viernes, 10 de julio de 2026

La puerta labrada

 

La puerta labrada

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

1

A un pueblo remoto de la sierra de Chihuahua llegó a vivir una recién formada familia. Él originario de San Isidro, Guerrero. Ella de Chihuahua capital. Traían a su pequeña hijita de mes y medio de edad, nacida también en la capital del estado.

Llegaron a trabajar en un rancho propiedad de la familia desde épocas remotas, que había sido adquirido por el abuelo del señor.

Ocuparon una casa qué con antelación les habían conseguido, pues pensaban permanecer bastante tiempo en ese lugar. La noche fría de su llegada auguraba una fuerte nevada, la casa tenía dos calentones y estufa de leña, y a pesar de esto se sentía lúgubre y fría.

Prepararon la cena y armaron la cunita de la bebé, pues ya estaba profundamente dormida. Ellos se entretuvieron hasta altas horas de la noche destapando cajas, guardando ropa, lo indispensable, cobijas y todo lo que se usaba en climas fríos.

Poco a poco se fueron adaptando a su nueva vida. Él salía al amanecer a ordenar las labores de la pizca, pepene y repelente de las papas y maíz, separando los olotes y rastrojo para los calentones o para comida del ganado. En esos años eran abundantes las cosechas y se requería de mucha mano de obra para la rendición de las cosechas.

Todas estas labores se consideraban normales cuando los termómetros marcaban por lo general entre 12 o 15 grados centígrados bajo cero durante los meses de enero y febrero. La candelilla había veces que no dejaba trabajar, pues estaba todo congelado.

Él salía a las seis de la mañana y a veces no regresaba a casa hasta el anochecer. Ella se levantaba a preparar el lonche, a guisar los frijoles en manteca de puerco, a echar las tortillas de harina; preparaba un guisado de chile vallero con queso, cebolla, tomate y ajo con todo esto para los burritos de carne con papas, chorizo con huevo o chile colorado.

Esto era la rutina diaria. La monotonía y el frío ambiental no permitían hacer otra cosa, más que estar pegado a la estufa haciendo comida y postres.

Así duraron cerca de tres años, hasta que llegó otro miembro de la familia.

 

2

Todo marchaba en aparente calma, pero se sentía en el aire cierta inquietud. Se empezó a filtrar el rumor de que los ejidatarios exigirían la ampliación del ejido, y que requerían las mejores tierras de cultivo para establecer sus dominios en las tierras de mejor rendimiento de las cosechas

No se llegó a ningún acuerdo. El rancho fue invadido, sus dueños enfermaron a raíz de tan terribles atropellos. El lugar quedó solo y deshabitado. Se perdió el trabajo para muchas personas que se habían esforzado para forjar un gran lugar de progreso para toda la región.

Después de estos sucesos y de haber vivido en cuatro casas diferentes, los señores decidieron comprar un terreno para hacer su casa, y pronto se comenzó la construcción. Una casa de grandes dimensiones. Los tiempos no eran propicios como para aventuras a construir una casa de esa magnitud, sobre todo con techo de lámina recubriendo vigas artísticamente barnizadas y se asemejan a una cabaña del oeste de los Estados Unidos.

Se le hizo el recubrimiento de mezcla y pintura por dentro, se pusieron ventanas, y por último la puerta de madera.

 

3

La hermosa puerta la hizo un afamado carpintero del lugar, bellamente labrada. Lamentablemente, a los tres días de haberla barnizado y terminado, el ebanista falleció. Todo fue tan repentino, el cambio fue tan rotundo, y la casa sin terminar.

En una noche de luna llena. La puerta estaba iluminada y se vio la sombra de una mujer con falda de seda; al caminar se escuchaba el ruido de los pasos y el taconeo hasta el fondo del pasillo. Hacía seis meses, la señora había perdido a su madre. La mujer lloró, pensaba que su mamá había venido a despedirse. No se le vio la cara ni los pies, solo salir del cuarto de enfrente, tapada con un chal negro cubriéndose el cuello y los hombros, sobre una blusa blanca. Casi una visión sobrenatural. La señora se desmayo. El señor trató de volverla en sí, pero no podía dejar de llorar.

Pasaron algunos días sin novedad, pero los niños escuchaban cadenas en el piso y los tacones de aguja se habían escuchado por el pasillo. Esto sucedió con mucha frecuencia, nunca se supo quién era la mujer. Pero una tarde la señora salió a comprar estambres y apareció una mujer, se dirigió a la señora llamándola por su nombre completo con sus dos apellidos, cosa que en el pueblo nadie sabía su nombre de pila, pues solo le llamaban señora Nava.

