El chalán de John Reed
Por Carlos Gallegos
Dice Bob Dylan que lo mejor que le ha pasado
en la vida ha sido trabajar en lo que lo hace feliz.
Lo mismo digo, y seguramente lo mismo dirán
muchos.
Trabajar en lo que nos hace felices.
Qué fortuna, qué bendición de Dios recibir
ese regalo.
Dimensione lo contrario: trabajar en algo por
obligación o necesidad.
Dimensione la gran diferencia.
En mi niñez, en mi juventud, esa era mi gran
meta: que Dios me hiciera el milagro de trabajar en algo que me hiciera feliz.
Y aunque se tardó un poco, o un mucho, de
acuerdo a sus tiempos, que no son los nuestros, me lo concedió y en qué medida:
ser cronista de Delicias es el trabajo que más he amado.
Aunque, la verdad, ser cronista de Delicias
no fue lo primero que le pedí.
Mi primera petición fue que me hiciera
retroceder en los siglos para ser el cronista de Jesús.
Para escribir su nacimiento, ser testigo de
su crecimiento, estar en las Bodas de Canáan, aunque fuera sin invitación; escuchar
el sermón de la montaña, saborear uno de los peces multiplicados con un
mendrugo de pan bien tostado, gozar la
calma en la tempestad, atestiguar sus curaciones milagrosas,
la sanación del ciego de nacimiento,
la curación de los 10 leprosos,
la cura del paralítico de Cafarnaum,
la resurrección del hijo Jairo,
de la hija de la viuda de Naim,
la liberación del hombre poseído por demonios.
Me hubiera gustado convivir unos días con Martha
y María de Betania, las hermanas de Lázaro, luego del prodigio de su
resurrección después de cuatro días de muerto. Entrevistar a María y a Juan al
pie de la cruz, ser testigo de cuando el ángel retiró la roca de la tumba del
Salvador, ver la cara de los apóstoles
cuando se lo encontraron revivido.
Como segunda opción me hubiera gustado
decirle adiós con el dedo corazón de la mano derecha al viejo infame de don
Porfirio cuando iba de huida en el Ipiranga luego de esclavizar a México
durante 35 años, o de perdida ser el chalán de John Reed cuando entrevistó a
Francisco Villa y Abraham González, o cubrir una de las cargas de las
caballerías villistas.
Ser el cronista del día que se trazó Delicias
bajo la inspiración de la Rosa de los Vientos. Darle un respetuoso abrazo a don
Carlos Blake y otro al más anónimo de los fundadores por haber fundado
Delicias, nuestro Delicias, la casa
grande de tantos beduinos caminantes que
en su suelo árido encontraron, encontramos nuestras casa, nuestro cielo y nuestra tumba.

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