martes, 24 de febrero de 2026

Boceto de 5º grado

 

Boceto de 5º grado  

 

Por Erbey Mendoza

 

Teníamos una tarea grupal y la casa de Edgar era la mejor de todos los del equipo. Edgar de la O Vaquera, a sus diez años, era ya todo un varón hasta en los apellidos. Durante la temporada de calor, iba a la escuela en camisetas blancas interiores ajustadas. Su cabello era un eterno natural oscuro: jamás trajo las patillas largas o desliñadas como todos nosotros. Mantenía su espalda recta en todo momento: de pie, sentado, o al caminar.

Bájale, güey, vas bien recio ―le dije a Jesús Albino desde los diablitos de la bicicleta―. Nos vamos a caer.

Ya habíamos recorrido varias cuadras de aquella remota terracería de pocos autos. Un par de cuadras después, nos fuimos de bruces.

El aterrizaje me abrió una herida en la palma de la mano, cerca de la muñeca. Cuando le mostré lo aparatoso de mi recién adquirida lesión, Albino se pronunció ileso, apenas un poco sofocado. Llegamos a la casa de Edgar con tierra mal sacudida en nuestros pantalones, y con un pedazo de piel, de aproximadamente un centímetro cuadrado, todavía unido a mi mano. Tan pronto Edgar abrió la puerta, le presumimos.

Ira, güey.

Acto seguido, Edgar llamó a su mamá.

Nada grave. La mamá de Edgar me llevó al cuarto de baño; allí cortó el pedazo de piel con unas tijeras, me lavó con una sustancia antiséptica, y me puso una gasa con adhesivos. Tímido hasta la fecha, yo sentía más vergüenza que dolor ante su amable gesto.

El baño de la casa de Edgar me pareció enorme, impecable. El de mi casa era pequeño y con suelo de cemento, y había una cortina azul que fungía de puerta. Por el enorme espejo frente al lavabo, falsamente escondidos tras la señora, Edgar y Albino presenciaron todo el procedimiento curativo. Sus risillas eran notablemente fingidas.

Un lunes, Edgar nos convocó a todos en el recreo para compartirnos un “juego” que había aprendido durante el fin de semana. El juego consistía en encender un cerillo (llevaba una cajita de La central nueva) e, inmediatamente después de apagarlo, había que aplicar la brasa a nuestros nudillos. El objetivo era, en resumen, demostrar valentía y fortaleza. Edgar respondió lo mismo a cada uno de los que nos rehusamos a participar:

¿Qué? ¿No es hombre o qué?

*

En el verano del 89 sucedieron dos cambios relevantes en mi vida. Por un lado, la televisión abierta me permitió conocer a Michael Jordan y los Toros de Chicago. Por el otro, la crisis económica obligó a mi familia a mudarnos de casa, de barrio, y de estatus económico. Con ello, también cambié de primaria. Entré a la escuela de Edgar y Albino por la puerta grande: en menos de dos semanas adquirí fama universal (es decir, entre el alumnado y el personal de la Escuela Primaria Revolución). En mi primer lunes de honores a la bandera, el inclemente sol del verano chihuahuense me derribó, sin más, frente a la comunidad escolar. Así, pasé instantáneamente de ser El Nuevo a ser El Desmayado.

Entre los juegos populares de los niños de quinto y sexto de aquel entonces estaban las patadas, las guerritas (a pedradas o con toritos), la trai con cuarta (para caballo, es decir, fusta de cuero), y el chinche al agua, por mencionar los más memorables. Se entenderá, así, que el juego de los cerillos que Edgar introdujo era congruente con las tradiciones lúdicas de la escuela.

También se jugaba al futbol. Pero yo acababa de descubrir la magia aérea de Michael Jordan. ¿Cómo esperaban que participara en sus caóticas polvaredas si había una cancha con sus tableros y canastas en buen estado? También a Albino le gustaba el básquet, y a Benjamín Apolonio. Apenas ahora caigo en cuenta del maravilloso perfil onomástico que predominaba en esa institución educativa.

Aunque las canchas de básquet eran territorio de las niñas, los tres preferíamos el deporte ráfaga.

¡Se les van a romper las medias!

El profe Lencho, nuestro profesor durante 5º y 6º, no desperdiciaba oportunidad para hacer gala de su conciencia formativa de párvulos y de sus credenciales como educador. Es bien sabido que, en la educación escolarizada, el aspecto formativo mediante la socialización influye tanto como el académico. Aquella escuela se encargaba de dejar en sus pupilos una impronta duradera. El profe de tercero (no recuerdo su nombre) era famoso por sus estrategias conductistas mediante el uso del metro.

