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viernes, 6 de mayo de 2022

Las frases y los apodos que solamente usted y yo conocemos. Patricia Lozoya

 

Las frases y los apodos que solamente usted y yo conocemos

 

 

Por Patricia Lozoya

 

 

Aquí me tiene entre sus brazos. Me erizo de pies a cabeza mientras usted me besa despacito, de la nuca al tobillo. Va musitando frases y apodos que solamente usted y yo conocemos. Su respiración vibra cada vez más agitada, siento sus dedos que avanzan. El pulso y los latidos de ambos se van acompasando al ritmo de mis movimientos dentro de su abrazo.

En mi aturdida forma de ser, voy pensando en lo que de usted me enamora, hilvano un recuento de lo que sin saberlo me ha regalado. Y en la lista de los aciertos de su corazón, voy puntualizando los que me sostienen en este cielo que usted estrena para mí.

Puedo decirle que de usted me gusta su pasado, la niñez protegida y sonriente en brazos de su padre, los pasos de su vida, las palabras que aprendió a decir y cuyo timbre va tatuado para siempre en el lóbulo de lo entrañable.

De usted también me gusta su presente, la firmeza de la travesía y sus ojos que me vieron como de pasada y se devolvieron para mirarme, los que se hacen chinitos al reír y cuya belleza también guarda una lágrima fortuita. Los ojos que cierra despacito ante la inminencia de un beso.

Pero lo que más me gusta es lo que aún no existe sino en los sueños que construimos: la casa de ventanas amplias y cocina espaciosa para bailar mientras hacemos la cena; el patio con un sauce llorón y debajo la mesita para tomar café mientras le recito mis últimas letras, usted me cuenta las noticias del día y yo lo contemplo arrobada de admiración.

Y la alcoba, ¡oh la alcoba! con un ventanal hacia el oriente, sin cortinas ni persianas, para que a diario nos encuentre amantes el primer rayo de luz; y contar como patrimonio una a una las noches: las frías, arropados en la frazada suave, tibia o enfebrecida de los abrazo; y las cálidas, la piel tatuada por la oscuridad en puntos cardinales para la brújula de nuestras yemas; ¿o qué le parece en desnudez? boca arriba, entrelazadas las manos, flotando serenos como ahora, en las aguas mansas de la luna.

 






Martha Patricia Lozoya Nájera comenzó su carrera profesional muy joven en el área de servicios enfocados a lo contable. Durante la formación académica participó en eventos literarios, tanto de escritura como de oratoria y declamación. En 2015 participó en la antología poética Girasoles, sueños y palabras, que incluye a escritoras de diversas ciudades de la república mexicana. Ese mismo año se incorporó al staff de Clave ETR Comunicación en Libertad, equilibrio en movimiento, de Radio Universidad en Chihuahua, en el programa La voz del corazón. Tiene en prensa su libro Con remitente y destinatario, que saldrá a la luz en 2019.

viernes, 1 de abril de 2022

rendirme descubrirme descansar comprender olvidar terminar. Patricia Lozoya

 

rendirme descubrirme descansar comprender olvidar terminar

 

 

Por Patricia Lozoya

 

 

Rendirme

 

Doblegar mi orgullo, decir te amo,

eres culpable de este amor inaceptable

tú quien me hace suspirar, vibrar,

sentirme adolescente, a veces tonta, perturbada.

 

 

Descubrirme

 

Aniquilar sentimientos que a nadie he compartido,

decir de frente que eres mi vida, mi todo,

sin importar que el tiempo se detenga

si a mis palabras les sigue tu silencio.

 

 

Descansar

 

Quitarme del pecho este dolor interminable,

ya no pensar en ti cada día, cada hora,

dormir sin llevarte a mi lecho,

despertar sin pronunciar tu nombre

vaciar de sueños idílicos mi almohada,

abrir el corazón donde te tengo prisionero

para que puedas salir y volar sin rumbo, libremente.

 

 

Comprender

 

Darme cuenta que no puedes amarme

y yo no debo amarte, aunque lo quiera.

 

 

Olvidar

 

Borrar de mi mente tus palabras,

tu voz, el eco de tu risa y tu mirada,

guardar el deseo de tus besos,

tus caricias, el roce de tu barba, el olor de tu cuerpo

y toda la pasión desenfrenada.

