De extrapolaciones y otras dulzuras
Por Guadalupe Ángeles
Haré una muy grosera extrapolación: Si yo tuviera un robot para que me
ayudara en los quehaceres domésticos, estaría diciendo Sí a la ciencia que ha
permitido que tal objeto exista; pero a la vez le diré No a esa misma ciencia, negándome
a conversar con el robot sobre la fragilidad de la existencia humana, ni sobre
la gravedad que pudiera poseer tal noción en nuestra idea de la vida. Y aunque
sepa que algún listillo en la fábrica de robots sirvientes pudiera haberle
instalado un programa para debatir las ideas de Heidegger y Sartre, no me voy a
lanzar a ese misterio porque tengo la capacidad de no hacerlo. En esta decisión
de no tener esa conversación, entiendo que sí hay un sentido oculto del mundo
técnico (la travesura del “listillo”, si quieren ustedes).
Y no me pondría a platicar
sobre la gravedad de la muerte con el supuesto ayudante porque, aunque todo lo
que pueda encontrarme en el internet quiera llevarme a otra realidad, sé que la
humanamente posible es solo una: esta; de modo que la reflexión meditativa es
“lo que el ser humano tiene de más propio”; sí, y aunque esa reflexión esté en
lucha constante con el pensar calculador, he de valorar a la primera contra la
segunda por pura gana de seguir siendo humana.
Entiendo que el pensamiento
reflexivo se ubica en otra dimensión, más allá del puro pensar calculador, esa
donde puedo asumir mi finitud como ser nacido en esta Tierra, y tal conciencia,
aunque pueda producir angustia, también me da la libertad de dirigir mi propia
vida hacia un proyecto libremente elegido. Sé que hay cientos de obstáculos o
puede haberlos, no somos plantas nacidas en las nubes, hay una tierra donde
están nuestras raíces, y eso significa algo tal vez desmesurado y que puede
inclinar la balanza entre mis deseos y la realidad propiamente dicha, pero si
uso una balanza o me lanzo a dibujarme una vida falsa en el Instagram, eso
significa que la técnica la usaré para algo, repito entonces, puedo decir no y
sí a todo; sé que la técnica o la tecnología (como prefieras llamarla) no es
neutral, tan lo sé que yo la uso para escribir ahora estas palabras que
finalmente quieren recordarte la importancia de la reflexión meditativa para
dejar de ser juguete de la técnica, ¿podremos?
No está de más informar que
esta extrapolación proviene de la alocución titulada Serenidad que
Martin Heidegger pronunció el 30 de octubre de 1955 en Messkirch, con ocasión
de los festejos para conmemorar el 175 aniversario del nacimiento del
compositor Conradin Kreutzer.
Guadalupe Ángeles nació en Pachuca, Hidalgo. Fue directora de la
revista Soberbia. Entre sus obras se encuentran Souvenirs (1993), Sobre objetos de madera (1994), Suite de la duda (1995), Devastación (2000), La elección de los fantasmas (2002), Las virtudes esenciales (2005), Raptos (2009) y No es luz, mas enceguece (2023). Ha colaborado en Ágora, El
Financiero, El Informador, El Occidental, La Jornada Semanal; en las revistas electrónicas nacionales Al margen y Argos y
en las españolas: Babab y Espéculo. Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos 1999 por Devastación.
Actualmente radica en Guadalajara.

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