La mujer que bailó para que otros se atrevieran a
bailar
Por Marco Benavides
Hay cuerpos que no se olvidan. No que
hayan sido perfectos, sino que supieron moverse con una libertad que el resto
del mundo todavía ensayaba. Raffaella María Roberta Pelloni nació en Bolonia en
1943, en plena guerra, cuando Italia olía a ceniza y a miedo. Nadie habría
apostado, en aquel verano devastado, que esa niña terminaría siendo el ritmo de
un continente.
Raffaella Carrà creció entre el mar
Adriático y la heladería familiar, con los pies inquietos y los oídos abiertos
a una música que los demás aún no escuchaban. A los ocho años ya estudiaba
danza en Roma, en la Accademia Nazionale di Danza, aprendiendo lo que tardaría
años en comprender del todo: que el cuerpo es un idioma y que hay quienes lo
hablan con acento de libertad. Pasó después por el Centro Sperimentale di
Cinematografia, actuó en Hollywood junto a Frank Sinatra, cruzó océanos. Pero
el brillo de los estudios estadounidenses no la atrapó. Volvió a Europa como
quien regresa a sí misma.
Fue en los estudios de la RAI donde
Raffaella dejó de ser una promesa para volverse un fenómeno. La televisión
italiana de los años sesenta era todavía rígida, solemne, corseteada por la
moral de la posguerra. Y entonces apareció ella: rubia, eléctrica, con una
sonrisa que no pedía permiso. El Tuca Tuca ‒esa
coreografía juguetona y escandalosa donde los cuerpos se tocaban sin culpa‒ desató indignaciones y aplausos en
la misma semana. Raffaella no se inmutó. Siguió bailando.
Su nombre artístico lo tomó del
pintor futurista Carlo Carrà, como si supiera desde el principio que pertenecía
a la vanguardia. Y así fue: su música viajó más lejos que ella. Fiesta, Rumore,
Hay que venir al sur, Tanti auguri, Lucas… Canciones
grabadas en italiano, español, inglés, francés y alemán. Más de sesenta
millones de discos vendidos. Una voz cálida y luminosa que hablaba del deseo
sin disculparse, de la alegría como un derecho, del cuerpo como algo que
celebrar y no esconder.
Cuando llegó a España, el público la
reconoció de inmediato con esa extraña certeza con la que se reconoce a quien
ya esperaba. En ¡Hola Raffaella! mostró una cercanía que desbordaba la
pantalla. En América Latina su español perfecto y su energía sin fronteras la
volvieron casi doméstica: era la invitada que todos querían en casa, la voz que
sonaba en las fiestas y también en las cocinas.
Raffaella nunca se proclamó
activista, pero su presencia fue, en sí misma, un argumento. Habló del cuerpo
femenino con naturalidad, defendió la autonomía de las mujeres, normalizó el
deseo en horarios de máxima audiencia. La comunidad LGBT+ la adoptó como un
faro de alegría y ella correspondió con afecto genuino, sin postureo ni
condescendencia. Era de las que celebraban sin calcular.
Murió en Roma el 5 de julio de 2021,
a los setenta y ocho años, de un cáncer que guardó en estricto secreto, como
quien protege la última habitación de su intimidad. Italia y España la lloraron
con homenajes multitudinarios. Pero quizás el tributo más verdadero no fue el
de los titulares, sino el de todas las personas que esa semana pusieron una de
sus canciones y sintieron que algo seguía vivo.
Raffaella Carrà no fue solo una
artista: fue un estado de ánimo. Una forma de estar en el mundo con brillo y
sin vergüenza. Su melena rubia, su energía incandescente, su risa franca: todo
eso permanece en las fiestas donde suena su música, en los gestos que ella
inauguró, en las persona que encontraron en su libertad un permiso para la
propia.
Bailó para que otros se atrevieran a
bailar. ¡Y vaya si lo lograron!
Dr. Marco Benavides, 5 marzo 2026
Marco Vinicio Benavides Sánchez es médico
cirujano y partero por la Universidad Autónoma de Chihuahua; título en cirugía
general por la Universidad Autónoma de Coahuila; entrenamiento clínico en
servicio en trasplante de órganos y tejidos en la Universität Innsbruck, el
Hospital Universitario en Austria, y en el Instituto Mexicano del Seguro
Social. Ha trabajado en el Instituto Mexicano del Seguro Social como médico
general, cirujano general y cirujano de trasplante, y también fue jefe del
Departamento de Cirugía General, coordinador clínico y subdirector médico.
Actualmente jubilado por años de servicio. Autor y coautor de artículos médicos
en trasplante renal e inmunosupresión. Experiencia académica como profesor de
cirugía en la Universidad Autónoma de Chihuahua; profesor de anatomía y
fisiología en la Universidad de Durango. Actualmente, investiga sobre
inteligencia artificial en medicina. Es autor y editor de la revista web Med
Multilingua.

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