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jueves, 6 de agosto de 2026

Rubén Marín: Medicina y literatura

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

Rubén Marín: Medicina y literatura

 

Por Marco Benavides

 

Rubén Marín constituye una figura singular en las letras mexicanas del siglo XX, en la medida en que su obra literaria se articula desde la experiencia directa de la práctica médica en el México rural.

Nacido el 22 de octubre de 1910 en el barrio de Santa María la Redonda, en la Ciudad de México, y fallecido en la misma urbe el 16 de junio de 1980, Marín desarrolló una trayectoria profesional dual médica y literaria cuya convergencia resulta clave para comprender el carácter testimonial de su producción narrativa.

Formado como médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México, Marín ejerció la medicina en contextos diversos que marcarían profundamente su escritura posterior. Se desempeñó como médico de mina en distintas poblaciones del país, fue delegado de Salubridad y director de los hospitales Civil y de la Caridad en Teziutlán, Puebla. Colaboró con el Instituto Mexicano del Seguro Social. Posteriormente se especializó en medicina de seguros de vida, llegando a ocupar el puesto de director médico en la Compañía de Seguros La Comercial. Este itinerario profesional, que lo llevó a atender comunidades marginadas y a presenciar de cerca la precariedad sanitaria del México provinciano, proporcionó la materia prima de su narrativa.

En el plano literario, cabe destacar que la producción de Marín surgió, según se ha señalado, como una reacción crítica frente a los experimentos poéticos y narrativos de la década de 1960, que el autor consideraba carentes de rigor estético. Frente a dichas tendencias, optó por una escritura de corte realista y costumbrista, orientada a representar con crudeza los aspectos más dolorosos de la existencia humana: la pobreza, la muerte y la violencia carente de sentido, entendida esta última como manifestación concreta del mal. Junto a estos temas de tono sombrío, su obra también da cabida a las virtudes cristianas, en particular la bondad y la caridad, articuladas mediante la descripción de tradiciones populares y el empleo de expresiones vernáculas propias del habla provinciana.

Su obra más representativa, Los otros días (subtitulada Apuntes de un médico de pueblo), de naturaleza marcadamente autobiográfica, constituye un testimonio literario de las dificultades y satisfacciones inherentes al ejercicio médico en las comunidades rurales mexicanas. La obra, publicada por Editorial Jus y reeditada en múltiples ocasiones lo cual sugiere una recepción sostenida entre el público lector, ha sido descrita como un conjunto de relatos que combinan el pasaje romántico, la escena costumbrista, la crítica social severa y una concepción profundamente humanista, todo ello sobre un trasfondo realista que ha llevado a establecer paralelismos con autores como José María de Pereda. A esta obra se suma El diablo y algo más..., colección de cuentos que profundiza en los mismos ejes temáticos de pobreza, muerte y violencia.

En el terreno de las colaboraciones periodísticas y culturales, el doctor Marín participó en la página editorial del diario Excélsior y en la revista de cultura mexicana Ábside, espacios que le permitieron consolidar una presencia dentro del ámbito intelectual de su época.

El legado de Rubén Marín se despliega, en consecuencia, en una doble dimensión: como médico rural y funcionario de salud pública, y como narrador capaz de fundir la experiencia clínica con una sensibilidad literaria orientada a documentar tanto el sufrimiento como la esperanza de los pueblos mexicanos. Su producción, aunque menos difundida que la de otros narradores contemporáneos, se inscribe en el acervo literario mexicano del siglo XX como testimonio valioso de la vida médica y social de la provincia, y merece ser reconsiderada dentro de los estudios sobre la literatura de temas médicos en México.

 

Dr. Marco Benavides, 4 agosto 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

domingo, 12 de julio de 2026

Milan Kundera

 

Foto: Pedro Chacón

Milan Kundera

 

Por Héctor Jaramillo y Víctor Manuel Hernández Márquez

 

Víctor: La fama termina reduciendo la obra de un artista a una sola pieza, como no hace mucho Astrud Gilberto a una sola canción. Kundera quedará en el imaginario gracias a los medios de comunicación, como el autor de La insoportable levedad del ser, lo cual no creo que le hiciera gracia.

