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viernes, 6 de febrero de 2026

Adiós, amiga


 

La columna de Bety

Adiós, amiga

 

Por Beatriz Aldana

 

Hace unos pocos días me tocó la mala fortuna de enterarme de una noticia que me causó mucha consternación y tristeza. Internamente me solidaricé con todos los allegados a la personita que se adelantó a este camino que recorremos todos y que algún día nos marca la meta de llegada. Una querida amiga que me leía cada semana en este espacio. Empleo la palabra internamente, porque alguna cuestión por ahí era impedimento para hacerlo de manera visible.

En estas situaciones lo que es un deber solidario es patentizar el apoyo y el pesar por tan irreparable pérdida. Pero aquí me permito externarlo de manera un tanto complicado, y hasta cierto punto difícil de tomar la decisión de hacer presencia o ausencia en un momento tan sensible y delicado, para mostrar acompañamiento a quien está siendo una persona importantísima, y sobre todo de extrema compañía espiritual, física y emocional.

Pues bien, la decisión fue tomada por mí, aún a pesar de consejos de amistades que me sugerían que lo mejor sería permanecer al margen, por tratarse de una situación familiar y por los vínculos aún existentes en torno a esta personita especial a quien me refiero. Pero yo siempre pienso y digo: alguien en algún lugar me cuida, porque al estar en la ceremonia de despedida religiosa surgió la bendición de un ángel en figura de mujer que me solicitó participar de cierta manera en ese espiritual y sensible momento.

Tal vez solidaria la dama lo hizo al verme sentada sola en una hilera, o tal vez percatándose de la tristeza que me embargaba al saberme por ética y por educación posicionada en un lugar ambiguo y hasta cierto punto incómodo y con cierta timidez por necesariamente ocuparlo.

En fin, así es la vida, y las más de las veces ella misma se encarga de ponernos a cada quién en el lugar que en ciertas circunstancias nos corresponde.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

domingo, 18 de enero de 2026

Hay fotos en mi memoria filosófica

 


La columna de Bety

Hay fotos en mi memoria filosófica

 

Por Beatriz Aldana

 

Tengo muchísimas fotografías compartidas en la red digital llamada Facebook, así que, en estos primeros días del año que comienza, esa red ha tenido a bien hacérmelas llegar como recuerdos.

En ellas se capta perfectamente cada estado de ánimo, incluso el brillo de la mirada, a veces cierta delgadez en el rostro; en otras son notorios los surcos propios de mi edad. Bien. El recuento de todo ello viene a este tema. Admito sin timidez que estoy absolutamente enamorada de una personita muy especial. Y digo ese calificativo porque es una figura pública, sin mencionar su labor específica, o sea, para salvaguardar su identidad y, por supuesto, por correcta ética.

Pero me sucede algo con ese sentimiento, que hasta el sol de hoy jamás lo tuve en mis otras relaciones, tal vez porque esas personas no estaban en el  foco público, y siempre las tuve con un sentido de pertenencia, sin el menor temor de sentirlos compartidos con absolutamente nadie. En cambio ahora, que supuestamente debo tener mucha más madurez y seguridad en mí misma, mi yo interno me dice en voz quedita esto: Tienes mucha competencia, Beatriz. Y a pesar de que sé que tienes algo distinto y especial en comparación a otras mujeres, esa pequeña o mucha dosis de inseguridad, o como te dijese alguna vez una damita de tus confidencias:

 

No, Bety, no es inseguridad, porque tienes una belleza interna que salta a la vista, lo que sucede es que por alguna razón sientes que no mereces ser amada, o querida. Pero eso es un ciclo de tu vida que no has podido cerrar, porque no quieres, o porque te causa mucho dolor.

 

En fin, regreso a lo de mis fotografías y contemplo en ellas siempre un aura de tristeza, combinada con un profundo amor. Y otra pregunta me salta hoy: ¿Será más bien temor a la vida en sí? He ahí el dilema.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 12 de enero de 2026

No me gusta andar a la greña

 


La columna de Bety

No me gusta andar a la greña

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno, aquí voy. Y hago una aclaración: Mis crónicas, mis recuerdos, las vivencias que cuento, jamás contienen un dejo de victimización, simplemente que desde muy pequeña fui observando el hecho de ser un tanto diferente en muchos aspectos.

