miércoles, 26 de septiembre de 2018

Alejandro Murillo. Un árbol de dinero

Un árbol de dinero

Por Alejandro Murillo

Recibimos una caja de discos. Debemos hacer copias de una película, como requisito para un premio. Tuvimos que conseguir un nuevo proveedor. El anterior cambió de giro empresarial, era demasiado su gusto por la buena comida china. Sirve un pollo enchilado para morir contento.
Perseguimos también un premio teatral. Tenemos la fortuna de contar con tres títulos, en cartelera. Uno, de larga duración, se ha convertido desde hace años en atracción turística.
Pero no es posible hacer copias de la obra para enviarlas a los electores. Deben ir al teatro. De preferencia que vayan a la misma función todos porque la obra puede ser una obra completamente diferente cada día. Se dice que también las personas podemos ser alguien nuevo todos los días, nos demos la oportunidad o no. “For your consideration” hay que escribir en cada disco.
El cine puede grabarse. El teatro necesariamente se tiene que ver. Grabar una obra de teatro significa que se grabó esa función. Al teatro hay que ir. Es más: El teatro no es ni el edificio ni el diseño ni la acústica; y tampoco es la representación de la obra. El teatro es la reunión. El público hace la obra. Sus reacciones públicas son la función. Es su actuar, ante los hechos de la representación, por cómo les percibe.
Por eso, para poder ganar ese premio teatral, no solo es necesario reunir a las personas. Es necesario empezar por escribir una representación digna de reunirles y hacerla en un espacio que resulte ideal. Ah, y convertirla en popular.
Nuestro espacio es ideal, elenco es de primera y un texto que atrae reuniones. Y ya empezamos a platicar sobre la adaptación al cine.
En cine hay esta diferencia: La reunión nunca ocurre ante algo vivo. Raramente. Tal vez con algunos documentales. El cine, ciencia, reúne a quienes buscan admirarse con la posibilidad del milagro, el registro de una idea en movimiento.
Que alguien nos diga qué se le dijo a la primera persona en ser invitada a una obra de teatro. Las primeras personas convocadas a una sala de cine fueron convencidas de asistir al milagro del registro y reproducción de la realidad en movimiento.
Cada vez que vamos al cine estamos ante la prueba de ese trabajo: El registro. Vamos al cine a eso. A creérnosla que ahí hubo. Que a veces no se nota. Que se ve real.
En el teatro la vida no se pone en duda. Eso, ahí delante o alrededor, es la representación viva de una obra. Y sí, se puede parar la función si hay muerte o riesgo de la misma.
Por eso el cine puede no necesitar una sala de espectadores.
Usamos el teatro en nuestra vida cotidiana. Me refiero a nosotros. Pero pensamos en todo el público. Podemos ser show people de la distancia corta. Como cuando imitamos a “une” persona para que sea testigo de los modos ridículos con que “elle misme se exprese”. A eso se le puede decir comedia, por ejemplo.
Para ese tipo de teatro no se necesita una gran reunión. Al contrario, cuando se busca un premio teatral se necesita ser visto en recintos a reventar. Esta aventura del premio, que comenzó como un sincero homenaje a una antigua figura del negocio de nuestro arte, se ha convertido en otra bendita maldición publicitaria más.
En estos momentos mejor me voy al teatro. Está vacío. Sola, Sandra, una de nuestras actrices, está en el escenario. Pidió que no la molestemos hoy mientras repasa un personaje que debe cubrir y que no ha podido aprender porque la escenografía tapa las entradas y salidas.
Silenciosamente me siento a mirarla. Ella respira profundo, se estira, ensaya y termina. Baja. Se acerca a mi asiento, a mitad de las filas, en una orilla. Ya lo tiene, me dice. Histéricamente, como buena actriz. Las hay ecuánimes, las hay ecuánimes multitask, y también las hay histéricas mono y multitask. Sandra es mono. Ella necesita aprender. Quién sabe cómo, ella ha aprendido y mejorado sus técnicas para ensayar y parecer cada vez más real. Así, bien-quién-sabe-cómo.
No la dejamos ganar muchos premios. Resultaron malos para su personalidad. Le pone muy nerviosa aparentar sus gracias y parecer, tantito, solo un poquito, nada más, un ensayito, completar la actuación.
