El
mar que recuerdas
Por Marco
Benavides
Hay costas que solo se miran. Y hay costas que se leen. La Riviera Maya
pertenece a esta segunda estirpe: un litoral que bajo su turquesa de postal
guarda capítulos enteros de piedra, sal y memoria.
Bajo la caliza blanda de la península, el tiempo excavó ríos que nunca
vieron el sol hasta que un cenote les regaló una claraboya. Cada cenote es una
gota inmensa suspendida entre la selva y el subsuelo, y en su transparencia se
adivina la paradoja de esta tierra: lo más frágil resulta lo más duradero.
En Tulum, la piedra
maya se asoma al Caribe como quien todavía vigila el horizonte, una
conversación inconclusa entre dos inmensidades: la del mar y la del tiempo. La
civilización habita el presente en la lengua, en los nombres de los pueblos, en
los rostros de quienes hoy sirven cocteles frente al mismo mar que sus
ancestros navegaron.
Pero ningún paraíso escapa a la historia de sus visitantes. El turismo
trajo empleo, caminos, hospitales, escuelas; también trajo cemento donde antes
había duna, y una sed de crecimiento que a veces olvida preguntar cuánto puede
dar la tierra sin agotarse. La región vive hoy esa tensión antigua entre el
deseo y el límite: cuánto se construye, cuánto se conserva, quién se beneficia
y quién queda al margen del banquete.
Detrás de cada hotel hay manos que tienden camas y guían lanchas; detrás
de cada selva hay comunidades que llevan generaciones nombrando cada a los
elementos de la tierra. El turismo responsable es el gesto simple de mirar a
quien habita el lugar antes de fotografiarlo, de entender la selva escenografía
y tambén hogar.
El futuro de esta región caribeña se escribe en la manera en que se
administra el agua, se trata el arrecife, se remunera al trabajador, se
preserva el idioma. Si la codicia gana la partida, la Riviera Maya podría
convertirse en ruina: una postal vacía. Pero si prevalece la conciencia,
seguirá siendo lo que ha sido desde tiempos mayas: un punto donde la tierra, el
mar y el ser humano negocian los términos de una convivencia posible.
Acaso Milton se
equivocó solo en el mapa: El paraíso perdido no está perdido del todo.
Late aquí, en la Riviera Maya, entre la sombra húmeda de los cenotes, la
respiración de la selva y ese Caribe que parece haber aprendido a pronunciar la
eternidad en turquesa.
Porque, al final, la Riviera Maya no es un destino, sino una pregunta
que el mar repite en cada ola: ¿sabremos cuidar aquello que tanto amamos
admirar?
Dr. Marco Benavides, 4
de julio 2026
Marco Vinicio
Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de
Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila;
entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la
Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto
Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social
como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue
jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector
médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos
médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como
profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de
anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga
sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista
web Med Multilingua.

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