miércoles, 17 de junio de 2026

El cuervo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

El cuervo

 

Por Edgar Allan Poe

 

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
se oyó de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
Es dije musitando un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
me llenaba de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
Señor dije o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo tiempo, temeroso,
dudando, vislumbrando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: ¿Leonora?
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: ¡Leonora!
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi aura estrujándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
Ciertamente me dije, de seguro
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.
¡Sonó el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
Aun con tu cresta cercenada y mocha le dije
no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: Nunca más.

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
pronunció las palabras como virtiendo
su alma solo en ese nombre.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.
Y entonces dijo el pájaro:
Nunca más.

Sobrecogido al romper el silencio
tan idénticas palabras,
ya entiendo pensé, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela solo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron solo esa carga melancólica
de Nunca. Nunca más.

El Cuervo arrancó entonces
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: Nunca más.

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría ya nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
¡Miserable dije, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! exclamé, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! ‒repetí‒, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! le grité desesperado.
¡Vuelve a la tempestad!, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, impertubable
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

 


Edgar Allan Poe nació en Boston en 1809. Fue renovador de la novela gótica e inventor del relato de detectives. Sus obras profundizaron en rincones oscuros de la mente humana. Su carrera literaria se inició en 1827 con un libro de poemas, Tamerlane and other poems. En enero de 1845 publicó El cuervo. Algunas de sus obras son estas: Poems (1831), The Raven and Other Poems (1845), The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket (1838), Tales of the Grotesque and Arabesque (1840) en dos volúmenes, con relatos como La caída de la Casa Usher; Tales (1845), selección de cuentos, incluyendo El escarabajo de oro. The Prose Romances of Edgar A. Poe (1843). Murió en 1849 en la ciudad de Baltimore.

martes, 16 de junio de 2026

Como dice la canción esa

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Como dice la canción esa

 

Por Guadalupe Ángeles

 

—Pásale —me dijo con el rostro lívido.

—Gracias —contesté. Era la primera vez que hacía algo así.

—Te llamé porque me sentí identificada contigo —agregó amablemente.

—Pues sí, mexicanas ambas —respondí, algo apenada.

—Más que eso, creo que somos más o menos de la misma edad.

Fue así como empezó una relación entre nosotras que fue más allá de lo que se podía esperar entre personas que se encuentran debido a una situación pragmática, útil para ambas. Empecé a ir dos veces por semana, el trabajo no era distinto al que podría haber hecho en mi propia casa, solo que...

Días después de nuestro primer encuentro, ella empezó a quedarse cerca cuando yo ya casi terminaba, y me ofrecía un café, o un refresco (dependiendo del clima).

—No tendrás que irte de inmediato —preguntó con una mirada algo tímida.

—No, claro que no, voy a esperar a que baje un poco el sol, no pienso ir a rostizarme ahora mismo —afirmé con una sonrisa sincera. Pensé que se sentiría sola el país, sin tener con quien conversar.

—Perfecto, mira, conseguí unas galletas buenísimas y el agua de piña te quedó genial —respondió de inmediato y nos sentamos en la cocina como viejas amigas.

—Ernesto, mi esposo, ya sabes, me trajo aquí cuando éramos muy jóvenes y, te dará risa, pero me creí que sería su reina hasta que la muerte nos separara, como dice la canción esa que te dice con una gran sonrisa el sacerdote cuando te casas. Ahora me río de acordarme, pues apenas llegamos, los negocios, decía, le tomaban un montón de horas, yo me dediqué a la casa y vinieron los hijos, ya ves, uno no sabe en lo que se mete cuando los tiene, pero bueno, de alguna forma, imaginé que serían un buen pretexto para que le dieran ganas de venir a la casa.

Error.

Los niños ya crecieron y ni modo que le diga que hay que juntarnos para ver ahora cómo los nietos les hacen la vida a ellos, en fin, no digo que haya sido totalmente una equivocación, al contrario. Cuando mi hija la grande nació, lo supe, ella fue el mejor error que he tenido, con solo verla, sentí más que saber, que seríamos un equipo maravilloso.

Lo somos.

