domingo, 19 de julio de 2026

Una historia que no se desea repetir

 

La columna de Bety

Una historia que no se desea repetir

 

Por Beatriz Aldana

 

Corría aquel año de 1996 cuando por pequeños detalles empecé a observar que mi relación matrimonial iba en caída libre. Con un intento fallido deseaba conversar sobre ese asunto. Fue imposible. La razón poderosa era que existía "otra en mi lugar".

Su nombre: Rosa María. ¿Y cómo me enteré? Por una remarcación telefónica. Acababa de salir él de casa rumbo a su trabajo y yo quise hacer una llamada, pero algo me instó a remarcar y ella contestó. Le pregunté ¿quién es usted?, y me confirmó: Rosa María.

Para esto ya alguien me había puesto en antecedentes de que ella tenía relación con él. No esperé más: Decidí dejarlo libre, con todas las implicaciones de esa decisión, que no tiene caso enumerarlas.

Pasaron muchos años en los que me dediqué a trabajar y trabajar, sacar adelante a mi hijo. Fue tanto el esfuerzo que sin remedio en el año 2008 caí en crisis. Tardé un año completo en restituirme, recuperar mi economía, trabajar de nuevo, y por avatares del destino, conocí a quien sería mi "mecenas".

Mi trabajo ya consistía en dar servicio de dama de compañía para señoras de la tercera edad, pero mi "mecenas" decidió que la totalidad de mis horas de trabajo se quedarán únicamente para él. Y así transcurrieron los años hasta su triste fallecimiento.

Después tuve un periodo de un largo año de una enfermedad rara, pues nunca en ningún análisis salió algo anormal en relación a lo que me aquejaba. Total que, por obra de tal vez el Todopoderoso, salí de ese pozo profundo donde me encontraba, y, ¡oh sorpresa!, apenas saliendo de él recibí un mensaje con una invitación a tomar un café. Accedí, por supuesto.

Después de ese café hubo más acercamiento con quién me invitó, pasaron los años de una agradable convivencia, pero quiso el destino que me enterara de algo que se estaba gestando en mi ser, en mi interior. Quise mirar hacia otro lado, pero con la salud y los avisos del organismo es imposible mirar hacia otro lado, solo queda enfrentar lo que allí hay.

En fin, volviendo al título de la historia que no se quiere repetir, aquí va.

Por el mes de mayo de este año, también por avatares del destino, empecé a observar actitudes, comentarios de otras personas, informes más bien, haciendo preguntas como esta: ¿ya no andas con él?,porque...

Y sí, me percaté en dónde, qué días, a qué hora, y, sobre todo, las actitudes, la falta de interés, la ausencia de intimidad. Como desgracia llegaron las verdades, las que se conocen y nunca se dicen. Solo bastaron dos palabras, esas dos poderosas palabras fueron las que laceraron un corazón, una mente, dos fatídicas palabras. Miserable. Servil.

Aunque fuesen ciertas, lograron horadar con brutalidad un sentimiento, una admiración, un embeleso, y ciertamente, fueron escritas, más no dichas verbalmente, pero la intención fue clara: Déjame. Déjame en libertad porque en mi ser y en mi corazón está desarrollándose una nueva semilla y estando tú no la dejas germinar.

Y como reza ese dicho tan común:  Al buen entendedor...

Entendí el mensaje y obedecí esa instrucción que dolorosamente se me indicó.

No, ya jamás. Y el jamás es ya muy corto porque no me queda mucho tiempo. No más relaciones sentimentales, esas son destructivas. Prefiero las amistosas, esas son duraderas, solidarias, sin etiquetas, sin traiciones, sin sentidos de propiedad. Y regreso de nuevo al título de esta crónica, una historia que no se desea repetir. Diré como la canción del gran Juan Gabriel. Yo no nací para amar. Pero yo le hago un pequeño cambio: Yo no nací para ser amada.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

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