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lunes, 12 de enero de 2026

Cisne lodo, de Guadalupe García Bueras/ Principio de construcción del poema contemporáneo

 


Cisne lodo, de Guadalupe García Bueras

Principio de construcción del poema contemporáneo

 

Por Federico Corral Vallejo

 

Cisne lodo, de la autora sonorense Guadalupe García Buera, ha sido acreedor al Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2025, en su emisión XXVI, consecutivamente desde 1999.

Este libro posee, entre otras características, nivel literario, originalidad, uso de figuras retóricas propias de la poesía, así como indicios prácticos de la teoría de los diferentes tipos del verso libre, que no es tan libre como se supone, pues modifica sustancialmente el principio de construcción del poema contemporáneo. Uno de los extremos a los que se llega es la separación de las estructuras tradicionales como el soneto, el romance o la décima, entre otros. No obstante, hay puntos intermedios que motivan el diseño orto-tipográfico de los nuevos textos, y que algunas de esas técnicas son punta de lanza para dar rienda suelta a las vanguardias literarias en el universo de la literatura universal. Por lo cual Cisne lodo está relacionado de manera íntima con un coloquio de fondos retóricos, engalanados con distintas instancias metafóricas, mismas que traen implícitas una mayor sensibilidad y una apertura a las nuevas formas y cánones que rompen con la expresión conocida como tradicional.

Es así como en el plano del discurso retórico de Guadalupe García Bueras, la poeta va estableciendo sus propias bases para que su intención lírica, mediante el verso libre, se vea concretada de manera ya visual, o explicita. Tales expectativas o líneas poéticas reconfiguran la secuencia horizontal de la escritura tradicional e incursionan en nuevos trazos, que rebasan el puro significado de las palabras, y a su vez producen otros sentidos y significados por medio de la grafía de los textos. Eso puede verse en los dos apartados que conforman el cuerpo de la obra referida subtitulados: “Cerebro frío” y “Poéticas de la infancia”. En ambos apartados el lector podrá leer y observar detenidamente cómo los poemas de García Bueras van engrosando los ejemplos de las variantes del verso libre, dado que su inspiración se amplia y diversifica debido a la necesidad evolutiva del arte y su lenguaje.

Por tal motivo debo puntualizar las variantes más notables de esta posible clasificación en la obra galardonada. Por un lado, podemos apreciar el esplendor del versolibrismo, herencia del poeta chileno Vicente Huidobro, quien nos legó la vanguardia del “Creacionismo estético”; y por otro contemplar las variantes del mismo que van de la línea fluyente a la línea dividida, pasando por la línea pespunte y la línea escalonada; sin descuidar por supuesto, la línea vertical y la segmentación por bloques. Amén de la poesía visual con que hace ajustes estéticos y relevantes en la poesía actual contemporánea, misma que está en perpetua evolución y va en busca de nuevos recursos y nuevas técnicas para embellecer y escenificar de manera orto-tipográfica la profundidad de las emociones que buscar ser al fin una palabra, un verso, un poema. Parte de lo que escribo el posible lector lo podrá encontrar en algunas páginas como la 16 qué a continuación cito:

 

En mi última invasión

encontré el viento.

 

El polvo de los zapatos

                      r        a

                 e               m

             m        f           r

            o                o

               l

                     i                s

                         n       o

de cantáridas en mi garganta.

 

Hallazgos similares encontraremos en las páginas 21 y 48, y algunas más, pues parte del discurso poético de Cisne lodo recae en cierto énfasis que nos da a entender que todo poema posee una significación, por muy críptica o metafórica que esta sea. Que todo cuanto se escriba desde el fondo del alma obtendrá un reflejo en otros ojos, o en otra piel. Tal vez en otro espacio o en otro idioma, porque no olvidemos que toda metáfora es poesía y que la poesía es un espejo, en el cual podremos reflejarnos. Pues como decía Borges: “Todos los poetas somos Homero y escribimos el mismo libro eternamente”.

En el siguiente poema “Poética de la infancia” Guadalupe García Bueras nos remonta a los años niños, haciendo que nuestro pasado relampaguée en nuestro presente. Es aquí, en estos versos de línea vertical donde se cumple la analogía de la poesía-espejo.

