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jueves, 30 de julio de 2026

¿Quién querría una piedra de amiga?

 

¿Quién querría una piedra de amiga?

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Aquí estamos, en silencio, mirándonos sin mirar, admitiendo que la situación debe ser así. Es cierto, me gusta hacer frases, ¿pero en realidad eso hace esto menos grave? No sé. Si creyéramos en la gravedad no habríamos entrado en este juego sin pies ni cabeza. Porque sí tenemos ambos, ¿o cómo se dice que los dos tenemos cuerpo humano? , sí, a veces lo literal suena absurdo y ser inexplicables también entra en nuestra apuesta por “sernos”.

Sabes que me gusta buscar caminos fáciles, tú lo eras, según yo, o así lo imaginé cuando empecé a romper tus armas, riéndome de ellas, haciéndolas como si fuera inmune a ellas, pero lamentablemente lo soy ¿lo soy? Enteramente entregada al juego, me podía reír, sí, risa de nervios, como si conociera por dentro los cajones donde nos quieren meter, por género y número, porque los conozco, como conozco a los de tu especie.

Seguramente dirás lo mismo de mí y emprendiste el camino que mejor te llevaría a lo profundo de mis anhelos para hacer fiestas, y las hicimos, claro, no hay arrepentimiento, hay lucidez, y tal vez eso fue lo nuevo para ti. Lo que pude aportar a tu tránsito por ese pasillo donde tomaste lo que quisiste cuando quisiste sin ningún problema.

Tampoco presumo de ser un problema para ti, quise ser tu muerte, es cierto, pero ya estabas preparado y yo no veía para mí un futuro carcelario como deseable, eso nos salvó, a ti de la nada, a mí de un destino, no sé que tan edulcorado como protagonista de alguna película serie B, de presupuesto más bien humilde.

En fin, tampoco caeré en el alcoholismo para hacerme soportable tu presencia, prefiero prescindir de ella, o acercarme a ti como la mosca a la que la rana le invita a llevarla al otro lado del estanque, prefiero mi vida de vuelos erráticos a posar mis patas sobre ti y creo que es mejor para mis cientos de ojos posarse en paisajes ajenos a tu mirada.

Extrañamente esto no es un adiós, es quizá un entrecerrar los ojos ante tu evidente decadencia y mi lucidez no sé que tan majestuosa todavía.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

sábado, 11 de julio de 2026

Rubem Fonseca

 

Rubem Fonseca

 

Por Guadalupe Ángeles

 

El filo no pregunta si ha de asesinar, el filo solo existe.

       Grandes emociones. Pensamientos imperfectos. El hombre sabía de qué va el mundo, por eso su cinismo era delicioso; por eso preguntas absurdas en su pluma se tornaban imprescindibles.

      La M de su nombre me sonaba extraña, pero la risa ante sí mismo nos hermanaba. Podría hacerme una máscara ahora con sus facciones y decir de mí que he sido poseída por su espíritu chocarrero porque la muerte ya lo ha tomado entre sus brazos.

       El sabía lo que yo: Si seguimos vivos es para tomarnos de las manos y rechazar la imposibilidad de los milagros, pues se puede ser la música y el viento, la orfandad y un orgullo más fuerte que quinientas ciudades de acero incombustible. Sí, eso decían sus cuentos. Sí, eso escapa a toda lógica y es del todo cierto porque escrito está siendo esta madrugada con tinta robada, con horas arrebatadas al sueño y existe, todo ello y el dibujo exacto de estas palabras, delineadas con dulzura por mi mano, como quien traza los contornos del tatuaje de un dragón en la espalda del sol, así de poderoso era tu lenguaje, así de increíble es que vivas ahora a través del movimiento de esta mano y esta pluma, Rubem, bienvenido a esta resurrección instantánea y fugaz, como toda vida ávida y llena a la vez de “grandes emociones, pensamientos imperfectos”.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Tras el juego, amistarse


 

