martes, 15 de septiembre de 2026

Palabras al recibir la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda

 

Palabras al recibir la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda

 

Por Nacho Guerrero

 

Nací en estas tierras de Norteamérica, llanos septentrionales del centro y casi a mitad del continente amerindio. ¿Qué tiene Chihuahua? ¿Su gente? ¿De dónde venimos? ¿Cuáles son nuestras raíces, que siempre son nuestros frutos y acciones, y nos hacen ser únicos en este mundo, nos interrelacionan, estamos conectados y por lo tanto somos inseparables en esencia? Piedras, caballos, humanos, agua, tlacuaches, miradas, ríos, flores, zacate, ciudades, cielos, grutas, cerros, perros y gatos.

Creo que por eso, y por otras historias, me hice fotógrafo. Nací en 1954 afortunado por ello en esta Villa de San Felipe del Real, hoy llamada Chihuahua. Tierra difícil y hermosa, donde la luz emana de las piedras y de la arena en cristales radiantes, iluminados por un sol intenso, tan grosero como dulce.

Mis raíces: aún recuerdo en el vientre de mi madre esconderme del trasluz de sus paredes y acurrucarme para buscar la oscura parte de la noche prenatal, que me dieron el primer respiro en el Hospital Verde de la Calzada Nombre de Dios. Mi primer encuentro con la luz. Los altos muros y pabellones enormes eran como castillos ensombrecidos por un pasado esplendor, empezaban a iluminar mi camino con una mirada certera y angular, que ya venía integrada en mi memoria.

Los juegos de aquella época fueron el principio de una serie de acontecimientos, siempre entre la luz y la oscuridad, que le dieron a mi vida un sentido casi fotográfico. Recuerdo el closet oscuro, donde la luz brotaba del quicio de la puerta y, solo con la paciencia de un obturador, llenar de imágenes esa caja oscura con rayos que atravesaban de lado a lado las paredes, llenando de sentido esa temida oscuridad que se convertía en un regocijo como de película muda y relampagueante.

Aquel juego se convirtió por mucho tiempo en la aventura cotidiana. Así llegó el mundo de las cámaras. No tardó Santa Claus en darme la primera, una Kodak Brownie 120 mm, que usé y usé hasta sus últimos y destellantes flashazos que humeaban y olían a chicle derretido. ¡Qué maravillosa niñez, llena de tiempo y de tierra! ¡de riqueza, sí, pero profunda y amorosa! Que abrió mi vida a lo que va más allá de lo material, enriqueciendo mi ser con intuición, humanismo y una pasión por el patrimonio tangible, intangible y biocultural de Chihuahua.

Llevo 50 años de fotógrafo. A lo largo de este tiempo he unido dos mundos: la fotografía por encargo, y lo que llamo “El Nacho libre”. Ninguno de estos caminos me ha limitado; he hecho lo que amo, y eso me ha llevado a explorar miles de temas sobre la vida. Recibo de la luz de Chihuahua la posibilidad de crear, mirar y emocionarme. Sus paisajes múltiples, la ciudad, sus pueblos, su gente, los rostros y las miradas capturando la esencia de su vida. Es la luz en blanco y negro, los verdes y ocres de sus llanuras y montañas, sus cielos y barrancos. Me he convertido en un geógrafo que descubre las orografías, el inicios de los ríos y los manantiales en mitad del desierto.

Décadas atrás, la curiosidad de un niño exploraba el misterio de una cámara, y sabía que aquel momento marcaría el inicio de un viaje que he seguido con dedicación, compromiso y significado. En la fotografía he encontrado un espacio para replantear nuestra condición humana, un lugar donde convergen el septentrión, el ritual y el manifiesto de lo cotidiano.

Hoy, tras este largo camino fotográfico, he reunido un acervo visual que documenta las vastedades de nuestra vasta región, lo cual me inspira a seguir documentando hasta el final de mis días lo que me falta de explorar de nuestro gran territorio.

Con gratitud llego a este recinto para expresar mi agradecimiento hacia mi familia, amigos, colegas fotógrafos, colaboradores, al pueblo chihuahuense y al Congreso del Estado por esta distinción de la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda. Tuve el placer de conocer a Víctor Hugo y contar con su distinguida amistad; lo recuerdo parafraseando: "por mi cámara hablará la sociedad de mi tiempo."