 

 

Terminar

 

Hacer de cuenta que todo ha sido un sueño,

besarte a la distancia, abrazarte,

acariciar tu hermoso rostro, poseerte

escribir versos locos y atrevidos

y hacer que viva siempre en tu memoria.

 






Martha Patricia Lozoya Nájera comenzó su carrera profesional muy joven en el área de servicios enfocados a lo contable. Durante la formación académica participó en eventos literarios, tanto de escritura como de oratoria y declamación. En 2015 participó en la antología poética Girasoles, sueños y palabras, que incluye a escritoras de diversas ciudades de la república mexicana. Ese mismo año se incorporó al staff de Clave ETR Comunicación en Libertad, equilibrio en movimiento, de Radio Universidad en Chihuahua, en el programa La voz del corazón. Tiene en prensa su libro Con remitente y destinatario, que saldrá a la luz en 2019.

viernes, 4 de marzo de 2022

Marzo. Patricia Lozoya

 

Marzo

 

 

Por Patricia Lozoya

 

 

23 de agosto, recuerdo bien la fecha. Cada año recordé tu cumpleaños. Lo recordaré toda la vida, ¿sabes?

Tú trabajabas mucho. A veces, cuando ambos estábamos recién casados, dejaba un pastel sobre la mesa para que al llegar a casa supieras que había pensado en ti.

Hoy no fue la excepción.

Quizá te he evocado con más intensidad. Sí. Aunque de un tiempo a la fecha traiga una especie de garambullo en la cabeza. (Mis hermanas se equivocan, me corrigen, dicen que se dice embrollo; yo no hago caso).

En el trabajo también se equivocan y tengo que corregirlos, por eso apunto todo desde hace tiempo, concretamente desde marzo, y es que no sé si en marzo de este año, o en el lejano 2020, padecí Covid, lo padecí en serio, estuve grave. Salí airosa pero algo confundida al principio. Permanecí dormida por días enteros, un día desperté sin fiebre. Antes de abrir los ojos escuché un ruido y pensé: llueve, hace aire, el calor es insoportable, ¡claro, es verano! quiero aclarar mi cabeza, descansar. No tenía fuerzas para bañarme. La tía Yolanda, quien cuidaba de mi enfermedad se alegró al verme despierta, pero me aclaró que simplemente había llegado el agua a la tubería. Yo sé que mintió. Como mintió cuando dijo que una noche me había bañado ella para bajarme la fiebre, o que, grave, alguna vez le encargué a mis hijos si yo moría, y que me había puesto una inyección cuando recuerdo claramente que me auto apliqué las 10 ampolletas de dexametazona. Solo me queda la duda de si en verdad saqué a pasear a los perros esos días o si solo lo soñé. Culpo a la calentura.

Siempre he gozado de buena memoria, así que no creo en esos embustes. Lo recordaría. No sé por qué están empeñadas en mentir, en contradecirme cuando hago remembranzas que mis amigas, mi familia y yo conocíamos de antemano.

Te cuento: el sábado llevé un pastel a casa de mi madre, ya sabes que siempre festejamos juntas mis hermanas y yo. Natalia mi sobrina acaba de graduarse de la Facultad de Químicas, y para que no pasara desapercibida la fecha decidí festejarla. Lo que no entiendo es por qué trabaja de contadora si solo son 123 elementos, y por qué se sorprendió y volteó a ver a mi madre cuando puse el pastel en sus manos. Sin embargo, lo colocó en la mesa y habló en voz baja a mis hermanos para que fueran al festejo.

Ahí llegó el nuevo novio de mi hermana. Él me cae bien. Se parece a ti, sobre todo en la apostura. Yo estaba platicándole que fui sietemesina y que cuando tenía 45 días de nacida mi madre se dio cuenta que estaba embarazada nuevamente; me quitó el pecho porque le dijo mi abuela que no era prudente alimentarme así con el embarazo encima. Y que, cuando yo tenía 11 meses, mi hermano nació muerto y entonces ella quiso amamantarme de nuevo pero otra vez le dijeron que ya lo dejara así, que ya yo comía papilla y que después iba a batallar para destetarme de nuevo.

Cuando platicaba eso, mi madre volteó a verme enojada; dijo que no era cierto, que no contara mentiras, que ella ni siquiera se había dado cuenta que estaba embarazada de nuevo y que me alimentó hasta casi el año y medio, aún cuando falleció mi hermanito.