Aquí iniciaré. Cuando era una chiquilla como de unos seis añitos no lograba comprender el por qué era inconveniente el ser güerita y blanca en una colonia o barrio de clase media baja, donde la gran mayoría de mis vecinos y vecinitas eran más bien de cabello obscuro y tez morena clara, por supuesto con algunas excepciones por ahí de quienes tengo un muy agradable recuerdo, ellas son Lupita y Paty.

Pues bien, continuando con ese llamémosle inconveniente, viene a mi memoria el continuado bullying, que así no se le llamaba en aquellos aciagos años cincuenta y sesenta, fui una niña un tanto huraña por los constantes ataques a mi apariencia física, a tal grado que era jalado hasta casi arrancar de raíz mi hermosísimo cabello largo rubio. Eso por dos vecinas más grandes que yo en ese tiempo, una apodada La Menona, hija de un boxeador, y la otra apodada La Negra, que no recuerdo de quien era hija pero ella vivía en la zona más feíta, calles abajo de la 27, creo era la 23, que era la zona donde se juntaban las pandillas.

En fin, por causa de mi actitud huraña y a la defensiva, daba el aspecto de ser una niña tímida y dejada. Por esa razón supongo que era el abuso por parte de estas dos fulanitas.

Y recuerdo esto hoy, porque este frío intenso me recuerda aquel tiempo en que era consolada y abrazada por mi madre Jesusita, a quien yo le apreciaba lagrimitas en sus ojos al ver que manaba sangre de la parte inferior, o sea por la nuca, de donde solían jalarme el cabello. Entonces con todo el dolor y angustia notoria en el rostro de mi mami, ella optó por tomar la decisión de cortar mi cabello al estilo Príncipe Valiente (personaje de un cómic de aquellos tiempos), o sea cuadradito y con flequillo.

De alguna manera esa decisión rindió frutos, ya que no volví a padecer aquellos terribles jalones de cabello.

Bueno, este recuerdo vino a mí porque de alguna manera ha sido un estigma a lo largo de mi vida el ser un tanto huraña con disfraz de timidez, cuando tengo que enfrentarme o convivir con un número mayor de seis personas ya  sea por eventos, sea por restaurantes, sea por tiendas, por reuniones, convenciones, todo eso.

Tal vez alguien note que me cuesta mucho ocultar mi tremendo desasosiego, incomodidad, y no me cabe la menor duda de que hay por ahí personas  que logran captar inteligentemente mi actitud. Eso lo pude observar totalmente estas pasadas fiestas como se les llama ahora a la Navidad, mi yo interno me lo dijo así (pues casi lo escuchaba en mi cabecita): Mira: Vamos a festejar Navidad y post Navidad, y reuniones familiares, pero mucho agradeceríamos no se lo hagas saber a Bety, porque no deseamos su presencia. No está invitada. Se nota claramente que no encaja en nuestro ambiente, es una persona que está físicamente, pero totalmente ausente y es muy notorio su deseo de salir huyendo.

Sin duda alguna. Atribuyo totalmente esa reacción porque, aunque me cueste admitirlo, yo le tengo miedo, más bien horror a las reuniones y mucho más a las familiares o de ex compañeras de escuela o de trabajo, porque siempre estoy como la convidada de piedra. Solo se dirigen a mí para darme la bienvenida, y de ahí parale de contar. Parezco Gasparín, por lo del fantasmita de los cuentos.

Indudablemente yo lo atribuyo a todo aquello que me sucedió en la infancia, y que de alguna manera lo transfiero a mi presencia, que en la actualidad es idéntica a la que tenía cuando era esa chiquilla de seis o siete añitos, uso mi cabello largo muy largo, rubio, y suelo vestir de una manera un tanto diferente al común en las damas, pues rechazo totalmente vestir con coquetería, como sería con vestido, medias, tacón alto, o faldas a la rodilla o un poco más cortas, jamás escotes o brazos descubiertos, y algo más un tanto incongruente, nunca mi cabello rubio suelto, siempre recogido en coleta o trenza, y cuando es pertinente, usando una boina.

