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sábado, 8 de agosto de 2026

Downburst


 

Downburst

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Estaba leyendo una alerta sobre el downburst, recuerdo hace unos años haber vivido el terror de algo semejante. Andaba en el Centro con mi amiga Marianita y vi claramente un nubarrón negro atrás del Cerro Coronel, como a eso de las dos de la tarde.

Le dije a mi amiga: Vamos a refugiarnos en el estacionamiento King Kong, que está techado. Ella me contestó: No, Bety, mejor vamos a comer a la fondita de Adrián, (situada en 20 de Noviembre y calle 37). ¡Craso error! Exactamente en esa zona apareció esa vaguada, casi parecida al downburst. Le dije: ¡Vámonos! ¡vámonos! Esto se está poniendo muy feo.

Y así fue. Por la calle 37 hay un semáforo para cruzar la Avenida y la vaguada empujaba mi camioneta con una fuerza tremenda, no podía contenerla con el pedal del freno. Estaba en Rojo el semáforo y los autos de este a oeste circulando por 20 de Noviembre. Por fortuna logré que mi camioneta no avanzara. Busqué refugio en una calle transversal, la calle Ramírez, y me posicioné debajo de un gran árbol, porque caía granizo y el viento soplaba con inusitada fuerza.

Cuando terminó esa pesadilla nos percatamos de todos los daños. La repentina tromba arrancó de cuajo pinos altísimos, hizo volar techumbres, arrasó con casi todos los árboles grandes desde la raíz en el Parque Urueta, voló las vigas de fierro de la techumbre del Hospital Central. O sea, era como una manga tipo tornado que solo se dirigió en una dirección, desde la zona sur en el Barrio de Londres hasta la Zona Norte Colonia Santo Niño.

Mucha gente no se enteró de este tremendo suceso, hasta que vieron los vídeos que publiqué.

Ojalá que no se presente de nuevo una situación como ésta a Chihuahua, ya que hice esta crónica en base a una alerta de hoy que se está publicando, pero no especifica en cual zona del País.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

domingo, 19 de julio de 2026

Una historia que no se desea repetir

 

La columna de Bety

Una historia que no se desea repetir

 

Por Beatriz Aldana

 

Corría aquel año de 1996 cuando por pequeños detalles empecé a observar que mi relación matrimonial iba en caída libre. Con un intento fallido deseaba conversar sobre ese asunto. Fue imposible. La razón poderosa era que existía "otra en mi lugar".

Su nombre: Rosa María. ¿Y cómo me enteré? Por una remarcación telefónica. Acababa de salir él de casa rumbo a su trabajo y yo quise hacer una llamada, pero algo me instó a remarcar y ella contestó. Le pregunté ¿quién es usted?, y me confirmó: Rosa María.

Para esto ya alguien me había puesto en antecedentes de que ella tenía relación con él. No esperé más: Decidí dejarlo libre, con todas las implicaciones de esa decisión, que no tiene caso enumerarlas.

Pasaron muchos años en los que me dediqué a trabajar y trabajar, sacar adelante a mi hijo. Fue tanto el esfuerzo que sin remedio en el año 2008 caí en crisis. Tardé un año completo en restituirme, recuperar mi economía, trabajar de nuevo, y por avatares del destino, conocí a quien sería mi "mecenas".

Mi trabajo ya consistía en dar servicio de dama de compañía para señoras de la tercera edad, pero mi "mecenas" decidió que la totalidad de mis horas de trabajo se quedarán únicamente para él. Y así transcurrieron los años hasta su triste fallecimiento.

Después tuve un periodo de un largo año de una enfermedad rara, pues nunca en ningún análisis salió algo anormal en relación a lo que me aquejaba. Total que, por obra de tal vez el Todopoderoso, salí de ese pozo profundo donde me encontraba, y, ¡oh sorpresa!, apenas saliendo de él recibí un mensaje con una invitación a tomar un café. Accedí, por supuesto.

Después de ese café hubo más acercamiento con quién me invitó, pasaron los años de una agradable convivencia, pero quiso el destino que me enterara de algo que se estaba gestando en mi ser, en mi interior. Quise mirar hacia otro lado, pero con la salud y los avisos del organismo es imposible mirar hacia otro lado, solo queda enfrentar lo que allí hay.

En fin, volviendo al título de la historia que no se quiere repetir, aquí va.

Por el mes de mayo de este año, también por avatares del destino, empecé a observar actitudes, comentarios de otras personas, informes más bien, haciendo preguntas como esta: ¿ya no andas con él?,porque...

Y sí, me percaté en dónde, qué días, a qué hora, y, sobre todo, las actitudes, la falta de interés, la ausencia de intimidad. Como desgracia llegaron las verdades, las que se conocen y nunca se dicen. Solo bastaron dos palabras, esas dos poderosas palabras fueron las que laceraron un corazón, una mente, dos fatídicas palabras. Miserable. Servil.

Aunque fuesen ciertas, lograron horadar con brutalidad un sentimiento, una admiración, un embeleso, y ciertamente, fueron escritas, más no dichas verbalmente, pero la intención fue clara: Déjame. Déjame en libertad porque en mi ser y en mi corazón está desarrollándose una nueva semilla y estando tú no la dejas germinar.

Y como reza ese dicho tan común:  Al buen entendedor...

Entendí el mensaje y obedecí esa instrucción que dolorosamente se me indicó.

No, ya jamás. Y el jamás es ya muy corto porque no me queda mucho tiempo. No más relaciones sentimentales, esas son destructivas. Prefiero las amistosas, esas son duraderas, solidarias, sin etiquetas, sin traiciones, sin sentidos de propiedad. Y regreso de nuevo al título de esta crónica, una historia que no se desea repetir. Diré como la canción del gran Juan Gabriel. Yo no nací para amar. Pero yo le hago un pequeño cambio: Yo no nací para ser amada.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 6 de julio de 2026

El hermoso partido de futbol del domingo 5 de julio

 

La columna de Bety

El hermoso partido de futbol del domingo 5 de julio

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Me gusta mucho el Mundial de Futbol, porque en realidad no soy muy aficionada a los partidos usuales, y también admito que no soy muy conocedora.

Lo que pude apreciar en el partido de ayer domingo 5 de julio de 2026 el de Mexico- Inglaterra, fue que era muy notoria la estatura de los ingleses y la de los naturalizados, su complexión. Es sabido que los señores de raza oscura son de una inigualable resistencia.

Otra cosa: El hombre inglés acostumbra sentirse gentleman. Eso se notó al lanzar continuamente despectivas patadas voladoras al estilo lucha libre, sobre todo el tal Kane y otros que ni recuerdo sus nombres.

Además el triunfo lo obtuvieron los ingleses por algunas cosillas por ahí que el árbitro se hizo como que no vio. Y para acabarla de amolar, un factor fue la extraordinaria actuación de su portero, qué digo, porterazo: el rubio Jordan.

En fin, no se trata de llorar sino de agradecer estos días de ilusión y de alegre convivencia que tuvimos entre todos, olvidándonos por unos días de esa terrible división entre fifis y chairos. Pero, tristemente hoy lunes iniciará cierta personita con la machacona soberanía y sus diferencias con cierto personaje que lleva el nombre de un gracioso patito.

Resignados y un poco destanteados, regresamos a la realidad aunque todavía continúa el Mundial.

Y pues, a desearle suerte y éxito a quien luche por lograr la World Cup 2026. ¡Aburrr! Me retiro por hoy con cierto sentimiento natural de un poquitín de tristeza, pero también de alegría de haber mostrado que México, a pesar de tantos años, más de siete, de casi sufrimiento diario, hemos tenido la dicha de observar el color verde en las playeras a diestra y siniestra, el brillo en las miradas y la cordialidad que nos distingue y que por fortuna hasta el último rincón del planeta se pudo observar. Se tenía que decir, y ya lo dije.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

sábado, 23 de mayo de 2026

Según las pláticas que escuchaba desde niña


 La columna de Bety

Según las pláticas que escuchaba desde niña

 

Por Beatriz Aldana

 

Hoy hablaré de un tema un tanto espinoso, aquí va: Se dice que los embriones empiezan a recibir el alimento a través de la placenta de la madre. Pero no únicamente entra en el embrión el alimento para su crecimiento, sino cualquier situación que enfrente la madre gestante, se transmite hacia el embrión.

Pues bien, así sucedió. Mi madre contaba con una edad un tanto avanzada para procrear sin riesgos, o sea, contaba con 46 años, a punto de cumplir 47, cuando se enteró de que llevaba en su vientre a la séptima hija, o sea yo.

Según las pláticas que escuchaba desde niña, por parte de mis hermanas, el tema era que mi madre mostraba signos de muchísima angustia, estrés y preocupación por ese embarazo de alto riesgo.

En fin, vine naciendo y efectivamente, desde que recuerdo, o, más bien desde que tengo uso de razón, me quedó una sensación de rechazo, o de no ser bienvenida, aún cuando mi madre me quiso mucho y siempre me trató con inmenso cariño.

