miércoles, 2 de octubre de 2019

Victoria Montemayor Galicia. Solo los valientes se sobreponen al desierto… El eslabón de Biescas, de Marión Durán Luján

Solo los valientes se sobreponen al desierto… El eslabón de Biescas, de Marión Durán Luján


Por Victoria Montemayor Galicia


“Cuando naces mexicano y en tierra árida, comprendes que la vida te juega sin sabores para poner a prueba tu carácter fuerte, solo los valientes se sobreponen al desierto.” En esta novela, El eslabón de Biescas, de la escritora Marión Durán Luján, podemos observar cómo los personajes se sobreponen al desierto o se someten a su destino. El texto se compone de ocho fascinantes capítulos. La historia se desarrolla entre 1910 y 1926. Al final de la obra el lector es sorprendido por diversas vueltas de tuerca que no es mi propósito describir aquí.
El eslabón de Biescas es una novela romántica; el escenario es una finca que pareciera encontrarse abandonada a su suerte en un desierto coronado por dunas blancas. La vida y el carácter de los personajes están forjados por este desierto; un dejo de amor y fatalidad recorre la historia: “La comunidad de las dunas está compuesta por gente muy unida, supongo que se debe a la cercanía sentimental que compartimos […] En el transitar de las generaciones vemos crecer a los niños y envejecer a los adultos, todos coexistimos con las inclemencias del tiempo y no solo eso, la imperante necesidad de aprender a vivir en un lugar donde el agua es un tesoro escurridizo que se cuela entre las grietas del yermo suelo. // Lo más trascendente de este lugar es una característica muy particular de la comunidad: su fortaleza.” El desierto de Biescas, su paisaje e inclemencias parecieran interactuar en el porvenir de los personajes.
El personaje que narra la historia y cuenta su vida se llama Abel, nombre bíblico con el que él se siente: “condenado a vivir entre tanta arena, sentenciado al anonimato, soy tan insignificante en un mundo olvidado por el tiempo, desde pequeño fue así, mis padres me ataron a este calvario con el nombre de Abel.” Si recordamos la historia bíblica, fue Abel quien murió a manos de Caín. Encontraremos una metamorfosis sutil e interesante del personaje en la obra. Es Abel quien nos presenta a los protagonistas.
Abel entrará a trabajar a la finca de don Eugenio: “Don Eugenio, un hombre acaudalado, diría yo… el más rico de todos, si no me equivoco también es el hombre más solitario, vive en una hermosa hacienda que se ve desde cualquier ángulo del pueblo. Él se dedica a vender provisiones, alimentar caballos y muchas otras actividades, la gente dice que en su hacienda siempre hay de todo lo que uno busque, desde medicamentos hasta ropa, él los vende a precios accesibles para todo el mundo. A pesar de que don Eugenio es un hombre frío, no es ambicioso ni trata mal a nadie, simplemente es un señor como los de antes, de los que ya no existen, respetuoso pero leal, de esos que se preocupan por el bien del prójimo, pero al mismo tiempo son muy discretos y reservados, guardan lo mejor para sí mismos.” El retrato de don Eugenio es de una gran persona que ha aprendido a vivir de su trabajo, a persistir en el desierto. Ayudar y dar trabajo a su gente, servir a las personas que transitan por Biescas.
Una historia romántica, de amor puro, de compañerismo, de lealtad, de ideales, donde la fuerza y el trabajo tienen que realizarse cada día para subsistir en este desierto que es Biescas. A lo largo de la obra vamos observando el carácter fuerte y noble de don Eugenio, quien se encontrará con el amor de su vida llamando literalmente a su puerta en una fría noche de viento, tres golpes fuertes en el eslabón: “En un instante, entre la tolvanera y los médanos que se trasladaban arrastrándose jalados por el viento al interior de la hacienda hasta llegar al patio principal, entró pavoneándose un carruaje ornamentado de color obscuro, se escuchaba el sonido de las pezuñas contra el suelo de los caballos que tiraban del armazón de fina madera. […] Logró cerrar el portón con la escasa fuerza que le quedaba. Al enderezarse y virar lentamente, sus ojos pudieron contemplar por primera vez a una mujer que solo había visto en sueños, bajando del carruaje como una marquesa, dejando ver su hermosura acompañada de una estampa esbelta, de cabellera larga y negra como seda brillosa”, de labios bermejos. Es cuando el amor finalmente entra por su gran puerta.
El personaje femenino que le devuelve la vida a don Eugenio es Evangelina, pero todos le dicen La Negra. En esta dama cuyo retrato es de belleza, porte y elegancia, la escritora también nos deja ver su sencillez, amabilidad, y amor a don Eugenio, la lealtad y la fuerza del trabajo en pareja: “La Negra y don Eugenio, al pasar los meses, se hicieron mucho más cercanos de lo que nunca habían sido con otras personas, cocinaban en pareja, se ayudaban con las tareas del hogar y del negocio, mientras don Eugenio atendía a los forasteros, La Negra daba agua y paja a los caballos. Las tareas se habían simplificado haciendo la vida mucho más amena para ambos, había reverdecido en su interior algo sin precedentes, en los momentos que tenían libres paseaban por la plaza.”
Al personaje de La Negra se contrapone el de su sirvienta Martha, quien con el paso del tiempo se convierte en su amiga y confidente. Cuatro mujeres conviven en esta historia, las cuatro son diversas. El eslabón de Biescas por momentos pareciera ser un retrato costumbrista, de una época que ahora vive en la memoria de los abuelos. En esta maravillosa obra también encontramos metáforas diversas e interesantes, como: “La desventura se ató a nuestro tobillo como un grillete” o “Mientras tanto sigo aquí, esperando la mágica seducción que vive dentro de las dunas”.
“¿Cómo se puede estar de acuerdo al infortunio? me hubieran nombrado Caín, apelativo mucho más enérgico, tenaz, con menos miseria que la que le tocó vivir al Abel bíblico y al de Biescas.”Comenta Abel. Quizá el cambio trágico en la historia corresponda al árido paisaje en el que se desenvuelven los personajes.
Para el año 1956, “La arena convirtió a la hacienda y a las humildes casas que la rodeaban en un recuerdo. El acceso a Biescas se hizo cada año más difícil.” La obra envuelve al lector en este fascinante mundo del desierto de Biescas, para posteriormente encontrarnos con la escritora Eleonor Márquez, y su querido amigo Amador. Podríamos incluso preguntarnos sobre estos nombres, que dan un estupendo juego que será revelado al lector.
En esta novela podemos apreciar las dotes narrativas de Marión Durán para envolvernos en este maravilloso desierto de dunas blancas en donde cualquier cosa puede suceder, en donde el trabajo, la prosperidad, la amistad, el amor y la lealtad son los valores principales. Pero como en toda historia, no solo convive el amor, sino también la traición, el desamor y la falta de valores como la deslealtad se desenvuelven en el árido clima de Biescas.
Durán Luján, Marión: El eslabón de Biescas. Editorial Amazon, México, 2019.



Victoria María Montemayor Galicia es licenciada en lengua y literatura modernas letras Italianas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a punto de graduarse de la maestría en humanidades por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua. Ponente en congresos de literatura mexicana contemporánea celebrados en UTEP y en el XVII Congreso de la Asociación Internacional de Teatro Español y Novohispano de los Siglos de Oro, celebrado en Queens College, NY. Traductora del libro Políticas de la identidad en el otro occidente, la etnización de la política en la América indígena, (México, Ecuador y Bolivia) de Piero Gorza. Es autora del libro Besos en el viento: De otoño, invierno y otras estaciones. Actualmente es profesora de literatura en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

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