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lunes, 27 de julio de 2026

Alicia a través del mar


 

Alicia a través del mar

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

La aurora de rosáceos dedos acarició la hierba y entró a hurtadillas por la ventana. Alicia terminaba su último sueño. Los conejos saltaban de la madriguera. Alicia corría a la orilla de la playa tratando de que el oleaje no rozara sus tersas piernas. El mar brillaba con iridiscencias de coral. La espuma estallaba en las rocas. Alicia contemplaba la inmensidad del océano, sus ojos se posaban en el horizonte, a la distancia del tiempo observaba su vida a través del espejo. Ahora el mar la cubría de recuerdos.

En la noche de invierno las imágenes se dibujaban en la frágil imaginación de Alicia, la figura de su padre, alta, fina, nariz aguileña, anteojos redondos, ojos aceitunados, cabello rizado, labios delgados, palabras que brotan de un manantial cristalino, a veces fangoso. Su madre, delgada, blanca, cabello negro, ojos de roble, nariz recta, labios cereza, carnosos, sonrisa resplandeciente en medio de la tormenta. Frágil y hermoso cervatillo en el claro de una foresta. Caminaron por senderos distintos, en noches de oscura tempestad, su madre fue al bosque, su padre a la montaña. En la memoria de Alicia permanecía fresco el recuerdo de soleados días, de tardes de helados, pinturas, rostros, jardines, batallas, mendigos, prostitutas, reyes y princesas, tardes de sonrisas y adioses.

La ausencia impregnada en cada rincón de su piel, en eterna espera. Cerrar y abrir los ojos, correr, reír, beber y llorar, comer, estudiar. En el sueño Alicia sentía los simples placeres de la vida, un padre que la sostuviera con ternura, que le tomara la mano, que juntos rompieran olas, buscaran perlas, caracolas, conchas y estrellas. No eran necesarios los castillos, Alicia los forjaba y destruía en la arena, en su vida, en el sueño.

 


Victoria Montemayor Galicia es doctora en educación, artes y humanidades; maestra en humanidades por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Egresada de la carrera de lengua y literatura modernas letras italianas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha participado en congresos nacionales e internacionales de poesía de los Siglos de Oro, Renacimiento, Barroco, literatura europea, mexicana e hispanoamericana, mito crítica, hermenéutica y tradición clásica. Autora del libro Petrarca y la poesía del Renacimiento, publicado por la UACH. Coordinadora de las licenciaturas en letras españolas y letras hispanoamericanas en la Facultad de Filosofía y Letras, y maestra de lengua italiana en el Centro de Idiomas de la UACH.

lunes, 6 de octubre de 2025

Caos calmo. Victoria Montemayor Galicia


Caos calmo

 

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

I

Silencio del alma

la noche.

 

II

Mariposas cristalinas fulguran

en las dunas de este áureo desierto.

 

III

Ladrón que huye

en medio de la rutilante oscuridad

el tiempo.

 

IV

Deseo

Vacío

Ensueño

Beso prófugo entre las sombras del recuerdo.

 

V

Mar en calma a la luz de la luna roja

tu mirada.

 

VI

Cerezas salvajes

tus besos.

 

VII

Tus ojos me revelaron tu secreto.

Tus manos juguetearon en mi cuello, delinearon

una galaxia de nebulosas y un sol rojo ávido de fuego.

 

VIII

Tus manos se posan en mi castaña cabellera, mi cuerpo se agita.

Tus ojos negros fijos en los míos me llevan a tu interior.

Veo mi figura danzar en tus pensamientos,

tus labios sonrieron.

Conozco tu más profundo deseo.

 

IX

El amor es como el viento, a veces murmura, a veces va lento,

a veces gira, y otras es solo una caricia.

 

X

Canta una canción de luna a los caballos negros

que te llevarán al Hades.

Toma una flor blanca del Tevere y posa entre mis manos

tu corazón aún palpitante.