Ella me duró muy poco tiempo, ya que falleció cuando yo tenía solo 12 añitos, víctima de falta de bien dormir, o sea, el insomnio causado por una depresión postparto, aunada a un cáncer de hígado que terminó por minar su salud y cobrarle la vida.

Cuando los embriones reciben toda esa información, aunada a un sentimiento muy interno de culpa, el resultado es que la persona, a lo largo de la vida, se convierta en una persona huraña, desconfiada, dudosa de merecer el amor de los demás, y, lo más dramático con muy poca capacidad de control de ira.

Hay en esa persona una lucha constante de dar el 100 por ciento en todo, producto de esa necesidad de agradar, de ser útil, más que de ser querida.

Me pasa algo parecido a eso: La opinión que recibo de las personas que tienen la franqueza de expresarme lo que ven en mí, es la siguiente: Bety, usted es una persona muy inteligente, muy astuta, muy calculadora, y también con un gran don de gentes y una esmerada educación, misma que le abre las puertas en cualquier lugar. Lo que me dejan muy claro es esto: Créaselo. No solo muestre todo eso al exterior, lléveselo a su interior para que aprenda a valorarse, a estimarse, a quererse. No sonría para los demás, sonría para sí misma. Mírese en un espejo y dígase: Soy un milagro y tengo una misión que cumplir. Y esa es: ser feliz. Solo eso.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 12 de enero de 2026

No me gusta andar a la greña

 


La columna de Bety

No me gusta andar a la greña

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Y hago una aclaración: Mis crónicas, mis recuerdos, las vivencias que cuento, jamás contienen un dejo de victimización, simplemente que desde muy pequeña fui observando el hecho de ser un tanto diferente en muchos aspectos.

Aquí iniciaré. Cuando era una chiquilla como de unos seis añitos no lograba comprender el por qué era inconveniente el ser güerita y blanca en una colonia o barrio de clase media baja, donde la gran mayoría de mis vecinos y vecinitas eran más bien de cabello obscuro y tez morena clara, por supuesto con algunas excepciones por ahí de quienes tengo un muy agradable recuerdo, ellas son Lupita y Paty.

Pues bien, continuando con ese llamémosle inconveniente, viene a mi memoria el continuado bullying, que así no se le llamaba en aquellos aciagos años cincuenta y sesenta, fui una niña un tanto huraña por los constantes ataques a mi apariencia física, a tal grado que era jalado hasta casi arrancar de raíz mi hermosísimo cabello largo rubio. Eso por dos vecinas más grandes que yo en ese tiempo, una apodada La Menona, hija de un boxeador, y la otra apodada La Negra, que no recuerdo de quien era hija pero ella vivía en la zona más feíta, calles abajo de la 27, creo era la 23, que era la zona donde se juntaban las pandillas.

En fin, por causa de mi actitud huraña y a la defensiva, daba el aspecto de ser una niña tímida y dejada. Por esa razón supongo que era el abuso por parte de estas dos fulanitas.

Y recuerdo esto hoy, porque este frío intenso me recuerda aquel tiempo en que era consolada y abrazada por mi madre Jesusita, a quien yo le apreciaba lagrimitas en sus ojos al ver que manaba sangre de la parte inferior, o sea por la nuca, de donde solían jalarme el cabello. Entonces con todo el dolor y angustia notoria en el rostro de mi mami, ella optó por tomar la decisión de cortar mi cabello al estilo Príncipe Valiente (personaje de un cómic de aquellos tiempos), o sea cuadradito y con flequillo.

De alguna manera esa decisión rindió frutos, ya que no volví a padecer aquellos terribles jalones de cabello.

Bueno, este recuerdo vino a mí porque de alguna manera ha sido un estigma a lo largo de mi vida el ser un tanto huraña con disfraz de timidez, cuando tengo que enfrentarme o convivir con un número mayor de seis personas ya  sea por eventos, sea por restaurantes, sea por tiendas, por reuniones, convenciones, todo eso.

Tal vez alguien note que me cuesta mucho ocultar mi tremendo desasosiego, incomodidad, y no me cabe la menor duda de que hay por ahí personas  que logran captar inteligentemente mi actitud. Eso lo pude observar totalmente estas pasadas fiestas como se les llama ahora a la Navidad, mi yo interno me lo dijo así (pues casi lo escuchaba en mi cabecita): Mira: Vamos a festejar Navidad y post Navidad, y reuniones familiares, pero mucho agradeceríamos no se lo hagas saber a Bety, porque no deseamos su presencia. No está invitada. Se nota claramente que no encaja en nuestro ambiente, es una persona que está físicamente, pero totalmente ausente y es muy notorio su deseo de salir huyendo.