Tras el juego, amistarse

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Cómo sería en verdad antes? Cuando he leído o escuchado la frase: “a la manera de los antiguos”, vienen a mi mente una serie de prácticas imposibles en estos tiempos; a saber: dormir cuando el sol se oculta cada tarde, porque es natural, en nuestra condición de animales (racionales, sí, pero animales al fin) obedecer los ritmos del sol y de acuerdo a ellos vivir; o considerar a un grupo relativamente amplio de personas al momento de tomar una decisión importante; sembrar en la fecha en que los vientos tienen tal dirección o temperatura. En fin, no sé cómo es que nos hemos alejado tanto de aquellas prácticas; y no es que las añore, puesto que no tocó en el tiempo de mi vida experimentarlas. Y, bien dicen: uno es el hijo de su tiempo, así, en masculino; ese solo detalle dice mucho de otras épocas y de esta.

       Los cuentos de Ciencia Ficción en los que es posible viajar en el tiempo, me parece que todavía no retratan una realidad apegada a los hechos; sería interesante que así fuera, así podríamos saber a ciencia cierta cómo era en realidad vivir “a la manera de los antiguos”.

       Estas reflexiones no me visitan (o las visito, aunque quizá sea lo mismo) porque sienta nostalgia por experimentar la vida de otra manera. No. Ocurren porque creo haber leído esa frase, o escuchado, de boca (o en las páginas) de una escritora querida.

       Muy extrañas son las formas del cariño, decir “quiero ser como tú”, aunque no sea precisamente con esas palabras, no significa siempre que se reniega de la propia circunstancia. El cariño, a veces, nos hace desear la invisibilidad, la indisociación, ya lo dijo el gran Roland Barthes: “la desgracia del amante es no ser uno con el amado”. Y así, ese animal grotesco de las dos espaldas o de los cuatro brazos y piernas, más que asustarnos, a veces, cuando la pasión es alarmantemente intensa, nos lleva a suspirar por aquella “completud” tan ajena a lo humano.

        Ser dioses con cuerpos por completo distinto a los nuestros, con pensamientos que vayan de una mente a otra sin obstáculos, ideas así de absurdas (al menos según la lógica “al uso”) han sido siempre, el secreto inexpresable de aquellos que aman más allá de la razón.

      Pero llega la madurez y con ella la claridad de pensamiento y la certeza tranquila de no ser más que lo que se es; se abandonan las ilusiones como quien entra en casa una vez que ha cesado la sesión de fuegos pirotécnicos; se agradece no haber sido víctimas de un incendio y se procede, si existe la vocación y la paciencia, a pergeñar páginas (si no perfectas) sí mesuradas en las que tratamos de explicar cuánto se anheló la totalidad imposible, de ese modo, y como un barco a punto de sucumbir ante la tormenta, se llega a un puerto libre de monstruos fantásticos y lleno de un perfume de normalidad que se aspira con, al fin, una tranquilidad que no sabíamos cuánta falta nos hacía cuando nos era imposible mirar más allá de una mirada ardiente que, en el mejor de los casos, se consumía en un fuego compartido, y en el peor, ardía en un hielo que nos cortaba la respiración.

      Breve entonces parece la vida y se logra aceptar sin disturbios la caria del sol del mediodía, la iluminación inesperada de una luna tan clara como la seguridad de ya no tener miedo a ser solo uno, porque un silencio como de lago a medianoche toca nuestro corazón y ahí sabemos: se ha sobrevivido.

       Así, la vejez no duele, se amista uno con la soledad, no porque se considere haber vencido, eso nunca, se comprende simplemente que aquella guerra por conquistar un alma ajena era un juego que aprendimos sin saber que siempre fue innecesario.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

viernes, 10 de julio de 2026

Vértigo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Vértigo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Quiénes fueron tú en mi hambre constante de ti?

       Hacer un recorrido no lineal hacia ti; es decir, no hacia un abrazo simple e imperfecto, no a un beso donde se fundiera toda la infancia y su necesidad de ternura infinita; hacer eso, decir sí a una vulnerabilidad semejante a la del condenado en su encuentro con el hacha.

