadas de chicharrón ni el caldillo, sino unos tacos de algo que parecía carne. Le devolví el plato y pregunté por las tostadas de chicharrón y el viejo solo contestó:

Eso es lo que hay.

Decepcionado, le dije que no quería; agarró el plato y lo tiro a la basura Tomé la cerveza y salí extrañado por la situación, pues todo parecía absurdo ¿Por qué el cambio, dónde estaba Poncho III, ¿por qué no hicieron las tostadas y el caldillo, por qué solo había tres clientes, dónde estaban todos los teporochos, quién es ese viejo raro, por qué la barra estaba tan limpia?

Caminé varias cuadras y, sin darme cuanta, estaba en calles que nunca había caminado. Me sentí desorientado y seguí caminando para llegar a la calle principal, pero en vez de eso llegué a un callejón solitario y sucio. De repente, de una vecindad salió una mujer como de cincuenta años, morena y de pelo teñido de rubio. Le pregunte por el camino a la calle principal, riendo y de un modo burlón, dijo:

¿Andas perdido, chulo?

Obviamente era una prostituta, le contesté:

―Solo quiero llegar a la calle principal.

Ella empezó a gritar a los cuatro vientos:

―Hey, aquí hay uno que solo quiere llegar a la calle principal.

Reía a carcajadas.

Me alejé de prisa sin saber a dónde iba, di varias vueltas y de nuevo llegué al mismo callejón, o al menos se parecía mucho. No lo podía creer, perdido en mi propio terruño. Seguí caminando y volví a voltear en la esquina. A lo lejos vi el bar Imperio, suspiré del gusto. Cuando llegué, note que había algo extraño en la fachada, algo que antes no había notado, era un símbolo raro pintado en la esquina derecha, como un lobo o un perro. Entré y era el mismo bar maloliente y sucio de siempre y para mi sorpresa estaba Poncho III detrás de la barra. Me senté y pedí lo de siempre, Poncho III me sirvió mi cerveza y la botana de Chicharrón prensado y caldillo de res, no podía aun creer que es lo que había pasado ¿Dónde estaba el anciano, por qué ahora estaban los mismos teporochos de siempre platicando? ¿Cómo paso todo esto?, terminé mi cerveza y la botana y salí.

Al siguiente día hice mi rutina de siempre. Por la tarde me fui a caminar por el centro y viene terminando cerca del bar Imperio, caminé y me acerqué, vi su fachada y esta vez no tenía el extraño símbolo por ningún lado. Entré y casi me desmayo al ver el anciano detrás de la barra y los mismos tres tipos en la mesa platicando, me senté en la barra y el anciano me preguntó:

―¿Lo de siempre?

Solo me levanté y salí a toda prisa, caminé de nuevo por los callejones desconocidos, pasé la vecindad, di varias vueltas y llegué a la calle de donde se veía a lo lejos el bar Imperio, corrí y llegué y esta vez en la fachada estaba el símbolo cara de lobo; entré y de nuevo todos los teporochos y Poncho de barrista. Salí corriendo y no me detuve hasta que llegué a la calle principal, voltee y ahí estaba el bar como un espejismo, como un viejo dinosaurio, como testigo de algún crimen, vivo y escondiendo todos sus siniestros secretos invitándome a entrar en ese mundo sin tiempo y lleno de fantasmas ebrios comiéndose unos a otros en tostadas de chicharrón y caldillo, sentí nauseas, mareos y caí inconsciente en la banqueta.

Hoy es martes de nuevo y no debo faltar al festín del Imperio, la necesidad de comer el chicharrón y tomar el calidillo es para mí una canibalesca religión.

 

 





Jaime Chavira Ornelas tiene licenciatura en manejo de negocios, varios cursos de manejo de almacenes, control de inventario, ventas, negociación y motivación, lingüística, control de emociones e inteligencia emocional, manejo de personal. Desde hace 30 años escribe poemas y relatos. Actualmente se dedica a la venta de automóviles y asiste a un taller literario.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Luis Kimball. La cadencia de la composición

La cadencia de la composición

El Refugio, libro de Elko

 

 

Por Luis Kimball

 

 

El Refugio resulta el lugar donde Elko Omar Vázquez Erosa realiza la obsesiva escenografía del héroe.