 

 

Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas letras Italianas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora de los libros Besos en el viento/ De otoño, invierno y otras estaciones y Petrarca y la poesía del Renacimiento/ Traducción y selección de poemas de Petrarca y el Renacimiento italiano. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

¿Qué es un privilegio? ¿Cuáles son esos pequeños privilegios?

 


¿Qué es un privilegio? ¿Cuáles son esos pequeños privilegios?

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

Esta novela titulada Pequeños privilegios, de Javier Flores, es una obra que mediante una amena y detallada prosa nos lleva a un viaje en donde el autor se vale de elementos como la sensualidad, el erotismo, el mundo bajo de las drogas, la noche, la música, el jazz, el arte y a esos pequeños privilegios de manejar un Buick, un Corvette rojo, un Escarabajo blanco, un Blue Cadillac, un Barracuda, un Pontiac 400, y todo lo que involucra vivir y moverse en un mundo como ese.

Los personajes se van intercalando entre los diversos niveles sociales en los que se puede apreciar un manejo detallado y variado del léxico propio del mundo al que pertenece el personaje. Nos encontramos con diferentes tipos de mujeres que se encuentran en diversos mundos: teiboleras, saxofonistas, humildes, prostitutas, hasta una hermosa y fina mujer de nombre Jaqueline, de piernas largas y blancas, que nada apacible e indiferente en la piscina de su residencia.

Como lectores nos dejamos envolver en esta atmósfera de thriller que Javier Flores recrea magistralmente. Podemos percibir la atmósfera del Night Club “cuyo letrero neón enciende y apaga su luz mercurial alternado con una gigante Cirlce replica de Hirst, que expande gas magenta, a la entrada” (49).

Podemos imaginar las sensuales notas que brotan del saxofón: “Los espectadores ovacionan el contoneo de la saxofonista: la luz baila entre sus piernas donde se curva el pabellón del saxo y, arriba, esas dos medialunas blancas que parecen escapar a las costuras del sujetador” (53).

También podemos ver el erótico y sensual movimiento de la becaria Elda Nadia Toral que: “cierra los ojos y se contonea, elevando sus brazos, mientras el flujo de whisky cae sobre sus senos” (13).

Mientras tanto “La humedad cruje en los blumers de un azul cromado como el metal del barracuda que transversalmente cerca la entrada al lugar y que a la luz de la fogata refleja el baile” (13).

Entre bailes, ráfagas de fuego y viento, motores que rugen, dólares que vuelan, el enfrentamiento entre la DEA y la CIA, así como un acercamiento al mundo del arte en donde se percibe una predilección por obras de Miró, Picasso, el aguafuerte de Hirst y de Jean Metzinger, por ejemplo, se van alternando y desarrollando ciertos eventos cruciales que no relataré, para evitar spoilers y que el lector pueda disfrutar la lectura de Pequeños privilegios con un vaso de whisky, vino, o la bebida de su preferencia para dejarse llevar en un viaje permeado de claroscuros entre los diversos mundos que se encuentran y estallan casi al unísono.

 

Flores, Javier: Pequeños privilegios. Editorial Aldea Global, México, 2025.

 


Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas, letras Italianas, por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora de los libros Besos en el viento/ De otoño, invierno y otras estaciones y Petrarca y la poesía del Renacimiento/ Traducción y selección de poemas de Petrarca y el Renacimiento italiano. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

jueves, 19 de junio de 2025

De profundis

 


De profundis

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

Amar es arrojarse al precipicio

sin

paracaídas.

 

I

There is no love

without passion.

There is no passion

without love.

 

II

Come le onde marine

all'alba il viavai del

tuo bel corpo sul mio.

 

Como las ondas del mar

en una dorada mañana

el vaivén de tu cuerpo en el mío.

 

III

Cardamomo y miel

tus labios.

 

IV

A stunning stars

your eyes.

 

V

Lumi del mio cuor

i tuoi occhi.

 

Luces de mi corazón

tus ojos.

 

VI

Contemplo la inmensidad de tu mirada.

