Gusano-man. Episodio uno
Por Fructuoso Irigoyen Rascón
Amalio Peroles estaba convencido que de un día para otro, gracias a lo
sucedido en una lejana galaxia, había adquirido superpoderes. No sabía, en
detalle, fuera de uno que aparece más adelante en este relato, en qué
consistían esos poderes, pero intuía que eran reales y abundantes y, sobre
todo, que deberían usarse en beneficio de la humanidad. Aquí comenzaban sus
problemas.
Debería encontrar un nombre para el superhéroe que se sentía que era él ahora.
Pronto se enteró que no podía ser hombre araña, hombre hormiga, hombre pájaro,
hombre murciélago u hombre mosca; tales nombres ya estaban tomados y, peor aún,
patentados. Aunque no enteramente convencido, aceptó el nombre sugerido por la
inteligencia artificial, se llamaría Gusano-man. Ya oía el clamor popular:
“¡Gusano-man al rescate!” No sonaba tan mal.
El siguiente paso también presentaba problemas: necesitaba un traje
adecuado para su nueva personalidad. Se dio a la tarea de diseñar uno. La tarea
fue más que frustrante, se enteró de que las patentes de los uniformes de
superhéroes no solo protegían los diseños de los más conocidos, sino también
los parecidos a ellos, así que no bastaba ser original sino extremadamente
original. Después de mucho quebrarse la cabeza, pudo diseñarlo. Algunos dirían
que el casco simulaba una bacinica y el traje era de colores que no armonizaban
entre sí: negro, violeta y naranja. Debería prescindir de una capa, ya que
todos los estilos estaban protegidos por patentes específicas y radicales. No
hubo manera de encontrar botines originales y el uniforme hubo de completarse
con sus viejos zapatos de tennis. Aquí debemos decir que Amalio era un
hombrecillo chaparrón y regordete, y que vestido de Gusano-man lucía
absolutamente ridículo. Los enemigos que tendría probablemente morirían de risa
al enfrentárseles.
De cualquier forma, Gusano-man se hizo presente en los medios sociales y
esperaba ser convocado a impedir algún asalto bancario, conspiración o a
derrotar a algún monstruo errante. Pues, nada, nadie solicitó su ayuda. No fue
sino entonces, un par de meses después, que se enteró que había una línea
telefónica de auxilio para superhéroes. Y pues, que remedio, a llamar:
—Todos los representantes están atendiendo a otros superhéroes. Por favor
permanezca en la línea. Su llamada es muy importante para nosotros —aseguraba
la grabación telefónica.
Amalio, Gusano-man, tuvo que escuchar las cuatro estaciones de Vivaldi
completas. De cuando en cuando interrumpidas por el mismo mensaje grabado:
—Todos los representantes están atendiendo a otros superhéroes. Por favor
permanezca en la línea. Su llamada es muy importante para nosotros…
Finalmente, una dulce vocecita contestó la llamada:
—Superhero hotline a la orden. ¿Cómo puedo asistirle esta hermosa mañana?
—Habla Gusano-man. Necesito saber qué empresas heróicas me pueden
necesitar.
—¿Gusano-man? No lo tengo en mi lista, ¿está usted inscrito en el Registry?
—¿Registry? ¿En inglés?
—Bueno, sí. Es que casi todos los superhéroes son americanos.
—¿Y cómo le hago para inscribirme?
—Vaya a la web page superheros.com.
Ahí, en la esquina superior derecha, hay tres puntitos. Pulse usted y busque
“opciones”, seleccione entonces “registry” y verá usted la forma que tiene que
llenar. Puede hacerlo en línea o bajar la forma y llenarla. Una vez que llene
la forma, esta tiene que ir a Consejo Supremo de Superhéroes y, si este llegara
a aprobarla, entonces puede llamarme de nuevo para una asignación.
—¿Y cuánto tarda todo eso?
—Con suerte solo unos cuantos meses.
—¿Y qué voy a hacer mientras tanto?
—Puede ensayar cómo utilizar los poderes que dice tener.
—¿Ensayar?
—Sí, pues vea que los supervillanos que usted tendrá que enfrentar en
caso de que se le acepte en el registry son mucho más poderosos que lo que
antes eran. Han aprendido, evolucionado y avanzado mucho estos últimos años. Si
no está usted en óptimas condiciones le pasará lo mismo que le pasó a
Superequisye.
—No conozco el caso, ¿qué le pasó?
—Pues Superequisye se teletransportaba a voluntad y tenía otros
superpoderes, pero Scorpio 2 lo prendió antes de que pudiera hacer nada.
—¿Lo prendió?
—Sí, fue una muerte horrible.
—¿Trata usted de asustarme?
—Solo quiero que sepa los riesgos, y como el prepararse puede incluso
salvarle la vida. Mire, creo que está usted a tiempo de desistir. Puede decidir
no ser ¿cómo dijo? Gusano-man. Hoy en día tenemos superhéroes en abundancia.
—Le agradezco su atención. Revisaré la forma y entonces decidiré que
hacer.
Un ratito después de colgar, cuando Amalio se disponía a encontrar en la
computadora la forma aquella, timbró el teléfono. Era Juanita, su novia.
—¿Qué pasa? Te he estado llamando por más de una hora y la línea ha
estado ocupada todo el tiempo.
—¡Oh! Escuchaba a Vivaldi, las Cuatro Estaciones.
Y que le cuenta a Juanita cómo es que la línea de auxilio toca esa grabación
mientras los usuarios esperan su turno de ser atendidos. Juanita, única persona
conocedora de la identidad secreta de Gusano-man, quien probablemente no
necesitaba del secreto porque nadie sabía todavía de su existencia, escuchó
pacientemente. Mientras hablaba con ella, Amalio tecleaba en la computadora su
número de identificación personal, la plataforma para encontrar la página que
buscaba, la contraseña, superheros.com.,
opciones, forma de solicitud de ingreso al Registry. Y cuando pudo ver
esta última:
—¡Carambas! Son como cincuenta páginas, Juanita, vas a tener que
ayudarme. ¡Tráete tu impresora, por favor!
La forma requería revelar cada detalle de la vida privada del candidato.
Después pedía una descripción detallada de los superpoderes que creía tener, su
origen; el uso que les había dado antes y cómo pensaba utilizarlos en el
combate del mal.
El caso de Gusano-man era sencillo: un solo superpoder y nunca usado
antes. Tenía que describir como él podía cristalizar objetos, animales y
personas con solo tocarlos con sus dedos índice y medio y como podía revertir
el proceso añadiendo el dedo anular a los otros dos. En seguida pondría que
solo por accidente había cristalizado y descristalizado objetos y animales (un
ratón y un pajarito) y por supuesto con tan asombroso don podría cristalizar
criminales y supervillanos y descristalizarlos cuando llegaran las fuerzas del
orden para arrestarlos. Aún así el volumen del papeleo era aplastante.
—Todavía puedes arrepentirte —insistía Juanita.
Pero una de las virtudes de Amalio era la perseverancia. Llenó aquella infame
forma lo mejor que pudo y volvió a la página donde volvió a tener que oír las
Cuatro Estaciones de Vivaldi completitas para hacer llegar su solicitud al
Consejo Supremo de Superhéroes, pero al fin lo logró. El Consejo dudó mucho en
aceptarla pero la insistencia de Amalio fue tal que acabaron por aprobarla. La
aprobación llegó en la mañana y esa misma tarde Gusano-man estaba en contacto
de nuevo con la de la dulce vocecita.
—¿Cómo puedo asistirle esta hermosa tarde?
—Soy Gusano-man, ahora ya estoy en el Registry. Necesito, ¿cómo le llamó
usted?, una asignación.
—En efecto, ya veo su nombre en la lista. ¡Felicidades! ¿Alguna
preferencia?
—¿Qué tal Scorpio 2?
—¡Es mucha pieza para un superhéroe novato! Pero si quieres intentarlo en
la página web puedes estudiar su personalidad y su modus operandi. Esto sin compromise.
Si después de estudiar la información decides seguir en ese caso déjamelo
saber; lo mismo si prefieres no arriesgarte con una asignación tan difícil
llámame para ofrecerte otra.
La página decía :
Scorpio 2. Supervillano homicida, Viste un traje
que simula un alacrán. Nadie lo ha visto sin su
máscara. Su cola de alacrán termina como la
de esos animales en un filoso aguijón. Cuando
ataca, apresa a la víctima por medio de sus
tenazas que opera con sus propias manos,
mientras sus otras seis patas movidas por
servomotores apresan a la víctima. Entonces,
y solo entonces, opera el motor que mueve
su cola y el aguijón viene y perfora el cuerpo
de la víctima inyectándole un veneno letal.
Se han analizado muestras del veneno prove-
niente de los cuerpos de sus víctimas y se
ha comprobado que es veneno de alacrán.
Aunque no se ha podido comprobar, se piensa
que alguna de sus acciones obedecen a
motivos personales, aunque el robo de valiosas
joyas parece ser su principal motivo para hacer el
mal. Es uno de los más peligrosos supervillanos.
Buscó entonces en Internet referencias a Superequisye y las encontró. Supo así
que su muerte ocurrió en la taberna La Mala Muerte hacia ya cinco años. Una
tecleada más le dejó saber que la taberna en cuestión había sido clausurada
después del incidente, pero que después de tres años habla sido reabierta y
operaba todas las tardes y noches como si tal cosa.
—Por ahí comenzaré —se dijo.
Y veremos que su decisión de empezar en aquel macabro lugar fue acertada. A
pesar de las advertencias de Juanita, Gusano-man se lanzó en busca de Scorpio
2. Llegó al lugar a las cinco de la tarde, pues Internet le informó que a esa
hora abría el establecimiento. Encontró el lugar vacío, solo estaba Max el
tabernero limpiando la barra. Hombre hosco y de apariencia rufianesca, parecía
asombrado de ver a aquel hombrecillo con su extraño traje y casco semejante a
una bacinica.
—¡Buenas! ¿Qué le sirvo?
—Un té sin azúcar.
—¿Y qué más?
—¿Podrías decirme si Scorpio 2 ha andado por aquí?
—¿Cómo cree? Él es extremadamente inteligente. No volvería nunca a este
lugar.
—Bueno, dicen que el delincuente siempre vuelve al lugar del crimen.
—Tal vez así sea —gruñó saliendo de detrás de la barra y dirigiéndose a
la puerta la cual cerró colgando el letrero de “Cerrado” por fuera. En seguida le
dijo a Gusano-man:
—Espéreme tantito, ahora vuelvo, disfrute su té.
Fueron unos pocos minutos cuando de la trastienda salió aquel hombre
vestido de alacrán, tal cual Internet lo describió. Amalio, es decir
Gusano-man, extendió su brazo derecho, el cristalizador, como para tocar a
Scorpio 2 si este se acercaba más.
—¿Me buscabas? Pues me has encontrado —gritó, abalanzándose sobre
Gusano-man. La mano cristalizadora tocó un brazo del insecto. En efecto éste se
cristalizó, pero solo ese brazo, así que Scorpio 2 pudo agarrar a Gusano-man
con sus restantes extremidades. Accionó entonces la cola, la cual pasando sobre
su cabeza fue a clavarse en el pecho de Gusano-man. Ya inyectaba el letal
veneno cuando la puerta de la entrada se abrió. Varios parroquianos de los
habituales en La Mala Muerte llegaban buscando la primera cerveza de la tarde,
posiblemente ni siquiera vieron el anuncio de Cerrado y empujaron la puerta
entrando en tropel. Presenciaron una escena escalofriante, uno de ellos vió
caer a Gusano-man, y, casi instintivamente, sacó su teléfono celular y llamó al
911. El hombre sabía algo respecto a Scorpio 2 así que dijo a la operadora:
—Por favor asegúrese que los paramédicos traigan suero anti-alacrán.
Esta petición de hecho salvó la vida de Amalio, quien no volvió a saber
de sí mismo hasta que despertó en una cama de la unidad de cuidados intensivos.
Con respecto a Scorpio 2, este desapareció tras la cortina que separaba la
cantina de su trastienda. Minutos después apareció de nuevo Max:
—¡Hey! ¿Qué ha pasado aquí? Todo está tan revuelto, ¡ojalá y no me
cierren la taberna otra vez!
Juanita no se despegó de Amalio mientras este estuvo hospitalizado.
Cuando el pobre se vio mejor, la novia recalcó:
—Te lo advertí. Es muy peligroso.
—Fue solo el primer round. ¡Ya verá ese infeliz!
Si hasta aquí alguien se ha interesado en la historia del nuevo
superhéroe Gusano-man, puedo ofrecerles después una continuación donde este
aparezca enfrentando supervillanos de la misma calaña de Scorpio 2, como The
Shield, Cúprea Cobra y Monstrous de la Sierra.
Fructuoso Irigoyen Rascón, autor de Cerocahui, una verdadera épica de la región, es médico con especialidad en psiquiatría, con una vasta y brillante práctica profesional. Es autor, además, de los libros Tarahumara Medicine: Ethnobotany and Healing among the Raramuri of Mexico, Nace Chihuahua, Gabriel Tepórame y Diego Guajardo Fajardo, los forjadores y Un valle de imaginación y recuerdos.

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