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sábado, 3 de octubre de 2026

Rosita Arenas: el regreso de una estrella que nunca perdió su brillo

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Rosita Arenas: el regreso de una estrella que nunca perdió su brillo

 

Por Marco Benavides

 

Hay actores que abandonan los escenarios y desaparecen. Otros permanecen suspendidos en una especie de limbo, habitando silenciosamente los márgenes de la memoria colectiva. Durante más de tres décadas, Rosita Arenas sintió que le había ocurrido lo segundo.

Tras retirarse de la vida artística en 1994, la actriz llegó a describir su situación con una frase tan dolorosa como elocuente: Se encontraba "metida en el sótano". No era una referencia física, sino emocional. Hablaba del lugar donde la industria suele relegar a quienes alguna vez la engrandecieron. Un espacio donde el aplauso se convierte en eco y los reflectores se apagan.

Pero la historia tiene una curiosa tendencia a corregir ciertas injusticias.

El pasado 23 de septiembre de 2026, Rosita Arenas recorrió las instalaciones de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para visitar la exposición Su vida al cielo: Actrices en la obra cinematográfica de Luis Buñuel. No era una visitante cualquiera. Ella misma forma parte de esa historia.

En 1953 protagonizó El bruto, una de las películas más reconocidas del célebre cineasta español-mexicano. Aquella producción consolidó una carrera que apenas comenzaba a desplegarse y que terminaría convirtiéndola en una figura imprescindible del cine nacional.

Nacida en Caracas, Venezuela, el 19 de agosto de 1933, pero criada y registrada en México, Rosita llegó a la pantalla grande siendo apenas una adolescente. Con solo dieciséis años debutó en Anacleto se divorcia, filme estrenado en 1950 que marcó el inicio de una trayectoria extraordinaria.

Durante la década de los cincuenta se convirtió en un rostro familiar para el público mexicano. Participó en títulos tan populares como ¿Qué te ha dado esa mujer?, Mi campeón, La hija del ministro, El señor fotógrafo y El médico de las locas, entre muchas otras producciones que hoy forman parte del patrimonio cultural de la cinematografía mexicana.

Sin embargo, existe una faceta de su carrera que merece especial atención.

Mucho antes de que Hollywood popularizara el concepto de las llamadas scream queens, Rosita Arenas ya era una de las grandes figuras femeninas del cine fantástico y de terror en habla hispana. Su presencia elegante, combinada con una notable fuerza interpretativa, la convirtió en una referencia del género.

Las míticas cintas La momia azteca, La maldición de la momia azteca y La momia azteca contra el robot humano ayudaron a cimentar una leyenda que continuaría en películas como El espejo de la bruja y La maldición de la Llorona. Gracias a estas producciones, el público y la crítica terminaron reconociéndola como una auténtica "reina del grito", título reservado para aquellas actrices cuya imagen queda inevitablemente asociada a los miedos, monstruos y fantasmas de toda una generación.

Pero el tiempo, que suele ser despiadado con las estrellas, también puede ser generoso.

A sus 93 años, Rosita Arenas continúa proyectando la misma elegancia que la distinguió durante su juventud. Su porte no parece pertenecer únicamente a una mujer, sino a una época entera del cine mexicano, una época de estudios cinematográficos, grandes historias y figuras inolvidables.

Por ello resulta especialmente significativo que la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgue el próximo 3 de octubre el Ariel de Oro, máximo reconocimiento honorífico que concede la institución. Más que un premio individual, el homenaje representa un acto de memoria cultural. Es la confirmación de que ciertas trayectorias no pueden permanecer indefinidamente ocultas en el sótano del olvido.

Rosita Arenas regresa al centro de la escena cuando ya no tiene nada que demostrar. Su legado estaba ahí desde hace décadas, aguardando ser redescubierto. Quizá esa sea la verdadera lección de esta historia: las grandes estrellas no desaparecen. A veces simplemente esperan a que la memoria vuelva a encender la luz.

 

Marco Benavides, 29 septiembre 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua. Es autor del libro Un marco crítico / relatos.

domingo, 20 de septiembre de 2026

La princesa totzil

 

La princesa totzil

 

Por Carlos Gallegos

 

