Muy buena película, desde la producción medida y elegante, hasta las actuaciones precisas, así es la historia de Paul Potts, estrella de la ópera, estrenada en México en 2014 bajo el título de Mi gran oportunidad.
El filme retrata los años previos al triunfo de Potts en un show televisivo. Aunque no se dejan de contar las dificultades que el personaje central tuvo que sufrir en su infancia, no solamente por su amor a la ópera, también por su sobrepeso, especialmente el bullying de sus compañeros de escuela, la cinta transpira esperanza y amor por todos lados. Se trata de una de esas películas capaces de reconfortar el espíritu y hacer creer otra vez en la humanidad.
Paul Potts saltó a la fama en el 2007, a los 37 años de edad, luego de ganar el concurso de la televisión inglesa Britain’s Got Talent. Ahí interpretó arias de ópera y conquistó al público con su voz y con su sencillez. Hasta entonces, Potts trabajaba en una tienda de teléfonos celulares, y debido a su amor por la ópera ya había tenido la oportunidad de audicionar ante Luciano Pavarotti, aunque con malos resultados.
Mi gran oportunidad es una película esperanzadora, llena de buenas actuaciones. Destaca, desde luego, la muy creíble interpretación de James Corden en el papel de Potts, que logra dar vida a un personaje adorable e introspectivo; Alexandra Roach, como la novia –a quien conoció a través de Internet– y luego esposa de Potts, está simplemente perfecta en su papel, con un rostro que desborda dulzura y buenos sentimientos; sin olvidar a Colm Meane, quien interpretó al padre de Potts tan acertadamente que resulta odioso en casi todo el metraje.
Un cuento de hadas hecho realidad, retratado con efectividad gracias a la buena fotografía del experimentado Florian Ballhaus, la cual tiene verdaderos destellos de belleza, especialmente en los paisajes venecianos.
Gran parte de los logros de este filme se deben a que el director, David Frankel, pudo reunir en una misma historia humor, amor y dolor a partes iguales, sin llegar a caer en el sentimentalismo, que siempre echa a perder a este tipo de películas.
El título de la cinta hace referencia a la oportunidad que tuvo Potts de alcanzar su sueño, gracias a un concurso, pero también al nombre del primer disco que grabó tras haber alcanzado la fama, lanzado en 2007 y que alcanzó los primeros lugares en ventas.
Amable, inspiradora, tierna, demasiado bella para ser verdad, así es la historia de este hombre sencillo que, a pesar de todas las adversidades, logró vencer sus miedos para realizar su sueño de vivir de y para la ópera.
Título original: One chance. Dirección: David Frankel. País: Estados Unidos. Año: 2013. Reparto: James Corden, Alexandra Roach, Julie Walters, Colm Meaney. Duración: 103 min. Dónde ver: Amazon Prime Video.
Luis Raúl Herrera Piñón es el jefe de la Unidad de Cine de la Quinta Gameros desde hace 19 años, tiempo en el que ha privilegiado la difusión de la cultura, a través de cine de calidad. Durante años publicó en El Heraldo de Chihuahua su columna Rollos cortos, en donde hacía crónicas y crítica de cine.
Una de las películas que pasaron sin pena ni gloria por la 86 edición de la entrega de los premios Oscar es esta, dirigida por John Lee Hancock, recordado por haber escrito el maravilloso guion de Un mundo perfecto (1993) y dirigir Un sueño posible (2009).
Salvando al Sr. Banks es una película de Disney, o mejor dicho, sobre el creador de Mickey Mouse, y más específicamente cuenta un momento exacto en su vida, cuando intentó por todos los medios posibles adquirir los derechos de Mary Poppins para llevarla al cine.
Mary Poppins fue un libro escrito por Pamela Lyndon Travers y publicado en 1934. En la película, la actriz Emma Thompson interpreta a la escritora, y Tom Hanks a Disney.
Las actuaciones son aceptables, aunque el rostro de Tom Hanks ‒tan visto en demasiadas películas‒ nos impide creer del todo que vemos a Walt Disney. Por otra parte, la actuación de Emma Thompson, que interpreta a una escritora gruñona y negativa, resulta ‒seguro porque así lo indica el guion‒ caricaturesca. Mejor, mucho mejor, la actuación de Paul Giamatti, quien interpreta al chofer de la señora Travers, muy natural y humano.
