Alberto Carlos, su obra magnética
Por Martha Estela Torres
Torres
Alberto. Creador sensible, epigramista perspicaz, escritor
agudo, maestro eficiente, cívico comprometido, gastrónomo experimentado,
artista talentoso, amante esposo, orgulloso padre, hombre culto y magnífico amigo.
‒Mario Arras Rodríguez.
Alberto Carlos fue un artista cuya
vocación está fielmente testimoniada en sus obras. Como buen dibujante,
aprovechó su destreza para aplicarla a la pintura; con pulso acertado supo
dotar de reflejos a sus lienzos y vivacidad a sus personajes.
Por fortuna
presencié su última exposición en el Museo de Arte Contemporáneo en 1999. Nos
presentó el arquitecto Mario Arras, quien era fundador y coordinador del museo.
Al conocerlo descubrí a un hombre sencillo y gentil. Después del protocolo
inaugural, se dedicó con paciencia a explicarnos los detalles más
significativos de sus obras, respondiendo a interrogantes de varios alumnos. Fue
entonces que pude apreciar la dimensión de su talento en el silencio de sus
personajes, en la expresividad de rostros enigmáticos y miradas de ensueño,
sobre todo en la poderosa serie Luz y magia. Ahí me pareció más claro el
estilo en esas figuras estilizadas que cruzan la verticalidad de la fantasía.
Así mismo la simbología y el acabado texturizado de sus amates, pues sus
creaciones contienen una inagotable fuerza magnética que provoca impactos psicológicos
y emocionales.
En relación a esto, en la casa museo del arquitecto Arras sobresalía en su colección
particular un bello óleo del maestro Carlos titulado Caballo azul,
cuadro de gran formato cargado de expresión y color, muy distinto a la pintura Caballos
conocido como Los cuatro jinetes del Apocalipsis, del cual se decía que
eran: “Las cuatro vigorosas bestias que en la escena relinchan envueltos en un
aura infernal”, obra que posteriormente
fue parte de la exposición El Camino de la Plata en 2005. Precisamente
el arquitecto Arras, promotor de cultura y coordinador del Taller Pablo Ochoa
nos comentaba a sus alumnos sobre los artistas más sobresalientes en Chihuahua
y mencionaba especialmente a Alberto Carlos, su entrañable amigo.
Haciendo
mención a esto, retomo una entrevista realizada por Ichicult en 2007 donde él
comenta sobre el maestro zacatecano: “Un
experimentador incansable, practicó todos los recursos plásticos,
desde el tradicional óleo hasta la aplicación de las más variadas técnicas
mixtas; compulsión que desahogó siempre en un estado de alegre optimismo y
desenfado artístico. En sus amates ejerció con maestría su facultad de
dibujante, aprovechando las texturas y tramas caprichosas de este material que
le proporcionan insinuantes efectos a sus dibujos”.
Producto
de su perseverante búsqueda en diversas facetas estéticas, especialmente en
pintura, plasmó variedad de cuadros con personajes místicos, alquímicos y
fantásticos como El Brujo, Hacedor de cometas, Mago del tiempo,
entre otros que conservan rasgos atractivos y cautivantes como el primero
cuadro que referí y me impactó tanto, porque el personaje porta una máscara espejo. La luminosidad del azogue
reproduce el rostro de quien lo mira, adquiriendo mágicamente otra apariencia,
otro semblante, otra identidad. Vestido a la usanza medieval con ropaje alado,
doble cuello, amplias solapas y capucha siniestra concentra la energía del
espejo que conserva empuñadura de plata. En una de sus huesudas manos sostiene
la copa estilizada que bien pudiera contener el elíxir de la creación.
Esta pintura resulta, como algunas
otras, atemporal, y se pueden considerar
adelantadas a su tiempo, ya que simboliza mucho
más ahora que cuando se llevaron a cabo, pues en la actualidad se engrandece aún más al narcisista que deviene como
contra cultura del hombre ecuánime, formal y sencillo. Alberto
Carlos implanta en este personaje la mirada hacia sí mismo donde prevalece la
admiración e idolatría vanidosa y autocomplaciente.
Este actante egocéntrico de diversas formas nos remite consciente o
inconscientemente a ambientes de la
sociedad actual y este efecto bien
pudiera resultar educativo porque nos hace pensar, nos obliga a reflexionar, y aunque el arte no tiene un fin didáctico, toda obra, sea de mediana o excelente calidad,
trasmite un mensaje que puede ser positivo o negativo de acuerdo a la
personalidad, preparación e incluso experiencias del espectador.
Para continuar con la línea
descriptiva de personajes, encuentro de gran interés la serie luminosa de
Quijotes donde evoca al referido personaje de Miguel de Cervantes, y la gama
del tema en rostros diversificados cuyas versiones poseen rasgos, colores y
escenografías distintas. En esta colección sobresalen los siguientes cuadros: el
rostro en llamas con la agudeza alcalina de su mirada, el soldado con peces,
conejos y aves muertas a sus pies que detona varias interpretaciones.
