sábado, 23 de mayo de 2026

La mujer que bailó para que otros se atrevieran a bailar

 

Diseño gráfico: Marco Benavides

La mujer que bailó para que otros se atrevieran a bailar

 

Por Marco Benavides

 

Hay cuerpos que no se olvidan. No que hayan sido perfectos, sino que supieron moverse con una libertad que el resto del mundo todavía ensayaba. Raffaella María Roberta Pelloni nació en Bolonia en 1943, en plena guerra, cuando Italia olía a ceniza y a miedo. Nadie habría apostado, en aquel verano devastado, que esa niña terminaría siendo el ritmo de un continente.

Raffaella Carrà creció entre el mar Adriático y la heladería familiar, con los pies inquietos y los oídos abiertos a una música que los demás aún no escuchaban. A los ocho años ya estudiaba danza en Roma, en la Accademia Nazionale di Danza, aprendiendo lo que tardaría años en comprender del todo: que el cuerpo es un idioma y que hay quienes lo hablan con acento de libertad. Pasó después por el Centro Sperimentale di Cinematografia, actuó en Hollywood junto a Frank Sinatra, cruzó océanos. Pero el brillo de los estudios estadounidenses no la atrapó. Volvió a Europa como quien regresa a sí misma.

Fue en los estudios de la RAI donde Raffaella dejó de ser una promesa para volverse un fenómeno. La televisión italiana de los años sesenta era todavía rígida, solemne, corseteada por la moral de la posguerra. Y entonces apareció ella: rubia, eléctrica, con una sonrisa que no pedía permiso. El Tuca Tuca esa coreografía juguetona y escandalosa donde los cuerpos se tocaban sin culpa desató indignaciones y aplausos en la misma semana. Raffaella no se inmutó. Siguió bailando.

Su nombre artístico lo tomó del pintor futurista Carlo Carrà, como si supiera desde el principio que pertenecía a la vanguardia. Y así fue: su música viajó más lejos que ella. Fiesta, Rumore, Hay que venir al sur, Tanti auguri, Lucas… Canciones grabadas en italiano, español, inglés, francés y alemán. Más de sesenta millones de discos vendidos. Una voz cálida y luminosa que hablaba del deseo sin disculparse, de la alegría como un derecho, del cuerpo como algo que celebrar y no esconder.

Cuando llegó a España, el público la reconoció de inmediato con esa extraña certeza con la que se reconoce a quien ya esperaba. En ¡Hola Raffaella! mostró una cercanía que desbordaba la pantalla. En América Latina su español perfecto y su energía sin fronteras la volvieron casi doméstica: era la invitada que todos querían en casa, la voz que sonaba en las fiestas y también en las cocinas.

Raffaella nunca se proclamó activista, pero su presencia fue, en sí misma, un argumento. Habló del cuerpo femenino con naturalidad, defendió la autonomía de las mujeres, normalizó el deseo en horarios de máxima audiencia. La comunidad LGBT+ la adoptó como un faro de alegría y ella correspondió con afecto genuino, sin postureo ni condescendencia. Era de las que celebraban sin calcular.

Murió en Roma el 5 de julio de 2021, a los setenta y ocho años, de un cáncer que guardó en estricto secreto, como quien protege la última habitación de su intimidad. Italia y España la lloraron con homenajes multitudinarios. Pero quizás el tributo más verdadero no fue el de los titulares, sino el de todas las personas que esa semana pusieron una de sus canciones y sintieron que algo seguía vivo.

Raffaella Carrà no fue solo una artista: fue un estado de ánimo. Una forma de estar en el mundo con brillo y sin vergüenza. Su melena rubia, su energía incandescente, su risa franca: todo eso permanece en las fiestas donde suena su música, en los gestos que ella inauguró, en las persona que encontraron en su libertad un permiso para la propia.

Bailó para que otros se atrevieran a bailar. ¡Y vaya si lo lograron!

 

Dr. Marco Benavides, 5 marzo 2026

 


Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico. Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med Multilingua.

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