 

Jaramillo: Me apena (aunque no mucho) decirlo, pero Kundera es fenómeno más medial que literario. Fenómeno que al menos en México fue fomentado por la mafia de Octavio Paz. Tal fomento, por desgracia y como sucede en estos casos, tiene la injusta consecuencia de dejar a otras voces igual o más valiosas en la sombra (por cierto, tal fue práctica muy de Paz en toda su renga vida).

¿A quién más allá de quienes se creyeron la narrativa de Paz estrujó, conmovió, influyó Kundera? No me extrañaría que La insoportable levedad del ser hubiera sido uno de los tres libros que marcaron la vida de Peña Nieto.

Tal vez leí toda su obra buscando en vano esa genialidad: no recuerdo ni de qué se trató, no me hizo ni más feliz ni más amargado.

Kundera fue un producto de la política literaria, no de la literatura. Lo mismo que se ve en los campos del arte: políticos más enamorados de las relaciones del poder político que de su oficio. Y cuyo aporte, usando el título de una de las más importantes novelas contemporáneas que la fama de Kundera opacó, es un aporte "menos que cero".

 

Víctor: En parte estoy de acuerdo con tu valoración. En los ochenta, década del despegue de la difusión de Kundera en México, me resistí a leerlo, aunque no pude sustraerme a La insoportable levedad del ser, en parte porque se hacían lecturas en voz alta aquí y allá. Pero un buen día me tope con la obrita de teatro Jacques y su amo, homenaje evidente al Jacques el fatalista, de Diderot, que leí con sumo placer de una sentada (que no es decir mucho decir para las poco más de cien páginas que tiene la edición de Tusquets, si la memoria no me juega una mala pasada). Luego leí los ensayos que forman parte de El arte de la novela, en la edición de Vuelta, y entonces ya no tuve reparos para leer su obra literaria, aunque para mediados de los noventa la fiebre por Kundera había quedado reducida a ciertos lugares de culto, me parece, y como mi dedicación a la lectura de literatura se debilito mucho, tampoco lo leí a fondo.

Es verdad que Paz y compañía hicieron de Kundera, Milosz, Merquior, Morse y otros, compañeros de viaje en la promoción de sus taras ideológicas, pero si no fuera por eso nos habríamos privado de leer algunas de las cosas que aparecieron en la Editorial Vuelta.

 

Jaramillo: Aprovecho el viaje ahora que hago fila para ensayar algunas ideas ya por años rumiadas.

Yo también lo leí por la inercia pazera. Al poco tiempo caí en la cuenta de que las alabanzas pazeras eran o extraliterarias o metaliterarias, pero nunca literarias (la relación obligada entre obra y lector, el clic que ha de suceder entre la palabra y quien le da vida con su lectura).

Extraliterarias: A Paz parece que le importó de Kundera más su postura política contra la URSS (ni para qué ahondar: bien conocimos a Paz) que en su aporte a la literatura. Ponía a Kundera como héroe del "mundo libre".

Metaliterarias. Ese egocentrismo de Paz que ponía a la poesía como creaciones individuales, "joyas inalcanzables por el populacho", creaciones exquisitas para la alabanza de su autor. Solo entendió la literatura como una suerte de laboratorio introvertido de palabras. "Si tengo que escoger entre sonido y sentido, escojo sentido" fue una declaración de Paz del tipo de "presume de lo que careces". Ni Góngora fue así de formal.

Así que, al no tener mucho que decir sobre los valores literarios de la obra de Kundera, Paz se volcó con fervor sobre su poética. La obra que mencionas, El arte de la novela, son apuntes de Kundera de un ideario que no pudo alcanzar: su obra no le llega ni a los talones a sus ideas sobre la obra.

