lunes, 29 de diciembre de 2025

Jugando ajedrez en un cuarto de hotel


La columna de Bety

Jugando ajedrez en un cuarto de hotel

 

Por Beatriz Aldana

 

Aquí voy. Este diciembre, y no solo este, todos los diciembres son el mes que me quita la venda de los ojos. ¿Por qué lo digo? Porque es cuando me percato de lo que soy y de lo que significo para cada una de las personas con las cuales comparto amistad, amor, compañía.

Sin tristeza ni lamentos ni decepciones lo digo. A cada una de ellas la coloqué en mi tablero de ajedrez y, en lugar de ponerles el nombre de cada pieza como serían el alfil, el caballo, la torre, el rey, o la reina, les puse los nombres de cada personita significativa en mi existencia. Significativa para mí, porque sin duda alguna, y por la actitud que asumieron cada una en este mes supuestamente más espiritual del año, es cuando cada una de ellas me mostró lo que verdaderamente significo en sus vidas.

Creo yo, y lo constato, esto no solo me sucede a mí. De acuerdo a las estadísticas que se manejan, esta temporada es cuando ocurren más suicidios y estados depresivos en la población. No quisiera entrar en detalles por cada una de las amistades y familiares mías, sería un tanto ocioso, pero lo que sí puedo y me permito expresar es que me queda claro que lo mío es absolutamente unilateral, o sea, es solo por parte mía, porque al ser supuestamente el mes de la unión, me quedó perfectamente claro que de ninguna manera hay unión con respecto a mi persona, pues para mi mala suerte tuve que enterarme de varios eventos para celebrar Navidad, que no es lo mismo que Nochebuena, en los cuales fui totalmente excluida.

Me refiero a donde, equívocamente, pensaba yo tener cierto lugar.

Así que, en vista de esa situación, y para evitar esa lamentable sensación de soledad que duele muchísimo más por la importancia que a todos niveles se les concede a las fechas decembrinas, opté por adquirir una botella de vino rosado, una cajetilla de cigarrillos Pall Mall, y renté una habitación en un motel citadino. El señor de la caseta se mostró un poco sorprendido porque iba yo sola, tal vez pensaría que iba yo con intenciones de atentar contra mi vida. Por supuesto que no. Lo único que quería yo era no estar en mi casa contemplando sillas, camas y sillones vacíos. Tampoco quería ir a algún bar, restaurant o café donde miraría personas acompañadas, ¡no!

Solo quería estar conmigo misma para meditar profundamente en el lugar que les voy a conceder y colocar a cada una de las personas supuestamente allegadas a mí y que me demostraron sin cortapisas el lugar que yo ocupo verdaderamente en sus vidas. Llegué a la conclusión de que ni siquiera ocupo un lugar, es como si fuesen esos lugares que se ocupan mientras hay una vacante temporal, para solo ocuparlo mientras llega alguien para permanecer en el permanentemente.

Volviendo a mi estadía en la habitación del motel. Ante la preocupación del señor de la caseta, optó por hacerme una llamada telefónica al cuarto para preguntarme si yo estaba bien. Eso ocurrió más o menos a las 4:30 a.m. Entonces tomé la decisión de abandonar el motel y, muy tranquila conmigo misma, al haber tenido esa profunda introspección, y, sobre todo con la certeza de haber podido poner a cada quien en los cuadritos blancos y negros del tablero de ajedrez.

Por supuesto, sin prever todavía cuando haré el jaque mate final.

 


Beatriz Aldana es contadora y siempre ha trabajado en la industria y en corporativos comerciales. Gran lectora, escribe y produce crónicas de video en sus dos blogs de Facebook, además de La columna de Bety en Estilo Mápula.

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