Días así / 07
Por
Mario Lugo
6.
Difuntos niños
Hoy recuerdo a nuestros
angelitos. Nuestros seres queridos que partieron siendo niños. Recordarlos
significa experimentar sentimientos encontrados. La ternura y alegría que nos
hicieron sentir; sus risas inolvidables, los descubrimientos que vivimos a través
de ellos cuando apenas lograban permanecer sentados, sus primeros pasos o sus
palabras que apenas aprendían a balbucear. Y recordamos aquellos y aquellas que
lograron sobrevivir más tiempo, sus juegos y la sorpresa de verlos crecer. Lo
mejor de la vida. Entonces irrumpió la enfermedad, algún accidente y finalmente
el terrible desprendimiento; más bien el desgarramiento inmisericorde y el
dolor de la pérdida, el aturdimiento y la depresión en el pecho. Ay el dolor.
Yo recuerdo a mi hermanito Benjamín y a mi hermanita Raquel y a mi hermana Cruz
que murió ya mayor pero que, no sé por qué, me llega a la memoria solo cuando
éramos niños; los tiempos de kinder y primaria cuando llevado de su mano
infantil me enseñó sin saberlo la seguridad y plenitud que nos da el cobijo del
amor fraternal. De cualquier manera, recordemos con agradecimiento a esos niños
porque nos fue permitido disfrutarlos y amarlos. Aunque ese periodo haya sido
tan breve. Pongámosles un altar en nuestras almas y depositemos ahí lo que a
ellos tanto les gustaba. Ignorante e incierto ante la otredad los saludo con
amor y me despido de ellos por esta fecha una vez más.
Mario Lugo estudió letras españolas en la
Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a
morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén
mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una
columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en
periódicos y revistas de Chihuahua.

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