Esto no sería reprobable (¡y al contrario!) si no fuera porque Paz y el mismo Kundera pusieron su poética Hola como grandes innovaciones, "aventuras, atrevimientos, hazañas" literarias personales, cuando no fueron más que pedacería poética de las verdaderas hazañas de sus antecesores como Joyce con Ulises, y del mismo Cortazar con Rayuela, escrita años antes de la primera novela de Kundera allá por los cincuenta (la obra de Kundera es sesentera), y en el marco del gran boom al lado de Paradiso de Lezama Lima y de la fascinante (y más que soportable) levedad de Borges. Incluso La casa verde de Vargas Llosa (cuyo cinismo, poca empatía, poco sentido compasivo y notorio morbo hacia el dolor humano lo hacen hermano de estilo de Kundera) apareció antes de la primera novela del escritor checoeslovaco francés.

Que a propósito, eso de atribuirse méritos ajenos me recuerda mucho esa manía muy de los franceses de promocionarse como las puntas de lanza del arte y la literatura: Un niño que quiera disfrazarse de pintor se pondrá boina y bigotito francés cuando Francia no ha dado ni de chiste la pintura que ha dado el resto de Europa, pero ay cómo se promociona; ¿el "mejor cine de arte"? Y el pensamiento colectivo piensa en el cine francés. ¿Museos? Y pensamos en el Louvre. ¿Poetas? Francia. Cuando todo esto es más propaganda que justicia.

Para acabar pronto Kundera me parece sobrevalorado hasta la náusea, y dudo que su obra sobrepase la mitad de este siglo. Malo tampoco es, pero, insisto, cuando la sobrevaloración de uno sobrepasa la subvaloración de otros, su obra, más que mala, resulta malvada.

 


Héctor Jaramillo. Fotógrafo, escritor, investigador, mentor artístico, editor, tallerista, pedagogo, conferencista. Premio Chihuahua de Artes Plásticas en 1995. Premio Chihuahua de Literatura en 2016. Premio Nacional INAH Antonio García Cubas 2019 al Mejor Libro de Arte del Año.

Víctor Manuel Hernández Márquez es doctor en filosofía por la UNAM. Ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh) donde, además fue director de Difusión Cultural y Servicio. Actualmente es profesor investigador en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I. Entre sus publicaciones están Lógica, lenguaje y realidad. Examen crítico del programa absolutista, de 2001, La multiplicidad de Rousseau, y Pierre Duhem: entre física y metafísica.

domingo, 5 de julio de 2026

Libros y futbol

 

Diseño gráfico: Copilot IA

Libros y futbol

 

Por Carlos Gallegos

 

En estas horas tensas

minutos eternos

en esta espera que desespera

en este día del bien

el futbol mexicano

volará más alto que nunca

en este día que quema

es prudente

reposar el nervio

en la lectura

y el goce de un libro

que nos lleve

a un mundo

ajeno a las esperas y los nervios

por fortuna tenemos muchos

escritores

muchos chihuahuenses

sublimados en su talento

tenemos a Martín Luis Guzmán

con sus novelas formidables de la Revolución Mexicana

tenemos al juarense José Muñoz Cota

con sus letras brujas

sobre el desierto

el mezquite y el huizache

A José Fuentes Mares

y su fecunda mente

de historiador y escritor

vague en la prosa de Fernando Jordán

el chihuahuense universal

que escribió

la biblia de Chihuahua

aprenda y entienda

las clases de política y militancia fiel

que le dicta

en sus cuartillas

el camarguense

Carlos Chavira Becerra

siga los pasos

de Jesús Gardea

cuando buscaba en vano la razón

de haber nacido

en el corazón del Delicias

de su sueño

sienta y viva

lo que sintió y vivió

 Carlos Montemayor

entre las minas de plata

y los socavones

sin fondo de Parral y Santa Bárbara

lo que escribió

Víctor Hugo Rascón Banda 

entre los pinares y las estrellas

de Uruachi

cuando vio caer una mujer del cielo

deje que Alfredo Espinosa

le recuerde el Delicias de ayer

 donde tropezó, cayó y se levantó en los callejones

 de sus infiernos y extravíos

o bien

con la magia

de Internet

ubique

 algún escritor bisoño

a alguna escritora

incógnita

que lo tome

de la mano

y lo lleve

de paseo

por el Delicias de hoy

y por el Delicias de mañana

en la tarde

luego del triunfo

en el Azteca

con nadie comparta

el gozo de

sentarse un rato

en una banca

de la Plaza Principal

a escuchar

 el canto enamorado

de un chanate

que

 ignora que tal vez su novia

de anoche ya vuela

junto a otras alas

 


