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miércoles, 14 de octubre de 2026

León XIV y una batalla que enfrentan millones de personas

 

León XIV y una batalla que enfrentan millones de personas

 

Por Marco Benavides

 

La noticia del diagnóstico de adenocarcinoma de pulmón del papa León XIV despierta preocupación y cercanía, incluso entre quienes no lo conocemos personalmente. Ante algunos titulares agoreros, conviene recordar algo esencial: la palabra cáncer no encierra un único destino.

Como médico, he visto cuánto ha cambiado la oncología en las últimas décadas. Hoy disponemos de mejores herramientas diagnósticas, cirugía menos invasiva, radioterapia más precisa, inmunoterapia y tratamientos dirigidos contra determinadas alteraciones moleculares del tumor.

Estos avances han abierto posibilidades de curación y de control prolongado de la enfermedad que hace apenas unas décadas parecían lejanas. El adenocarcinoma pulmonar también puede afectar a personas que nunca han fumado, y su pronóstico depende sobre todo de la extensión de la enfermedad y de sus características biológicas.

Cuando el tumor está localizado y puede extirparse por completo, existe una posibilidad real de curación. En el caso del Papa, la intervención realizada permite albergar esperanza. Habrá que esperar al estudio anatomopatológico definitivo para conocer mejor el alcance de la enfermedad y determinar si serán necesarios tratamientos adicionales.

La prudencia médica invita a evitar tanto las promesas de curación como las sentencias anticipadas. Detrás de cada diagnóstico hay una persona: alguien que necesita cuidados, respeto, tiempo y compañía. Esto vale para el Papa y para quienes atraviesan hoy una situación semejante lejos de los focos.

Todos sabemos que la vida es temporal. Precisamente por eso, cada año ganado, cada encuentro y cada jornada vivida con bienestar tienen un valor inmenso. La medicina busca prolongar la vida, pero también preservar aquello que la hace valiosa.

La ciencia y la fe suelen presentarse como realidades opuestas, pero con frecuencia conviven en la experiencia de quienes afrontan una enfermedad grave. La medicina estudia los mecanismos de la enfermedad y desarrolla herramientas para combatirla; la fe, por su parte, ofrece sentido, esperanza y fortaleza interior cuando surgen la incertidumbre y el sufrimiento. Ambas responden a preguntas distintas, pero profundamente humanas.

Numerosos pacientes encuentran en sus convicciones religiosas un apoyo emocional que les ayuda a sobrellevar los tratamientos, mantener la serenidad y afrontar el futuro con mayor confianza. La fe no sustituye a la ciencia ni elimina la necesidad de atención médica, pero puede convertirse en un valioso complemento. En el caso del Papa, millones de personas en todo el mundo acompañan con sus oraciones el trabajo de los profesionales de la salud, recordándonos que el conocimiento pierde valor si falta la compasión y la esperanza.

Mi deseo sincero es que León XIV pueda superar esta enfermedad y recuperar su importantísima actividad. Es el guía espiritual de cerca de 1500 millones de católicos, y un jefe de Estado. Que esta noticia nos ayude a reconocer el trabajo de quienes investigan y cuidan, así como a procurar que los avances lleguen a todos. La esperanza responsable también forma parte del cuidado.

 

Dr. Marco Benavides, 14 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

lunes, 12 de octubre de 2026

Una señora renegada

 

Una señora renegada

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. A mis 73 años ya no laboro en mis actividades básicamente de números, o sea, la contabilidad. De pronto, y por hobby, hago crónicas porque me encanta escribir. Las publico en la revista Estilo Mápula que dirige el escritor y editor Jesús Chávez Marín. Allí también grabo videos recitando los poemas del gran Jorge Luis Borges.

Como cuento por fortuna con un vehículo y buena habilidad para manejar, de pronto me gusta ofrecer mis servicios en calidad de chofer o dama de compañía de señoras adultas mayores, auxiliandolas en cuestiones de bancos, pagos de servicios, compra del mandado, llevarlas a comer, o realizar algún paseo. Por esos servicios se me paga, mi gasolina y mi tiempo.