Le hablo llamándola de nuevo por su nombre y le dijo estas palabras:

 

4

Vamos a su casa y en el camino le cuento algo, pero usted no puede mencionar nada de esto ni a su esposo. Es muy confidencial.

La señora Trinidad dejó un encargo para usted conmigo, y solo yo le podré decir de qué se trata.

 

5

Pasaron los años. Los dos esposos regresaron a la capital, a una casa de renta. Un día la señora iba por la calle cuando de pronto sintió que alguien la miraba fijamente. Vio una hermosa mujer que le dijo:

Venga, ya no busque más, la fortuna está aquí.

Señaló con el dedo, debajo de la ventana. La señora estaba asustada, preguntó a los vecinos si conocían a la bella mujer, y nadie le supo dar razón.

Se organizaron con palas, picos, un detector de metales y pronto procedieron a hacer la investigación en físico. Rentaron una camioneta. Con familiares cavaron y cavaron hasta el filo de medio día. Les dio hambre. Los hombres le pidieron comida a la señora, ella noto el ambiente tenso y miradas inquisitivas, ya la tierra se sentía floja.

Al volver a seguir cavando, aparecieron unas piedras de grandes proporciones, lo que impidió seguir escarbando.

Dicen los conocedores de estos temas paranormales qué cuando los guardianes de los entierros detectan malas intenciones en quienes acompañan a la persona designado para recibir el entierro, se transforma en carbón, o se vuelve nada, el entierro desaparece.

Ellos se tuvieron que volver para entregar la camioneta, y jamás se volvió a saber qué sucedió con el supuesto entierro

La casa se vendió y jamás se supo acerca del famoso regalo. El apoderado jamás supo nada.

Este suceso fue real y verídico y fue hace 11 años. En el lugar se encontraron unas piedras de medidas colosales. Después se supo que la mujer de la tienda de estambres era una bruja que trataba con temas y seres diabólicos, en ese lugar. La señora Trinidad si existió y murió sola en su propiedad esperando que sus hijos fueran a verla antes de morir. Ellos jamás pudieron volver a ver a su madre.

 


Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y de trascendencia.

Vértigo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Vértigo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Quiénes fueron tú en mi hambre constante de ti?

       Hacer un recorrido no lineal hacia ti; es decir, no hacia un abrazo simple e imperfecto, no a un beso donde se fundiera toda la infancia y su necesidad de ternura infinita; hacer eso, decir sí a una vulnerabilidad semejante a la del condenado en su encuentro con el hacha.

     Decir sí a la madrugada en que vendrían a preguntar qué comería ese mi último día antes de ver a los ojos al verdugo, de quien no es necesario saber el nombre.

       Así, en este cuerpo de ser humano, saber que no es necesario que mi cuerpo esté frente a ti para que una inmensidad de insectos dancen sin cesar en mi pensamiento para nada y cumplir con la tarea irrenunciable de decir: Vivo.

      Ha sido así y es, aún, nombrarme par y múltiple; porque nombrarte es intuir ¿qué? La desolación de quien tiene un alma y no sabe qué hacer con ella.

       Es difícil decir sí sin perderse, al parecer es imposible, mi pensamiento es un caracol que recorre un mismo camino a velocidad sideral y no llega jamás a puerto claro, hay demasiado mar en su anhelo de caminos y se sabe terrestre, quiere saber los nombres de cada grano de arena, de cada gota de mar; incapaz de llorar tanta desmesura busca una quietud imposible para su corazón enamorado del vértigo.

      Es capaz de mentir, de sonreír ante la desgracia de saberse atrapado en el laberinto que ha dibujado, pero aún le cuesta el cinismo necesario para cerrar con sus propias manos el mecanismo que hace funcionar las esposas de brillante metal, iridiscente objeto, némesis del viaje infinito al que mi corazón se sabe destinado.

       Vértigo y anhelo entonces se dan la mano, ahí, en el instante único en el que verdaderamente ya no importan los nombres y nombrar es tarea absurda aunque mi cuerpo sigue siendo humano.

       Un día más sin ser pájaro o tormenta.

       Pero, paciencia. Todo es cuestión de tiempo.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

lunes, 6 de julio de 2026

El hermoso partido de futbol del domingo 5 de julio

 

La columna de Bety

El hermoso partido de futbol del domingo 5 de julio

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Me gusta mucho el Mundial de Futbol, porque en realidad no soy muy aficionada a los partidos usuales, y también admito que no soy muy conocedora.

Lo que pude apreciar en el partido de ayer domingo 5 de julio de 2026 el de Mexico- Inglaterra, fue que era muy notoria la estatura de los ingleses y la de los naturalizados, su complexión. Es sabido que los señores de raza oscura son de una inigualable resistencia.

Otra cosa: El hombre inglés acostumbra sentirse gentleman. Eso se notó al lanzar continuamente despectivas patadas voladoras al estilo lucha libre, sobre todo el tal Kane y otros que ni recuerdo sus nombres.

Además el triunfo lo obtuvieron los ingleses por algunas cosillas por ahí que el árbitro se hizo como que no vio. Y para acabarla de amolar, un factor fue la extraordinaria actuación de su portero, qué digo, porterazo: el rubio Jordan.

En fin, no se trata de llorar sino de agradecer estos días de ilusión y de alegre convivencia que tuvimos entre todos, olvidándonos por unos días de esa terrible división entre fifis y chairos. Pero, tristemente hoy lunes iniciará cierta personita con la machacona soberanía y sus diferencias con cierto personaje que lleva el nombre de un gracioso patito.

Resignados y un poco destanteados, regresamos a la realidad aunque todavía continúa el Mundial.

Y pues, a desearle suerte y éxito a quien luche por lograr la World Cup 2026. ¡Aburrr! Me retiro por hoy con cierto sentimiento natural de un poquitín de tristeza, pero también de alegría de haber mostrado que México, a pesar de tantos años, más de siete, de casi sufrimiento diario, hemos tenido la dicha de observar el color verde en las playeras a diestra y siniestra, el brillo en las miradas y la cordialidad que nos distingue y que por fortuna hasta el último rincón del planeta se pudo observar. Se tenía que decir, y ya lo dije.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

domingo, 5 de julio de 2026

El Hilton

 

Diseño gráfico: Copilot IA

El Hilton

 

Por Gustavo del Bosque

 

A principios de los años setenta derribaron el Hotel Palacio Hilton de la Ciudad de Chihuahua. Desde el momento de la demolición se acorrientó el Centro Histórico. Cuando lo estaban tirando, yo estaba en la Ciudad de México. Lloré desconsolado.

En ese bello recinto empecé a cantar muy jovencito. Me dio chance don Miguel Pavia, con los maestros Chava Tejeda, Kiko Ríos, Richy Chavarría y Leonel Corral, de grata memoria; los creadores de la bohemia musical con clase muy a su estilo.

Llore, sí, y no me avergüenzo de aceptarlo. Lloré amargamente porque sentí que me habían borrado mis inicios como un cantante adolescente lleno de sueños.

No lo podía creer.

Semejante atentado.

Admiraba tanto ver llegar a don Julio Laguette y a don Ramiro Uranga cuendo eran muy jóvenes, con aquella finos trajes cruzados Pierre Cardin, una corbata italiana de seda estampada en diferentes tonos de color verde, y a don Ramiro Cota con sus elegantes corbatas Ascot. Hasta llegue a preguntarle que cómo se llamaba esa prenda. Extrañado, muy gentil, me dijo se llaman Gaznés.

Varias veces me repetí: Algún día vestiré como ellos.

Y cuando pude hacerlo, los busque y los encontré en una tienda frente al Hotel Fiesta Palace en la Ciudad de México.

Ya en Monterrey, cuando daba yo un concierto en Reno Club, entre el público estaba Ramiro Uranga con un señor Garza Sada, me pidió dos canciones: Peleas y Parece que fue ayer. Estuve en su mesa y salí con la simpleza de decirle: Por fin pude vestirme como el galán de galanes de los años sesenta, don Julio Lagguette.

Sonrió muy dubitativo por mi ocurrencia.

Pero quién no es un galán a los 19 años y en este ambiente.

 


Gustavo del Bosque es cantante, actor y cronista.

Libros y futbol

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Libros y futbol

 

Por Carlos Gallegos

 

En estas horas tensas

minutos eternos

en esta espera que desespera

en este día del bien

el futbol mexicano

volará más alto que nunca

en este día que quema

es prudente

reposar el nervio

en la lectura

y el goce de un libro

que nos lleve

a un mundo

ajeno a las esperas y los nervios

por fortuna tenemos muchos

escritores

muchos chihuahuenses

sublimados en su talento

tenemos a Martín Luis Guzmán

con sus novelas formidables de la Revolución Mexicana

tenemos al juarense José Muñoz Cota

con sus letras brujas

sobre el desierto

el mezquite y el huizache

A José Fuentes Mares

y su fecunda mente

de historiador y escritor

vague en la prosa de Fernando Jordán

el chihuahuense universal

que escribió

la biblia de Chihuahua

aprenda y entienda

las clases de política y militancia fiel

que le dicta

en sus cuartillas

el camarguense

Carlos Chavira Becerra

siga los pasos

de Jesús Gardea

cuando buscaba en vano la razón

de haber nacido

en el corazón del Delicias

de su sueño

sienta y viva

lo que sintió y vivió

 Carlos Montemayor

entre las minas de plata

y los socavones

sin fondo de Parral y Santa Bárbara

lo que escribió

Víctor Hugo Rascón Banda 

entre los pinares y las estrellas

de Uruachi

cuando vio caer una mujer del cielo

deje que Alfredo Espinosa

le recuerde el Delicias de ayer

 donde tropezó, cayó y se levantó en los callejones

 de sus infiernos y extravíos

o bien

con la magia

de Internet

ubique

 algún escritor bisoño

a alguna escritora

incógnita

que lo tome

de la mano

y lo lleve

de paseo

por el Delicias de hoy

y por el Delicias de mañana

en la tarde

luego del triunfo

en el Azteca

con nadie comparta

el gozo de

sentarse un rato

en una banca

de la Plaza Principal

a escuchar

 el canto enamorado

de un chanate

que

 ignora que tal vez su novia

de anoche ya vuela

junto a otras alas

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

sábado, 4 de julio de 2026

Hoy Estados Unidos celebra 250 años de Independencia

 

Hoy Estados Unidos celebra 250 años de Independencia

 

Por Red Nacional de la Crónica

 

El jueves 4 de julio de 1776, trece colonias británicas dieron un paso decisivo al declarar su libertad y comenzar el desarrollo de una nueva nación. La lucha no fue breve ni sencilla: la Guerra de Independencia se extendió de 1775 a 1783, con George Washington al frente del ejército continental.

El Tratado de París reconoció finalmente el nacimiento de los Estados Unidos de América. Su bandera conserva esa memoria: trece barras por las colonias originales y cincuenta estrellas por los estados que hoy integran la unión.

 


Julio 2026

Archivo: Rubén Beltrán

El mar que recuerdas


 Diseño gráfico: Marco Benavides

El mar que recuerdas

 

Por Marco Benavides

 

Hay costas que solo se miran. Y hay costas que se leen. La Riviera Maya pertenece a esta segunda estirpe: un litoral que bajo su turquesa de postal guarda capítulos enteros de piedra, sal y memoria.

Bajo la caliza blanda de la península, el tiempo excavó ríos que nunca vieron el sol hasta que un cenote les regaló una claraboya. Cada cenote es una gota inmensa suspendida entre la selva y el subsuelo, y en su transparencia se adivina la paradoja de esta tierra: lo más frágil resulta lo más duradero.

En Tulum, la piedra maya se asoma al Caribe como quien todavía vigila el horizonte, una conversación inconclusa entre dos inmensidades: la del mar y la del tiempo. La civilización habita el presente en la lengua, en los nombres de los pueblos, en los rostros de quienes hoy sirven cocteles frente al mismo mar que sus ancestros navegaron.

Pero ningún paraíso escapa a la historia de sus visitantes. El turismo trajo empleo, caminos, hospitales, escuelas; también trajo cemento donde antes había duna, y una sed de crecimiento que a veces olvida preguntar cuánto puede dar la tierra sin agotarse. La región vive hoy esa tensión antigua entre el deseo y el límite: cuánto se construye, cuánto se conserva, quién se beneficia y quién queda al margen del banquete.

Detrás de cada hotel hay manos que tienden camas y guían lanchas; detrás de cada selva hay comunidades que llevan generaciones nombrando cada a los elementos de la tierra. El turismo responsable es el gesto simple de mirar a quien habita el lugar antes de fotografiarlo, de entender la selva escenografía y tambén hogar.

El futuro de esta región caribeña se escribe en la manera en que se administra el agua, se trata el arrecife, se remunera al trabajador, se preserva el idioma. Si la codicia gana la partida, la Riviera Maya podría convertirse en ruina: una postal vacía. Pero si prevalece la conciencia, seguirá siendo lo que ha sido desde tiempos mayas: un punto donde la tierra, el mar y el ser humano negocian los términos de una convivencia posible.

Acaso Milton se equivocó solo en el mapa: El paraíso perdido no está perdido del todo. Late aquí, en la Riviera Maya, entre la sombra húmeda de los cenotes, la respiración de la selva y ese Caribe que parece haber aprendido a pronunciar la eternidad en turquesa.

Porque, al final, la Riviera Maya no es un destino, sino una pregunta que el mar repite en cada ola: ¿sabremos cuidar aquello que tanto amamos admirar?

 

Dr. Marco Benavides, 4 de julio 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.