 

Poética de la infancia

 

L        d        a       l

o         í        ñ       l

s         a        e       u

           s        j       e

                    o       v

                    s       e

                             n

y regentean al presente…

 

Quien tenga la oportunidad de leer Cisne lodo se dará cuenta de que el elogio de este texto no es gratuito, sino ganado a pulso. Que cada letra impresa es garantía de un crecimiento literario, reflejo no de una vida, sino de muchas vidas que son plasmadas en los versos concebidos por García Bueras, quien transcribe no solo su experiencia, sino también la de muchas mujeres que no tienen voz y ella las presta suya, las eleva más allá del viento y el espacio, esparciendo el sonido de todo lo que acontece en las esquinas de este mundo.

Para finalizar quiero dar eco a los textos de los jurados de este premio:

 

1. Becky Rubinstein F: Cisne lodo es un poemario que resalta por su buen inicio y su mejor remate. El manejo de metáforas, diríamos arriesgadas, lo hacen único, amén del amplio vocabulario y la multiplicación de sus neologismos.

 

2. Abdul S. Machi: Cisne lodo es un texto de gran integración en el contenido del mismo, lo que genera una continuidad tópica y rítmica, exponiendo además un nivel de calidad constante a lo largo del libro. Resalto el uso acertado de figuras retóricas relevantes y originales, además de un interesante uso de técnicas caligráficas en varios de los versos.

 

3. María Merced Nájera Migoni: Cisne lodo es una apuesta a la poética creacionista actual, a lo casi invisible, donde numen, fondo y forma son una trenza de versos profundos que nos acercan a lo audible inaudito que se enmarca en el universo de un soliloquio intenso y por demás retórico literariamente.

 

A modo de finiquito, cabe acotar que esta es la tercera ocasión que el Premio Nacional de Poesía Tintanueva recae en Sonora y que autores de la talla de Carlos Montemayor, Juan Bañuelas, Saúl Ibargoyen, Fabio Morabito, Eduardo Langagne, Silvia Pratt, Ernesto García Núñez y Becky Rubinstein han sido jurados y avales del mismo. Enhorabuena, Guadalupe García Bueras y bienvenido al mundo del papel y la tinta a Cisne lodo.

 

García Bueras, Guadalupe: Cisne lodo. Editorial Tintanueva, México, 2025.

 


Federico Corral Vallejo. Nació en Parral, Chihuahua. Escribe poesía, ensayo, novela, crítica y canciones. Tiene publicados más de 40 libros, entre las más destacados: En poesía: Vomitar mi muerte. En ensayo: Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre. En cuento: Mujer de humo. En canciones: A capella 440 y en novela: El otro Federico, más allá de la ficción. Posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de Publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de ensayo Principios de sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico, Bolivia y México.

viernes, 28 de marzo de 2025

Vendaval de luces, de Oliva Escudero. Ventanas del corazón

 


Vendaval de luces, de Oliva Escudero. Ventanas del corazón

 

Por Federico Corral Vallejo

 

La obra Vendaval de luces me hace reflexionar no solo sobre el quehacer literario de Oliva Escudero, sino que me permite empatarla con cualquier libro legado por Alicia Acosta, ya sea Ventana de infinito, Alforjas del tiempo, Vértigo de sombras, etcétera. Al ser su lector percibo que todas poseen la misma intensión y la misma intensidad. Intensión porque parten de una idea concisa. Intensidad porque conmueven con la emoción de un sentimiento genuino nacido del alma. Estas son desde mi perspectiva literaria las puntas de su inspiración.

Traduciendo a Gregory Corzo, palabras más palabras menos del singular al plural: “Ellas son la poesía que escriben”. Porque no es la tinta su instrumento sino la sangre, ni la hoja virgen su numen sino el latido de su corazón. No es fácil conmover por medio de un poema y menos en verso libre‒, porque esta posibilidad literaria le causa dudas al posible lector: las masas entienden por poesía estrofas medidas y rimadas; sin embargo, las autoras aludidas poseen la capacidad de crear en ambas formas poemáticas. Ellas nos dan catedra del verso libre en sus distintas modalidades teóricas, lo mismo escriben línea fluyente que línea dividida, línea escalonada que línea vertical, segmentación por bloques que caligramas. Baste decir que la poesía visual forma parte importante de su ADN literario, para muestra este botón de Oliva Escudero:




Como podemos apreciar, Oliva Escudero no habla de la lluvia, hace llover en el poema, tal como Huidobro declara en su Arte poética: “Poeta no hables de la rosa, hacedla florecer en el poema”.

