domingo, 25 de enero de 2026

A quien corresponda

 


A quien corresponda

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Deliciosa sensación tomar el metro (conocido como tren ligero en la ciudad donde vivo) cuando todos los asientos están libres. Eso me pasó ayer por la tarde, luego de un largo camino en carretera, ya que tomé en la última (o primera, según se vea) estación de este no tan ligero transporte. Y cuál no sería mi suerte que al sentarme en un asiento rojo veo a un lado de mí un folder amarillo: Como no se veía en los alrededores dueño alguno, no tuve reparo en tomarlo entre las manos y abrirlo. Como tales hallazgos, creo, son dignos de compartirse, les dejo aquí lo que en una hoja tamaño carta (único contenido de ese folder) leí:

Querida Niña que naciste en esta familia, heredaste el gusto de reír con otros, la posibilidad de hablar y estar de acuerdo o de discutir sin romper lazos, no tienes que cargar con las culpas de nadie, llegará un momento en que quieras ser juez, recuerda que no es necesario, eso es algo que puedes transformar, ver con amor los errores de los otros, saber que es posible perdonar a quienes no pudieron hacer otra cosa más que esa que hicieron y rompió algo en ti, te hizo reconocer al mundo como algo peligroso. Quédate tranquila, llegará un tiempo en el que tendrás la certeza de que siempre encontrarás un abrazo y que también tú puedes abrazarte porque hubo amor para ti y todavía puedes entrar en los brazos de tu madre, tus hermanas y tu futura hija, ahí hay amor para ti.

Querida Niña que no le temes a la noche, ni a los fantasmas, ese valor te acompañará siempre, puedes estar sola sin que te moleste el silencio, sabes que ahí hay una música que puedes dibujar con tus palabras. Eres amada. Dentro de ti existe ese calor que hace hogar en cualquier parte, sabes mirar dentro de ti y desde ahí invitar a jugar a quien quieras, tu corazón es un jardín soleado, todo el tiempo que tú quieras podrá serlo.

Niña inmensa porque los límites son dibujos y tú tienes los lápices de colores para vestir estrellas y galaxias, así eres, así serás, de ese tamaño porque a través de tu cuerpo corre una sangre tibia, roja, que ama la vida. La rebeldía será un día tu fuerte, desde ahí darás la guerra y desde ahí también sembrarás la que tú eres porque eres fruto de ti misma, y aunque afuera esté nublado, hay un mar a mediodía en tu mirada, en la conciencia que eres de ti. Sí, no he de negar que el mundo es un lugar peligroso, pero tu valor puede enfrentarlo y salir de cualquier conflicto con el rostro mojado en lágrimas tal vez, pero sonriendo porque sabes de qué va el juego, sabrás jugarlo, confía en eso. Vas a estar bien.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005) y Raptos (2009). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente reside en Guadalajara.

Entre flores y provocaciones: hippies y yippies en la contracultura


 Diseño gráfico: Marco Benavides

Entre flores y provocaciones: hippies y yippies en la contracultura

 

Por Marco Benavides

 

En la turbulenta década de los sesenta, Estados Unidos fue escenario de una rebelión cultural sin precedentes. En medio de la Guerra Fría, la lucha por los derechos civiles y la guerra de Vietnam, surgieron movimientos juveniles que cuestionaron de raíz los valores dominantes heredados de los años cincuenta, por el rígido control del comportamiento de los jóvenes en los Estados Unidos, encabezado por su presidente Eisenhower, militar y héroe de guerra.

Entre ellos, los hippies y los yippies se convirtieron en símbolos de la “contracultura”, proponer otras formas de vivir, pensar y relacionarse cuando la cultura oficial se percibe como rígida, injusta o vacía‒, aunque con enfoques profundamente distintos sobre cómo desafiar al sistema.

El movimiento hippie nació a comienzos de los años sesenta, especialmente en San Francisco, en el emblemático barrio de Haight-Ashbury. Más que un proyecto político organizado, fue una forma de vida. Los hippies rechazaron el consumismo, la rigidez moral y la violencia institucional, proponiendo en su lugar el pacifismo, la vida comunitaria y una búsqueda espiritual inspirada en filosofías orientales como el hinduismo y el taoísmo. El amor y las flores, así como coloridas estampas citadinas, eran comunes en aquellos días. Su oposición a la guerra de Vietnam fue clara, pero no necesariamente articulada a través de estructuras políticas tradicionales.

