viernes, 19 de junio de 2026

Eagles – Hotel California (1976)

 

La cinta musical

Eagles – Hotel California (1976)

 

Por Miq Ramírez Ochoa

 

Estados Unidos inició el Rock and Roll en 1956 con Elvis Presley, Little Richard, Chuck Berry, Carl Perkins, Holland y Fats Domino, y dominó la escena el resto de aquella década hasta el principio de los 60s con Beach Boys, pero irrumpió la Ola Inglesa, principalmente la beatlemanía seguida de The Rolling Stones, The Kinks y The Who, e Inglaterra marcó la batuta.

     Fue hasta los años setenta cuando la Unión Americana comenzó a recuperarse con bandas como Styx, Eagles, Kiss y Boston, y es precisamente Eagles uno de los monstruos musicales estadounidenses, fundado en 1971, año nuestro.

     Se formó en Los Ángeles, California, con una mezcla de country, surf rock y pop rock, hasta quedarse en los géneros country rock y soft rock, pero sería hasta 1972 cuando producirían su primera contribución musical: Eagles.

     El 8 de diciembre de 1976 salió al mercado mundial Hotel California, el quinto álbum de estudio de Eagles lanzado por Asylum Records, con figuras prominentes como Don Henley, en voz, batería, percusión y sintetizador; Glenn Frey, en voz, guitarras, teclados y clavinet (instrumento de teclado electromecánico); Don Felder, en voz, guitarras y “pedal Steel guitar”; Joe Walsh, en voz, guitarra Slide, piano, órgano y sintetizador; y Randy Meisner, en voz, bajo y guitarrón.

     Sí señor, los cinco integrantes cantaban y como dato diremos que este álbum exitoso fue el primero en contar con el guitarrista Joe Walsh, sustituyendo al miembro fundador Bernie Leadon, y el último en contar con el bajista Randy Meisner.

     Hotel California es uno de los álbumes de estudio más vendidos y, curiosamente, es el segundo más vendido del catálogo de Eagles, después del álbum recopilatorio Their Greatest Hits (1971-1975), del 17 de febrero de 1976.

     La portada del álbum corresponde al Hotel Beverly Hills en California, y fue tomada por David Alexander en un atardecer. El título en mención fue diseñado como un letrero de neón por Bob Hickson y Kosh.

     Este disco fue producido en formatos cartucho 8-Tracks, audiocassette, disco de vinilo y cinta magnetofónica Reel to Reel. Comienza con la canción homónima, “Hotel California”, creada por Don Felder, Don Henley y Glenn Frey, e interpretada por el baterista Henley. Abre con fastuosa progresión de acordes de guitarras, narrando la llegada a un hotel lejano desde una carretera desértica y oscura, donde habrá sorpresas surrealistas en su interior, y, al final, los soberbios solos de tres guitarras.

     “Hotel California” dura 6 minutos y medio, por lo que la discográfica pidió a la banda recortarla por fines comerciales, pero todos se negaron y llegó al primer sitio, junto con “New kid in town” como singles.

     En el disco de vinilo LP y en el audiocassette la segunda canción es “New kid in town”, pero aquí nos ocupamos de un cartucho 8-Tracks y la segunda rola es “Life in the fast lane”, una correría Eagle, como lo indica su título “La vida a toda velocidad en el carril rápido”, donde unos amantes viven al extremo sus vidas en casa y en la carretera. Don Henley refracta una y otra vez su voz en un soft musical, acompañado con guitarras, bajo y orquestación.

     “New kid in town”, cantada por Glenn Frey, es una reflexión folk muy campirana sobre un chico pueblerino que ha llegado a la ciudad. Entre unas cuerdas melodiosas, un guitarrón y una voz suave, Frey nos dice: There's so many things you should have told her, but night after night you're willing to hold her. Just hold her tears on your shoulder…Where you been lately? There's a new kid in town (Hay tantas cosas que deberías haberle dicho, pero noche tras noche estás dispuesto a abrazarla. Solo sostén sus lágrimas en tu hombro… ¿Dónde has estado últimamente? Hay un chico nuevo en la ciudad).