Dejaré en paz a Alicia, quien además de estar emparentada versilmente a Oliva, Vendaval de luces es el poemario galardonado con el Premio Nacional de Poesía Alicia Acosta, 2024. Ella decía que: “Escribir poesía es vestir de elegancia a las palabras”. Y esto hace Oliva a lo largo y ancho de los poemas, ya que hoy por hoy, evocando a Octavio Paz, pareciera que Escudero nos dicta al oído quedamente. “Hoy lucho a solas con la palabra. La que me pertenece, a la que pertenezco...” aún y cuando según Martín Heidegger: “Poetizar es la más inocente de todas las ocupaciones…” no estoy de acuerdo con el filósofo, ensayista y poeta alemán, al menos no al cien por ciento, ya que la esencia de la poesía conlleva el peso de sanar y de salvar, no al mundo, pero sí al o la poeta, quien se atreve a experimentar todo lo nombrado, partiendo de que su inspiración de monólogo se transforma en diálogo y por esta razón nos podemos escuchar unos en otros por medio del bien más peligroso que es el lenguaje.

Y por qué no pensar que el posible lector puede hallar consuelo y rescate en los versos leídos de cualquier poeta. Es así como los poetas instauran poemas-espejos para que los lectores se puedan reflejar en ellos y lleguen a la catarsis. Vendaval de luces inicia con “La casa primera”, esa que

 

Tiene ecos que QuiebrAn

los refranes

–regaños de mi padre–

al compás de las notas

en el P-i-A-n-O

o al borde del suspenso

en LibroS de aventuras.

 

La casa primera

 

guarda el pulso de mi madre:

cocina transformada

en regazo de sabores;

viento azul

que envuelve las habitaciones.

 

Esparce tardes

con p.o.l.v.o de aromas

de panqué de naranja,

barro que tuesta café,

caldo de ejotes rojos,

de la mata de yerba santa.


 

La emoción que Oliva siembra, germina en la lectura y es el lector quien levanta la cosecha, esta magia es la que instaura la poeta que plena de méritos, habita poéticamente el espacio de la hoja impresa.

            Todo cuanto encontremos en Vendaval de luces son lecciones aprendidas y llevadas a cabo a pie juntillas, porque la poeta oaxaqueña pertenece a esos seres inteligentes que quiere aprender, por lo que se aleja a su sagrado espacio para abandonarse al trabajo creativo donde sin temor se entrega a su vocación, que no es la poesía, sino la vida.

 

Tu silencio llueve en mi balcón

y abre tu imagen:

vendaval de luces de mi infancia.

 

Ya los luceros al amanecer

no cobijan tus soledades

ni el sol te visita

por la puerta que da al patio.

 

Ya la madrugada

no te espera en la cocina

sin más ruido que el de tu cigarro. … …

ni más luz que la hornilla

que calienta tu café.

 

Antón Chéjov decía que “Cuando uno ama y quiere juzgar ese amor, hay que partir de un punto más elevado o más importante que la felicidad o la desdicha, porque hay de aquel que no use el arte para hablar de su padre, de su madre, sus hermanos y su pueblo.” Esto es lo que Oliva realiza por medio del arte versil, donde acomoda sus recuerdos en un tablero inmenso, donde el padre, la madre, los hermanos y el paisaje de su pueblo son las piezas que se ajustan al rompecabezas de sus recuerdos; donde cada una de sus palabras son ventanas que van directo a la antesala de su corazón.

Es necesario saber quiénes somos y de dónde vinimos, que el mundo sepa de voz propia, que no hay mejor arte poética que el aliento de la sangre ni mejor poesía que la vivencial, esa que recorre nuestras venas y nos ensancha la memoria. Porque según Octavio Paz: “Todo libro de poemas es en el fondo un diario”, mejor acápite para resumir a Vendaval de luces, donde reposan las ausencias del padre Pastor, la madre Oliva, el abuelo Guillermo, la abuela María y perviven las presencias de los hermanos Mario, Horacio, Francisco, Óscar, Claudio, Arturo, Lucio y Julio César.