Creo que en mi interior, por ahí en algún lugar recóndito, mi yo interno me dice: Los jalones de greñas fueron porque te mirabas bonita, dulce y tierna y eso no era bienvenido en un barrio donde predominaba la cultura del esfuerzo y la lucha diaria para sobrevivir de la mejor manera posible. Y ahora, como mujer madura, y en plena calidad de adulto mayor, sueles transmitir y dejar salir a esa niña que aún pervive en tu interior, y que es incomprensible en un mundo donde la apariencia (y todo lo que ellos signifique) es lo que más rifa.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

miércoles, 7 de enero de 2026

Amargurita en la marcha por el Año Nuevo




La columna de Bety

Amargurita en la marcha por el Año Nuevo

 

Por Beatriz Aldana

 

Cuando hago mis ejercicios de introspección, me percato de que en ese yo interno perdura ese temorcito al Año Nuevo: ¿Por qué razón? Aquí lo explicaré.

Ayer, escuché al doctor José Antonio Lozano Diez, director de una universidad del sur de México. Para mi sorpresa, tocó el tema que precisamente era el que ocupaba mi mente en ese momento. Eran las 2:00 de la tarde, en que se transmite cierto programa de radio que me gusta muchísimo. Resulta que el doctor Lozano trató el tema de la siguiente manera:

Hay dos visiones en las personas con relación al nuevo año. La primera, el deseo de hacer nuevos proyectos, de todo tipo, y un entusiasmo por el año que inicia. Y segunda: el temor de aquellas personas al nuevo ciclo, nuevo año, pues entra ese dejo de temor e incertidumbre por lo que pueda ocurrir, y no precisamente cosas buenas, sin entrar en mayor detalle.

Me sentí de algún modo comprendida en ese aspecto, ya que infortunadamente me toca conmemorar en enero los cumpleaños de mis seres queridos, pero, sin su presencia física, ya que se han adelantado recientemente en este camino de vida.

Al percatarme de mi edad mucho más allá del medio siglo, y llevando una estadística del promedio de edad para partir de este panorama terrenal de mis seres queridos (hermanas y hermanos), siendo yo la hermanita menor, pues no me queda más remedio que dejar entrar esos pensamientos nada halagüeños con respecto a mi existir.

Y no nada más eso habita en mi cabecita, sino otros aspectos como es el económico, el aumento del costo de la vida, en servicios, en seguros, en mercancías, medicamentos, honorarios médicos, en fin, ya que iniciando el mes de enero aparecen en mi buzón de casa los recibos de energía eléctrica, telefonía, agua, predial, mantenimiento. Todo eso contribuye a una situación de stress, y, por qué no decirlo? cierto grado de depresión estacional, porque al prestar demasiada atención a estas situaciones me convierto hasta en una personita no muy apetecible para ser compañera de alguna de mis queridas amistades.

No quiero ser demasiado dramática, pero esta distracción o introspección continua, ha tenido efectos adversos a tal grado de no poner la atención debida en mi transitar por las banquetas de mi Ciudad Chihuahua, ya que en el transcurso de tan solo el mes, de diciembre pasado y ahora principios de enero, he sufrido tres caídas de riesgo porque han sido golpes de lleno en la cabeza, al no poner atención en las partes sobresalientes de las banquetas y el mal estado de las mismas como

En fin, esta crónica definitivamente está desnudando lo que en mi interior se gesta, y eso ocurre cada nuevo año, en los que por desgracia me entero del fallecimiento de amistades muy queridas, de diagnósticos médicos de alarma, y, por añadidura, noticias a nivel mundial sobre conflictos y cuestiones de cambios atmosféricos que definitivamente tienen consecuencias adversas.

Para finalizar, quienes hayan tenido la paciencia de leer esta crónica, les agradezco de todo corazón, y les abrazo con una oración anexa de que mis deseos para ustedes es que logren todas las metas propuestas y la salud que nunca falte, porque con salud todo es motivo para sonreír.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Jugando ajedrez en un cuarto de hotel


La columna de Bety

Jugando ajedrez en un cuarto de hotel

 

Por Beatriz Aldana

 

Aquí voy. Este diciembre, y no solo este, todos los diciembres son el mes que me quita la venda de los ojos. ¿Por qué lo digo? Porque es cuando me percato de lo que soy y de lo que significo para cada una de las personas con las cuales comparto amistad, amor, compañía.