Luis, ¿verdad que te acuerdas que yo te platiqué las cosas como las recuerdo? El día que murió mi hermanito estuvimos en Mausoleos, llovía, hacía aire, el calor era insoportable ¡claro, era verano! y yo quería aclarar mi cabeza, descansar, irme a casa para bañarme, pero no tenía fuerzas. Así que solo me quedé en la primera banca de la capilla. Mi hijo Alex recargaba su cabeza en mi hombro. Y lloraba quedito ¡Cómo olvidarlo!

A propósito, hoy por la mañana lo despedí temprano, recordó que es tu cumpleaños. También Luis Fer lo hizo. Él está en Nueva York ahora, ¿recuerdas que es chef? Se le da eso de los elementos químicos, la masa y el peso atómicos. Dice que te recuerda en cosas simples, caminando por la casa, o tu risa, o la primera vez que lo viste fumar.

Son buenos muchachos, Luis, te quiero por eso, porque traen tu magnífica información grenetina. Gaby me dice que se dice genética. Lo sé y lo siento, creo que el texto predictivo se equivoca cuando hablo.

Salí temprano después de que Alex se fue de la casa, ahora vive donde tú vivías, después que partiste esta mañana arreglamos la casa, sacamos tu ropa y la regalamos, él lloró bastante al sentir tu ausencia, ya no llora, pero yo sé que le haces falta.

¡Tú y yo permanecimos juntos tanto tiempo! ¡Quién iba a decir que seríamos tan cercanos, almas tan gemelas! Y todo desde aquel lejano día que coincidimos en la fiesta de la maquiladora: tú tan guapo y yo tan rejega. No quería ir, mi madre insistía en que acompañara a mi hermanita a la fiesta porque ella tenía 17 años y no la dejaba ir sola con el novio, yo llegaba del gimnasio en ese momento y Lolita me rogó para que fuera, pues no le darían permiso si yo no iba.

Ash… llovía, hacía aire, el calor era insoportable, ¡claro, era verano! Solo quería aclarar mi cabeza, descansar. No tenía fuerzas para bañarme. Pero nunca pude decir que no, así que fui y lo más maravilloso del mundo fue conocerte, verte caminar hacia mí, mientras me quitaba coquetamente la toga y el birrete. Mentalmente hice un esquema, algo así como un análisis químico para conseguir las respuestas a las preguntas que todavía no me hacías.

Me gradué con honores, lloré hasta el cansancio enfrente del féretro que contenía tu cuerpo. Dije el discurso y las palabras de agradecimiento en la misa donde nos despedimos. Hubiera querido que estuvieras allí, bueno sí estuviste, fue en tu honor la ceremonia, estaban todos tus amigos, tus compañeros de equipo de futbol del Tec, tus dos hermanos, tus hijos, uno presente y otro ausente, más tan íntimo contigo. y yo, tu mujer. La mujer que escribe y que lee a Vargas Llosa, a Virgilio, a Yourcenar y a Steinner quien partió junto contigo, la que creció con un poco menos de vista cada día tal como me lo dijo mi padre: ¡te vas a quedar loca de tanto leer!

Y mírame aquí, con una camisa que me he puesto al revés, platicando con seres que le hablan a los árboles y al viento. Yo sigo leyendo, mis hijos me regalan de vez en vez un libro y cuadernos para escribir, para escribirte. No sé dónde estás, bueno, sí lo sé, estás tan dentro de mí que te extraño de tanto no sacarte para verte el rostro. 

Mi madre es dura, sé que siempre hemos sido más hermanas que madre e hija, y debo entenderla, ya es una anciana y a veces ella es quien me ve con una especie de compasión que no comprendo. Me dice que tú estás muerto, mientras me abraza quedito y yo escucho su corazón palpitar junto al mío. Y suspiro porque sé que miente.

Hoy nadé mucho, me fui con Alma y Laurita a la casa de Jacales. Pero nunca dejé de pensar en ti, que conste. Antier estuve con Mariela, Marthita y Fran, con Alex, Wicho y el buen Luis. He pasado días magníficos, ¡agradezco tanto los buenos amigos!, somos como las ensaladas que hace Natalia, o como el agua y el oxígeno que al juntarse formamos un nuevo e indispensable elemento.