Carlos Gallegos Pérez es licenciado en comunicación por la UNAM, licenciado en periodismo por la UACH. Fue coordinador de comunicación social de la UACH, así como también fue coordinador de comunicación social en Gobierno del Estado, ganador del Premio Chihuahua de Literatura y del Premio Nacional INBA Novela de Testimonio. Autor de varios libros, actualmente es cronista de la ciudad en Ciudad Delicias.

miércoles, 10 de junio de 2026

Un viaje por el libro El escape/ Prosa diversa y que versa

 

Foto: Edgar Vargas

Un viaje por el libro El escape/ Prosa diversa y que versa

 

Por Luis David Hernández Martínez

 

Introito

Miguel Ramírez Ochoa ofrece en este libro, El escape. Prosa diversa y que versa, treinta seis textos donde abrevan casi todos los géneros literarios. Asistimos a un puñado de arrebatos líricos, a otro tanto de relatos cotidianos, no pocas reflexiones filosóficas, anécdotas familiares, deportivas, pasajes, añoranzas de la ciudad, escenas dramáticas sí, teatro, ensayo, recomendaciones musicales para cambiarle la vida a cualquiera o para acabar con ella (dice Miguel), y hasta un ingenioso, multicultural y entretenido divertimento trazado con una lista de ciento treinta y cinco variadísimas interrogantes para aderezar el ocio de la cotidianidad.

 

Latín. Por qué

Empecé la lectura del libro. Todo iba bien hasta que llegué al último renglón del primer texto del volumen qué dice así: “Todo amor pervive en la memoria, todo ensueño permanece… Si scío”. Gulp, qué dice ahí. Así es, tuve que rescatar de no sé dónde mis apuntes de latín de las clases a las que asistí con el profe Villegas, y que siempre reprobé, por cierto, y así traducir y no sentirme mal con las frases en latín que en ocasiones el autor inicia o remata en algunos de los textos. En fin, las lenguas no han sido lo mío, pero latín, por favor, Miguel. Imaginen otro momento de mi lectura: acababa de leer un relato precioso sobre afectos y mezquindad y agárrense con el título del siguiente: Nobis quoque peccatóribus, familis tuis, yo que solo aprendí dos latinajos: et al y ad hoc, ah y en tiempos recientes modus operandi. En fin, lo único que me consuela es que es una lengua muerta, a menos que Miguel la quiera resucitar.

 

Lirismo

La prosa poética presente en este volumen se derrama en instantáneas sensuales, amorosas, eróticas, donde la complicidad amatoria oscila entre esta triada: el encuentro sensual, la idealización y el “ya merito”, es decir “quiero, pero tú no quieres” o “quieres, pero yo no quiero”, o en otras palabras lo que pudo ser y no fue (eso último sonó a canción de José José).

Para aterrizar un poco lo anterior agrego las siguientes líneas referentes al encuentro erótico:

 

El gran ventanal, proyectando los últimos rayos solares, acaloró más nuestra estancia amatoria y retrató nuestras miradas en un tris semieterno.

[…]

Copas, enseres, sueños, almas, cuerpos y miradas de cristal se perdieron en un brillo refulgente, resaltando nuestros albos cuerpos.

Y como un niño de la Luna besé tus labios y pubis, extraviado, inexorablemente, en la inmensidad de nuestra radiografía amatoria.

[…]

Tomados de la cintura nos enteramos del olor desprendido por nuestras velas de canela e intuimos lo que fue mostrarnos desnudos, ante el delirio de una inflamación provocada por dos perfectos amantes.