La estética hippie se convirtió rápidamente en un lenguaje visual propio: cabello largo, ropa colorida y artesanal, símbolos psicodélicos y una relación íntima con la música. El rock psicodélico, con bandas como Jefferson Airplane o Grateful Dead, y eventos masivos como Woodstock en 1969, que funcionaron como rituales colectivos de una generación que aspiraba a transformar la conciencia antes que las instituciones. El llamado “Verano del Amor” de 1967 marcó el punto culminante de esta utopía juvenil.

Los yippies, en cambio, representaron otra cara de la misma rebeldía. El Youth International Party, fundado alrededor de 1967 por figuras como Abbie Hoffman y Jerry Rubin, surgió de la convicción de que la retirada espiritual no era suficiente. Para los yippies, el sistema debía ser confrontado directamente, pero no mediante la solemnidad ideológica, sino a través de la sátira, el teatro y la provocación mediática. Su activismo fue deliberadamente escandaloso, diseñado para exponer el absurdo del poder.

Uno de sus actos más recordados ocurrió en 1968, cuando nominaron a un cerdo, “Pigasus”, como candidato presidencial, ridiculizando la política institucional. Ese mismo año, durante las protestas contra la Convención Nacional Demócrata en Chicago, los yippies adquirieron notoriedad internacional. Esta fama quedó indeleblemente marcada por las confrontaciones con la policía durante la convención demócrata de 1968, habiendo declarado el presidente Johnson que no competiría por la reelección en 1969. A diferencia de los hippies, no evitaban la política: la convertían en espectáculo para desarmarla desde dentro.

Aunque compartían estética y generación, las diferencias entre ambos movimientos fueron claras. Mientras los hippies buscaban vivir al margen del sistema, los yippies aspiraban a desestabilizarlo públicamente. Los primeros confiaban en la transformación individual y comunitaria; los segundos en la confrontación simbólica y mediática. Ambos, sin embargo, reflejaron el profundo desencanto de una juventud que ya no creía en las promesas del progreso posterior a la Segunda Guerra Mundial, una vida dedicada al consumismo.

El movimiento hippie comenzó a diluirse a inicios de los años setenta, afectado por su comercialización, el desgaste interno y el fin progresivo de la guerra de Vietnam. Los yippies también perdieron visibilidad después de la elección de Richard Nixon, Watergate y la caída de Saigón, evento que dio por terminada la guerra de Vietnam, en abril de 1975.

Hoy, aunque los movimientos hippie y el yippie ya no existen como organizaciones vivas, su espíritu sigue presente en formas distintas: el ideal hippie reaparece en comunidades alternativas, movimientos ecologistas, estilos de vida minimalistas, espiritualidades no institucionales y culturas que promueven la paz, la diversidad y el bienestar colectivo; mientras que la energía yippie más política y teatral se refleja en activismos contemporáneos que usan el arte, la sátira y las intervenciones públicas para denunciar injusticias y cuestionar al poder.

En conjunto, su legado vive en una mezcla de globalización, creatividad y crítica social que sigue influyendo en cómo imaginamos otras maneras de vivir satisfechos laboral, económica, intelectual y espiritualmente.

 

Dr. Marco Benavides. Enero 19, 2026.



Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

domingo, 18 de enero de 2026

Hay fotos en mi memoria filosófica

 


La columna de Bety

Hay fotos en mi memoria filosófica

 

Por Beatriz Aldana

 

Tengo muchísimas fotografías compartidas en la red digital llamada Facebook, así que, en estos primeros días del año que comienza, esa red ha tenido a bien hacérmelas llegar como recuerdos.

En ellas se capta perfectamente cada estado de ánimo, incluso el brillo de la mirada, a veces cierta delgadez en el rostro; en otras son notorios los surcos propios de mi edad. Bien. El recuento de todo ello viene a este tema. Admito sin timidez que estoy absolutamente enamorada de una personita muy especial. Y digo ese calificativo porque es una figura pública, sin mencionar su labor específica, o sea, para salvaguardar su identidad y, por supuesto, por correcta ética.