La pone mal la realidad, no sabe actuar como ella misma. Es una persona que necesita aprender y practicar, prefiere el ensayo a la vida cotidiana.
Lleva diez años en los escenarios y todavía no obtiene ningún papel en cine o tv. Todos descubren quien es la Sandra real, en casting. Pocos entienden la diferencia entre su talento y su verdadero ser. No es que sea una persona difícil pero no fácilmente vas a hacerla tu amiga. Sus amigos son los que entienden su talento y las razones buenas para protegerlo.
Le seguimos pidiendo que haga pruebas para cine y tv porque le encontramos papeles interesantes. Pero la hemos saturado con muchos más consejos para entender mejor a quienes le hacen las pruebas, que lo que le ayuda a preservar su talento. Pronto dejaremos de conseguirle esas citas, tenemos que entender que no le gustan.
Hoy se siente lista para cubrir otro papel, en cualquier momento. Bromea, dice que espera no confundirse en plena función de esta noche, y soltar algo del nuevo rol. Una sola gran carcajada suya hace temblar a este teatro entero.
Iniciada la función, los actores no pueden ver más que el pasillo de entrada al escenario. La obra queda tapada por la escenografía. Juan es el actor principal pero su personaje es el patiño de la protagonista. Vicky le termina de arreglar el vestuario, justo antes de salir. Con un oído en la escenografía, Adriana mantiene sus responsabilidades de gerente. Con el otro, escucha lo que Juan le tiene que decir: ¿Sabías que los bebés sí desarrollan un lenguaje desde que balbucean? A lo que Silvia responde: solo que a veces se guardan el significado para ellos mismos. Ese teatro no nos gusta, concluyen, al unísono. Es su gag, en ese momento de la obra.
Raúl es otro actor. Estuvo a punto de interpretar a nuestro patiño principal, pero le conseguimos un buen papel en cine. En estos momentos se encuentra en pleno set. De malas, no le está gustando nada el rodaje. Dice que permanece amable, en su rol; pero al corte se le quita el gesto actuado, y todos lo dejan inmediatamente en paz. Interpreta a un policía que se disfraza de enfermero para perseguir a un criminal. No puede esperar a llegar a las escenas del policía normal.
Todos están encantados con su actuación, se portan como espectadores de una obra. Asistir al nacimiento de un personaje, en condiciones de set de cine, es como asistir a un ensayo general, que admite errores pero debe ser muy bueno y acarrear espectadores a las salas. Al final de cuentas, el cine sí produce reuniones, todos vemos algo de esos ensayos. Digan lo que digan, el cine sí es como el teatro.
Raúl es muy bueno en teatro. En cine también. Lo contratan porque dicen que es obediente. Pero es tan buen actor que puede pasar por un no profesional, por una persona real, en lugar de exhibir marcas de creación. En teatro puede que las marcas de actuación y los destellos de esas marcas, en el personaje, nos convenzan de la grandeza del talento de un intérprete. En el cine esas marcas no están necesariamente hechas de esa misma materia ni del mismo proceso. Por eso hay quienes creen cuando alguien dice que es cierto: así, hasta Marilyn podía actuar. Pero también es cierto que una Marilyn en el escenario no actuaría como la Monroe. Y por eso hubo quienes sí alcanzaron a dirigirla bien. En fin.
Mientras que Juan es de los que prefieren el comentario cómico, antes de salir a escena, Raúl es de los filósofos. Sandra repasa su memoria. Raúl suele soltar frases sabias como “La paciencia nos hace más bellos”. En estos momentos él se encuentra en plena práctica.
En una obra, Sandra tenía una sola escena con él. Por diversión, él quiso cambiar de lugar y una noche después de un ensayo le pidió ayuda para aprenderse otro papel “que me pidieron cubrir”. Mentira. Como casi todos los hombres, este actor entró al teatro creyendo que iba a conseguir a una chica.
Sandra dice que siempre supo que iba a ser actriz pero que no conocía sus problemas para actuar, hasta que empezó. Raúl tenía 18 años cuando fue a su primera obra. Vio a una niña muy linda entrar al teatro un día que se escapó de la secundaria con sus amigos. Dejó a los otros dos, dijo ahi vengo y se metió al edificio. Al menos eso cuentan los amigos. Dentro, no había nadie. Lo sacaron porque no era hora de la función.
