domingo, 1 de noviembre de 2026

José Fuentes Mares y su literatura. Deslinde


 

José Fuentes Mares y su literatura. Deslinde

 

Por Mario Lugo

 

La diferencia entre los textos históricos y/o historiográficos, y los textos literarios, es que estos últimos van aparejados con el arte o la idea del arte; mientras que aquellos están en la misma relación, pero con la ciencia, con la investigación. En los textos literarios, la literatura conlleva un grado de dificultad endiablado para su elaboración, pues busca la creación de algo nuevo, o de un enfoque lo más profundo posible de la realidad. En la literatura el apego a la verdad, dijéramos histórica, es irrelevante. No hay fidelidad estricta a la memoria. Es una manera, sin embargo, de crear en cada caso su propia memoria. Es la invención de una nueva memoria relacionada con los hechos, pero más allá de ellos. En la literatura la inventiva, el genio creativo, el interés por los códigos de comunicación, por llamarlos de algún modo, son indispensables.

En los textos de tipo histórico no es así. Para el trabajo de los textos en mención son relevantes el manejo experto de las técnicas de investigación en el área de las ciencias sociales, la disciplina y un gran talento en cuanto a sistematización, investigación, claridad y manejo de la lógica entre otras muchas cosas. Una de ellas es la valoración científica de las evidencias documentales, físicas, tales como utensilios, vestimentas, objetos, entrevistas a sobrevivientes, geográficas, etcétera.  La historia es una ciencia social resultado generalmente de diversas formas de investigación.

La literatura es un arte. Es navegación, especulativa o no, en las profundidades del alma, del pensamiento humano y la imaginación. Los híbridos entre historia y literatura son otra cosa, van a matacaballo entre una y la otra. Así que sería muy difícil encontrar a una gran obra histórica o una gran obra literaria como producto de este hibrido. Sencillamente porque no son la una ni la otra. Muchas veces son engendros divertidos o trágicos, y pueden ser de consumo delicioso por su facilidad para digerirse y no significar reto alguno para el lector; pero yo las considero de alguna manera obras quizá no menores; pero si de un nivel muy diferente a la creación literaria tal como la sugerí un poco más arriba, me disculpo por mi probable villanía al herir susceptibilidades. Los textos híbridos que me ha tocado leer rara vez expresan metáforas o son vigilantes del rigor en la construcción y prácticamente no ofrecen aportaciones al idioma. Comprendo también que, por su relativa facilidad comparada con la creación literaria, cada vez sean más socorridas por los autores del siglo pasado para acá, y seguramente lo seguirán siendo en virtud de que se profesa la evasión del esfuerzo y la búsqueda de la satisfacción inmediata. Una de sus bondades es con mucho su gran carga de ironía, sarcasmo y escepticismo respecto a las versiones oficiales de la historia y también porque necesariamente toman una posición política generalmente valiente y de alguna manera liberadora de las ataduras educativas impuestas por las clases en el poder para perpetuar ese mismo poder. Por tanto, no estamos hablando de un género menor, ni de necesariamente un trabajo fácil. Solo estamos estableciendo un deslinde entre un oficio científico social, y un modo de aproximarse a la literatura. En sentido más amplio, lo que yo llamo un hibrido entre ambas.

El arte literario, siempre amenazado, y que lleva consigo en la mayoría de los casos una carga de trabajo de atenta lectura, es bienvenido, pero, he visto, ahora es atendido por grupos cada vez menos amplios, muy selectos. Para efectos de esta nota, Fuentes Mares es entre otras muchas cosas un historiador. Es un creador de obras literario-históricas o histórico-literarias (híbridos como lo describí arriba), pero también es un literato en el otro sentido que ya expliqué. Me ocupo en esta oportunidad de manera brevísima de la obra literaria de José Fuentes Mares. Por favor permítanme dejar por esta vez de lado lo que ya trataron otros estudiosos que vuelan más alto en la ciencia de Heródoto.

De entre su vasta obra distingo los siguientes textos como ejercicios literarios en el sentido que delimité arriba: Cadenas de Soledad. Novela Selecta para Desesperados (1958) El Crimen de la Villa Alegría (1983) Servidumbre. (1960) Intravagario (1986), una aproximación al subgénero de autobiografía; Algunos cuentos integrantes de Las Mil y Una Noche Mexicanas. Primera Parte (1983) y, Segunda Parte (1984) y Algunas piezas dramáticas (1969).

Me interesa comentar dos novelas: Cadenas de Soledad. Novela Selecta para desesperados (1958) y Servidumbre (1960). Ya habrá otra oportunidad para navegar con mayor profundidad en las restantes.