Sin duda alguna. Atribuyo totalmente esa reacción porque, aunque me cueste admitirlo, yo le tengo miedo, más bien horror a las reuniones y mucho más a las familiares o de ex compañeras de escuela o de trabajo, porque siempre estoy como la convidada de piedra. Solo se dirigen a mí para darme la bienvenida, y de ahí parale de contar. Parezco Gasparín, por lo del fantasmita de los cuentos.

Indudablemente yo lo atribuyo a todo aquello que me sucedió en la infancia, y que de alguna manera lo transfiero a mi presencia, que en la actualidad es idéntica a la que tenía cuando era esa chiquilla de seis o siete añitos, uso mi cabello largo muy largo, rubio, y suelo vestir de una manera un tanto diferente al común en las damas, pues rechazo totalmente vestir con coquetería, como sería con vestido, medias, tacón alto, o faldas a la rodilla o un poco más cortas, jamás escotes o brazos descubiertos, y algo más un tanto incongruente, nunca mi cabello rubio suelto, siempre recogido en coleta o trenza, y cuando es pertinente, usando una boina.

Creo que en mi interior, por ahí en algún lugar recóndito, mi yo interno me dice: Los jalones de greñas fueron porque te mirabas bonita, dulce y tierna y eso no era bienvenido en un barrio donde predominaba la cultura del esfuerzo y la lucha diaria para sobrevivir de la mejor manera posible. Y ahora, como mujer madura, y en plena calidad de adulto mayor, sueles transmitir y dejar salir a esa niña que aún pervive en tu interior, y que es incomprensible en un mundo donde la apariencia (y todo lo que ellos signifique) es lo que más rifa.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

miércoles, 7 de enero de 2026

Amargurita en la marcha por el Año Nuevo




La columna de Bety

Amargurita en la marcha por el Año Nuevo

 

Por Beatriz Aldana

 

Cuando hago mis ejercicios de introspección, me percato de que en ese yo interno perdura ese temorcito al Año Nuevo: ¿Por qué razón? Aquí lo explicaré.

Ayer, escuché al doctor José Antonio Lozano Diez, director de una universidad del sur de México. Para mi sorpresa, tocó el tema que precisamente era el que ocupaba mi mente en ese momento. Eran las 2:00 de la tarde, en que se transmite cierto programa de radio que me gusta muchísimo. Resulta que el doctor Lozano trató el tema de la siguiente manera:

Hay dos visiones en las personas con relación al nuevo año. La primera, el deseo de hacer nuevos proyectos, de todo tipo, y un entusiasmo por el año que inicia. Y segunda: el temor de aquellas personas al nuevo ciclo, nuevo año, pues entra ese dejo de temor e incertidumbre por lo que pueda ocurrir, y no precisamente cosas buenas, sin entrar en mayor detalle.

Me sentí de algún modo comprendida en ese aspecto, ya que infortunadamente me toca conmemorar en enero los cumpleaños de mis seres queridos, pero, sin su presencia física, ya que se han adelantado recientemente en este camino de vida.

Al percatarme de mi edad mucho más allá del medio siglo, y llevando una estadística del promedio de edad para partir de este panorama terrenal de mis seres queridos (hermanas y hermanos), siendo yo la hermanita menor, pues no me queda más remedio que dejar entrar esos pensamientos nada halagüeños con respecto a mi existir.

Y no nada más eso habita en mi cabecita, sino otros aspectos como es el económico, el aumento del costo de la vida, en servicios, en seguros, en mercancías, medicamentos, honorarios médicos, en fin, ya que iniciando el mes de enero aparecen en mi buzón de casa los recibos de energía eléctrica, telefonía, agua, predial, mantenimiento. Todo eso contribuye a una situación de stress, y, por qué no decirlo? cierto grado de depresión estacional, porque al prestar demasiada atención a estas situaciones me convierto hasta en una personita no muy apetecible para ser compañera de alguna de mis queridas amistades.

No quiero ser demasiado dramática, pero esta distracción o introspección continua, ha tenido efectos adversos a tal grado de no poner la atención debida en mi transitar por las banquetas de mi Ciudad Chihuahua, ya que en el transcurso de tan solo el mes, de diciembre pasado y ahora principios de enero, he sufrido tres caídas de riesgo porque han sido golpes de lleno en la cabeza, al no poner atención en las partes sobresalientes de las banquetas y el mal estado de las mismas como

En fin, esta crónica definitivamente está desnudando lo que en mi interior se gesta, y eso ocurre cada nuevo año, en los que por desgracia me entero del fallecimiento de amistades muy queridas, de diagnósticos médicos de alarma, y, por añadidura, noticias a nivel mundial sobre conflictos y cuestiones de cambios atmosféricos que definitivamente tienen consecuencias adversas.