Muchas gracias.



Ignacio Guerrero Olivares inició en Chihuahua la cultura de la foto artística y ha sido fotógrafo productivo y perfeccionista desde hace 40 años. Tiene en su archivo un caudal de vistas impresionante, paisaje, retrato, historia, publicidad, modelaje, texturas; nada escapa a su mirada. Es Premio Chihuahua de Arte Fotográfico y maestro de varias generaciones de fotógrafos que en su estudio trabajaron y aprendieron técnicas y ciencia de la imagen.

domingo, 13 de septiembre de 2026

El sueño de don Lencho


 

El sueño de don Lencho

 

Por Carlos Gallegos

 

Ayer me acordé

de aquel sueño

de don Lorenzo

Treviño Santos

alcalde de Delicias 1980/83

del sueño

de que algún día

se le concediera

ver la Calle 4a Norte

convertida

en la Calle del Futuro

donde además de tiendas

hubiera luz

banquetas amplias

árboles frondosos

voces gozosas

canto

alegría

sonrisas familias

paseando

sin apuro

bancas para sentarse a disfrutar

la caída de la tarde

a escuchar los tañidos

del Reloj Público

las campanas del Santuario

llamando a misa de siete

los trinos

de los chanates

de la Plaza Principal

a saludar a la feligresía

que llega

al culto de la Iglesia Cristo céntrica El Sinaí

a decirle adiós

al viajero

que pasa lentamente

en el cansado camión de Meoqui

a desearle buena noche a la señora

que sale por el pan

a La Marina

a ver a

don Fausto y doña Ema

cumplir con su ritual de

despedir de mano

al último cliente

de su tienda eléctrica El Globo

a ver a Samuel Guzmán

barriendo diligente el frente

de la Cabañita

a espiar

a la pareja de novios

que se pasean tomados de la mano

robándose un beso furtivo

a atestiguar

cómo

tarde a tarde

tres hombres

en su adultez joven

muy jóvenes para decirles

don

muy dones

para no concederles

ese grado de respeto

Gilberto Dena Cueto

Lorenzo Treviño Santos

Guadalupe Alcántar Márquez

replican su ciclo de trabajo

diario

el primero en su taller de reparación

de máquinas de escribir

el segundo en su negocio

de vidrios y cristales

el tercero

vestido de casimir y corbata

vendiendo chorizo casero

en su canasta de palma

y que al coincidir

en la 4a

intercambian una seña cómplice

casi imperceptible

que descifrada por un mirón

experto en descifrar

señas secretas

la traduce como

"al rato nos vemos en el Iberia"

costumbres citadinas

de aquellos tiempos

don Lencho vio cumplido su sueño

pero el tiempo pasó

las luces se apagaron

el ruido de la modernidad

aletargó el sonido

del Reloj

del Santuario

las melodías de los chanates

los árboles se secaron

los novios

se fueron

más mire usted

hoy su sueño ha rebrotado

no es imposible

que los novios

que se fueron

sean los de la foto

que está viendo

que habrían regresado

al ver la

4a

que oronda

hospitalaria

vibrante

renace del olvido

aplicando lo que

hace tantos años con tanta

razón

afirmó

Hemingway:

El mundo es un buen lugar

vale la pena

luchar por él.

 

 

Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

El verdadero peligro de perderse

 

Foto: Isabel Jazmín Ángeles

El verdadero peligro de perderse

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Es fácil afirmar que algo no existe cuando no se ha sido capaz de respirar aquello como un perfume y fue necesario llevarse como una piedra en el pecho en lugar de un ramo de flores blancas en ese mismo lugar que no es físico pero lo es de manera profunda, porque somos seres duales (múltiples en más de un sentido), seres tan extraños que, algunos meditan, aunque sea una fracción de segundo, sobre la posibilidad de considerar como experiencia vital deseable el tener comportamientos de Gran Danés o Bulldog al mismo tiempo que se tiene cuerpo de ser humano, ¿se puede tomar en serio esta conducta?

¿Será que de las posibles respuestas a esa pregunta, que parece ociosa, nace la literatura?, Vemos luego cómo se abre una cantidad ingente de caminos hechos de palabras como las ramas de un árbol y de ellas nacen otras preguntas: ¿Literatura con mayúscula?, ¿apenas pasquines que solo merecen una lectura rápida y distraída?