Me cobijo con tus brazos y me dejo seducir

por tu dulce aroma de cardamomo y miel.

Morfina tus besos.

Dunas al alba tu dorso.

 

VII

Rojas cerezas

tus besos

que muerdo

poco a poco

ardiendo en deseo.

 

VIII

En noches de estrellas

y luna nueva

tu imagen

enciende mis pensamientos. 

 

IX

Extraño el dulce y suave

murmullo de tus besos

y la musicalidad

de tu piel.

 

X

I tuoi occhi splendono

nel profondo del mio cuor.

 

Tus ojos brillan

en la profundidad de mi corazón.

 


Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas, letras Italianas, por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora de los libros Besos en el viento/ De otoño, invierno y otras estaciones y Petrarca y la poesía del Renacimiento/ Traducción y selección de poemas de Petrarca y el Renacimiento italiano. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

martes, 27 de febrero de 2024

Carlos Montemayor, in memoriam. Aracely Sánchez Ruiz

Collage de Aracely Sánchez Ruiz

Yo opino/ la columna de Aracely

Carlos Montemayor, in memoriam

 

 

Por Aracely Sánchez Ruiz

 

 

Al cumplirse mañana catorce años de su partida, recordamos a Carlos Montemayor, destacado escritor, analista, cuentista, ensayista, investigador, poeta, traductor e intelectual en toda la extensión de la palabra.

Nació el viernes 13 de junio de 1947, en Hidalgo del Parral, donde hizo sus primeros estudios y la preparatoria en la Universidad de Chihuahua. Obtuvo la licenciatura en derecho (2002)​ y una maestría en letras iberoamericanas (1965-1971) en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Real Academia Española y de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas.

Hombre de letras y lingüista nato, estudió hebreo en El Colegio de México, además hablaba francés, griego (arcaico, clásico y vulgar), inglés, italiano, latín y portugués, lo que le permitió traducir obras como la cantata Carmina Burana y las Odas de Píndaro, entre otras.

Su libro Tarahumara es un completo compendio sobre los rarámuri de la Sierra de Chihuahua.

Como novelista escribió Mal de piedra (1980), Minas del retorno (1982), Guerra en el paraíso (1991), Los informes secretos (1999), Las armas del alba (2003), La fuga (2007) y Las mujeres del alba (2010).

Se distinguió en la poesía, con textos como Abril y otros poemas (1979), Finisterra (1982), Los amores pastoriles ‒y en el relato‒: Las llaves de Urgell (1970), El alba y otros cuentos (1986), Operativo en el trópico (1994), Cuentos gnósticos (1997), La tormenta y otras historias (1999).

Poseedor de una tesitura de tenor, sobresalió también en el canto e incluso grabó tres discos con el pianista Antonio Bravo: El último romántico, Canciones napolitanas e italianas y Canciones de María Grever.

Montemayor recibió premios internacionales como el Juan Rulfo por su cuento Operativo en el trópico; Xavier Villaurrutia por Las llaves de Urgell; José Fuentes Mares por su libro de poesía Abril y otras estaciones, y Colima, de narrativa, por Guerra en el paraíso.

Se caracterizó igualmente por su activismo social, sobre todo en favor de los grupos vulnerables de México.

A pesar del fatal diagnóstico de un tumor maligno que se le había detectado a finales de 2009, con gran fortaleza continuó colaborando con el periódico La Jornada, sin embargo ya no le fue posible ver publicado su último libro La violencia de Estado en México: antes y después de 1968.

El domingo 28 de febrero de 2010 Carlos Montemayor perdió la batalla, después de haber permanecido hospitalizado varios días en el Instituto Nacional de Cancerología de CDMX.

Pero más allá de la herencia cultural que dejó a los chihuahuenses, para Victoria Montemayor fue el padre que le apoyaba cuando tenía un problema, al que recurría cada vez que tenía una duda personal, de estudios, o de cuestiones literarias.

