jueves, 30 de julio de 2026
Elías Nandino
martes, 28 de julio de 2026
Dedicatoria
Dedicatoria
Por Alejandra
Hernández Figueroa
A ti
Desierto de
Chihuahua,
mar antiguo de
silencios y horizontes infinitos.
A tus amaneceres
de cobre
y tus noches
sembradas de estrellas;
a tus vientos que
cuentan historias viejas
entre mezquites,
lechuguillas y ocotillos.
A tus criaturas
pequeñas y valientes,
que sobreviven
donde otros no podrían;
a tus piedras,
tus salinas, tus cuevas,
y a los pasos
invisibles de quienes te habitaron antes.
Este pequeño
poema nace de tu polvo,
de tu misterio
y de la
admiración profunda
que despiertas en
quienes aprenden a mirarte despacio.
Porque el
desierto no está vacío:
late, respira,
canta y recuerda.
Con respeto,
asombro y cariño,
para el eterno y
majestuoso
Desierto de
Chihuahua.
Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.
lunes, 27 de julio de 2026
Alicia a través del mar
Alicia a través del mar
Por Victoria
Montemayor Galicia
La aurora de rosáceos dedos acarició
la hierba y entró a hurtadillas por la ventana. Alicia terminaba su último
sueño. Los conejos saltaban de la madriguera. Alicia corría a la orilla de la
playa tratando de que el oleaje no rozara sus tersas piernas. El mar brillaba
con iridiscencias de coral. La espuma estallaba en las rocas. Alicia
contemplaba la inmensidad del océano, sus ojos se posaban en el horizonte, a la
distancia del tiempo observaba su vida a través del espejo. Ahora el mar la
cubría de recuerdos.
En la noche de invierno las imágenes
se dibujaban en la frágil imaginación de Alicia, la figura de su padre, alta,
fina, nariz aguileña, anteojos redondos, ojos aceitunados, cabello rizado,
labios delgados, palabras que brotan de un manantial cristalino, a veces
fangoso. Su madre, delgada, blanca, cabello negro, ojos de roble, nariz recta,
labios cereza, carnosos, sonrisa resplandeciente en medio de la tormenta.
Frágil y hermoso cervatillo en el claro de una foresta. Caminaron por senderos
distintos, en noches de oscura tempestad, su madre fue al bosque, su padre a la
montaña. En la memoria de Alicia permanecía fresco el recuerdo de soleados
días, de tardes de helados, pinturas, rostros, jardines, batallas, mendigos,
prostitutas, reyes y princesas, tardes de sonrisas y adioses.
La ausencia impregnada en cada rincón
de su piel, en eterna espera. Cerrar y abrir los ojos, correr, reír, beber y
llorar, comer, estudiar. En el sueño Alicia sentía los simples placeres de la
vida, un padre que la sostuviera con ternura, que le tomara la mano, que juntos
rompieran olas, buscaran perlas, caracolas, conchas y estrellas. No eran
necesarios los castillos, Alicia los forjaba y destruía en la arena, en su
vida, en el sueño.
Victoria Montemayor Galicia es doctora en educación,
artes y humanidades; maestra en humanidades por la Universidad Autónoma de
Chihuahua. Egresada de la carrera de lengua y literatura modernas letras italianas
en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha participado en congresos
nacionales e internacionales de poesía de los Siglos de Oro, Renacimiento,
Barroco, literatura europea, mexicana e hispanoamericana, mito crítica,
hermenéutica y tradición clásica. Autora del libro Petrarca y la poesía del
Renacimiento, publicado por la UACH. Coordinadora de las licenciaturas en letras
españolas y letras hispanoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras, y
maestra de lengua italiana en el Centro de Idiomas de la UACH.