Ese señor elegante

ese güero

de cutis

requemado

alto

musculoso

de ojos verdes

nariz romana

viriles labios

tocada su cabeza

con un sombrero

Panamá muy fino

que trae en sus manos

un nivel

un cedal

un hexómetro

un carrete de hilo blanco

una plomada

una espátula

es un albañil

que vive

en la Loma de Pérez

en una casa perdida allá

entre las labores

se llama Thomás Ramírez

en su entorno

se tejen historias

que su nombre se escribe

sin h Intermedia

que no

que sí lleva h

se dice

que vino de

Sombrerete

Zacatecas

que no

que llegó de Nueva York

huyendo

de una relación

fallida

con una alemana millonaria

a la que le construyó

una mansión

Art Decó

dicen que mañana empezará

a levantar

una torre

muy alta

derechita angosta

bonita

esbelta

de ladrillo

bermejo recién cocido

en los hornos

de Rosales

que trabajan

con leña

de mezquite

que se la ha

encargado

don Emiliano

el presidente

los seis muchachos

bullangueros

que retozan

a su lado

vestidos con camisas

de manta

blanca

con pantalones de pechera

con sombrero atejanado

con zapatos

mata víboras

son medias cucharas

ayudantes de albañil

que trabajarán en la obra

los otros dos

que vienen más atrás

de corbata delgadita

de camisa

de manga corta

de pantalón de casimir

de tiple achilangado

son Manuel Benavides

y Jesús Valdez

dibujantes del plano

de la torre

nadie sabe

bien a bien

para qué será

esa torre

unos creen que

como quedará

donde la población

que ya tiene

como doce

mil habitantes

se divide en cuatro sectores

servirá

para saber

cuándo

va uno

por el norte

cuándo por el sur

cuándo por el poniente

o el oriente

otros han oído

que en la parte

de arriba

le colocarán

cuatro carátulas

de reloj

una de cada lado

que en su interior habrá

una maquinaria

de reloj

que traerán

de Puebla

con todo

y relojero

que se llama Julián

Hernández Acosta

para que la eche a andar

que las

tres

campanitas

que le pondrán

en la cumbre

tocarán la hora en el

día

en la noche

a todas horas

que don Emiliano hace dos años

le encargó

a don

Raúl Mar Reyes

dueño de la carnicería

La Imperial

que está en el Mercado Juárez

que todos los días guarde

el dinero que se cobre

por la matanza de animales

en el Rastro

para tener con qué

pagar el trabajo

anoche alguien

platicó

en el Centro Algodonero

que ya llevan ahorrados

como 37 mil pesos

que ya tienen

suficiente para hacer el jale

el cantinero de ahí

que lo sabe todo

completó

el chisme

es cierto

lo del reloj

dijo

el plan es

que se sea inaugurado

el 22 de diciembre al dar

las 10 de  la mañana

las tres campanitas

se estrenarán

tres días después

a las doce

de la noche

anunciando

Noche Buena

el heraldo de los borrachos agregó

que en el tren de las siete

de ese día

habrá llegado del Distrito Federal

una modelo fotográfica

muy guapa

que posará

para la historia

frente al futuro despertador

de los delicienses

que como

el reloj estará

sobre el suelo

disparejo

primero parecerá

que está

ladeado

como la torre de Pizza

pero que con el tiempo

cuando llegue

el pavimento

se verá

que es una ilusión óptica

y que se ha de mantener erguido

derechito

para siempre

que sus repiques

melódicos se escucharán

en todo el

pueblo

hasta más allá de

donde vive el maistro Ramírez

con su pareja

una princesa

totzil

que llegó

por tierra

procedente

de la selva lacandona

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

martes, 15 de septiembre de 2026

Palabras al recibir la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda

 

Palabras al recibir la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda

 

Por Nacho Guerrero

 

Nací en estas tierras de Norteamérica, llanos septentrionales del centro y casi a mitad del continente amerindio. ¿Qué tiene Chihuahua? ¿Su gente? ¿De dónde venimos? ¿Cuáles son nuestras raíces, que siempre son nuestros frutos y acciones, y nos hacen ser únicos en este mundo, nos interrelacionan, estamos conectados y por lo tanto somos inseparables en esencia? Piedras, caballos, humanos, agua, tlacuaches, miradas, ríos, flores, zacate, ciudades, cielos, grutas, cerros, perros y gatos.

Creo que por eso, y por otras historias, me hice fotógrafo. Nací en 1954 ‒afortunado por ello‒ en esta Villa de San Felipe del Real, hoy llamada Chihuahua. Tierra difícil y hermosa, donde la luz emana de las piedras y de la arena en cristales radiantes, iluminados por un sol intenso, tan grosero como dulce.

Mis raíces: aún recuerdo en el vientre de mi madre esconderme del trasluz de sus paredes y acurrucarme para buscar la oscura parte de la noche prenatal, que me dieron el primer respiro en el Hospital Verde de la Calzada Nombre de Dios. Mi primer encuentro con la luz. Los altos muros y pabellones enormes eran como castillos ensombrecidos por un pasado esplendor, empezaban a iluminar mi camino con una mirada certera y angular, que ya venía integrada en mi memoria.