Raúl no sabía nada de teatro entonces. Creía que era como películas y solo le gustaban los libros de mecánica. No le creyeron que buscaba a su hermana, ni le entendieron cuando comenzó a describirla. Sus amigos estaban afuera, cuando lo sacaron. Un grupo de personas hizo fila en la taquilla, casi en cuanto abrió. Raúl convenció a Genaro de comprar tres boletos a cambio de su botella de mezcal que tenían en el cuarto.
Raúl sí se impresionó de ver actuar a Rebeca. Nunca había conocido a una actriz, antes que verla actuar. No había entendido que la niña había salido del teatro por un agua fresca, con todo su vestuario de colegiala.
Ni siquiera se enteró de qué era la obra, Raúl tenía más bien ganas de una novia. A su primera reunión fue a conocer chicas. Entre el público vio a una jovencita con la que por poco y sí se encuentra, durante el intermedio, a la que también miró durante la función entera.
La joven estaba prometida en matrimonio con un europeo. Tiempo después, Raúl se encontraría con Rebeca en una fiesta. Era amiga de las primas de un compañero de ingeniería. Hasta después de enamorado conoció quién era esta Rebeca, de quién se trataba. No pudo confesar que no recordaba la obra. Y Rebeca no lo sabe, a la fecha.
En esa época, en edad de universitarios, Rebeca, que estudiaba letras, tenía un novio. Actor. Raúl no sabría nada, lo supo tiempo después. Un actor muy bueno que murió joven. Murió cuando ya no era novio de Rebeca pero ella se volvió famosa por haberlo acompañado hasta sus últimos días. Y por dejar la universidad. Y por su gran versatilidad que él presumía de ella. Lo puede todo, decía.
Se volverían a encontrar hasta los escenarios. Rebeca tardó en reconocer que estaba enamorada de Raúl. Él ya era actor, después de aquel gran drama de ella; y seguía interesado en conseguir una mujer cerca de los escenarios. Creyó actuar solo como aficionado, en todos los talleres de sus escuelas. Y se veía más como un diseñador de coches de carreras, que como un patiño de la escena.
Se encontraban Sandra y él repasando al personaje que él se inventó que iba a cubrir, cuando Rebeca entró al teatro. Rebeca debía encontrarse con nosotros para hablar de una obra que quería escribir. Pero se le olvidó, por mirar actuar a Raúl. Se fue, terminado el ensayo. Sandra se puso nerviosísima por no saber de quién era esa sombra que se levantaba y se iba. Yo tampoco entendí. Raúl se sintió visto y le gustó.
Rebeca me llamó para decirme que no había podido llegar a tiempo pero que lo pensó mejor y prefiere seguir actuando. En cine, más que en teatro. El tiempo pasaba y el cine nunca se concretó.
A ella el teatro simplemente la absorbió. Alcanzó nivel de realeza bastante pronto y la vida no le bastó para conocer a otros jugadores como ese tal Raúl que estaba repasando hoy una escena con Sandra.
A la fecha Rebeca, cada noche, desde hace veinte años, interpreta un papel que ayudó a crear. Se supone que un papel se adapta mejor a ti cuando llevas tiempo haciéndole. Y de Diosa ya nadie la baja.
Raúl, por otro lado, cada vez es más visto en pantallas.
Por otro lado Sandra prefiere a Juan. El periodismo, la sabiduría. Sandra y Juan comienzan solos el segundo acto. Ella debe tener una carcajada al iniciar. Para estimularla, Juan se encuentra perfectamente preparado de muchas formas: Yo todo lo hago por Rosa Parks. ¿Sabías que lo único que quería Rosa Parks era que su público blanco se levantara y le permitiera viajar tranquila?
¿Te hiciste responsable de pedir tu árbol de dinero en tus oraciones de hoy, verdad?
Raúl puede poner una carcajada con tan solo ponerla; ha descubierto sus propias motivaciones. Juan y Sandra actúan motivados el uno por el otro. Raúl es más rápido con la reunión de espectadores; Juan y Sandra tienen otro efecto, algo en conjunto que no es solo talento sino motivación.
Sandra y Juan son homosexuales. Fue una lástima cuando Raúl descubrió la homosexualidad en “el ambiente”. Peor, cuando conoció bien a Sandra. Se decepcionó y no pudo actuarlo. Hasta Rebeca le vio hacer drama en plena calle y quiso conocer el conflicto. Así funciona el teatro también.