Siempre te pretenderé, mientras tenga vida y no me la acabe antes.

 

Y en cuanto al amor platónico apunto este fragmento de poesía en prosa o si quieren prosa poética:

En la madrugada de la casi ventisca, soñé con la doncella de cabello castaño claro y tez holandesa, y creí que ella estaría frente a mi catre... ¡Oh, amargo despertar! No apareció materialmente, mas el espíritu de ella se impuso y juntos viajamos como ánimas en escape hacia lo aún no saboreado.

¡Pero tan solo teníamos dieciséis años!, y yo comenzaba a hacer mías sus preguntas, sus sueños encantados y delirios; a describir sin autorización suya los sentimientos más recónditos de su alma..., he de creer que ya la añoraba y tan temprano, comenzaba yo a sufrir...

Hay una explicación: era ya partícipe de mis nostalgias futuras.

 

Y ahora disfrutemos de estas líneas donde la duda y el odioso raciocinio avasallan la cachonda posibilidad del encuentro amoroso real y la convertirán en nada o tal vez en un simple devaneo:

 

Entonces, ¿te veo mañana?

—Sí, hombre, ni modo que no lo hagas, mañana todavía hay clases.

—¡No seas ácida! Me refiero a encaminarnos juntos. Complicas mis sentimientos…

—Podría ser agria…

—Mejor detente, solo quería proseguir con la conversación que teníamos al salir de clases. Es que…

—¡¿Qué?!

—…Me gustas demasiado, no sé si ya lo habías presentido.

[…]

—Pues sí, pero debemos esperar porque en el penúltimo semestre, que es éste, apenas nos estamos tratando.

—Está bien… El detalle es que ni tú ni yo supimos, hace dos años y fracción, lo que pudo surgir o venirse entre nosotros.

—Te oigo atenta y quisiera dar más, y debes saber que agradezco tu compañía. Sigue haciéndolo igual.

—Me arrepiento no haberte acompañado desde primero o segundo semestres, sí, ya estamos en quinto y soy un idiota; pero sí, sí me gustas desde el principio de la carrera técnica.

—¡Ya! No te dañes.

 

O el remate del texto denominado “Enfilado encanto” donde una ñoña avezada en la geometría solo tiene ojos para reglas, gráficas, escuadras y compases, mientras su compañero, efímero discípulo solo tiene ojos para ella y no para sus imposibles trucos geométricos:

 

Y como una dama casi arquitecto, delineaste en mi cuaderno particiones, trazos y medidas; enseguida pasaste a las bisectrices (semirrectas partiendo del vértice de un ángulo y dividiéndolo internamente en dos partes iguales) y a las mediatrices (con perpendiculares a un segmento por su punto medio). 

¡Qué locura frígida tan estética! Tú volvías arte la Matemática y la Elíptica.

“¿Por qué se me dio el convertirme, por hora y media, en tu pupilo? ¿Podría repetirse tal acto vivencial, tan solo para aprender más con tu voz y donaire?” –me interrogué complacido mientras resolvía ejercicios, deseando transformarme en el compás diestro manipulado por tus manos.

[…]

“¿Es posible que ella hiciera a un lado su hora de comida para atenderme y yo osara servirme como el peor de los bucaneros?”

 

 

Algunos textos muy cortos, y abiertamente poéticos, me recordaron la brevedad y la aparente sencillez de cierta poesía oriental: “Anoche tuve un sueño / y era yo, / colmado de desaires / en tu alcoba…//; “El Sol perdió identidad y alejó su fulgor en aras de la noche, cual vientecillo fatuo.

 

De las pinceladas líricas al anecdotario

A través de recuerdos muy vívidos, el autor nos traslada a remotas cotidianidades. Así es, el anecdotario, parte sustantiva del libro, no podía estar ausente en esta miscelánea literaria.