Hablar de la casa, del pueblo y los ancestros, es hablar de uno mismo, es desnudar la piel del alma y exponer con ello la valentía de lo que proyectan: sístole y diástole, responsables de nuestras emociones. Pues así se comprueba que “la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre.” Según hace constar el poeta, ensayista y narrador guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. Ya que el arte de escribir –al menos poesía– consiste en decir mucho con pocas palabras… porque la brevedad es la hermana del talento, ya lo canta el refrán: “Si lo bueno breve, dos veces bueno”. No olvidemos que la poesía está antes y después de la vida, que es principio y fin hombre, que es el lenguaje del paraíso y del juicio final, y que por medio de ella los y las poetas se hablan de tú con el mismísimo Dios.

            Bienvenido Vendaval de luces al difícil mundo de la literatura mexicana. Enhorabuena Oliva Escudero, bien merecido el Premio Nacional de Poesía Alicia Acosta 2024. Esperando que en futuras obras nos sigas abriendo las ventanas de tu alma y la puerta de tu corazón. Abrazos de la piel hasta el alma…

 

Escudero, Oliva: Vendaval de luces. Editorial Tinta Nueva, México, 2025.

 




Federico Corral Vallejo. Nació en Parral, Chihuahua. Escribe poesía, ensayo, novela, crítica y canciones. Tiene publicados más de 40 libros, entre las más destacados: En poesía: Vomitar mi muerte. En ensayo: Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre. En cuento: Mujer de humo. En canciones: A capella 440 y en novela: El otro Federico, más allá de la ficción. Posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de Publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de ensayo Principios de sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico, Bolivia y México.

jueves, 20 de marzo de 2025

Las horas contigo, de Uriel Reyes Deloya. Premio Nacional de Poesía María Elena Solórzano 2024

 


Las horas contigo, de Uriel Reyes Deloya. Premio Nacional de Poesía María Elena Solórzano 2024

 

Por Federico Corral Vallejo

 

Estamos ante un poemario suigéneris. Por un lado está construido con gotas de ternura, como la lluvia y el mar, y por otro con la fuerza y el estruendo del relámpago, muy cercano a la ira, y así entre ternura e ira se va formando el poemario Las horas contigo.

Pareciera que tal obra haya sido escrita de un solo tirón, sin embargo, al releerla, uno como lector va descubriendo espacios nuevos y tiempos distintos en el soplo versil. Su temática es autobiográfica, pues va de acuerdo al tono de la vida actual y cada evento versificado nos enfrenta a la verdad que tenemos frente a nuestros ojos, en este día, año y siglo; pues es lo que nos tocó vivir y punto.

Y sí, habrá quien juzgue y crítique a Las horas contigo, partiendo de la insania humana, pero ya lo dijo Platón: Pobre de aquel que se atreve a escribir poesía sin estar poseído por el delirio que este arte exige, creyendo que puede ser poeta tan solo por escribir de acuerdo con determinados recursos técnicos, ya que estará muy lejos de ser un verdadero poeta. La poesía de los letrados siempre será eclipsada por aquella que destila locura divina.”

Sin duda, si algo destila Uriel Reyes Deloya es locura en todos sus aspectos y acepciones: ya sea como poeta, amigo, cómplice, maestro, pues todo, absolutamente todo lo que él ve, observa y contempla es poesible dentro de lo posible poético. Por lo tanto, bendita locura, bendita poesía, benditas Las horas contigo.

 

Hallaronse perdidos dos ángeles salidos del infierno. Se reconocen, se palpan y estrangulan la mirada lasciva en la del otro. Se trenzan en frenética y lúbrica caricia. Despedazan la ternura. Mordisquean las carnes voluptuosas, palpitantes, henchidos, se estremecen. Un amasijo de líquidos exudan, por sus hambrientos cuerpos.

                                  Sangre,

                                               sudor,

                                                         semen

                                                                 y lágrimas.

 

El grado de figuras retóricas que encontramos en Las horas contigo va de la enumeración a la anáfora, de la epífora a la aliteración. Es importante mencionar que el encabalgamiento que posee en la formación del poemario es una fuerza que de tan alta, ancha y profunda, le da la originalidad, lo cual le permite que sus versos escalonados se amalgamen perfectamente con el ritmo y la cadencia de la prosa poética, lo cual concede al verso libre disponer esa magia del “coito ergo zum”.