Ayer una de mis clientas se me alteró demasiado porque al llevarla a su cita con el dentista nos quedó un tiempo, un inter, porque aún no llegaba la hora de la comida. Eran las 12:30 del mediodía y le comenté a la señora, de quien aquí omito su nombre, que deseaba hacer un trámite en Banorte, y era mi último día para pagar la tarjeta. La acomodé confortablemente en una de las sillas del banco (que estaba casi vacío y con un clima súper agradable). Estuve media hora con la señorita ejecutiva que me atendió.

Cuando salimos del banco fui a ponerle aire a las llantas de mi vehículo, porque transito mucho por carretera y estaban bajas, traían solo 28 libras y es un Jeep requiere 35 libras. Luego llevé a la señora a comer, y como sé que ella paga mis alimentos, opté por pedir únicamente la porción más pequeña de la comida, o sea, el complemento, esto para no ser recargada en su presupuesto para ese fin.

Ya a punto de llover, me pidió la llevara al Alsuper a hacer sus compras. Allí dentro me trajo de la seca a la meca. Yo estaba muy preocupada porque tenía una cita para un tratamiento médico a las cinco de la tarde. Yo veía que ella tardaba muchísimo en escoger sus productos, entonces tuve que comentarle que ya casi era la hora de mi cita médica

Pues craso error.

Fue el detonante para que la señora en cuestión me soltara una retahila de reproches. Primeramente, el dichito del que El que paga, manda. Luego un montón de reclamos: que en mi estadía en Banorte había usado "su tiempo". Luego me soltó otras cuestiones que no venían al caso: Qué yo salía mucho, que me divertía, que me mantenía en el centro, que cómo le hacía para venir a la ciudad si vivía tan lejos y con el costo tan elevado de la gasolina, que de dónde tantos centavos para eso.

Le hice ver que a mí nadie me mantenía, y en cuanto me faltaba dinerito, buscaba yo alguna labor retributiva, como por ejemplo fungir de chofer y dama de compañía como lo estaba haciendo con ella. Bueno, total que la señora se puso de un modo altanero y grosero. A final de cuentas le tuve que hacer la pregunta: ¿Por qué le caigo tan mal?

Me contestó que ella se encontraba enferma, muy enferma, y le molestaba que yo publicara todas mis actividades. Y que así como las publicaba yo, ella tenía el derecho de criticarme y de juzgarme, porque a eso me exponía yo al publicar mis alegrías, diversiones y mi vida religiosa, vía Facebook.

Opté por rechazarle mi pago, porque me sentí humillada, y mejor lo dejó en la guantera. Le dije, que no volvería a trabajar con ella.

Me advirtió así: "Si te molesta que te critique por tus publicaciones en Facebook, pues simplemente deja de hacerlo”.

Háganme ustedes el cabrón favor, y perdónenme que se los pida en francés.

No cabe duda de que existe gente malagradecida y poco empática con las personas que trabajamos, y que a veces no nos alcanzan rinden los exiguos ingresos que con este alto costo de vida pues simplemente no alcanzan.

Juré no volver a trabajar para esa señora. Le toca cita de nuevo el lunes con su doctor, pues que contrate un taxi o un Uber, a ver a cuanto le sale, porque yo soy muy medida para cobrar por mis servicios, y sobre todo muy servicial con mis clientes, lo digo aunque sé que halago en boca propia, es vituperio.

Esa vez no pude atemperar su grosería ni tratando de explotar la vena sentimental: le comenté que también yo estoy enferma y con restricción de una operación, dada la fragilidad de mi estructura corporal, mi bajísimo peso y dificultades en coagulación y cicatrización. Lo que me contestó con altanería fue: “Pues el karma es el karma. Es el pago por las malas acciones hechas en la vida”.

Y yo, ¿What? ¿A qué se refiere, señora? Hágame por favor un listado de mis cosas malas que según usted yo he hecho, y especialmente a usted (y por supuesto, a ella, ninguna) pero en mi yo interno saqué mis propias conclusiones: le caigo muy mal porque me escucha hablar de pronto con distintas amistades y se percata que siempre me invitan. Lo supe porque también me lo hizo ver, o sea que pone mucha atención en mis conversaciones telefónicas. Ella odia tener amistades, dice que eso no existe, que es pura hipocresía y puro interés. Así las cosas.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

“No invadas el espacio escénico”, ahora lo entiendo

 

“No invadas el espacio escénico”, ahora lo entiendo

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Crónicas de vida, aquí les contaré cómo se lleva una chascos de repente. Hay un caballero que toca el saxofón espléndidamente en la calle Victoria. Soy su fan. Siempre le pongo un billete en su cepo donde recibe lo que la gente le dará por su arte.