De una página a otra ya nos colamos a una pachanga familiar, luego saltamos a la inevitable añoranza de los días de la escuela y de ahí a la esquina del Monte de Piedad y por supuesto no podían faltar en un apasionado melómano las referencias al universo musical del pasado ochentero y noventero:

 

Fue, una época que parió y fijó en lo musical una versatilidad ya no escuchada después de 1990. ¿Cómo olvidar aquellos días de escolaridad juvenil en Chihuahua? Oíamos canciones en los corredores aledaños a los salones de clases —durante los recesos—, ¡y en cassettes de cinta magnética de audio! (originales y muchos vírgenes regrabados de 46, 60, 74, 90, 110 y 120 minutos en cinta normal, de cromo o de metal, aunque los más socorridos eran los de 60' y 90' en presentación normal y cromada, ya que los de metal costaban “un ojo de la cara”. Para el 1987 —año de encanto auditivo bajo los efectos del Goth Rock, Synth Pop y Electro Pop ingleses—, el disco Long Play iba ya de salida, debido a que los audiocassettes lo habían remplazado y el CD aún no era comercial por la falta de aparatos en los hogares.

[…]

Entre 1985 y 1992, la mayoría de los varones que nos deleitábamos con el rock británico y estadounidense, recurríamos a cargar en nuestros hombros o manos una radiograbadora portátil y reproductora —doble cassettera autorreversible, en cuya tecnología del momento la cabeza del aparato giraba en sentido inverso para tocar el segundo lado de la cinta, sin necesidad de extraerse, manualmente, el cassette de plástico…

 

El futbol como protagonista del guateque nunca hace mutis.  Viajemos a 1994:

 

—¿Ganará Alemania, el campeón de la Copa pasada? ¿O lo hará Italia mía? –interroga Lilia, la ecuánime.

—En fútbol soccer hay análisis, comentarios y pleitos, pero nada escrito ni intervenido: Un pase en profundidad asesina al raciocinio más complejo –sentencia papá desde el confort de su asiento, torta con muchos chiles rojos y cerveza en manos.

¡Bienvenidos a la World Cup USA 94!

 

Y más adelante otro texto sobre futbol, ahora rememorando el mundial de Rusia 2018:

 

Nuevamente la Fiesta del Fútbol: Rusia, FIFA, las escuadras, los himnos, los fanáticos y los adictos –estos, más obsesivos que los fanáticos, ¡yo!– insuperable en la World Cup, nos golea panópticamente a balón parado y rebotado, entre tiros de esquina, remates y penales auspiciados por la veleidosa bola de gajos.

[…]

Rusia, el país más extenso y precursor de la carrera espacial, se abre ante el orbe mostrándonos su historia, su música sinfónica, su ballet, su teatro, su literatura universal, su artesanía, sus lagos límpidos, su arquitectura y, sobre todo, su don humano: los rusos anfitriones inundan las calles de Moscú, San Petersburgo, Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, Samara, Saransk, Sochi y Volgogrado, con una peculiaridad fraternal […]

Pero son los oriundos de la capital, Moscú, quienes emulan a ciudades cosmopolitas como Ciudad de México (1970 y 1986); New York y San Francisco, en EUA (1994); París, en Francia (1998), y Río de Janeiro, en Brasil (2014), saliendo a bailar con los extranjeros asistentes a la XXI Copa del Mundo Rusia 2018.

Sí, grandioso, la alfombra roja de la pasarela se tendió en la Plaza Roja de Moscú.

 

Y otro más de fut, recordando las tragedias del Scratch du Oro:

 

—Estamos viviendo la XX Copa del Mundo, Brasil 2014, y es de temerse un nuevo “Maracanazo” ahora que el gigante sudamericano organiza, por segunda ocasión, el certamen; por segunda vez después de México, Italia, Francia y Alemania –me dice un amigo.

—¿Y por qué Brasil sigue horrorizado con algo ocurrido a mediados del siglo pasado? Me repugna que tanto prensa escrita como radio, televisión, suplementos diversos e internet destaquen, cada cuatro años, el “Maracanazo” del 16 de julio de 1950 cuando Brasil, como sede, llegó a la final siendo amplio favorito y enmohecido en su propia soberbia, perdió ante la escuadra charrúa de Uruguay 2 por 1 –le replico.