Para finalizar, quienes hayan tenido la paciencia de leer esta crónica, les agradezco de todo corazón, y les abrazo con una oración anexa de que mis deseos para ustedes es que logren todas las metas propuestas y la salud que nunca falte, porque con salud todo es motivo para sonreír.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Jugando ajedrez en un cuarto de hotel


La columna de Bety

Jugando ajedrez en un cuarto de hotel

 

Por Beatriz Aldana

 

Aquí voy. Este diciembre, y no solo este, todos los diciembres son el mes que me quita la venda de los ojos. ¿Por qué lo digo? Porque es cuando me percato de lo que soy y de lo que significo para cada una de las personas con las cuales comparto amistad, amor, compañía.

Sin tristeza ni lamentos ni decepciones lo digo. A cada una de ellas la coloqué en mi tablero de ajedrez y, en lugar de ponerles el nombre de cada pieza como serían el alfil, el caballo, la torre, el rey, o la reina, les puse los nombres de cada personita significativa en mi existencia. Significativa para mí, porque sin duda alguna, y por la actitud que asumieron cada una en este mes supuestamente más espiritual del año, es cuando cada una de ellas me mostró lo que verdaderamente significo en sus vidas.

Creo yo, y lo constato, esto no solo me sucede a mí. De acuerdo a las estadísticas que se manejan, esta temporada es cuando ocurren más suicidios y estados depresivos en la población. No quisiera entrar en detalles por cada una de las amistades y familiares mías, sería un tanto ocioso, pero lo que sí puedo y me permito expresar es que me queda claro que lo mío es absolutamente unilateral, o sea, es solo por parte mía, porque al ser supuestamente el mes de la unión, me quedó perfectamente claro que de ninguna manera hay unión con respecto a mi persona, pues para mi mala suerte tuve que enterarme de varios eventos para celebrar Navidad, que no es lo mismo que Nochebuena, en los cuales fui totalmente excluida.

Me refiero a donde, equívocamente, pensaba yo tener cierto lugar.

Así que, en vista de esa situación, y para evitar esa lamentable sensación de soledad que duele muchísimo más por la importancia que a todos niveles se les concede a las fechas decembrinas, opté por adquirir una botella de vino rosado, una cajetilla de cigarrillos Pall Mall, y renté una habitación en un motel citadino. El señor de la caseta se mostró un poco sorprendido porque iba yo sola, tal vez pensaría que iba yo con intenciones de atentar contra mi vida. Por supuesto que no. Lo único que quería yo era no estar en mi casa contemplando sillas, camas y sillones vacíos. Tampoco quería ir a algún bar, restaurant o café donde miraría personas acompañadas, ¡no!

Solo quería estar conmigo misma para meditar profundamente en el lugar que les voy a conceder y colocar a cada una de las personas supuestamente allegadas a mí y que me demostraron sin cortapisas el lugar que yo ocupo verdaderamente en sus vidas. Llegué a la conclusión de que ni siquiera ocupo un lugar, es como si fuesen esos lugares que se ocupan mientras hay una vacante temporal, para solo ocuparlo mientras llega alguien para permanecer en el permanentemente.

Volviendo a mi estadía en la habitación del motel. Ante la preocupación del señor de la caseta, optó por hacerme una llamada telefónica al cuarto para preguntarme si yo estaba bien. Eso ocurrió más o menos a las 4:30 a.m. Entonces tomé la decisión de abandonar el motel y, muy tranquila conmigo misma, al haber tenido esa profunda introspección, y, sobre todo con la certeza de haber podido poner a cada quien en los cuadritos blancos y negros del tablero de ajedrez.

Por supuesto, sin prever todavía cuando haré el jaque mate final.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

martes, 23 de diciembre de 2025

La a veces tan canalla amistad

 


La columna de Bety

La a veces tan canalla amistad

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Tengo unos días meditando, recordando, haciendo introspección. Indudablemente que es por la víspera navideña. Lo que más ha asaltado mi mente son aquellas frases, o bien, recomendaciones que mi madre me hacía cuando tomaba mi manita al ir al Templo, o simplemente al ir al Centro para hacer alguna compra. Ella me decía así:

Beatricita, siempre recuerda esto: Dos son compañía y Tres es una multitud.