Los juegos de aquella época fueron el principio de una serie de acontecimientos, siempre entre la luz y la oscuridad, que le dieron a mi vida un sentido casi fotográfico. Recuerdo el closet oscuro, donde la luz brotaba del quicio de la puerta y, solo con la paciencia de un obturador, llenar de imágenes esa caja oscura con rayos que atravesaban de lado a lado las paredes, llenando de sentido esa temida oscuridad que se convertía en un regocijo como de película muda y relampagueante.

Aquel juego se convirtió por mucho tiempo en la aventura cotidiana. Así llegó el mundo de las cámaras. No tardó Santa Claus en darme la primera, una Kodak Brownie 120 mm, que usé y usé hasta sus últimos y destellantes flashazos que humeaban y olían a chicle derretido. ¡Qué maravillosa niñez, llena de tiempo y de tierra! ¡de riqueza, sí, pero profunda y amorosa! Que abrió mi vida a lo que va más allá de lo material, enriqueciendo mi ser con intuición, humanismo y una pasión por el patrimonio tangible, intangible y biocultural de Chihuahua.

Llevo 50 años de fotógrafo. A lo largo de este tiempo he unido dos mundos: la fotografía por encargo, y lo que llamo “El Nacho libre”. Ninguno de estos caminos me ha limitado; he hecho lo que amo, y eso me ha llevado a explorar miles de temas sobre la vida. Recibo de la luz de Chihuahua la posibilidad de crear, mirar y emocionarme. Sus paisajes múltiples, la ciudad, sus pueblos, su gente, los rostros y las miradas capturando la esencia de su vida. Es la luz en blanco y negro, los verdes y ocres de sus llanuras y montañas, sus cielos y barrancos. Me he convertido en un geógrafo que descubre las orografías, el inicios de los ríos y los manantiales en mitad del desierto.

Décadas atrás, la curiosidad de un niño exploraba el misterio de una cámara, y sabía que aquel momento marcaría el inicio de un viaje que he seguido con dedicación, compromiso y significado. En la fotografía he encontrado un espacio para replantear nuestra condición humana, un lugar donde convergen el septentrión, el ritual y el manifiesto de lo cotidiano.

Hoy, tras este largo camino fotográfico, he reunido un acervo visual que documenta las vastedades de nuestra vasta región, lo cual me inspira a seguir documentando hasta el final de mis días lo que me falta de explorar de nuestro gran territorio.

Con gratitud llego a este recinto para expresar mi agradecimiento hacia mi familia, amigos, colegas fotógrafos, colaboradores, al pueblo chihuahuense y al Congreso del Estado por esta distinción de la Medalla al mérito cultural artístico Víctor Hugo Rascón Banda. Tuve el placer de conocer a Víctor Hugo y contar con su distinguida amistad; lo recuerdo parafraseando: "por mi cámara hablará la sociedad de mi tiempo."

Muchas gracias.



Ignacio Guerrero Olivares inició en Chihuahua la cultura de la foto artística y ha sido fotógrafo productivo y perfeccionista desde hace 40 años. Tiene en su archivo un caudal de vistas impresionante, paisaje, retrato, historia, publicidad, modelaje, texturas; nada escapa a su mirada. Es Premio Chihuahua de Arte Fotográfico y maestro de varias generaciones de fotógrafos que en su estudio trabajaron y aprendieron técnicas y ciencia de la imagen.

domingo, 26 de julio de 2026

Hola, escribo para seguir viviendo

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Hola, escribo para seguir viviendo

 

Por Rosario Ruiz Morales

 

La enfermedad: Depresión. Que más.

Se siente en el alma, la mente y el espíritu. Se dice así, pero nadie la ha podido descifrar. ¿Se sitúa en el Sistema Nervioso? Situación corporal en general. Quién puede anotar algo más.

Ella la padeció durante nueve eternos meses. No comía. No dormía. No pensaba. No existía. Solo lloraba. A veces gritaba pidiéndole al Altísimo que se la llevara con su amor.

Quienes han padecido esto por largos periodos de tiempo y han podido salir de ese terrible estupor, envueltos en las sombras taciturnos y sin voz, pueden atestiguarlo. Quienes la han padecido y han salido de ella, Gloria a Dios.

Pueden ella y otros dar su punto de vista, la manera en que se enfrenta ese dolor, ese terrible estado anímico. Nadie saldrá solo. Dios, el hacedor de todo bien, es quien pone Ángeles en tu vida.

Tendrás que recurrir a especialistas, terapeutas, psicólogos, psiquiatras, tanatólogos, y no sin antes recurrir al médico de todos: Dios mismo. Él es el único sanador del alma. Sacerdotes especializados en temas escabrosos y complejos del ser humano coinciden en algo trascendental: el alma enferma cuando un suceso tremendo cambia la perspectiva de existir.

Los factores que intervienen directamente en este mal como anomalía, deficiencia, padecimiento, estado mental, estado anímico o patología sistémica.

En este lapso de tiempo no se piensa. No accionas ni reaccionas ni respondes, pues estás privado de toda conexión con la realidad, entorno,  familia, situación anímica, como si no existieras para nada ni nadie.

El dolor no te deja accionar, solo lloras, no hay tiempo, ni hambre ni sed. Permaneces en shock, no sales del estupor solo interrumpido, si acaso, por ir al baño, y al entrar, no sabes ni a qué ni porque vas.

Ella recuerda hoy. Cuando ya se le acabaron hasta las lágrimas ya no podía llorar de tanto dolor, el pesar había nublado la razón, el mundo seguía girando a velocidad vertiginosa sin ni siquiera percatarse que sucedía en su entorno, si era espectadora o simple protagonista, no había ninguna diferencia.

Las demás personas actuaban con una desenfrenada obstinación por moverla, sacarla de ese estado catatónico en el que ella deseaba estar y que la dejaran en paz, solo quería dormir y gritar pidiéndole al Altísimo que la llevara a dónde había quedado el amor de su vida que había partido hacia Él.

El mundo se fracturó en mil pedazos sin que nadie pensara en volver a formar ese rompecabezas que formaban su vida y su entorno, simplemente no había nada.

Pasaron los meses sin que nadie asomara por un rato a su mundo interior, ni preguntara que si necesitaba algo, simplemente no lo hubo.

Ella lo presintió dos días antes de su muerte y en el funeral vio totalmente el panorama.

Dios le concedió sin excusa ni pretexto alguno poco a poco renacer y encarar la vida ya sin su principal motor, sin un motivo en especial, ya no existía.

Hoy puede ella contar, bendiciendo a Dios, a sus amigas que la llevaron al Taller de Duelos de la Divina Providencia y a escribir, todo lo que la mente le obligaba para honrar la memoria y recuerdo de su esposo. Ella hoy tiene recuerdos desde el siguiente día en su funeral y cada hora siguiente,  contando la historia y la vida en común.

Gracias, Sylvia Ortega Duarte. Gracias, doctora Laura Guadalupe Amador Guzmán. Sé que hoy gozan del Señor y que ahí lo han visto, descansen en paz.

Ella agradecerá por lo que le queda de vida los favores recibidos.

 


Rosario Ruiz Morales se inició como escritora en agosto de 2010, cuando entró a un taller literario llamado
Para perderle el miedo a la escritura, en Demac. Desde entonces escribe todos los días, como una forma de meditación y trascendencia.

No los puedo hallar


No los puedo hallar

 

Por Carlos Gallegos

 

Ya no estás ahí

Imprenta Cumbre

que fuiste efímera y eterna

Ya no está ahí

María Severa

mi amiga

mi condiscípula

de la Prepa 20/30

que con sus dedos de seda

forraba

mis cuadernos

Ya tampoco veo al profesor

Pedro Trejo

al profe Tito

al profe Arvizu

a la maestra Casas

Ya no veo al profesor Darío Payán

ni a la profesora

Gloria Arellano de Cervantes

ni a Moisés Pérez

ni a Fernando Baeza

ni a Macario Guillén

que era al primero

que veía

Ya no veo al ingeniero Aragón

ni al profe Lerma

que viene desde

Meoqui

ni al Loco Vázquez

botando su balón

no veo

a nadie

nada más al conserje

solitario

sentado en su

silla de mimbre

viejo

que acaricia

con su mano ciega

el lomo de su

perro amarillo

que duerme

hechado

ante sus pies

no veo a nadie

por más que paso y paso

por aquel enorme

por aquel pequeño edificio

de la salida

a Saucillo

que fue la prepa

mi prepa

nuestra prepa

Ya se han ido todos

se fueron Luis Mario Dena

Javier Hernández

Jaime Flores

Julio Delgado

Piteco Sevilla

Pepe Parra

también Pepe Kiko Paredes

Luis Alemán

Amada Cadena

se fue el sueño febril de aquellos ojos azules

la mirada amable de Beba Bejarano

de Berthita González Ortega

la sonrisa blanca

de Susy Hernández

se fueron todos

no sé a dónde

se habrán ido

hoy otra vez pasaré por ahí

a buscarlos

a decirles

que se apuren

porque falta un minuto

para que se escuche

el timbre de la entrada

y si no llegan nos van a

poner falta

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.