En ese momento Raúl todavía no entendía que Rebeca era la misma que había influido en él para entrar al teatro. Ni Rebeca tampoco. Ella solo le preguntó qué tenía y él dijo que nada.
Rebeca usaba el cabello corto y, sin maquillaje, su nariz no era como la de los personajes. Pero lo podía todo. Era algo de lo que Raúl se daría cuenta pronto. En la fiesta donde se conocieron no se hicieron amigos. Fue más la borrachera. Ahora Raúl tenía la cabeza en un conflicto claro.
¿Todos en el teatro son homosexuales? Yo no, dijo Rebeca, yo soy bisexual. Raúl cree que ahí empezó a sentir que era bisexual también. Sintió una transparencia en Rebeca igual a la que ella sintió de él.
Se hicieron novios, tuvieron sus aventuras, se separaron un tiempo, se divorciaron y han vuelto. Aquella tarde Raúl se enamoró de la verdadera Rebeca, a quien nunca había visto actuar. Y tampoco parecía la misma Rebeca de la fiesta, pero ella opinaría lo mismo de él.
Solo han estado juntos en una obra. Bueno, en un ensayo… de una de las primeras versiones de la actual obra de ella. Él era el hombre más feliz del mundo mientras ella comenzaba a asimilar la idea de que este personaje le gustaba casi como si se adueñara de su ser.
Fue ahí que le ofrecimos a Raúl su primer cine. Lejos.  Esta historia puede contarse colocando sobre nosotros la responsabilidad de separar a una pareja perfecta. Por eso en esos momentos mejor me regreso al teatro vacío, con actores en ensayo perfeccionando la obra, antes de representar tanto drama.
Antes de este mal viaje les tocó una etapa en la que era uno o el otro el que tenía función. Raúl fue primero, cuando la obra aquella con Sandra. Rebeca asistió casi a todas las funciones buscando la sensación de haberlo visto en aquel falso ensayo. Mejor dicho, buscando en el resto de las escenas algún trazo de lo que ella pudo ver la tarde que renunció a escribir.
Raúl adquirió notoriedad luego de esa obra. Terminada, fue el turno de Rebeca. Raúl decidió no asistir más que a la noche de estreno, por la impresión. Jamás pensó que le sería devuelta la sensación de enamorarse del teatro por desear a una mujer, a quien reconoció casi desde su primera entrada. No solo eso, es verdad: Rebeca lo puede todo.
Se pusieron a trabajar y el tiempo simplemente no los juntó. No hubo papel teatral que le dejaran interpretar a él que él quisiera, y no aceptaba interpretar las ofertas que le hacían. Lo buscaban más ante las cámaras y solo había que dar una función. Después, en pantalla, se veía, y se daba cuenta que disfrutaba desaparecer así, prefería eso.
En esta historia no hay ya más dramas. Solo buenos actores.
Este año, Rebeca, soltera perpetua, mimada y codiciada por todo tipo de pretendientes, presentará el premio a la mejor producción teatral, por el que queremos competir. Los discos que estamos grabando con la película, por otro lado, son para buscar especialmente un premio de actor para Raúl, famoso en el medio por proteger su privacidad.
El rumor más conocido, de cualquier modo, es que el premio teatral lo tenemos asegurado gracias a la enorme química escénica de Sandra y Juan.
Raúl pudo ver a la misma Rebeca de siempre, mientras que ella le demostró su amor elogiando su trabajo como si fueran los mismos que se conocieron por renegar de los gays y las lesbianas. Él le entregará el premio de actriz a Sandra. Al subir, ella le dirá: “Quisiera tener tu confianza para soportar este tipo de cosas”. A lo que el responderá: “Si quieres, me lo gano yo”. Juan será nombrado mejor actor del año y recibirá su premio anunciado por una escritora que dejó la actuación cuando descubrió que Juan no podía ser el amor de su vida.
El teatro es la reunión. En la realidad no se representa, se actúa. Actuar es reaccionar. Y hay espectáculos privados. Corregir en teatro es más barato que en cine, y otros cuentos.
Los discos de la película los pagamos con dinero del teatro. Probablemente podamos reponer ese dinero con algo de la taquilla de la obra de Rebeca. Tenemos, actualmente, estos tres negocios. Fuera, lo que queda, son histerias de amor teatral.