El filme tiene un ritmo un tanto lento, pues cuenta el proceso de la creación del guion de Mary Poppins bajo el escrutinio de la autora. Hay demasiados flashbacks ‒entendemos son necesarios para conocer las motivaciones de la escritora‒ que interrumpen constantemente la historia.
¿Esto hace que sea una mala película? La respuesta es: no. Se trata, no olvidemos, de una película Disney, con todo lo que ello significa, es decir, que cuenta con una fotografía excelente, ambientación, iluminación, sonido y vestuarios de primera.
Sin embargo, debido a que esta película trata exclusivamente sobre Mary Poppins, resulta más disfrutable si se ha visto el citado filme de Disney, filmado en 1964, si se le tiene en mente mientras se ve a Hanks y Thompson en pantalla y, sobre todo, si se tiene un cierto gusto por el cine musical.
Como sucede siempre, el título original Saving Mr. Banks ha sido traducido como El sueño de Walt Disney, quizás porque el título Salvando al Sr. Banks recuerda a Salvando al soldado Ryan, también con Tom Hanks. Pero en realidad es muy importante que el señor Banks sea “salvado” hacia el final de la película.
En fin, El sueño de Walt Disney es una buena película que nos permite conocer al hombre detrás de Disneylandia y pasar un par de horas de sano entretenimiento, aunque con una pizca de aburrimiento.
Título original: Saving Mr. Banks. Dirección: John Lee Hancock. País – año: Estados Unidos, 2013. Reparto: Emma Thompson, Tom Hanks, Colin Farrell, Paul Giamatti, Jason Schwartzman. Dónde ver: Prime Video, Disney+.
Luis Raúl Herrera Piñón es el jefe de la Unidad de Cine de la Quinta Gameros desde hace 19 años, tiempo en el que ha privilegiado la difusión de la cultura, a través de cine de calidad. Durante años publicó en El Heraldo de Chihuahua su columna Rollos cortos, en donde hacía crónicas y crítica de cine.
Muy humana, sencilla al extremo, sin caer en el sentimentalismo barato, honesta y sin grandes pretensiones, así es Still Alice, producción de 2014, con tintes de documental.
Alice Howland tiene 50 años de edad, es una reconocida profesora de lingüística, felizmente casada; tiene tres hijos adultos. Todo empieza a cambiar cuando extrañamente comienza a olvidar las palabras y luego más. Cuando su médico le diagnostica la aparición temprana de la enfermedad de Alzheimer, Alice y su familia se enfrentan a un desafío terrible contra esta enfermedad neurológica degenerativa que avanza poco a poco hacia una conclusión inevitable. En el camino, Alice lucha contra su incapacidad de recordar, e intenta dedicar la mayor parte de su tiempo para encontrar el amor y la paz, de manera que vivir valga la pena.
Julianne Moore está excelente en el papel de Alice, su actuación pasa por una gran cantidad de matices, desde la triunfal y segura de sí misma profesora, hasta la inestable e insegura enferma que cada vez falla en “encontrarse a sí misma”. A diferencia de la profundidad con la cual está tratado el personaje de Alice, los demás protagonistas de la historia tienen muy poco peso, sus personajes han sido esbozados solamente. Acaso el personaje de la hija menor, Lydia, interpretada por Kristen Stewart, tiene un poco más de profundidad y logra una actuación creíble.
Aunque sabemos lo que va a suceder con Alice –vemos y escuchamos a un neurólogo explicar que Alzheimer no tiene cura–, la manifestación de la enfermedad a través de los gestos, y especialmente los ojos de Julianne Moore, nos va cautivando poco a poco hasta un punto donde quedamos verdaderamente atrapados en el dolor e impotencia que siente la protagonista, mientras su condición empeora.
Se han filmado muchas películas sobre enfermedades terribles, la mayoría muy melodramáticas y con aires de grandeza, pero Still Alice es una cinta pequeña, con un guion sencillo y directo. Se agradece que la fotografía sea igualmente clara, sin poesía innecesaria. Se nota que es una película independiente.
