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domingo, 4 de octubre de 2026

Algo que oculta el oropel

 

Algo que oculta el oropel

 

Por Carlos Gallegos

 

aquel joven pionero

del bajío guanajuatense

que vino a Delicias

a buscar a un hombre

que se había perdido en la primera batalla de Celaya

ya no tenía esperanza de encontrarlo

lo buscaba ansioso en la estación del ferrocarril

en una cueva de calichi que estaba a la subida

de la Loma de Pérez

en una posada sin nombre que se adivinaba

entre las jarillas de un llanito silvestre en lo que sería

la Avenida 7a Norte

preguntaba por él

lo dibujaba como un hombre chapo

de hombros cansados

 con ojos color de miel

al que le faltaba

la mano que había perdido

en un duelo a bayoneta con un general

de división en un burdel de Aguascalientes

no lo veía por más que lo buscaba y lo buscaba

lo buscaba tanto

porque le habían platicado que podía ser su padre

al que solo conocía

por las historias de su madre

quien un día le dijo

que había partido

hacia un pueblo de polvo perdido

en el norte del país

que usaba pantalones militares y botas federicas

recuerdos de sus días de militar

que fumaba cigarros de macuchi silvestre

con esas señas tendría

para encontrarlo en ese pueblo

en el que todos conocían a todos

pero al llegar

supo que nadie conocía a nadie

porque todos provenían de lugares diferentes

en sus ratos de desánimo

luego de buscarlo de punta a punta

en el naciente pueblo desfallecía su ánimo

pero una tarde sudorosa

tuvo razón de él en una fonda del también naciente

mercado que surgía

entre trebejos

de madera y charcos de soquete

la dueña de un tinamaste y un comal que atizaba

con carbón de mezquite

a la que

le decían María

la Sabrosa

sería por lo sabroso de sus guisos

sería por sus sabrosas formas de ex bailarina de chotís

por fin le dio razón

―En esa mesa

en la que está sentado

ahí se sienta

un señor con facha de militar derrotado

viste un pantalón caqui

una camisa con medallas viejas

trae sombrero de cinco pedradas

como los que usaban los Dorados

―se me hace raro que no se lo haya encontrado

por ahí. Ha de ser el único que anda

con una carrillera terciada entre cuello y pecho.

―Mire, qué casualidad, ahí va llegando

háblele antes de que agarre la tomada

porque luego se pone muy triste y no quiere hablar durante días

a cualquiera

que va entrando se le cuadra

creyendo que se le cuadra a Pancho Villa

solo al mirarlo

al verse en sus ojos color de miel

supo que lo había encontrado

pero al acercarse

a abrazarlo

el otro también

lo reconoció

viéndose en sus ojos

con el muñón de su mano yerta

lo rechazó

diciéndole en tono militar

―Sé quién eres y a qué has venido

vete no por donde llegaste

volver a verte me trae malos recuerdos

de una traición de amores

que cada quién siga su camino.

Te olvido y me olvidas.

Celaya es un recuerdo.

Delicias es mi nueva casa, mi nueva vida y esa

mujer del comal

es mi nueva mujer

al día siguiente, por los vericuetos

de los chismes de los pueblos chicos

todos conocían la historia

en esa natural simpatía por el desvalido

el tullido no volvió a conseguir trabajo

al rato era un paria en las cantinas

al muchacho lo vieron abordar el tren

con un boleto sin regreso

las historias tristes que se ocultan

en el oropel de los pueblos felices

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

domingo, 13 de septiembre de 2026

El sueño de don Lencho


 

El sueño de don Lencho

 

Por Carlos Gallegos

 