En una entrevista que le hice hace doce años, con motivo del segundo aniversario luctuoso, lo describió como un padre que estaba ahí, que cocinaba, reía, con quien podía pasar horas platicando. Al que le tenía toda la confianza del mundo, pues era un gran confesor y sabía muchos aspectos personales de su vida, “un gran padre, tierno, amoroso, que me dio muchísimas cosas”.

Le transmitió su visión humanista y gran amor por las artes y la naturaleza, “a respirar la tierra húmeda, a contemplar el cielo en una noche estrellada, la lluvia, lo hermoso que es la vida humana”.

Y reveló que los recuerdos más significativos que guarda son aquellos días en que iba a cenar a su casa y conversaban de lo que estaba haciendo cada uno.

“Cuando estaba investigando para Las armas del alba, o La fuga, o Las mujeres del alba, llegaba muy emocionado a platicarnos de cuando venía a Chihuahua, la parte realmente íntima, cuando él y yo nos sentábamos a charlar de mis planes y de los suyos”, comentó.

Así mostraba Victoria en ese entonces su orgullo de apellidarse Montemayor, “es un gran honor y toda la obra que mi papá dejó, para mí es un legado inmenso”.

En el presente, la también poeta y ensayista habló del profundo vacío que le dejó la pérdida de su padre, “es un dolor que no cesa, un desear su presencia, escuchar su voz, posarme en sus brazos, desear que todo estuviera bien, hablar de literatura, de mis traducciones, de mis ensayos, de mi escritura, oír su risa, ver sus ojos verdes. Escuchar sus palabras, sus pensamientos prístinos y claros”.

Y así se refirió a su legado, “qué decir a 14 años de distancia, ¿hablar de guerrilla o de poesía? ¿Hablar de análisis político o de traducción? ¿De cuento o novela? Su obra permanece, su voz aún resuena. Falta su presencia”.

 

 

 

 

Aracely Sánchez Ruiz es licenciada en relaciones industriales egresada del Instituto Tecnológico de Chihuahua, trabajó 18 años en El Heraldo de Chihuahua, donde inició como correctora y los últimos doce años como reportera de la sección de espectáculos y cultura. Actualmente escribe notas y comentarios en Facebook.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Victoria Montemayor Galicia. Ágata

 

Ágata

 

 

Por Victoria Montemayor Galicia

 

 

Después de un día de arduo trabajo intelectual, Ágata sólo deseaba llegar a casa, abrazar a su gato negro y sentarse en el sillón a escuchar música con una copa de vino tinto entre sus manos. Después de haber estudiado a los griegos esa tarde, deseaba estar en Cnosos, recorrer el palacio del Rey, sentarse en la sala del trono, cruzar la puerta de los leones, adentrarse en el laberinto, sentir la brisa marina recorrer su cuerpo, pero no. Al menos ese año era imposible el viaje, la pandemia, la crisis.

Se recostó en el sillón con la copa de vino mientras su gato ronroneaba entre sus piernas exigiendo sus caricias. Ágata se adentró en el dédalo de sus pensamientos.

Saber querer, querer osar ¿Será la locura una expresión desenfrenada de inteligencia?¿La libertad es tan solo un espejismo que se pierde en el vacío de la existencia? Saber callar para buscar una verdadera comunicación con nuestro Yo superior y el ser supremo…

Durante siglos el hombre buscó a la divinidad, tanto que los griegos forjaron a sus dioses a su imagen y semejanza, con virtudes y pasiones, quizá más vicios que virtudes. En la Grecia arcaica los gobernantes y la gente consultaban a los oráculos, y las pitonisas dictaban la voz de los dioses, del destino era la sentencia. Ahora el hombre se ha perdido fuera de sí mismo. La inscripción de la escuela de Platón decía “conócete a ti mismo”.

¿Qué es lo que nos forma?

¿A dónde se han ido la inteligencia y la reflexión?