Pero me sucede algo con ese sentimiento, que hasta el sol de hoy jamás lo tuve en mis otras relaciones, tal vez porque esas personas no estaban en el  foco público, y siempre las tuve con un sentido de pertenencia, sin el menor temor de sentirlos compartidos con absolutamente nadie. En cambio ahora, que supuestamente debo tener mucha más madurez y seguridad en mí misma, mi yo interno me dice en voz quedita esto: Tienes mucha competencia, Beatriz. Y a pesar de que sé que tienes algo distinto y especial en comparación a otras mujeres, esa pequeña o mucha dosis de inseguridad, o como te dijese alguna vez una damita de tus confidencias:

 

No, Bety, no es inseguridad, porque tienes una belleza interna que salta a la vista, lo que sucede es que por alguna razón sientes que no mereces ser amada, o querida. Pero eso es un ciclo de tu vida que no has podido cerrar, porque no quieres, o porque te causa mucho dolor.

 

En fin, regreso a lo de mis fotografías y contemplo en ellas siempre un aura de tristeza, combinada con un profundo amor. Y otra pregunta me salta hoy: ¿Será más bien temor a la vida en sí? He ahí el dilema.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

viernes, 16 de enero de 2026

Creedence Clearwater Revival: el relámpago que iluminó una época

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Creedence Clearwater Revival: el relámpago que iluminó una época

 

Por Marco Benavides

 

Hay bandas que construyen su legado durante décadas y otras que iluminan el cielo en un instante, se van, y dejan una marca indeleble. Creedence Clearwater Revival pertenece a esta estirpe. Entre 1967 y 1972, CCR definió un sonido, escribió himnos generacionales y encarnó las tensiones más profundas de la sociedad estadounidense de finales de los sesenta.

La historia comienza lejos de los pantanos del sur de los Estados Unidos, que luego poblarían su imaginario. John Fogerty, Doug Clifford y Stu Cook se conocieron en la secundaria en El Cerrito, California, formando The Blue Velvets a finales de los cincuenta. Tom Fogerty, hermano mayor de John, se integró como guitarrista rítmico. En 1964 firmaron con Fantasy Records, que les impuso el nombre The Golliwogs sin consultarles. Estos años fueron decisivos: John Fogerty emergió como núcleo creativo, afinando una voz rasposa y una forma de escribir que combinaba narración, crítica social y economía expresiva.

A finales de 1967, el panorama musical había cambiado después del “verano de las flores” en San Francisco. Saul Zaentz, nuevo dueño de Fantasy Records, les ofreció grabar con la condición de adoptar un nuevo nombre. Así nació Creedence Clearwater Revival, un nombre que invocaba tradición, pureza y renacimiento.

El primer golpe llegó en 1968 con Suzie Q, una versión extensa que funcionó como declaración de intenciones: CCR no sonaba como la psicodelia dominante ni como el folk introspectivo. Su música parecía venir de otro lugar, más antiguo y terrenal.

Entre 1968 y 1970, Creedence vivió una racha extraordinaria: cinco álbumes exitosos y coherentes. Su sonido blues, country y folk se sostenía en guitarras limpias, ritmos sólidos y la voz inconfundible de John Fogerty. Las canciones parecían simples, pero escondían complejidad narrativa: Proud Mary como metáfora de libertad, Bad Moon Rising anticipando catástrofes con sonrisa amarga, Green River evocando infancias míticas. Y Fortunate Son, su canción más política, se convirtió en himno antibélico que denunciaba la desigualdad en el reclutamiento para Vietnam, pero sin consignas explícitas.

Colocaron nueve sencillos en el Top 10 del Billboard, pero el éxito acentuó tensiones internas. John Fogerty asumió todo el peso creativo, garantizando coherencia excepcional, generando resentimientos. Tom Fogerty se sintió marginado, atrapado entre lealtad familiar y frustración profesional. En 1971 abandonó la banda, marcando un punto de no retorno.

El último álbum, Mardi Gras (1972), reflejó el conflicto. Stu Cook y Doug Clifford exigieron mayor participación compositiva, resultando en un disco fragmentado y desigual. En octubre de 1972, CCR se disolvió sin despedidas grandilocuentes, solo el silencio posterior a una combustión intensa.