Hace algunos días, era domingo, me acerqué con mi mini banquito que llevo para escuchar misa en Catedral, ya que siempre me gusta estar a mero adelante, pero esos lugares se reservan para las personas que ejercen algún ministerio del altar, o recogen las ofrendas, total, que lo puse muy atrás de donde el saxofonista se ubica y me puse atenta a escuchar sus bellas interpretaciones.

Cuando me acerqué para depositarle el billete acostumbrado y felicitarle por tan hermosa melodía que en ese momento interpretaba, pues se trataba de Imagine, de mi John Lennon, al puro estilo mío hice un movimiento de baile momentáneo, a lo cual el caballero me dijo en estas palabras:

―No, señora. Me asusta a los clientes y no se acercan.

Achis, achis, pensé.

Entonces le dije:

―Pues cuando bailo en el show de la Plaza de Armas con el señor Sergio Boy y todo su excelente grupo es todo lo contrario, se junta muchísima gente porque les gusta muchísimo mi ritmo, sobre todo el baile clásico y el rock setentero y ochentero.

A la siguiente ocasión que fui a escucharle, esta vez fue un sábado, y fui con el objetivo de entregarle un billete de cien pesos que me regalaron un matrimonio al ir a alcanzarme por la calle Aldama e Independencia porque me retiré del saxofonista por su comentario no muy educado que digamos, porque como yo les dije a la pareja que me alcanzó, que el arte era del saxofonista, pero que les agradecía su aportación y que se la haría llegar a él.

Volviendo al tema, cuando fui a llevarle el billete al saxofonista, le dije:

―No señor, la gente no se asusta, más bien pienso que usted sintió de pronto que yo le robé el momento de su arte, y comprendo el celo que como artista sintió y que por ningún motivo fue mi intención robarle esa luz, admito que a lo mejor fue así, puesto que el matrimonio no le puso el dinero en el cepo suyo, sino que me alcanzaron para dármelo a mí porque les gustó algo de mi instantáneo bailecito al ritmo hermoso de Imagine.

Recuerdo bien que antes de todo eso yo me ofrecí a hacerles un vídeo que sí lo hice bailando ellos, y acompañados del saxofonista, porque eran turistas visitando Chihuahua, así que de alguna manera el dinero era para mí, pero decidí dárselo al saxofonista, a ver si así le baja un poco a su mala onda, y hasta cierto punto una cierta majadería porque sintió que le robé su show. Ni modo, yo gusto mucho, y tengo mucha gente que me dará la razón.

Exactamente así fue. Por eso le entregué los cien pesos que me obsequiaron por mi pequeñísima invasión, y sobre todo agradeciendo al saxofonista su amable explicación. Él estaba un poco apenado de recibir el dinero, porque argumentaban que me lo habían regalado a mí, pero era una manera de disculparme por haber hecho uso de su espacio. Y ya. Quedamos como buenos amigos.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

viernes, 9 de octubre de 2026

Ingrid Bergman: su rostro bello y su inolvidable sabiduría actoral


Diseño gráfico: Marco Benavides

Ingrid Bergman: su rostro bello y su inolvidable sabiduría actoral

 

Por Marco Benavides

 

Hay actrices que pertenecen a una época. Otras pertenecen a una industria. Muy pocas logran pertenecer al imaginario colectivo. Ingrid Bergman fue una de ellas.

Su rostro es uno de esos raros territorios donde convergen la belleza, la inteligencia y el misterio. Reducirla a su fotogenia sería tan injusto como describir una catedral únicamente por la armonía de sus piedras. Bergman no fue simplemente una estrella: fue una presencia artística que transformó la idea misma de la actriz en el siglo XX.

Nacida en Estocolmo en 1915, llegó al cine cuando Hollywood construía su mitología moderna. Mientras otras intérpretes cultivaban una imagen diseñada por los estudios, ella proyectaba una autenticidad casi desconcertante. Su belleza no era la de una diosa clásica e inaccesible, sino una habitada por una intensa vida interior. Tal vez por eso la cámara la amó de manera tan singular.