La sabiduría es el don más preciado, decía el rey Salomón. Que sea la sabiduría tu amiga, rezan los proverbios. En la mal llamada etapa oscurantista, allá en la lejana Edad Media hubo mucha luz. En aquella época se desarrollaron corrientes de pensamiento, se estudió la botánica, los clérigos mismos dieron vida a un estilo poético: el místico, el confesional. Llegó el Renacimiento y florecieron las artes y las letras. El pensador italiano Giovanni Pico della Mirándola, exaltó la dignidad humana, la importancia del hombre en el centro del Universo, pero, ¿y la de la mujer?

¡Vaya papelito el de la mujer! Su importancia radicaba en la procreación y educación.

Ágata tomaba el vino. Menos mal que no nací en esa época. Algunas mujeres con rango aristocrático como Leonor de Aquitania, o Cristine de Pisan tuvieron otra educación, lograron cosas que otras por su rango social no pudieron. Jeanne D’Arc, la doncella de Orleans, condujo al ejército francés para poner en el trono a Carlos de Valois y mira lo que le pasó, la quemaron en la hoguera, por bruja, no por loca. Vestirse de hombre y tomar las armas era un atrevimiento, un desafío al stablishment, o ¿habrá sido locura? –pensó.

Encendió la televisión. Desfilaban las modelos de Liverpool, de Palacio de Hierro: una hermosa mujer vestida de negro y maquillaje dramático arroja un ramo de rosas al espejo, “es más fácil conquistar a un hombre que a un espejo” ¿Será? ¡Vaya mundo de la moda! Aunque pensándolo bien, siempre ha existido la moda.

Ágata pensaba en las esculturas griegas, en su amor por la perfección, en su peplo.

─¿Será por eso que nunca estamos contentas con nuestro cuerpo?

“Comparaba después mi talla con la de las estrellas de cine. No daba la medida.” Nunca nada era suficiente. Mira que la Sexton era hermosa, modelo y poeta; pero terminó suicidándose… ¡Qué compleja es la mente! Dédalo inexorable de neuronas y neurosis, psicosis.

El espejo se quebró. Las rosas del jarrón se desparramaron por la alfombra. Otra vez el gato, pensó. Ágata salió de sus pensamientos, cruzó el pasillo y se detuvo frente al espejo, ¿de dónde sacó ese vestido blanco? ¿Cuándo se recogió el cabello? ¿Y las sandalias?

Tocó su cuerpo tratando de cerciorarse que en realidad era ella, no la otra. Sus mismos ojos castaños, sus mismos labios, el tono de piel más oscurecido, la luz ─pensó. Nunca se había percatado que los libros fueran tan peligrosos, la locura, Sancho, te bifurca.

La noche era cálida, las estrellas fulguraban, una brisa suave entraba por la ventana. Ágata se asomó al espejo, del otro lado un mar turquesa la esperaba.

 






Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas letras Italianas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a punto de graduarse de la maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora de los libros Besos en el viento/ De otoño, invierno y otras estaciones y Petrarca y la poesía del Renacimiento/ Traducción y selección de poemas de Petrarca y el Renacimiento italiano. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

lunes, 30 de marzo de 2020

Victoria Montemayor Galicia. Tras el espejo, la musa

Tras el espejo, la musa


Por Victoria Montemayor Galicia


I
Frente al espejo la musa escribe.
Se mira, piensa, titubea un poco.
Se muerde el labio.
Escribe frases, palabras.
Quizá sin sentido.
Escribe.
Se observa.
Percibe su belleza,
su rostro blanco,
sus labios rojos.
Piensa.
Ahora escucha una voz,
eco sonoro que recorre su cuerpo.
Se imagina al otro lado, en el umbral del tiempo.
Al final del sueño, al final del juego,
otros seres, otro destino, otro espejo.
Solo quimeras desvaneciéndose en la arena.

II
Soy un mundo de recuerdos,
paisaje montañoso en la neblina.

III
La noche, torrente de estrellas
precipitándose en el colorido
océano de mi mente.

IV
Amistad:
arrebol de iridiscencias inmarcesibles.