domingo, 26 de julio de 2026
Partisano
Partisano
Por Gabriela Borunda
I
El mal no se ve
no huele nada
Ocurre a tres calles de tu
casa
y no te enteras
Le pasa solo al que anda
en malos pasos
El mal no tiene sabor
y anda con silencio
El bosque sigue ardiendo
Nosotros, los condenados
(en los libros de historia nos dirán genéricamente:
los traidores)
somos los cobardes los usureros
los que amasamos el pan
cortarnos los vestidos
y encendemos los hornos cada mañana
Estamos aquí en medio del bosque
ardiente
nos abrazamos
para recordar
un último gesto de amor
II
Las canciones son para el guerrillero
no para el que recibe las balas
los versos cantan a la revolución
jamás al quien carga los heridos
los versos son para el viejo
guerrillero
que nunca se mojó bajo la lluvia de balas
Nos cuenta sus victorias arrellanado en su
sillón
la cámara oye su
historia
de tormentos y días infinitos
III
Nosotros compramos kilómetros de seda
para hacer las flores que otros lucían en el
pecho
solo teníamos seda y máquinas de coser
No teníamos armas
solo nuestra fe para trabajar
para abrazarnos en la desgracia
Mientras el bosque el mar el jaguar las palomas
todo se quemaba
IV
De la gente como nosotros no se habla
mucho menos se habla bien
En mi diario escondo un doble fondo
ahí están las matrículas de los autos que
siempre me siguen
Te acuerdas de quiénes éramos
de cómo éramos
de mezclilla y huaraches
desafiando al poder
soñando con todo
con diferencias con libertad
Quién iba decir que fuimos los aliados de nuestro sepulturero
Recuerdas que alguna vez desafiamos a la oscuridad
Fuimos muy ingenuos
no vimos que los monstruos reales
eran más temibles que los de nuestras
pesadillas
Lloro grito
me desespero en vano
V
Nunca empuñaremos las armas
nadie nos entrenó en Corea
aún hoy rodeados por el fuego
seguimos amando
Tú esperas que mi último grito de dolor
clame tu nombre
quieres que te pregunte:
Caín qué has hecho con tu hermano
Pero no sucederá
Tu hermano entra cada mañana al bosque
y sus ojos brillan con el recuerdo de su
amada
Tu madre está muerta
y a ti te recordaremos como
ninguno primo de nadie
ninguno primo de nadie
ninguno primo de nadie
ninguno ninguno ninguno ninguno ninguno
ninguno
VI
Se que moriré
pero al menos será en los brazos del hombre
que amo
y nadie recordará tu gloria guerrillera
porque no dejaste a nadie vivo para
recordarte
VII
En todo pacto hay una / excepción
un error fatal
Cuídate de disparar sobre / los más
tiernos
los más puros
los que podrían destruirte
Entonces saldremos del bosque
con nuestros cuerpos en llamas
a quemar ese mundo sin tribunales ni escuelas
ni libros ni poetas
Recuerda guerrillero
tu nombre es nadie primo de ninguno
y no eres inmortal
Gabriela Borunda ha publicado en la Colección Flor de Arena, en las revistas Solar, Tierra Adentro, en la Editorial de la UNAM y en un proyecto binacional apoyado por la Fundación Ford para América Latina. Textos suyos han aparecido en periódicos locales y nacionales. Recibió el Premio Chihuahua, El Premio Nacional de Arte Joven, El Premio Sonora. Fundo el proyecto Farito Editores y trabajo más de 25 años con jóvenes vulnerables.
Hola, escribo para seguir viviendo
Hola, escribo para seguir viviendo
Por Rosario Ruiz
Morales
La enfermedad: Depresión. Que más.
Se siente en el alma, la mente y el espíritu. Se dice así,
pero nadie la ha podido descifrar. ¿Se sitúa en el Sistema Nervioso? Situación
corporal en general. Quién puede anotar algo más.
Ella la padeció durante nueve eternos meses. No comía. No dormía.
No pensaba. No existía. Solo lloraba. A veces gritaba pidiéndole al Altísimo
que se la llevara con su amor.
Quienes han padecido esto por largos periodos de tiempo y han
podido salir de ese terrible estupor, envueltos en las sombras taciturnos y sin
voz, pueden atestiguarlo. Quienes la han padecido y han salido de ella, Gloria
a Dios.
Pueden ella y otros dar su punto de vista, la manera en que
se enfrenta ese dolor, ese terrible estado anímico. Nadie saldrá solo. Dios, el
hacedor de todo bien, es quien pone Ángeles en tu vida.
Tendrás que recurrir a especialistas, terapeutas, psicólogos,
psiquiatras, tanatólogos, y no sin antes recurrir al médico de todos: Dios
mismo. Él es el único sanador del alma. Sacerdotes especializados en temas
escabrosos y complejos del ser humano coinciden en algo trascendental: el alma
enferma cuando un suceso tremendo cambia la perspectiva de existir.
Los factores que intervienen directamente en este mal como
anomalía, deficiencia, padecimiento, estado mental, estado anímico o patología
sistémica.
En este lapso de tiempo no se piensa. No accionas ni reaccionas
ni respondes, pues estás privado de toda conexión con la realidad,
entorno, familia, situación anímica,
como si no existieras para nada ni nadie.
El dolor no te deja accionar, solo lloras, no hay tiempo, ni hambre
ni sed. Permaneces en shock, no sales del estupor solo interrumpido, si acaso,
por ir al baño, y al entrar, no sabes ni a qué ni porque vas.
Ella recuerda hoy. Cuando ya se le acabaron hasta las
lágrimas ya no podía llorar de tanto dolor, el pesar había nublado la razón, el
mundo seguía girando a velocidad vertiginosa sin ni siquiera percatarse que
sucedía en su entorno, si era espectadora o simple protagonista, no había
ninguna diferencia.
Las demás personas actuaban con una desenfrenada obstinación
por moverla, sacarla de ese estado catatónico en el que ella deseaba estar y
que la dejaran en paz, solo quería dormir y gritar pidiéndole al Altísimo que
la llevara a dónde había quedado el amor de su vida que había partido hacia Él.
El mundo se fracturó en mil pedazos sin que nadie pensara en
volver a formar ese rompecabezas que formaban su vida y su entorno, simplemente
no había nada.
Pasaron los meses sin que nadie asomara por un rato a su
mundo interior, ni preguntara que si necesitaba algo, simplemente no lo hubo.
Ella lo presintió dos días antes de su muerte y en el funeral
vio totalmente el panorama.