     “Wasted time” habla de tiempo y de amor perdidos en voz de Henley, basados en la ruptura de él con su novia Loree Rodkin: The autumn leaves have got you thinking about the first time that you fell, fell, you didn't love the boy too much. No-no, you just loved the boy too well, well, well, so you live from day to day. And you dream about tomorrow (Las hojas de otoño te han hecho pensar en la primera vez que caíste, caíste, no amabas demasiado al chico. No-no, solo amabas demasiado bien al chico, bien, bien, así que vives de día en día. Y sueñas con el mañana).

     Al terminar “Wasted time”, se enlaza con una pieza acústica del mismo nombre: “Wasted time (reprise)”, con un intro de orquestación en violines, viola y contrabajo, de 1 minuto y 25 segundos, para dar secuencia a un hard rock intitulado “Victim of love”.

     “Victim of love”, interpretada también por Henley, es una apertura de guitarras triples en unísono y un bajeo sincopado quítense el sombrero los que leen esto ante tal rolón, afirmando resoluciones mentales de una mujer enamorada y quebrantada, quien “está caminando por la cuerda, dolor y deseo” (You're walking the wire, pain and desire). Y el coro de los cuatro integrantes restantes, dice: Who-who-who-who… What kind of love have you got? (Quién-quién-quién-quién… ¿Qué tipo de amor tienes?).

     Y el siguiente turno es para el bajista Randy Meisner, con la canción “Try and love again”, que no es otra cosa que un country musical con secuencias de notas variadas de guitarra y un exquisito bajeo. Narra intentar o soltar una relación (¿con una chica o el tiempo de Meisner con Eagles?) Pues Meisner se fue a su Nebraska natal.

     “Pretty maids all in a row” presenta a Joe Walsh como vocalista, hablando de una fila de doncellas y con una voz soft y educada, armoniosa, diríamos. Pregunta sobre la entrega al pasado y por qué crecemos tan rápido.

     Las versiones en audiocinta cassette y en vinilo contienen primero “Pretty maids all in a row” y después “Try and love again”, mientras que en cinta 8-Tracks es al revés y es el formato que manejamos en esta obra musical.

     “The last resort” es una despedida, vocalizada por Henley y sobresale un piano meticuloso combinado con una voz reflexiva, pero con una letra dispersa sobre una mujer que llega a un sitio y ocurren entramados diversos.

     Casi todas las piezas fueron compuestas por Henley y Frey, recibiendo una amplia aclamación mundial. Quedó ubicado en el primer lugar del US Billboard 200 y en el segundo lugar del UK Albums Chart británico, además de ser primero en Australia, Canadá, Noruega y Nueva Zelanda.

     Finalmente, fue un álbum que mostró la visión agridulce de la vida norteamericana, las dificultades amorosas y el precio de la ingenuidad, en el entonces bicentenario de la Independencia de los Estados Unidos (1776-1976).



 Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.

miércoles, 17 de junio de 2026

En ti la tierra

 

Diseño gráfico: Copilot IA

En ti la tierra

 

Por Pablo Neruda

 

Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y desnuda,
parece
que en una mano mía
cabes,
que así voy a cerrarte
y a llevarte a mi boca,
pero
de pronto
mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios,
has crecido,
suben tus hombros como dos colinas,
tus pechos se pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada
línea de luna nueva que tiene tu cintura:
en el amor como agua de mar te has desatado:
mido apenas los ojos más extensos del cielo
y me inclino a tu boca para besar la tierra.

 


Pablo Neruda, poeta chileno. Nació en 1904. Es Premio Nobel de Literatura 1973. Escribió muchos libros, ente ellos Crepusculario, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto general, Los versos del capitán, Odas elementales, La Barcarola y Confieso que he vivido.

El cuervo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

El cuervo

 

Por Edgar Allan Poe

 

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
se oyó de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
Es dije musitando un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
me llenaba de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
Señor dije o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo tiempo, temeroso,
dudando, vislumbrando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: ¿Leonora?
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: ¡Leonora!
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi aura estrujándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
Ciertamente me dije, de seguro
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.
¡Sonó el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
Aun con tu cresta cercenada y mocha le dije
no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: Nunca más.

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
pronunció las palabras como virtiendo
su alma solo en ese nombre.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.
Y entonces dijo el pájaro:
Nunca más.

