Depeche Mode – Music for the Masses
(1987)
Por: Miq Ramírez Ochoa
Música
para las masas, no siempre se
entendió el trasfondo metafísico musical del cuarteto inglés Depeche Mode, pero
el álbum se intituló así con el deseo de hacerlo llegar a las masas. Music
for the Masses es el sexto álbum de esta banda británica y el de mayor
éxito, junto con Violator, de 1990.
La gira que secundó a esta creación
conglomeró muchedumbres y estadios llenos, mas no todo Occidente entiende el
desahogo estético e interno de bandas como los Depeche, Pink Floyd, Alan
Parsons, Supertramp, Electric Light, todas estas británicas.
David Gahan es la voz principal de la
banda: en la canción “Behind the wheel” canta a dueto con Martin Gore, el
compositor de todas las letras; en “Never let me down again” y “Sacred” cantan
a dueto parcialmente. Martin Gore se encarga de los sintetizadores, sampler,
guitarra y segunda voz, interviene en los temas “The things you said” y “I want
you now”. Alan Wilder ejecuta también los sintetizadores, teclados, arreglos y
apoyo vocal en “Nothing”. Andrew Fletcher igual acompañó en sintetizadores,
sampler y bajo, colaborando con su voz en “Nothing”.
Este discazo se lanzó el 28 de septiembre
de 1987, cuando yo era un bato dieciseisañero con muchas ilusiones y fui
atrapado por su sonido Synth pop y Dark wave. Fue presentado en los formatos
disco LP, cassette de cinta magnética y disco CD. La edición en cassette es más
difícil de localizar que los demás formatos, y fue la primera en desaparecer
para Music for the Masses (dato curioso porque el primer formato que se
retiró de estos tres fue el LP, en 1990).
El long play abre con la rola “Never let
me down again”, y desde los primeros acordes de guitarra se pasa al
sintetizador y teclado grave. Sí, ¡aquí se rompe el alma!: la gran voz nasal,
grave y acompasada de Dave Gahan anuncia que todo el disco será de desgarre
instrumental y letrista. Nos dice la letra: Estoy dando un paseo con mi
mejor amigo, espero que nunca me decepcione de nuevo, él sabe a dónde me lleva
llevándome a donde quiero estar. Estamos volando alto, estamos viendo el mundo
pasar por nosotros, nunca quiero bajar, no quiero volver a poner los pies en el
suelo. Nunca me decepciones (bis). Mira las estrellas, ellas brillan
intensamente, todo está bien esta noche. (I’m taking a ride with my best
friend, I hope he never lets me down again, he knows where he's taking me
taking me where I want to be… We're flying high, we're watching the world pass
us by, never want to come down, never want to put my feet back down on the
ground… Never let me down (bis)… See the stars, they're shining bright,
everything's alright tonight…).
Por supuesto que Martin Gore no se queda
atrás en la segunda canción “The things you said”, donde muestra la decepción
de un secreto revelado, secreto roto por una dama que se ventiló hacia los
amigos de Gore, a quienes el músico defiende porque entre ellos se conocen sus
debilidades. Aquí predomina la lírica melancólica.
Y nos seguimos con un tema exuberante de
principio a fin, melódico en catarsis y con esa voz carismática de Dave Gahan:
“Strangelove”, destacado con el órgano rítmico de Alan Wilder:
Amor extraño, extraños altos y extraños
bajos, amor extraño, así va mi amor, amor extraño, ¿me lo darás? ¿Tomarás el
dolor que te daré una y otra vez? ¿Lo devolverás? Dolor, ¿lo devolverás? Lo
diré de nuevo, dolor. (Strangelove, strange highs and strange lows,
strangelove, that's how my
love goes, strangelove, will you give it to me? Will you take the pain I'll
give to you again and again? Will you return it?... Pain, will you return it?
I'll say it again, pain…).