     Decir sí a la madrugada en que vendrían a preguntar qué comería ese mi último día antes de ver a los ojos al verdugo, de quien no es necesario saber el nombre.

       Así, en este cuerpo de ser humano, saber que no es necesario que mi cuerpo esté frente a ti para que una inmensidad de insectos dancen sin cesar en mi pensamiento para nada y cumplir con la tarea irrenunciable de decir: Vivo.

      Ha sido así y es, aún, nombrarme par y múltiple; porque nombrarte es intuir ¿qué? La desolación de quien tiene un alma y no sabe qué hacer con ella.

       Es difícil decir sí sin perderse, al parecer es imposible, mi pensamiento es un caracol que recorre un mismo camino a velocidad sideral y no llega jamás a puerto claro, hay demasiado mar en su anhelo de caminos y se sabe terrestre, quiere saber los nombres de cada grano de arena, de cada gota de mar; incapaz de llorar tanta desmesura busca una quietud imposible para su corazón enamorado del vértigo.

      Es capaz de mentir, de sonreír ante la desgracia de saberse atrapado en el laberinto que ha dibujado, pero aún le cuesta el cinismo necesario para cerrar con sus propias manos el mecanismo que hace funcionar las esposas de brillante metal, iridiscente objeto, némesis del viaje infinito al que mi corazón se sabe destinado.

       Vértigo y anhelo entonces se dan la mano, ahí, en el instante único en el que verdaderamente ya no importan los nombres y nombrar es tarea absurda aunque mi cuerpo sigue siendo humano.

       Un día más sin ser pájaro o tormenta.

       Pero, paciencia. Todo es cuestión de tiempo.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

viernes, 3 de julio de 2026

Inventario

 

Inventario

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Como una enfermedad que poco a poco me va habitando, he sentido esta mañana el nacimiento de una idea, pero era más bien una vaga imagen que recordaría palabras cuyo significado tiende a caerse de las manos, así de sutilmente la imagen y la idea se diluyeron en el sonido de la lluvia. Y no entiendo tampoco porque llamo mañana a una madrugada enjoyada por la lluvia, ¿qué si no son las gotas brillantes sobre la ventana?, hermosas e iridiscentes joyas, fenómeno de luz y percepción so

lo, quizá.

      No doy con el sentido aunque muy conscientemente “he echado palabras como perros buscando”. La historia ha sido escrita así, o he decidido decir de ese modo que parece ejemplar en su contundencia que me busco todavía en las palabras, como si fuera un camino. Y es precisamente la invención de metáforas lo que habría de construir ese camino, en línea recta o ascendente; dibujaré entonces veloces caballos o elegantes escaleras. Ahí el lenguaje, el definitivo medio para llegar a no sé bien qué, acaso un vacío infestado de plantas salvajes ¿tanto es el miedo a ese no ser que dibujo tatuajes sobre la piel del tiempo, hechos no de figuras mitológicas sino de signos leíbles, traducibles a pensamiento? Sí, pienso en el vacío y luego en este cuerpo que siente no lo que desearía sino el paso del tiempo, pero tampoco, porque solo el dolor escapa de ser metáfora. No cierro el tiempo porque no me atrevo (lo atribuyo más a una curiosidad quizá infundada que al placer experimentado al nadar, a la percepción del sabor de las uvas y al extraño milagro que obra el alcohol en la conciencia, y sin querer veo aquí un breve inventario que podría extender ante quien me preguntase las razones de mi amor por la vida.

        Quizá a eso se reduzca todo, a un amor que a través de mis manos dibuja palabras donde hay vacío, ¿soy el amanuense, de verdad?, ¿o solo soy un animal apegado a la existencia sin pretexto necesario, amante inevitable del frío y de la lluvia, del sol y de ciertas presencias sobre la tierra y en lo hondo de los sueños? No sé y tampoco importa. Tal vez la palabra pretexto lo diga todo y mi cuerpo habita la existencia para hacer posible la realidad visible y palpable de un texto, este u otro cualquiera, sin ninguna razón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

domingo, 21 de junio de 2026

Seres de cuerdas

Diseño gráfico: Copilot IA

Seres de cuerdas

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Una dulce y temblorosa mirada, un grito en medio de la lluvia. Una petición cuya respuesta es una interjección. Ha escapado la belleza (no, solo se disolvió).