Es curioso, cada palabra puede ser como una esfera que da vueltas interminablemente y en ese movimiento muestra su polisemia y esta misma palabra fija un significado de manera permanente, como un mástil desde el cual elevar la bandera de la serendipia y de ese modo todo es juego, un sumergirse en las cálidas aguas del azar.

     Aquí un ejemplo: Amsterdam no existe, pero es: un aeropuerto grande y bello; una mujer llorando mientras el que mira, desde su monolingüismo empedernido, no es capaz de ofrecerle ni un abrazo; es un correr y correr pero a la vez una mirada fija aunque frenética frente a un par de minúsculos zuecos de madera; una extraña conciencia del cuerpo,  del golpeteo del propio corazón; un dibujo en azul marino y blanco; un lugar donde ocurre la vida, como solo pueden ser los sitios donde perderse significa ser otro para siempre: sin lenguaje, sin patria, apenas un extraño signo perdido en el paisaje (pero quien así piensa, lo hace porque carece de la imaginación necesaria para afrontar la pérdida de su identidad, mínima pero propia, y se pregunta en medio de un profundo suspiro: ¿perder la identidad es perder la existencia?)

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Diamantes


 

Diamantes

 

Por Daniel Salinas Basave

 

Hace una semana escribí que el gran remate de libros celebrado en la explanada del CECUT me arrojaba la absoluta nada como saldo, pero advertí que un buen cazador encuentra diamantes el carbón. Pues bien, la profecía se cumplió: el experto pepenador encontró joyas entre toneladas de heno.

Luego de una tempranera caminata de nueve kilómetros por el parque Esperanto, retorné al remate a ejercer la pepena y el trueque. De entrada, he hallado el que desde hoy es ya el libro más antiguo de toda mi biblioteca: La Historia Griega referida a los niños de Lame Fleury, editado en Librería de Rosa en 1836. Un libro de 190 años de antigüedad a 250 pesos. Además, me he hecho de uno de los tomos de Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (El 19 de Marzo y el 2 de Mayo) editados en 1887 por la madrileña imprenta La Guirnalda

Mi gran adquisición fueron los ensayos completos de Michel de Montaigne en tres tomos en editorial Altaya, en los cuales no gasté dinero en efectivo pues los intercambié por libros míos (Tigre Blanco, Lobo en su hora y Cine curto). Aunque usted no lo crea, yo solo tenía esta magna obra en Porrúa (aunque mi nueva adquisición no amaina ni sacia mi deseo de pepenarla posteriormente en Acantilado).

De pilón, y también en trueque,  hemos pepenado una vieja antología llamada Dos siglos de Cuento Mexicano XIX y XX, seleccionada por Jaime Erasto Cortés, que incluye a 48 cuentistas (24 del XIX y 24 del XX). De más pilonaxo, se me pegó el Solo te ahorcan una vez, la compilación de los tempraneros relatos Pulp de Dashiell Hammmett a una babita de perico (100 pesares, nada malos para un Seix Barral catalán de 500 páginas).

El descomunal chasco del que aún no me recupero, y me tiene sumamente rabioso, fue no haber podido pepenar los tres tomos de las Obras completas de Dostoievski en Aguilar. Les había echado el ojo, pero el colega de Librería Valdovinos solo aceptaba efectivo y hoy resulta que alguien se las ha llevado. Mierda y recontra mierda.

Cierto, tengo las obras (incompletas) de Dostoievski en Galaxia Gutenberg y recientemente me hice de una linda de edición de dos tomos de Los hermanos Karamázov en Alianza, pero ello no amaina ni calma mi deseo de tener las de Aguilar. La tenía, era mía y la dejé ir. Quién dice que en Tijuana no hay bibliófilos. ¿Algún lector de esta página se llevó esa joya? También dejé ir una Historia de Turquía de Lamartine editada en 1855. En fin, colegas, estas son las confesiones y desventuras de un pepenador libresco.

