viernes, 5 de junio de 2026

La absorta madrugada nos escoltaba por distancias de espectral arena

 

La absorta madrugada nos escoltaba por distancias de espectral arena

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

Íbamos intuyendo las estrellas

y la absorta madrugada

nos escoltaba por distancias de espectral arena

por vellones de hojasen.

Caminábamos

entumecidas de cansancio y frío,

virando hacia lo incierto del desierto

con un cargamento de impaciencia

por beber la noche

en cuencos de excitante cacería.

Y envueltas en silencio como ennegrecidas

ciénagas,

íbamos buscando

olvidar que somos mujeres

cazadas por el tiempo

y el desierto.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

Con la temporada de aguas aún lejana


 Con la temporada de aguas aún lejana

 

Por Carlos Gallegos

 

Con la temporada de aguas aún lejana

Con las nubes flacas

Con el sol tan fuerte

Con el calor a plomo

Con la tierra ardiente

Con el surco estéril

Con las montañas sedientas

Con los aguajes secos

Con las comunidades miserables

Con la ayuda tan lejana

A nuestros hermanos

de la sierra,

a los tarahumares,

a los mestizos,

a los hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos,

a todos

los alcanza y lacera la pobreza

la pobreza ancestral

milenaria

eternal

Solo la Palabra

la fe

la esperanza en Dios

los sustenta cada día

cada mañana

cada cansada tarde

cada noche oscura

Así es por siempre

así ha sido siempre la vida

en nuestra escarpada sierra

tan pobre

tan atrozmente pobre

Pero a la vez tan alta

tan cerca de Dios

que los conforta

y les da fuerza y fe cada día

cada difícil día

en que les renueva

la esperanza en su amor

en el venero inagotable

de su amor

inmarcesible

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

All about Georgie B.


 

All about Georgie B.

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Si mi biblioteca fuera un Congreso, el autor con más escaños sería por mucho Jorge Luis Borges. No solamente por los libros de su autoría (tengo muchos de ellos repetidos hasta en tres versiones), sino por los ensayos y biografías que ha inspirado. Este año han entrado en mi biblioteca dos nuevos representantes: el Álbum Borges de la Pléiade Francesa publicado en su centenario que me regaló mi amigo Diego Arellanes, y la monumental biografía Jorge Luis Borges- Un destino literario del millenial Lucas Adur.

Ignoro si haya una estadística que certifique cuál es el autor latinoamericano que ha inspirado más estudios, tesis, ensayos y biografías. Muchos pensarían que el Gabo, pero yo apuesto a que es Borges. Aunque su vida no fue un derroche de aventuras, quiebres, romances y situaciones límite, Borges sigue inspirando a cientos de ensayistas y biógrafos que saltan a la palestra a decir algo sobre él que suponen nadie ha dicho o a reproducir charlas, entrevistas o conferencias inéditas.

Uno pensaría que a los jóvenes la obra de Borges ya no les dice nada, y de pronto te topas con Lucas Adur, que nació en 1983, tres años antes de la muerte de Georgie y le dedica un mastodonte biográfico de casi 750 páginas.

Entre los ejemplares que más quiero están El humor de Borges y Diálogos esenciales con Jorge Luis Borges que me regaló el gran Roberto Alifano, su amanuense. Estos últimos, editados por Proa, son inconseguibles en México y rescatan riquísimas charlas de Georgie y Alifano.

Un buen punto de partida para un no iniciados es Jorge Luis Borges - Una invitación a su lectura, de José Emilio Pacheco. Borges y los clásicos de Carlos Gamerro (a quien tuve el honor de tener como jurado en el Premio de la Fundación El Libro) destaca por su erudición al hablar de la influencia de Dante, Shakespeare y clásicos grecolatinos en la obra borgeana. Borges en México: un permanente diálogo, de Rafael Olea Franco, que profundiza en la relación de Alfonso Reyes, Rulfo o Juan José Arreola con la obra borgeana.

Destaca por su brutal honestidad En voz de Borges de Waldemar Verdugo Fuentes, en donde Georgie hace afirmaciones que en la era de la inquisición woke serían absolutamente cancelables.

Atípico y sorprendente es Los dos Borges del comunista chileno Volodia Teitelboim, pues bien sabido es que a los marxistas no les cae nada bien Georgie.

Experimental y desafiante El factor Borges de Alan Pauls y sui generis Borges - El laberinto infinito, la novela gráfica escrita por Óscar Pantoja y dibujada por Nicolás Castell. Destaca por sus extraordinarias fotografías el libro de Alejandro Vaccaro (a quien tuve la oportunidad de conocer en la Feria de Buenos Aires).

