jueves, 20 de septiembre de 2018

Aracely Sánchez Ruiz. Almudena

Presenta su libro Almudena


Por Aracely Sánchez Ruiz


(Publicado en El Heraldo de Chihuahua,
jueves 20 septiembre 2018, p. 3E).


―Es una historia un poquito diferente, van a descubrir la aventura de Adrián, se harán sus cómplices y al final conocerán su decisión ―dijo a El Heraldo Almudena Cosgaya, invitando a los jóvenes a leer la novela fantástica La maldición del séptimo invierno que presentó recientemente.
Le acompañaron con los comentarios el muralista Alonso Enríquez, quien ilustró la portada de la obra; Cynthia Piñón correctora de estilo y el escritor Jesús Chávez Marín.
La historia transcurre en el año 1049, en un lugar de Europa Central, donde Adrián Moïse, caballero de la Orden del Guante Blanco, recibe el llamado de su maestro y no duda en dejarlo todo para reunirse con él en Hoia Baciu, donde su mentor le da la misión de recuperar tres reliquias que han sido robadas.
En ese lapso el equilibrio del mundo es amenazado los seres oscuros y, preocupado por su esposa, regresa a su aldea y la encuentra devastada. Sintiéndose perdido replantea y descubre lo que él es.
Almudena escribe desde muy chica. Estaba en tercer año cuando sufrió bullyng de parte de su maestra y dejó de hablar, su manera de expresarse fue escribir; inventaba historias cuyos personajes vivían acciones asombrosas, que deseaba que le pasaran a ella.
―Fue un escape de la realidad que vivía en ese momento ―señaló.
La chihuahuense radicada en CdMx nunca estudió letras sino dos carreras técnicas: en sistemas y en pedagogía, que ejerció en su momento. Actualmente se desempeña como secretaria, lo que le facilita escribir.
―Es el inicio de una saga, amenazo con volver, no con uno sino con varios más. Ya tengo también ideas para otros escritos. Me gusta CdMx, me enamoró en otro sentido pero quiero a mi tierra, Chihuahua ―dijo al final de la conversación.




Aracely Sánchez Ruiz es licenciada en relaciones industriales egresada del Instituto Tecnológico de Chihuahua, trabaja en El Heraldo de Chihuahua, donde inició como correctora y desde hace doce años es reportera de la sección de espectáculos y cultura.

Nocturnos. Martha Estela Torres Torres

Nocturnos


Por Martha Estela Torres Torres


Aliados del destino
cómplices de la oscuridad y del viento,
veloces vagabundos
que reptan la vegetación y la tierra
buscando preseas de medianoche.

Reyes del insomnio 
rompen el signo de la oscuridad,
cambian de madriguera
para evitar el embate del enemigo
que nunca duerme ni descansa.

En sus plumas llevan inscritos
conjuros de luciérnagas;
cantos de otras voces
y hechizos de mal agüero.

En sus ojos se refleja
la pradera nocturna,
la oscuridad pétrea
sembrada de incertidumbre.

Cruzan la noche en un silbido,
rayando con sus alas
la iluminación de la luna.
Sueñan con los ojos abiertos
atisbando la vida y sus misterios.

Vigilan las tinieblas
y los quebrantos del eco
sobre el arco de una rama.

Avivan con sus lamentos  
 las horas aciagas del ayer
y  el instante inmóvil de la muerte.









Martha Estela Torres Torres tiene licenciatura en letras españolas y maestría en humanidades. Entre sus libros publicados están: Hojas de magnolia, La ciudad de los siete puentes, Arrecifes de sal, Cinco damas y un alfil, Pasión literaria y Árboles en mi memoria. Actualmente es profesora de literatura en la Facultad de Filosofía y Letras y editora en la Universidad Autónoma de Chihuahua.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Carmen Julia Holguín Chaparro. El hombre



El hombre
        

Por Carmen Julia Holguín Chaparro


Para Mario Benedetti, in memoriam


Cierta vez, tomé una esperanza,
la hice bolita y la lancé
hacia la ventana de Mario,
persuadida de que con él
podría funcionar esto
de tirar piedritas
contra sus cristales.         

Cuando su sonrisa apareció
por aquel hueco de su noveno piso
en la calle Zelmar Michelini,
y su mano de ochenta y siete arrugas
me invitó a compartir
instantes de su tarde,
me sorprendió la sorpresa.

Por entre el haz fosforescente
que se colaba desde aquel cielo
del cálido invierno de Montevideo
a la sala donde nos sentamos,
reconocí al autor
de “No te salves”,
al escritor del desexilio,
al ensayista de El país de la cola de paja,
al escritor comprometido.

La imagen,
hasta entonces de papel,
me sonrió desde su realidad
más transparente.

Y conocí,
mirándolo a los ojos,
al viudo de Luz,
al hermano de Raúl,
al anciano de los almuerzos en San Rafael,
al caminante de la 18 de Julio,
al habitante de la Rambla,
al uruguayo de la vuelta;

al ser humano
en carne y hueso,
en piel de surcos,
caminos y avenidas
que contestó a los golpecitos
de mi esperanza
y me devolvió la fe
en la magia.