Sobrecogido al romper el silencio
tan idénticas palabras,
ya entiendo pensé, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela solo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron solo esa carga melancólica
de Nunca. Nunca más.

El Cuervo arrancó entonces
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: Nunca más.

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría ya nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
¡Miserable dije, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! exclamé, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Profeta! ‒repetí‒, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!
Y el cuervo dijo: Nunca más.

¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! le grité desesperado.
¡Vuelve a la tempestad!, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más.

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, impertubable
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

 


Edgar Allan Poe nació en Boston en 1809. Fue renovador de la novela gótica e inventor del relato de detectives. Sus obras profundizaron en rincones oscuros de la mente humana. Su carrera literaria se inició en 1827 con un libro de poemas, Tamerlane and other poems. En enero de 1845 publicó El cuervo. Algunas de sus obras son estas: Poems (1831), The Raven and Other Poems (1845), The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket (1838), Tales of the Grotesque and Arabesque (1840) en dos volúmenes, con relatos como La caída de la Casa Usher; Tales (1845), selección de cuentos, incluyendo El escarabajo de oro. The Prose Romances of Edgar A. Poe (1843). Murió en 1849 en la ciudad de Baltimore.

martes, 16 de junio de 2026

Como dice la canción esa

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Como dice la canción esa

 

Por Guadalupe Ángeles

 

—Pásale —me dijo con el rostro lívido.

—Gracias —contesté. Era la primera vez que hacía algo así.

—Te llamé porque me sentí identificada contigo —agregó amablemente.

—Pues sí, mexicanas ambas —respondí, algo apenada.

—Más que eso, creo que somos más o menos de la misma edad.

Fue así como empezó una relación entre nosotras que fue más allá de lo que se podía esperar entre personas que se encuentran debido a una situación pragmática, útil para ambas. Empecé a ir dos veces por semana, el trabajo no era distinto al que podría haber hecho en mi propia casa, solo que...

Días después de nuestro primer encuentro, ella empezó a quedarse cerca cuando yo ya casi terminaba, y me ofrecía un café, o un refresco (dependiendo del clima).

—No tendrás que irte de inmediato —preguntó con una mirada algo tímida.

—No, claro que no, voy a esperar a que baje un poco el sol, no pienso ir a rostizarme ahora mismo —afirmé con una sonrisa sincera. Pensé que se sentiría sola el país, sin tener con quien conversar.

—Perfecto, mira, conseguí unas galletas buenísimas y el agua de piña te quedó genial —respondió de inmediato y nos sentamos en la cocina como viejas amigas.

—Ernesto, mi esposo, ya sabes, me trajo aquí cuando éramos muy jóvenes y, te dará risa, pero me creí que sería su reina hasta que la muerte nos separara, como dice la canción esa que te dice con una gran sonrisa el sacerdote cuando te casas. Ahora me río de acordarme, pues apenas llegamos, los negocios, decía, le tomaban un montón de horas, yo me dediqué a la casa y vinieron los hijos, ya ves, uno no sabe en lo que se mete cuando los tiene, pero bueno, de alguna forma, imaginé que serían un buen pretexto para que le dieran ganas de venir a la casa.

Error.

Los niños ya crecieron y ni modo que le diga que hay que juntarnos para ver ahora cómo los nietos les hacen la vida a ellos, en fin, no digo que haya sido totalmente una equivocación, al contrario. Cuando mi hija la grande nació, lo supe, ella fue el mejor error que he tenido, con solo verla, sentí más que saber, que seríamos un equipo maravilloso.

Lo somos.

Pero Ernesto, ni siquiera en la banca está, no juega con nosotros, él prefiere el futbol. O quizá otros deportes más peligrosos, como tener sexo sin condón. Las vergüenzas que me ha hecho pasar con el ginecólogo, tantas, que preferí, al paso de los años ir con doctoras, ellas no me juzgan, y si lo hacen, no me importa demasiado. Supongo que tiene que ver con lo que nos enseñaron, o lo que me enseñó mi hija cuando nació: Si una mujer tiene que saber tus secretos, ella tendrá otros que equilibren la cosa. Y bueno.