 

Ella, encerrada entre los muros del ayer, / cobijada de silencios conventuales.

Ella, dentro de las bóvedas oscuras, / entre el arrullo de las palomas,/ entre las golondrinas (p. 95).

 

Digo “obsesiva” también por lograda. Vea con qué suavidad transiciona la amada del silencio conventual al sonido de las palomas, de estar entre muros a estar entre las aves, sin haber necesitado moverse ni tocarla. El nicho idílico: la cadencia de la composición.

 

Hace mil años te besaba/ después de contemplarte,/ hace mil años entraba en ti/ y las gotas de lluvia golpeaban/ la hoja blanca del poema (p. 101).

 

No sabemos dónde quedaría el héroe si tuviera que despertar a prepararle el desayuno a la esposa y encontrarse con el ofensivo recibo del gas, por ello seguramente disfruta más su soledad.

 

El hechicero desafía la tempestad/ tras un canto de sirenas,/ en una búsqueda ciega/ que puede traicionarlo,/ pero unos ojos entrevistos/ le obligan a soportar sus privaciones (p. 83).

 

Lo mismo con la amada, que debe ser puntualmente imposible, etéreamente ideal y blanca.

 

 Ella, soplo de violencia/ suspiraba entre las ramas/ del encino/luminosa y blanca (p. 57).

 

Niña rubia, quiero verme reflejado/ en la tristeza de tus ojos (p. 67).

 

Lo dijeron hasta cansarse Pacheco, Montes de Oca, Xirau, y no está de más mencionarlo: puede uno agacharse y tomar un puñado cualquiera de literatura de estos lares y encontrar romanticismo. En El Refugio es casi todo su presente, pero si el romanticismo caracteriza la belleza femenina realizándola en lo sublime, con la ideal en mente, postrada en cama, de venas azules, ya a punto de morir, evaporar e irrealizarse como mujer, pero cumplida en un amor perfecto, imposiblemente demandante, que no da para ponerle peros. Haciendo eco al Nobel chileno que cantaba a su amada callada y como ausente, Vázquez Erosa dice:

 

Quisiera tenerte a mi lado/ pero siempre lejana,/ siempre bañada de ausencia...

siempre callada. (p. 55).

 

El romántico siempre elegirá la filigrana de sus poemas sobre la amada, que las vulgaridades que podrían salir de los labios de ella.

 

Hoy me pregunto, insatisfecho,/ de los frutos que previamente/ supusimos en las manos (p. 45).

 

La palabra “romanticismo” aparece hoy denostada desde una comprensión ecofeminista o visiones de equidad de género; nada que refutar, pero sí recordar que el romanticismo fue absolutamente revolucionario, al fijarse en el ideal de una mujer imposible, pagano como no se había dado, pues sustituye la adoración a la figura masculina del Cristo aunque ya eran bastante populares las santas.

En el romanticismo se retoma el lugar de la mujer desde donde lo dejó Aligheri allá por el siglo XIII, como ideal, que ya resultaba un lugar privilegiado comparado con lo anterior, y se evoca la caballeresca medioeval, con su valor y desprendimiento, vertidas en el mejor modelo de un San Jorge. En el caso de este poemario, comienza evocando dragones; dragones rojos que aparecen con gracia.

 

Antes de llegar a ti/ caminaba por las calles/ bajo la sombra de dragones rojos/ que iban a morir en las montañas (p. 7).

 

Aparece la provocación constante al azar y a lo divino, entregando el alma al diablo a cambio del amor de la amada, ya perdiendo de antemano, casi solo por cerrar el pacto:

 

había cerrado las puertas/ que antaño nos abrieran los dioses,/ entonces me puse a escribir poemas/ que lamentaban la pérdida de nuestro ayer (p. 17).