En una industria obsesionada con el glamour, Bergman representaba la verdad emocional. Sus personajes parecían respirar incluso cuando el guion callaba; una mirada, un gesto apenas insinuado o una vacilación en la voz bastaban para revelar universos enteros de sentimientos.

La posteridad la recuerda sobre todo por Casablanca (1942), donde interpretó a Ilsa Lund, atrapada entre el amor y el deber. Lo fascinante es que, en una obra repleta de diálogos memorables, son sus silencios los que permanecen. Mientras Humphrey Bogart encarna el desencanto de una generación herida por la guerra, ella se vuelve la encarnación de lo que el tiempo y las circunstancias obligan a perder. Y sin embargo logró trascender incluso la película que contribuyó a inmortalizarla: muchas estrellas terminan devoradas por un único personaje. Ella no.

Fue santa, enamorada, aristócrata, espía, médica, revolucionaria, madre y mártir, y nunca pareció repetirse. Obtuvo tres premios Oscar y trabajó con directores como Alfred Hitchcock, Roberto Rossellini, Anatole Litvak, Victor Fleming y George Cukor, pero sus mayores logros quizá no se midan en galardones, sino en la humanidad que imprimió a cada interpretación. Películas como Luz que agoniza (Gaslight), Encadenados (Notorious) o Anastasia conservan hoy una frescura sorprendente. La actuación cinematográfica ha cambiado enormemente en las últimas décadas, pero Bergman sigue pareciendo contemporánea: no hay en ella los excesos teatrales que envejecieron a tantos intérpretes de su generación. Su estilo anticipa una sensibilidad más moderna, más psicológica, más íntima.

Pero su historia no es únicamente artística. En 1949 se enamoró del director italiano Roberto Rossellini y abandonó Hollywood para trabajar con él. Hoy parecería un episodio privado sin mayores consecuencias; en la moral pública de entonces, el escándalo alcanzó proporciones extraordinarias. La prensa se lanzó sobre ella con ferocidad, y sectores políticos y religiosos la condenaron. La misma sociedad que la había elevado a símbolo de virtud decidió convertirla en objeto de censura.

Lejos de replegarse, defendió su libertad, construyó una nueva etapa creativa en Europa y terminó recuperando el reconocimiento internacional. Su vida parece seguir el arco de las heroínas clásicas ‒ascenso, caída, exilio y redención‒, y no es difícil hallar ecos de Tolstói, Flaubert o Ibsen en la manera en que la opinión pública juzgó sus decisiones íntimas. La diferencia es que ella no habitaba una novela, sino el implacable escenario de la celebridad moderna.

Cuando volvió a la industria, no lo hizo como una figura derrotada en busca de reconciliación, sino como una artista madura, enriquecida por la experiencia y dueña de una profundidad aún mayor. Sus últimos trabajos muestran una presencia más compleja, marcada por la inteligencia y cierta melancolía: la misma mujer, pero también otra, que había atravesado las tormentas de la fama y sobrevivido a ellas.

Murió en 1982, el día de su cumpleaños sesenta y siete. Desde entonces, nuevas generaciones descubren sus películas y se preguntan por qué su magnetismo sigue intacto. La respuesta quizá resida en una cualidad que ninguna escuela enseña ni ningún estudio fabrica: la autenticidad. Ingrid Bergman nunca pareció interpretar personajes; parecía comprenderlos. Su arte nacía de una empatía profunda hacia la condición humana. Los decorados envejecen, las modas cambian y las tecnologías se vuelven obsoletas, pero las emociones auténticas conservan una vigencia inalterable.

Más de cuatro décadas después, su rostro sigue emergiendo de la penumbra de la pantalla con la misma fuerza de la edad dorada del cine: no como un recuerdo nostálgico, sino como una presencia viva. Y acaso este sea el privilegio reservado a los verdaderos artistas: desaparecer sin abandonar jamás la imaginación de quienes los contemplan. Bergman no fue únicamente una estrella del cine. Fue, y sigue siendo, una forma elegante y profundamente humana de permanecer en el tiempo.