Pero Ernesto, ni siquiera en la banca está, no juega con nosotros, él prefiere el futbol. O quizá otros deportes más peligrosos, como tener sexo sin condón. Las vergüenzas que me ha hecho pasar con el ginecólogo, tantas, que preferí, al paso de los años ir con doctoras, ellas no me juzgan, y si lo hacen, no me importa demasiado. Supongo que tiene que ver con lo que nos enseñaron, o lo que me enseñó mi hija cuando nació: Si una mujer tiene que saber tus secretos, ella tendrá otros que equilibren la cosa. Y bueno.

El color del cielo, que miramos ambas a un tiempo, iba ya decidiéndose a ser plena noche, ya de seguro el calor no me rostizaría de camino a casa, al menos eso. La ligera sonrisa en que se distendieron sus facciones mi hizo sentir que de alguna forma a mí también me hizo sentir bien la conversación.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

lunes, 15 de junio de 2026

Jacqueline Bouvier: La inteligencia como elegancia

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Jacqueline Bouvier: La inteligencia como elegancia

 

Por Marco Benavides

 

Jacqueline Lee Bouvier nació el 28 de julio de 1929 en Southampton, Nueva York, en una familia donde el privilegio social no anulaba la disciplina intelectual, sino que convivía con ella. Hija de John Vernou Bouvier III y Janet Lee Bouvier, creció rodeada de una educación esmerada. La equitación le enseñó la elegancia del control; la historia y la literatura, en cambio, le ofrecieron un territorio más vasto: el de la conciencia y la imaginación. Estudió en Vassar College, pasó un año en París y culminó sus estudios con una licenciatura en literatura francesa por la Universidad George Washington.

Al concluir sus estudios, trabajó en el Washington Times-Herald como fotógrafa y reportera. La anécdota suele mencionarse con ligereza, pero allí se revelaba ya una inclinación decisiva: antes que limitarse a contemplar el escenario, Jacqueline prefería internarse en él. En vez de aceptar el destino de simple presencia distinguida, eligió el contacto directo con la realidad, la observación minuciosa, la pregunta breve y exacta. Aprendió a leer los silencios, a distinguir entre la apariencia y la intención, a escuchar lo que no se decía de manera explícita. Y esa capacidad sería una de las formas más discretas y persistentes de su poder.

En 1953 contrajo matrimonio con John F. Kennedy, y cuando él llegó a la presidencia en 1961, Jacqueline asumió el papel de primera dama sin resignarse a la fórmula vacía del ceremonial. Su proyecto más recordado fue la restauración histórica de la Casa Blanca, empresa que abordó con una mezcla poco común de rigor cultural y sensibilidad simbólica. Comprendió que un país se piensa a sí mismo en los objetos que conserva, en las memorias que decide exhibir y en los relatos que legitima. La célebre visita televisiva de 1962, seguida por millones de espectadores, no fue solo una muestra de buen gusto, sino una lección pública sobre historia, identidad y representación.

El asesinato del presidente Kennedy, en noviembre de 1963, la enfrentó a una forma de dolor que no solo era íntima, sino también pública, histórica y casi insoportablemente visible. En medio de la conmoción, Jacqueline tuvo la lucidez de quien comprende que incluso el duelo puede convertirse en escenario y decidió no ceder del todo ese momento a la maquinaria de la imagen. Su negativa a cambiarse el traje manchado antes del juramento de Lyndon B. Johnson fue un gesto seco, sobrio y devastador: una manera de obligar al país a contemplar la verdad desnuda del crimen. Su matrimonio con Aristóteles Onassis en 1968 desconcertó a una opinión pública que prefería verla fijada en la inmovilidad de un símbolo nacional.

Ya viuda por segunda vez, retomó en Nueva York una vida profesional que desmiente todas las simplificaciones de su leyenda. Trabajó como editora en Viking Press y luego en Doubleday, donde quienes la conocieron recordaron no a una celebridad decorativa, sino a una lectora rigurosa, una mujer de juicio fino y exigencia real. Leía con atención, corregía con precisión y conversaba con autores desde una autoridad que nacía del conocimiento, no del prestigio prestado.