Carmen Julia Holguín Chaparro es doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Nuevo México. Al lado de su trabajo académico, escribe cuento y poesía. Ha participado en encuentros de escritores en distintas partes de México, Estados Unidos y Argentina; hay textos suyos en antologías y revistas de México, Estados Unidos, España y Uruguay. Tiene dos libros de poemas: A tu prójimo amarás (2008) y El que tenga oídos… (2014).

sábado, 15 de septiembre de 2018

Heriberto Ramírez Luján. Su relato El martillo de aire

El martillo de aire

Por Heriberto Ramírez Luján

Había pasado dos meses en el rancho de J. B. Runyan trabajando como peón, haciendo diversas tareas, pero faltaban otras emociones; para mi fortuna llegó Saúl mi hermano al rescate. Me llevó a Eunice, Nuevo México, para trabajar en una refinería de gas haciendo zanjas con un martillo de aire, una especie de pistón conectado a un compresor pensado para romper piedra o concreto. Con el que trabajábamos nosotros debía pesar unos 30 o 40 kilos, era una tembladera todo el día, hacíamos jornadas de 10 y hasta 14 horas diarias. Llegué ahí con algunos kilos de más que al paso de las semanas fueron desapareciendo para darme una complexión delgaducha.
A pesar de ser jornadas agotadoras, la convivencia con otros mojados era de lo más divertida. Escuchar a Chente, un campesino tozudo originario de Falomir, contar la vez que tuvo que cargar a su viejo tractor, a falta de gasolina, con turbosina que lo hacía casi volar, nos desternillaba de risa. O a Elías, un compa aquejado de estrabismo salido de la ranchería El Mulato, platicar sus aventuras sexuales de fin de semana; eran pasatiempos singulares.
Estar ahí fue todo un contraste, entre un rancho con experiencias de contacto con la naturaleza muy gratas y un complejo industrial con motores cuyos pistones rebasaron por mucho mi imaginación.

(Este cuento de Heriberto Ramírez Luján es parte de su libro Relatos en celular, inédito).




Heriberto Ramírez filósofo mexicano redacta la lógica con precisión de cirujano. En sus ensayos y libros de filosofía y también en sus textos literarios. Sobrio y elegante profesor, el estoicismo es divisa de su estética. Y de su gran estilo.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Ninfa Delia García Rascón. En las fiestas patrias no seamos bélicos

En la foto Ninfa Delia García Rascón 1980
En las fiestas patrias no seamos bélicos

Por Ninfa Delia García Rascón


¡Le ganamos a Alemania!, México lindo y querido, como México no hay dos ¿Por qué escribir tu nombre con la equis que algo tiene de cruz y de calvario.
Por fin todo México unido porque una pelota entró en la portería contraria en mundial viva México viva Pancho Villa, viva Manuel Andrés ¡qué orgullo ser mexicanos!
Cantemos el Himno Nacional con las lágrimas de emoción que nos provoca.
Todos al unísono: Mexicanos al grito de guerra el acero aprestad y el bridón y retiemble en sus centros las tierra al sonoro rugir del cañón México lindo y querido si muero lejos de ti que digan que estoy dormido y que me traigan a ti.
De esto se ha nutrido nuestro patriotismo desde el kínder. Un mensaje subliminal que nos enseña que el famoso Masiosare es el enemigo al que debemos combatir y como no tiene apellido se lo dedicamos a cualquiera que no piense igual que yo. Así hemos conseguido una gran cantidad de enemigos y nos hemos dividido, peleado e insultado a otros mexicanos a quienes convertimos en “el extraño enemigo” porque él es rico y yo soy pobre o a la inversa, porque yo soy moreno y él es güero; él les va a Las Chivas y al América; es de otra religión o de otro barrio, o de otro estado. O porque es más alto, o es más tonto, o es más viejo, o sencillamente es del sexo opuesto, o es homosexual. También porque se cree mucho y no es nadie. Y así nos la pasamos divididos, hasta que llega un terremoto al que también le cantamos en el himno:
Antes Patria que inermes tus hijos bajo el yugo su cuello dobleguen tus campiñas con sangre se rieguen, sobre sangre se estampe su pie. Y tus templos, palacios y torres se derrumben con horrido estruendo y sus ruinas existan diciendo: de mil héroes la patria aquí fue.
Guerra, guerra sin tregua al que intente de la patria manchar los blasones. Guerra, guerra los patrios pendones en las olas de sangre empapad. Guerra, guerra en el monte, en el valle, los cañones horrísonos truenen. Y sus ecos sonoros resuenen con las voces de ¡unión! ¡libertad!
Esto lo hemos cantado miles de niños, niñas, adolescentes y adultos mexicanos desde los tiempos de Santa Ana y yo considero que sería conveniente cambiar la letra tan belicosa por otra letra que llamara a la unidad, a la paz, al trabajo al verdadero amor por la patria.
Alimentemos el espíritu con otras palabras, como estas del gran Victor Hugo (1802 1885):

¿De dónde soy? No sé, sueño profundo oculta mis recuerdos como un velo. Por patria tengo la extensión del mundo. Cual tiene el ave la extensión del cielo.
¿Mi doctrina cuál es? —dirán acaso.
Desprecio al que se arrastra por el lodo. Quisiera ver en fraternal abrazo a los hombres unidos, eso es todo.
Al tirano maldigo, odio la guerra que enciende con su encono a las naciones.
La misión de mortal sobre la tierra es fabricar arado, no cañones.

Que letra tan distinta la del gran Victor Hugo. Tan distinta a la belicosidad que suelen tener los himnos nacionales.






Ninfa Delia García Rascón estudió en el Instituto Angloespañol de la ciudad de México, en el Instituto América de Chihuahua y el Bellas Artes de la UACH, donde fue su maestro Fernando Saavedra. Tomó un curso de escritoras en Demac y pertenece al Club de Lectura Josefina Avitia.