 

Dr. Marco Benavides, 6 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

86 años

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

86 años

 

Por Marco Benavides

 

John Lennon habría cumplido hoy 86 años. Debo confesar que para mí esta es una frase extraña de escribir. Porque en la mía, en nuestra memoria, él se ha quedado detenido en aquel invierno de 1980. El rostro, las gafas, el pelo y la voz que llevamos dentro pertenecen a un hombre al que se le negó el tiempo de envejecer delante de nosotros.

Y así hoy, 9 de octubre, celebramos el aniversario de su nacimiento imaginándolo joven. Pero la historia no debería haberse detenido ahí; debería haber habido un Lennon de cincuenta años, luego de sesenta. Un hombre con el pelo blanco, tal vez con algunos kilos de más, autor de nuevas canciones o de largos periodos de silencio. Podría haber cambiado de idea, sorprendernos, decepcionarnos, incluso aburrirnos. Podría haber simplemente envejecido. Es una posibilidad que su muerte nos arrebató, y que a menudo olvidamos.

También por esto el 9 de octubre es una fecha particular, en cuanto que no recuerda solo el nacimiento de un músico que cambió la historia, sino el inicio de una vida interrumpida a la mitad. De él custodiamos las canciones, los discos, las fotografías, las batallas y los errores. Sabemos incluso cómo murió, pero no sabemos en quién se habría convertido. Cada aniversario, por tanto, lleva consigo una pequeña pregunta suspendida: ¿quién sería hoy John Lennon a los 86 años?

No vale la pena inventar una respuesta. Es mucho más interesante dejar el vacío. Porque hoy no “celebramos” solo lo que fue, sino también, inevitablemente, todo aquello que lamentablemente nunca hemos podido conocer.

Love is the answer, and you know that for sure. (El amor es la respuesta, y lo sabes de seguro).

 

Dr. Marco Benavides, 9 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

jueves, 8 de octubre de 2026

Anne Carson, Nobel de Literatura 2026: la poesía como reinvención del lenguaje

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Anne Carson, Nobel de Literatura 2026: la poesía como reinvención del lenguaje

 

Por Marco Benavides

 

La escritora, ensayista y traductora canadiense Anne Carson (Toronto, 1950) es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026. La Academia Sueca reconoció una “obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. El anuncio corona el nombre de una autora que llevaba años entre las favoritas de las quinielas y confirma el impacto de una de las voces más originales e inclasificables de las letras contemporáneas.

A lo largo de varias décadas, Carson ha desdibujado las fronteras entre poesía, ensayo, traducción, crítica literaria y narrativa experimental. Su obra combina una erudición clásica con una sensibilidad moderna: los autores de la antigua Grecia conviven en sus páginas con inquietudes de nuestro tiempo sobre el amor, la pérdida, el deseo, el lenguaje y la memoria.

Esa mezcla tiene raíz en su formación en filología clásica, disciplina que ha marcado su producción literaria y que ejerce también como profesora universitaria. Safo, Catulo o Eurípides atraviesan buena parte de sus libros, aunque siempre reinterpretados desde una perspectiva innovadora y personal. El Nobel llega después de otro reconocimiento mayor, el Premio Princesa de Asturias de las Letras, que recibió en 2020.

Su trayectoria académica y su historial de premios acompañan esa singularidad. Carson es doctora en lenguas clásicas por la Universidad de Toronto y ha dado clases en Princeton, McGill, Nueva York y Míchigan. Entre sus reconocimientos figuran el Premio Lannan de Poesía (1996), el Griffin de Poesía (2001) por Men in the Off Hours y el PEN Award (2010), además de las becas Guggenheim y MacArthur. Desde hace años la crítica la considera una de las poetas vivas más importantes en lengua inglesa, y su nombre se repetía cada octubre entre los favoritos de las casas de apuestas.

Tres títulos dan idea de su alcance. Autobiografía de Rojo es una singular novela en verso inspirada en un mito griego. La belleza del marido explora, desde la poesía, la infidelidad y el desengaño. Y Nox, una obra entrañable dedicada a la memoria de su hermano fallecido, desafía los formatos convencionales del libro. Con ellos, Carson consolidó su reputación como una autora capaz de ampliar de manera constante las posibilidades expresivas de la literatura.

El galardón también puede leerse como un reconocimiento a la vigencia de la poesía como forma de conocimiento. En una época dominada por la inmediatez digital, su escritura reivindica la lectura lenta, la reflexión y la riqueza de los múltiples sentidos que puede albergar una palabra. La propia Carson ha señalado en distintas ocasiones que la etimología y la historia de las palabras son el punto de partida de su proceso creativo.

Para quien se acerque por primera vez a su obra, La belleza del marido, el primer libro suyo que se publicó en España, y Autobiografía de Rojo son puertas de entrada naturales. Ambos muestran cómo Carson vuelve materia emotiva la erudición, y cómo una historia antigua puede leerse como un relato íntimo de nuestros días, sin perder por ello su hondura ni su misterio.

Con este premio, que incluye 12 millones de coronas suecas (poco más de 1.2 millones de dólares), Carson sucede al escritor húngaro László Krasznahorkai, galardonado en 2025. Su elección reafirma una tendencia reciente de la Academia Sueca: distinguir a autores que exploran nuevas formas literarias y que desafían las convenciones de género, estilo y estructura.

 

Dr. Marco Benavides, 8 octubre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

domingo, 4 de octubre de 2026

Algo que oculta el oropel

 

Algo que oculta el oropel

 

Por Carlos Gallegos

 

aquel joven pionero

del bajío guanajuatense

que vino a Delicias

a buscar a un hombre

que se había perdido en la primera batalla de Celaya

ya no tenía esperanza de encontrarlo

lo buscaba ansioso en la estación del ferrocarril

en una cueva de calichi que estaba a la subida

de la Loma de Pérez

en una posada sin nombre que se adivinaba

entre las jarillas de un llanito silvestre en lo que sería

la Avenida 7a Norte

preguntaba por él

lo dibujaba como un hombre chapo

de hombros cansados

 con ojos color de miel

al que le faltaba

la mano que había perdido

en un duelo a bayoneta con un general

de división en un burdel de Aguascalientes

no lo veía por más que lo buscaba y lo buscaba

lo buscaba tanto

porque le habían platicado que podía ser su padre

al que solo conocía

por las historias de su madre

quien un día le dijo

que había partido

hacia un pueblo de polvo perdido

en el norte del país

que usaba pantalones militares y botas federicas

recuerdos de sus días de militar

que fumaba cigarros de macuchi silvestre

con esas señas tendría

para encontrarlo en ese pueblo

en el que todos conocían a todos

pero al llegar

supo que nadie conocía a nadie

porque todos provenían de lugares diferentes

en sus ratos de desánimo

luego de buscarlo de punta a punta

en el naciente pueblo desfallecía su ánimo

pero una tarde sudorosa

tuvo razón de él en una fonda del también naciente

mercado que surgía

entre trebejos

de madera y charcos de soquete

la dueña de un tinamaste y un comal que atizaba

con carbón de mezquite

a la que

le decían María

la Sabrosa

sería por lo sabroso de sus guisos

sería por sus sabrosas formas de ex bailarina de chotís

por fin le dio razón

―En esa mesa

en la que está sentado

ahí se sienta

un señor con facha de militar derrotado

viste un pantalón caqui

una camisa con medallas viejas

trae sombrero de cinco pedradas

como los que usaban los Dorados

―se me hace raro que no se lo haya encontrado

por ahí. Ha de ser el único que anda

con una carrillera terciada entre cuello y pecho.

―Mire, qué casualidad, ahí va llegando

háblele antes de que agarre la tomada

porque luego se pone muy triste y no quiere hablar durante días

a cualquiera

que va entrando se le cuadra

creyendo que se le cuadra a Pancho Villa

solo al mirarlo

al verse en sus ojos color de miel

supo que lo había encontrado

pero al acercarse

a abrazarlo

el otro también

lo reconoció

viéndose en sus ojos

con el muñón de su mano yerta

lo rechazó

diciéndole en tono militar

―Sé quién eres y a qué has venido

vete no por donde llegaste

volver a verte me trae malos recuerdos

de una traición de amores

que cada quién siga su camino.

Te olvido y me olvidas.

Celaya es un recuerdo.