*

Ahora que lo pienso, no recuerdo qué fue de aquella bicicleta Magistroni. Era color guinda, aunque luego intenté pintarla. Hasta donde sé, ya no quedan calles sin pavimentar en aquel barrio. Tampoco me queda evidencia de la caída. No he vuelto a ver a nadie de aquella escuela. Si sí, no pude reconocerlo. Una sincera disculpa.  

Recuerdo la cicatriz en alguna de mis manos. ¿Habrá sido en la derecha?  

 


Erbey Mendoza es doctor en filosofía por la Universidad Autónoma de Nuevo León. Es profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH. Entre sus publicaciones están La expedición punitiva: reporte del General Mayor John J. Pershing (traducción, UACH, 2014), dos poemarios: Entorno de los días, con Víctor Córdoba (ICHICULT, 2016), y El destino en un sombrero, con Norma Luz González (UACH, 2019), además de algunos artículos de investigación en revistas nacionales e internacionales. Actualmente es miembro del Cuerpo Académico Estudios Humanísticos de la Cultura, del Sistema Nacional de Investigadores, y de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios.

Genes

 

Foto: Pedro Chacón

Genes

 

Por Fructuoso Irigoyen Rascón

 

La tarde no parecía ser de primavera, hacía demasiado calor y solo estábamos en marzo. Los muchachos formaban corrillos, por no llamarlos pandillas, y los del barrio parecían más activos que de costumbre ese día. Un viejo profesor les observaba desde su mecedora en el pórtico. Parecía fascinado con lo que veía. Anotó en su libreta: “hay un miembro nuevo y preparan su iniciación”.

Su sobrina le pregunta entonces:
—¿Por qué te emocionas tanto?
—Pues soy antropólogo, psicólogo y genetista. Y lo que ves es algo que se ha transmitido en los genes de esos muchachos. Viene de hace millones de años atrás.
—Yo pensaba que lo que hacen lo aprendieron de otros muchachos en la calle.
—Bueno, puede ser. Pero explícame, ¿cómo es que niños que jugaban solitos con sus carritos de pronto sienten la necesidad de agruparse con otros niños que eran igual de solitarios y formar esas pandillas. Es un impulso irresistible que viene de los genes. Y cuando admiten a un nuevo miembro, le someten a un ritual, una tortura, que tiene que sobrevivir si ha de pertenecer al grupo.
—O sea…
—Está en los genes, la instrucción oculta en los cromosomas, ahí el código determina no solo lo que debe pasar, sino también cómo y cuándo comenzará a hacerlo.
—Entonces tú crees que los roles del líder de la banda y de los subordinados está también determinado genéticamente.
—Claro que sí.
—¿Y hasta dónde llega eso?
—¿Qué quieres decir?
—¿Son los genes y solo los genes los que determinan que alguien sea Hitler o Stalin?
—Yo así lo creo. Y he escrito varios artículos al respecto.
—Pero eso los haría inocentes de los crímenes que cometieron.
—Inocencia y culpabilidad no son cosas que se heredan, sino juicios, evaluaciones que unos hacen de las acciones de otros. Si bien la capacidad de juzgar, de evaluar, posiblemente esté determinada genéticamente, el producto de esta no lo está.
—Me he perdido, dame un ejemplo.
—Mira a esos chicos. Parece que van a echar al pobre iniciado a la fuente, o lo van a emplumar. Si se muere o resulta con un daño permanente, estableceremos que la pandilla o su ritual de iniciación son cosas malas; si no le pasa nada permaneceremos indiferentes o quizá su acción hasta nos podrá parecer simpática, es decir, buena.

Mientras la sobrina y el tío hablaban, los muchachos de la pandilla propinaban empellones al que estaban iniciando, al cual le habían colocado un saco en la cabeza de manera que no podía ver quien lo golpeaba o lo empujaba. Se le oía quejarse hasta donde estaban la sobrina y el tío.
—¿Y hay forma de predecir cuál será el resultado de uno de esos rituales? ¿Por ejemplo el que estamos viendo?
—Pues en cierta forma es lo que intento averiguar observando a esos chicos.