     Más cerca del sueño que nunca, aprendería a decir, lentamente: “Me voy”

     Como las estaciones: vengo y muero. No he de volver. Pero cada vida es como cada año y tras decir, “no vuelvo”, no existe la conciencia de ese devenir, inevitable en tanto no interrumpa la muerte.

      De ahí el desamparo, el carácter fugaz de las decisiones que, solo por nuestra ceguera, llamamos definitivas.

      Pequeños seres somos, si nos da por compararnos con la inmensidad del universo. Y si acaso en la juventud nuestra inconsecuencia gritaba consignas que hoy parecen risibles, acaso solo era por nuestra condición de seres de cuerdas: Marionetas.

      No otra cosa somos, aun cuando, durante algún tiempo, creímos en la solidez de nuestras decisiones. Todo es mutable: la figura que modelamos en sueños se derrite apenas despertamos; y aún ahí, en sueños, ocurren situaciones extrañas, pero, al meditar en su contenido, sabemos que todo amor puede ser mentira, o todo acto incomprensible, solo ladrillos del edificio en construcción que somos, ruinas de ese templo que quisimos ser y el tiempo ha derrumbado.

      Hacer una llamada entonces, o no hacerla. Tampoco importa. Es tan poco lo que controlamos. Contra esa idea vestimos a diario el uniforme de la rutina, sin embargo, una vez concluida la jornada laboral, o llevado a cabo el ejercicio necesario para no caer deshechos en pedazos, hay que quitárnoslo. Sabemos entonces nuestra condición de células desnudas (¿células del cuerpo de Dios?) y solo a mitos podemos aferrarnos, oraciones aprendidas en la infancia, pronunciadas en la oscuridad para que se vayan los fantasmas.

       Caminamos a la orilla desde la cual contemplar la disolución de la belleza es inevitable, y hemos de hacerlo sin lamentarlo, so pena de ser menos sabios que la fruta , consciente de que aún hay semillas en el cuerpo y han de ser futuros árboles.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

martes, 16 de junio de 2026

Como dice la canción esa

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Como dice la canción esa

 

Por Guadalupe Ángeles

 

—Pásale —me dijo con el rostro lívido.

—Gracias —contesté. Era la primera vez que hacía algo así.

—Te llamé porque me sentí identificada contigo —agregó amablemente.

—Pues sí, mexicanas ambas —respondí, algo apenada.

—Más que eso, creo que somos más o menos de la misma edad.

Fue así como empezó una relación entre nosotras que fue más allá de lo que se podía esperar entre personas que se encuentran debido a una situación pragmática, útil para ambas. Empecé a ir dos veces por semana, el trabajo no era distinto al que podría haber hecho en mi propia casa, solo que...

Días después de nuestro primer encuentro, ella empezó a quedarse cerca cuando yo ya casi terminaba, y me ofrecía un café, o un refresco (dependiendo del clima).

—No tendrás que irte de inmediato —preguntó con una mirada algo tímida.

—No, claro que no, voy a esperar a que baje un poco el sol, no pienso ir a rostizarme ahora mismo —afirmé con una sonrisa sincera. Pensé que se sentiría sola el país, sin tener con quien conversar.

—Perfecto, mira, conseguí unas galletas buenísimas y el agua de piña te quedó genial —respondió de inmediato y nos sentamos en la cocina como viejas amigas.

—Ernesto, mi esposo, ya sabes, me trajo aquí cuando éramos muy jóvenes y, te dará risa, pero me creí que sería su reina hasta que la muerte nos separara, como dice la canción esa que te dice con una gran sonrisa el sacerdote cuando te casas. Ahora me río de acordarme, pues apenas llegamos, los negocios, decía, le tomaban un montón de horas, yo me dediqué a la casa y vinieron los hijos, ya ves, uno no sabe en lo que se mete cuando los tiene, pero bueno, de alguna forma, imaginé que serían un buen pretexto para que le dieran ganas de venir a la casa.