Delicias es mi nueva casa, mi nueva vida y esa

mujer del comal

es mi nueva mujer

al día siguiente, por los vericuetos

de los chismes de los pueblos chicos

todos conocían la historia

en esa natural simpatía por el desvalido

el tullido no volvió a conseguir trabajo

al rato era un paria en las cantinas

al muchacho lo vieron abordar el tren

con un boleto sin regreso

las historias tristes que se ocultan

en el oropel de los pueblos felices

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

sábado, 3 de octubre de 2026

Rosita Arenas: el regreso de una estrella que nunca perdió su brillo

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Rosita Arenas: el regreso de una estrella que nunca perdió su brillo

 

Por Marco Benavides

 

Hay actores que abandonan los escenarios y desaparecen. Otros permanecen suspendidos en una especie de limbo, habitando silenciosamente los márgenes de la memoria colectiva. Durante más de tres décadas, Rosita Arenas sintió que le había ocurrido lo segundo.

Tras retirarse de la vida artística en 1994, la actriz llegó a describir su situación con una frase tan dolorosa como elocuente: Se encontraba "metida en el sótano". No era una referencia física, sino emocional. Hablaba del lugar donde la industria suele relegar a quienes alguna vez la engrandecieron. Un espacio donde el aplauso se convierte en eco y los reflectores se apagan.

Pero la historia tiene una curiosa tendencia a corregir ciertas injusticias.

El pasado 23 de septiembre de 2026, Rosita Arenas recorrió las instalaciones de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para visitar la exposición Su vida al cielo: Actrices en la obra cinematográfica de Luis Buñuel. No era una visitante cualquiera. Ella misma forma parte de esa historia.

En 1953 protagonizó El bruto, una de las películas más reconocidas del célebre cineasta español-mexicano. Aquella producción consolidó una carrera que apenas comenzaba a desplegarse y que terminaría convirtiéndola en una figura imprescindible del cine nacional.

Nacida en Caracas, Venezuela, el 19 de agosto de 1933, pero criada y registrada en México, Rosita llegó a la pantalla grande siendo apenas una adolescente. Con solo dieciséis años debutó en Anacleto se divorcia, filme estrenado en 1950 que marcó el inicio de una trayectoria extraordinaria.

Durante la década de los cincuenta se convirtió en un rostro familiar para el público mexicano. Participó en títulos tan populares como ¿Qué te ha dado esa mujer?, Mi campeón, La hija del ministro, El señor fotógrafo y El médico de las locas, entre muchas otras producciones que hoy forman parte del patrimonio cultural de la cinematografía mexicana.

Sin embargo, existe una faceta de su carrera que merece especial atención.

Mucho antes de que Hollywood popularizara el concepto de las llamadas scream queens, Rosita Arenas ya era una de las grandes figuras femeninas del cine fantástico y de terror en habla hispana. Su presencia elegante, combinada con una notable fuerza interpretativa, la convirtió en una referencia del género.

Las míticas cintas La momia azteca, La maldición de la momia azteca y La momia azteca contra el robot humano ayudaron a cimentar una leyenda que continuaría en películas como El espejo de la bruja y La maldición de la Llorona. Gracias a estas producciones, el público y la crítica terminaron reconociéndola como una auténtica "reina del grito", título reservado para aquellas actrices cuya imagen queda inevitablemente asociada a los miedos, monstruos y fantasmas de toda una generación.

Pero el tiempo, que suele ser despiadado con las estrellas, también puede ser generoso.

A sus 93 años, Rosita Arenas continúa proyectando la misma elegancia que la distinguió durante su juventud. Su porte no parece pertenecer únicamente a una mujer, sino a una época entera del cine mexicano, una época de estudios cinematográficos, grandes historias y figuras inolvidables.

Por ello resulta especialmente significativo que la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgue el próximo 3 de octubre el Ariel de Oro, máximo reconocimiento honorífico que concede la institución. Más que un premio individual, el homenaje representa un acto de memoria cultural. Es la confirmación de que ciertas trayectorias no pueden permanecer indefinidamente ocultas en el sótano del olvido.

Rosita Arenas regresa al centro de la escena cuando ya no tiene nada que demostrar. Su legado estaba ahí desde hace décadas, aguardando ser redescubierto. Quizá esa sea la verdadera lección de esta historia: las grandes estrellas no desaparecen. A veces simplemente esperan a que la memoria vuelva a encender la luz.

 

Marco Benavides, 29 septiembre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.