Foto Ineth Simental
Democracia
Por
Iván Carlos
Todo
era perfecto en la selva cuando el león gobernaba. Los pastos crecían, los
peces habitaban el río, había comida y agua para todos. Los habitantes respetaban
el orden de las cosas que eran llamadas por su nombre, y en nombre de ello eran
respetadas.
La ley
era cruel, sin duda, pero justa, guardaba el equilibrio que sostenía el ciclo
perfecto donde la muerte era parte de la vida, donde el fuerte se comía al
débil sin odiarlo, el débil se comía el pasto con respeto, dejando en el
subsuelo raíces para que siguiera creciendo y sosteniendo a otros cada vez que
el milagro de la lluvia y las aguas de los arroyos alimentaban la tierra.
Todo
era perfecto en la selva cuando el león gobernaba. Durante diez mil lunas,
generación tras generación, su estirpe continuaba el ciclo y la vida florecía
abundante y robusta pintando de colores cada rincón y llenando con su sinfonía
de piares, rugidos y graznidos planicies, pantanos y peñascos.
La
selva abrigaba, refrescaba, acariciaba y retaba por igual a todos. Los padres
enseñaban a sus hijos los secretos del devenir sagrado, y ello se los dictaba
el instinto.
Todo
era perfecto en la selva cuando el león gobernaba. Hasta que un día la sed por
el poder, la ambición por la riqueza y el ansia por los privilegios comenzaron
expandirse entre los animales del reino, que se agruparon en clanes y se
sublevaron contra el orden establecido.
Alegaron
tener el mismo derecho que el león a ocupar el trono y exigieron una
oportunidad de contender por él.
El león
sabía que aquello sucedería tarde o temprano, y sabía también que su estirpe
encontraría en el destierro un nuevo reino, porque su naturaleza le confería la
capacidad de adaptarse a otras tierras conocidas, gracias a sus sabios y
consejeros que habían recorrido el mundo más allá de los linderos del
horizonte.
Un día,
el león permitió que los animales decidieran quien habría de gobernar. Entonces
los clanes nombraron a los que les parecieron mejores contendientes.
La
lucha por conseguir la aceptación de la mayoría fue ardua, desgastante, brutal.
Muchos se volcaron en promesas, otros en descalificaciones, los menos en
argumentos juiciosos. Hubo traiciones y arrebatos.
Al
término de aquella justa, la selva
cambió de régimen y el león partió con su estirpe a fundar un nuevo reino.
Hoy
gobierna la hiena. Su risa, sus promesas y sus dádivas convencieron a la
mayoría. Hoy el orden sagrado de las cosas ha cedido ante el caos y la miseria
ha reclamado sus fueros.
La
hiena no sabe gobernar; ha desterrado a quienes temía, dejando el territorio
sin defensa contra los invasores, ha esclavizado a los más débiles para
allegarse tributos, olvidando que los animales en libertad barbechan y
fertilizan la tierra donde nace la hierba, y finalmente, como el mayor de sus
desplantes, ha represado los ríos para acumular las aguas y servirse de ellas
privilegiadamente.
El
hambre y la zozobra han invadido cada rincón de este otrora rebosante paraíso.
Solo unos cuantos gozan de las amplias consideraciones del nuevo rey: los
aduladores y serviles que trabajan para él, vigilando y amedrentando a los
vecinos en su nombre, so pretexto de salvaguardar el orden establecido en el
nuevo libro de las normas, dictado por el nuevo régimen.
Ellos
comen a sus horas y fuera de ellas; se bañan con aguas limpias y abundantes y
pasan la mayor parte del día recostados a la sombra de grandes árboles esperando
que la servidumbre los provea del siguiente banquete. No saben que les queda
poco.
El
ciclo sagrado se ha roto y al romperse, el alimento no se regenera más, y el
agua al no fluir por los riachuelos dibujados por la madre tierra, poco a poco
se torna turbia y pestilente, y los pastizales que antes irrigaba ahora son
tierras secas y horadadas carentes por completo de vida. La hiena gobierna un
reino que muere y tarde o temprano, morirá con él.
Todo
era perfecto en la selva cuando el león gobernaba…
Luis Iván Carlos Hernández es licencia do en
ciencias de la comunicación por la Universidad de Guadalajara. Estudió la
maestría en mercadotecnia en la Universidad
Autónoma de Chihuahua. Fue coordinador de difusión en el
Departamento de Extensión Universitaria de la U de G, creativo en la Agencia de Publicidad
PAJSA, en Guadalajara, (guiones radiofónicos, frases publicitarias, conceptos
para diversas campañas y reportajes). Funcionario en el Instituto Chihuahuense
de la Cultura. Actualmente es jefe del Departamento de Artes de la Secretaría
de Cultura de Chihuahua.