 

A este libro no le falta nada para cualquiera que guste de este tipo de literatura que, de hecho, sabemos popular. Hay pasajes verdaderamente sublimados que dan carácter de poema a varias de las lecturas, cualidad escasa en las publicaciones de versos; mire; en la siguiente estrofa, los dos primeros versos, esperados y comunes, pero de una sorprendente frescura:

 

Eres canto de fantasmas,/ perfume del aire,/ alfalfa verde entre tus ojos/ ebrios de pintar el paraíso” (p. 30).

 

Los paisajes de El refugio superan la ambientación “peliculística”; tienen esa cierta organicidad de la experiencia directa, la pobreza de los entornos no parece decorativa, el frío o la niebla de las atmósferas apenas se ve, pues primero se siente, a saber cómo logre ello, pero es bello:

 

Flor de tu pelo,/ dormida en el murmullo/ de los sauces/ aguardando la plegaria.

 

Bañada de sol/ el agua lame las orillas rojas” (p. 42).

 

No he dejado de mencionar los insumos en el imaginario; el autor tiene su cuervo, su dama de Shallot, en fin, si fuera usted del tipo coleccionista, este libro contiene lo que necesite y uno más: como el autor no es caballero de a caballo ni paje, sino viandante simple de ciudad simple; siempre anda fumando cigarros:

 

y luego pasar la mirada/ a un techo de vigas antiguas,/ y apagar el cigarro/ y pretender que te olvido” (p. 77; Segunda tirada).

 

Y como ya denuncie que nuestro poeta trae cuervo bajo el brazo y a él le dedicará uno de los últimos apartados del libro; graznó de improviso; le cuento, yo iba en la tranquilidad del paisaje de estos versos sobre el paisaje hablaré un poco más, y de pronto, el increpante graznido en los reclamos entre exclamaciones; lea:

Habrá que comprender que el héroe romántico no traza su imaginario sobre el terreno contemporáneo, sino añorante de tiempos de mejor valía. Puedo concluir esto: el escritor romántico es un noble rebelde ante la caída de las monarquías y el abandono papal y guardián de la vieja moral en nuestro tiempo. Y en este caso específico, el poeta está loco: lo digo con respeto, como consideración seria. Años antes me había tentado escribir sobre él: no esperaba varios de sus momentos, los que realmente me conmovieron son aquellos en que el joven escritor puede ver cómo el trasunto que resulta su personaje será desfavorecido por una cuestión casi estética, no heroica ni en lo miserable, sino simple lectura de un destino cualquiera:

 

La tormenta difumina el paisaje/ con tonos bíblicos;/ las golondrinas se guarecen/ en las vigas del cobertizo/ y una camioneta va, penosamente,/ por el camino cerrado de púas y de verdes pastizales” (p. 87).

 

Para lograr momentos así, normalmente se requiere que el escritor tenga una correcta percepción de sí mismo, lo que rara vez ocurre, menos en la juventud. Hay otros dos momentos que muerden aún mejor en la cuestión y un poema hermoso sobre una bisabuela buscando vengar a la hermanita asesinada, pero eso lo dejo a los lectores del libro.

El refugio es una muy buena lectura en su rama. ¿Qué estará escribiendo ahora el escritor, que ya bordeará la cincuentena?

 

Vázquez Erosa, Elko Omar: El Refugio. Editorial UACH, México, 2001.

 

 






Luis Kimball nació en Chihuahua en 1974. Vivió en Chihuahua, en Veracruz, en la ciudad de México, y ahora reside en Querétaro. Hizo estudios universitarios que no le satisficieron. Se interesa en el conocimiento y escribe desde joven, ha publicado en la revista Solar y en Manual del desierto. Es coautor del poemario Luna de hiel para tres, y autor de Puros de amor. Ha participado en la coordinación de espacios culturales y actualmente coordina el taller literario Escritura al día.