El grandísimo faltante, el imperdonable ausente es el mastodóntico Borges de Bioy Casares (solo lo tengo en Kindle) y El Aleph engordado de Pablo Katchadjian, censurado y demandado por la inflexible María Kodama.

Ya les platicaré qué me pareció el de Lucas Adur. Eso sí, el campeón en belleza, ni duda cabe, es el francesito Álbum Borges. Como pieza editorial es insuperable. En fin. Hay muchos más libros que espacio, muchos más libros que vida, y yo aún siento que no he acabado de descubrir a un tal Georgie B.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

Morir

 

Morir

 

Por Guadalupe Ángeles

 

En algún momento pensó que él podría matarla. ¿Y cómo pensar algo distinto? Se muere de muchas formas: desaparecer como agua en sal, reducirse a la mínima expresión de lo que antes fuimos con gloria.

     Ella le dio todo lo que vino a pedirle y más. ¿Acaso solo por la imagen que les devolvía el espejo? Espejos por todas partes no serían suficientes. Invocar la muerte no hubiera venido al caso si simplemente hubieran escapado. Pero ella era de otra estirpe, solo los simples acuden a la huida, solo los atormentados coleccionan heridas.

     “Imagina la vida sin mí”, le decía su sonrisa que jugaba con matices que iban de la burla a la seducción. Atraer desgracias era muy sencillo entonces. Si era posible atravesar los días escuchando música y nada más, ¿por qué desear beber paisajes insinuados en miradas pretendidamente francas?

      ¿Qué era ese laberinto dibujado en el dorso de su mano?

      Nadie amará de esa manera, nadie nunca con ese fervor. “Ven, leeré en tu mano nuestra desgracia” (parecía decirle con cada abrazo). Ella se dejaba hacer como quien desea morir bajo la lluvia.

      Un antes y un después no era posible, inmersos como estaban en un magma semejante a lava hecho de pena pura por no ser sin fisuras ni tiempo.

       Irse. No. Imposible dejar de ser lo que se era, “¿qué cosa sería sin la luz de nuestra ceguera?”

            Ambos se reconocieron al verse “como cuando el hambre se encuentra con las ganas de comer”, ¿o cómo era? ¿quién fagocita a quién? Ni siquiera fue un fallido cuento de hadas para insomnes. Ella tenía el mar y se lo daría, aun cuando él fingiera negarse a aceptarlo. Dar y recibir, ¿una sonrisa?, ¿una broma de mal gusto? Se trataba sobre todo de sembrar la incógnita. De reír disimulando ver hacia otra parte.

        Ellos reían, se tomaban a broma porque en verdad no había otra posibilidad. Inmolarse a la gracia del instante, a eso estaban llamados, de negarse, una mueca les deformaría el rostro o el dulce sopor de los ansiolíticos los salvaría de sí mismos, de su hambre de vida, en medio de la cual habrían de sucumbir.

       Habitó la danza, cerró los ojos. Y aunque a su alrededor respiraran, todos los demás desaparecieron, solo fue ella y la música, su cuerpo. Incendiarse en esa danza lo era todo, lo que pasara después carece de importancia.

       No hay mucho más qué decir: tener el mar, regalarse, fingir, apenas escenarios posibles, y tras ello, en la base de todo, una única certeza: morir.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

jueves, 4 de junio de 2026

Pablo Neruda: la voz que convirtió la vida en un territorio poético


 Diseño gráfico: Marco Benavides

Pablo Neruda: la voz que convirtió la vida en un territorio poético

 

Por Marco Benavides

 

Pablo Neruda nacido Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto en 1904 llegó a este mundo como llegan los ríos caudalosos: con un nombre que el tiempo termina por cambiar, pero con una fuerza que nada detiene. El nombre artístico que se colgó en la adolescencia, casi como quien se pone las botas para un camino largo, acabó siendo algo más que un seudónimo: fue una declaración, un destino elegido.

Desde los primeros años que vivió en Temuco, al sur de Chile y un punto clave para comprender la historia, la cultura y la geografía de La Araucanía estuvo rodeado de bosques espesos y lluvias torrenciales. Allí Neruda aprendió lo que pocos aprenden: que el mundo habla, y que hay que saber escucharlo. De esa escucha nació una sensibilidad que cargó hasta el último día una mezcla rara y preciosa de asombro, de cierta melancolía serena y de una conciencia lúcida del universo que habitamos, tanto el de los hombres como el de La Tierra.