Páginas adentro podemos apreciar visualmente, como decía Robert Duncan, que: “Poeta y poema son parte de un orden cósmico incesante...” pues de igual forma presenciamos esa radiografía literaria que regristra Gregory Corso en una de sus tantas enseñanzas, que dicta; “En tanto poeta, yo soy la poesía que escribo.” Y sí, al ir leyendo a Uriel nos damos cuenta de que el contenido de Los días contigo es el reflejo de su vida frente al espejo, pues se atreve a ser y a estar dentro y fuera de las letras, tal cual, sin máscaras sin temor a la desnudez del alma y las palabras…

 

Tengo 58

              y soy

                       el que ves.

En medio de este mundo de locura defiendo mi verdad hasta la muerte. Bendigo a los diferentes, a los heridos, a los expulsados de toda patria y su bandera. Bendigo el Karma. Voy por ahí con mi destino fragmentado, pero el alma blanca.

Sí, tengo 58

              y soy

                       el que ves.

 

A flor de piel, a canto de zorzal, con verdades a bocajarro, con el erotismo a cuestas y sin miedo a las palabras, Uriel Reyes Deloya nos entrega sin temor, este nuevo ensueño construido con miradas de reojo sobre la piel del otro, donde su lugar seguro más allá del poema son los recovecos de la piel, pues una metáfora no basta para enamorar y enamorarse, ni siquiera lo infinito del leguaje, pues en su caso el sujeto del amor es la poesía, no el lenguaje, contrario a lo dice Ernest Fenellosa: “las raíces de la poesía están en el lenguaje.” Y es por medio de un lenguaje coloquial que rebasa cualquier imagen poética que el poeta guerrerense pudiera usar para empoderarse porque él, al igual que Jaime Sabines, sabe que: “La vida está antes y por encima de la poesía, por eso hay que vivir a lo hombre y no a lo poeta”, esto Uriel lo demuestra en cada instancia poemática de esta obra en específico.

 

Nos vimos de reojo, con la rabia apostada en la garganta, esperando el zarpazo envuelto en una frase:

                                                  Dos

                                                        fieras

                                                                   al

                                                                        acecho.

Lejos quedó el viento amable de las horas juntos…

 

Desmitifiquemos al poeta como un pequeño dios, quitémonos la venda de los ojos y enfrentémonos a la realidad: el poeta es un hombre, que trabaja el poema con el sudor de su frente. Un hombre que tiene hambre, como cualquier otro hombre. Entendamos por fin el legado de Efraín Huerta: “La verdadera poesía es un incendio… Y si el poeta no vibra, no es poeta...” dicho esto, cantemos al ritmo de la carne haciéndole coro a la cantata inmersa en Los días contigo de Uriel Reyes Deloya:

 

Los cielos quedaron en silencio. Fuimos perversos, aviesos y rabiosos. Fuimos el culmen soñado del deseo.

 

Enhorabuena, querido Uriel, bien merecido este Premio Nacional de Poesía María Elena Solórzano 2024. ¡Qué viva la poesía, qué vivan los poetas!

 

Reyes Deloya, Uriel: Las horas contigo. Editorial Tintanueva, México, 2025.

 

Ciudad de México, marzo de 2025



 


Federico Corral Vallejo. Nació en Parral, Chihuahua. Escribe poesía, ensayo, novela, crítica y canciones. Tiene publicados más de 40 libros, entre las más destacados: En poesía: Vomitar mi muerte. En ensayo: Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre. En cuento: Mujer de humo. En canciones: A capella 440 y en novela: El otro Federico, más allá de la ficción. Posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de Publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de ensayo Principios de sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico, Bolivia y México.

lunes, 17 de marzo de 2025

Dragón en llamas, de Diego Alejandoro Sosa Tang, Premio Nacional de Poesía Saúl Ibargoyen 2024

 


Dragón en llamas, de Diego Alejandoro Sosa Tang, Premio Nacional de Poesía Saúl Ibargoyen 2024

 

Por Federico Corral Vallejo

 

He trabajado con las letras casi toda mi existencia, al menos desde que tengo uso de razón; por lo tanto: No tengo más arte poética que el sentir de la palabra en el sonido de la vida y en la resurrección de la poesía. Y esto no me pesa ni avergüenza, porque más allá del limbo y de la muerte, el poeta verdadero perdura, porque con las palabras acuña su materia prima y forja sus herramientas, más allá de los versos o las metáforas, incluso más allá del mismo silencio.

