La columna de Bety
Una historia que no se desea
repetir
Por Beatriz Aldana
Corría aquel año de 1996
cuando por pequeños detalles empecé a observar que mi relación matrimonial iba
en caída libre. Con un intento fallido deseaba conversar sobre ese asunto. Fue
imposible. La razón poderosa era que existía "otra en mi lugar".
Su nombre: Rosa María. ¿Y cómo
me enteré? Por una remarcación telefónica. Acababa de salir él de casa rumbo a
su trabajo y yo quise hacer una llamada, pero algo me instó a remarcar y ella
contestó. Le pregunté ¿quién es usted?, y me confirmó: Rosa María.
Para esto ya alguien me
había puesto en antecedentes de que ella tenía relación con él. No esperé más:
Decidí dejarlo libre, con todas las implicaciones de esa decisión, que no tiene
caso enumerarlas.
Pasaron muchos años en los
que me dediqué a trabajar y trabajar, sacar adelante a mi hijo. Fue tanto el
esfuerzo que sin remedio en el año 2008 caí en crisis. Tardé un año completo en
restituirme, recuperar mi economía, trabajar de nuevo, y por avatares del
destino, conocí a quien sería mi "mecenas".
Mi trabajo ya consistía en dar
servicio de dama de compañía para señoras de la tercera edad, pero mi "mecenas"
decidió que la totalidad de mis horas de trabajo se quedarán únicamente para
él. Y así transcurrieron los años hasta su triste fallecimiento.
Después tuve un periodo de
un largo año de una enfermedad rara, pues nunca en ningún análisis salió algo
anormal en relación a lo que me aquejaba. Total que, por obra de tal vez el
Todopoderoso, salí de ese pozo profundo donde me encontraba, y, ¡oh sorpresa!, apenas
saliendo de él recibí un mensaje con una invitación a tomar un café. Accedí,
por supuesto.
Después de ese café hubo más
acercamiento con quién me invitó, pasaron los años de una agradable
convivencia, pero quiso el destino que me enterara de algo que se estaba
gestando en mi ser, en mi interior. Quise mirar hacia otro lado, pero con la
salud y los avisos del organismo es imposible mirar hacia otro lado, solo queda
enfrentar lo que allí hay.
En fin, volviendo al título
de la historia que no se quiere repetir, aquí va.
Por el mes de mayo de este
año, también por avatares del destino, empecé a observar actitudes, comentarios
de otras personas, informes más bien, haciendo preguntas como esta: ¿ya no
andas con él?,porque...
Y sí, me percaté en dónde,
qué días, a qué hora, y, sobre todo, las actitudes, la falta de interés, la
ausencia de intimidad. Como desgracia llegaron las verdades, las que se conocen
y nunca se dicen. Solo bastaron dos palabras, esas dos poderosas palabras
fueron las que laceraron un corazón, una mente, dos fatídicas palabras. Miserable.
Servil.
Aunque fuesen ciertas,
lograron horadar con brutalidad un sentimiento, una admiración, un embeleso, y
ciertamente, fueron escritas, más no dichas verbalmente, pero la intención fue
clara: Déjame. Déjame en libertad porque en mi ser y en mi corazón está
desarrollándose una nueva semilla y estando tú no la dejas germinar.
Y como reza ese dicho tan
común: Al buen entendedor...
Entendí el mensaje y obedecí
esa instrucción que dolorosamente se me indicó.
No, ya jamás. Y el jamás es
ya muy corto porque no me queda mucho tiempo. No más relaciones sentimentales,
esas son destructivas. Prefiero las amistosas, esas son duraderas, solidarias,
sin etiquetas, sin traiciones, sin sentidos de propiedad. Y regreso de nuevo al
título de esta crónica, una historia que no se desea repetir. Diré como
la canción del gran Juan Gabriel. Yo no nací para amar. Pero yo le hago un
pequeño cambio: Yo no nací para ser amada.
Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

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