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domingo, 21 de diciembre de 2025

Al margen de la almohada

 


Al margen de la almohada

 

Por Alejandra Hernández Figueroa

 

Mi noche se tiñe de silencio

y un haz de sombras

puebla el insomnio

de mi piel deshabitada.

 

La misma noche me padece y tiembla

cuando mis pasos regresan

por la callada región de la memoria

y las mismas sombras abren la ventana

derramando la impiedad del viento

en mi aterida soledad.

 

Ruedan lamentos

a la zaga de tu nombre escrito en la vigilia

de un invierno lento y frío.

 


Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasén poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

viernes, 9 de agosto de 2024

Dorotea. Alejandra Hernández

Dorotea

 

 

Por Alejandra Hernández

 

 

Mi corazón se ha silenciado… no escucho el latido… ¿se habrá paralizado? ¿Por qué tanto dolor? ¿La consigna no es vivir para ser felices?

O como dice la oración que nos enseñan de niños: “Heme aquí, señora mía, sufriendo y penando en este valle de lágrimas”. Qué condena vivir con la certeza de ir perdiendo a nuestros seres amados, día a día ellos y nosotros nos vamos muriendo, calladamente.

Dejamos de percibir los aromas mustios como el de las violetas que se van deshojando igual a lágrimas tintas, así como se deshacen las vísceras, huesos, cabello, uñas y piel.  Y el alma… ¿andará por toda la eternidad vagando?

Estos interrogantes se hacía Dorotea. Su amor, Marcelino, había muerto después de muchos años de vida en común. No es que él hubiera sido un buen marido, era egoísta y a veces brutal… la golpeaba hasta que se cansaba y luego la llevaba al médico… así de considerado era.

A veces se comportaba súper encantador, la acompañaba a misa, a pasear a la plaza, le compraba rebozos y lo que a ella le gustara, la presumía porque era muy bonita y veía cómo los demás hombres lo miraban con envidia.

Siempre la acusó de ser una “espiga sin germinar”, aunque ella tenía la sospecha de que él era el causante de no poder tener hijos, porque sabía que Marcelino tenía otros quereres, pero nunca supo que tuviera ún hijo.

Un día, de la cantina, en la madrugada, se lo llevaron tieso, decían que lo habían envenenado. O que fue un ataque al corazón. Para ella era lo mismo: él ya se había ido. Su espíritu errante caminaba entre sombras por la casa lleno de dolor, y ella decidida a seguirlo amando, deshilando cada recuerdo aún las golpizas, porque lo justificaba por amor. Lo buscaba en laberintos oscuros o estrellas luminosas. Por las noches, desgarrada, sollozaba, cuando el sueño la vencía, el dolor se alejaba y con la luz de la luna la invadía su recuerdo, sus lágrimas se dormían y lo sentía allí con ella.

Dorotea le platicaba: “Te seguiré por siempre, por caminos saturados de nostalgia y mi amor ilimitado estará pegado a tu alma y a tu cuerpo y estaré atenta a cualquiera de tus suspiros hasta que se me destroce el corazón o tu leve sombra me parta el alma y estemos en el mismo entorno por toda la eternidad.”

Un día, con la pena viva, Dorotea se quedó dormida con los ojos abiertos y tatuada en sus pupilas la figura de su amado. Dicen que padecía locura suicida, pero el médico determinó que era “demencia de amor”, porque desde que murió su esposo ella era como una amapola seca, aletargada como ola abandonada. No fue él quien se la llevó, era ella que corrió para atraparlo, y ahí… en la tierra húmeda quedaron juntos.

 

 

 

 

Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

viernes, 21 de junio de 2024

Mi calzada. Alejandra Hernández

Mi calzada

 

 

Por Alejandra Hernández

 

 

Habrá de llegar el tiempo que me falta todavía

entonces

las largas horas que en el mundo vienen

me hallarán aguardando la cita bajo copiosas copas,

con un trago de amor

en mi porción de noche.

Estaré

con el corazón asomado a la penumbra

escudriñando estrellas,

escucharé las sábanas quejarse

por el peso del insomnio.

O estaré vestida con el goce de distancia

en el estruendo de una mesa de café

gastando la vida por el lado opuesto

de la vieja calzada de mi pueblo.

 

 

 

 

 

Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

jueves, 13 de junio de 2024

Cazadas. Alejandra Hernández

Cazadas

 

 

Por Alejandra Hernández

 

 

Íbamos reflejando las estrellas

y la absorta madrugada

nos escoltaba por distancias de arena,

por vellones de hojasen.

 

Caminábamos

entumecidas de cansancio

virando hacia lo incierto del desierto

con un palpable cargamento de impaciencia

por beber la noche

en cuencos de excitante cacería.

 

Y envueltas en silencio, como ennegrecidas

ciénegas

íbamos buscando

olvidar que somos simples seres

cazadas por el tiempo

y el desierto.

 

 

 

 

Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

lunes, 20 de mayo de 2024

Se siente cumplir años como cuando cada serpiente cambia de piel. Alejandra Hernández

Se siente cumplir años como cuando cada serpiente cambia de piel

 

 

Por Alejandra Hernández

 

 

Se siente cumplir años como cuando cada serpiente cambia de piel: crece el cascabel y se vuelve uno más mortal. Un símil de lo que pasa con los seres humanos: cada hora, cada segundo nos volvemos más venenosos y nos acercamos a la mortalidad. No importa si deseamos irnos dentro de nuestro contexto: nos vamos cuando sea el tiempo, lento o pronto, pero irremediablemente seremos un pequeño átomo del universo.

 

 

 

 

Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.

domingo, 12 de mayo de 2024

B ú s q u e d a. Alejandra Hernández

Foto Pedro Chacón

B ú s q u e d a

 

 

Por Alejandra Hernández

 

 

Y salí a buscarlo por la noche

anduve estrellas y palabras

hasta que el tiempo fatigado

detuvo el curso de mi travesía

en el fondo de las horas.

 

Y en desencajados templos

estuve sola sin romper la quietud

con la esperanza de quien busca luz

en parapetos de neblina.

 

Entonces

en lo oscuro del invierno

lo encontré:

dibujaba el alba sin aliento de tristeza

en la escarcha del silencio.

 

Y vi el escándalo de su pelo alborotado,

el fuego retador de su mal labrado mundo.

 

Vi sus venas habitadas, su nombre de penado.

 

Y calladamente de puntitas,

salí de los recuerdos

a la luz que graznaba en el baldío.

 

 

 

 

Alejandra Hernández Figueroa estudió en el Colegio Palmore y en Community College. Escribió y publicó los libros Tiempos de viento y humo cuentos, Hojasen poemas e Hilvanando cuentos. Publica habitualmente en revistas jurídicas y literarias.