[…]

Pero el “granero” más grande del mundo vio llorar y suicidarse a muchos de sus habitantes, todo por creerse el Titanic del fútbol. Pareciera inverosímil que una IX Copa Mundial como México '70, en donde la oncena brasileña, comandada por Carlos Alberto Parreira y estelarizada por Edson Arantes do Nascimento “Pelé”, carezca, en ratos, del paliativo definitivo para resarcir la derrota del '50… ¿Y sus cinco copas totales? ¿Y las posibles por venir? Y en cambio, Suecia 1958 dotó una final de altura y de respeto (sin congoja), a pesar de fungir como anfitriona y enseguida, imagínate, ¡perder ante Brasil 5 por 2!

 

Ahora subamos la escalinata para entrar a la prepa:

 

La aurora me estremeció en su gelidez cierto día de principios de diciembre, y partí, de introspectivo, a mi antiguo centro escolar ubicado en una zona semi residencial, en la colonia Santa Rita de mi ciudad natal capital.

Me mezclé entre los alumnos de nivel medio superior y subí por la escalinata con vista a la entrada (lo especifico, ya que el edificio porta dos); avancé por sus andenes  (…)

Mi facialidad se asoma en algunas aulas del primer, segundo y tercer piso, en donde estuve seis semestres, ¿pero qué diviso?

[…]

Fuimos la Generación X, ¡la última analógica!... ¡Y conocimos, solo siendo niños, el cartucho de audiocinta 8-tracks! Éste no adelantaba, ni atrasaba, ni rebobinaba la cinta canción por canción, únicamente la captaba por pistas, saltándose o retrasándose por secciones de dos o tres piezas musicales (…).

Divago, entre salones de aquella generación paramédica, y me siento “briago” sin cargar mi ánfora..., parezco monje medieval antorcha en mano, pero apagada por mi sopor. Sí, el recuerdo quema en intermitencias, es fricción recurrente sobre ánimas nostálgicas.

 

Y de ahí recostémonos un poco para leer un idílico homenaje a Tiffany Renee Darwish, interprete de una de las rolas más emblemáticas de los ochenta, I Think We're Alone Now:

 

Refrescaste mi adolescencia, triste en ratos, pero cuando te oía cantar (como lo hago esta noche en mis cintas magnéticas del recuerdo, nombrados santuarios del resguardo), mis apuros y tensiones se desvanecían al compás de tu voz “fresa rockera” y de tu siempre antojable figura a mis sentidos.

 

De los pasajes cotidianos a la diatriba religiosa y generacional

Destaco dos textos ensayísticos del volumen. Uno, lanzando misiles ácidos a los tartufos contemporáneos que pululan en nuestras santas capillas, otro muy logrado sobre los saltos y las peleas entre las generaciones Y y Z.

Al respecto de la prédica religiosa el autor no camina sobre eufemismos y cuestiona abiertamente:

 

Y ningún pastor vendrá a entregarnos otro evangelio cargado con disonancias de dizque unción espiritual, “salvación” a cuentagotas, modernismo y progresismo que, eufemísticamente, termina en el cuidado de la santidad ajena, detrimento para numerosas almas ansiosas de un cálido mensaje espiritual:

[…]

—Como pastor, le pediré que mejor se retire de nuestra congregación, no es sano tenerlo. Búsquese otra iglesia, conforme a su credo y su vida disipada.

—¡Qué mejor resolución! Se ve que su congregación está destinada para recibir a sanos y timoratos que le obedezcan sin chistar, pero aprenda que la Iglesia no es depositaria de la Salvación, solamente transmisora, así que no me pasa ni me pasará nada. A ningún jerarca le gusta ser interpelado ni enfrentado por alguien inferior en cargos, y, paradójicamente, con mejor preparación académica.