Murió el 19 de mayo de 1994. Más allá del estilo, Jacqueline Bouvier dejó una lección más duradera: la demostración de que la inteligencia puede ejercer influencia sin levantar la voz, y de que la sensibilidad cultural constituye una forma de autoridad. Su legado no reside únicamente en las fotografías que fijaron una época ni en la memoria sentimental de una presidencia mítica, sino en algo más hondo y menos visible: la convicción de que la elegancia verdadera nace de una vida interior exigente. Tal vez por eso su figura persiste, no como reliquia de un tiempo perdido, sino como ejemplo de una forma de presencia donde la inteligencia, la reserva y la belleza encontraron un equilibrio casi irrepetible.

 

Dr. Marco Benavides, 15 junio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo


 

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

La resonancia magnética puede. Y si ella puede, yo también. Todo parece una cuestión de ego, y si con ello me enredo en las barbas del ello, habré de disculparme porque no lo inventé, ni lo digo con burla, al contrario, nada merece más mi respeto que esos conceptos que pretenden explicarnos. Somos un iceberg, se funden los recuerdos y apenas nos tenemos en pie si decidimos transportamos a nosotros mismos a ese lugar sin límites de nuestra mente.

Hay un límite que no es ninguno. “Porque no hay dolor más grande que la vida consciente…”, ¿cómo era? “Ser y no saber nada” y “ser sin rumbo fijo”.

¿Por qué adoramos el terror? Porque ningún miedo profundo nos arranca de nosotros mismos y eso es lo que vamos buscando como quien huye de la muerte… de alejarnos, por eso la música y por eso las películas. Ya sabes de lo que estoy hablando.

No hay manera de amistarse con fantasmas. A lo más que se puede llegar con ellos es a huir, como de nosotros mismos, ¿por eso amamos las películas de terror? Porque algo va entrando en la caja torácica, el miedo da frío, una sensación de que dentro algo cambia, y sabernos desconocidos de nosotros mismos, es grave, como soltar la mano de quien nos enseña a caminar.

Ése es el éxito de las películas de terror.

Asustarse también es ausentarse, pero muy dentro de uno mismo. Y a esos paisajes son a los que no podemos habituarnos. Por eso los edificios y los parques, por eso las reuniones y las conversaciones sin sentido. ¿Cuántos de los que conoces son capaces de hablar con profundidad de lo que realmente les afecta? Huimos del miedo a vernos ¿mal?, la incomodidad es la peor de las alternativas, por eso suavizamos nuestras palabras, por eso a veces preferimos el silencio.

            Mi recuerdo de aquella calle es distinto del tuyo. Yo anhelaba estar frente a ti. No era una simple historia de amor. Era la última. En alguna parte de mis paisajes interiores (llenos de ausencias que nunca dejan de gritar) me lo prometí. Porque amarte era amar a un fantasma. Aunque no fue la primera vez que creí ver a ese amado muerto en otro cuerpo. Ya sé, me han aconsejado dejar a los muertos como están. Extraño consejo, porque precisamente es con ellos con quienes no se puede hacer otra cosa que dejarlos en paz. Y yo nunca les tuve miedo, quizá me he peleado con ellos, pero temerles nunca.

        Así funciona esto. Pensarnos, amar lugares, personas, cosas, ¿va a alguna parte? Amo el sonido de los pájaros. Cerca de mi casa hay árboles cuya estatura también amarías si la vieras. En las tardes de tormenta, antes de que la lluvia inicie a mojar sus hojas, esos árboles se mecen como navíos en medio de la tempestad. Verlos es hermoso. También es muy bello que las aves vivan entre sus ramas.

        Por eso un ave es lanzada y luego vuela (¿o solo los seres humanos hemos sido lanzados a la existencia?) Ni a quién preguntar por qué no volamos. “Ya mis hermanos lo desearon demasiado, tantas monedas lanzadas a la fuente de los deseos en nombre de ese sueño lo confirman”.

        Como quien besa un crucifijo, escucho las aves esta tarde y se entibia esa habitación donde late mi corazón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

sábado, 13 de junio de 2026

Agua

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Agua

 

Por Guadalupe Ángeles

 

El dios, ese dios que habita en lo profundo de mi aorta, me dijo que sus pies son de agua; pero en su voz, acentos metálicos desmentían lo líquido de su absurda confesión. Sin embargo, lo escuché en silencio, sintiendo como en mi cuerpo, a la altura del plexo solar, se abrían las compuertas de una presa perfectamente diseñada para que por ella corrieran las olas de sus sueños. Yo medraba con su acento, es verdad, pero las corrientes internas de su sentir encontraron un cauce en mi oído.