 


Daniel Salinas Basave es licenciado en derecho, periodista y escritor. Ha colaborado en EsquireGatopardoMilenio Replicante, entre otras publicaciones. Trabajó como reportero en El Norte de Monterrey y en Frontera, de Tijuana. Actualmente tiene espacios editoriales semanales en Semanario InfoBajaSuplemento Cultural Palabra, Síntesis tv y San Diego Red. Es Premio Estatal de Literatura Baja California 2010 por Réquiem por Gutenberg. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario Malcolm Lowry 2014 por Cartografías de Nostromo. Relatos de espías, embajadores y embusteros. Premio Gilberto Owen de Literatura 2015, en la categoría de cuento, por Días de whisky malo. Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2015 por El lobo en su horaLa frontera narrativa de Federico Campbell. Ganador del Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2015, en el género de ensayo, por el trabajo titulado Bajo la luz de una estrella muerta.

domingo, 6 de septiembre de 2026

El Grito

 

El Grito

 

Por Marco Benavides

 

Esta es una de las pinturas más famosas del mundo, pero lo que el artista realmente intentaba capturar es muy diferente de lo que la mayoría de la gente supone.

El grito fue creado por Edvard Munch en 1893. A primera vista, parece mostrar a alguien gritando de terror. Pero una mirada más atenta a esas manos revela una historia muy distinta: están presionadas contra las orejas, y el rostro parece intentar bloquear algo.

El título original de Munch nos da una pista sobre qué podría ser eso. En alemán, lo llamó “Der Schrei der Natur”: El grito de la naturaleza. El grito no proviene del personaje; proviene del mundo que lo rodea. Él es simplemente el único capaz de escucharlo.

Describió exactamente el origen de esa sensación en una entrada de su diario, una de las reflexiones más inquietantes que un artista haya escrito jamás sobre su propia obra:

“Caminaba por un sendero con dos amigos. El sol se estaba poniendo. De repente, el cielo se tiñó de un rojo sangre. Me detuve, agotado, y me apoyé en la valla. Había sangre y lenguas de fuego sobre el fiordo, de un azul negruzco, y sobre la ciudad. Mis amigos siguieron caminando, mientras yo me quedaba allí, temblando de ansiedad. Y sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza”.

Ese es el verdadero tema del cuadro: no un monstruo ni una pesadilla, sino un momento que muchos conocen: aquel en que el mundo cotidiano se vuelve de repente extraño y hostil, una ola de pavor lo inunda todo y te sientes absolutamente solo, porque las personas a tu lado no perciben nada.

Munch estaba pintando la sensación misma de la ansiedad.

Y hay algo más: un secreto oculto en la pintura durante más de un siglo. En la esquina superior izquierda, alguien había escrito a lápiz y en noruego: “Solo pudo haber sido pintado por un loco”. Durante cien años, nadie supo quién había sido. En 2021, el Museo Nacional de Noruega utilizó escaneos infrarrojos y comparó la caligrafía con los diarios y cartas de Munch, confirmando que fue el propio artista quien lo escribió.

Lo escribió sobre su propia obra maestra. Muy probablemente fue una respuesta amarga y dolida hacia quienes lo habían tachado de loco. Munch pasó toda su vida transformando esa oscuridad interior en arte, y expresó claramente lo que en realidad estaba pintando todo el tiempo. Lo llamó: “El estudio del alma”.

 

Dr. Marco Benavides, 2 septiembre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

sábado, 29 de agosto de 2026

Diez años de ausencia, un siglo de presencia

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Diez años de ausencia, un siglo de presencia

 

Por Marco Benavides

 

El 28 de agosto de 2016, México se quedó sin aire un instante. Juan Gabriel Alberto Aguilera Valadez, el niño que salió de Parácuaro, Michoacán, y creció en las calles de Ciudad Juárezdejó de respirar en Santa Mónica, California, a los 66 años. Diez años después, la ausencia se ha vuelto costumbre y, sin embargo, su voz no ha dejado de sonar en las plazas, en los teatros, en los teléfonos de una generación que no lo vio en vida y que, aun así, sabe llorar con él.

No fue solamente un cantante. Fue un narrador de emociones que no le temía a la cursilería porque entendía, mejor que nadie, que el sentimentalismo bien construido es una forma de verdad. Convirtió el dolor, la esperanza y el amor en patrimonio: un repertorio que cualquier mexicano recita de memoria sin haberlo estudiado nunca, aprendido en el radio de la cocina, en las bodas, en los velorios.