Un cabito suelto une “Strangelove” con
“Sacred”, piezas gemelas en ardor conceptual, y máxime cuando uno tenía 16 años
aquel año 1987, embelesado en una adolescencia gimiendo por la pequeña dama del
salón escolar; una adolescencia en su etimología latina de adoléscere, o
adolecer, por aquel lejano brillo lunar ante el rostro de uno mismo.
Mejor continúo con la reseña, antes de
naufragar en el estanque del recuerdo. “Sacred” se destaca también en órgano,
combinándose con percusiones y un bajeo fervoroso, igual que su antecesora
“Strangelove”, y sus sonidos son netamente electrónicos (como todo buen ejemplo
de los años ochenta). Esta composición es de trasfondo religioso: Sagrado
para ponerlo en palabras, para escribirlo, eso es caminar por tierra sagrada,
pero es mi deber. (Sacred to put it in words, to write it down, that is walking on hallowed
ground, but it's my duty…).
Sobreviene “Little 15”, elaborada con
sintetizador y piano, habla sobre sonrisas y sorpresas en la puberta edad de
los 15; enseguida aparece “Behind the Wheel”, con su crudo, conceptual y
profundo sonido de finales de los ochenta, restregándonos:
Mi pequeña niña conduce a cualquier lugar,
haz lo que quieras, no me importa. Esta noche estoy en manos del destino, me
entrego en un plato. Ahora. (My little girl drive anywhere, do what you want, I
don’t care. Tonight I'm in the hands of fate, I hand myself over on a plate.
Now…).
“I want you now”, cantada por Martin Gore,
es un tema sexual y una queja sobre un amor que no esperará.
“To have and to hold” es un sampleo en
ruso que murmura, al principio, sobre los arsenales nucleares soviéticos (a dos
últimos años de la Guerra Fría), pasando a la voz de Gahan que habla sobre
pecado y perdón.
“Nothing”, tema sobre la inacción, pero
con una gran belleza electrónica y de cuerdas. Cautivó en la radio igual que Never
let me down again, Strangelove y Sacred.
“Pimpf” es una pieza acústica con piano,
claves, coros masculinos y órgano, ideada por Alan Wilder, y que pareciera
transportarnos al castillo de Transilvania en Rumania, con ese halo gótico en
sonidos.
“Agent Orange”, también
acústico-instrumental, es obsesivo, fascinante, inconfundiblemente electrónico
y dedicado al agente naranja de la guerra de Vietnam. Aunque parte de un
acontecimiento terrible (el napalm fue un químico arrojado por Estados Unidos a
Vietnam, Laos y parte de Camboya, durante la guerra sostenida entre
estadounidenses y rusos por el control de Vietnam, con el ecocida objetivo de
eliminar la espesa vegetación que proporcionaba protección a soldados), su
música es contagiosa.
El álbum culmina con “Pleasure little
treasure”, con el consabido uso del sampler en esta agrupación. Habla de la
razón del placer. El sampler fue introducido por Depeche Mode desde su
fundación, en 1981, como una innovación en la música semejante al sintetizador;
este último genera sonidos mientras que el sampler usa grabaciones que son
reproducidas por un teclado en una polifonía (muchos sonidos al mismo tiempo).
Music for the Masses cautivó con su sonido melancólico y produjo
una gira llamada Tour for the Masses, de 1987 a 1988, con 101
presentaciones, por lo cual salió un álbum en directo titulado 101. Fue
editado en disco doble LP, doble disco compacto, doble cassette de cinta
magnética de audio, videocinta VHS y Laserdisc.
Posteriormente, salió en DVD y en UMD
(Universal Media Disc). Gran parte de la grabación de 101 se concentra
en el concierto dado en el estadio Rose Bowl de Pasadena, California, el 18 de
junio de 1988.
Miq Ramírez Ochoa especialista en latín, articulista en El Heraldo de Chihuahua a partir de abril de 1989 y autor de los libros Sendero estival y las novelas En busca de un año y El escape, tiene un diplomado en paleografía por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Trabajó en el Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua como corrector de textos, como bibliotecario y como profesor de Taller Literario.


No hay comentarios:
Publicar un comentario