Con el tiempo, el legado de CCR no hizo más que crecer. Sus canciones se integraron al imaginario cultural estadounidense y global, utilizadas en películas, documentales y series como símbolos de una época convulsa.

En 1993, la banda ingresó al Rock and Roll Hall of Fame, aunque incluso ese reconocimiento estuvo marcado por ausencias y distancias no resueltas. Creedence Clearwater Revival fue, en esencia, una paradoja: una banda californiana que sonaba como si fuera de Alabama; un grupo de enorme éxito que se desintegró rápidamente; una música sencilla en apariencia, pero cargada de resonancias sociales y emocionales. Como un relámpago, CCR pasó rápido, pero para la generación de la contra cultura, la luz que dejó como fenómeno, sigue 60 años después iluminando el paisaje del rock.

 

Dr. Marco Benavides, 14 enero 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

lunes, 12 de enero de 2026

Cisne lodo, de Guadalupe García Bueras/ Principio de construcción del poema contemporáneo

 


Cisne lodo, de Guadalupe García Bueras

Principio de construcción del poema contemporáneo

 

Por Federico Corral Vallejo

 

Cisne lodo, de la autora sonorense Guadalupe García Buera, ha sido acreedor al Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2025, en su emisión XXVI, consecutivamente desde 1999.

Este libro posee, entre otras características, nivel literario, originalidad, uso de figuras retóricas propias de la poesía, así como indicios prácticos de la teoría de los diferentes tipos del verso libre, que no es tan libre como se supone, pues modifica sustancialmente el principio de construcción del poema contemporáneo. Uno de los extremos a los que se llega es la separación de las estructuras tradicionales como el soneto, el romance o la décima, entre otros. No obstante, hay puntos intermedios que motivan el diseño orto-tipográfico de los nuevos textos, y que algunas de esas técnicas son punta de lanza para dar rienda suelta a las vanguardias literarias en el universo de la literatura universal. Por lo cual Cisne lodo está relacionado de manera íntima con un coloquio de fondos retóricos, engalanados con distintas instancias metafóricas, mismas que traen implícitas una mayor sensibilidad y una apertura a las nuevas formas y cánones que rompen con la expresión conocida como tradicional.

Es así como en el plano del discurso retórico de Guadalupe García Bueras, la poeta va estableciendo sus propias bases para que su intención lírica, mediante el verso libre, se vea concretada de manera ya visual, o explicita. Tales expectativas o líneas poéticas reconfiguran la secuencia horizontal de la escritura tradicional e incursionan en nuevos trazos, que rebasan el puro significado de las palabras, y a su vez producen otros sentidos y significados por medio de la grafía de los textos. Eso puede verse en los dos apartados que conforman el cuerpo de la obra referida subtitulados: “Cerebro frío” y “Poéticas de la infancia”. En ambos apartados el lector podrá leer y observar detenidamente cómo los poemas de García Bueras van engrosando los ejemplos de las variantes del verso libre, dado que su inspiración se amplia y diversifica debido a la necesidad evolutiva del arte y su lenguaje.

Por tal motivo debo puntualizar las variantes más notables de esta posible clasificación en la obra galardonada. Por un lado, podemos apreciar el esplendor del versolibrismo, herencia del poeta chileno Vicente Huidobro, quien nos legó la vanguardia del “Creacionismo estético”; y por otro contemplar las variantes del mismo que van de la línea fluyente a la línea dividida, pasando por la línea pespunte y la línea escalonada; sin descuidar por supuesto, la línea vertical y la segmentación por bloques. Amén de la poesía visual con que hace ajustes estéticos y relevantes en la poesía actual contemporánea, misma que está en perpetua evolución y va en busca de nuevos recursos y nuevas técnicas para embellecer y escenificar de manera orto-tipográfica la profundidad de las emociones que buscar ser al fin una palabra, un verso, un poema. Parte de lo que escribo el posible lector lo podrá encontrar en algunas páginas como la 16 qué a continuación cito:

 

En mi última invasión

encontré el viento.

 

El polvo de los zapatos

                      r        a

                 e               m

             m        f           r

            o                o

               l

                     i                s

                         n       o

de cantáridas en mi garganta.