Como la madera es al carpintero y el hierro al herrero, la palabra es al poeta; por lo tanto, madera, hierro o palabra son elementos claves que sirven de base para enriquecer al universo. Todos los oficios son eslabones de polvo que al unirse hacen un lodo sensitivo, mismo que nos despierta la capacidad de asombro ante la belleza en el reflejo del arte por el arte mismo. Eterno extravío en la mirada del tiempo, reencuentro infinito: signo a signo, letra a letra, palabra a palabra, verso a verso y poema tras poema. Soy escriba, escribano, versificador, aedo o poeta, no importa el vocablo con que se nombre el oficio que amo y no dejaría por nada en el mundo, porque nada me hace más feliz que escribir, ya que este oficio me permite liberar desde mi puño caligráfico: el ritmo del corazón y la métrica del alma. Porque más que bardo soy alfarero de palabras.

 

Es en este contexto que podemos clasificar al poemario Dragón en llamas de Diego Alejandro Sosa Tang, donde el oficio de cocinero: delimita los puntos cardinales de una poética que busca y encuentra un soplo retórico, mismo que conjuga con un campo semántico propio de un estilo literario que lo hizo hacerse acreedor al Premio Nacional de Poesía Saúl Ibargoyen 2024.

Además de la temática culinaria en torno a la gastronomía oriental (llámese china, japonesa, cantonesa), donde el oficio de cocinero y la profesión de chef se hermanan literariamente hablando, y de pronto surge la magia de la poesía hecha palabra cuyo nombre y apellido es Diego Alejandro Sosa Tang, quien seguramente por su apellido materno algo tiene que ver con alguna rama de la cultura oriental, cuya sangre recorre no solo sus venas, sino sus versos:

 

En mis cicatrices guardo

                      la experiencia,

con mi sangre preparo soba.

 

Y es la sangre inspiración que encausa este poemario, he aquí otra mención de la sangre como numen:

 

Conservo las llagas

de una semana de lecciones.

En ellas se esconde la ira:

frases fétidas que no llenaron la bandeja.

Una filipina lavada con sangre,

                                                           lágrimas y soya.

 

Para concretar la temática del crúor, el poeta busca y encuentra su universo surtidor y pleno de ritmos y palabras claves; de aquí Vladimir Mayakovsky acota que El poeta debe desarrollar su sentido del ritmo.

 

En ocasiones,

el aceite saborea mi piel

y la sangre se esconde

entre el olor a jengibre.

 

Dicen que cuando se nace poeta se escribe aún en contra de sí mismo, y la escritura es sin duda catartica, razón por la cual, poeta y poema son parte de un orden cósmico incesante. Dentro de ese orden que puede ser cósmico, burbujeante, insano, además de trashumante, el bardo mantiene su postura estética ante su creación, esto lo sabe Diego Alejandro y lo pone en practica desde su primer verso hasta el último de su obra Dragón en llamas.

Cuando uno como lector se topa por vez primera con la obra de Sosa Tang, sucede lo que alguna vez dijo Jorge Luis Borges: en cuanto a la poesía, solo puedo ofrecerles dudas. Ligo la cita borgiana con la obra en cuestión desde la perspectiva crítca literaria, ya que cuando un lector se enfrenta a una poética de este estilo, surgen las dudas que el texto como tal ofrece, ya que está muy alejado de la rima y la métrica (visión que tiene el público lector de la poesía). Basado en ello, Dragón en llamas es un poemario escrito en verso libre, que acierta en varias figuras retóricas propias de la poesía actual, tales como la anáfora, la enumeración, la aliteración, la epifora, la concatenación y la erotema, engranados con imágenes y metáforas, como ejemplo baste un botón:

 

Persigo el aleteo de los peces:

                        el miedo en sus ojos,

                        su plegaria por no ser cercenados.

Pero eso no detendrá el filo del machete sobre su cabeza

                        no evitará que se fría su piel

                        y se decore con finas hiervas.