Y otra:

Más vale sola que mal a acompañada.

Y ciertamente. Hace poco me quedé muy sorprendida de que es cierto lo que mi mami me decía, pues con gran ilusión me acompañaron dos personitas  para disfrutar de un alegre periplo de compras navideñas, pero por desgracia tuve que escuchar algo que de una u otra manera fue altamente ofensivo, y no se me dijo a mí, sino a la otra interlocutora, pero en mi presencia, y, lo más desagradable, disfrutando yo de una suculenta comida.

Aquí va lo que una de dijo a la otra, delante de mí:

Bety no es persona confiable, porque a todo le dice a una que sí, nunca es capaz de llevar la contraria a nadie, y, pues eso es permisivo para ser abusivos con ella.

Y aquí va otras expresiones aún más ofensivas:

―Ella es quien lo busca a él, y más temprano que tarde el tipo conocerá a otra con más dinero que Bety, y claro que la va a dejar. Y es que la soledad le gana y acepta lo que venga.

¡Híjole! yo siempre he procurado quererme mucho porque fui huérfana de madre. Hoy es su aniversario luctuoso, púes mi mami murió el 22 de diciembre de aquel fatídico 1969, cuando yo era apenas una adolescente, y mi madre cerró sus ojitos para siempre, Siempre he procurado quererme mucho, pues difícilmente los hermanos sustituyen al amor y las enseñanzas de una madre, así que, tempranamente aprendí a hacerme siempre feliz y tomar de la vida lo mejor que pudiera brindarme. Y por fortuna lo he logrado.

No me siento desafortunada en lo más mínimo. A mis 72 años tengo una muy valiosa y agradable compañía masculina, él, y gozo de una buena estabilidad, cuento con solidarias amistades. Además, tengo una fe inquebrantable y un gran amor y entrega a mi religión.

Tengo la certeza de que alguien en algún lugar, tal vez en el cielo, cuida a cada minuto de los pasos que doy en este camino de Dios.

No le guardo ningún resquemor a esa amiga querida por los desafortunados comentarios, tan absolutamente equívocos sobre mí y mi comportamiento en la vida, pues a mi particular y personal percepción es respetable la opinión de quien tal vez no ha conocido lo que significan estas dos palabras: amor y respeto a las amistades, a la amistad.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Mi ritual de Navidad

 


La columna de Bety

Mi ritual de Navidad

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy... y seré el Grinch navideño. Aquí expondré el por qué, curiosamente, soy solicitada, o, más bien dicho, muy invitada tanto para los preparativos como para las compras, incluso para casi todas las Posadas, que en realidad son fiestas de convivencia previas a la Nochebuena y a la Navidad, pero, infortunadamente, no se me hace alusión, o, más bien, no se me pregunta en dónde pasaré las fiestas. Pienso que es para evitar hacerme invitación a pasarlas en casa de alguien. Y comprendo perfectamente que son días para pasar en familia totalmente, y yo en realidad solo soy amistad. O, lo más seguro, todos suponen que yo tengo una familia y una casa en donde pasarlas con gente cercana.

Es por ello que me asalta esa imperceptible, o, más bien perceptible tristeza a la que yo llamo, tal vez equivocadamente, depresión estacional.

Bueno, no quisiera continuar con este no muy agradable tema, pero sí lo finalizare de esta forma: Para pasar de la mejor manera y solitariamente mi Nochebuena, adorno mi casa con todos los objetos alusivos a la fecha, con muchas luces, decorando cada habitación, y no se diga mi mesa donde degusto lo que tengo en mente preparar, que será esto:

Rebanadas de pechuga de pavo ahumado, acompañadas de puré de camote; ensalada compuesta de lechuga, espinacas, tomate cherry, zanahoria en bastoncitos, fresas en rodajas, espolvoreadas con nuez troceada. De bebida un delicioso vino rosado cuya marca es Pink. Por supuesto, sin faltar los buñuelos y para rematar el delicioso ponche, todo esto acompañada de mis cinco sillas vacías pero llenas con el recuerdo espiritual de mis seres más queridos-

A las 12:00 recibo con toda mi fe a ese niño llamado Jesús, el cual primero arrullo y después lo llevo a cada rincón de mi casa haciendo oración de agradecimiento por todos los dones recibidos a lo largo del año.

No quiero dejar de comentar que me hago acompañar deleitándome con la música que por fortuna tiene a bien una televisora transmitir en Nochebuena con la Orquesta Sinfónica de Minería.