Igualmente el cuadro del Quijote herido quien después de la batalla supera el
calvario con la armadura puesta. Así mismo el pensador recordando adversidades,
luchas y obstinación para seguir cabalgando, avante en la vida.
Estudiar o analizar el
trabajo de un creador nos hacer pensar en las circunstancias adversas o
fortuitas en su trayecto que pueden llegar a colocar al artista en momento
preciso y posición oportuna para que se valore su obra, constituida con
esfuerzo y perseverancia como el caso de Alberto Carlos cuya obra se consolidó
durante su existencia al recibir la atención de importantes catalizadores del
arte, apoyo de instituciones culturales y académicas. Esto no es ninguna
sorpresa, pues como decía Arras: “Alberto Carlos junto con Piña Mora y Benito
Nogueira son los artistas pioneros del arte visual contemporáneo, pues
develaron nuevos horizontes y novedosas manifestaciones pictóricas.” En efecto,
Alberto Carlos siendo un pintor dinámico, no se conformó con serlo sino se
mantuvo en el vértice de una constante búsqueda para presentar también
propuestas en creatividad interdisciplinaria, enfocándose a la docencia para
impulsar a sus alumnos en el arte creativo, y por fortuna para Chihuahua, el
maestro adoptivo de esta tierra nos ha heredado su vasta obra que atinadamente
alcanzó madurez y equilibrio en su mejor momento disponiendo los elementos
relevantes con orden y simetría. Resaltando la configuración de paisajes,
diversos personajes y escenas desde la panorámica indígena hasta la
confabulación fantasmagórica con el respectivo peso visual y complejidad. En
algunos de sus cuadros existe un mayor grado de dificultad por la simbología y
elementos singulares por lo tanto exige más análisis para apreciarlos en plena
dimensión.
Claro que la experiencia
visual requiere penetrante observación advocando de esta manera estímulos
luminosos y perceptivos para distinguir la capacidad del artista, quien
dimensiona de manera asombrosa los acontecimientos triviales o trágicos de la
realidad, la intensidad ingeniosa producida de la preparación y la experiencia.
De acuerdo a las
bifurcaciones del arte usaré la interrogante retórica que a veces no tiene
respuesta, pero nos interpela a reflexionar sobre el autor y su obra. ¿Cómo es
posible lograr mayor proyección después de la muerte? Este fenómeno sociológico
en la producción artística sucede porque reúne varios aspectos y circunstancias
para resaltar rasgos y cualidades vitales, dimensionando así la obra cuando se
ve, se analiza y se considera en forma global en el veloz distanciamiento que
produce el tiempo, y se puede calcular mejor el impacto que produce en la
cultura y el arte, sin embargo las obras por más valor intrínseco que puedan
tener, sin el reconocimiento de expertos o instituciones apropiadas oportunas,
corren el riesgo de quedarse en el olvido o en la oscuridad de espacios.
Afortunadamente la producción
del maestro Carlos fue respaldada por la Universidad autónoma de Chihuahua, el
Instituto Chihuahuense de la Cultura, la Escuela de Bellas Artes y algunos
coleccionistas particulares que a tiempo valoraron su quehacer creativo,
advirtiendo la destreza que poseía para plasmar lo mejor de sí mismo, la pasión
por su oficio y el entusiasmo por vivir. Ojalá conservemos intactas sus obras y
difundamos su respetable nombre y legado para nuestras descendencias.
Tenemos la certeza que sigue
entre nosotros su espíritu emprendedor y creativo, porque al contemplar su obra
lo encontramos mimetizado en cada línea, en cada figura, en cada luz magnética.
Este artista vive ahora en sus
obras, en óleos, murales y dibujos extraordinarios. Variedad de pinturas sobre el paisaje querido de Chihuahua, sus hombres
de campo y de la sierra, sobre
quienes se refirió con tanto cariño: “Me cautiva la reciedumbre del paisaje
chihuahuense: las llanuras libérrimas y sus dorados pastizales; sus lomeríos y
sus cerros con individualidades cromáticas; sus barrancas y sus montañas
prodigiosas. Vivo intensamente nuestro paisaje y pinto su carácter”.
Martha Estela Torres Torres es licenciada en letras españolas con maestría en Humanidades por la Universidad Autónoma de Chihuahua y editora en el Departamento Editorial UACH desde 2007 a la fecha. Ha publicado los libros Hojas de Magnolia, Arrecifes de sal, Exilio de sombras, El clamor del tiempo, La cólera del aire, Calidoscopio, Prosas de fuego, Pasión literaria, La ciudad de los siete puentes, Cinco damas y un alfil, La revelación del agua, Árboles en mi memoria, Tiene el amor feroces galgos morados, El clamor del tiempo, Vigésimo quinto aniversario Taller Pablo Ochoay Seis lustros de letras. Su obra aparece en las antologías Personajes notables de Parral, Alforja 2002. Agua lluvia de letras, Crisálida, Relatos breves de Creatividad Internacional 2020, Perros y gatos, entre otras.

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