Te quiero, Luis, ojalá pronto pueda verte. ¡me has hecho tanta falta!, de regreso de la universidad donde estuve con Mariela y Laura, en plena carretera, de repente me sorprendí llorando, y no precisamente porque me cambiaron los puntos cardinales, porque La Junta está a la izquierda, y Guerrero y Jacales sin variar la dirección; ni porque mi jefe me ha dicho que los estados financieros no se hacen solos y que vacaciones ya no hay hasta la otra vida; sino llorando por ti, recordando tus manos grandes y tus ojos tristes, oyendo tu risa encantadora y tu voz de barítono en el vidrio blanco y esponjoso de la ventana en el que pego la boca y la nariz hasta que se empaña, y viendo en el viento tu rostro hermoso, llorando por el cumpleaños que no pasamos ni festejamos juntos; por esta camisa que me aprieta y por estos locos que me ven como si dijera mentiras y ríen, y yo solo quiero llegar a casa. Y Abrazarte. Y permanecer dentro de tu abrazo toda la vida.

Llueve, hace aire, el calor es insoportable, ¡claro, es verano! Solo quiero aclarar mi cabeza. Descansar. No tengo fuerzas para bañarme.

 






Martha Patricia Lozoya Nájera comenzó su carrera profesional muy joven en el área de servicios enfocados a lo contable. Durante la formación académica participó en eventos literarios, tanto de escritura como de oratoria y declamación. En 2015 participó en la antología poética Girasoles, sueños y palabras, que incluye a escritoras de diversas ciudades de la república mexicana. Ese mismo año se incorporó al staff de Clave ETR Comunicación en Libertad, equilibrio en movimiento, de Radio Universidad en Chihuahua, en el programa La voz del corazón. Tiene en prensa su libro Con remitente y destinatario, que saldrá a la luz en 2019.

miércoles, 6 de enero de 2021

Patricia Lozoya. Retrato en sepia

algo del hubiera

Retrato en sepia

 

 

Por Patricia Lozoya

 

 

Somos instante sobre las ruedas del tiempo, 

la voz del porvenir tiembla y se apaga.

La estrella que llamamos amor

es atraída por el infortunio, agujero negro en donde hacemos nada. 

 

Hemos ocultado la crepuscular fragancia

de los besos, junto al retrato

en sepia del abandono.

Soltamos de las manos la cinta roja

con que sostuvimos al mundo,

olvidamos la letra nunca escrita

del vals de bailar a solas.

 

El retazo de latidos sin zurcir, 

más que sangre, más que horas, careció de aro, hebra y aguja. 

 

Tal vez otro domingo de noviembre 

nos halle sentados sobre la penumbra,

en flor de loto, extendiendo

el amarillo lienzo 

y contemos con honradez

los agujeros por donde no volvimos.

Puede ser que uno de los dos acaricie las iniciales dibujadas, la tela raída, el bordado interrumpido.

Quizá otro doble y guarde en póstuma caricia

la organzada eternidad que nos cubrió.

 

Hoy no. Hoy, uno de los dos

suspira y da la espalda, dejando a oscuras la luminaria de su risa; el otro ata alrededor del cuello las promesas

y las mece con donaire entre la gente, 

adornando las ventiscas del otoño.

 

Soy yo la que no busca olvidarte,

ni separar los pétalos del tallo, ni hacer bolsitas de perfume para el ocaso que vendrá,

soy la que no sabe en pretérito nombrarte,

ni obviar tu floración de mi existencia. 

 

Quiero saber cómo se olvida lo inolvidable,

en qué momento se tapa a lodo y piedra lo vivificante, por qué se deja ir

lo que nos ha encontrado.

 

Mpln

 






Martha Patricia Lozoya Nájera comenzó su carrera profesional muy joven en el área de servicios enfocados a lo contable. Durante la formación académica participó en eventos literarios, tanto de escritura como de oratoria y declamación. En 2015 participó en la antología poética Girasoles, sueños y palabras, que incluye a escritoras de diversas ciudades de la república mexicana. Ese mismo año se incorporó al staff de Clave ETR Comunicación en Libertad, equilibrio en movimiento, de Radio Universidad en Chihuahua, en el programa La voz del corazón. Tiene en prensa su libro Con remitente y destinatario, que saldrá a la luz en 2019.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Patricia Lozoya. Catalina

algo del hubiera

Catalina

 

Por Patricia Lozoya

 

Mi madre nos enseñó a verle a los ojos, a seguir desde pequeños la magia de sus ojos. Sus grandes y brillantes ojos. Las cejas bien definidas, hermosamente arqueadas y los párpados grandes y profundos de sus intensos y sabios ojos.