Dios le concedió sin excusa ni pretexto alguno poco a poco renacer
y encarar la vida ya sin su principal motor, sin un motivo en especial, ya no
existía.
Hoy puede ella contar, bendiciendo a Dios, a sus amigas que
la llevaron al Taller de Duelos de la Divina Providencia y a escribir, todo lo
que la mente le obligaba para honrar la memoria y recuerdo de su esposo. Ella
hoy tiene recuerdos desde el siguiente día en su funeral y cada hora
siguiente, contando la historia y la vida
en común.
Gracias, Sylvia Ortega Duarte. Gracias, doctora Laura
Guadalupe Amador Guzmán. Sé que hoy gozan del Señor y que ahí lo han visto,
descansen en paz.
Ella agradecerá por lo que le queda de vida los favores
recibidos.
No los puedo hallar
No los puedo hallar
Por Carlos Gallegos
Ya no estás ahí
Imprenta Cumbre
que fuiste efímera y eterna
Ya no está ahí
María Severa
mi amiga
mi condiscípula
de la Prepa 20/30
que con sus dedos de seda
forraba
mis cuadernos
Ya tampoco veo al profesor
Pedro Trejo
al profe Tito
al profe Arvizu
a la maestra Casas
Ya no veo al profesor Darío Payán
ni a la profesora
Gloria Arellano de Cervantes
ni a Moisés Pérez
ni a Fernando Baeza
ni a Macario Guillén
que era al primero
que veía
Ya no veo al ingeniero Aragón
ni al profe Lerma
que viene desde
Meoqui
ni al Loco Vázquez
botando su balón
no veo
a nadie
nada más al conserje
solitario
sentado en su
silla de mimbre
viejo
que acaricia
con su mano ciega
el lomo de su
perro amarillo
que duerme
hechado
ante sus pies
no veo a nadie
por más que paso y paso
por aquel enorme
por aquel pequeño edificio
de la salida
a Saucillo
que fue la prepa
mi prepa
nuestra prepa
Ya se han ido todos
se fueron Luis Mario Dena
Javier Hernández
Jaime Flores
Julio Delgado
Piteco Sevilla
Pepe Parra
también Pepe Kiko Paredes
Luis Alemán
Amada Cadena
se fue el sueño febril de aquellos ojos
azules
la mirada amable de Beba Bejarano
de Berthita González Ortega
la sonrisa blanca
de Susy Hernández
se fueron todos
no sé a dónde
se habrán ido
hoy otra vez pasaré por ahí
a buscarlos
a decirles
que se apuren
porque falta un minuto
para que se escuche
el timbre de la entrada
y si no llegan nos van a
poner falta
Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.
Para los de fuera invitaciones, para los de acá indiferencia
Para los de fuera invitaciones, para los de acá
indiferencia
Por Pablov Guerrero
Hoy escribo acerca de la cartelera de
invitados a la Feria del Libro de Chihuahua capital. Reviso los criterios indefinidos
para elegir a esos participantes, dejando totalmente de lado a los autores de
Chihuahua. Invitan autores mediocres de la ciudad de México e ignoran a gente
valiosa, como estos y estas que aquí menciono:
Jessica Anaíd Hernández, Premio Nacional de
Cuento Gabriel Borunda 2022 en su 25 edición.
Victoria Rangel, Premio de Poesía Alma Rosa
Estrada 2022.
Tampoco hubo invitación para María Dolores
Guadarrama, poeta de rango internacional con reconocimientos en más de diez
países.
Viendo que también invitaron a un autor de
ciencia, aquí también radica la astrofísica Leticia Corral que con el modelo de
su teoría matemática corrigió la hipótesis de Stephen Hawking de la Caja de
Espacio en la cual no tomó en cuenta la asimetría al definir el tiempo. Autora
de Poesía al Universo y de Un Presente para un Pretérito de
Relatividad General, recién acaba de publicar otro título.
Otro más: Raúl Manriquez con su libro Días
de Septiembre.
José Luis Dominguez, autor de multitud de
libros.
Otro autor olvidado es José Alberto
Diaz, ganador del Premio Nacional de Cuento Corto José Revueltas.
Y qué decir de la falta de invitación del
poeta Gerardo Robles, ganador del premio Estatal de Literatura Joven Rogelio
Treviño.
Y José Juan Aboytia, de Ciudad Juárez,
ganador del Premio Chihuahua de Literatura con su novela Paraíso difícil de roer.
En cambio se están reciclando presentaciones
de libros, libros que ya se han presentado muchas veces e ignorando los libros
nuevos de autores que ni siquiera los hicieron en el mundo, quedaron olvidados
como si no importaran.
Ninguno fue invitado.
Quiero suponer que es porque se encuentran en
los confines más recónditos e inaccesibles del estado, Ciudad Cuauhtémoc.
Pero si trajeron unos desde Tombuctú y desde las
Islas Mauricio.
Y me pregunto, si aquí hay una pléyade de talentos, ¿cuántos no habrá en Ciudad Juárez y en otras ciudades, donde también fueron ignorados?