Ayer me acordé

de aquel sueño

de don Lorenzo

Treviño Santos

alcalde de Delicias 1980/83

del sueño

de que algún día

se le concediera

ver la Calle 4a Norte

convertida

en la Calle del Futuro

donde además de tiendas

hubiera luz

banquetas amplias

árboles frondosos

voces gozosas

canto

alegría

sonrisas familias

paseando

sin apuro

bancas para sentarse a disfrutar

la caída de la tarde

a escuchar los tañidos

del Reloj Público

las campanas del Santuario

llamando a misa de siete

los trinos

de los chanates

de la Plaza Principal

a saludar a la feligresía

que llega

al culto de la Iglesia Cristo céntrica El Sinaí

a decirle adiós

al viajero

que pasa lentamente

en el cansado camión de Meoqui

a desearle buena noche a la señora

que sale por el pan

a La Marina

a ver a

don Fausto y doña Ema

cumplir con su ritual de

despedir de mano

al último cliente

de su tienda eléctrica El Globo

a ver a Samuel Guzmán

barriendo diligente el frente

de la Cabañita

a espiar

a la pareja de novios

que se pasean tomados de la mano

robándose un beso furtivo

a atestiguar

cómo

tarde a tarde

tres hombres

en su adultez joven

muy jóvenes para decirles

don

muy dones

para no concederles

ese grado de respeto

Gilberto Dena Cueto

Lorenzo Treviño Santos

Guadalupe Alcántar Márquez

replican su ciclo de trabajo

diario

el primero en su taller de reparación

de máquinas de escribir

el segundo en su negocio

de vidrios y cristales

el tercero

vestido de casimir y corbata

vendiendo chorizo casero

en su canasta de palma

y que al coincidir

en la 4a

intercambian una seña cómplice

casi imperceptible

que descifrada por un mirón

experto en descifrar

señas secretas

la traduce como

"al rato nos vemos en el Iberia"

costumbres citadinas

de aquellos tiempos

don Lencho vio cumplido su sueño

pero el tiempo pasó

las luces se apagaron

el ruido de la modernidad

aletargó el sonido

del Reloj

del Santuario

las melodías de los chanates

los árboles se secaron

los novios

se fueron

más mire usted

hoy su sueño ha rebrotado

no es imposible

que los novios

que se fueron

sean los de la foto

que está viendo

que habrían regresado

al ver la

4a

que oronda

hospitalaria

vibrante

renace del olvido

aplicando lo que

hace tantos años con tanta

razón

afirmó

Hemingway:

El mundo es un buen lugar

vale la pena

luchar por él.

 

 

Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

domingo, 16 de agosto de 2026

La sombra de la lila

 

La sombra de la lila

 

Por Carlos Gallegos

 

Alguien le dijo

que el joven moreno

vestido de tejano

que vio

al bajar la loma del Santuario

manejando un camión amarillo cargado

de elotes

va muy seguido al cine

 se propuso

hacer lo mismo

hasta encontrarlo

es trigueña

menuda

ojos de venada

de calcetas y trenza larga

de sonrisa en modo Mona Lisa

entra esperanzada

al Cine Río

mas no ve al muchacho de su anhelo

hace como que ve una película

de amor y sale

más enamorada de su amor

El domingo va al matiné

del Cine Lux llora ante el estreno

de una cinta que le agita más

el corazón 

al encontrarle

parecido

a un actor

con el tejano

del camión

sale llorando

sin ver al que quiere ver

pasa una semana

ahorra de su sueldo de cajera del banco

del pueblo

paga el boleto

que le entrega

el Chato Salas

el boletero

del Cine Alcázar

sentada en una incómoda butaca

musita la canción de amor

que canta

Pedro Infante

pero no es la voz

que espera oír

hablándole al oído

haciéndole aire con el sombrero

vaquero

guarda en su bolsa de mano

comprada en el puesto de Lidia

Sánchez del Mercado Juárez

la parte de su sueldo

que habitualmente ofrenda a su mamá

camina hasta el Cine Internacional

a la vuelta del Hotel del Norte

pero al abrirla para comprar el boleto

un boletero sin trabajo

que vaga por ahí le dice

que el cine se quemó hace tres días

y el humo que la hace llorar

es lo único recuerdo que ha quedado

su amor es invencible

de los amores

que no olvidan

el sábado siguiente

camina hacia la Calle Segunda Norte

hasta enfrente del Hotel Santa

Cruz

a buscar a su amor extraviado

en la penumbra estrellada del

cine al aire libre que está ahí

pero solo ve un lote baldío

en el que empiezan a brotar

verdolagas y quelites silvestres

un alegre caminante

que camina las calles solitarias

silbando cantando

haciendo malabares

recitando versos

al que conoce como El Sanforizado

le dice en verso que lo han derrumbado

a pico y pala

el lunes

al salir del banco

se encuentra al padre Oscar Moreno

que envuelto

en su larguísima sotana

viene rezando

el rosario

le confía sus pesares

―Deja de buscarlo

Vengo de consolar a la madre de tu amor

el muchacho que has buscado

falleció anoche

no vayas al panteón

con el tiempo

que te traerá consuelo

al lado de su tumba crecerá una lila

cuando ya dé sombra

ve a platicarle la película

que no vieron juntos

deja que descanse en la paz de las estrellas

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.