Tuve temor, no he de negarlo, pero pudo más mi hambre de oírlo y decidí que todo dios sabe de los elementos elegir su favorito, y si él (dulce Tláloc herido) decidía que su cuerpo fuese nube o hielo, a mí solo me tocaba tocarlo y reconstruirme si su nube fuese lluvia, y sentir, al tacto de su hielo, que no todo amor está hecho de fuego.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

viernes, 12 de junio de 2026

Piscis


 

Piscis

 

Por Karly S. Aguirre

 

A Martín Chávez Bejarano

 

Signo: Piscis
Fecha: 19 de febrero – 20 de marzo
Elemento: Agua
Planeta regente: Neptuno (tradicionalmente Júpiter)
Piedra: Aguamarina
Día: Jueves
Etapa: La integración espiritual (de los 49 a los 56 años), un periodo de comprensión profunda, reconciliación con la propia historia, desarrollo de la compasión y búsqueda de significado más allá de lo material y lo inmediato.
Arcano: La Luna

 

Piscis es el duodécimo y último signo del zodiaco, así como el tercero del elemento agua. Si Cáncer siente y Escorpio transforma, Piscis trasciende. Representa la energía de la disolución de los límites, la empatía universal y la conexión con aquello que existe más allá de la razón. Regido por Neptuno, planeta de los sueños, la intuición, la espiritualidad y la imaginación, Piscis nos recuerda que la realidad no se compone únicamente de aquello que podemos ver o tocar.

Su temporada marca el final del invierno y el cierre del ciclo zodiacal. La naturaleza se prepara para renacer, pero antes atraviesa un momento de transición donde lo viejo se desvanece y lo nuevo aún no ha llegado. Piscis encarna ese espacio liminal entre dos mundos: el pasado y el futuro, lo consciente y lo inconsciente, la materia y el espíritu. Es el signo que recoge las experiencias acumuladas por todos los anteriores y las transforma en sabiduría.

Como signo mutable de agua, Piscis posee una sensibilidad extraordinaria. Percibe emociones, ambientes y matices que muchas veces pasan desapercibidos para los demás. Su naturaleza es receptiva, adaptable y profundamente intuitiva. No busca controlar la vida, sino comprenderla desde una perspectiva más amplia. Mientras otros signos construyen fronteras, Piscis las difumina para descubrir aquello que une a todos los seres humanos.

Neptuno le concede una imaginación poderosa y una gran capacidad para conectar con el arte, la espiritualidad y los mundos simbólicos. Piscis suele sentirse atraído por la música, la literatura, la pintura o cualquier forma de expresión que permita traducir lo invisible en algo tangible. Sin embargo, esta misma sensibilidad puede llevarlo a confundirse entre la fantasía y la realidad, obligándolo a aprender el difícil equilibrio entre soñar y permanecer presente.

La etapa vital que representa, entre los 49 y 56 años, es un tiempo de integración. Después de décadas de experiencias, logros, pérdidas y aprendizaje, surge la necesidad de comprender el sentido profundo de lo vivido. Es un periodo donde muchas personas buscan reconciliarse con su historia, perdonar heridas antiguas y descubrir una conexión más auténtica consigo mismas y con el mundo. El arcano de La Luna simboliza este viaje interior: un recorrido por los territorios de la intuición, los sueños, los miedos y los misterios que habitan en el alma.

En el amor y los vínculos, Piscis es sensible, romántico y profundamente entregado. Busca conexiones emocionales genuinas y suele amar desde la empatía y la comprensión. Tiene una capacidad natural para acompañar y sostener a quienes ama, aunque necesita aprender a no olvidarse de sí mismo en el proceso. Su mayor desafío consiste en establecer límites saludables sin perder la apertura de corazón que lo caracteriza.

Piscis muestra que la vida no puede comprenderse únicamente a través de la lógica. Que existen verdades que se revelan en los sueños, en el arte, en el silencio y en la intuición; que la compasión es una forma de sabiduría y que toda existencia forma parte de algo mucho más grande que el individuo. Como las aguas que desembocan en el océano, Piscis simboliza el regreso a la unidad, el cierre del ciclo y la comprensión de que, en el fondo, todos estamos conectados.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.