Sin tristeza ni lamentos ni decepciones lo digo. A cada una de ellas la coloqué en mi tablero de ajedrez y, en lugar de ponerles el nombre de cada pieza como serían el alfil, el caballo, la torre, el rey, o la reina, les puse los nombres de cada personita significativa en mi existencia. Significativa para mí, porque sin duda alguna, y por la actitud que asumieron cada una en este mes supuestamente más espiritual del año, es cuando cada una de ellas me mostró lo que verdaderamente significo en sus vidas.

Creo yo, y lo constato, esto no solo me sucede a mí. De acuerdo a las estadísticas que se manejan, esta temporada es cuando ocurren más suicidios y estados depresivos en la población. No quisiera entrar en detalles por cada una de las amistades y familiares mías, sería un tanto ocioso, pero lo que sí puedo y me permito expresar es que me queda claro que lo mío es absolutamente unilateral, o sea, es solo por parte mía, porque al ser supuestamente el mes de la unión, me quedó perfectamente claro que de ninguna manera hay unión con respecto a mi persona, pues para mi mala suerte tuve que enterarme de varios eventos para celebrar Navidad, que no es lo mismo que Nochebuena, en los cuales fui totalmente excluida.

Me refiero a donde, equívocamente, pensaba yo tener cierto lugar.

Así que, en vista de esa situación, y para evitar esa lamentable sensación de soledad que duele muchísimo más por la importancia que a todos niveles se les concede a las fechas decembrinas, opté por adquirir una botella de vino rosado, una cajetilla de cigarrillos Pall Mall, y renté una habitación en un motel citadino. El señor de la caseta se mostró un poco sorprendido porque iba yo sola, tal vez pensaría que iba yo con intenciones de atentar contra mi vida. Por supuesto que no. Lo único que quería yo era no estar en mi casa contemplando sillas, camas y sillones vacíos. Tampoco quería ir a algún bar, restaurant o café donde miraría personas acompañadas, ¡no!

Solo quería estar conmigo misma para meditar profundamente en el lugar que les voy a conceder y colocar a cada una de las personas supuestamente allegadas a mí y que me demostraron sin cortapisas el lugar que yo ocupo verdaderamente en sus vidas. Llegué a la conclusión de que ni siquiera ocupo un lugar, es como si fuesen esos lugares que se ocupan mientras hay una vacante temporal, para solo ocuparlo mientras llega alguien para permanecer en el permanentemente.

Volviendo a mi estadía en la habitación del motel. Ante la preocupación del señor de la caseta, optó por hacerme una llamada telefónica al cuarto para preguntarme si yo estaba bien. Eso ocurrió más o menos a las 4:30 a.m. Entonces tomé la decisión de abandonar el motel y, muy tranquila conmigo misma, al haber tenido esa profunda introspección, y, sobre todo con la certeza de haber podido poner a cada quien en los cuadritos blancos y negros del tablero de ajedrez.

Por supuesto, sin prever todavía cuando haré el jaque mate final.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Presentimientos

 


La columna de Bety

Presentimientos

 

Por Beatriz Aldana

 

Noviembre y diciembre, meses que yo quisiera saliesen de mi calendario. Ahora expondré mi argumento sobre esto: A temprana edad, y de eso hace ya muchos ayeres, se me dijo en casa: Mamá Jesusita ya no sobrepasara diciembre. Esto, dicho por una de mis hermanas mayores.

Y ciertamente: Mi mami falleció a las 5:10 de la tarde del lunes 22 de diciembre de 1969.

Como si fuese una premonición, empecé a temer los finales de cada año, siempre con esa pequeña punzada en mi corazón, y, efectivamente, al pasar el tiempo, precisamente en esos dos meses han terminado su caminar por este sendero de Dios las personitas que más han significado en mi, hasta el sol de hoy, ya larga vida. Entre ellos, mi hermano, el gran artista del pincel Sergio Alberto; mi hermana Lucila; mi sobrino, más bien, mi hijo del corazón, Daniel Eduardo, arteramente asesinado por un sujeto al parecer celoso de la galanura y extrema buena vibra, o como comúnmente se dice, el ángel que de sobra tenía Dani.

También una de mis mejores amigas, a la cual adopté cuál si fuese una hermana por la estrecha y continúa convivencia que teníamos: María de Lourdes, a quien de cariño le llamábamos Luly.