Alejandro Murillo (Delicias, Chihuahua) estudió cine en el CUEC de la UNAM y escribe desde adolescente. Recibió una candidatura al premio Ariel por su documental Hasta la punta de los dedos, sobre lengua de señas mexicana. Y ganó el Festival Mix con su corto Si nos dejan. Prepara el lanzamiento de un largometraje para sordos basado en una obra de teatro de la compañía Seña y verbo. Y todo lo que ve lo quiere escribir.

Nijta Leal Bejarano

Que el Boulevard ya no se llame Díaz Ordaz, sino Aurora Reyes


Por Nijta Leal Bejarano

La regidora Nijta Leal Bejarano presentó en la sesión de cabildo del miércoles 26 de septiembre de 2018 la propuesta de que El Ayuntamiento de Chihuahua cambie el nombre del Boulevard Díaz Ordaz por el de la escritora, pintora y maestra chihuahuense Aurora Reyes. Este es su texto de argumentación.
Honorable Ayuntamiento del Municipio de Chihuahua:
La regidora Nijta Jose Leal Bejarano y el regidor Alejandro Morán Quintana con fundamento en lo establecido por la fracción VII del artículo 33 del Código Municipal para el Estado de Chihuahua, así como la fracción VII del artículo 21 del Reglamento Interior del Honorable Ayuntamiento del Municipio de Chihuahua, presentamos ante este cuerpo colegiado para análisis, discusión y posterior dictamen la propuesta para que sea aprobado el cambio de nombre del Boulevard Gustavo Díaz Ordaz a Boulevard Aurora Reyes, lo anterior sustentado al tenor de lo siguiente exposición de motivos:
1. Este año 2018 se conmemora el 50 aniversario del crimen de Estado perpetrado el 2 de octubre de 1968 en contra de estudiantes, obreros, artistas, madres y padres de familia, lo cual me lleva hoy, más que a fijar un posicionamiento, hacer una propuesta orientada a la justicia histórica, pues  esta busca reivindicar a una de las tantas víctimas del 2 de octubre.
Quizá lo único que no sobre repetir es que, en aquel año de 1968, la represión de un gobierno frenó los sueños libertarios de la juventud mexicana, lacerando con ello la dignidad de todo una nación.
Después de ese lamentable suceso en el México que gobernó Díaz Ordaz, se mandaron a hacer bustos en su honor; numerosas escuelas primarias, secundarias y hasta preparatorias recibieron su nombre; lo mismo diversas calles, parques públicos hospitales y avenidas a lo largo la república.
2. La importancia de hacer un cambio de nombre a este Boulevard recae en el hecho de que los nombres de las calles de una ciudad no solamente ordenan y racionalizan el espacio urbano, también trazan coordenadas simbólicas que reflejan la vida de un pueblo. Las calles de las ciudades son mucho más que un espacio para el tráfico, son testigos de la historia de las comunidades.
Las nomenclaturas de las ciudades adquieren rasgos narrativos que generan identidad y memoria colectiva, de ahí la importancia de seleccionar con sumo cuidado el nombre asignado a cada espacio público.
De ahí nace la idea de esta propuesta para cambiar el nombre del Boulevard Gustavo Díaz Ordaz, a Boulevard Aurora Reyes.
Sé que existen temas más apremiantes para la capital que requieren el consenso de este cuerpo colegiado, quizá de manera más urgente que el cambio de nombre de un boulevar, pero el hecho de contextualizar nuestra historia con dignidad, en el marco del espacio público, no es cosa menor. Y menos teniendo en cuenta que se conmemorará el próximo martes medio siglo de aquel trágico acontecimiento.
3. Dado que el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz en su cuarto informe de gobierno, presentado el 1 de septiembre de 1969, asumió íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica por las decisiones del gobierno, esto en relación a los sucesos del 2 de octubre, no veo entonces por qué las generaciones futuras, es decir: nosotros, seamos consecuentes a un personaje que la historia ya se encargó de juzgar.
A las personas debe juzgárseles en función de su trayectoria, y no en función de una sola decisión; cuando un acto repercute en la vida de toda una generación, y de todo una nación, todo lo demás, todo, se convierte en secundario.
4. En el año de 2008 la Sexagésima Quinta Legislatura del Congreso del Estado estableció la creación del Premio Aurora Reyes, mismo que se entrega de manera anual y celebra la trayectoria artística de las mujeres destacadas de Chihuahua.
Propuesta:
Compañeras y compañeros regidores: La vida y el tiempo se encargan de poner a cada quien en el lugar que le corresponde; los juicios populares y los juicios de la historia son más severos que cualquier juicio legal. Formo parte de una nueva generación de políticos dentro de mi Partido, los cuales, conocemos la historia y no avalamos ni compartimos actos lastimosos de quienes encabezaron a nuestro país en el pasado; lo indefendible no se puede defender.