La película –basada en un libro escrito por Lisa Genova– fue dirigida por Richard Glatzer y Wash Westmoreland, pareja sentimental en la vida real. Lamentablemente Glatzer sabía perfectamente bien lo que el personaje de Alice sintió al ser diagnosticada con una enfermedad incurable, pues él mismo padeció de Esclerosis Lateral Amiotrófica –la misma de Stephen Hawking– por cuyas complicaciones falleció en marzo de 2015.
Still Alice es una película, si no para disfrutar, sí para reflexionar sobre la fragilidad de la vida.
Título original: Still Alice. Dirección: Richard Glatzer y Wash Westmoreland. País: Estados Unidos. Año: 2014. Reparto: Julianne Moore, Alec Baldwin, Kristen Stewart, Kate Bosworth, Hunter Parrish, Erin Darke, Shane McRae, Stephen Kunken. Duración: 101 min. Dónde ver: Amazon Prime Video.
Luis Raúl Herrera Piñón es el jefe de la Unidad de Cine de la Quinta Gameros desde hace 19 años, tiempo en el que ha privilegiado la difusión de la cultura, a través de cine de calidad. Durante años publicó en El Heraldo de Chihuahua su columna Rollos cortos, en donde hacía crónicas y crítica de cine.
Nueva York, marzo de 1964. Kitty Genovese, de 29 años, regresaba de su trabajo de gerente de un bar. Eran más de las tres de la madrugada. Estacionó su coche cerca del conjunto de apartamentos donde vivía con su pareja en Queens. Apenas llegó a la acera, un individuo la apuñaló dos veces por la espalda. Genovese gritó “¡Dios mío, me ha apuñalado, ayúdenme”. El grito fue desgarrador.
Algunas luces de los apartamentos de enfrente se encendieron y un vecino le gritó al agresor que dejara a la mujer en paz. El individuo así lo hizo. Kitty, mal herida, pudo llegar a la puerta que conducía a los apartamentos donde estaba el suyo, pero nada más cruzar la puerta se derrumbó. El asesino, al ver que ningún vecino iba en rescate de la víctima, fue a rematarla acuchillándola de nuevo.
Entre el grito inicial de Genovese y su muerte pasaron 35 minutos.
Poco después el New York Times publicó que 38 testigos habían visto el asesinato y que ninguno había llamado a la policía. Los psicólogos Darley y Latané pudieron confirmar con este crimen las hipótesis de sus experimentos de lo que llamaron “efecto espectador”, que refiere que entre más sean los testigos de un crimen, menos posibilidad existe de que alguien intervenga porque las responsabilidades se diluyen.
Lo sucedido a Genovese causó gran malestar y preocupación en la sociedad estadounidense, pues quedaba en evidencia la apatía y el desinterés por lo que le sucedía al prójimo. Esto motivó campañas de vecinos vigilantes y hubo presión de la ciudadanía y de políticos para la creación de un número telefónico de respuesta inmediata ante una emergencia.
Así, en enero de 1968 se anunciaba la creación del número de emergencias 911. Antes de su aplicación, la gente debía marcar el número “0” y una operadora la ponía en contacto con la estación de policía más cercana.
La trágica muerte de Kitty Genovese ha sido parte de la cultura popular de Estados Unidos y más allá de sus fronteras. Una película de Dinamarca, titulada “37” y dirigida por Puk Grasten en 2016, cuenta la historia desde el punto de vista de los testigos del crimen. El director se limita a contar las historias separadas de los testigos –durante el día y la noche del suceso– sin adentrarse en hipótesis o teorías sobre el por qué no actuaron en los momentos posteriores al primer ataque sobre Genovese. Esto le resta tensión al filme, que se convierte en una especia de documental sin gran interés, pues tampoco aporta algo nuevo sobre los hechos.
En cambio, el documental The witness es un emocionante y duro recorrido por los lugares en que ocurrió el asesinato de Kitty, realizado por su hermano, William Genovese.
Muy bien planeado y mejor realizado, el documental muestra a los testigos que quedaban vivos en 2015, a los periodistas que cubrieron la noticia y a las autoridades encargadas del caso. Poco a poco, William va descubriendo que en realidad la historia sobre la muerte de su hermana no fue como la contó el New York Times, además de conocer cosas que desconocía de la vida de Kitty.