Reposarán en un oasis de soya

                        junto a una cama de arroz al vapor

                        en los labios de un comensal.

 

Lo cierto es que ser escritor es fácil o imposible, porque ya lo dijo Jaime Sabines: La vida está antes y por encima de la poesía, aún y cuando el poeta es el reflejo de la poesía que escribe, esto parece emparentar dentro de la sinonimia al poeta con la poesía, amén del poema; partiendo que un poema más que palabras es una experiencia de vida, por lo tanto como escribió César Vallejo: Si a un poema se le amputa un verso, una palabra, una letra, un signo ortográfico, muere. Por ello es necesario partir de la lectura para llegar a la escritura, pues la concepción de un verso, digo un verso no un poema, debe estar respaldada por una lectura mínima de mil versos, pues yo aprendi la lección de Víctor Hugo: Prefiero que me silben por un buen verso a que me aplaudan por muchos malos. Hoy en este espacio podemos aludir no uno sino varios versos y poemas enteros, pues no olvidemos que la finalidad de la literatura es transmitir y para ello necesita servirse del lenguaje sin dejar pasar que nuestro sujeto es la poesía, no el lenguaje; aunque las raíces de la poesía están en el lenguaje.

 

La comida es un breve oasis

                        donde las papilas

reposan al son del condimento

                        y el cuerpo se baña

con un fulgor de energía.

 

Después del aplauso, alejemonos lo más posible de la idea de que el poeta es un pequeño Dios, porque en realidad no es ni la sombra de un ser demoniaco, entendamos por fin el poema de Ricardo Casiano que dicta así: ¿Qué es el poeta? / Es un hombre / que trabaja el poema / con el sudor de su frente. / Un hombre que tiene hambre, / como cualquier otro hombre. Pero, si no logra hacer vibrar a su posible lector con el incendio de sus letras, eso no debe tener importancia pues por un lado, la poesía es una crítica de la vida y, por otro lado, la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre.

En conclusión: cuando La palabra va en busca de la palabra, no queda más remedio que abandonarse a la lectura que por ende nos llevará a la escitura, al decir abandonarse me refiero a que no debemos imaginar para quien debemos escribir, no pensemos en el lector, pues el mejor consejo leído es aquel dictado por Vicente Quirarte: No escribas para nadie, solo así estarás escribiendo para alguien. Así que aprovechemos los minutos de oxígeno que nos restan y dediquemos a escribir antes de que nos sorprenda el suspenso del reloj. Pues si para escribir hemos nacido, no hay tiempo que perder.

Mantengamos además la firme esperanza de que, en cada instante, el quehacer literario nos permita crear poemarios de esta envergadura como Dragón en llamas, no por los posibles premios o reconocimientos, sino por la capacidad de transmisión a cualquier lector, insipiente o docto. Enhorabuena estimado Diego Alejandro Sosa Tang, por este su Premio Nacional de Poesía Saúl Ibargoyen 2024. No olvide que la poesía sana y salva.

 

Ciudad de México, a 10 de marzo 2025.

 


Federico Corral Vallejo. Nació en Parral, Chihuahua. Escribe poesía, ensayo, novela, crítica y canciones. Tiene publicados más de 40 libros, entre las más destacados: En poesía: Vomitar mi muerte. En ensayo: Carlos Montemayor: Finisterra será mi voz para siempre. En cuento: Mujer de humo. En canciones: A capella 440 y en novela: El otro Federico, más allá de la ficción. Posee: Premio Nacional Carlos Pellicer para obra publicada 2002. Premio Programa de Publicaciones 2004 del Instituto Chihuahuense de la Cultura con el libro de ensayo Principios de sensibilidad; Premio AFEMIL-Brasil-hispanoamericano de literatura 2006, por su novela Cartografía de una casa, Minas Gerais de Belo Horizonte, Brasil. Premio Nacional de Poesía XXXIX Juegos Florales de San Juan del Río, Querétaro, 2009 por su obra: Los verdaderos ángeles no tienen alas. Dirige Tintanueva Ediciones desde 1997 a la fecha. Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, francés y portugués. Publicado en EUA, Canadá, Brasil, Argentina, Perú, Cuba, España, Puerto Rico, Bolivia y México.