En este tema hay muchas voces ciudadanas a favor, algunas habrá en contra y otras no lo consideran un tema prioritario, o consideran que los nombre de las calles no definen la historia. Por este motivo expreso mi solidaridad con los deudos del 2 de octubre de 1968, para que en lo sucesivo se recuerde con dignidad a esa gran generación de jóvenes con ideales, pasión y valentía, que se atrevieron a cuestionar al gobierno en un momento en el que estaba prohibido hacerlo.
La lucha de los estudiantes sirvió para abrir la brecha en la transición democrática que aún continúa en nuestros días.
En tal virtud es que presento ante este Honorable Ayuntamiento esta propuesta para que se turne a la comisión o comisiones correspondientes a fin de que procedan a su estudio, análisis, discusión y dictamen, para que se apruebe el cambio de nombre al Boulevard Gustavo Díaz Ordaz por el de Aurora Reyes.
Antecedentes:
1. Existen otros cabildos del país en donde se ha pedido cambiar el nombre o retirar el nombre de Díaz Ordaz. Ha sucedido en: Puebla de los Ángeles, Puebla, el municipio de Tijuana en Baja California Norte, Puerto Vallarta, en el estado de Jalisco, el municipio de Irapuato, en Guanajuato y Saltillo, en Coahuila.
2. ¿Por qué el nombre de Aurora Reyes Flores? Porque ella fue una chihuahuense nacida en Parral en 1908. Es la primera muralista mexicana. Impulsó la creación de las primeras guarderías y luchó porque la mujer tuviera derecho al voto. Aurora Reyes fue una artista que utilizó la pintura mural y su poesía como una herramienta para reivindicar a la mujer y para dar su discurso político junto a Carmen Mondragón, Tina Modotti y María izquierdo. Formó parte de la primera ola feminista mexicana.
3. Durante el año de 1968, Aurora Reyes, ya en la tercera edad, participó activamente en la organización estudiantil de la UNAM, específicamente de la Facultad de Filosofía y Letras. Sus críticas hacia el gobierno de Díaz Ordaz y sus constantes artículos periodísticos hicieron que fuera seguida de cerca por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) y la Dirección Federal de Seguridad, policía secreta del gobierno mexicano en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz.
Luego de su participación en el movimiento estudiantil de 1968, durante los últimos años del sexenio de Díaz Ordaz, Reyes se convirtió en una perseguida política. Para salvar su integridad tuvo que esconderse en el hospital psiquiátrico de La Castañeda de 1968 a 1970.
4. En 1970, cuando Luis Echeverría asumió la Presidencia de la República, él personalmente acudió a la búsqueda de Aurora Reyes a su casa estudio de Coyoacán, y le dijo: “Cachorra, te quiero para que seas la primera mujer directora de Bellas Artes de este país”. Aurora Reyes le respondió: “Yo no hago trato con asesinos”, y le cerró la puerta. Eso le costó a Reyes muy caro: fue borrada de la historia cultural de este país por ser fiel a sus ideales políticos, por haber estado del lado de las mujeres, los estudiantes, las minorías.
Luego de tantos años este cabildo, liderado por mujeres, podrá otorgarle un merecido reconocimiento a su actividad artística, política, y a su lucha por la equidad de la mujer y del gremio artístico.
5. El cambio de nombre al Boulevard Díaz Ordaz es una deuda histórica hacia las víctimas del 2 de Octubre y hacia Aurora Reyes, quien tras la matanza del 2 de octubre, acusada por el gobierno de Díaz Ordaz, tuvo que autoexiliarse por un tiempo.
6. En otro punto y atendiendo a la petición solicitada por el historiador local que hizo en días pasados a este Honorable Ayuntamiento la petición de cambiarle el nombre al Boulevard Díaz Ordaz y en remplazo bautizarlo como Boulevard  2 de octubre, pero existiendo la colonia del mismo nombre al sur de la capital, se propone a los miembros del ayuntamiento rescatar el nombre de la escritora Aurora Reyes Flores.
De esta forma, al darle su nombre a una de las calles principales del centro, se reconoce el legado insuperable que dejó Aurora Reyes, y esta tierra que la vio crecer en su infancia la recordará como una de sus hijas más destacadas, y que han puesto el nombre de Chihuahua en alto.
Atentamente
Nijta Jose Leal Bejarano, regidora presidenta de la Comisión de Transparencia.
Alejandro Morán Quintana, regidor presidente de la Comisión de Trabajo y Previsión Social.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Raúl Sánchez Trillo. Mijail Bakunin