Cadenas de Soledad es una novela acerca de escasos personajes: Gerardo Fernández, Jesús Fernández, Padre de Gerardo, Carolina Román, la heroína de la novela y Julio Cañera, amigo y polemista de Gerardo. La novela, muy bien estructurada, consta de doce capítulos de extensión aparentemente bien calculada. Su redacción es clausular y muchas veces a parrafadas muy distante de la mayoría de la narrativa de hoy que tiende a la construcción en periodos cortos y generalmente ceñidos a expresiones breves, casi lacónicas. El relato transcurre entre disertaciones morales y polémicas de dos de los protagonistas, aunque conforme van apareciendo cada uno de ellos se suman a una especie navegación profunda sobre el significado de la vida. Gerardo Fernando emigra por motivos ajenos a su voluntad de un pueblo donde transcurre la vida sin grandes conflictos, hacia el espacio chihuahuense, en particular hacia la Sierra Tarahumara con el fin de que su padre, Jesús Fernández preste servicio a una compañía minera instalada en La Bufa. El desaliento sufrido, primero ante la presencia del desierto, imagen triste y despiadada tanto para Gerardo como para su Padre se agrava una vez que alcanzan su destino en la parte más intrincada de la Sierra Madre. El talento descriptivo de Fuentes Mares tiene sus mejores momentos ante la enormidad de los accidentes geográficos de la Sierra y el tránsito hasta ella desde Matehuala a Chihuahua primero y después de la Ciudad de Chihuahua a La Bufa. La vida de aislamiento y el poderío de la vastedad natural se imponen negativamente en el padre de Gerardo, quien, presa de la depresión y la soledad se suicida despeñando en un momento de delirio y desamparo.

Cada uno de los protagonistas, excepto Julio, el amigo un tanto cínico de Gerardo, padecen un tipo de soledad profunda, existencial que con naturalidad, pero con una violencia sorda los empuja al suicidio u otra suerte de fatalidad. En Cadenas de Soledad no hay esperanza. El debate entre la religiosidad, que en este caso es católica pero que pudiera ser de otra guisa y su contraparte el dominio terrenal, expresados en la novela por las dos influencias más poderosas para Gerardo, el Párroco del pueblo y el presidente municipal, no resuelven los problemas filosóficos más profundos que se plantea el protagonista. Las dificultades para encontrar el amor, el enfrentamiento al cinismo de los mecanismos de control, la crudeza del clima y el paisaje, la nada como divisa no llevan sino al desamparo.

En esta novela Fuentes Mares propone algunas ideas que le acompañarán durante todo su trabajo intelectual. La vida es redonda, nos advierte, y también, lo que importan son los hombres, no las doctrinas. Nos perdemos en seguir doctrinas en lugar de entender a los hombres que las crearon y sin olvidarnos de esos hombres quitar la solemnidad que lleva a dogmas y fanatismos. Un día nos daremos cuenta de que tener ideas es una enfermedad, nos comentaba en uno de los prólogos a La Colmena el premio nobel Camilo José Cela, en plena coincidencia con el chihuahuense.

Servidumbre es otra cosa, pero similar con Cadenas de Soledad porque, otra vez, parece ser un pretexto para dejar en claro su filosofía y rebelión ante las servidumbres que nos privan de las posibilidades de una vida plena. Aunque en esta novela anticipa un poco el género que quiso frecuentar en El Crimen de la Villa Alegría, a través de los personajes en conspiraciones internacionales, pero con más éxito que en Servidumbre, en este caso contra Franco y la naciente Segunda Guerra Mundial.

Le debemos a José Fuentes Mares su lealtad a su tierra. A pesar de que fue un gran vendedor de libros, y que su fama no solo se extendió por todo el país, sino que trascendió nuestras fronteras, a diferencia de la mayoría de los intelectuales de entonces y desde Chihuahua mantuvo su prestigio y su grandeza como historiador, escritor e intelectual inquieto. Su apoyo a los intelectuales chihuahuenses (la gran mayoría avecindados en la Ciudad de México) de la generación de 1940 a 1949 se mantuvo constante, así como su generosidad y acompañamiento hasta el final. No hay escritores y creadores del último cuarto del siglo veinte que pueda negar su influencia y que no reconozca su audacia para abrirse camino en un México centralista. Contra viento y marea y sin doblegar su enfoque de la historia y su crítica José Fuentes Mares fue un soplo de frescura para la cultura y la historiografía chihuahuense.

 


Mario Lugo estudió letras españolas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en periódicos y revistas de Chihuahua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario