José Fuentes Mares y su
literatura. Deslinde
Por Mario Lugo
La diferencia entre los
textos históricos y/o historiográficos, y los textos literarios, es que estos
últimos van aparejados con el arte o la idea del arte; mientras que aquellos
están en la misma relación, pero con la ciencia, con la investigación. En los
textos literarios, la literatura conlleva un grado de dificultad endiablado
para su elaboración, pues busca la creación de algo nuevo, o de un enfoque lo
más profundo posible de la realidad. En la literatura el apego a la verdad,
dijéramos histórica, es irrelevante. No hay fidelidad estricta a la memoria. Es
una manera, sin embargo, de crear en cada caso su propia memoria. Es la
invención de una nueva memoria relacionada con los hechos, pero más allá de
ellos. En la literatura la inventiva, el genio creativo, el interés por los
códigos de comunicación, por llamarlos de algún modo, son indispensables.
En los textos de tipo
histórico no es así. Para el trabajo de los textos en mención son relevantes el
manejo experto de las técnicas de investigación en el área de las ciencias
sociales, la disciplina y un gran talento en cuanto a sistematización,
investigación, claridad y manejo de la lógica entre otras muchas cosas. Una de
ellas es la valoración científica de las evidencias documentales, físicas,
tales como utensilios, vestimentas, objetos, entrevistas a sobrevivientes,
geográficas, etcétera. La historia es
una ciencia social resultado generalmente de diversas formas de investigación.
La literatura es un arte. Es
navegación, especulativa o no, en las profundidades del alma, del pensamiento
humano y la imaginación. Los híbridos entre historia y literatura son otra
cosa, van a matacaballo entre una y la otra. Así que sería muy difícil
encontrar a una gran obra histórica o una gran obra literaria como producto de
este hibrido. Sencillamente porque no son la una ni la otra. Muchas veces son
engendros divertidos o trágicos, y pueden ser de consumo delicioso por su
facilidad para digerirse y no significar reto alguno para el lector; pero yo
las considero de alguna manera obras quizá no menores; pero si de un nivel muy
diferente a la creación literaria tal como la sugerí un poco más arriba, me
disculpo por mi probable villanía al herir susceptibilidades. Los textos
híbridos que me ha tocado leer rara vez expresan metáforas o son vigilantes del
rigor en la construcción y prácticamente no ofrecen aportaciones al idioma.
Comprendo también que, por su relativa facilidad comparada con la creación
literaria, cada vez sean más socorridas por los autores del siglo pasado para
acá, y seguramente lo seguirán siendo en virtud de que se profesa la evasión
del esfuerzo y la búsqueda de la satisfacción inmediata. Una de sus bondades es
con mucho su gran carga de ironía, sarcasmo y escepticismo respecto a las
versiones oficiales de la historia y también porque necesariamente toman una
posición política generalmente valiente y de alguna manera liberadora de las
ataduras educativas impuestas por las clases en el poder para perpetuar ese
mismo poder. Por tanto, no estamos hablando de un género menor, ni de
necesariamente un trabajo fácil. Solo estamos estableciendo un deslinde entre
un oficio científico social, y un modo de aproximarse a la literatura. En
sentido más amplio, lo que yo llamo un hibrido entre ambas.
El arte literario, siempre
amenazado, y que lleva consigo en la mayoría de los casos una carga de trabajo
de atenta lectura, es bienvenido, pero, he visto, ahora es atendido por grupos
cada vez menos amplios, muy selectos. Para efectos de esta nota, Fuentes Mares
es entre otras muchas cosas un historiador. Es un creador de obras
literario-históricas o histórico-literarias (híbridos como lo describí arriba),
pero también es un literato en el otro sentido que ya expliqué. Me ocupo en
esta oportunidad de manera brevísima de la obra literaria de José Fuentes
Mares. Por favor permítanme dejar por esta vez de lado lo que ya trataron otros
estudiosos que vuelan más alto en la ciencia de Heródoto.
De entre su vasta obra
distingo los siguientes textos como ejercicios literarios en el sentido que
delimité arriba: Cadenas de Soledad. Novela Selecta para Desesperados
(1958) El Crimen de la Villa Alegría (1983) Servidumbre. (1960) Intravagario
(1986), una aproximación al subgénero de autobiografía; Algunos cuentos
integrantes de Las Mil y Una Noche Mexicanas. Primera Parte (1983) y, Segunda
Parte (1984) y Algunas piezas dramáticas (1969).
Me interesa comentar dos
novelas: Cadenas de Soledad. Novela Selecta para desesperados (1958) y Servidumbre
(1960). Ya habrá otra oportunidad para navegar con mayor profundidad en las
restantes.
Cadenas de Soledad es
una novela acerca de escasos personajes: Gerardo Fernández, Jesús Fernández,
Padre de Gerardo, Carolina Román, la heroína de la novela y Julio Cañera, amigo
y polemista de Gerardo. La novela, muy bien estructurada, consta de doce
capítulos de extensión aparentemente bien calculada. Su redacción es clausular
y muchas veces a parrafadas muy distante de la mayoría de la narrativa de hoy
que tiende a la construcción en periodos cortos y generalmente ceñidos a
expresiones breves, casi lacónicas. El relato transcurre entre disertaciones
morales y polémicas de dos de los protagonistas, aunque conforme van
apareciendo cada uno de ellos se suman a una especie navegación profunda sobre
el significado de la vida. Gerardo Fernando emigra por motivos ajenos a su
voluntad de un pueblo donde transcurre la vida sin grandes conflictos, hacia el
espacio chihuahuense, en particular hacia la Sierra Tarahumara con el fin de
que su padre, Jesús Fernández preste servicio a una compañía minera instalada
en La Bufa. El desaliento sufrido, primero ante la presencia del desierto,
imagen triste y despiadada tanto para Gerardo como para su Padre se agrava una
vez que alcanzan su destino en la parte más intrincada de la Sierra Madre. El
talento descriptivo de Fuentes Mares tiene sus mejores momentos ante la
enormidad de los accidentes geográficos de la Sierra y el tránsito hasta ella
desde Matehuala a Chihuahua primero y después de la Ciudad de Chihuahua a La
Bufa. La vida de aislamiento y el poderío de la vastedad natural se imponen
negativamente en el padre de Gerardo, quien, presa de la depresión y la soledad
se suicida despeñando en un momento de delirio y desamparo.
Cada uno de los
protagonistas, excepto Julio, el amigo un tanto cínico de Gerardo, padecen un
tipo de soledad profunda, existencial que con naturalidad, pero con una
violencia sorda los empuja al suicidio u otra suerte de fatalidad. En Cadenas
de Soledad no hay esperanza. El debate entre la religiosidad, que en este
caso es católica pero que pudiera ser de otra guisa y su contraparte el dominio
terrenal, expresados en la novela por las dos influencias más poderosas para
Gerardo, el Párroco del pueblo y el presidente municipal, no resuelven los
problemas filosóficos más profundos que se plantea el protagonista. Las
dificultades para encontrar el amor, el enfrentamiento al cinismo de los
mecanismos de control, la crudeza del clima y el paisaje, la nada como divisa
no llevan sino al desamparo.
En esta novela Fuentes Mares
propone algunas ideas que le acompañarán durante todo su trabajo intelectual.
La vida es redonda, nos advierte, y también, lo que importan son los hombres,
no las doctrinas. Nos perdemos en seguir doctrinas en lugar de entender a los
hombres que las crearon y sin olvidarnos de esos hombres quitar la solemnidad
que lleva a dogmas y fanatismos. Un día nos daremos cuenta de que tener ideas
es una enfermedad, nos comentaba en uno de los prólogos a La Colmena el
premio nobel Camilo José Cela, en plena coincidencia con el chihuahuense.
Servidumbre es
otra cosa, pero similar con Cadenas de Soledad porque, otra vez, parece
ser un pretexto para dejar en claro su filosofía y rebelión ante las
servidumbres que nos privan de las posibilidades de una vida plena. Aunque en
esta novela anticipa un poco el género que quiso frecuentar en El Crimen de
la Villa Alegría, a través de los personajes en conspiraciones
internacionales, pero con más éxito que en Servidumbre, en este caso
contra Franco y la naciente Segunda Guerra Mundial.
Le debemos a José Fuentes
Mares su lealtad a su tierra. A pesar de que fue un gran vendedor de libros, y
que su fama no solo se extendió por todo el país, sino que trascendió nuestras
fronteras, a diferencia de la mayoría de los intelectuales de entonces y desde
Chihuahua mantuvo su prestigio y su grandeza como historiador, escritor e
intelectual inquieto. Su apoyo a los intelectuales chihuahuenses (la gran
mayoría avecindados en la Ciudad de México) de la generación de 1940 a 1949 se
mantuvo constante, así como su generosidad y acompañamiento hasta el final. No
hay escritores y creadores del último cuarto del siglo veinte que pueda negar
su influencia y que no reconozca su audacia para abrirse camino en un México
centralista. Contra viento y marea y sin doblegar su enfoque de la historia y
su crítica José Fuentes Mares fue un soplo de frescura para la cultura y la
historiografía chihuahuense.
Mario Lugo estudió letras españolas en la
Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autor de los libros Empezar a
morir, El amor entre las ruinas, Fuentes Mares en tonos intermedios y Detén
mis trémulas manos. Desde los años ochenta del siglo pasado escribe una
columna de reseñas literarias llamada Armario, publicada en
periódicos y revistas de Chihuahua.

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