La sobrina se quedó entonces pensando, como tratando de entender lo que su científico tío estaba diciendo. Notando su expresión de desconcierto, el maestro preguntó:
—¿Qué pasa mi niña? Has enmudecido
—Pues seré franca, brutalmente franca: no entiendo cómo alguien con tantos títulos y estudios acaba espiando a unos vagos horse playing en un callejón. ¿Para qué sirve eso?
—Creerás que para nada, pero habrás oído de algo llamado autismo.
—¿Qué tiene que ver?
—Según mi teoría, mucho. El comando genético que se activa en un momento dado e impulsa al niño a dejar el juego solitario y buscar integrarse en un grupo como el de esos chicos
señalando a los muchachitos que se complacían en humillar al recién llegado está ausente, o su organismo no responde a él cuando este se activa. Así el niño autista permanece aislado en su mundo.
—¿Y la iniciación, la novatada?
—Es lo que ahora mismo estoy investigando: puede depender del mismo gen iniciador, o de otro gen, llamémoslo regulador, que se activa después. De cualquier forma, esta acción o el gen regulador pueden tener importancia también en la aparición de conductas autistas.
—Y ya que estudias a esos muchachos tal como los que estudian los gorilas en la jungla, ¿cómo sabías que iba a haber una pandilla llevando a cabo una iniciación aquí y ahora mismo?
—No lo sabía.
—Pues es una cosa fabulosa poder tener tus sujetos de estudio justo en el callejón de la casa, y no en Rwanda como los gorilas de Dian Fossey.
—Me impresiona que sepas de ella. ¿Y sabrás que la mataron?
—Sí ¡Qué horror!
—Aunque ella no se enfocó exactamente en lo que yo estudio ahora, sus observaciones y hallazgos son muy importantes para estudios como el mío.

Nuevo silencio.
—Y ahora ¿qué piensas?
—Ya has visto, habrás notado, que tan franca soy, o puedo llegar a ser.
—Sí, y me gusta, dime lo que sea.
—Pues aunque nada has dicho que en concreto lo sugiera, pienso que muchos de los que proponen encontrar explicaciones a la conducta humana, realmente buscan lo que llaman mejorar la especie, la eugenesia, el soldado perfecto.
—No temas mi niña. Si yo descubriera algo que pudiera conducir a esos fines ¡me lo llevaría a la tumba. ¡Mira! Ya termina, ¡ya el nuevo es uno de ellos! Permíteme hacer una nota para registrar el tiempo en que terminó la iniciación.
—Ya se van los muy idiotas. Como si no hubiera pasado nada. ¿Que escribes ahora?
—Pues lo que estás diciendo. Al terminar la iniciación se van todos juntos como si no hubiera pasado nada. O hay otro gen llamémoslo terminador, o el mismo regulador determina que el ritual ha terminado. Lo importante es que el ritual ha servido para restaurar la normalidad.
—Me asusta que cosas como estas puedan estar determinadas genéticamente.
—¿Por qué? ¿No ves que nuestras vidas se desarrollan sobre una línea trazada por la genética?
—¿Qué quieres decir? Explícate.
—¡Muy sencillo!
—¿Has sabido de alguien que haya vivido 200 años? Claro que no, ¿por qué crees que es así? Bueno, es muy obvio que hay genes que determinan la duración de nuestros órganos vitales. Desde el momento en que somos concebidos está establecido qué tanto tiempo podrá latir nuestro corazón o funcionar nuestros riñones o nuestros cerebros. Hay pues una línea trazada desde nuestra concepción hasta ese momento final. Sobre esta línea ocurrirán los eventos de nuestra vida. Muchas veces la muerte nos llegará antes de que estos órganos pudieran haber llegado a su fin determinado genéticamente. Pero si eso no pasa, viviremos solo lo que está determinado por estos genes. Ahora lo que yo intento descubrir son los mecanismos genéticos que determinan eventos importantes en nuestras vidas, particularmente como los que te estaba explicando antes.
—Yo creía que los genes se estudiaban en el laboratorio, no en los callejones.
—Tienes razón, los genes los vemos, los separamos, los inmovilizamos, los activamos en el laboratorio, pero no podemos ver ahí sino en una forma muy limitada el resultado de estas acciones. Muchas veces deducimos para qué sirve un determinado gen, porque cuando este falta o no funciona, algo no funcionará tampoco en el organismo de donde lo tomamos. Lo que yo deduzco de los chicos del callejón es mucho más complejo.
—¿Cómo qué?
—Supón que hace millones de años el que se acerca a la banda no es un niño hasta ahora solitario y retraído, sino un feroz antropoide que representa un peligro para cada uno de los miembros de la banda. Entonces el someterlo y humillarlo para hacerlo un igual a los otros y retirarse con ellos como si nada hubiera pasado tendría un gran valor adaptativo, aunque pudiera ser que la banda solo quisiera hacerlo uno de ellos para reforzarse y fortalecerse. O bien que el antropoide hasta ese momento solitario llevado por el gen o los genes inductores ha dejado su posición autista para adquirir la socializada. ¿Qué te parece?
—Interesante, pero difícil de demostrar. Yo creía que los investigadores buscaban el gen o los genes que causan el autismo, no los que lo previenen.
—En efecto, se lleva a cabo mucha investigación enfocada a eso. La mía probablemente solo explora un ángulo diferente. Claro, como tú lo has dicho, hará falta demostrar que la presencia o ausencia de determinados genes ya bien conocidos químicamente determina la aparición del cambio primero socializante y después los que tienen que ver con la aceptación en el grupo.
—Creo que, por lo pronto, lo único que podemos hacer es alegrarnos de que estos pequeños vándalos no hayan lastimado demasiado al muchacho que estaban iniciando en su pandilla.
— Así es, querida sobrina, ¿qué le vamos a hacer?
—Solo esperemos que esta pandillita que acaba de retirarse no sea una de esas que se dedica a la delincuencia y que todo lo que vimos pueda considerarse solo un juego, aún si es determinado
como tú quieres genéticamente.
—Y por supuesto que no sea —como tú te lo has temido— que el líder de esa pandillita, como tú la llamaste, un Hitler o un Stalin potencial.
—¡Ay, tío! Esta conversación me ha llevado a otro punto genéticamente determinado: tengo mucha hambre, pasemos a la cocina y preparémonos unos nutritivos sandwiches.
—En eso sí estamos 100% de acuerdo.

 


Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

viernes, 20 de febrero de 2026

¿Perdón y olvido, verbos afines?

Foto Pedro Chacón
 

¿Perdón y olvido, verbos afines?

 

Por Enrique Alfonso Reyes Siáñez

 

En nuestro navegar por la vida nos podemos encontrar con circunstancias que son adversas, y que nos ocasionan enojo o resentimiento contra alguien que nos hizo algún daño. Por tanto, es evidente que existe un contexto entre dos personas, el que ofende y el ofendido, conjugando una serie factores como los sentimientos que forjan pensamientos que emanan de una herida, enojos, frustraciones, entre otros aspectos que influyen.

Sin embargo, al hablar de un contexto donde se propicia un enfrentamiento de ideas, criterios, es decir, a través de ese conflicto podemos distinguir un discurso de pensamiento que proceden tal vez de un desacuerdo, por lo tanto, se afectan sentimientos de ambas personas, lo cual nos conduce a una serie características propias del asunto, y en el mejor de los casos se va creando un resentimiento.

Ante tales circunstancias es recurrente pensar en un posible escape emocional, lo que significa no enfrentarse a emociones que ocasionan una o varias heridas. Ante este panorama que nos impulsa a tomar decisiones: reconocer el hecho y salir adelante o ignorar el problema y cargar con el conflicto.

Lo que pretendemos ahora es hacer una especie de análisis cuyo objeto es darnos cuenta de la esencia del contexto, por lo tanto, es evidente tomar la decisión, y así encontrar una salida coherente al problema, es decir, en nuestra voluntad radica esa virtud de elección, eso significa, el pensamiento subjetivo.

También no hay que descartar la idiosincrasia que viene a ser un factor influyente en este asunto, es decir, las características propias de una colectividad o región. Optar por una de ellas se asocia con dicha voluntad consciente al tomar la decisión.

A partir de esta apreciación podemos señalar que hay dos verbos que al parecer sus términos son similares, pero con significados totalmente opuestos, por tanto, es importante enfatizar en el paralelismo de los significados, porque lo que nos interesa es dejar en claro algunos factores que podemos confundir al definir nuestra postura entre olvidar y perdonar.

Por principio de cuentas vamos a consultar dichos verbos para encontrar certidumbre en sus significados y explorar bien la acción que está implícita en cada uno, pues el Diccionario de la Real Academia Española que nos proporciona dicha fidelidad en ambas consultas. A continuación vamos a buscar los verbos olvidar y perdonar, para después discutir y reflexionar acerca de los significados.

·        Perdón. Remisión o indulto de una pena merecida, de la ofensa recibida u obligación pendiente.

·        Olvido. Descuido de algo que se debía tener presente.

Ahora bien, dichos verbos son afines; sin embargo sus significados son paralelos, es decir, ambas palabras nos aportan ideas distinta entre sí, por tanto, es probable que tengan semejanza en cuanto a la forma de percepción, pero definitivamente la acción es distinta.

Podemos considerar que el verbo perdonar se refiere a un hecho de indultar, es decir, tener la “voluntad” de enfrentar una situación que nos ofende provocando emociones y pensamientos que conjugados son frustraciones que buscan un desfogue. En este sentido, perdonar en un acto de sinceridad, honestidad entre otros valores de la persona.

Lo que podemos pensar en que la acción es un proceso que libera y permite edificar dentro del contexto, es decir, estamos afirmando que, de acuerdo con Mariano Crespo (2004), el perdón es un acto que requiere de otros elementos, ya que por sí solo no es posible su efecto. Esto nos deja entre ver que existe un contexto que es interpretado por el que ofende y ofendido.

Reflexionar dentro de la perspectiva del acto mismo, se puede tomar como un proceso de liberación, recordemos que tenemos el gran ejemplo de Jesús de Nazaret, quién predicó entre los hombres acerca del “perdón de pecados”, por tanto, es un proceso que libera el conflicto que existe entre el que ofende y el ofendido. (Juan 8:3)

En la historia de la India hubo un personaje que promulgo su pensamiento de la “no violencia”, Mahatma Gandhi (1869-1948) Profesaba que el perdón no significaba olvidar o justificar las acciones de los demás, sino liberarse a uno mismo del peso de la ira y el resentimiento. Además, él enfatiza que el perdón es una forma de elevarse por encima de las confrontaciones y encontrar una solución pacífica. Astorga (2024)

“Perdonar es elegir amar”, Mahatma Gandhi.

Lo que encierra está frase de Gandhi es simple; al perdonar estoy reconociendo mi resentimiento contra el otro, es decir, al otorgar el perdón me estoy liberando de todo aquello que le hace daño a mi corazón, y lo puedo desearlo para el otro por humanidad; y en este caso el contexto se redifica consensuada menté.

Entendemos que el verbo perdón se refiere a un proceso de “liberar y dejar las circunstancias”, por tanto, es importante enfatizar que dicha acción está comprometida con el tiempo. Según Mariano Crespo, nos menciona tres fases del perdón:

·        Perdón pleno es aquel perdona y olvida, es decir, no solo decide no odiar al perdonado, sino que recupera la relación de confianza o amor, como si la ofensa no hubiera tenido lugar.

·        Perdón parcial es aquel que no decide odiar por la ofensa recibida, pero no recomponen las relaciones preexistentes.

·        Perdón condicional es aquel que subordina algunos o todos los efectos del perdón, imponiendo sus reglas o al cumplimiento de otra condición,

A continuación, vamos a discutir y reflexionar acerca del verbo olvidar, y así tener en claro dicha postura, es decir, bastante se ha dicho que el olvido de alguna manera reemplaza al perdón, esto significa que se logran confundirse inconsciente menté.

Lo que nos señala diccionario de la Real Academia Española: la define como descuido de algo que se debía tener presente, esto significa que hay una intención que carece de semejanza, porque la persona está consciente de la circunstancia que está presenciando, y en este caso hay que tomar decisiones que van a definir dicha postura para enfrentar el conflicto.

Es pertinente mencionar que dicho verbo que le antecede un pensamiento, por tanto, hay que enfatizar en la acción que implícitamente es el hecho de no enfrentarse con el contexto que encierra emociones, pensamientos que nos introducen a un resentimiento o rencor y suele abrir heridas.

El olvido no permite ninguna reedificación del contexto, sin embargo, tiende a “guardar o archivar” en la memoria, es decir, estudios de carácter científicos nos comprueba que los conflictos perjudican a la salud, y en este sentido de alguna manera estamos cargando con el peso del resentimiento o tal vez rencor por ese hecho.

“El olvido no es una simple ausencia de memoria, sino una forma activa de vivir”. Friedrich Nietzshe.

En la cultura occidental hubo un filósofo, poeta Friedrich Nietzshe (1844-1900) su pensamiento fueron temas como la verdad, la moral y autorrealización entre otros asuntos filosóficos. Lo que podemos deducir de la frase de F. Nietzshe, para él dicho verbo es recordar y de alguna manera será volver disfrutar, lo que significa, aferrarse al pasado.

Esta anotación de Nietzshe es valiosa porque plantea que el recuerdo es, en parte, nuestro temor al vacío, al vacío del futuro ”lo que está por ver”. Pages Santacana.(2012)

Por lo tanto es pertinente reconocer que dichos verbos son paralelos, debido a  que la acción es opuesta, sin embargo podemos considerar que la combinación de ambos logramos concebir el perdón pleno, es decir, soltar los pensamientos que se origino en el contexto entre el ofensor y ofendido.

Es prudente mencionar “el auto perdón “, es otra faceta donde se carece de un contexto como tal, por lo tanto, es una introspección de tipo consciente; pues es un acto de honestidad  y sinceridad con uno mismo. Reconociendo los errores del pasado que suele traer culpa.

Al hablar de un proceso de liberación de culpas y resentimientos para ejercer nuestra voluntad a través de las decisiones, por tanto, Expertos en el tema mencionan y recomienda esta práctica para mantener la salud mental y mejorar tus relaciones personales, así como también la autoconfianza.

De acuerdo con la siguiente página web: https://www.escritosdepsicologia.es/autoperdon/?expand_article=1&expand_article=1

Encuentras todos los pasos para realizar el auto perdón con uno mismo, y obtener dicha salud mental y por consecuencia bienestar emocional. Para una condición más saludable en cuanto a una estabilidad emocional; a través de esta práctica consciente podemos establecer metas que nos conduzcan a tener una vida plena.

A lo largo del presente artículo hemos planteado que las acciones de los verbos perdón y olvido son totalmente opuesta, por tanto, es importante recordar que no hay semejanza de ningún tipo, sin embargo encontramos que se complementan logrando el perdón pleno.

También según Mariano Crespo, nos señala tres facetas del perdón que se distinguen entre sí por sus características, ya que son empleadas en diversas ocasiones según el parecer de la persona conjugados con los valores y principios, es decir, se requiere un contexto donde hay el ofensor y el ofendido.

También reflexionamos en la importancia del perdón y olvido que de acuerdo con algunos expertos en el tema se comprobó que el verbo perdón tiene su acción implícita en “liberar”, mientras que el olvido es de “negarse al contexto o a las circunstancias”, y por lo tanto, carece de toda oportunidad de reedificar el contexto.

Finalmente se revisó el tema del auto perdón, encontrando que es una práctica que conlleva a la salud mental entre diversos beneficios para la persona quien lo lleva a cabo, por tanto, mejora las relaciones interpersonales, se libera de culpas o resentimientos para ejercer buenas decisiones entre otros aspectos de la persona.

Por último uno de objetivos primordiales de este artículo es tener la noción de dichos verbos que no son reemplazables, es decir, de alguna manera habrá la posibilidad de una afinidad, lo cuál el presente documento lo refuta argumentando que el perdón y el olvido son totalmente opuestos.

 

Bibliografía Consultada.

Crespo Mariano (2004) El perdón. Una investigación  filosófica. Ediciones Encuentro S.A.

 Pagés Santacana Anna (2012) Sobre el olvido. Herder Ediciones.

Nieto con Astorga. Frases de Gandhi sobre el perdón. (12 de julio de 2024) Frases de Gandhi sobre el perdón: Descubre sus enseñanzas y reflexiones inspiradoras - Astorga Política

 

M.E.S. Enrique Alfonso Reyes Siáñez

 

 

Enrique Alfonso Reyes Siáñez es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde también tiene maestría en educación superior. Algunas de sus publicaciones son: Sendero de amor (Colección de poemas1998) Rocío de sentimiento (Colección de poemas 1999) Estudio de los valores éticos, un acercamiento al universo de los valores (2000).

viernes, 6 de febrero de 2026

Adiós, amiga


 

La columna de Bety

Adiós, amiga

 

Por Beatriz Aldana

 

Hace unos pocos días me tocó la mala fortuna de enterarme de una noticia que me causó mucha consternación y tristeza. Internamente me solidaricé con todos los allegados a la personita que se adelantó a este camino que recorremos todos y que algún día nos marca la meta de llegada. Una querida amiga que me leía cada semana en este espacio. Empleo la palabra internamente, porque alguna cuestión por ahí era impedimento para hacerlo de manera visible.

En estas situaciones lo que es un deber solidario es patentizar el apoyo y el pesar por tan irreparable pérdida. Pero aquí me permito externarlo de manera un tanto complicado, y hasta cierto punto difícil de tomar la decisión de hacer presencia o ausencia en un momento tan sensible y delicado, para mostrar acompañamiento a quien está siendo una persona importantísima, y sobre todo de extrema compañía espiritual, física y emocional.

Pues bien, la decisión fue tomada por mí, aún a pesar de consejos de amistades que me sugerían que lo mejor sería permanecer al margen, por tratarse de una situación familiar y por los vínculos aún existentes en torno a esta personita especial a quien me refiero. Pero yo siempre pienso y digo: alguien en algún lugar me cuida, porque al estar en la ceremonia de despedida religiosa surgió la bendición de un ángel en figura de mujer que me solicitó participar de cierta manera en ese espiritual y sensible momento.

Tal vez solidaria la dama lo hizo al verme sentada sola en una hilera, o tal vez percatándose de la tristeza que me embargaba al saberme por ética y por educación posicionada en un lugar ambiguo y hasta cierto punto incómodo y con cierta timidez por necesariamente ocuparlo.

En fin, así es la vida, y las más de las veces ella misma se encarga de ponernos a cada quién en el lugar que en ciertas circunstancias nos corresponde.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

domingo, 25 de enero de 2026

A quien corresponda

 


A quien corresponda

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Deliciosa sensación tomar el metro (conocido como tren ligero en la ciudad donde vivo) cuando todos los asientos están libres. Eso me pasó ayer por la tarde, luego de un largo camino en carretera, ya que tomé en la última (o primera, según se vea) estación de este no tan ligero transporte. Y cuál no sería mi suerte que al sentarme en un asiento rojo veo a un lado de mí un folder amarillo: Como no se veía en los alrededores dueño alguno, no tuve reparo en tomarlo entre las manos y abrirlo. Como tales hallazgos, creo, son dignos de compartirse, les dejo aquí lo que en una hoja tamaño carta (único contenido de ese folder) leí:

Querida Niña que naciste en esta familia, heredaste el gusto de reír con otros, la posibilidad de hablar y estar de acuerdo o de discutir sin romper lazos, no tienes que cargar con las culpas de nadie, llegará un momento en que quieras ser juez, recuerda que no es necesario, eso es algo que puedes transformar, ver con amor los errores de los otros, saber que es posible perdonar a quienes no pudieron hacer otra cosa más que esa que hicieron y rompió algo en ti, te hizo reconocer al mundo como algo peligroso. Quédate tranquila, llegará un tiempo en el que tendrás la certeza de que siempre encontrarás un abrazo y que también tú puedes abrazarte porque hubo amor para ti y todavía puedes entrar en los brazos de tu madre, tus hermanas y tu futura hija, ahí hay amor para ti.

Querida Niña que no le temes a la noche, ni a los fantasmas, ese valor te acompañará siempre, puedes estar sola sin que te moleste el silencio, sabes que ahí hay una música que puedes dibujar con tus palabras. Eres amada. Dentro de ti existe ese calor que hace hogar en cualquier parte, sabes mirar dentro de ti y desde ahí invitar a jugar a quien quieras, tu corazón es un jardín soleado, todo el tiempo que tú quieras podrá serlo.

Niña inmensa porque los límites son dibujos y tú tienes los lápices de colores para vestir estrellas y galaxias, así eres, así serás, de ese tamaño porque a través de tu cuerpo corre una sangre tibia, roja, que ama la vida. La rebeldía será un día tu fuerte, desde ahí darás la guerra y desde ahí también sembrarás la que tú eres porque eres fruto de ti misma, y aunque afuera esté nublado, hay un mar a mediodía en tu mirada, en la conciencia que eres de ti. Sí, no he de negar que el mundo es un lugar peligroso, pero tu valor puede enfrentarlo y salir de cualquier conflicto con el rostro mojado en lágrimas tal vez, pero sonriendo porque sabes de qué va el juego, sabrás jugarlo, confía en eso. Vas a estar bien.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005) y Raptos (2009). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente reside en Guadalajara.

Entre flores y provocaciones: hippies y yippies en la contracultura


 Diseño gráfico: Marco Benavides

Entre flores y provocaciones: hippies y yippies en la contracultura

 

Por Marco Benavides

 

En la turbulenta década de los sesenta, Estados Unidos fue escenario de una rebelión cultural sin precedentes. En medio de la Guerra Fría, la lucha por los derechos civiles y la guerra de Vietnam, surgieron movimientos juveniles que cuestionaron de raíz los valores dominantes heredados de los años cincuenta, por el rígido control del comportamiento de los jóvenes en los Estados Unidos, encabezado por su presidente Eisenhower, militar y héroe de guerra.

Entre ellos, los hippies y los yippies se convirtieron en símbolos de la “contracultura”, proponer otras formas de vivir, pensar y relacionarse cuando la cultura oficial se percibe como rígida, injusta o vacía‒, aunque con enfoques profundamente distintos sobre cómo desafiar al sistema.

El movimiento hippie nació a comienzos de los años sesenta, especialmente en San Francisco, en el emblemático barrio de Haight-Ashbury. Más que un proyecto político organizado, fue una forma de vida. Los hippies rechazaron el consumismo, la rigidez moral y la violencia institucional, proponiendo en su lugar el pacifismo, la vida comunitaria y una búsqueda espiritual inspirada en filosofías orientales como el hinduismo y el taoísmo. El amor y las flores, así como coloridas estampas citadinas, eran comunes en aquellos días. Su oposición a la guerra de Vietnam fue clara, pero no necesariamente articulada a través de estructuras políticas tradicionales.

La estética hippie se convirtió rápidamente en un lenguaje visual propio: cabello largo, ropa colorida y artesanal, símbolos psicodélicos y una relación íntima con la música. El rock psicodélico, con bandas como Jefferson Airplane o Grateful Dead, y eventos masivos como Woodstock en 1969, que funcionaron como rituales colectivos de una generación que aspiraba a transformar la conciencia antes que las instituciones. El llamado “Verano del Amor” de 1967 marcó el punto culminante de esta utopía juvenil.