El color del cielo, que miramos ambas a un tiempo, iba ya decidiéndose a ser plena noche, ya de seguro el calor no me rostizaría de camino a casa, al menos eso. La ligera sonrisa en que se distendieron sus facciones mi hizo sentir que de alguna forma a mí también me hizo sentir bien la conversación.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

lunes, 15 de junio de 2026

Jacqueline Bouvier: La inteligencia como elegancia

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Jacqueline Bouvier: La inteligencia como elegancia

 

Por Marco Benavides

 

Jacqueline Lee Bouvier nació el 28 de julio de 1929 en Southampton, Nueva York, en una familia donde el privilegio social no anulaba la disciplina intelectual, sino que convivía con ella. Hija de John Vernou Bouvier III y Janet Lee Bouvier, creció rodeada de una educación esmerada. La equitación le enseñó la elegancia del control; la historia y la literatura, en cambio, le ofrecieron un territorio más vasto: el de la conciencia y la imaginación. Estudió en Vassar College, pasó un año en París y culminó sus estudios con una licenciatura en literatura francesa por la Universidad George Washington.

Al concluir sus estudios, trabajó en el Washington Times-Herald como fotógrafa y reportera. La anécdota suele mencionarse con ligereza, pero allí se revelaba ya una inclinación decisiva: antes que limitarse a contemplar el escenario, Jacqueline prefería internarse en él. En vez de aceptar el destino de simple presencia distinguida, eligió el contacto directo con la realidad, la observación minuciosa, la pregunta breve y exacta. Aprendió a leer los silencios, a distinguir entre la apariencia y la intención, a escuchar lo que no se decía de manera explícita. Y esa capacidad sería una de las formas más discretas y persistentes de su poder.

En 1953 contrajo matrimonio con John F. Kennedy, y cuando él llegó a la presidencia en 1961, Jacqueline asumió el papel de primera dama sin resignarse a la fórmula vacía del ceremonial. Su proyecto más recordado fue la restauración histórica de la Casa Blanca, empresa que abordó con una mezcla poco común de rigor cultural y sensibilidad simbólica. Comprendió que un país se piensa a sí mismo en los objetos que conserva, en las memorias que decide exhibir y en los relatos que legitima. La célebre visita televisiva de 1962, seguida por millones de espectadores, no fue solo una muestra de buen gusto, sino una lección pública sobre historia, identidad y representación.

El asesinato del presidente Kennedy, en noviembre de 1963, la enfrentó a una forma de dolor que no solo era íntima, sino también pública, histórica y casi insoportablemente visible. En medio de la conmoción, Jacqueline tuvo la lucidez de quien comprende que incluso el duelo puede convertirse en escenario y decidió no ceder del todo ese momento a la maquinaria de la imagen. Su negativa a cambiarse el traje manchado antes del juramento de Lyndon B. Johnson fue un gesto seco, sobrio y devastador: una manera de obligar al país a contemplar la verdad desnuda del crimen. Su matrimonio con Aristóteles Onassis en 1968 desconcertó a una opinión pública que prefería verla fijada en la inmovilidad de un símbolo nacional.

Ya viuda por segunda vez, retomó en Nueva York una vida profesional que desmiente todas las simplificaciones de su leyenda. Trabajó como editora en Viking Press y luego en Doubleday, donde quienes la conocieron recordaron no a una celebridad decorativa, sino a una lectora rigurosa, una mujer de juicio fino y exigencia real. Leía con atención, corregía con precisión y conversaba con autores desde una autoridad que nacía del conocimiento, no del prestigio prestado.

Murió el 19 de mayo de 1994. Más allá del estilo, Jacqueline Bouvier dejó una lección más duradera: la demostración de que la inteligencia puede ejercer influencia sin levantar la voz, y de que la sensibilidad cultural constituye una forma de autoridad. Su legado no reside únicamente en las fotografías que fijaron una época ni en la memoria sentimental de una presidencia mítica, sino en algo más hondo y menos visible: la convicción de que la elegancia verdadera nace de una vida interior exigente. Tal vez por eso su figura persiste, no como reliquia de un tiempo perdido, sino como ejemplo de una forma de presencia donde la inteligencia, la reserva y la belleza encontraron un equilibrio casi irrepetible.