Nos instruyó a leer la diferente luminosidad de su mirada y a cobijamos siempre con su irrefutable autoridad. Nos invitó a confiar en las palabras alentadoras de luz, a veces dolorosa pero necesariamente correctiva. A veces también entristecida. Con un dejo de preocupación en ocasiones, que trataba de cobijar con su sonrisa.

Recuerdo los ojos de mi madre y su mirada valiente en las adversidades, en la lucha diaria para dar el pan y educar a una decena de infiernitos; cómo sus párpados caían reverentes al juntar las manos para orar y agradecer por nosotros. Su honorable orgullo de pertenencia.

Sus ojos que vi a veces derramarse, como cuando nos hablaba de su infancia, de la ausencia de su madre, de la lejanía del padre y la pérdida de dos de sus retoños.

Uno de los recuerdos fijos en mi memoria es de cuando tenía yo tres años. Evoco primero a mi tía Yolanda llevándome en brazos al comercio, mis ojos veían la pared de adobes muy cerca de mí. Lo último que recuerdo fue una piedra saliente del muro. Al despertar, me encontraba en brazos de mi madre, su cabello azabache caía como cortina a un costado, entonces vi el amor marcado en sus ojos llorosos y sentí (hoy lo pienso que algo así debía ser) el paraíso y nada podría estar mal.

Desde entonces busqué ir a descansar detrás de esa cascada que ella representa.

Los ojos de mi madre eran multifacéticos. Por la mañana nos llamaban a desayunar, nos urgían para la escuela, daban muestra de solidaridad con los demás, aprecio hacia la gente. Lanzaban, cuando era oportuno, un manual de correctivos, un brillo inusual en la sorpresa, una biblia de agradecimiento y un evangelio de paz y de calma en las tormentas.

Hoy los hermosos ojos de mi madre todavía nos sostienen, nos mecen con cariño. Y aunque han perdido lozanía, desfallecen y vuelven a sonreír porque bien sé que les anima la fe.

Por eso lo confirmo: no hay fulgor más valioso, para quienes tatuó en su retina, que el maravilloso portento de los ojos de mi madre.

 





Martha Patricia Lozoya Nájera comenzó su carrera profesional muy joven en el área de servicios enfocados a lo contable. Durante la formación académica participó en eventos literarios, tanto de escritura como de oratoria y declamación. En 2015 participó en la antología poética Girasoles, sueños y palabras, que incluye a escritoras de diversas ciudades de la república mexicana. Ese mismo año se incorporó al staff de Clave ETR Comunicación en Libertad, equilibrio en movimiento, de Radio Universidad en Chihuahua, en el programa La voz del corazón. Tiene en prensa su libro Con remitente y destinatario, que saldrá a la luz en 2019.

viernes, 27 de noviembre de 2020

Patricia Lozoya. Vendimia de ti


algo del hubiera

Vendimia de ti

 

 

Por Patricia Lozoya

 

 

Yo te sembré en arcilla

subsolada y limpia de mi entraña.

Te aboné, humedecí y cultivé

siguiendo las normas escritas

en mi esencia. Esperé el envero

para recolectar a tiempo

el jugo vital en la vendimia.

Y aunque tu voz de bronce

enreda zarcillos en mi hoguera,

y embriaga la espiga de mis tardes,

yo, emulando mal al nazareno

convierto en agua los hollejos etílicos del alba.

Y debo decirte que respeto

de tus fonemas de vid, el silencio

intermitente de la tierra en latencia,

como macerado lento,

como lánguido y adormecido eco

en espera del sonido,

porque me has vivificado tanto

y danzaste hasta rebozar el mosto en mi lagar,

que ya no pienso más en ti

de puro tenerte dentro.

 

 

 

 

 

Martha Patricia Lozoya Nájera comenzó su carrera profesional muy joven en el área de servicios enfocados a lo contable. Durante la formación académica participó en eventos literarios, tanto de escritura como de oratoria y declamación. En 2015 participó en la antología poética Girasoles, sueños y palabras, que incluye a escritoras de diversas ciudades de la república mexicana. Ese mismo año se incorporó al staff de Clave ETR Comunicación en Libertad, equilibrio en movimiento, de Radio Universidad en Chihuahua, en el programa La voz del corazón. Tiene en prensa su libro Con remitente y destinatario, que saldrá a la luz en 2019.