Por cierto, hay una película francesa titulada 38 témoins, de 2012, dirigida por Lucas Belvaux, que cuenta una historia similar a la del asesinato de Kitty Genovese, y que obviamente está basada en el hecho real.
Sin duda, un documental estremecedor que vale mucho la pena ver.
Título original: The Witness. Duración: 89 minutos. Año: 2015. País: Estados Unidos. Director: James D. Solomon. Reparto: Documental, intervenciones de: Kitty Genovese, Shannon Beeby, William Genovese. Dónde ver: Disponible en Netflix y en Youtube con audio y subtítulos en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=kepwlL44Neo
Luis Raúl Herrera Piñón es el jefe de la Unidad de Cine de la Quinta Gameros desde hace 19 años, tiempo en el que ha privilegiado la difusión de la cultura, a través de cine de calidad. Durante años publicó en El Heraldo de Chihuahua su columna Rollos cortos, en donde hacía crónicas y crítica de cine.
De entre las muchas joyas (y sorpresas) que aguardan al entusiasta del cine (si es que verdaderamente lo es, y no solo un mero espectador pasivo de las marveladas hollywoodenses), se encuentra el maravilloso trabajo de uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, que solo por su apelativo es segundo, puesto que su ingenio y fama está (o debería estar) a la par de sus contemporáneos hermanos Lumière, George Méliès y Charles Pathé. Escribo de Segundo Víctor Aurelio Chomón y Ruiz, conocido como Segundo de Chomón, artista nacido en Teruel, España, allá por el año 1871, quien inventó y perfeccionó técnicas cinematográficas que siguen más que vigentes hoy en día.
Y de entre las joyas de las obras del señor Chomón les quiero compartir algunas apreciaciones mías sobre El hotel eléctrico, filmada en 1905.
Ya entonces el cineasta se imaginaba un futuro en el que todo estuviese automatizado. Aquel hotel recibe a un matrimonio (que se maravilla, como nosotros aun todavía, en estos tiempos de la inteligencia artificial) con aquellas cosas que se hacen solas, sin intervención del ser humano. Ah, las maletas avanzan solas hacia el elevador, al llegar a la habitación asignada se desempacan solas, los cepillos, con vida propia, peinan los cabellos de la mujer (la mismísima esposa de Chomón), los zapatos son lustrados por cepillos que trabajan sin cansarse. ¡Ah, las maravillas del mundo moderno!
Todo en 1905, cuando el invento aquel del cine llevaba solo 10 añitos de vida. ¡Cuánto avance en tan pocos años! ¡Y que ingenio el del director español!
Una maravilla parece ser, pero no del todo. Lo que aparentaba magia pura no lo es. Detrás de los objetos que se mueven y trabajan solos está un señor que, moviendo unas palanquitas crea la magia. El matrimonio de El hotel eléctrico se encuentra de pronto en medio de un caos en el cual los objetos se mueven solos sin ton ni son; es que el encargado de manejarlos se ha emborrachado y no atina a hacer su trabajo bien. Después de todo, el futuro automatizado no se ve tan bien. ¿No será ese planteamiento de Chomón una reflexión acerca de que la tecnología no podrá evitar los errores humanos? A menos que las máquinas, como el T-800, desarrollada por la supercomputadora militar Skynet, acabe con los humanos, como dice el futuro según Terminator.
En fin, que esta es una obra que hay que ver, pues es cine puro en movimiento, del que hay que maravillarse incluso ahora en que el exceso de efectos especiales por computadora ha convertido al cine comercial en su mayoría en espectáculos de luces y humo, con muy poco contenido argumental.
¿Qué se dispone de nueve minutos y medio para gastarlos en un capricho? Pues aquí está el enlace al filme en Youtube:
¿Y eso de los elefantes? Pues nada, que solo quería llamar la atención del lector con un título tan llamativo como las películas del señor Chomón.
Luis Raúl Herrera Piñón es el jefe de la Unidad de Cine de la Quinta Gameros desde hace 19 años, tiempo en el que ha privilegiado la difusión de la cultura, a través de cine de calidad. Durante años publicó en El Heraldo de Chihuahua su columna Rollos cortos, en donde hacía crónicas y crítica de cine.