Los yippies, en cambio, representaron otra cara de la misma rebeldía. El Youth International Party, fundado alrededor de 1967 por figuras como Abbie Hoffman y Jerry Rubin, surgió de la convicción de que la retirada espiritual no era suficiente. Para los yippies, el sistema debía ser confrontado directamente, pero no mediante la solemnidad ideológica, sino a través de la sátira, el teatro y la provocación mediática. Su activismo fue deliberadamente escandaloso, diseñado para exponer el absurdo del poder.

Uno de sus actos más recordados ocurrió en 1968, cuando nominaron a un cerdo, “Pigasus”, como candidato presidencial, ridiculizando la política institucional. Ese mismo año, durante las protestas contra la Convención Nacional Demócrata en Chicago, los yippies adquirieron notoriedad internacional. Esta fama quedó indeleblemente marcada por las confrontaciones con la policía durante la convención demócrata de 1968, habiendo declarado el presidente Johnson que no competiría por la reelección en 1969. A diferencia de los hippies, no evitaban la política: la convertían en espectáculo para desarmarla desde dentro.

Aunque compartían estética y generación, las diferencias entre ambos movimientos fueron claras. Mientras los hippies buscaban vivir al margen del sistema, los yippies aspiraban a desestabilizarlo públicamente. Los primeros confiaban en la transformación individual y comunitaria; los segundos en la confrontación simbólica y mediática. Ambos, sin embargo, reflejaron el profundo desencanto de una juventud que ya no creía en las promesas del progreso posterior a la Segunda Guerra Mundial, una vida dedicada al consumismo.

El movimiento hippie comenzó a diluirse a inicios de los años setenta, afectado por su comercialización, el desgaste interno y el fin progresivo de la guerra de Vietnam. Los yippies también perdieron visibilidad después de la elección de Richard Nixon, Watergate y la caída de Saigón, evento que dio por terminada la guerra de Vietnam, en abril de 1975.

Hoy, aunque los movimientos hippie y el yippie ya no existen como organizaciones vivas, su espíritu sigue presente en formas distintas: el ideal hippie reaparece en comunidades alternativas, movimientos ecologistas, estilos de vida minimalistas, espiritualidades no institucionales y culturas que promueven la paz, la diversidad y el bienestar colectivo; mientras que la energía yippie más política y teatral se refleja en activismos contemporáneos que usan el arte, la sátira y las intervenciones públicas para denunciar injusticias y cuestionar al poder.

En conjunto, su legado vive en una mezcla de globalización, creatividad y crítica social que sigue influyendo en cómo imaginamos otras maneras de vivir satisfechos laboral, económica, intelectual y espiritualmente.

 

Dr. Marco Benavides. Enero 19, 2026.



Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

domingo, 18 de enero de 2026

Hay fotos en mi memoria filosófica

 


La columna de Bety

Hay fotos en mi memoria filosófica

 

Por Beatriz Aldana

 

Tengo muchísimas fotografías compartidas en la red digital llamada Facebook, así que, en estos primeros días del año que comienza, esa red ha tenido a bien hacérmelas llegar como recuerdos.

En ellas se capta perfectamente cada estado de ánimo, incluso el brillo de la mirada, a veces cierta delgadez en el rostro; en otras son notorios los surcos propios de mi edad. Bien. El recuento de todo ello viene a este tema. Admito sin timidez que estoy absolutamente enamorada de una personita muy especial. Y digo ese calificativo porque es una figura pública, sin mencionar su labor específica, o sea, para salvaguardar su identidad y, por supuesto, por correcta ética.

Pero me sucede algo con ese sentimiento, que hasta el sol de hoy jamás lo tuve en mis otras relaciones, tal vez porque esas personas no estaban en el  foco público, y siempre las tuve con un sentido de pertenencia, sin el menor temor de sentirlos compartidos con absolutamente nadie. En cambio ahora, que supuestamente debo tener mucha más madurez y seguridad en mí misma, mi yo interno me dice en voz quedita esto: Tienes mucha competencia, Beatriz. Y a pesar de que sé que tienes algo distinto y especial en comparación a otras mujeres, esa pequeña o mucha dosis de inseguridad, o como te dijese alguna vez una damita de tus confidencias:

 

No, Bety, no es inseguridad, porque tienes una belleza interna que salta a la vista, lo que sucede es que por alguna razón sientes que no mereces ser amada, o querida. Pero eso es un ciclo de tu vida que no has podido cerrar, porque no quieres, o porque te causa mucho dolor.

 

En fin, regreso a lo de mis fotografías y contemplo en ellas siempre un aura de tristeza, combinada con un profundo amor. Y otra pregunta me salta hoy: ¿Será más bien temor a la vida en sí? He ahí el dilema.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.