VI
Eres sol, luz, viento y tinieblas,
azar que ronda el barco pirata
de mis ensueños.

VII
Fragilidad, fugacidad:
Instante en el que somos mortalmente

eternos.

VIII
Amor, locura…
¿Qué es la locura cuando se trata de amor?

IX
Turquesa, espejo vivaz de la memoria,
siglos de inmensidad surcando ondas.

X
En una noche de verano
la luna roja asomaba sus filosos cuernos,
el sonido rauco del mar
formaba sueños de cristal
y el minotauro jugueteaba
con quimeras de caracol.


Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas letras Italianas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a punto de graduarse de la maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora de los libros Besos en el viento/ De otoño, invierno y otras estaciones y Petrarca y la poesía del Renacimiento/ Traducción y selección de poemas de Petrarca y el Renacimiento italiano. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Victoria Montemayor Galicia. Solo los valientes se sobreponen al desierto… El eslabón de Biescas, de Marión Durán Luján

Solo los valientes se sobreponen al desierto… El eslabón de Biescas, de Marión Durán Luján


Por Victoria Montemayor Galicia


“Cuando naces mexicano y en tierra árida, comprendes que la vida te juega sin sabores para poner a prueba tu carácter fuerte, solo los valientes se sobreponen al desierto.” En esta novela, El eslabón de Biescas, de la escritora Marión Durán Luján, podemos observar cómo los personajes se sobreponen al desierto o se someten a su destino. El texto se compone de ocho fascinantes capítulos. La historia se desarrolla entre 1910 y 1926. Al final de la obra el lector es sorprendido por diversas vueltas de tuerca que no es mi propósito describir aquí.
El eslabón de Biescas es una novela romántica; el escenario es una finca que pareciera encontrarse abandonada a su suerte en un desierto coronado por dunas blancas. La vida y el carácter de los personajes están forjados por este desierto; un dejo de amor y fatalidad recorre la historia: “La comunidad de las dunas está compuesta por gente muy unida, supongo que se debe a la cercanía sentimental que compartimos […] En el transitar de las generaciones vemos crecer a los niños y envejecer a los adultos, todos coexistimos con las inclemencias del tiempo y no solo eso, la imperante necesidad de aprender a vivir en un lugar donde el agua es un tesoro escurridizo que se cuela entre las grietas del yermo suelo. // Lo más trascendente de este lugar es una característica muy particular de la comunidad: su fortaleza.” El desierto de Biescas, su paisaje e inclemencias parecieran interactuar en el porvenir de los personajes.
El personaje que narra la historia y cuenta su vida se llama Abel, nombre bíblico con el que él se siente: “condenado a vivir entre tanta arena, sentenciado al anonimato, soy tan insignificante en un mundo olvidado por el tiempo, desde pequeño fue así, mis padres me ataron a este calvario con el nombre de Abel.” Si recordamos la historia bíblica, fue Abel quien murió a manos de Caín. Encontraremos una metamorfosis sutil e interesante del personaje en la obra. Es Abel quien nos presenta a los protagonistas.
Abel entrará a trabajar a la finca de don Eugenio: “Don Eugenio, un hombre acaudalado, diría yo… el más rico de todos, si no me equivoco también es el hombre más solitario, vive en una hermosa hacienda que se ve desde cualquier ángulo del pueblo. Él se dedica a vender provisiones, alimentar caballos y muchas otras actividades, la gente dice que en su hacienda siempre hay de todo lo que uno busque, desde medicamentos hasta ropa, él los vende a precios accesibles para todo el mundo. A pesar de que don Eugenio es un hombre frío, no es ambicioso ni trata mal a nadie, simplemente es un señor como los de antes, de los que ya no existen, respetuoso pero leal, de esos que se preocupan por el bien del prójimo, pero al mismo tiempo son muy discretos y reservados, guardan lo mejor para sí mismos.” El retrato de don Eugenio es de una gran persona que ha aprendido a vivir de su trabajo, a persistir en el desierto. Ayudar y dar trabajo a su gente, servir a las personas que transitan por Biescas.