En fin, inicié mi crónica de una manera un tanto triste, y sin embargo, al compartir mi periplo navideño me doy cuenta de que soy una gran amiga de mí misma, y que sin duda alguna Jesús, ese pequeñito que viene cada 25 de Diciembre para reafirmar fe, y, por supuesto, abrir mente y corazón a este milagro que se llama vida.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Presentimientos

 


La columna de Bety

Presentimientos

 

Por Beatriz Aldana

 

Noviembre y diciembre, meses que yo quisiera saliesen de mi calendario. Ahora expondré mi argumento sobre esto: A temprana edad, y de eso hace ya muchos ayeres, se me dijo en casa: Mamá Jesusita ya no sobrepasara diciembre. Esto, dicho por una de mis hermanas mayores.

Y ciertamente: Mi mami falleció a las 5:10 de la tarde del lunes 22 de diciembre de 1969.

Como si fuese una premonición, empecé a temer los finales de cada año, siempre con esa pequeña punzada en mi corazón, y, efectivamente, al pasar el tiempo, precisamente en esos dos meses han terminado su caminar por este sendero de Dios las personitas que más han significado en mi, hasta el sol de hoy, ya larga vida. Entre ellos, mi hermano, el gran artista del pincel Sergio Alberto; mi hermana Lucila; mi sobrino, más bien, mi hijo del corazón, Daniel Eduardo, arteramente asesinado por un sujeto al parecer celoso de la galanura y extrema buena vibra, o como comúnmente se dice, el ángel que de sobra tenía Dani.

También una de mis mejores amigas, a la cual adopté cuál si fuese una hermana por la estrecha y continúa convivencia que teníamos: María de Lourdes, a quien de cariño le llamábamos Luly.

Y cómo dejar de mencionar a mi amigo desde la adolescencia Sergio Enrique, quien en múltiples ocasiones me acompaño con sus acordes de guitarra, mis interpretaciones de melodías de Los Beatles en mis shows en las escuelas primarias en aquellos lejanos tiempos. Él por fortuna aún vive, pero ahora sin un miembro importante e indispensable para su movimiento, una extremidad inferior, con la probabilidad nada halagueña de que también tengan que cercenarle (horrible verbo) su otro miembro inferior.

En fin, para no entristecer y ser ese Grinch que amargue estas festividades tan sagradas y de tanta magia y espiritualidad, suspenderé mi recuento de pérdidas de fin de año, que en mucho contribuyen a esa tristeza y lágrimas tempraneras que me asaltan en estos no deseados para mí meses de noviembre y diciembre que no dejan de ser hermosos para la generalidad, pero por desgracia no para mí.

Vaya mi recuerdo más sentido para quienes tanto significaron en mi vida.

Pero quien más dejó una huella, no, más bien un tatuaje de vacío y soledad fue ella, mi madre, aquel tristísimo 22 de diciembre de 1969 que letras  arriba ya mencioné, y, curiosamente cada año mismo día me empieza un resfrío intenso con sintomatología poco común, creo yo provocando por una baja de defensas lógicas. Por esa llamémosle depresión estacional.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Sergio Alberto

 


La columna de Bety

Sergio Alberto

 

Por Beatriz Aldana

 

28 de noviembre. Una pregunta ronda constante en mi mente: ¿Por qué razón se tienen que adelantar los grandes, los talentosos, los que aportan a nuestro espíritu, a nuestra contemplación?

Así, un día como hoy, hace algunos ayeres, cerró sus ojitos para siempre, y con tristeza lo digo, como mueren los elegidos para el arte: Él solo, casi en el abandono.

Por una circunstancia casual, ni yo estuve esa madrugada para estrechar su mano y despedirnos.

Para decirle: ¡Vuela alto, hermano, adorna el cielo con tu magnificente trabajo de artista!

Pero, sin duda alguna, tarde o temprano tomarás mi mano de hermanita menor, tú, el mayor. Y contigo nuestra mamá Jesusita. Y Alberto, nuestro papá.

Ellos dos sonreirán al ver llegar junto a ellos a sus consentidos.

Un recuerdo escrito en memoria del artista del lápiz, del óleo, de la tinta china, de la acuarela: Mi hermano, C.P. Sergio Alberto Aldana Arriaga.

Descanse en paz.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

martes, 25 de noviembre de 2025

El largo y sinuoso camino

 


La columna de Bety

El largo y sinuoso camino

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Soy el tipo de persona que gusta de compartir los momentos de felicidad en eventos de todo tipo a los que acudo, incluyendo mis estadías en templos católicos hermosos de mi religión. También convivencias con amigas en sus recintos de culto, por pertenecer a otro tipo de religión, sea cristiana, metodista, mormona. También son convivencias muy enriquecedoras y espirituales.