 

Hallazgos similares encontraremos en las páginas 21 y 48, y algunas más, pues parte del discurso poético de Cisne lodo recae en cierto énfasis que nos da a entender que todo poema posee una significación, por muy críptica o metafórica que esta sea. Que todo cuanto se escriba desde el fondo del alma obtendrá un reflejo en otros ojos, o en otra piel. Tal vez en otro espacio o en otro idioma, porque no olvidemos que toda metáfora es poesía y que la poesía es un espejo, en el cual podremos reflejarnos. Pues como decía Borges: “Todos los poetas somos Homero y escribimos el mismo libro eternamente”.

En el siguiente poema “Poética de la infancia” Guadalupe García Bueras nos remonta a los años niños, haciendo que nuestro pasado relampaguée en nuestro presente. Es aquí, en estos versos de línea vertical donde se cumple la analogía de la poesía-espejo.

 

Poética de la infancia

 

L        d        a       l

o         í        ñ       l

s         a        e       u

           s        j       e

                    o       v

                    s       e

                             n

y regentean al presente…

 

Quien tenga la oportunidad de leer Cisne lodo se dará cuenta de que el elogio de este texto no es gratuito, sino ganado a pulso. Que cada letra impresa es garantía de un crecimiento literario, reflejo no de una vida, sino de muchas vidas que son plasmadas en los versos concebidos por García Bueras, quien transcribe no solo su experiencia, sino también la de muchas mujeres que no tienen voz y ella las presta suya, las eleva más allá del viento y el espacio, esparciendo el sonido de todo lo que acontece en las esquinas de este mundo.

Para finalizar quiero dar eco a los textos de los jurados de este premio:

 

1. Becky Rubinstein F: Cisne lodo es un poemario que resalta por su buen inicio y su mejor remate. El manejo de metáforas, diríamos arriesgadas, lo hacen único, amén del amplio vocabulario y la multiplicación de sus neologismos.

 

2. Abdul S. Machi: Cisne lodo es un texto de gran integración en el contenido del mismo, lo que genera una continuidad tópica y rítmica, exponiendo además un nivel de calidad constante a lo largo del libro. Resalto el uso acertado de figuras retóricas relevantes y originales, además de un interesante uso de técnicas caligráficas en varios de los versos.

 

3. María Merced Nájera Migoni: Cisne lodo es una apuesta a la poética creacionista actual, a lo casi invisible, donde numen, fondo y forma son una trenza de versos profundos que nos acercan a lo audible inaudito que se enmarca en el universo de un soliloquio intenso y por demás retórico literariamente.

 

A modo de finiquito, cabe acotar que esta es la tercera ocasión que el Premio Nacional de Poesía Tintanueva recae en Sonora y que autores de la talla de Carlos Montemayor, Juan Bañuelas, Saúl Ibargoyen, Fabio Morabito, Eduardo Langagne, Silvia Pratt, Ernesto García Núñez y Becky Rubinstein han sido jurados y avales del mismo. Enhorabuena, Guadalupe García Bueras y bienvenido al mundo del papel y la tinta a Cisne lodo.

 

García Bueras, Guadalupe: Cisne lodo. Editorial Tintanueva, México, 2025.

 


Federico Corral Vallejo. Nació en Parral, Chihuahua. Escribe poesía, ensayo, novela, crítica y canciones. Tiene publicados más de 40 libros, entre las más destacados: En poesía: Vomitar mi muerte. En ensayo: Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre. En cuento: Mujer de humo. En canciones: A capella 440 y en novela: El otro Federico, más allá de la ficción. Posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de Publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de ensayo Principios de sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico, Bolivia y México.

No me gusta andar a la greña

 


La columna de Bety

No me gusta andar a la greña

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Y hago una aclaración: Mis crónicas, mis recuerdos, las vivencias que cuento, jamás contienen un dejo de victimización, simplemente que desde muy pequeña fui observando el hecho de ser un tanto diferente en muchos aspectos.

Aquí iniciaré. Cuando era una chiquilla como de unos seis añitos no lograba comprender el por qué era inconveniente el ser güerita y blanca en una colonia o barrio de clase media baja, donde la gran mayoría de mis vecinos y vecinitas eran más bien de cabello obscuro y tez morena clara, por supuesto con algunas excepciones por ahí de quienes tengo un muy agradable recuerdo, ellas son Lupita y Paty.