Acuario


 Acuario


Por Karly S. Aguirre

 

Signo: Acuario

Fecha: 20 de enero – 18 de febrero

Elemento: Aire
Planeta regente: Urano (tradicionalmente Saturno)
Piedra: Amatista
Día: Sábado
Etapa: La renovación de la conciencia (de los 42 a los 49 años), una etapa orientada a la libertad interior, la transformación de las ideas, la búsqueda de autenticidad y la apertura hacia nuevas formas de comprender la vida y la sociedad.
Arcano: La Estrella

Acuario es el undécimo signo del zodiaco y el tercero del elemento Aire. Si Géminis explora y Libra armoniza, Acuario transforma. Representa la energía de la innovación, de la visión colectiva y de la capacidad humana para imaginar un futuro diferente. Regido por Urano, planeta de los cambios repentinos, la originalidad y el despertar, Acuario impulsa la ruptura de estructuras obsoletas para abrir camino a nuevas posibilidades.

Su temporada ocurre en pleno invierno, cuando la naturaleza aún descansa bajo el frío, pero la luz comienza a regresar. Este momento simboliza la esperanza que surge después de la oscuridad, y la confianza en lo que todavía no existe, pero puede llegar a ser. Acuario encarna esa promesa de renovación. Su mirada está dirigida hacia adelante, hacia lo que puede construirse más allá de los límites del presente.

Como signo fijo de aire, Acuario posee una mente firme, independiente y profundamente idealista. No se conforma con aceptar las cosas tal como son; necesita comprenderlas, cuestionarlas y, si es necesario, transformarlas. Su energía busca la libertad intelectual y emocional, pero también el progreso colectivo. Acuario comprende que el crecimiento personal adquiere un significado más profundo cuando contribuye al bienestar de los demás.

Urano le otorga una naturaleza impredecible y visionaria. Acuario suele adelantarse a su tiempo, percibiendo posibilidades que otros aún no pueden ver. Por ello puede parecer excéntrico, distante o diferente. Sin embargo, detrás de esa aparente frialdad existe un profundo interés por la humanidad. Acuario ama las ideas, las personas y las causas que promueven la evolución, aunque muchas veces prefiera expresar su afecto a través de acciones y convicciones antes que mediante demostraciones emocionales convencionales.

La etapa vital que representa, entre los 42 y 49 años, es un periodo de renovación profunda. Después de haber construido una identidad y alcanzado cierta estabilidad, surge la necesidad de preguntarse qué aspectos de la vida siguen siendo auténticos y cuáles necesitan transformarse. Es una etapa en la que muchas personas redefinen sus prioridades, se liberan de expectativas ajenas y buscan una mayor coherencia con sus ideales. El arcano de La Estrella simboliza precisamente ese momento de esperanza, inspiración y confianza en el propio camino.

En el amor y los vínculos, Acuario valora la libertad, la autenticidad y la amistad. Necesita relaciones donde exista respeto por la individualidad y espacio para el crecimiento mutuo. No tolera las imposiciones ni los lazos basados en la dependencia. Cuando encuentra una conexión genuina, se muestra leal, estimulante y profundamente comprometido con el bienestar de la otra persona. Su forma de amar busca construir puentes entre dos seres libres, no cadenas que los limiten.

Acuario nos enseña que toda evolución comienza con una idea distinta. Que la libertad no consiste en romper con todo, sino en vivir de acuerdo con la propia verdad. Nos recuerda que el futuro se construye cuestionando el presente y que la esperanza es una fuerza capaz de transformar tanto a las personas como a las sociedades. Como la Estrella que ilumina la noche, Acuario inspira a mirar más allá de lo conocido y a confiar en que siempre es posible imaginar un mundo mejor.

 


Karla Ivonne Sánchez Aguirre estudió en el bachillerato de artes y humanidades Cedart David Alfaro Siqueiros, donde estuvo en el especifico de literatura. Es licenciada en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde actualmente estudia la maestría en mercadotecnia y publicidad. Escribe relatos y crónicas en redes sociales.