En fin, sería largo y tal vez tedioso para mis lectores hacer un periplo de todos mis recorridos en este camino de Dios.

Pero ahora sí voy a compartir con ustedes a lo que me expongo al relatar partes de mi vida, de mis alegrías y de ese permanente deseo de disfrutar la vida y los momentos que me han sido regalados. Tristemente, y lo digo así, tristemente, porque cuando abro mi mensajería, y no me refiero a mi WhatsApp, que es mucho más privado que el Messenger, porque este da oportunidad de que entren a él más personas tan sólo por buscarme en el Facebook, me llega toda suerte de chismes, o más bien, ganas de molestarme, y lo digo por esto:

Al publicar yo, en mi Facebook, fotos de cierta personita conmigo, que para mí significa muchísimo en mi vida, surge esa mala vibra, mala leche, de comentarme cosas o situaciones que, como reza el dicho, "ojos que no ven, corazón que no  siente". ¡Ah! pero el afán de que, como lo dicen esas personas, "se le caiga la venda de sus ojos" declaran sus “buenas” intenciones. Y aquí señalo esto, hasta con nombres, y alguno que otro lo cambiaré para ocultarle su identidad. Estos son algunos de los mensajes:

 

Va el primero:

Mire Bety, yo a usted la estimo muchísimo, pero le quiero informar que soy espiada en mi perfil, por imagínese usted exactamente por parte de quien. Sara R.

 

Otro:

Usted es muy valiosa, señora Beatriz, por sus publicaciones tengo esa impresión, pero usted  merece a  alguien que verdaderamente la quiera y la valore, y yo sé por qué se lo digo.

Isabel C.

 

Y...

¡Uff!, señora Bety, ¿se ha dado cuenta de que usted tiene mucha competencia? Aguas. No la quiero ver  sufriendo, ¡eh!

José Luis H.

 

Otro más:

Mire, señora bonita, no sé si se percata de que está metida en un juego muy riesgoso, dónde el día menos pensado la van a mandar al demonio. Y usted lo sabe y quiere cerrar sus ojos a ello. Es notorio que usted es la que aporta a la relación en todo, y por el otro lado solo, o sea, por  parte de él, pues, vénganos tu reino.

Miguel R.

 

Y este:

Híjole, Bety. Yo a usted la conozco, la aprecio, la valoro mucho, porque es una persona con muchas cualidades y valores. Pero tiene un defecto, es notorio que usted es quien lo busca a él. Pero él a usted, no.

Hortensia F.

 

Penúltimo de hoy:

Bety: Dese más a desear, no esté tan dispuesta, tan luego, luego. Eso cansa y aburre al hombre, se lo digo porque la quiero.

Leticia V.

 

Y esta otra perla:

Oye, Bety, ¿ya tienes mucho tiempo con él verdad? Y pasas por alto algunas cosas. ¿Las ignoras o realmente no te importan?

Cecilia F.

 

En fin, no acabaría de enumerar todos los mensajes que me son enviados. Y no nada más vía escrita, sino también en persona, cuando me preguntan si aún estoy con esa "personita especial".

Cuando pregunto el porqué de ello, la respuesta suele ser: No, no es por nada. Que se lo diga alguien más, De ella aquí le cambio el nombre, por respeto y ética: Fátima.

Y entonces llego a la conclusión de que sí sé muy bien las preferencias y debilidades de esa personita a la cual quiero, admiro y respeto. No es que me ponga una venda en los ojos, o que yo quiera mirar hacia otro lado. Lo que es valioso realmente para mí es el hecho de que él llena la gran mayoría de los espacios vacíos que existen en mí ya casi final de camino.

Yo no nací ayer. Yo también tengo un historial con relación a los asuntos de pareja, pues lógicamente no los aprendí por correspondencia. Admito que, al igual que él, también tengo mis "esqueletos en el closet", Pero esos jamás se interponen, ni anteponen a esta relación que respeto, valoro y agradezco en toda su dimensión

Este regalo bendito, al no permitir nunca más que yo continuase en tremenda soledad, como esa melodía que quiero se entone en mi sala de velación cuando me llegue el momento de partir: The long and  winding road, El largo y sinuoso camino. Así ha sido, es y será mi vida. Así está y estuvo marcado mi destino, y así lo acepto, lo acepté. Y estoy dispuesta a seguir aceptándolo sin más ni más. Sin cortapisas.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.