Pues bien, continuando con ese llamémosle inconveniente, viene a mi memoria el continuado bullying, que así no se le llamaba en aquellos aciagos años cincuenta y sesenta, fui una niña un tanto huraña por los constantes ataques a mi apariencia física, a tal grado que era jalado hasta casi arrancar de raíz mi hermosísimo cabello largo rubio. Eso por dos vecinas más grandes que yo en ese tiempo, una apodada La Menona, hija de un boxeador, y la otra apodada La Negra, que no recuerdo de quien era hija pero ella vivía en la zona más feíta, calles abajo de la 27, creo era la 23, que era la zona donde se juntaban las pandillas.

En fin, por causa de mi actitud huraña y a la defensiva, daba el aspecto de ser una niña tímida y dejada. Por esa razón supongo que era el abuso por parte de estas dos fulanitas.

Y recuerdo esto hoy, porque este frío intenso me recuerda aquel tiempo en que era consolada y abrazada por mi madre Jesusita, a quien yo le apreciaba lagrimitas en sus ojos al ver que manaba sangre de la parte inferior, o sea por la nuca, de donde solían jalarme el cabello. Entonces con todo el dolor y angustia notoria en el rostro de mi mami, ella optó por tomar la decisión de cortar mi cabello al estilo Príncipe Valiente (personaje de un cómic de aquellos tiempos), o sea cuadradito y con flequillo.

De alguna manera esa decisión rindió frutos, ya que no volví a padecer aquellos terribles jalones de cabello.

Bueno, este recuerdo vino a mí porque de alguna manera ha sido un estigma a lo largo de mi vida el ser un tanto huraña con disfraz de timidez, cuando tengo que enfrentarme o convivir con un número mayor de seis personas ya  sea por eventos, sea por restaurantes, sea por tiendas, por reuniones, convenciones, todo eso.

Tal vez alguien note que me cuesta mucho ocultar mi tremendo desasosiego, incomodidad, y no me cabe la menor duda de que hay por ahí personas  que logran captar inteligentemente mi actitud. Eso lo pude observar totalmente estas pasadas fiestas como se les llama ahora a la Navidad, mi yo interno me lo dijo así (pues casi lo escuchaba en mi cabecita): Mira: Vamos a festejar Navidad y post Navidad, y reuniones familiares, pero mucho agradeceríamos no se lo hagas saber a Bety, porque no deseamos su presencia. No está invitada. Se nota claramente que no encaja en nuestro ambiente, es una persona que está físicamente, pero totalmente ausente y es muy notorio su deseo de salir huyendo.

Sin duda alguna. Atribuyo totalmente esa reacción porque, aunque me cueste admitirlo, yo le tengo miedo, más bien horror a las reuniones y mucho más a las familiares o de ex compañeras de escuela o de trabajo, porque siempre estoy como la convidada de piedra. Solo se dirigen a mí para darme la bienvenida, y de ahí parale de contar. Parezco Gasparín, por lo del fantasmita de los cuentos.

Indudablemente yo lo atribuyo a todo aquello que me sucedió en la infancia, y que de alguna manera lo transfiero a mi presencia, que en la actualidad es idéntica a la que tenía cuando era esa chiquilla de seis o siete añitos, uso mi cabello largo muy largo, rubio, y suelo vestir de una manera un tanto diferente al común en las damas, pues rechazo totalmente vestir con coquetería, como sería con vestido, medias, tacón alto, o faldas a la rodilla o un poco más cortas, jamás escotes o brazos descubiertos, y algo más un tanto incongruente, nunca mi cabello rubio suelto, siempre recogido en coleta o trenza, y cuando es pertinente, usando una boina.

Creo que en mi interior, por ahí en algún lugar recóndito, mi yo interno me dice: Los jalones de greñas fueron porque te mirabas bonita, dulce y tierna y eso no era bienvenido en un barrio donde predominaba la cultura del esfuerzo y la lucha diaria para sobrevivir de la mejor manera posible. Y ahora, como mujer madura, y en plena calidad de adulto mayor, sueles transmitir y dejar salir a esa niña que aún pervive en tu interior, y que es incomprensible en un mundo donde la apariencia (y todo lo que ellos signifique) es lo que más rifa.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.