Y cómo dejar de mencionar a mi amigo desde la adolescencia Sergio Enrique, quien en múltiples ocasiones me acompaño con sus acordes de guitarra, mis interpretaciones de melodías de Los Beatles en mis shows en las escuelas primarias en aquellos lejanos tiempos. Él por fortuna aún vive, pero ahora sin un miembro importante e indispensable para su movimiento, una extremidad inferior, con la probabilidad nada halagueña de que también tengan que cercenarle (horrible verbo) su otro miembro inferior.

En fin, para no entristecer y ser ese Grinch que amargue estas festividades tan sagradas y de tanta magia y espiritualidad, suspenderé mi recuento de pérdidas de fin de año, que en mucho contribuyen a esa tristeza y lágrimas tempraneras que me asaltan en estos no deseados para mí meses de noviembre y diciembre que no dejan de ser hermosos para la generalidad, pero por desgracia no para mí.

Vaya mi recuerdo más sentido para quienes tanto significaron en mi vida.

Pero quien más dejó una huella, no, más bien un tatuaje de vacío y soledad fue ella, mi madre, aquel tristísimo 22 de diciembre de 1969 que letras  arriba ya mencioné, y, curiosamente cada año mismo día me empieza un resfrío intenso con sintomatología poco común, creo yo provocando por una baja de defensas lógicas. Por esa llamémosle depresión estacional.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Sergio Alberto

 


La columna de Bety

Sergio Alberto

 

Por Beatriz Aldana

 

28 de noviembre. Una pregunta ronda constante en mi mente: ¿Por qué razón se tienen que adelantar los grandes, los talentosos, los que aportan a nuestro espíritu, a nuestra contemplación?

Así, un día como hoy, hace algunos ayeres, cerró sus ojitos para siempre, y con tristeza lo digo, como mueren los elegidos para el arte: Él solo, casi en el abandono.

Por una circunstancia casual, ni yo estuve esa madrugada para estrechar su mano y despedirnos.

Para decirle: ¡Vuela alto, hermano, adorna el cielo con tu magnificente trabajo de artista!

Pero, sin duda alguna, tarde o temprano tomarás mi mano de hermanita menor, tú, el mayor. Y contigo nuestra mamá Jesusita. Y Alberto, nuestro papá.

Ellos dos sonreirán al ver llegar junto a ellos a sus consentidos.

Un recuerdo escrito en memoria del artista del lápiz, del óleo, de la tinta china, de la acuarela: Mi hermano, C.P. Sergio Alberto Aldana Arriaga.

Descanse en paz.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Conversación en el Día del Músico

 

La columna de Bety

Conversación en el Día del Músico

 

Por Beatriz Aldana

 

Bueno... aquí voy... ayer en una bonita fiesta celebrando el Día del Músico, ya pasado cierto tiempo me anima a bailar la anfitriona de la casa la señora Lupita de López, y se me une una señora a la cual estuve observando a lo largo de la fiesta y me encantaba mirar porque era notoria su buena presencia, todo su atuendo era hermoso, digno de una damita totalmente femenina, botas, diadema, bolso, peinado, vestido, uñas.

Por fortuna al fin nos sentamos juntas al término de la pieza musical. Entonces le comento: Señora, qué bonita arreglada viene usted, cuidó hasta el último detalle de su arreglo personal.

Ella me contesta: ¡hasta novio tengo!

¡Pssss, qué maravilla!, le digo.

Bueno, ya entradas en la conversación, ella me comenta: Yo también la he estado observando, güerita, y es usted muy bonita, sin tanto artilugio como yo. Es bonita por dentro y lo transmite. Lo único que le recomendaría es esto: Aún está a tiempo de cuidar y atender más su cara. Y me hizo recomendaciones de ejercicios faciales y de poner colágeno sin falta ya, en mi cara.

Y sí, ciertamente, cuando veo detenidamente mis fotos que publico en Facebook me percato de que efectivamente está totalmente marcada de surcos de la edad...

Okey, pensé, seguiré los consejos de tan linda damita, pues observando mis líneas de expresión tan marcadas, sin duda no desechare la idea de acudir con la dermatóloga especialista en aplicación de bótox e hilos, para que antes de que pase más tiempo mejore mi carita, pues yo siempre alababa mis arrugas, por las huellas de cada una de ellas, pero vale la pena lucir mejor ¿o no ?

 



Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.