“Amor eterno”, “Querida”, “Hasta que te conocí”, “Así fue”: más que canciones, son capítulos de una biografía colectiva. Juan Gabriel tenía el don raro de cruzar géneros del mariachi al pop, de la ranchera a la balada orquestada y de cruzar generaciones con la misma naturalidad. Llenaba estadios y, al mismo tiempo, se colaba en la intimidad de un duelo familiar, en el silencio de una casa después de un funeral. Esa doble escala, la del ídolo masivo y la del confidente íntimo, es quizá lo más difícil de repetir en la historia de la música popular

El aniversario ha desbordado la geografía nacional. En Chicago, Los Ángeles y El Paso ciudad hermana de Juárez se han organizado conciertos, proyecciones y festivales para conmemorar los diez años. El documental Mi Primer Bellas Artes vuelve a proyectarse en parques y cines, recordando la noche que lo consagró como figura universal.

En México, Plaza Garibaldi y el Palacio de Bellas Artes funcionan hoy como altares colectivos. Más de 700 mil personas asistieron a su velorio en 2016; una década después, miles vuelven a reunirse para cantar sus temas en homenajes gratuitos, en plazas públicas, en festivales que no necesitan boleto porque el duelo y la fiesta siguen siendo comunitarios.

A lo largo de esta década, rumores y documentales han alimentado la fantasía de que Juan Gabriel sigue vivo, escondido en algún rincón del imaginario popular. Pero lo cierto es más sencillo y más contundente: su obra no necesita de la biología para seguir viva. Más de catorce millones de oyentes mensuales en plataformas digitales lo confirman con una frialdad estadística que, paradójicamente, habla de algo muy cálido.

Diez años después, Juan Gabriel no es un recuerdo: es un idioma emocional que México y buena parte del mundo de habla hispana sigue hablando sin darse cuenta. Su obra es espejo de la identidad nacional y puente hacia lo universal, un patrimonio cultural que, como pocos, se permite el lujo de desafiar a la muerte.

 

Dr. Marco Benavides, 28 agosto 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med MultilinguaEs autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

Extrañas derivas

 



Extrañas derivas

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Leer también puede ser como tomar al toro de la realidad por los cuernos y arriesgarnos a ser destrozados, aunque luego, si bien nos va, reconstruidos por la voluntad de perdurar que nos hace seguir existiendo y no solo para la nada.

        Con toda la mala leche del mundo habrá quien diga que hay demasiados escritores en el mundo. Estoy en contra de esa afirmación, los escritores no sobran, al contrario, el escritor Argentino César Aira en su ensayo Sobre el arte contemporáneo se extiende a este respecto de manera brillante, inicia mencionando la importancia inconmensurable de la obra de Duchamp y sus formas de hacer Arte. Así mismo Aira realizó una extrapolación del concepto de economía conocido como Ley de rendimientos decrecientes, al área de la Física (aquí la cita textual): “El fenómeno en cuestión es el siguiente: Ley de los Rendimientos Decrecientes, de la que he escrito más de una vez. Me cito: Si tenemos un resorte metálico de un metro de extensión con una punta apoyada en el suelo, con una pesa de un kilo puesta en la otra punta el resorte baja noventa centímetros, y queda midiendo apenas diez centímetros de alto. Para hacerlo bajar más, se necesita una pesa de cien kilos, que lo hará descender nueve centímetros. Para hacerlo bajar todavía una fracción más de ese centímetro restante, se necesitaría una pesa de varias toneladas…”

       Si Duchamp funge como el resorte metálico en cuestión, ello explicaría por qué actualmente, escribir bien o mal (haciendo a un lado quién y por qué haga esta valoración) deja de tener sentido en el área de la literatura, pero esto, Aira lo dice mejor: “Todo debe estar permitido para que lo que surja de ese todo tenga el valor liberador que deberíamos reclamarle al arte.”

        Este ensayo se encuentra libremente en Internet, para mí fue prácticamente imposible no desear reproducir todo el texto, pero me privaré de ello para que el lector lo disfrute a plenitud.

            Ya sea que se esté de acuerdo o no con las afirmaciones del escritor argentino, espero haber sembrado la semilla de la curiosidad en el lector de estas líneas.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.