 

Dr. Marco Benavides, 15 junio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo


 

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

La resonancia magnética puede. Y si ella puede, yo también. Todo parece una cuestión de ego, y si con ello me enredo en las barbas del ello, habré de disculparme porque no lo inventé, ni lo digo con burla, al contrario, nada merece más mi respeto que esos conceptos que pretenden explicarnos. Somos un iceberg, se funden los recuerdos y apenas nos tenemos en pie si decidimos transportamos a nosotros mismos a ese lugar sin límites de nuestra mente.

Hay un límite que no es ninguno. “Porque no hay dolor más grande que la vida consciente…”, ¿cómo era? “Ser y no saber nada” y “ser sin rumbo fijo”.

¿Por qué adoramos el terror? Porque ningún miedo profundo nos arranca de nosotros mismos y eso es lo que vamos buscando como quien huye de la muerte… de alejarnos, por eso la música y por eso las películas. Ya sabes de lo que estoy hablando.

No hay manera de amistarse con fantasmas. A lo más que se puede llegar con ellos es a huir, como de nosotros mismos, ¿por eso amamos las películas de terror? Porque algo va entrando en la caja torácica, el miedo da frío, una sensación de que dentro algo cambia, y sabernos desconocidos de nosotros mismos, es grave, como soltar la mano de quien nos enseña a caminar.

Ése es el éxito de las películas de terror.

Asustarse también es ausentarse, pero muy dentro de uno mismo. Y a esos paisajes son a los que no podemos habituarnos. Por eso los edificios y los parques, por eso las reuniones y las conversaciones sin sentido. ¿Cuántos de los que conoces son capaces de hablar con profundidad de lo que realmente les afecta? Huimos del miedo a vernos ¿mal?, la incomodidad es la peor de las alternativas, por eso suavizamos nuestras palabras, por eso a veces preferimos el silencio.

            Mi recuerdo de aquella calle es distinto del tuyo. Yo anhelaba estar frente a ti. No era una simple historia de amor. Era la última. En alguna parte de mis paisajes interiores (llenos de ausencias que nunca dejan de gritar) me lo prometí. Porque amarte era amar a un fantasma. Aunque no fue la primera vez que creí ver a ese amado muerto en otro cuerpo. Ya sé, me han aconsejado dejar a los muertos como están. Extraño consejo, porque precisamente es con ellos con quienes no se puede hacer otra cosa que dejarlos en paz. Y yo nunca les tuve miedo, quizá me he peleado con ellos, pero temerles nunca.

        Así funciona esto. Pensarnos, amar lugares, personas, cosas, ¿va a alguna parte? Amo el sonido de los pájaros. Cerca de mi casa hay árboles cuya estatura también amarías si la vieras. En las tardes de tormenta, antes de que la lluvia inicie a mojar sus hojas, esos árboles se mecen como navíos en medio de la tempestad. Verlos es hermoso. También es muy bello que las aves vivan entre sus ramas.

        Por eso un ave es lanzada y luego vuela (¿o solo los seres humanos hemos sido lanzados a la existencia?) Ni a quién preguntar por qué no volamos. “Ya mis hermanos lo desearon demasiado, tantas monedas lanzadas a la fuente de los deseos en nombre de ese sueño lo confirman”.

        Como quien besa un crucifijo, escucho las aves esta tarde y se entibia esa habitación donde late mi corazón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

sábado, 13 de junio de 2026

Agua

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Agua

 

Por Guadalupe Ángeles

 

El dios, ese dios que habita en lo profundo de mi aorta, me dijo que sus pies son de agua; pero en su voz, acentos metálicos desmentían lo líquido de su absurda confesión. Sin embargo, lo escuché en silencio, sintiendo como en mi cuerpo, a la altura del plexo solar, se abrían las compuertas de una presa perfectamente diseñada para que por ella corrieran las olas de sus sueños. Yo medraba con su acento, es verdad, pero las corrientes internas de su sentir encontraron un cauce en mi oído.

Tuve temor, no he de negarlo, pero pudo más mi hambre de oírlo y decidí que todo dios sabe de los elementos elegir su favorito, y si él (dulce Tláloc herido) decidía que su cuerpo fuese nube o hielo, a mí solo me tocaba tocarlo y reconstruirme si su nube fuese lluvia, y sentir, al tacto de su hielo, que no todo amor está hecho de fuego.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.