Error.

Los niños ya crecieron y ni modo que le diga que hay que juntarnos para ver ahora cómo los nietos les hacen la vida a ellos, en fin, no digo que haya sido totalmente una equivocación, al contrario. Cuando mi hija la grande nació, lo supe, ella fue el mejor error que he tenido, con solo verla, sentí más que saber, que seríamos un equipo maravilloso.

Lo somos.

Pero Ernesto, ni siquiera en la banca está, no juega con nosotros, él prefiere el futbol. O quizá otros deportes más peligrosos, como tener sexo sin condón. Las vergüenzas que me ha hecho pasar con el ginecólogo, tantas, que preferí, al paso de los años ir con doctoras, ellas no me juzgan, y si lo hacen, no me importa demasiado. Supongo que tiene que ver con lo que nos enseñaron, o lo que me enseñó mi hija cuando nació: Si una mujer tiene que saber tus secretos, ella tendrá otros que equilibren la cosa. Y bueno.

El color del cielo, que miramos ambas a un tiempo, iba ya decidiéndose a ser plena noche, ya de seguro el calor no me rostizaría de camino a casa, al menos eso. La ligera sonrisa en que se distendieron sus facciones mi hizo sentir que de alguna forma a mí también me hizo sentir bien la conversación.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

lunes, 15 de junio de 2026

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo


 

Deshilarse es la trama. Deshabitarse, el anhelo

 

Por Guadalupe Ángeles

 

La resonancia magnética puede. Y si ella puede, yo también. Todo parece una cuestión de ego, y si con ello me enredo en las barbas del ello, habré de disculparme porque no lo inventé, ni lo digo con burla, al contrario, nada merece más mi respeto que esos conceptos que pretenden explicarnos. Somos un iceberg, se funden los recuerdos y apenas nos tenemos en pie si decidimos transportamos a nosotros mismos a ese lugar sin límites de nuestra mente.

Hay un límite que no es ninguno. “Porque no hay dolor más grande que la vida consciente…”, ¿cómo era? “Ser y no saber nada” y “ser sin rumbo fijo”.

¿Por qué adoramos el terror? Porque ningún miedo profundo nos arranca de nosotros mismos y eso es lo que vamos buscando como quien huye de la muerte… de alejarnos, por eso la música y por eso las películas. Ya sabes de lo que estoy hablando.

No hay manera de amistarse con fantasmas. A lo más que se puede llegar con ellos es a huir, como de nosotros mismos, ¿por eso amamos las películas de terror? Porque algo va entrando en la caja torácica, el miedo da frío, una sensación de que dentro algo cambia, y sabernos desconocidos de nosotros mismos, es grave, como soltar la mano de quien nos enseña a caminar.

Ése es el éxito de las películas de terror.

Asustarse también es ausentarse, pero muy dentro de uno mismo. Y a esos paisajes son a los que no podemos habituarnos. Por eso los edificios y los parques, por eso las reuniones y las conversaciones sin sentido. ¿Cuántos de los que conoces son capaces de hablar con profundidad de lo que realmente les afecta? Huimos del miedo a vernos ¿mal?, la incomodidad es la peor de las alternativas, por eso suavizamos nuestras palabras, por eso a veces preferimos el silencio.

            Mi recuerdo de aquella calle es distinto del tuyo. Yo anhelaba estar frente a ti. No era una simple historia de amor. Era la última. En alguna parte de mis paisajes interiores (llenos de ausencias que nunca dejan de gritar) me lo prometí. Porque amarte era amar a un fantasma. Aunque no fue la primera vez que creí ver a ese amado muerto en otro cuerpo. Ya sé, me han aconsejado dejar a los muertos como están. Extraño consejo, porque precisamente es con ellos con quienes no se puede hacer otra cosa que dejarlos en paz. Y yo nunca les tuve miedo, quizá me he peleado con ellos, pero temerles nunca.

        Así funciona esto. Pensarnos, amar lugares, personas, cosas, ¿va a alguna parte? Amo el sonido de los pájaros. Cerca de mi casa hay árboles cuya estatura también amarías si la vieras. En las tardes de tormenta, antes de que la lluvia inicie a mojar sus hojas, esos árboles se mecen como navíos en medio de la tempestad. Verlos es hermoso. También es muy bello que las aves vivan entre sus ramas.

        Por eso un ave es lanzada y luego vuela (¿o solo los seres humanos hemos sido lanzados a la existencia?) Ni a quién preguntar por qué no volamos. “Ya mis hermanos lo desearon demasiado, tantas monedas lanzadas a la fuente de los deseos en nombre de ese sueño lo confirman”.

        Como quien besa un crucifijo, escucho las aves esta tarde y se entibia esa habitación donde late mi corazón.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

sábado, 13 de junio de 2026

Agua

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Agua

 

Por Guadalupe Ángeles

 

El dios, ese dios que habita en lo profundo de mi aorta, me dijo que sus pies son de agua; pero en su voz, acentos metálicos desmentían lo líquido de su absurda confesión. Sin embargo, lo escuché en silencio, sintiendo como en mi cuerpo, a la altura del plexo solar, se abrían las compuertas de una presa perfectamente diseñada para que por ella corrieran las olas de sus sueños. Yo medraba con su acento, es verdad, pero las corrientes internas de su sentir encontraron un cauce en mi oído.

Tuve temor, no he de negarlo, pero pudo más mi hambre de oírlo y decidí que todo dios sabe de los elementos elegir su favorito, y si él (dulce Tláloc herido) decidía que su cuerpo fuese nube o hielo, a mí solo me tocaba tocarlo y reconstruirme si su nube fuese lluvia, y sentir, al tacto de su hielo, que no todo amor está hecho de fuego.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

miércoles, 10 de junio de 2026

Arte de la melodía


 Diseño gráfico: Copilot IA

Arte de la melodía

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Irme de bruces hacia tu vida. Ignorar tu muerte y hacerme una idea de mí a través de la interpretación tuya de tus días: "un estado del alma", así viviste la enfermedad y es ahí, en ese cruce de caminos, donde nos encontramos: si yo siempre he sido la principal beneficiada de una salud sin fisuras, y dejando aparte a quienes pudieran dar fe de lo extraordinariamente feliz que ha sido esta condición, hoy me siento contigo a través solo de tus palabras (no hay muerte si hay escritura, bien pudieras haber dicho), y así, aquí contigo conversando, mientras el mundo sigue urdiendo sus mentiras, podemos ambos tejer una buena manta de conceptos para cubrirnos del exterior desastre, para ser invisibilizados por los minuciosos caminos compartidos que van siempre a lo hondo sin temer al ahogo.

       Breve tu nombre guardo entonces en el interior de mi mano, todas las líneas que el azar ahí dibujó son también la caligrafía que habitó tus días y noches. No temo entonces nada, moro en el cálido anhelo de ser tú, aunque abandonaste el mundo. Tal despropósito nadie podrá arrebatarme, pues en el dolor recién descubierto, lo entiendo, gracias a ti, como una puerta hacia lo otro, ese lugar donde ambos, como quien comparte un silencio lleno de sentido, nos hermanamos, dejamos atrás el concepto de "tuyo" o "mío" y entiendo, en un destello de nueva lucidez, que mi vida toda puede ser (es) solo un fragmento del gran discurso que diseñaste para desarmar todo lo que antes fue motivo de pleitesía ciega.

       Palabra de ti, signo que solo a tu lado tiene sentido, guardo tras máscara que oculta tu nombre nuestros rostros, al unísono pronunciados.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

Esperamos instrucciones

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Esperamos instrucciones

 

Por Guadalupe Ángeles

 

Te invito a contemplar la escena: el joven está retenido en contra de su voluntad (o eso parece), lanza monedas desde la ventana enrejada, lo veo desde la acera de enfrente, algo dice, pero no lo entiendo, no se ve asustado ni mucho menos. Acaso sea ese su refugio y no su cárcel. A saber.

No me atrevo a preguntarle, porque más tarde llega una mujer en sus cuarenta (no aparenta más edad), abre la puerta de la casa. Para entonces la ventana enrejada ya no muestra el interior de la recámara desde la que el joven delgado y un poco fuera de sí lanzaba monedas.

      Por la tarde, casi de noche, sale el joven muy quitado de la pena, avanza a largas zancadas, va hacia la parada del autobús, se sienta en las inmediaciones de una zapatería.

        Al cabo de un rato sale la mujer del domicilio, va hacia donde el joven ha abierto un cuaderno y algo escribe; se para frente a él. Entonces el chico levanta la cabeza, la envuelve en una sonrisa igual al sol del amanecer, guarda su cuaderno en la mochila y se pierden ambos en la oscuridad de las calles.

        Todo esto sería un vulgar lugar común si yo no fuera dos ángeles a la espera de intervenir, ¿cuál de los dos que vemos caminar despreocupadamente deberá morir primero? Esperamos instrucciones.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

viernes, 5 de junio de 2026

Morir

 

Morir

 

Por Guadalupe Ángeles

 

En algún momento pensó que él podría matarla. ¿Y cómo pensar algo distinto? Se muere de muchas formas: desaparecer como agua en sal, reducirse a la mínima expresión de lo que antes fuimos con gloria.

     Ella le dio todo lo que vino a pedirle y más. ¿Acaso solo por la imagen que les devolvía el espejo? Espejos por todas partes no serían suficientes. Invocar la muerte no hubiera venido al caso si simplemente hubieran escapado. Pero ella era de otra estirpe, solo los simples acuden a la huida, solo los atormentados coleccionan heridas.

     “Imagina la vida sin mí”, le decía su sonrisa que jugaba con matices que iban de la burla a la seducción. Atraer desgracias era muy sencillo entonces. Si era posible atravesar los días escuchando música y nada más, ¿por qué desear beber paisajes insinuados en miradas pretendidamente francas?

      ¿Qué era ese laberinto dibujado en el dorso de su mano?

      Nadie amará de esa manera, nadie nunca con ese fervor. “Ven, leeré en tu mano nuestra desgracia” (parecía decirle con cada abrazo). Ella se dejaba hacer como quien desea morir bajo la lluvia.

      Un antes y un después no era posible, inmersos como estaban en un magma semejante a lava hecho de pena pura por no ser sin fisuras ni tiempo.

       Irse. No. Imposible dejar de ser lo que se era, “¿qué cosa sería sin la luz de nuestra ceguera?”

            Ambos se reconocieron al verse “como cuando el hambre se encuentra con las ganas de comer”, ¿o cómo era? ¿quién fagocita a quién? Ni siquiera fue un fallido cuento de hadas para insomnes. Ella tenía el mar y se lo daría, aun cuando él fingiera negarse a aceptarlo. Dar y recibir, ¿una sonrisa?, ¿una broma de mal gusto? Se trataba sobre todo de sembrar la incógnita. De reír disimulando ver hacia otra parte.

        Ellos reían, se tomaban a broma porque en verdad no había otra posibilidad. Inmolarse a la gracia del instante, a eso estaban llamados, de negarse, una mueca les deformaría el rostro o el dulce sopor de los ansiolíticos los salvaría de sí mismos, de su hambre de vida, en medio de la cual habrían de sucumbir.

       Habitó la danza, cerró los ojos. Y aunque a su alrededor respiraran, todos los demás desaparecieron, solo fue ella y la música, su cuerpo. Incendiarse en esa danza lo era todo, lo que pasara después carece de importancia.

       No hay mucho más qué decir: tener el mar, regalarse, fingir, apenas escenarios posibles, y tras ello, en la base de todo, una única certeza: morir.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.