sábado, 11 de julio de 2026

Tras el juego, amistarse


 

Tras el juego, amistarse

 

Por Guadalupe Ángeles

 

¿Cómo sería en verdad antes? Cuando he leído o escuchado la frase: “a la manera de los antiguos”, vienen a mi mente una serie de prácticas imposibles en estos tiempos; a saber: dormir cuando el sol se oculta cada tarde, porque es natural, en nuestra condición de animales (racionales, sí, pero animales al fin) obedecer los ritmos del sol y de acuerdo a ellos vivir; o considerar a un grupo relativamente amplio de personas al momento de tomar una decisión importante; sembrar en la fecha en que los vientos tienen tal dirección o temperatura. En fin, no sé cómo es que nos hemos alejado tanto de aquellas prácticas; y no es que las añore, puesto que no tocó en el tiempo de mi vida experimentarlas. Y, bien dicen: uno es el hijo de su tiempo, así, en masculino; ese solo detalle dice mucho de otras épocas y de esta.

       Los cuentos de Ciencia Ficción en los que es posible viajar en el tiempo, me parece que todavía no retratan una realidad apegada a los hechos; sería interesante que así fuera, así podríamos saber a ciencia cierta cómo era en realidad vivir “a la manera de los antiguos”.

       Estas reflexiones no me visitan (o las visito, aunque quizá sea lo mismo) porque sienta nostalgia por experimentar la vida de otra manera. No. Ocurren porque creo haber leído esa frase, o escuchado, de boca (o en las páginas) de una escritora querida.

       Muy extrañas son las formas del cariño, decir “quiero ser como tú”, aunque no sea precisamente con esas palabras, no significa siempre que se reniega de la propia circunstancia. El cariño, a veces, nos hace desear la invisibilidad, la indisociación, ya lo dijo el gran Roland Barthes: “la desgracia del amante es no ser uno con el amado”. Y así, ese animal grotesco de las dos espaldas o de los cuatro brazos y piernas, más que asustarnos, a veces, cuando la pasión es alarmantemente intensa, nos lleva a suspirar por aquella “completud” tan ajena a lo humano.

        Ser dioses con cuerpos por completo distinto a los nuestros, con pensamientos que vayan de una mente a otra sin obstáculos, ideas así de absurdas (al menos según la lógica “al uso”) han sido siempre, el secreto inexpresable de aquellos que aman más allá de la razón.

      Pero llega la madurez y con ella la claridad de pensamiento y la certeza tranquila de no ser más que lo que se es; se abandonan las ilusiones como quien entra en casa una vez que ha cesado la sesión de fuegos pirotécnicos; se agradece no haber sido víctimas de un incendio y se procede, si existe la vocación y la paciencia, a pergeñar páginas (si no perfectas) sí mesuradas en las que tratamos de explicar cuánto se anheló la totalidad imposible, de ese modo, y como un barco a punto de sucumbir ante la tormenta, se llega a un puerto libre de monstruos fantásticos y lleno de un perfume de normalidad que se aspira con, al fin, una tranquilidad que no sabíamos cuánta falta nos hacía cuando nos era imposible mirar más allá de una mirada ardiente que, en el mejor de los casos, se consumía en un fuego compartido, y en el peor, ardía en un hielo que nos cortaba la respiración.

      Breve entonces parece la vida y se logra aceptar sin disturbios la caria del sol del mediodía, la iluminación inesperada de una luna tan clara como la seguridad de ya no tener miedo a ser solo uno, porque un silencio como de lago a medianoche toca nuestro corazón y ahí sabemos: se ha sobrevivido.

       Así, la vejez no duele, se amista uno con la soledad, no porque se considere haber vencido, eso nunca, se comprende simplemente que aquella guerra por conquistar un alma ajena era un juego que aprendimos sin saber que siempre fue innecesario.

 


Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en ÁgoraEl FinancieroEl InformadorEl OccidentalLa Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y en las españolas: Babab y EspéculoPremio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación. Actualmente radica en Guadalajara.

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