lunes, 12 de octubre de 2026

“No invadas el espacio escénico”, ahora lo entiendo

 

“No invadas el espacio escénico”, ahora lo entiendo

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Crónicas de vida, aquí les contaré cómo se lleva una chascos de repente. Hay un caballero que toca el saxofón espléndidamente en la calle Victoria. Soy su fan. Siempre le pongo un billete en su cepo donde recibe lo que la gente le dará por su arte.

Hace algunos días, era domingo, me acerqué con mi mini banquito que llevo para escuchar misa en Catedral, ya que siempre me gusta estar a mero adelante, pero esos lugares se reservan para las personas que ejercen algún ministerio del altar, o recogen las ofrendas, total, que lo puse muy atrás de donde el saxofonista se ubica y me puse atenta a escuchar sus bellas interpretaciones.

Cuando me acerqué para depositarle el billete acostumbrado y felicitarle por tan hermosa melodía que en ese momento interpretaba, pues se trataba de Imagine, de mi John Lennon, al puro estilo mío hice un movimiento de baile momentáneo, a lo cual el caballero me dijo en estas palabras:

―No, señora. Me asusta a los clientes y no se acercan.

Achis, achis, pensé.

Entonces le dije:

―Pues cuando bailo en el show de la Plaza de Armas con el señor Sergio Boy y todo su excelente grupo es todo lo contrario, se junta muchísima gente porque les gusta muchísimo mi ritmo, sobre todo el baile clásico y el rock setentero y ochentero.

A la siguiente ocasión que fui a escucharle, esta vez fue un sábado, y fui con el objetivo de entregarle un billete de cien pesos que me regalaron un matrimonio al ir a alcanzarme por la calle Aldama e Independencia porque me retiré del saxofonista por su comentario no muy educado que digamos, porque como yo les dije a la pareja que me alcanzó, que el arte era del saxofonista, pero que les agradecía su aportación y que se la haría llegar a él.

Volviendo al tema, cuando fui a llevarle el billete al saxofonista, le dije:

―No señor, la gente no se asusta, más bien pienso que usted sintió de pronto que yo le robé el momento de su arte, y comprendo el celo que como artista sintió y que por ningún motivo fue mi intención robarle esa luz, admito que a lo mejor fue así, puesto que el matrimonio no le puso el dinero en el cepo suyo, sino que me alcanzaron para dármelo a mí porque les gustó algo de mi instantáneo bailecito al ritmo hermoso de Imagine.

Recuerdo bien que antes de todo eso yo me ofrecí a hacerles un vídeo que sí lo hice bailando ellos, y acompañados del saxofonista, porque eran turistas visitando Chihuahua, así que de alguna manera el dinero era para mí, pero decidí dárselo al saxofonista, a ver si así le baja un poco a su mala onda, y hasta cierto punto una cierta majadería porque sintió que le robé su show. Ni modo, yo gusto mucho, y tengo mucha gente que me dará la razón.

Exactamente así fue. Por eso le entregué los cien pesos que me obsequiaron por mi pequeñísima invasión, y sobre todo agradeciendo al saxofonista su amable explicación. Él estaba un poco apenado de recibir el dinero, porque argumentaban que me lo habían regalado a mí, pero era una manera de disculparme por haber hecho uso de su espacio. Y ya. Quedamos como buenos amigos.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

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