 

Y sobre el tema de las etiquetas generacionales el autor arroja sobre el ring a milenials y centenials. ¿Quién se salva? Veamos:

 

El lenguaje digital es la expresión fehaciente desde el año 1995, cuando surgió el primer sistema Microsoft Windows, precisamente Windows 95 y, con él, la “Generación Milenial o Millennial Y” (la última generación del milenio) que conforma a los nacidos a partir de ese año, aunque muchos sociólogos sitúan a este gran grupo entre los nacidos de 1980 a 1999. Lo perceptible es que ellos ya no disfrutan de entretenimientos tradicionales, únicamente lo confabulado con el mundo de los ordenadores: computadoras, tablets y laptops, así como celulares y gadgets.

Entre cambios abruptos, a los “mileniales” se les encararon los “centeniales”, que corresponden a la primera generación del nuevo siglo y se conocen como “Generación Centenial o Centennial Z”, enmarcando a los nacidos a partir del año 2000.

Asistimos a una desarticulación de la sociedad, entorno humano que todo lo resuelve desde la Web, sitio que flota en la nube y posee un conjunto inimaginable de información suspendida en una dirección determinada de Internet (la nube, el éter o drive). Es un sistema lógico de acceso

[…].

La comparación entre un milenial Y y un centenial Z es que ambos son nativos digitales; sin embargo, el milenial Y vivió a una edad muy temprana la irrupción de esta tecnología, mientras que el centenial Z lleva impreso en su identidad el Smartphone, sí, Internet siempre ha estado ahí.

Ambos aprenden mirando tutoriales de Internet, leyendo libros, revistas y diarios, son autodidactas, pero lo que los distingue es que la Generación Z es más selectiva en separar el contenido de sus redes sociales, valorando la privacidad en redes menos conocidas. Ellos, los centeniales, adquieren productos on line preferentemente desde su celular, colocando en segundo término a una laptop, tablet o PC.

 

 

Para finalizar

Por qué el escape, ¿desencanto de la modernidad, ausencia de sentido común, vacuidad existencial, añoranza por lo vintage, hartazgo de la politiquería, alergia al reguetón, derribo de la desmemoria?  Tal vez eso y otras interrogantes gestaron el nacimiento de este libro ¿o simplemente, como dice un escritor francés, por ir en busca del tiempo perdido?

Una serie de textos denominados Escape, El escape I, II, III, IV, V y Escape final, nos darán luz sobre esta interrogante o quizá nos conduzcan a un laberinto de dudas filosóficas interminables. Cito uno de ellos:(página 89).

 

Deja ir, suelta, deja escapar y escapa como en un engatusado bajeo; sí, en un orgánico implexus modus que solo tú desenredarás.

Estírate en la oscuridad que no te nota.

Agéndate para salir airoso/a en cada ocasión ante avatares.

Luces/ haces desatadas.

 

Mejor que cada lector descubra la respuesta, su respuesta con su lectura personal, que incluso puede variar con otras lecturas del mismo texto: polisemia literaria dirían los maestros de teoría poética.

Basta de spoilear (tengo que estar al día con el lenguaje de los centenials) esta nostálgica galería de textos que nos regala hoy a solo un día del inicio de la primavera, Miguel Ramírez Ochoa, sin antes dejar de leer el texto titulado “Entre refracción y línea seca del norte”, que a pesar del título fue de los que más me gustó:

 

Te pronuncio, invocarte sería desgastante debido a que tu fantasma es solo eso: refracción y juego arrebatado curso tras curso, ciclo tras ciclo.

Vil juego en una ruleta, aunque la rueca allanó nuestro destino años atrás.

Tu timbre de voz era mi obsesión y cohesión. Esa sonrisa, con bilet o sin él, y esa risilla atemperada para cada ocasión —y subsecuente estación— traspasaron mi sensualidad.

Mas todo se agotó en espirales de polvo y línea seca del norte.

¡Viene viento!

 

Luis David Hernández Martínez

Marzo 20 del 2026



Luis David Hernández Martínez es licenciado en letras españolas por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Tiene una vasta trayectoria como hombre de teatro: actor, director, dramaturgo. Actualmente es profesor de literatura en la Universidad Tecnológica de Chihuahua.