Mijail Bakunin

Por Raúl Sánchez Trillo

Sabrá dios (y como ese ente no existe, no lo sabe nadie) cómo fue que surgió la idea de publicar algunos textos de Bakunin en las beneméritas páginas de Azar, precisamente en el lugar donde aparecieron en el número anterior algunos de los sabios consejos del señor Carreño, escritor de un añejo manual de urbanidad. El cuento es que, ya entrados en el rollo del saber o no saber, nadie supo qué pitos tocaban las edificantes frases de ese señor en esta bella revista y, sobre todo, qué significaban las olorosas viñetas de Felipe Alcántar a su lado.
Se creyó necesario, entonces, que en esta ocasión debiera incluirse una nota que diera contexto a los libertarios fragmentos del Miguelón Bakunin o, ya de jodido, una mínima advertencia (como la que hacen a los niños los locutores de la lucha libre) para que no se tratara de seguir al pie de la letra lo que ese amigo dijo sin tener el entrenamiento necesario. Huelga decir que esta última opción no nos pareció válida en vista de que cualquier güey puede ser anarquista sin quebrarse una pierna o partirse en dos la columna vertebral. Quedando así, por reducción al absurdo solo el primer planteamiento se presentaron serios problemas para llevar a su última y óptima finalidad la intención de estas esclarecedoras notas. Razones:
1. La tronadez en que cíclicamente se ven inmersos la mayoría de los colaboradores de esta revista, lo cual permite arriesgar la hipótesis de que se trata de un núcleo atacado por un virus productor de una conducta maniaco-depresiva-paranoica. Y, habiéndole tocado al autor de estas notas padecer tan recurrente enfermedad, no será posible dilucidar de una vez por todas la pugna histórica que ha mantenido escondidos, desde los años sesenta del siglo antepasado, a los hermanos gemelos del socialismo revolucionario: marxistas y anarquistas.
2. Algunos autores como E.H. Carr plantean que Bakunin dejó una constancia confusa e imperfecta de sus opiniones porque confiaba sobre todo en la inspiración del momento. Esto es verdad, la obra de Bakunin es fragmentaria, se compone de chispazos que interpretan la realidad del momento o le permiten lanzar terribles predicciones que desgraciadamente en este siglo se cumplieron. Pero no podía ser de otra manera, Bakunin fue un anarquista consecuente que en cierta ocasión dijo: “Ninguna teoría, ningún sistema preestablecido, ningún libro salvarán al mundo. Yo no pertenezco a ningún sistema; soy un auténtico buscador”.

No merece pues el revolucionario ruso ser encasillado en un sistema o abordado con algún método. Por estas razones, no esperen mucho de las siguientes notas:


No se puede hablar de Miguel Bakunin sin hablar de Carlos Marx, y viceversa. Ambos se disputaron la dirección del movimiento obrero de su época, cuyo organismo palpable era la Asociación Internacional de los Trabajadores. Los dos poseyeron una fuerte e influyente personalidad, pero eran excluyentes entre sí:

“Uno, alemán, pequeño burgués, universitario, filósofo y congénitamente autoritario; el otro, ruso, aristócrata, aventurero, revolucionario por elección y profesión, amante de la igualdad, visceralmente libertario”.

Carlos Marx escribía artículos sobre matemáticas para descansar. Incluso existe el mito de que contribuyó al cálculo diferencial. Sin embargo, después de ser publicados en 1933 en una revista soviética, fueron puestos a disposición de expertos matemáticos quienes solo encontraron “notas de un principiante inteligente (aunque algo confuso) que comenzaba a entender el significado de la diferenciación”.

Miguel Bakunin, en contraste, escribió una novela pornográfica para su entretenimiento. El tema era el desfloramiento de tres doncellas a instancias de su propio padre. Se cree que los personajes estaban inspirados en sus primas, las hermanas Maraviev, hijas de su tío Nicolás el miembro más distinguido del clan Maraviev. La novelita de Bakunin permanece todavía inédita en su expediente del Start sarchiv, Drésde. La crítica literaria no ha podido opinar aún si el anarquista ruso tuvo vocación literaria.

Quien se ha formado en la cultura política del marxismo, al escuchar el nombre de Bakunin opina automáticamente: “como teórico es un cero a la izquierda, pero las intrigas son su elemento”, o bien, que su doctrina era bazofia compuesta por trozos tomados de Proudhon, Saint-Simon y otros. Sin embargo, la doctrina de Carlos Marx no es un planteamiento original surgido de la nada. Lenin nos lo muestra en su famoso opúsculo Tres partes y tres fuentes integrantes del marxismo. Se supone que Marx se apropió y superó a la economía clásica inglesa, al socialismo francés y a la filosofía alemana. Si lo que tomó de esas corrientes fue bazofia o no, puede ser solo una opinión personal.

Marx y Bakunin tienen en común el socialismo francés. Bakunin, también hegeliano de izquierda, como lo dictaba la moda de aquel tiempo, dijo adiós a la filosofía con el ensayo más lúcido que haya surgido de su pluma: La reacción en Alemania. A partir de entonces toda la metafísica alemana le pareció irreal. Los filósofos alemanes con sus teóricas fórmulas de salvación eran para él sencillamente cómicos en comparación con los visionarios sistemas de Saint-Simon, Fourier, Proudhon y Leroux. La filosofía alemana era pensamiento puro, el socialismo francés llamaba a la acción. Bakunin conoce a Proudhon y se declara humildemente su discípulo.

Marx despedaza a Proudhon en su ensayo Miseria de la filosofía, desdeña a los demás socialistas por utópicos y autonombra “científica” a su concepción del socialismo. Pone en pie la dialéctica hegeliana y le confiere un poder de interpretación casi mágico. En manos de sus discípulos el materialismo dialéctico sería la filosofía capaz de explicarlo todo: la naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Gramsci lo intuye cuando propone despojar de su olor religioso al marxismo.