Una historia romántica, de amor puro, de compañerismo, de lealtad, de ideales, donde la fuerza y el trabajo tienen que realizarse cada día para subsistir en este desierto que es Biescas. A lo largo de la obra vamos observando el carácter fuerte y noble de don Eugenio, quien se encontrará con el amor de su vida llamando literalmente a su puerta en una fría noche de viento, tres golpes fuertes en el eslabón: “En un instante, entre la tolvanera y los médanos que se trasladaban arrastrándose jalados por el viento al interior de la hacienda hasta llegar al patio principal, entró pavoneándose un carruaje ornamentado de color obscuro, se escuchaba el sonido de las pezuñas contra el suelo de los caballos que tiraban del armazón de fina madera. […] Logró cerrar el portón con la escasa fuerza que le quedaba. Al enderezarse y virar lentamente, sus ojos pudieron contemplar por primera vez a una mujer que solo había visto en sueños, bajando del carruaje como una marquesa, dejando ver su hermosura acompañada de una estampa esbelta, de cabellera larga y negra como seda brillosa”, de labios bermejos. Es cuando el amor finalmente entra por su gran puerta.
El personaje femenino que le devuelve la vida a don Eugenio es Evangelina, pero todos le dicen La Negra. En esta dama cuyo retrato es de belleza, porte y elegancia, la escritora también nos deja ver su sencillez, amabilidad, y amor a don Eugenio, la lealtad y la fuerza del trabajo en pareja: “La Negra y don Eugenio, al pasar los meses, se hicieron mucho más cercanos de lo que nunca habían sido con otras personas, cocinaban en pareja, se ayudaban con las tareas del hogar y del negocio, mientras don Eugenio atendía a los forasteros, La Negra daba agua y paja a los caballos. Las tareas se habían simplificado haciendo la vida mucho más amena para ambos, había reverdecido en su interior algo sin precedentes, en los momentos que tenían libres paseaban por la plaza.”
Al personaje de La Negra se contrapone el de su sirvienta Martha, quien con el paso del tiempo se convierte en su amiga y confidente. Cuatro mujeres conviven en esta historia, las cuatro son diversas. El eslabón de Biescas por momentos pareciera ser un retrato costumbrista, de una época que ahora vive en la memoria de los abuelos. En esta maravillosa obra también encontramos metáforas diversas e interesantes, como: “La desventura se ató a nuestro tobillo como un grillete” o “Mientras tanto sigo aquí, esperando la mágica seducción que vive dentro de las dunas”.
“¿Cómo se puede estar de acuerdo al infortunio? me hubieran nombrado Caín, apelativo mucho más enérgico, tenaz, con menos miseria que la que le tocó vivir al Abel bíblico y al de Biescas.”Comenta Abel. Quizá el cambio trágico en la historia corresponda al árido paisaje en el que se desenvuelven los personajes.
Para el año 1956, “La arena convirtió a la hacienda y a las humildes casas que la rodeaban en un recuerdo. El acceso a Biescas se hizo cada año más difícil.” La obra envuelve al lector en este fascinante mundo del desierto de Biescas, para posteriormente encontrarnos con la escritora Eleonor Márquez, y su querido amigo Amador. Podríamos incluso preguntarnos sobre estos nombres, que dan un estupendo juego que será revelado al lector.
En esta novela podemos apreciar las dotes narrativas de Marión Durán para envolvernos en este maravilloso desierto de dunas blancas en donde cualquier cosa puede suceder, en donde el trabajo, la prosperidad, la amistad, el amor y la lealtad son los valores principales. Pero como en toda historia, no solo convive el amor, sino también la traición, el desamor y la falta de valores como la deslealtad se desenvuelven en el árido clima de Biescas.
Durán Luján, Marión: El eslabón de Biescas. Editorial Amazon, México, 2019.



Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas letras Italianas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a punto de graduarse de la maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora del libro Besos en el viento: De otoño, invierno y otras estaciones. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.