Su obra no es un libro ni una colección de libros. Es un continente. En Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), apareció una voz joven pero ya templada, capaz de hacer de la emoción una imagen que se clava en la memoria. El amor en esos versos no es cosa fácil ni dulzona: es territorio de luz y es herida, donde la pasión y la pérdida caminan de la mano. Con Residencia en la tierra, su escritura se fue volviendo más oscura, más entrañada en lo surreal y lo metafísico, como si el mundo que vivía le hubiera exigido palabras distintas, más ásperas y verdaderas. En esos versos habita la angustia sin adorno, la soledad sin consuelo fácil, la extrañeza de ser humano en el vasto mundo.

La veta política llegó con la fuerza de las crecidas del norte: sin anuncio y sin vuelta atrás. Los años treinta y cuarenta lo encontraron como diplomático, como testigo de conflictos que marcaban carne, y de esa experiencia emergió una voz que ya no podía callarse. Canto general es, quizá, la obra más ambiciosa que dio la poesía latinoamericana del siglo pasado: un poema-mapa que recorre la historia, la geografía y el alma de un continente. Ahí Neruda ya no es solo poeta; es cronista, memoria viva, defensor de una tierra herida que sin embargo guarda dignidad hasta en las grietas. La palabra se vuelve instrumento de resistencia, de afirmación colectiva, de memoria.

Su vida pública tuvo la misma intensidad que sus versos. Fue diplomático y senador, militante y perseguido, exiliado y siempre escritor. Generó admiración genuina y controversia honesta, porque quien toma partido nunca gusta a todos por igual. Pero él nunca dejó de escribir desde una convicción que era más que ideología: era fe en la palabra como fuerza que transforma lo que toca. Y aun en medio de todo, Neruda se dio tiempo para lo sencillo. En sus Odas elementales tomó una cebolla, una mesa, una barca de río, y los levantó hasta la altura de los símbolos universales, como recordándonos que la poesía no vive solo en las alturas, sino también en lo que uno mira todos los días.

En 1971 le entregaron el Premio Nobel de Literatura. Su discurso, que giraba en torno a la memoria, la esperanza y la responsabilidad de quien escribe, fue una síntesis limpia de todo lo que había creído siempre: que la poesía es puente entre los seres humanos, acto de verdad, una celebración.

Murió en 1973, en un Chile que ardía por la violencia política. Se fue como se van los grandes: dejando un silencio que duele, pero también un legado que sigue vivo. Sus versos son, todavía hoy, refugio y consuelo, revelación para quien los encuentra por primera vez y reencuentro para quien vuelve a ellos. Leer a Neruda es entrar a un lugar donde la emoción se convierte en paisaje, donde la historia se vuelve canto y donde la palabra luminosa, humana, terca como el agua sigue resonando con una fuerza que ningún tiempo ha podido agotar.

 

Dr. Marco Benavides, 3 junio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

miércoles, 3 de junio de 2026

No por favor

 

No por favor

 

Por Anabel Caro

 

No me hables bajito. No me trates con ternura. No huelas mi cabello. No me pidas que tome tus manos entre las mías. No recorras con tus yemas mi piel.

¿No percibes que mi epidermis tiene sed? Mis pupilas están dilatadas. Mi corazón, taquicardio. Que mi ser tiembla como la hoja de un árbol que en invierno está por caer. No poses tus labios en los míos, pues en tus brazos puedo caer.

Soy agua que corre sin llegar al mar. Soy alma que se resiste a parar. Te lo suplico. No. No lo hagas. No por favor.

 


Anabel Caro Rascón. Exposiciones colectivas consecutivas del año 2001 al 2013 con fotografía. Participación en obras de teatro del género cómico escritas y dirigidas por una ella. Elenco: maestros, alumnos y trabajadores administrativos, de 2002 a 2012. Sede: Facultad de Odontología de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Formó parte del grupo de fotógrafos de la Facultad de Artes. Ha publicado su obra en Diario de Chihuahua.

lunes, 1 de junio de 2026

En el fondo de las horas


 En el fondo de las horas

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

Y salí a buscarlo por la noche,

anduve estrellas y palabras

hasta que el tiempo

detuvo el curso de mi travesía

en el fondo de las horas.

 

En desencajados templos

estuve a solas

con la esperanza de quien busca luz

en parapetos de neblina.

 

Entonces,

en lo más obscuro del invierno,

lo encontré.

Dibujaba el alba

en la escarcha del silencio.

 

Vi el escándalo de su pelo alborotado,

el fuego retador de su mal labrado mundo.

 

Vi sus venas habitadas, su nombre de penado.

 

Y entonces calladamente, de puntitas,

salí de los recuerdos

a la luz en el baldío.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.