Es muy posible que el germen autoritario del marxismo se encuentre en deuda con la filosofía de Hegel. Es conocida la admiración que el oscuro filósofo profesaba al estado prusiano, incluso, para él no podía existir mejor destino para el individuo que convertirse en un engranaje de la máquina estatal. A este halagador destino se opuso radicalmente Max Stirner; su obra El único y su propiedad reivindica un individualismo acendrado y solipsista. Es, sin embargo, un grito de protesta quizás llevado al absurdo, ante el peligro que encierra la filosofía hegeliana. Bakunin tomó también “trozos de bazofia” de este pensador, pero, a diferencia de Nietzsche, no desembocó en una filosofía del superhombre. Para Bakunin como para Stirner, lo únicoque puede funcionar es un pacto entre egoístas, y ese pacto solo es posible en sociedad, de ahí que la concepción libertaria de Bakunin puede reducirse en una sola frase: La libertad de los demás amplía la mía al infinito.

Es común olvidarse que tanto Marx como Bakunin fueron seres humanos con vicios y virtudes, que en su lucha por influir el movimiento revolucionario de su época desplegaron todos los recursos a su alcance, entre ellos la calumnia. Mucho de lo que se dijo en aquella época permanece hoy cuando se escribe sobre el fundador del anarquismo. En el terreno de la propaganda y la detracción Bakunin siempre ha llevado las de perder. Siendo el marxismo la doctrina política, dentro de la gran tradición socialista, que mayor éxito tuvo en el presente siglo, es natural que la historia y los juicios que más circulación han tenido sobre el anarquismo los hayan escrito en su mayoría intelectuales desde la perspectiva marxista. Bakunin carga desde el siglo pasado con los sanbenitos de agente del zar, puto, intrigante, impotente sexual, topillero, incestuoso, etcétera. Marx, en cambio, permanece como un ser perfecto, un héroe del proletariado, a pesar de que en su correspondencia se atisba un hombre vanidoso (véase por ejemplo La canalla literaria en Como leer en bicicleta de Gabriel Zaid) y en ocasiones crudamente inhumano, como en el caso de la muerte de Mary Burns, una obrera amante de Engels, que Marx ignora en su correspondencia no obstante la pena de su amigo.

Es discutible el hecho de que la personalidad se constituya en una categoría para valorizar una doctrina o teoría política, porque la doctrina trasciende a la persona que la sustenta desde el momento que encuentra seguidores. Si alguien ha logrado resumir las agudas contradicciones entre Marx y Bakunin, a partir de su personalidad y concepción del mundo, es E.H.Carr, de quien tomo el siguiente párrafo:

“(…) Marx enfocaba a la humanidad con la óptica del estadista y del administrador. Su sujeto no era el individuo, sino la masa. Introdujo en la teoría y en la práctica revolucionarias el orden, el método y la autoridad; aspectos que hasta entonces habían sido una prerrogativa exclusiva del gobierno, con lo cual echó los cimientos del estado revolucionario disciplinado. Bakunin fue un visionario y un profeta. Lo que le preocupaba no era la masa, sino el individuo; no eran las instituciones, sino la ética. Su carrera revolucionaria fue infecunda en resultados concretos. ‘Se pasó la vida –dijo su amigo Virubov– desempeñando el papel de Sísifo, preparando incesantemente revoluciones políticas y sociales, las cuales, cuando más seguras las creía, se le iban cayendo’. Con todo, hablar de su incapacidad de realización práctica es un poco improcedente, puesto que la idea misma de realización fue siempre ajena a su carácter y a su intención. Reichel le preguntó una vez qué haría si lograse ver realizados todos sus planes y plasmados todos sus sueños en la realidad. Entonces –contestó Bakunin– volvería a derribar todo lo que hubiese hecho. Bakunin fue, en la historia, una de las más completas encarnaciones del espíritu de libertad. De la libertad que no excluye el capricho ni la licencia, que no tolera ninguna de las instituciones humanas, que sigue eternamente un ideal irrealizado e irrealizable, pero que es casi universalmente aceptada como parte indispensable de las más elevadas manifestaciones y aspiraciones de la humanidad”.
 (Esta crónica de Raúl Sánchez Trillo es parte de su libro Notas anárquicas, inédito).




Raúl Sánchez Trillo estudió la maestría en artes visuales en la ENAP/UNAM. Escribe crónicas y es profesional de la fotografía de arte. Fue director de la Facultad de Artes y actualmente lo es de Extensión y Difusión Cultural de la Universidad Autónoma de Chihuahua.